Chapter Text
Apuesto que ella está presumiendo a todos sus amigos, diciendo que eres tan único
Entonces, ¿cuándo le vas a decir que hicimos eso también?
No actúes como si no hubiéramos hecho esa mierda también
Ella cree que es especial, pero todo es reutilizado.
Sé que tienes un déjà vu
¿Cuántas personas pueden decir que tienen recuerdos de su vida pasada? Pocas en realidad, lo que puede decirse que es una bendición. Una que Denji no puede presumir que tiene.
Desde que era niño, memorias de una vida miserable golpearon su mente. Muerte, lamentos, malas decisiones y desdicha por igual, y si eso no era suficiente, tenía que lidiar con imágenes de él mismo convertido en una especie de monstruo o criatura que se convertía en una motosierra —como quiera que esto fuera posible—.
Al principio, el pequeño Denji encontró todo esto como una pesadilla. Después de todo, ¿quién puede imaginar que convertirse en un demonio con una sierra en la cabeza son recuerdos creíbles de una vida pasada?
No importó cuántos médicos visitara o a cuántas sesiones de terapia asistiera, esas imágenes tan vívidas nunca desaparecieron de su mente, siempre encontraban una manera de volver. Con el paso del tiempo, lo único que pudo hacer fue mentir y decir que se habían esfumado de poco en poco, para la tranquilidad de sus padres y para no ganarse un boleto directo a un psiquiátrico.
Esto le funcionó bastante bien durante varios años y gracias a ello pudo vivir una vida tranquila y normal. Esa misma que antes le fue negada.
Tenía un hogar y unos padres que, aunque no fueron los más cariñosos del mundo, eran decentes y se preocupaban por darle una buena vida, estudios y cubrir sus necesidades. Denji no tenía que pagar deudas que no eran suyas, recibir palizas y mucho menos comer restos en los basureros. Lo cual ya era una gran mejora en su vida. Sólo debía enfocarse en pasar de grado, elegir una buena universidad y conseguir amigos que lo apoyaran en todas sus estupideces.
Cualquiera pensaría que con el paso de los años y con la vida normal —y casi aburrida—, esos horribles y amargos recuerdos se perderían en las profundidades de la mente del rubio. Lo cual hubiese funcionado bastante bien de no ser por la repentina aparición de cierto chico, porque entonces todo se fue a la mierda de nuevo.
Todo comenzó dos meses atrás, cuando en el aula de clases presentaron al estudiante transferido que se integraría a su grupo. Esto hubiese sido algo que Denji hubiese ignorado, como hacía con las personas que le importaban un carajo, pero cuando su mirada se encontró con la profunda y enigmática oscuridad en esos ojos, sintió un Déjà vu. Ese chico era Yoshida.
Los recuerdos del azabache despidiéndose sólo para instantes después estallar frente a sus ojos lo invadieron a una velocidad inquietante. Aún podía sentir el olor a humo y sangre picándole la nariz, y el sonido de la explosión hacer eco en su cabeza. Verlo de nuevo se sentía como volver a ese momento lleno de confusión, pero a la vez, calmó ese dejo de angustia que quedó en su interior la última vez que lo vio.
Sí, Hirofumi murió por su deber y por su culpa, pero al igual que él, ha recibido una nueva oportunidad, una donde no tendrá que cargar con tanto peso sobre su espalda.
Después de toda la porquería, tienen la oportunidad de vivir vidas comunes y aburridas como el resto. Como siempre debió ser.
Desde entonces, Denji hizo todo lo posible por mantener distancia entre él y Yoshida, lo que menos quería era que tener alguna clase de contacto despertara en el azabache las memorias pasadas. ¿Por qué? Ni él lo sabía, quizá no quería que fuera abrumado por tanto o tal vez no estaba dispuesto a soportar que volviera a hostigarlo con su actitud tan “pesada”. No obstante, no fue una sorpresa que la vida se empeñara en joderle los planes cuando, en uno de los proyectos de clase, de entre todos sus compañeros, fuera con Hirofumi con quien tuviese que trabajar. ¿Ironía o mala suerte? La verdad es que tampoco importaba.
Cada tarde se reúnen en la biblioteca de la escuela para avanzar con su trabajo, esto bajo un profundo silencio que es roto de vez en cuando cada vez que alguno de ellos encuentra información relevante. No existen charlas casuales ni un gusto en común que despierte un tema de conversación. Contrario a sus recuerdos, Yoshida no hace ningún movimiento extraño por acercarse a él. Su actitud es como la que tendría con cualquier compañero, que incluso raya en la completa indiferencia.
Si bien mantener la distancia es lo que Denji quiso desde un principio, no puede evitar sentir un nudo atorado en la garganta al notar la enorme distancia que hay entre ambos. Puede que Yoshida esté sentado frente a él, sosteniendo un libro o haciendo un montón de apuntes que ni siquiera piensa revisar, pero su atención no es para él. Nada lo es.
Ese idiota tiene la suerte de que su rostro resulta atractivo para la mayoría y que por eso tiene lo que quiere, como esa chica rubia y bonita que llegó desde hace 20 minutos a interrumpirlos. Seguro que es su conquista de la semana.
A Denji se le revuelven las entrañas y le causa náuseas ver la actitud tan cercana o las miradas cómplices que intercambian de vez en cuando, pero hace lo posible por mantenerse impasible. ¿A él qué carajos le importa lo que haga Yoshida con su vida? Porque en lo que a él respecta, puede irse mucho a la mierda.
No le queda más que apretar los puños por debajo de la mesa, fastidiado de tener que soportarlos. Y aunque no quiere ni va a admitirlo en voz alta, existe una sensación incómoda y punzante que se instala en su pecho cada vez que mira a Yoshida hablarle a ella y otros más con el mismo tono que solía hacerlo con él.
Resulta que es más descarado de lo que imaginaba.
El rubio chasquea la lengua cuando ve a la chica inclinarse y susurrar algo en el oído del azabache. Un montón de basura que seguramente lo haría querer vomitar.
Es linda, con esos brillantes ojos dorados y amplia sonrisa que iluminan su expresión entusiasta y tierna. Más de lo que un bastardo como Yoshida podría merecer.
Naturalmente, Denji siente curiosidad de saber qué es lo que ha visto en el bastardo de Hirofumi, porque si continúa siendo el mismo tipo de idiota que recuerda, entonces la tonta debe ser ella por gustar de él.
Para los astutos ojos ámbar de Denji no pasa desapercibido el sonrojo que cubre las mejillas de la chica cuando Hirofumi le guiña el ojo, seguramente en una señal que sólo los dos entienden. Entonces un sabor amargo le invade el paladar.
“Asqueroso…” pronuncia con repudio la voz en su cabeza.
Yoshida despierta en el tanto repelús que, no importa lo que haga, siempre lo encontrará desagradable.
Denji no puede evitar rodar los ojos o hacer un mohín fastidiado cuando la chica por fin se marcha, sólo hasta entonces Yoshida parece darse cuenta de su existencia y vuelve la mirada a él, con esa horrible mueca que se supone que es una sonrisa.
—Lo siento, es demasiado entusiasta.
El pecho de Denji se estruja porque ese instante se siente como un Déjà vu. Antes era él a quien le prestaba toda atención, por más que renegara de ella. Sin embargo, ahora es él el espectador que tiene que ver cómo el azabache va detrás de alguien más.
—Como sea —responde tajante y vuelve la mirada a su teléfono—. Ya es tarde, mejor terminamos otro día.
Recoge sus cosas e ignora la mirada del azabache y lo que sea que quiera responder —si es que quiere hacerlo—. Lo único que Denji quiere es salir de esa maldita biblioteca que lo hace sentir asfixiado y alejarse de ese imbécil que lo hace sentir como… un perdedor.
Para este momento le da lo mismo lo que Yoshida pueda pensar. Probablemente creerá que no quiere interrumpirlo a él y su noviecilla, o quizá sólo se divertirá pensando en que lo ha hecho sentir incómodo por presenciar su escena, sea como sea, le da lo mismo. Yoshida y su linda novia rubia se pueden ir mucho a la mierda.
Los pasos de Denji son firmes y acelerados porque lo único que quiere es marcharse lo más lejos y así aliviar la molestia que crece en su estómago y que se siente como si le hubieran dado un puñetazo.
Se imagina a Yoshida yendo detrás de la chica, como el acosador depravado que es. Seguramente la llamará por su nombre usando ese maldito tono coqueto y descarado que lo hace sentir asqueado. Caminará a su lado o detrás de ella, como un maldito mosquito que no da oportunidad de sentirse solo.
Quizá hasta la lleve a comer, sólo para quedarse en silencio observándola y sonriendo de vez en cuando, y ella tal vez no sepa cómo reaccionar y continuará en lo suyo o hará algún tipo de comentario con tal de borrarle esa expresión de idiota. Lo hará porque si no, el pulso de su corazón se volverá errático y el bastardo astuto de alguna forma lo descubrirá. Y entonces sabrá que eso que le provoca no es desagrado, sino un montón de emociones que no sabe descifrar.
Denji lo sabe bien porque todo eso que hace por ella y que la hace sentir jodidamente especial, Yoshida ya lo hizo primero por él.
Todo es reutilizado.
Yoshida es la clase de bastardo que muestra el mismo comportamiento incluso en una nueva vida. Y aunque Denji no quiere darle tantas vueltas a lo mismo, es imposible callar la vocecita insidiosa que persona su cabeza repitiendo lo mismo:
“No es que fuera especial, Yoshida trata así a cualquiera”.
Se siente demasiado patético sentirse mal por la decepción que siente al saber que su presencia fue sólo una más, y que esa manera en cómo lo miró o que estuvo a su lado, como si fuera tan único y especial, era su forma automática de ser.
—Bastardo —escupe en voz alta, demasiado distraído para darse cuenta de la forma tan marcada en que frunce el ceño—. ¿Y a mí qué me importa con quién estés? ¡Vete a la mierda!
La sangre de Denji hierve en sus venas, que ni siquiera las miradas de reproche o los ojos curiosos que pasan a su lado en la transcurrida calle le importan. Sólo pude pensar en cuánto detesta al chico de cabello azabache, con comportamiento stalker y actitud suicida que conoció en su anterior vida, y en cuán estúpido se siente por haber lamentado su muerte.
Se siente patético porque, aunque prefiera tragar tierra antes que admitirlo, una parte de él lo extrañó cuando murió. Su ausencia hizo eco en sus días.
Pero ahora se siente como un imbécil porque el día que apareció en el salón de clases, una pequeña parte de él se alegró por volverlo a ver. Sintió emoción al saber que no habría más tragedia a su alrededor y que quizá así ellos podrían…
—Qué idiota… —Susurra amargamente, sin poder ocultar el tono decepcionado que ha salido de lo profundo de su pecho, aunque estas palabras no van dirigidas a Hirofumi, sino a sí mismo. ¿En qué momento se convirtió en eso?
Cuando detiene sus pasos a mitad de la calle, la gente pasa a su alrededor, con total indiferencia, y Denji no puede hacer nada más que sentirse minúsculo. Sabe que nada de lo que siente es suficiente para detener o cambiar lo que pasa, y eso, por más absurdo que parezca, lo hace sentir insignificante.
¿A dónde había ido el juramento que se hizo a sí mismo de vivir una vida tranquila? ¿Qué carajos hace sintiéndose mal por la indiferencia de Hirofumi? Si al final nada cambiará. Yoshida saldrá con su novia y se la pasará jodidamente bien mientras que él siente sus entrañas ser aplastadas en su interior.
¿Cómo carajos puede existir justicia en eso?
Denji suelta un largo suspiro y retoma su camino, con pasos suaves y con ritmo calmado. Se siente demasiado cansado como para seguir pensando en estupideces que no hacen más que amargar sus días. Debe mantener la promesa consigo mismo y tener una vida que merece.
Al igual que él, Yoshida es libre de hacer lo que le venga en gana, cogerse a quien quiera, lanzarse de un puente o tragar mierda, da igual. Lo que sea que hizo que sus caminos se cruzaran en el pasado no existe más, y encontrarse ahora fue mera casualidad.
Mientras camina, se repite a sí mismo que no lo necesita y que nunca lo necesitó. Sabe que mientras más se lo repita, entonces más fácil podrá convencerse de eso.
Denji está y estará bien sin Yoshida, así como lo está él. Al fin y al cabo, lo único que queda del pasado es la sensación de Déjà vu.
