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Eran la imagen perfecta de una postal clásica de Navidad.
Un pino adornado con luces y otros ornamentos, villancicos de fondo y el delicioso aroma del pavo saliendo de la cocina. Para Homura, aquel ambiente no difería mucho del orfanato católico donde vivió durante catorce años, con la excepción que se sentía más cálido y más familiar.
Pasar la Navidad entre amigas era una experiencia nueva. Y le gustaba.
Mami, Sayaka y Kyouko se encontraban en la cocina preparando la cena y ella permanecía con Madoka en la sala de estar terminando las últimas decoraciones. Colgaron guirnaldas en la estantería y también unas botitas de tela donde pondrían dulces para el resto de las chicas, sin embargo, en un mal movimiento una de las botitas cayó e instintivamente, Madoka y ella se agacharon para recogerla, rozando sus manos.
Ella tímidamente se disculpó y se levantó, rozando su cabeza con unas hojas que colgaban del último piso de la repisa.
—Estamos bajo un muérdago, Homura-chan, —le sonrió Madoka.
—Sí…
No entendía cuál era la particularidad de estar bajo esa planta, por lo que miró confundida a la otra muchacha, quién intuyó la interrogante implícita.
—¿No sabes lo que significa?
—Eh…no. No sé nada sobre el muérdago, Kaname-san.
—La tradición dice que, si dos personas están bajo el muérdago, deben besarse.
—Besarse…¡¿Ah?!
Rápidamente miró hacia arriba y luego a Madoka, quién también estaba bajo el muérdago. Su corazón comenzó a latir con fuerza y su pálido rostro se tiñó de rojo por la vergüenza; la sola idea de besar a su amiga…no…no solo eso…la chica que le gustaba era suficiente para que desease convertirse en un muñeco de nieve en esos instantes.
Mas, no la detendría si eso es lo que quería.
Se mantuvo quieta y cerró los ojos, esperando que algo pasara, pero nada ocurrió. Fue en el momento que abrió los ojos que vio el rostro de Madoka pegado al suyo y presionando su boca contra la suya en un tímido beso que no duró más de un minuto. Al separarse, sentía que en cualquier momento explotaría como un volcán.
Madoka lucía sonrojada y algo apenada, su dulce mirada reflejando preocupación de haber hecho algo malo.
—¿Te hice sentir mal, Homura-chan?
—¡N-no, Kaname-san! ¡No! Se sintió….bien, —admitió, algo nerviosa pero sin culpa alguna, —Me siento muy feliz ahora.
Feliz era poco para describir lo que sentía en esos momentos. Estaba eufórica.
—Saber eso me pone muy feliz también, Homura-chan.
Sin duda esta Navidad era distinta a las otras, pero nunca la olvidaría.
Ni tampoco Madoka.
FIN
