Work Text:
Cuando Lau tocó la puerta de casa de Nico parecía abatida, cansada y transpirada. Sus ojos
azules estaban rojos y sus rulos desechos, no era típico en ella esa apariencia, solo salía de su
casa si se bañaba, nunca sin ponerse ochocientas cremas en el pelo o sin maquillaje; tampoco
tenía su cartera, donde llevaba todo lo que necesitaba si ocurre algún imprevisto, siendo estos
normalmente que se le corra el labial después de besarse apasionadamente con "bicho".
-Fui a ver a la bruja que me recomendó Salo.
-¿Y qué te dijo?
-Nada nuevo en realidad, quel bicho no me quiere.
Todos sabían eso, el Bicho estaba más enamorado de la merca que de Laura. Todas las brujas
a las que había ido Lau el último mes le habían dicho lo mismo, lo malo era que ninguna
sabía resolverle el verdadero problema. Nico la hizo pasar, el calor era insoportable afuera,
adentro tambien, pero las paredes de color mostaza lo difrazaban. Pasaron al living y se
perdieron un pucho para las dos. La casa de Nico era acogedora a pesar de las goteras y la
humedad que se corría por algunas esquinas.
-Y bueno boluda, ya está. Si nadie te lo sabe explicar es que estás condenada.
-A mi ya no me jode, al principio me daba cagaso, viste, chucho frío cada ve’ que pasaba, ya
me acostumbre. Pero algo pasa, no puede ser que yo sola lo sienta, algo está mal.
Nico nunca le creyó del todo, siempre había sido la más calmada, no se alteraba en el
secundario por una prueba o por una materia en rojo, no le molestaba no encontrar una
carrera o laburo, para Nico la vida pasaba y el tiempo resolvía. Lau era más nerviosa, se
ponía mal si el Bicho no la llamaba, si rendía un parcial o si las nubes se veían más blancas
de lo normal. Lau había tenido más males por esos nervios que por las mismas ideas que le
causaban los nervios.
-Me parece a mi. -decía la dueña de casa mientras daba una seca- que si no contas que es lo
que "pasa" tampoco lo vas a aclarar.
-Es que si yo lo entendiera te diría, amiga- sus manos empezaron a temblar, mientras se
sonaba los nudillos para mostrar más calma.
-¿Qué soñas? ¿Porque pasa cuando soñas no?
-No, no siempre. A ver - tomó aire antes de empezar a relatar- Viste cuando sos chico y ves
sombras en todos lados después de ver una peli de miedo, bueno, algo parecido, pero me
hablan, me tocan Nico, yo las siento.
-¿Y no probaste un loquero en vez de una bruja? - El humo salía entre risas.
-Si boluda, tomo pastillas desde que empezo, va desde que dejó de pasar de noche nomas, mi
vieja ya no me aguantaba. No me hacen nada.
Lo del loquero no lo sabía, era la primera vez que lo decía en voz alta. El ruido del ventilador
se convirtió en el único ruido en la sala, las luces parpadeaban y el cielo se nubló de repente.
-La puta madre -dijo Lau cuando escuchó las primeras gotas contra la ventana- me vine en
bici.
-Quédate a dormir, ya llamamos a tu casa. Pero seguime contando ¿Te hablan?
-Son mas charletas que Salome -Había que afirmar que algo hablaba más que Salo- Me dicen
que hay que irnos, que esto se va a poner peor, que si no nos mata el hambre nos vamos a
matar entre todos, que no se puede frenar, que si ya paso va a pasar de nuevo, que estamos
todos malditos.
-¿Y vos les contestas algo?
-Yo quiero respuestas ¿que paso? ¿qué es lo que va a pasar? algo, un centro. Pero nada, aparte
es siempre igual, me tocan el hombro desde atrás, aparece la sombra y yo escucho eso.
-Mi hermano, no le cuentes a nadie no, porque él se fue a capital y me dejó esto, me dijo que
era de su amigo, el que falleció, Marcos creo que se llamaba. Me dejó un montón de cosas, y
entre eso estaba la cámara de fotos y la ouija.
La idea surgió tal vez del día frío, tal vez de la electricidad que les recorrió la espalda, tal vez
de la repentina curiosidad.
-A mí me dan miedo esas cosas. Aparte... ¿Marcos Ulibarre era amigo de Manuel?
-Si, venia todos los sábados a casa.
-Que horrible amiga, ¿No te da cosa tener cosas de él acá? digo, por como terminó todo.
-Y, la familia que quedaba nunca reclamó la cámara, no creo que hayan sabido de la tabla.
Cuando acabaron el cigarro, subieron al altillo, el antiguo cuarto de Manuel, el hermano de
Nicole, y buscaron la tabla. Cerraron con llave y se miraron riendo con nerviosismo.Estaban
cagadas hasta las patas las dos.
-¿Y cómo se hace esto?
-No tengo idea. Igual si Manuel podía jugar no debe ser tan difícil, es medio bobo mi
hermanito.
-Ay, yo lo quiero a Manu- Las manos aún le temblaban, y parecía estar mordiéndose los
cachetes- ¿Posta era de Marcos?
-No se en realidad, por ahí la compraron entre los dos. A Manu no le gusta hablar sobre
Marcos, traumático ir al cole y encontrarte a tu amigo flotando en el río. Ta loco es alto el
puente, ¿no le dio chucho saltar?
-Para mi el no se mató, Marcos era un chico normal.
-Si, que se yo. Le preguntemos- El humor ácido calmaba la situación, hacía sentir menos
tenso cualquier ambiente, y más entendiendose como se entendían ellas.
Acomodaron el tablero y Lau, pensando que si pasaba algo estaría bueno tenerlo en video,
acomodo la cámara.
-No va a pasar ni'erda, culia dale. No debe tener ni memoria eso.
-Tamos en el baile bailemos, de paso después miramos los videos de Marquitos. Lo llamemos
a él, debe saber cosas.
-Como pajearse debe saber, a los 16 no sabes nada.
-Hace 10 años tiene 16, algo tiene que saber.
Pusieron sus dedos en el visor y una mano de Nico con la birome en la libreta anotaba.
-Si hay alguien que me pueda responder esta aflicción que se presente.- El cursor se movio,
apuntando al "Hola", ambas tragaron ondo, mirándose a los ojos para asegurar que no lo
había movido a propósito.
-Lau, vos los llamaste, vos tenes que seguir...
La de rulos tomo aire, mirando fijamente a su amiga, se estaba arrepintiendo.
-Hola ¿Quien sos?
-M. A. R. C. O. S.
Ambas soltaron el puntero al ver la última letra.
-No boluda tenemos que despedirnos. Dale, acenta de nuevo y decile chau.
Lau puso las yemas de los dedos de nuevo, despidiéndose casi sin voz. El pulsador se movió
de nuevo y se dirigió al “Adiós” grabado al lado del sol horrible que suelen tener las tablas de
ouija. El movimiento pareció burlón, como si algo se riera de ellas. Ambas temblaban.
Nico, voz de la razón, respiro hondo, acercándose a su amiga, blanca como un papel.
-Es porque estuvimos hablando de él. Esta cosa se sugestiona, sentís que no lo moves pero si.
-Yo no lo moví- La voz le salió cortada, lágrimas empezaban a correr por sus cachetes aparte, lo vi. Cuándo saque la mano, estaba ahi- apenas fue capaz de señalar la esquina del
altillo, la ex-cama de Manuel- Amiga se escapo, hicimos que un espiritu se escape, yo no
queria jugar, me daba cagaso y vos la sacate igual, ahora más cosas me van a joder la vida.
No voy a poder hacer nada, me van a dopar, no quiero ir a un psiquiátrico- las palabras se
amontonaban y entrelazan, casi no dejaba que el aire entre a sus pulmones, las lágrimas
habían empezado a correr sin freno, y su cara se había pintado de rojo, respiraba los mocos
que se escapaban de su nariz.
-¡Esto no es real amiga!
-¡Yo lo vi!
-¡Estás loca, Laura, no es real!
Lau se abalanzó a un abrazo de su amiga, no podía contener las lágrimas. Nico también
lloraba y temblaba de miedo, el tratar de convencerse de que era todo mentira no funcionaba
si no convencía a la otra también. La cámara se apagó, no sin antes hacer el ruidito de poca
batería.
Laura, que todavía tenía la cabeza en el pecho de Nicole, la miró desorbitada, aún rebosante
de miedo.
-Primero le digamos a tus viejos que te quedas a dormir acá. Mientras la ponemos a cargar.
Nico enchufo la cámara y abrió la puerta del altillo, bajaron a la cocina y marcaron en el
teléfono de tubo a casa de Lau.
-Hola, ma. Estoy bien, Nico alquilo una peli y me asuste, me quedo a dormir aca, esta
lloviendo a cantaros. Si tengo las pastillas, y tengo ropa acá también. Si, si, su vieja está acá.
No te preocupes.
Cuando cortó, vio el café humeante en la mesada.
-Mi vieja vuelve el jueves.
-No hay drama, era para que no se preocupe.
-Si se. Tomateló- ordenó apuntando al café- te va a calmar, hay que tender la cama.
¿Dormimos arriba? así lo tenemos vigilado al fantasma.
-Ni en pedo. Va, por ahí en pedo si… ¿que tenes?
No había mucho en realidad, el vino del padre de Nico era muy caro como para
desperdiciarlo en una boludes como ver videos. Encontraron un Amargo obrero detrás de una
bolsa de hielo, había un bidón de soda en la heladera y una bolsita de jugo en polvo de
pomelo.
-¿Vos tomas esto?
-Se lo debe haber olvidado mi abuelo el gorila.- Armaron el jugo en una retornable que había
tirada en el patio. En dos vasos armaron el trago y volvieron a subir las escaleras. El aire se
sentía tenso, algo sombrío, y si las apuran, hasta incómodo. La cámara ya había cargado, el
tablero estaba tal cual lo habían dejado y la libreta tenía un rayón justo al lado de la última
“O”.
El primer video eran dos chicos prendiendo velas, en el mismo altillo donde ellas se
encontraban, él castaño tarareaba una canción de “Sui Generis” mientras el pelinegro
acomodaba el cenicero el tablero y un cuaderno.
-Te encontraré una mañana, dentro de mi habitación…
-¿Algo más feliz no te sabes?
-Canta vos entonces culiao.
Parecían relajados. Manuel siempre daba esa aura de control y calma, Marcos parecía
adaptarse a él.
Cuando al fin terminaron de acomodar, se sentaron en frente de la tabla y empezaron a
preguntar, no pasó nada. Las preguntas no eran tan arriesgadas, parecían de prueba, cosas que
solo sabían ellos, no estaban hablando con nadie pareciera.
Las preguntas pararon abruptamente, los chicos se miraron y suspiraron, era momento de ir al
plato fuerte.
-¿Que tiene que ver Laurita en todo esto?
-L. A. U.
-Si, Lau. ¿Por qué la nombran? ¿Por qué la abrazan?
El video terminó.
-Si se comen mi carne los lobos, no podré robarles la mitad- tarareo Lau apenas soltó la
cámara, mirando fijo una esquina, con las mejillas rojas y la voz lejana.
-¿Qué?- el desconcierto y horror en la voz de Nico sacó de la ensoñación a la otra chica.
-Es confesiones de invierno, de Sui
-A vos no te gusta Charly.
-Pero ellos la están cantando.
Lau parecía en trance, pérdida, tarareando una canción que apenas conocía. El aire era
pesado, las paredes parecían achicarse, los segundos pasaban como años, no parecía real. Una
sombra a su lado repetía como una plegaria que morirán, que ella era quien deseaban, que
todos morirán. Todo paso a negro, el sueño la invadio y lo ultimo que vio fue a su amiga
palida como una hoja, sosteniendola.
Se despertó tapada, con un paño en la frente y un vaso de agua en la mesita, estaba sola,
podía oír un murmullo desde el piso de abajo. No intentó levantarse, el mundo aun le daba
vueltas, algo seguía sin ser del todo verdad, recordaba soñar con las voces, canciones de rock
y electricidad.
Se sentó despacio, soltando un lamento, el abdomen y las muñecas le dolían, sentía como si
hubiera estado durmiendo semanas. Sobre el piso de madera seguía la tabla y la cámara,
tirada al lado de la cama, era extrañamente normal, todo parecía más normal de lo que
debería. Bajo las escaleras despacio, con cuidado, paso al baño, mojándose la cara y
mirándose al espejo, estaba demacrada, los labios pálidos, enormes ojeras y la nariz roja,
parecía enferma, el pelo inflado por la humedad y la ropa manchada por la transpiración.
Cuando llego a la cocina vio que su amiga no estaba mucho mejor, el pelo negro en un rodete
y la cara cansada, no parecia la chica de hace unas horas.
-Che…
-Los escuche- Nico le cortó en seco, sonaba aterrada. Se dio vuelta, mirándola fijo, con
oscuridad en sus pupilas- Estaban diciendo la verdad, justo después de que te desmayaras, los
escuche, estaban cantando Confesiones de Invierno. La puta madre, son de verdad.
-¿No me creías?
-Estás psiquiátrica Lau, como quieres que te crea. Hace meses vas y venís de bruja en bruja,
diciendo que todos nos vamos a morir. Te juro que pensé que estabas más enganchada con el
Bicho de lo que pensábamos, pero no, son de verdad, cantan.
-Yo no miento, Nico.
Se aprieta el puente de la nariz, genuinamente estresada.
-Hablé con mi hermano, le pregunté.
Lau se acercó, corriendo una silla, dándole un sorbo al vaso de Amargo, pidiendo con los
ojos para que continúe.
-Me dijo que nunca entendió, que también pensaba que Marcos estaba loco, pero que la tabla
lo único que decía era tu nombre, una y otra vez, no se que relación tendrás vos con
Marquitos, pero esto no va a seguir en mi casa. Apenas salga el sol, vos te vas, y no te quiero
ver nunca más, Laura.
La ruluda quedó atónita. Se conocen desde el jardincito, no podía decirle eso, el corazón se le
partió en mil pedazos.
-Yo tampoco quiero seguir así, ayúdame Nicole. Si vine a tu casa es por algo.
-¡¿Qué mierda va a ser por algo, Loca de mierda?! No soy tu psicóloga, ni tu guia espiritual,
venis a traer bichos a mi casa y me decis “Es por algo”, enferma.
-La bruja me dijo que en donde pasó la última noche iba a tener las respuestas. ¿Marcos
durmió acá antes de ahogarse? se despertó más temprano y se fue, vos me lo dijiste.
-Salí de mi casa, Laura. No te quiero ver más, te vas.
-Nos vamos a morir si no hacemos algo…
-Te vas te dije.
-Te vas a morir vos primero Nicole
-¡Te vas!
La tranquilidad de Lau era impropia, se movía como si flotara, decía sus maldiciones como
un susurro. Cuando salió por la puerta, la sombra quedó adentro, pensó ya se había liberado,
condenando a alguien más.
Su casa no queda muy lejos, no recuerda el trayecto, entró a su casa, pasó a su cuarto sin
saludar a quienes miraban la tele en el comedor y cerró con llave. Se acostó en la cama.
Nico se terminó el vaso, volvió a agarrar el teléfono y marco.
-Manu, necesito que me digas todo. Ya la eche.
Mientras su hermano hablaba, ella miraba los videos, no eran muy largos, la mayoría
terminaban antes de que puedan responder algo. Había uno de hipnosis, con un reloj,
tampoco tenía muchas respuestas.
-Marcos…- Decía con tono cansado, como si doliera expresar en palabras los recuerdos, en
su oído Manuel- y yo discutimos, lo eche de la casa porque me asuste, cuando se desmayaba
decía cosas raras, como que si se moría podía salvarnos que no se podía evitar, si no retrasar.
-¿Qué dijo la cana sobre cómo lo encontraron?
-Nada, que se ahogó. En la carta él explicaba sus razones, yo no la lei, igual, tengo una copia
que me la regaló la madre en el sepelio.
-¿La puedo leer?
-Si, que se yo. Está en mi cajón.
Subió a buscarla, revolvió los cajones de la mesita de luz, buscando algo que pudiera ser una
carta. Cuando la encontró, vio el trazo a mano en el sobre, “Para Manu”:
No pretendo culparte de esto, pero me estoy volviendo loco y vos también los viste, todo el
tiempo me están buscando, todo el tiempo están arriba mío, me están matando.
No me veo capaz, no puedo hacerlo, es una nena. No podría conmigo mismo.
¿Vos podrías matar a Nicole, si de ello dependiera tu psiquis?
Tal vez no es la comparación justa, esa pendeja esta maldita, cuando me mira con esos ojos
enormes las escucho mas fuerte, todo el tiempo, moviéndose de acá para allá, jugando con
Nico, mostrándonos dibujos, está durmiendo en el cuarto de abajo ahora mismo, y siento
como cantan.
Tal vez acabar con todo sea la solución, ¿es lo que dijo la tabla no? que si no nos mataba el
hambre nos matábamos entre nosotros. Necesito irme de acá. Dejar de escuchar.
Quiero decirte antes de que pruebe terminarlo todo, que si te siguen a vos, hay que matarla,
no queda de otra.
Tambien seria prudente aclarar, que no se que significa todo esto, que solo se que voy a
conseguir tiempo.
A los demonios no se los nombra, no creo que Laura sea un demonio, es una víctima.
Chao amigo, espero que pare, que lo descifres, y que se destruya.
Te quiero.
Marcos.
-¿Manuel?
-Yo te dije, no la había leído, no tenía idea que Marcos pensaba matar a Laura. Estaba
desquiciado.
El miedo pasaba por la línea.
-Laura me dijo que si la echaba iba a ser yo la primera en morir- La línea se cortó. La estática
se sentía en el teléfono. Las manos le temblaban, el teléfono quedó descolgado.
Nicole pasó el resto de la noche frente a la tabla, preguntandose si era buena idea preguntar
algo. Seguía tomando Amargo y café, no podía permitirse cerrar los ojos, sentía que iba a
enloquecer.
Antes de que el sol asomara el timbre sonó. Tenía el cuerpo tenso, escucho como la puerta se
abría sola, rogaba que fuera la policía, que le anuncien que Lau se había tirado de un puente,
o que era todo una vil broma. Se prendió un cigarro cuando escuchó quien la llamaba.
-Nicole, por favor, no quiero estar más sola.
Agarró con fuerza un cuchillo sierrita.
-Te dije que no te quiero ver.
-Por favor…
Algo estaba mal, no era esa quien ella conocía, algo sonaba diferente, el alcohol la estaba
confundiendo.
-Dejame sola.
-No puedo.
La vio subir por las escaleras, estaba empapada, con los ojos hundidos y la boca manchada de
barro.
-Si no me mata el hambre, me vas a matar vos.- Susurro, sus ojos sin brillo, miraron el
cuchillo y la barrieron con la mirada, sabiendo que era incapaz de hacerle algo. Se acercaba
lentamente, flotaba en cada paso, Nicole ya no sabía que era real y que imaginaba.
La baranda que tenía Lau era insoportable. Esa no era su amiga.
Con las uñas largas la rasguño, intentó apartarla de encima suyo, tratar de alcanzar algo para
sacarla de arriba, pero cuando los dientes se le clavaron en la garganta y gritó sin ruido, lo
vio, como un ángel buscándola.
Agarrando el cuchillo, encastrandoselo en el estómago dibujando con este una sonrisa.
Ambas se irían del plano. Tiradas en el suelo, manchando la noche de rojo.
La mañana llegó puntual, el piso goteaba y el calor ahogaba.
La chica de pelo negro, ojos bonitos y abrasos calidos, yacia muerta en el suelo, su sangre
manchaba la madera. A su lado, con el vestido manchado de barro y sangre, comia un ente,
sin rostro o alma. se devoraba el cuerpo inerte, saboreando la carne cruda.
Cuando se hubo saciado, le dio un trago al licor aguado, prendió un cigarro y salió de la casa.
Llegó hasta el puente, llenándose de piedras los bolsillos en el camino.
Con la última conciencia que le quedaba, la poca alma que había de Laura, saltó, rezando
quedar al fondo del río para siempre.
