Actions

Work Header

Rating:
Archive Warning:
Category:
Fandoms:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Stats:
Published:
2025-12-08
Completed:
2025-12-09
Words:
18,969
Chapters:
29/29
Comments:
1
Kudos:
16
Bookmarks:
5
Hits:
627

Entre tus sábanas (Version Simon & Penelope )

Summary:

La idea la tome de una historia Anthony y Penelope que se llama" Un escanadalo entre Sabanas" me inspire en esa historia toda la inspiracion para la autora de esa historia la cual espero que pronto pueda retomarla.

Chapter 1: Entre tus Sabanas

Chapter Text

Nunca en mi vida el instante entre dormir y despertar había sido tan… delicioso.

Un aroma suave, dulce —madreselva y vainilla— me envolvía. Algo cálido y pequeño respiraba contra mi pecho desnudo, y unos mechones sueltos me hacían cosquillas en la mandíbula. Lo primero que sentí fue su cadera… íntimamente pegada a la mía. Luego, su trasero redondo presionando peligrosamente mi erección matinal.

Solté un gemido, apenas un rugido bajo, instintivo.

Y ella… se movió.

Un giro leve de sus caderas. Un suspiro dulce. Un sonido que jamás en la vida un hombre debería escuchar en la madrugada si pretendía conservar la compostura.

Metí la mano bajo las sábanas, recorriendo un cuerpo que ya conocía demasiado bien. Deslicé los dedos por su cintura, bajando… hasta sentirla húmeda, suave, abierta para mí.

Penélope.

Mi Penélope.

Aún no estaba completamente despierto, pero sabía reconocer los jadeos que sólo hacía cuando soñaba conmigo. Me incliné, besando su cuello, hundiéndome en el aroma de su piel.

—Mmm… pajarito… —murmuré contra su oreja, sintiendo su temblor.

Ella arqueó la espalda.

Y yo estaba a segundos —segundos— de entrar en ella otra vez.

Entonces…

CRACK. Una puerta.
—¡SEÑOR BASSET! —chilló una voz capaz de resucitar muertos.

Penélope despertó sobresaltada. Yo también. Y ambos nos quedamos congelados.

En la puerta de la habitación de Penélope estaban:

Portia Featherington.
Prudence.
Philippa.
Y, por alguna razón infernal, la señora Varley detrás.

Todas mirando. Todas horrorizadas.

Y yo estaba desnudo, detrás de Penélope, aún dentro de ella, porque en su sobresalto ella había retrocedido… hacia mí.

Perfecto.
Absolutamente perfecto.

Portia abrió la boca como si fuera a sufrir un ataque.

—¡Mi hija! ¡Mi inocente hija! ¡Con el duque de Hastings! ¡En… en…! —sus ojos bajaron a nuestras caderas, unidas bajo la sábana— ¡EN PLENO ACTO PECAMINOSO!

Penélope soltó un gritito ahogado y se enterró bajo la manta hasta los ojos.

Yo no podía moverme sin… bueno… que todas vieran exactamente qué estaba pasando allí abajo.

Respiré profundo, apretando los dientes.

—Lady Featherington —dije con toda la dignidad posible para un hombre desnudo, excitado y atrapado en un escándalo—. ¿Sería tan amable de cerrar la puerta y permitirnos… vestirnos?

Portia chilló algo incomprensible, dio un azotón a la puerta y desapareció con las otras.

Quedó silencio.

Penélope seguía hundida hasta la nariz, roja como un tomate.

—Simon… —susurró— estabas… estábamos…

—Sí —me incliné a su oído—. Y créeme, pajarito, si no hubieran entrado, seguiríamos.

Ella soltó un gemido horrorizado y encantado.

Me aparté… con dificultad. El movimiento arrancó otro gemido accidental de su garganta.

—Penélope —dije mientras me ponía los pantalones a toda velocidad—, vamos a tener que casarnos.

—Lo sé —dijo con voz aguda—. Y mamá insistirá en una licencia especial. Y en anunciarlo a todo Londres. Y probablemente en hacer bordados con nuestra fecha.

Me acerqué, tomé su rostro, aún cubierto por sus rizos despeinados.

—Pajarito. Antes de que tu madre intente vender entradas para nuestra boda, necesito que escuches algo.

Le alcé el mentón.

—Me casaré contigo, sí… pero primero quiero cortejarte. Formalmente. Como tú mereces. No quiero que piensen que te tomé a la fuerza. Ni que esto fue un accidente sin intención.

—Simon…

—Quiero que todo Londres vea lo evidente —susurré pegando mi frente a la suya—: que ya te amaba antes de que esta cama nos delatara.

Penélope tragó saliva, con los ojos enormes.

—Un noviazgo corto —dijo bajito—. Nada escandaloso. Solo… solo lo necesario para que mi madre no me encierre y tú puedas seguir besándome sin esconderte.

Sonreí.

—¿Lo sellamos con un beso?

—Mi mamá podría matarnos —susurró, pero ya me estaba jalando del cuello.

Nos besamos. Lento. Suave. Peligroso.
Cuando intenté separarme, ella murmuró contra mis labios:

—Este cortejo será difícil… si no puedo ni dejar de tocarte.

Sus manos bajaron por mi pecho… mi abdomen… más abajo.

Solté un jadeo.

—Penélope… tenemos que bajar.

—Entonces muévete rápido… porque aún estás—
Sus caderas se movieron contra mí.
—…muy dentro de mi cabeza.

Y yo… perdí la poca compostura que tenía.

La tomé por la cintura.

Ella abrió los labios justo cuando la levanté.

—Simon…

—No bajaré aún —murmuré, hundiéndola otra vez contra mí—. No hasta que termine lo que comenzamos antes de que nos interrumpieran.

Penélope jadeó fuerte, aferrándose a mis hombros.

Y así, con las sábanas ya caídas, nuestros cuerpos unidos otra vez, continuamos exactamente donde nos habíamos quedado…

Con un escándalo que recién estaba empezando