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Language:
Español
Stats:
Published:
2025-12-14
Words:
1,457
Chapters:
1/1
Comments:
2
Kudos:
6
Hits:
122

Magnetismo

Summary:

Rivero no puede dejar de pensar en Exequiel. Sus noches emproblemadas por un interés intenso que seguía carcomiéndolo días después del superclásico.

Work Text:

     Rivero debería estar preocupándose por el siguiente partido, no debería estar pensando en anudar al siete de su clásico rival. Pero en la profundidad de la noche, con la pieza sola, su mente ignoraba los miles de reproches de un gallardo imaginario para enfocarse solo en la imagen de aquel omega que lo volvía loco. 

Como se acomodaba el pelo lacio bajo la vinchita, como se doblaba para subirse una media, haciendo que la verdadera curvatura de su culo finalmente se revele en esos shorts largos y sueltos, como su espalda chocaba contra el pecho del defensor, apoyándose y empujando para pelear una pelota, sin saber que rivero quería moririrse en ese contacto tan cercano y ese aroma tan dulce que lo rodeaba hasta empalagarlo.

Nunca había entendido por que Zeballos era una sensación del futbol local, pero desde ese baile fatídico que irónicamente conecto sus vidas, el omega de sonrisa brillante lo tenía obsesionado.

El defensor sabía mucho sobre Exequiel. Paso días antes del superclásico revisando con el plantel videos tácticos. Lo conocía a la perfección adentro de la cancha, pero todos esos largos análisis futbolísticos no le daban ni una pista de lo que era su vida personal.

Por eso, con una curiosidad prohibida, quizás dispuesto a dar un paso demasiado arriesgado, abrió el Instagram del Omega. La primera impresión fue chocante.

Tenía una hija, por supuesto tenía una, ¿quién tendría la oportunidad de meterse entre las piernas de Zeballos y no le haría un hijo? La cachorrita era tierna, terriblemente tierna, y todas las fotos que tenía con Exequiel lo hacían sentir una envidia malsana de no ser el padre.

Lo mas inesperado no era eso, mientras más bajaba por la hilera de recuerdo más notaba la cercanía que tenía el morocho con el mediocampista rubio. ¿Eran novios, o algo peor?, el Alfa figuraba en muchas fotos, siempre presente, con una sonrisa y un brazo sobre el delantero.

Quizás no era nada más que amigos, en su biografía no tenia nada como "felizmente casado con Zenon", pero el omega era tan perfil bajo que no podía asumir cosas con tranquilidad. No había una foto donde ambos se estuvieran besando apasionadamente tampoco, pero Rivero quería cabecear una pared. No había nada explicito, pero lo estaban carcomiendo los celos.

Para buscar algún tipo de paz, para no matar toda esa esperanza inocente, reviso cada pedazo de piel visible en el cuello del omega para comprobar algo. No había marca, al menos no una visible. 

El defensor respiro profundo. Sin una mordida, sus posibilidades de estar con el morocho pasaron de cero a un poco más de cero. No podía obviar que ambos eran rivales. Un Alfa de River y un Omega de Boca. Era improbable, mas no imposible.

Solo tenía que encontrar algún motivo o razón para acercarse, las ganas de conquistar y hacerse un hueco en la vida de Exequiel ya las tenia. Por ahora, solo podía observar esas fotos, en el silencio y la soledad de su pieza, y imaginar que algún día formaría parte de ellas.

[...]


    Bajo el sol del predio, los dedos de Lautaro bailaban sobre el teclado con un nerviosísimo totalmente ajeno al hábil defensor, escribiendo y borrando el mismo mensaje mil veces.

hola

hola, ¿como estas?

holaaa, perdon que te joda jaja

hola, soy lauti, no se si te acordaras de mi?

hola exe, todo bien?

Entre intentos de agarrar valor, no podía evitar escuchar a sus compañeros charlando al costado suyo, disfrutando del descanso. Todos llenos de tatuajes del club, todos con el mismo color cruzándoles el pecho, un mismo sentimiento, y un mismo odio pasional a los que estaban en la vereda de enfrente.

Lautaro miraba el celular, después el escudo de la camiseta de entreno. Pensaba si valía la pena. 

Cuando el chino le paso una botella de agua, diciéndole que tome algo que hacia un calor terrible, algo volvió a conectar adentro suyo.

Este es el club que le dio todo. Comida, agua, techo. No podía traicionar eso. 

Estaba pensando con la punta de la pija. Era solo un calentón, si lo ignoraba ya se le iba a pasar.

Así que guardo el celular, y intento ignorarlo.

Durante los entrenamientos, cuando un compañero le apoyaba la espalda para empujarlo lejos de la pelota, cerraba los ojos y intentaba no pensar en Zeballos. Cuando visitaba a su garche fijo para descontracturar, intentaba no imaginar que el morocho era quien estaba debajo de el, rasguñándole toda la espalda. Cuando sus dedos encontraban el pasto largo y bien cuidado del predio, intentaba no imaginarse que así se debía sentir el pelo de Exequiel, pero ya se le iba a pasar.

Eso pensaba, desesperado, pero no se le paso. 

El deseo seguía ahí, fuerte, latente, y cada vez que entraba a escondidas a Instagram para revisar las historias del omega (pese a no tenerlo agregado) crecía un poquito mas.

Exequiel en musculosa abrazado a un compañero, Exequiel con esa sonrisa encantadora trotando por el pasto de casa amarilla, Exequiel mojándose el pelo durante los entrenamientos. Veía lo hermoso que era, todo lo que no podía tocar ni tener, ni debía tocar ni tener. Era masoquismo puro.

Empezó a buscarlo más por las noticias, a seguir esas entrevistas de dos minutos que le hacían por YouTube, a prender la tele para verlo jugar. No lo podía evitar.

Todo era pura admiración, desde lejos, escondido. No hubo un detonante lo suficientemente fuerte para quebrar eso orgullo que lo mantenía orillado, seguro, hasta que llegaron las semis de la clausura. 

Boca enfrentaba a Racing. Lautaro se sentó ese día expectante frente a la tele, sus ganas de ver a Zeballos más grandes que sus ganas de ver perder a su clásico, pero eso no lo sabían sus amigos, con quienes compartía mensajes de burla mientras se desarrollaba lentamente el partido.

Fue ver un avión cayendo en picada, una caída que no podía disfrutar del todo porque la imagen que enfocaban las cámaras a la mitad del segundo tiempo lo tenía masticando bronca.

Era Exequiel. Lo habían sacado sin contexto alguno de la cancha. La bombonera se vino abajo.

Lo peor no fue eso, lo peor vino cuando termino el partido y las cámaras lo enfocaron desconsolado en el banco. Una necesidad de protegerlo inundo a Lautaro. Nunca había sentido algo tan fuerte, tan descontrolado, necesitaba abrazarlo, consolarlo, el escudo volviéndose la menor de sus preocupaciones.

Ver la frustración y las lágrimas en la cara del omega fue suficiente combustible para hacerlo finalmente agarrar el celular y poner lo primero que se le paso por la cabeza.

Hola exe perdón que te escriba a esta hora. no tengo nada que ver con vos pero me hizo mal todo lo que te paso en el partido.

Cagate a piñas con el dt, quería ponerle, pero no sabía si era momento de hacer chistes. Decidió que un halago era mejor.

los estabas re cagando a baile jaja no sabe nada ese viejo

si era yo no te sacaba nunca

Cuando mando el ultimo mensaje el silencio de la pieza se sintió mas pesado. Le había hablado como si fuese su amigazo de toda la vida, le había ofrecido consuelo al tipo que hace nada los había vacunado. Era fondo de olla, pero sus instintos gritaban mas fuerte que cualquier lógica. 

Ahora solo esperaba una respuesta, el miedo a que no haya ninguna empezando a asentarse con el pasar de los minutos.

30. 40. Nada. Dos horas después el omega seguía desconectado. Lautaro entendía, era un momento sensible, así que tragándose su preocupación y pensando más en frio decidió irse a dormir, deteniéndose a medio camino por las pequeñas vibraciones de su celular.

Era Zeballos. 

Gracias jaja

no pasa nada se me acercaron tambien de otros equipos a hablarme

por lo de la lesion me hablan por costumbre si me ven mal en la tele pero vos nunca me hablaste no se que decirte jaja

El defensor de river se avergonzó cuando leyó la respuesta. Había sido muy descuidado, muy desesperado, pero cuando imagino al Omega riéndose del otro lado de la pantalla ante su inesperada aparición, no se sintió tan mal.

nada esta bien asi 

solo avisame si se arregla

te quiero ver bien como todos 

Exequiel reacciono al último mensaje con un pequeño corazón y la conversación parecía haberse muerto ahí. Ninguno tenía nada más para añadir, todavía muy desconocidos, muy lejanos.

Rivero miro una, varias veces el corazón, una sonrisa estúpida dibujándose en su cara. Había dado el salto al abismo y abajo encontró suelo firme. Se sentía liberado, y con miedo. Quizás este era el inicio de algo, o no era nada, no lo sabia, pero al menos había dado el primer paso.