Work Text:
El plato de Pasapalabra estaba más brillante que nunca. El público llenaba cada asiento, las luces azules rebotaban en las cámaras y los técnicos corrían de un lado a otro preparando el programa especial.
Pero ese día había algo —o mejor dicho, alguien— que hacía que el ambiente estuviera cargado de electricidad.
Marta y Fina.
Una en el equipo azul. La otra en el equipo naranja.
Rivales… pero solo sobre el papel.
En la realidad, cualquiera podía ver la tensión, las miraditas, las sonrisas cómplices… y el hecho de que Fina llevaba diez minutos acomodándose el pelo solo porque Marta estaba mirándola era más que evidente.
El presentador entró en escena.
—Señoras, señores… ¡hoy tenemos un duelo épico! Porque nuestras invitadas NO están juntas esta vez… —miró a ambas con picardía— …sino enfrentadas.
El público aplaudió.
Marta entusiasmada con confianza.
Fina tragó saliva.
—Marta, ¿lista para ganar? —preguntó el presentador.
—Por supuesto —respondió ella—. Aunque si Fina me mira así, lo mismo me dejo perder.
Fina quedó KO antes de empezar.
PRIMERA PRUEBA: LA CANCIÓN QUE LO ARRUINA TODO (O LO ARREGLA)
—Hoy empezamos fuerte —anuncia el animador—. Con… ¡La Pista Musical!
Y como sabemos que les gusta cantar… hemos elegido algo especial.
La música comenzó. Unos acordes conocidos llenaron el estudio.
Sueña un acorde. Luego otro.
La melodía se reconoce al instante.
Fina abre la boca en shock.
Marta sonríe como si supiera algo que los demás no.
“No puedo vivir sin ti…”
El público grita.
Las cámaras enfocan a Marta.
Y Marta... empieza a cantar.
Pero no hay ningún canto.
Nada casual.
No tímido.
Sino mirando directamente a Fina, con esa expresión que mezcla desafío, cariño y “sé exactamente lo que te provoca”.
—No puedo vivir sin ti… no hay manera… —canta Marta, acercándose unos pasos al centro del plató.
Fina siente que se derrite.
Literalmente.
Si ese estudio tuviera calefacción, habría colapsado.
El presentador intenta llevar el control.
—Marta… Marta, recuerda que esto es una competición…
—Estoy compitiendo —dice ella sin dejar de mirar a Fina—. Por su atención.
Fina se lleva las manos al corazón.
El público: NOOOO, QUÉ ES ESTA MONERÍA.
Marta termina la canción con una sonrisa amplia, segura, luminosa.
Fina… no puede ni aplaudir.
Se ha quedado quieta.
Embobada.
Totalmente perdida en la voz de su chica.
—Fina, ¿quieres decir la respuesta? —pregunta el presentador.
—¿La qué?
—La canción.
—¿Cuál canción?
El público explota en risas.
—La que Marta acaba de cantar, mujer… —dice el presentador.
—Ah, sí, claro, por supuesto… —balbucea— “No puedo vivir sin ti”. Como yo por ella.
Marta se tapa la cara, roja.
Fina sonríe, orgullosa.
El presentador suspira.
—Yo solo intento hacer un programa decente —murmura entre risas—. Pero ustedes dos están en otra novela.
SEGUNDA PRUEBA: PALABRAS Y MIRADAS QUE CONFUNDEN
Ahora tocaba “Sopa de Letras”.
Ambas competían al mismo tiempo.
Teóricamente.
Porque Fina no veía las letras.
Veía a Marta.
—Fina, palabra con P —dice el animador—. “Accesorio para sujetar el pelo”.
—Marta… digo… pinza —responde Fina.
—Correcto… ¿pero por qué dijo “Marta”?
El público se ríe.
Marta casi llora de la vergüenza.
—Perdón —susurra Fina, tapándose la cara—. Es que siempre digo su nombre cuando estoy nervioso.
—¿Y tienes motivos para estar nervioso? —pregunta Marta desde su atril, cruzándose de brazos como si no le encantara la situación.
Fina asiente.
—Solo porque estás guapísima hoy.
Marta pierde la compostura y suelta una sonora carcajada.
TERCERA PRUEBA: “TE LO DIGO SIN DECIRLO”
La tercera prueba es de definiciones rápidas. Marta va en serio. Fina también intenta, pero…
—“Con la M, instrumento que produce música.”
—Marta… —responde Fina muy convencida.
El presentador le cae encima de la mesa de la risa.
—¡Fina! ¡Por Dios! ¡“MARTA” no es un instrumento musical!
—Claro que sí —responde ella—. Hace un rato me estaba tocando el alma con esa canción.
El publico se muere.
Marta queda roja, encantada y un poquito orgullosa.
—Fina, cariño… —dice Marta—. Estoy intentando que perder, pero tú te estás superando sola.
—Es que me desconcentras —responde Fina, sonrojada.
—No es mi culpa si me miras así —replica Marta con una sonrisa coqueta.
EL ROSCO FINAL: EL MOMENTO DE LA VERDAD
Llega el rosco.
Luces más bajas.
Silencio dramático.
Marta empieza fuerte, letra tras letra.
Cuando le toca a Fina…
—“Con la A, lugar donde—”
Pero Fina no escucha.
Está mirando a Marta, que le guiña un ojo desde el atril contrario.
—La A? —pregunta el presentador.
—Amor…
—No. Eso no es.
—Pero debería ser —responde Fina, mirándola.
El público hace un awww tan fuerte que retumba.
Marta intenta concentrarse, pero ahora es ella la que está nerviosa.
—“Con la B—”
—Belleza —dice Marta mirando a Fina sin pensarlo.
—Tampoco es.
Marta se queda helada.
El presentador estalla:
—¡Esto es un rosco, no un poema! ¡Concéntrense las dos!
Pero ya es tarde.
Las dos están perdidas una en la otra.
La competencia queda en el segundo plano.
Finalmente, el animador suspira.
—Creo… que esto no lo gana nadie.
—Yo sí —dice Fina, suave.
Marta la mira, sorprendida.
-¿Si?
—Sí —susurra—. Porque te tengo a ti.
El plato se queda en silencio.
Marta baja un poco la cabeza, emocionada, se acerca lentamente y la mira como si fuera la única persona en todo el mundo.
—Entonces… —dice Marta con una sonrisa tierna—. ¿Después del programa… una cita?
Fina respira hondo.
—No puedo vivir sin ti.
El publico estalla.
El presentador se rinde.
Marta la toma de la mano, feliz, vencida y vencedora a la vez.
