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Relationships:
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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-12-11
Words:
1,643
Chapters:
1/1
Kudos:
7
Hits:
152

HONEY ✶ LEXMILA

Summary:

Para Lexus, Camila es dulce como la miel.

Notes:

La historia es completamente FICCIÓN, creada con el único motivo de entretener al lector. No se tiene la intención de asumir algo incorrecto ni buscar ofender a las personas mencionadas en este escrito. Por favor, si no es de tu agrado solo ignóralo. Quiero evitar las denuncias y/o malos comentarios hacia mi trabajo puesto que está hecho bajo la visión de entretenimiento, así que agradecería, nuevamente, sea ignorado en caso de disgusto y desacuerdo.

© 𝗣𝗥𝗢𝗛𝗜𝗕𝗜𝗗𝗔 𝗦𝗨 𝗖𝗢𝗣𝗜𝗔 𝗬/𝗢 𝗔𝗗𝗔𝗣𝗧𝗔𝗖𝗜𝗢𝗡 𝗦𝗜𝗡 𝗣𝗘𝗥𝗠𝗜𝗦𝗢 𝗣𝗥𝗘𝗩𝗜𝗢, 𝗧𝗢𝗗𝗢𝗦 𝗟𝗢𝗦 𝗗𝗘𝗥𝗘𝗖𝗛𝗢𝗦 𝗥𝗘𝗦𝗘𝗥𝗩𝗔𝗗𝗢𝗦.

(P.D: También pueden leer esta y mis otras historias en mi perfil de Wattpad con el mismo usuario uwu)

Work Text:

Lexus y Camila llevan encontrándose a escondidas poco más de un mes. Todo comenzó gracias a Lily, una amiga incondicional de Camila y apenas una conocida para Lexus. Lily, con su habitual afán por unir a la gente, las presentó en una fiesta informal, sabiendo que compartían círculos comunes. Sobre todo, porque Lily era amiga cercana de Daniela, la exnovia de Camila. Aquella ruptura había sido en buenos términos; Camila y Daniela seguían siendo inseparables, como si el amor se hubiera transformado en una amistad profunda y sin resentimientos. Pero esa conexión indirecta no hizo más que avivar las chispas iniciales entre Lexus y Camila, y no precisamente las románticas.

La atracción no fue a primera vista. De hecho, durante un año entero en la secundaria, su relación fue un torbellino de hostilidad. Todo eran empujones en los pasillos, gritos en las escaleras y discusiones absurdas por las cosas más tontas; un asiento en el comedor, un comentario sarcástico en clase o simplemente una mirada de reojo. Lexus, con su personalidad audaz y descarada, chocaba de frente con la impaciencia de Camila, quien no toleraba que nadie le pisara los talones. Ambas eran como imanes opuestos, repeliéndose con fuerza, pero inevitablemente atraídas por esa misma energía.

Sin embargo, años después, al ingresar a la misma universidad, algo cambió. Decidieron pactar un "acuerdo de paz" para evitar problemas. No querían repetir las reprimendas de los profesores de secundaria, ni ser el centro de chismes constantes. "Intentemos conocernos mejor", se dijeron, con la esperanza de borrar esa mala primera impresión. Aunque, por supuesto, las discusiones no desaparecieron del todo; solo se mudaron a lugares más privados, como cafeterías apartadas o mensajes de texto a medianoche.

Poco a poco, esos enfrentamientos se tiñeron de algo más; una tensión palpable, un coqueteo disfrazado de sarcasmo.

Y ahora, en el presente, se encuentran en la habitación de Camila. Aunque no comparten dormitorio —Lexus vive cerca de la universidad y no necesita las residencias estudiantiles—, pasan horas enteras allí. El motivo es simple; la roomie de Camila, una chica llamada Sophia, casi nunca está. Sophia se pasa el tiempo en la habitación de Lara, su "aparente novia". Camila nunca pregunta directamente, y Sophia nunca confirma nada, así que ambas fingen que son solo "sesiones de estudio intensivas". Camila no puede juzgar, porque ella misma usa la misma excusa de "estudiar" con Lexus, cuando en realidad sus encuentros son todo menos académicos.

──Abre la boca ──dice Camila con una sonrisa traviesa, mientras su mano derecha se pasea juguetonamente por el muslo izquierdo de Lexus, quien está distraída revisando su celular.

Lexus levanta la mirada, corresponde la sonrisa con una de sus propias, apagando el teléfono y colocándolo a un lado. Abre la boca lentamente, expectante, sin imaginar que la "sorpresa" de su amiga sería la boca contraria presionándose contra la suya propia. Intenta decir algo, pero las palabras se atascan en la punta de su lengua, sintiendo cómo se mueve sobre ella con una urgencia juguetona. Camila se sienta en su regazo, envolviéndola con sus brazos, y el beso se profundiza en un instante.

Lexus no lo admite con frecuencia, pero Camila tiene ese efecto en ella. A pesar de su personalidad descarada, Camila la hace sentir tímida, vulnerable. Es más audaz, más impredecible, y eso la desarma. En momentos como este, Lexus se pregunta si alguna vez podría dejarla ir.

Difieren en tantas cosas —gustos, opiniones, hasta en cómo manejan el mundo—, pero si tuviera que buscarla a mil millas de distancia, moriría por encontrarla.

Sus manos se posan en los muslos de Camila, apretándolos con suavidad para demostrar que lo está disfrutando. Luego, una de ellas comienza a subir con travesura, explorando.

──Hey, no tan rápido ──murmura Camila al cortar el beso, sintiendo los dedos de Lexus rozar su parte íntima por encima de la ropa interior.

Lexus sonríe con falsa inocencia, y Camila hace el ademán de levantarse, pero en lugar de eso, se balancea de nuevo hacia ella, riendo.

«Ella solo está jugando conmigo», piensa Lexus, pero no le importa.

El juego es adictivo.

──Si te vas, bueno, tendré que ir contigo ──dice Lexus, con un tono juguetón pero sincero.

Camila ríe de nuevo, rodeándola por los hombros y atrayéndola más cerca. El beso se reanuda, esta vez con más desesperación, más fuego. Ah, ella es dulce como la miel, piensa Lexus en medio de esa guerra de lenguas. Pero en otros momentos, el sabor se transforma en algo amargo: la sangre en su boca cuando Camila la echa de su habitación, y el "adiós" que deja un vacío. Cada vez que eso pasa, Lexus se muerde los labios hasta sangrar, como si así pudiera borrar la marca que Camila deja en ella —esa miel que gotea por su garganta y se instala en sus recuerdos.

¿Por qué no simplemente recordar que todavía no se llevan del todo bien? Camila es impaciente, volátil; Lexus es complaciente, demasiado dispuesta a conformarse con migajas. Pero busca esa miel una y otra vez. Camila la hiere, a veces intencionalmente, como si fuera parte del juego.

«Pero ella es mala, y es mía.»

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Camila a veces es demasiado.

En una fiesta universitaria, baila sobre una mesa improvisada, captando todas las miradas. Lexus la observa desde un rincón, acompañada de Kendall y Savanna, sus amigas leales que siempre la advierten: "Saldrás lastimada". Ellas ven lo que Lexus intenta ignorar, que lo suyo con Camila no es una relación real. Por más que Lexus lo desee, Camila siempre tiene a alguien más en el horizonte.

Como ahora, cuando mira con complicidad a Daniela, quien la sujeta de la mano para que no se caiga. La conexión entre ellas es evidente, un lazo que nunca se rompió del todo. Lexus sabe que Camila y Daniela jamás podrán superarse mutuamente; ser amigas es su forma de aferrarse, especialmente cuando el mundo les prohíbe ser algo más. Tal vez por eso Camila es tan libre en otros aspectos, pero tan cautelosa en el amor.

Lexus se siente atrapada en esa red.

Camila puede volar, pero siempre regresa a su ancla.

──Ella ama a Daniela, ¿por qué no lo terminas? ──pregunta Savanna, mientras Kendall asiente en apoyo.

Lexus lo sabe, pero Camila es como el infierno disfrazado de una bonita canasta de picnic; tentadora, peligrosa, irresistible.

──¡Vamos, Daniela, baila conmigo! ──grita Camila, y Lexus no puede evitar sonreír, a pesar del pinchazo en el pecho.

Camila hace un escándalo, y Lexus ama cada segundo. Es malditamente fantástica, incluso cuando el brillo en sus ojos no es para ella. Las cosas buenas no son fáciles de conseguir, lo ha aprendido desde que pasó de odiarla a amarla. No se arrepiente, ni lo hará. Camila es dulce como la miel, y a Lexus no le importa empalagarse solo por unos pocos momentos robados.

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Un golpe en la puerta interrumpe la noche de Lexus. Acerca la oreja a la madera y escucha a Camila balbuceando molesta, palabras incoherentes mezcladas con suspiros frustrados. Seguramente Daniela la ha echado de nuevo de su casa, por temor a que las cosas se compliquen. Ambas temen —al escrutinio, al rechazo, a lo que sea—, y Lexus desearía poder ayudar, pero es egoísta.

Necesita a Camila, aunque sea en pedazos.

La hace pasar, esperando consolarla, pero en lugar de eso, recibe una avalancha de quejas y gritos una vez que cierra la puerta. Se apoya en la madera, escuchando cada vómito verbal.

La culpa de todo, como siempre.

"Desde que llegaste, Daniela piensa que he dejado de amarla, y que prefiero arriesgarme contigo que con ella".

Siempre las mismas palabras. Camila jamás se arriesgó de verdad con Lexus; no entiende los celos de Daniela.

──Jamás nos vieron juntas de otra forma que no fuera peleando ──responde Lexus, intentando calmarla.

──Tal vez... tal vez es eso a lo que ella se refería ──murmura Camila, con una mirada que revela más de lo que dice.

──No te entiendo.

Camila no explica más; solo intenta escapar, empujando hacia la puerta. Lexus la detiene, rodeando su muñeca con firmeza. Sabe lo que pasará; Camila se irá, pero volverá. Porque si ella se va, Lexus irá detrás, como siempre.

Camila puede quejarse, insultarla, lo que quiera, pero algo ha cambiado después de esa pelea con Daniela. Tal vez, en esas discusiones privadas, Camila ha empezado a sentir algo diferente. A Daniela le molesta que no peleen en público como antes; quizás ha notado la pasión oculta en ese "odio". Una pasión que ya no es solo eso.

Lexus no puede olvidarlo, no cuando la jala cerca y la besa con urgencia. Siente las manos de Camila sujetándola con fuerza, como si temiera que se desvaneciera. Es desesperación, mantenerse unidas, demostrarse con la fuerza que se odian, pero con los labios que se aman.

Porque la miel puede empalagarte tanto que llegas a odiarla, solo que no del todo.

La miel es tan dulce que la amas tanto que la odias.

Y eso es Camila. Tan dulce como la miel, y por eso Lexus ama odiarla. Porque sabe que a Camila le pasa lo mismo; se aman tanto que se odian.

Puede ser tóxico, un ciclo de fuego y cenizas, pero si funciona para ellas... que así sea.

──Te odio tanto que amo hacerlo ──susurra Camila, mientras las prendas comienzan a volar por la habitación, esparciéndose como evidencia de su caos compartido.

En ese momento, Lexus se da cuenta de que no hay escapatoria. Su relación es un laberinto de contradicciones; odio que se transforma en deseo, amargura que sabe a miel. Pero en el fondo, ambas lo saben; este baile loco es lo que las mantiene vivas. Y mientras dure, Lexus estará dispuesta a quemarse por un sorbo más de esa dulzura prohibida.

──Eres tan cruel, pero ahora también eres mía.