Chapter Text
— Oh cara mía… — el temblor era evidente, ansioso, expectante. Él anhelo se reflejaba en sus ojos, estaba dispuesto a hacer cualquier cosa por ella.
Merlina lo observa desde la penumbra con ojos calculadores y fríos, ve su figura menuda y pálida siendo enmarcada por la luz de luna, era débil, una presa fácil.
Con paso mensurado camina por la habitación, llegando frente a él.
—Mon cher— responde, estirando una mano pálida
Joel sin duda, toma el apéndice y lo acerca a su cuello, facilitando el acceso a aquella zona tan delicada. Era una forma de demostrar su total rendición, dándole la oportunidad de asesinarlo si así lo deseaba.
—Dame la orden y lo haré, soy tuyo para usar, tuyo para destruir— tararea con ojos cerrados al sentir la leve presión en su cuello.
—Como es sabido— la fría mano viaja del cuello a la barbilla, donde entierra las uñas. — Aun así, no puedes venir.
Sus parpados se abren, revelando ojos vidriosos como los de un pez muerto, llenos de miseria y súplica.
—Entiendo—sus hombros caen con pesar.
“Asqueroso”, piensa Merlina, mientras su mano, helada, abandona el rostro del chico y se desliza hacia su nuca, entrando los dedos en la espesa cabellera castaña.
—Repugnante—murmura para sí antes de tirar del cabello, dejando expuesta, ante su mirada fría, la piel oliva de Joel.
Este mismo jadea ante el repentino ataque, para después soltar un quejido, puede sentir el par de colmillos sobre su cuello, tan cerca de su yugular.
Y tan rápido como sucede rápido, termina.
Merlina se aleja para observar su obra, las marcas de sus dientes se ven claramente en la carne roja y magullada, pequeñas perlas de sangre brotan de la herida. Puede sentir el sabor en su lengua, metálico, picante y extrañamente dulce.
—Comiste pastel de calabaza— no pregunta, afirma. Su mirada deja de estar vacía por un momento.
Joel apenas percibe lo que dice la chica, está jadeando, tratando de recuperarse, puede sentir su rostro ardiendo al igual que su cuello.
—Sí —afirma temblorosamente, mientras apoya su frente sobre el hombro de la chica. Necesita un momento.
Merlina no dice nada ante la acción, se queda quieta.
—No comas tanto, no me gusta el sabor dulce en tu sangre.
Sabe que es mentira, a ella le gusta el sabor especiado. Aun así, no puede evitar sonreír, Merlina se preocupa por su salud, de su extraña manera, pero lo hace.
Su corazón se calienta.
—De acuerdo
Por un momento se quedan callados.
—¿Puedo ir…? —hace su último intento desesperado.
-No.
Joel suspira nuevamente.
—Valia la pena volver a intentar.
