Work Text:
Arrullo
def. Cantarcillo grave y monótono para adormecer a los niños
La oscuridad de la noche bañaba la habitación de punta a punta. Creando un ambiente pacífico, tranquilo y de ensueño.
Eso, hasta que el llanto desgarrador del más pequeño de la casa rompe la serenidad del cuarto. Los llantos del pequeño Dominik resuenan por las paredes, a la vez se remueve en el acolchado de su camita, hambriento tanto de atención y hambre, los sollozos parecen reducirse a medida que los cálidos brazos de su padre lo alzan.
“Ya, ya mi campeón…Papá está aquí” Es Rey Mysterio murmura mientras mece suavemente al bebé cuyas lágrimas no parecen cesar, el niño lo mira con sus grandes ojos cafés expectante a las acciones de su padre.
Rey produce un sonido suave y continuado, que poco parece surtir efecto en Dominik, quien le mira con un pequeño ceño fruncido. Rey con ojeras pronunciadas sonríe cansado, mientras murmura un pequeño: ¿tienes hambre, mi pequeño campeón? Baja a paso lento a la cocina maniobrando a su bebé regordete, quien parece aferrarse a su manta con estampado de estrellas. Dominik juguetea con la camisa de su padre, tratando de entretenerse mientras su biberón es preparado.
Rey camina en círculos por la cocina, mientras espera por la botella. Tratando de arrullar a Dominik, quien parecía más despierto que antes. Observando cada rincón de la cocina, curioso mientras intenta alcanzar varios de los adornos de la misma con sus bracitos.
Balbucea algo mientras su atención se vuelca a su padre de nuevo, quien prepara con un poco de lentitud su alimento nocturno. Casi un poco atolondrado, sin mucha maestría a diferencia de Angie, dado su trabajo como Luchador le era difícil pasar el mayor tiempo con su pequeño bebé. Y vaya que Dominik siente la diferencia.
Mira al pequeño reloj de la cocina.
Son las 2:00 AM.
suspira.
“¿Seguro que no quieres que te ayude hoy con el pequeño Dom?” Recuerda las palabras de Angie, antes de marcharse un tiempo corto a vacacionar.
“No te preocupes, es mi hijo después de todo” Había dicho Rey.
Qué ingenuo.
Su dulce Angie, siempre tan dispuesta a ayudar desde que se enteró de que Dominik venía en camino.
Tenerla era un pequeño respiro a los días difíciles de su paternidad junto a Eddie.
Observa cómo los ojos de Dominik brillan al recibir su bebida.
“Sí que estabas hambriento” Rey sonríe al ver cómo los ojitos de Dominik empiezan a tener signos de agotamiento.
Aun así la merienda nocturna, parece no ser suficiente para que Dominik vuelva a los brazos de Morfeo.
Pasean otro rato más por los cuartos de la casa, con los brazos de Rey empezando a resentir el cansancio de la semana. Llega de nuevo al cuarto de Dominik y lo coloca con suavidad en el piso acolchado, mientras él se sienta frente a él. Dominik rueda en la alfombra alcanzando la pequeña pelota de fieltro, animando a su padre a jugar con él.
Rey no puede negarse a esa carita. Pasan un par de minutos que parecen eternos y aun así Dominik no concilia el sueño. Rey a este punto está tumbado en el suave piso, mientras Dom simplemente se trepa encima, acurrucados mientras el aroma suave a brisa del mar del omega mayor lo arrulla.
“Con que querias acurrucarte, travieso” Dominik esboza una pequeña mueca de sonrisa mientras su padre lo abraza. Se quedan abrazados en la alfombra mientras Rey tararea una canción de cuna en español. Con su habilidad nata de flexibilidad se levanta de la suavidad del acolchado.
Mientras avanza con Dom hacia la habitación que comparte con Eddie, se asegura de construir una fortaleza con almohadas y cobijas, con el suave olor a brisa de mar cubriendo cada esquina, mientras una pequeña nota del aroma de Eddie se asoma.
Mezcal y naranja junto a las tenues y refrescantes notas del mar los envuelven.
Rey se acurruca con su hijo, manteniéndolo seguro en su pecho mientras retoma la melodía:
Duérmete niño, duérmete ya,
Que las estrellas te acunarán,
Entre las nubes lejos del sol,
Mientras te canto esta canción.
Duérmete niño, duérmete ya,
Y con el cielo tú soñarás,
Nubes y estrellas lejos del sol,
Mientras te canto esta canción.
Y poco a poco mientras susurra ambos simplemente sucumben a las dulces mieles del sueño, durmiendo al mismo ritmo.
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Eddie se escabulle como un ninja en su propia casa, vislumbra el reloj… Casi las 6:00 de la mañana y el sol parece apenas asomarse por las ventanas.
Que semana de trabajo.
Se masajea el cuello, tratando de aminorar el cansancio. Mientras intenta que sus llaves no resuenen por toda la casa. Con sumo silencio para un hombre de su tamaño se asoma al cuarto de Dominik, revisa la cuna y la ve vacía mientras hay un par de peluches y juguetes en el suelo.
Alza la ceja, un poco divertido por saber la respuesta de donde está su bebe.
“No hay que mal acostumbrar a Dominik a que duerma siempre con nosotros Eddie” Recuerda las palabras de Rey, y la frase de mira quien lo malcría casi se despega de su lengua. Camina hacia su cuarto, aquel que comparte con su omega y se deleita con la imagen.
El dulce padre de su hijo, recostado con una de sus camisas puesta mientras sostiene a su retoño que dormita ajeno a la mañana.
Sonríe.
Con cuidado se acerca al improvisado nido, acercándose por detrás a Rey. Abrazándolo con su calor corporal tocándole la piel. Deja un beso suave en su marca de unión, mientras este simplemente se acerca más al sentir el toque su pareja, acurrucadonse cada vez más. Eddie los sostiene fuerte, mientras el aroma suave de las naranjas se filtra.
Dominik abre los ojos y suelta un gorjeo alegre al observar de nuevo la cara de su padre.
“¿Me extrañaste mi pequeño Dominik?”.
