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Empezaba a oscurecer, las luces del parque iluminaban todo el lugar donde habían niños en los distintos juegos. Los pequeños jugaban con tierra, en los columpios, a las escondidas, al fútbol, entre muchos juegos más. Los padres se encontraban platicando en los asientos del parque, tomando mate, tereré o comiendo algún tentempié.
Allí estaban Daniel y Luciano sentados en una de las bancas de madera, debajo de un árbol frondoso. Observando como su hijo jugaba con los demás niños corriendo de un lado a otro, feliz de hacer lo que más desea un niño, jugar en el parque.
El moreno tenía uno de los brazos abrazando la espalda de su esposo y el otro apoyado en el respaldo. Daniel estaba muy cómodo pues estaba bastante pegado a él tomando tereré.
— Amor, ¿otro tere?
— Não fofo, estou bem — suspiró mientras cerraba los ojos y sentía la brisa del viento, era un gran alivio sentir la frescura del aire después de una tarde calurosa como la de hoy— creo que voy a explotar si sigo tomando tanta agua Daniel.
La risa tierna de su prometido lo hacía feliz, nunca se hubiese imaginado que terminaría casado con el paraguayo, llevándose bien y con un hijo.... Sentar cabeza era algo que no se lo permitía hasta que empezaron a salir, la tranquilidad que le generaba cada encuentro era como una desconexión para recargar todas sus energías. Estaba seguro de que su pareja también sentía una conexión que provocaba cierta energía más fuerte en él. De hecho, Daniel brillaba mucho más y su forma de ser era mucho más suelta y despreocupada.
Miró como este volvía a servir más agua para tomar. "Es un desquiciado" pensaba. Su cuerpo es 100% agua, ¿Cómo era posible que esté tantas horas bebiendo? Le parecía fascinante y extraño.
— Lu, creo que ya es hora de irnos. Ya es tarde y Felipe tiene que ir al colegio mañana.
— Claro, vamos. — tomó aire antes de gritar pues el niño estaba muy lejos, arriba de un tobogán a punto de tirarse junto al pequeño hijo del primo de su esposo.
— PÃOZINHOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!!
El pelirrojo saludó a su padres y se tiró junto al niño rubio en la resbaladera. Fue entonces que se dirigió riendo hasta ellos.
— ¿Podemos quedarnos un rato más? Quri me va a enseñar un truco en el tobogán!
— No Felipe, ya es tarde— Daniel empezó a limpiar la ropa del niño que estaba llena de tierra— Mirá cómo estás de sucio! Despedite y vamos!
El pequeño intento hacer la típica mirada tierna característica del paraguayo, lastimosamente hacerse el "pobrecito" no funcionaba con Daniel, así que tuvo que despedirse de su amigo.
Pasaba mucho tiempo con él, Quri tenía muchos hermanos y varias veces integraba a Felipe como un hermano más. Jugaban seguido, su tristeza no duró mucho pues sabía que volverían a encontrarse para pasar tiempo juntos... Seguramente mañana.
— Vamos te llevo arriba, así se nos hace más rápido llegar a casa.
Luciano subió al niño para que se agarrase de sus hombros, para el moreno no era difícil cargarlo pues no pesaba tanto y él tenía resistencia física. Llegar al hogar sería más rápido de esa forma.
Caminaron de regreso mientras el castaño llevaba la mochila de su hijo y Lu al niño. Debían cruzar un puente que unía ambos mundos, las luces eran temáticas con los colores de las banderas de ambos padres. Felipe miraba aquel encuentro de colores que no hacían más que calmarlo y dormirlo. Ellos por su parte apreciaban esa imagen tan surreal y mágica. El clima de la noche era perfecto, no hacía ni frío ni calor y la brisa fresca acompañaba a la familia que cruzaba hacia el lado albirrojo.
— Quién diría que esto pasaría...
El moreno giró la cabeza para mirarlo y escuchar lo que tenía para decir, en silencio.
— Vos y yo... los dos juntos luego de tanto tiempo... Es cómico pensar que en algún momento nos llevaríamos bien, tanto como para cuidar a un niño.
Un halo de tristeza cubrió los pensamientos del ojiverde, recordando pequeñas cosas de su pasado, escenarios de un yo antigüo que tenía en su corazón. Luciano no tardó en percatarse de ello, conocía demasiado bien a Daniel como para darse cuenta de lo que pasaba por su mente.
— Así como las personas cambian, pienso que los países también. Vos no sos igual que hace 200 años y yo tampoco lo soy. Ni Miguel, Martín o Sebastián... No somos simples pedazos de tierra.
Irala sonrió ante la respuesta. Entendía la cantidad de tiempo que los separaba, incluso sintiéndose alguien completamente diferente, a veces ese sentimiento de angustia lo aquejaba.
— ...Você sabe que eu o amo, né? Eu te amo muito Daniel... Y no sabes cuánto..
Hubo un encuentro de miradas y un silencio que hablaba por si solo, se veía la profundidad en los ojos oscuros del moreno, se sentía el dolor en ellos junto a una emoción de arrepentimiento muy fuerte.
Y a decir verdad...
Compartían muchas cosas, hogar, familia, humor, encuentros, comidas, besos, abrazos y también... un dolor igual de incómodo que no podían poner en palabras.
Pues no hacía falta idioma para expresar lo que sus ojos comunicaban. La tristeza podían percibirla mutuamente, una conexión muy fuerte que fortalecían con el pasar de los años.
En variadas ocasiones desde que empezaron a salir, habían momentos incómodos resultante de ese pasado que atormentaba a cada uno. Siempre que estaba todo bien, los recuerdos aparecían en uno o en el otro, generando una desconexión de su realidad actual. Lo sabían, y nunca se dejaron solos en ese estado, acompañándose en los días buenos como también en los días malos.
Lo que en sus inicios era una amistad se fue transformando muy lentamente en una pasión desenfrenada, sintiendo que cada uno se quemaba en un mar de emociones incontrolables. Sentían mucho, sin dudas, una corriente fuerte de emociones que con el correr del tiempo fue mermando hasta llegar a ser lo que eran hoy.
Dos personas que se querían tanto como para generar otra forma de vida y cuidarlo. Haciendo nada más que unirlos más.
El castaño aún recuerda las veces en que Felipe era un pequeño bebé y Luciano lloraba incontrolablemente cuando lo cargaba en brazos. El deseo de ser un buen padre lo comunicaba con todas las acciones que hacía por el niño y por Daniel. Protección y seguridad era lo que quería brindar, esa faceta del brasileño que nadie había visto antes y que despertó con los años compartidos con Irala.
No solo Luciano tenía ese lado nuevo que enternecía a su amado, pues del paraguayo empezó a nacer un sentido maternal mucho más fuerte, cobrando relevancia esa parte femenina muy característica en él.
Una nueva etapa que podría salvarlos: era un pensamiento recurrente en sus mentes, pues el objetivo de darle una vida plena y feliz era lo que se proponían como pareja día a día.
Y así como su meta, sus vidas se enlazaron para bien, fortaleciendo el cariño que se tenían al igual que su deseo mutuo.
Las noches apasionadas se transformaron en encuentros cariñosos dónde dormían abrazados sintiendo el palpitar de sus corazones. Despertando juntos un día más, agradecidos por una estabilidad que creían inalcanzable.
Y besos, besos y más besos...
Los besos fueron parte de ese amor que florecía en aquel jardín vacío. La vida se veía de otro color, incluso más verde de lo normal. La vegetación de ambos lados del puente era más viva junto a la luz del sol que iluminaba con intensidad abrazando a todas las plantas que florecía en cada primavera.
Aves que cantaban con alegría, como si agradecieran el cariño que se tenían, el clima que era mucho más estable y sobre todo... la felicidad con la que ellos se despertaban para comenzar el día desbordaba en energía.
El mundo sonreía y ellos le sonreían.
¿Por qué recordar el pasado sabiendo que el ahora era mucho mejor?
Es perfecto...
Es mágico...
Es amor...
— ....Daniel?
El castaño se abalanzó sobre el moreno para obsequiar un tierno pero duradero beso. Luciano quedó sorprendido por aquel ladronzuelo, eso no evitó que cerrara los ojos para sentir la dulce boca de Daniel. Perderse en él y sentirlo una vez más como tantas veces al unir sus labios. Un subidon de energía empezaba a recorrer su cuerpo de pies a cabeza provocando escalofríos sentidos.
— Yo también te amo demasiado Luciano... ¡muito minha vida! Muito, muito, muito!!! — dijo sonriendo antes de morderle el labio con picardía y separarse para seguir caminando, dejando al moreno con ganas de más.
La sonrisa cómplice junto a la mirada atrevida del pentacampeon era suficiente para saber que es lo que quería esta noche.
— Te doy lo que quieres luego de arropar a Feli, recuerda que tiene que dormirse temprano si quieres que suceda algo más tarde...
— MEU DEUS!!!! UFFF no me hagas esto que voy a correr hasta el cuarto!!!
Por suerte el pequeño seguía durmiendo plácidamente en la espalda de Da Silva mientras ellos seguían su rumbo hacia el hogar, mucho más rápido por insistencia del brasileño por su "regalo".
Las noches en dónde Daniel estaba juguetón le fascinaban, de ahí el querer llegar lo antes posible para probar nuevas cosas junto a su amado.
Las luces coloridas empezaron a desvanecerse cuando llegaron al otro lado, tomando camino ansiosos de que pronto llegarían.
-.-
¿Quién lo diría?
Brasil y Paraguay juntos, tal vez el destino estaba trazado o simplemente la vida ya tenía preparado aquel amor inesperado.
-.-
