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Summary:

—¿Crees que llueva hoy? —dijo Connie, acercando su cara a la escena de cuerpos enredados. La verdad, era bastante difícil para el rapado determinar dónde empezaba un cuerpo y terminaba el otro.

—No, definitivamente no —dijo Jean, dudoso, mientras sobaba su barbilla—. Creo que por la forma del agarre y la oscilación de su cuerpo significa clima nublado. —Connie abrió la boca para protestar—. ¡Que diga clima nublado no quiere decir que va a llover, idiota!

—Chicos, no peleen —murmuró Marco.

—¿¡Será que pueden cerrar sus malditas bocas y ayudarme!? —gritó Reiner, irritado.

Notes:

Esta historia es un relato bastante antiguo, escrito aproximadamente entre los años 2017 y 2018. He decidido actualizarla y hacerle las respectivas correcciones para poder publicarla aquí. ¡Espero que les guste!

Nota: Puesto que esta historia está ambientada en la época de la Tropa 104, para el personaje de Historia Reiss nos referiremos a ella como "Krista"

Work Text:

Los chicos de la Tropa 104 estaban reunidos alrededor de la cama compartida de sus compañeros, susurrando y murmurando. Algunos hacían sus apuestas de inmediato, mientras otros discutían sobre qué significaba la posición y cómo afectaría eso el clima de hoy.

Reiner tenía el rostro encendido, algo muy poco usual en él, pero la bochornosa situación había provocado que sus mejillas se calentaran. Internamente, maldecía una y otra vez a su mejor amigo por tenerlo en esa posición comprometedora. No era la primera vez que pasaba y, en realidad, el fornido muchacho estaba bastante acostumbrado a esto; incluso en el fondo, muy en el fondo, hasta cierto grado lo disfrutaba. Pero justo hoy no era uno de esos días donde podía tomárselo a la ligera, más cuando tenía unas tremendas ganas de orinar y nadie parecía dispuesto a ayudarlo.

"Piensa en sexo, eso ayuda a que te distraigas por un momento"

Le había dicho Jean una vez como consejo. En pocas ocasiones había recurrido a él y, verdaderamente, le había funcionado, pero hoy no se sentía dispuesto a ponerlo en práctica. Con el cuerpo caliente que tenía sobre el suyo, sumado al hecho de la 'espectacular' vista que tenía, podría levantarse con un cierto 'problemita' y terminaría siendo (aún más) la burla de sus compañeros.

"Malditos demonios"

Murmuró casi inaudible, más para sus adentros que para el público masculino frente a él.

—¿Crees que llueva hoy? —dijo Connie acercando su cara a la escena de cuerpos enredados. La verdad, para el rapado era bastante difícil determinar dónde empezaba un cuerpo y terminaba el otro.

—No, definitivamente no —dijo Jean, dubitativo, mientras sobaba su barbilla—. Creo que, por la forma del agarre y la oscilación de su cuerpo, significa clima nublado. —Connie abrió la boca para protestar—. ¡Que diga clima nublado no quiere decir que va a llover, idiota!

—Chicos, no peleen —murmuró Marco.

—¿¡Será que pueden cerrar sus malditas bocas y ayudarme!? —gritó Reiner, irritado.

Trató de revolverse como pez fuera del agua, pero por accidente su mano derecha había terminado en una de las nalgas de Bertholdt.

—Para mí, indica clima caluroso —mencionó Eren mientras picaba una de las piernas de Bertholdt—. Ya verán, hoy habrá un sol radiante.

—¡Cierra la boca, Jaeger! —Jean empujó al chico de ojos verdes—. ¡Te apuesto lo que quieras a que será nublado!

Marco tuvo que meterse entre ambos chicos para tratar de aligerar el ambiente mientras Armin jalaba del brazo a Eren, intentando convencerlo de que se fueran.

Bertholdt ronco y se revolvió un poco, afianzando su agarre, acurrucándose en la fibrosa pierna de Reiner. El rubio gimió en silencio.

"Debí haber dejado que Porco tomara mi lugar. Mare no vale aguantar mis ganas de orinar."

—La verdad, es muy artística su forma de dormir —dijo Thomas.

—Erótica, querrás decir —soltó Samuel acompañado de una risita.

Reiner contuvo el aliento, tratando de mantenerse en calma en todo momento, reteniendo sus ganas de orinar a más no poder; su pobre vejiga dolía. Bertholdt se las pagaría.

Escuchaba los murmullos de las apuestas de sus compañeros sobre ceder sus deberes si ganaban sobre el pronóstico del clima, así como se escuchaban los gritos de Eren y Jean todavía peleando. Reiner suspiró, lamentándose de su situación actual, tratando otra vez de revolverse en vano, ya que eso solo hacía que Bertholdt se aferrara más a él. Fijó su vista en el techo, rogándole a Ymir Fritz que lo liberara de su sufrimiento, porque sabía que si seguía más rato en esa posición su vejiga no aguantaría y terminaría orinándose encima.

 Fijó su vista en el techo, rogándole a Ymir Fritz que lo liberara de su sufrimiento, porque sabía que si seguía más rato en esa posición su vejiga no aguantaría y terminaría orinándose encima

—Ayuda —susurró desesperado, viendo la cara de Connie.

Connie frunció los labios pensando en cómo podría ayudar a su amigo con su problema. Cuando la inspiración llegó a su mente, sonrió astutamente y empezó a picar las costillas de Bertholdt y su espalda para ver si con eso se despertaba de su profundo sueño.

Efectivamente, el moreno empezó a moverse de un lado a otro, tratando de escapar de lo que fuera que lo estaba tocando, cosa que hizo que su cuerpo empezara a subir, revolviéndolo y balbuceando incoherencias en el proceso. Connie paró su cometido al ver lo que había ocasionado y se alejó ligeramente sonrojado. Los chicos, al ver la situación, callaron, haciendo que la habitación se llenara de un silencio sepulcral. Incluso Eren y Jean habían dejado de discutir para ver la escena, avergonzados.

—Uy, con que un sesenta y nueve, jamás pensé que fueran tan perversos —Samuel explotó en risas viendo la escena.

El color rojo que predominaba las mejillas de Reiner se expandió, llegando ahora hasta sus orejas y cuello. Un sudor frío recorría su frente y el muchacho trataba de contener la respiración mientras fijaba su vista en otro lado. Hubiera replicado e insultado al chico por burlarse de él, pero prefirió quedarse callado.

Bertholdt seguía roncando sonoramente, dejando un rastro de baba en la zona donde se ubicaba su cabeza, cosa que avergonzó más a Reiner.

"Piensa en Krista, piensa en ella, heterosexual Reiner, usted es heterosexual."

La posición era incómoda y muy comprometedora: Bertholdt se había movido hasta que su cabeza quedó descansando en el abdomen bajo del rubio, prácticamente encima de su entrepierna, mientras su pierna se había enredado en la cabeza de Reiner, dejando su trasero más cerca de la cara de este.

—Oh, pobre Reiner —farfulló Armin.

—Concluyamos que el día de hoy será mitad soleado y mitad nuboso —le dijo Eren a Jean—, porque me quiero ir de aquí.

Jean asintió, absorto por la escena que protagonizaban sus compañeros. Eren y Armin aprovecharon para huir junto con otros chicos que se les unieron. Todos en el exterior se preguntaban qué pasaba en las habitaciones de los hombres para que estos salieran tan sonrojados.

—¡Eren! —llamó Mikasa, acercándose hasta él y posando su mano en su frente—. Estás muy rojo, ¿te encuentras bien?

El castaño solo asintió como respuesta; se encontraba replanteando demasiadas cosas en su mente como para poder hablar.

Volviendo a la habitación, los únicos que quedaban eran Jean, Marco y Connie, quienes no sabían qué hacer.

Marco se acercó hasta donde estaban los chicos para ver qué podría hacer para ayudar a Reiner, ya que se preocupaba por su compañero. Reiner lo miraba con pánico y una mueca en el rostro. Marco sonrió de forma conciliadora, tratando de transmitirle calma.

"Pobre debe tener demasiadas ganas de orinar." Pensó el pecoso.

Marco iba a mover a Bertholdt cuando vio algo que no esperaba en la zona donde el moreno reposaba su cara. Sus mejillas pecosas se llenaron más de color rojo y miró con una ceja alzada a Reiner.

—¡P-puedo explicarlo! —dijo el fornido rubio.

Marco sonrió y le guiñó un ojo, dándose la vuelta y caminando de regreso donde estaban sus otros dos amigos. Agarró a ambos por el antebrazo, jalándolos para llevárselos consigo fuera del cuarto.

—¡Espera, tenemos que ayudar a Reiner, él tiene ganas de ir al baño! —Connie trató de librarse del agarre de Bodt.

—Oh, te aseguro que no —una sonrisa lasciva se formó en los labios del pecoso, cosa que hizo sonrojar al chico de cara alargada al entender a qué se podía referir Marco.

Había pasado un par de minutos desde que todos los habían dejado solos. Las ganas de orinar de Reiner habían quedado en el olvido y de lo que se quejaba ahora era del dolor de su erección, atrapada entre sus pijamas y la cara de Bertholdt. Un gemido lastimero salió de sus labios. Bertholdt se sentía caliente sobre su cuerpo, dormido sin dar señales de pronto despertarse. Reiner tenía la vista fija en su trasero, aprovechándose de la soledad que había; nunca se había podido tomar el suficiente tiempo para apreciarlo (y menos tan de cerca). Reiner siempre había pensado que Annie era la que tenía el mejor culo de la 104, pero ahora, al tener ese pomposo trasero en su cara, prácticamente le hacía replantearse muchas cosas.

Él sentía que, definitivamente, su sexualidad y su amor por Krista colgaban de un muy fino y delgado hilo que estaba por romperse.

Bertholdt suspiró sobre su entrepierna, haciendo que espasmos recorrieran la columna del rubio. El moreno se revolvió hasta que por fin abrió los ojos. Al principio desorientado, estiró su espalda y desenredó sus brazos de aquellas piernas que usaba como almohada.

El hilo que sostenía el amor por Krista y la heterosexualidad de Braun se rompió un poco más por la escena del chico encima suyo con la espalda arqueada y su trasero alzado.

Bertholdt se reincorporó un poco, sentándose sobre la superficie sobre la que estaba. Todavía sintiéndose en letargo por el sueño, sus manos se apoyaron en un abdomen bien formado, y ahí fue cuando se dio cuenta de dónde estaba. Un ligero sonrojo se instaló en sus pómulos y volteó su cara, encontrándose con la escena de un Reiner sonrojado con los ojos como un depredador debajo de él.

—¿Reiner? —gimió Hoover.

Braun se mordió el labio. Bertholdt sobre él, sentado, con sus manos en su estómago, su pelo revuelto por el sueño, esas mejillas sonrojadas y ese gemido apenado.

Sí, definitivamente el hilo se había roto.