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El olor de la sangre flotaba en el aire como una toxina que poco a poco ahogaba sus pulmones. Rápidos soplos de aire iban y venían de sus labios, dejando ver entre ellos el esfuerzo que tan simple acción conllevaba.
Desde el inicio supo que esto podía pasar. Aun con toda la destreza del mundo solo hacía falta un segundo para girar todo en su contra. Un segundo; un paso mal dado, una reacción en cadena y la incapacidad de actuar a tiempo. Era todo probabilidad, realmente, y con poco más de 200 personas defendiéndose a uñas y dientes Rich siempre supo que las estadísticas no estaban a su favor.
Esos eran sus pensamientos mientras veía con ojos desenfocados al grupo de jugadores contra los que se había enfrentado alejarse. Varios malheridos, varios llorando la pérdida de algún compañero, susurrando con voces quebradas y un fuego en la mirada lleno de satisfacción cada que volteaban a ver en su dirección y admiraban su decadente estado.
Rich sentía un poco de pena por ello.
Pero los juegos eran en su más simple naturaleza un modo de entretenimiento cruel y la compasión y amabilidad no lo iban a llevar a ningún lado. Así que ahora estaba allí, en el suelo y su espalda contra la pared mientras las heridas en su cuerpo le robaban los últimos hilos de energía que le quedaban. Realmente era una lástima ser eliminado así; tan fugaz, tan prematuro.
- Yo te dije que nos iban a hacer pija.
Un intento de risa brotó de su garganta, dejando bruscos tosidos en su lugar. Volteó hacia su derecha y se encontró con la mirada blanca de Farfadox fija en él, perforando sus huesos con la palpable angustia que acarreaban sus ojos. Por un segundo el instinto más simple de levantar una de sus manos y apretar el entrecejo lleno de tensión lo invadió, pero la pesadez de su cuerpo hizo de aquello algo imposible. Dudaba mucho que Farfadox lo apreciara de todas formas.
Así que únicamente se encogió de hombros y dijo, - Teníamos que intentarlo igual, Farfa… nos íbamos a enfrentar tarde o temprano, esto no iba a acabar hasta que alguno de nosotros muriera.
Gritos se escuchaban a la distancia acompañados del agudo chillido de cristal roto, sollozos y charcos de sangre derramados en el suelo. Pero, aunque la escena desarrollándose enfrente suya era digna de observar con toda su horripilante belleza, Rich no pudo despegar sus ojos del cuerpo de Farfadox derrumbado a su lado; el corte profundo en su estómago, la forzosa respiración que seguía a la suya al compás, el calor que emitía y lentamente abandonaba su cuerpo. Cada detalle resaltaba como una estocada al corazón y aunque Rich se prometió a sí mismo no sobrepensar las cosas, era imposible ignorar el nudo de algo cercano al arrepentimiento asentándose en lo bajo de su estómago, incapaz de hacer nada más que observar todo en contemplativo silencio.
Por eso cuando los ojos de Farfadox abandonaron los suyos, enfocándose en algún punto distante de la habitación, Rich lo notó.
- Ya. - Fue lo único que respondió.
Rich frunció el ceño ante la callada actitud de su compañero. Era inusual en un hombre tan lleno de coraje como él, de emociones fuertes e intensas que se propagaban como fuego, sobre todo en situaciones de tan alto riesgo como esta. Aun frente a la derrota, Farfadox no era alguien que se desanimaba o resignaba sin más.
- Que no pasa nada, tío, ambos sabíamos que esto podía pasar. - Se aventuró a decir, intentando aliviar el ambiente en el aire. Sintió el cuerpo de Farfadox tensarse en el punto en que sus hombros chocaban.
- Que no pasa nada dice. - Respondió Farfadox, visiblemente molesto. - Perdimos, Rich. Eran 5 contra 2. Yo lo intenté pero ni de chiste lo lograba. No pude hacer nada, ni siquiera pude ver al hijo de puta que te atacó, si no minimo hubiera intentado defenderte o algo para que pudieras escapar.
Rich se quedó callado, pensativo, hasta que finalmente preguntó. - ¿Estás molesto porque no pudiste salvarme? ¿Es eso?
Farfadox apretó sus puños y mirando hacia abajo, murmuró. - Tú no debías morir… No asi, no ahora que… Que podía hacer algo para evitarlo.
Rich suspiró pesadamente, sintiendo cada parte de su ser entumecida, fría. Con sus últimas fuerzas se acercó un poco más al cuerpo ensangrentado de Farfadox y, cuidadosamente, recargó su cabeza en el hombro ajeno, siendo recibido inmediatamente por una creciente calidez. Por supuesto que Farfadox iba a sentirse molesto por eso. El título de caballero no solo se lo llevaba por su fuerza o habilidad, sino también por aquel estricto sentido del honor que tenía a la hora de ayudar a todos a quienes consideraba importantes.
Rich no necesitaba protección alguna, pero eso no iba a detener a Farfadox de ofrecérsela igualmente.
- No tiene caso que te culpes. No hay muerte que me parezca más honorable que morir luchando a tu lado, Farfa.
El caos alrededor se desvaneció en aquel momento, dejándolos a los dos en su propio mundo. De repente sintió un peso y, mirando hacia abajo, se encontró con la mano de Farfadox gentilmente sobre la suya. Su respiración se entrecortó y fue en ese instante que todo finalmente cobró sentido. Aquellos sentimientos sin nombre, el flujo de lava ardiendo que comenzó a expandirse desde el momento en que su vida se entrelazó con la del caballero de netherite que se convertiría en su mano derecha a lo largo de eternas noches sin sueño.
Alguien quien, indudablemente, se volvería símbolo de confianza aún en el peor de los apocalipsis; cuando el mundo girase en dirección contraria, las estrellas cayeran del cielo y su propia sombra se convirtiera en su peor pesadilla.
Fue allí que el enojo, la desesperación y la melancolía tomaron significado y en su garganta se quedaron atoradas palabras que nunca tendría la oportunidad de decir porque era muy tarde; porque el dolor de soltarlas era demasiado grande. Por lo que únicamente entrelazó sus dedos, apretando con fuerza.
Cuando sintió el agotado suspiro de Farfa encima suyo y un peso extra sobre su cabeza, supo que el mensaje había sido transmitido de todas formas.
- Lo mismo digo, Rich. Fue un honor seguirte hasta el final.
- Eh, que al menos morimos los dos juntos ¿Crees que nos volveremos a encontrar en otra vida?
Su pregunta nunca recibió una respuesta.
El mundo a su alrededor comenzó a oscurecerse. Sus sentidos se adormecieron y el sonido débil y entrecortado de la respiración de Farfa dejó de escucharse. Con sus últimos hilos de consciencia Rich recordó cada momento juntos; las bromas, los entrenamientos, las peleas, el compañerismo que nunca encontraría en alguien más; alguien quien compartiera su locura, su obsesión, su ambición.
Fue entre las memorias de toda una vida que su corazón encontró paz, porque si había algo que las estadísticas respaldaban como una constante del universo, inquebrantable e infinita en su verdad…
Era que Farfadox y Rich estaban destinados a conocerse.
