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Language:
Español
Series:
Part 1 of la pijamada oficial
Stats:
Published:
2025-12-19
Words:
3,100
Chapters:
1/1
Comments:
13
Kudos:
285
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15
Hits:
1,580

la pijamada oficial

Summary:

¿viste cuando había dos amigos que se gustaban y los dejaban solos para que chapen?

Notes:

creo que nunca sufrí tanto al subir algo.

ojalá les guste :(

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Manuel no podía evitar grabarlo. La imagen de Lautaro moviendo su colchón al living ya lo hacía sentir contento.

 

Ese estar juntos, haciendo algo relajado era lo único que necesitaba esa noche. Santiago por alguna razón había decidido no seguirlos en esa.

 

Entonces así como Lautaro llevó su colchón, él hizo lo mismo. Pusieron los dos colchones pegados en el living, para dormir cómodos.

 

Ni siquiera esa distancia lo afectaba. Saber que Lautaro estaba ahí, era suficiente para él. 

 

Solo necesitaba descansar y distraerse hasta la pelea. Mirarían una película y vería a Lautaro comer las golosinas que él no podía. Incluso pensar en algo tan simple como eso lo hacia feliz.

 

Había sido un día largo, intenso, de mucho entrenamiento. El desgaste físico y mental se mezclaban con los nervios, y eso lo dejaban más frágil. 

 

Sabía que debía ponerse fuerte, pero en ese momento notaba que estaba más débil, más abierto, más sensible a su alrededor.

 

En el stream había quedado en evidencia. 

 

Fue la primera vez que se atrevió a decir la palabra enamoramiento estando Lautaro presente. El deseo le surgió y el cansancio le ganó.

 

No se arrepentió en el momento. Su cabeza no procesaba del todo. Lautaro, como nunca, se la siguió. Fue raro. Le dijo justo lo que tenía que decir.

 

¿El enamoramiento es solo con alguien que es potencialmente tu pareja o hay un enamoramiento hacia.... un amigo?

 

Había estado rápido. Manuel sonrió. Queriendo que sus intenciones sean las suyas.

 

Pero en realidad hacía tiempo que Lautaro y él eran diferentes.

 

Él estaba viviendo sus sentimientos hacia Lautaro mucho más a flor de piel. Pero cuando lo miraba, cuando notaba su tensión, cuando lo veía esquivarle la mirada, entendía que lo que sentían quizás no era del todo distinto.

 

Pero no sabía si sentían exactamente lo mismo. El tema no se tocaba.

 

Y ahí estaba con él. Habían puesto una película, para ver si les gustaba. 

 

El silencio era interrumpido por el sonido de la película. Igual con Lautaro el silencio nunca era incómodo. Pero esa noche Manuel tenía deseos de hablar.

 

Pensaba en cómo esa noche en el stream sus interacciones con Lautaro se habían sentido diferentes. 

 

Quizás era su imaginación queriendo quitar toda la ansiedad que hacía días se había apoderado de su cuerpo.

 

Quizás era el hecho de estar a oscuras, tirado en la cama, mirando una película con Lautaro como hacía mucho mucho tiempo no hacían.

 

Se le cruzaron por la cabeza las veces que lo hacían en la casa de su mamá. Los dos en su cama. Recordó lo que sentía internamente en esos momentos. Sonrió pensando cómo no me dí cuenta antes.

 

La voz de Lautaro lo sacó de sus pensamientos.

 

—¿A vos te gusta la película? —le preguntó y lo miró, y Manuel sonrió sin saber que decirle.

 

—Si querés la cambiamos. Elegí la que quieras. 

 

Manuel le dió el control remoto y en ese momento notó la distancia que los separaba. 

 

No le molestaría estar un poco más cerca.

 

De repente se sentía inquieto.

 

Se acomodó en su cama lo más al borde que pudo. Todavía se sentía demasiado lejos.

 

Sabía que no podía culpar a esa noche en particular, siempre prefería dormir con alguien a dormir solo, y sobre todo dormir abrazado.

 

—¿Pongo esta? —le preguntó Lautaro, nuevamente mirándolo.

 

—Se, mandále. —le respondió Manuel acomodándose nuevamente.

 

Lautaro hizo caso, le puso play.

 

Pero luego lo miró.

 

—A ver si esta te gusta. La idea es que te relajes… seguís re inquieto, Manuel.

 

Él también esperaba relajarse, no le pudo responder nada. Y así como vio a Lautaro mirar la película intentó hacer lo mismo.

 

Pero la película corría y su mente volaba. 

 

Pensaba en su vulnerabilidad en el stream. Aún con los mensajes de apoyo algo de vergüenza quedaba en él. Era raro.

 

Pensaba en la pelea. En que la exposición sería incluso mucho mayor. Todo el mundo lo vería, ganar o perder. 

 

Pensaba en Lautaro, en sus intercambios esa noche. En la gente que en las redes hablaban de ellos, de lo que estarían haciendo, de lo que no. Con esperanza.

 

Él no sabía si tener eso.

 

Lo miró a Lautaro. Por un momento creyó que quizás dormía, pero luego de unos segundos lo vio moverse levemente y entendió que estaba atento a la película.

 

Manuel ya le había perdido el hilo, ni siquiera iba a intentar entenderla.

 

Suspiró, sin poder evitarlo. Cansado.

 

Lautaro lo miró y lo vió con la cabeza hacia atrás, rendido.

 

Pausó la película y volvió a mirarlo.

 

—¿Qué te pasa?

 

Esa era una pregunta complicada.

Se acostó de costado para mirarlo.

 

—Nada. Estoy cansado.

 

—Pensé que querías ver una película.

 

Se hizo un silencio.

 

—Creo que solo quería su compañía… La tuya y la de Santi. 

 

Lautaro sonrió.

 

—Entiendo. La necesitas, está bien.

 

—Solo quería una pijamada para no pensar, pero estoy pensando demasiado.

 

—¿Querés dormir? ¿Querés jugar FIFA? Vamos a hacer lo que vos quieras.

 

Manuel sonrió tristemente. 

 

—¿Está mal si quiero hablar?

 

Lautaro rió apenas. No lo miraba fijo a la cara, Manuel no le sacaba la mirada de encima.

 

—¿Cómo va a estar mal? ¿De qué querés hablar?

 

—Del enamoramiento. —bromeó Manuel. Era increíble como la palabra ahora le salía más fácilmente de los labios.

 

Lautaro rió porque entendió que era un chiste, pero Manuel casi podía jurar, incluso en la luz tenue, que se había puesto más rojo.

 

—Nah, no sé… —agregó Manuel— no debería hablar de los nervios de la pelea, no tiene sentido. Es peor.

 

Lautaro asentía sin mirarlo.

 

—Igual no estás así solo por la pelea. 

 

Finalmente Lautaro lo miró por un segundo.

 

—Puede ser. —Manuel se encogió de hombros. —Los últimos meses fueron complicados. Es muy fin de año. Pasaron muchas cosas. Uno hace un balance, piensa. Lo de siempre.

 

Manuel notó como la voz le salió débil. 

 

Y Lautaro lo miró fijo, se dió vuelta con todo su cuerpo y le puso una mano en el hombro.

 

—¿Querés hablar de eso?

 

Lautaro sabía, Lautaro tenía que saber. Lautaro conocía su respuesta.

 

—Creo que solo quiero un abrazo.

 

Se hizo un silencio, y hubo unos segundos en los que Lautaro solo lo miró. Manuel temió.

 

Pero finalmente Lautaro le sonrió brevemente, se acercó y así de costado como estaban, mirándose de frente, aún no tan cerca, le puso un brazo por encima del hombro y apenas le llegó a tocar la espalda.

 

Aún así no lo miraba a la cara y tenía expresión de incómodo. Manuel solo pudo reír un poco.

 

—Mmm, no es suficiente, no? —le preguntó Lautaro.

 

Y fue su turno de reír.

 

Manuel arrugó la nariz y movió la cabeza.

 

Y con cara tímida Lautaro se acercó más, se levantó un poco con un codo y le golpeó la espalda. 

 

—¿Ahí?

 

Para Manuel era raro verlo así. Tan distante, tan incómodo.

 

Pensaba.

 

Cuántas veces habían dormido en la misma cama, se habian abrazado, habían jodido en stream, habían tenido cercanía sin ponerse rojos como un tomate. 

 

Manuel sabía muy bien que al menos de su parte era porque en aquel momento no era consciente de lo que sentía, simplemente disfrutaba.

 

Pero en ese momento Manuel no podía evitar preguntarse si Lautaro era consciente de que sentía algo.

 

—Dale, Lautaro. —se quejó al final.

 

Es que él tenía que saber. No le daba un abrazo tan distante ni a sus personas más lejanas. Era absurdo.

 

—Bueno, che. Dejame lugar en tu cama a ver si te dejas de quejar.

 

Manuel no pudo evitar sonreír.

 

E hizo eso. Le hizo lugar.

 

Manuel se puso mirando para arriba, y Lautaro, dudando, se acostó de costado y apoyó su cabeza pegada al hombro de Manuel y le puso la mano en el pecho.

 

—¿Ahí está bien? —le preguntó, una mezcla entre tímido y cansado.

 

Desde esa posición, Manuel le podía ver la cara. Lautaro sonreía apenas, pero seguía tenso. Su mano estaba en su pecho tímidamente, la sentía temblar un poco.

 

Manuel sonrió.

 

Levantó el brazo sobre el que estaba apoyado Lautaro y con fuerza lo empujó sobre su propio cuerpo, dejando su mano justo encima de su cuerpo tapado con las frazadas.

 

—Ahí está mejor. 

 

Lautaro no lo miraba.

 

—Ahí me estás abrazando más vos a mi. —le dijo tímidamente.

 

—Bueno, pero yo estoy bien. ¿Vos estás bien? —le preguntó Manuel.

 

Lautaro le hizo un sonido de aprobación y sobrevino un silencio.

 

Manuel ya no respiraba pesadamente. Sentía calma.

 

Después de un momento, Lautaro levantó la cabeza y se cruzaron las miradas. 

 

—Pensé que te habías dormido.

 

Manuel solo negó con la cabeza.

 

—Te haría bien descansar.

 

—Estoy cansado pero pasado de rosca creo. Pero estoy bien. Me siento bien en este momento. 

 

Lautaro le sonrió. El peso de su mano se sintió más firme sobre su pecho.

 

—Manuel, todo va a salir bien el sábado. Pase lo que pase… voy a estar muy orgulloso de vos. 

 

Y era raro tener los ojos de Lautaro sobre él, así que Manuel era feliz solo por eso. 

 

—Pero tenés que sacarte todas las presiones —agregó Lautaro — todo eso que te tense, no tenes que tener preocupaciones. ¿Hay algo que te moleste?

 

Y cuando Manuel se dio cuenta estaba moviendo el dedo sobre la frazada, parecía que hacía mucho eso últimamente, acariciar suavemente a Lautaro, con el tacto apenas rozándolo.

 

Se sentía un poco flotando, el cansancio volvía a sentirse muy fuerte, aunque también podía ser por la cercanía con Lautaro.

 

—No. Solo sé lo que quiero. Me gusta esto. Quiero estar con vos. 

 

Y luego que lo dijo se arrepintió, y la reacción de Lautaro fue bajar la mirada.

 

—Cualquier cosa que incluya estar con vos y Santiago a mí me va a hacer bien —continuó para calmar las aguas.

 

No pudo ver la expresión de Lautaro. Pero este rápidamente lo abrazó más fuerte inclinándose más. 

 

Manuel curvó los labios y cambió la posición de su mano: pasó de abrazar alguna parte del cuerpo de Lautaro sobre las frazadas a tocarle el pelo suavemente.

 

No pudo evitarlo. No quería evitarlo.

 

Necesitaba más. No podían seguir con esa tensión para siempre.

 

—Si me seguís haciendo masajes en el pelo así, me voy a terminar durmiendo. —le dijo con voz suave Lautaro. 

 

Manuel rió brevemente. 

 

—Y dormite, gordo. Descansá.

 

—Estas re mal de la cabeza. —lo acusó y Manuel sonrió. —Vos dijiste pijamada, vamos a hacer pijamada.

 

Pero Manuel solo quería estar ahí con él. Sin hacer nada.

 

—Pero me gusta esto.

 

—A mi también. —y la voz de Lautaro sonó como una confesión.

 

Cuando lo miró a Manuel, lo volvió a sorprender. 

 

 —Vos y yo… —arrancó Lautaro. Pero paró, y cuando Manuel le hizo un gesto con la cabeza para que continúe, terminó negando con la cabeza.

 

—Dale, Lautaro. Vos y yo qué.

 

A Manuel le latía demasiado fuerte el corazón.

No importaba qué dijera, sabía que lo iba a afectar. Podía ser la cosa más tonta del mundo, pero iba a estar bien, porque era sobre Lautaro y él. Ese solo vos y yo ya decía algo.

 

—Me gusta esto. Hace mucho no… —comenzó Lautaro. Pero nunca continuó.

 

—Siento que a veces es demasiado incómodo.

 

Lautaro le hizo un gesto de negación muy claro.

 

—Nah. Somos mejores amigos, estamos bien. 

 

—Lautaro… —lo retó Manuel. Y lo tomó como un triunfo cuando su amigo suspiró rendido.

 

No le dijo nada más. Silencio.

 

Había algo ahí tan claro, pero nunca llegaban a hablar.

 

—Me pasan cosas con ese tema… —le confesó Manuel finalmente.

 

—¿Qué? Decilas, te va a a sentir mejor. 

 

Manuel rió.

 

—No es tan sencillo.

 

Lautaro lo volvió a mirar.

 

—Dale, amigo, ya fue.

 

—Ya lo sabes. —le dijo de golpe, y lo miró a los ojos. Profundamente. Lautaro no podía no entender. En sus ojos vio la comprensión.

 

Todavía estaba serio y Manuel se mordía el labio, porque por primera vez estaban en esa situación.

 

Lautaro bajó la mirada nuevamente.

 

Pero paso a acariciarle el pecho con el pulgar. Y Manuel cerró los ojos ante el tacto. El sentir. El saber que Lautaro estaba ahí.  

 

Manuel sabía que podía estar una vida sin declararse, porque lo suyo nunca iba a ir más allá. 

 

Nunca llegaría el momento. Pero todavía iban a tener esos hermosos momentos. 

 

—No sé si sé. —dijo finalmente Lautaro, pero había una sonrisa rara en él.

 

—Está bien, Lautaro, no sabés.

 

Manuel se rindió. Lautaro quería no saber. O fingir no saber. Estaba bien.

 

—Es sobre lo que la gente cree?... el enamoramiento. Es mucha la carga para vos. Todo eso realmente nunca te pasó, no?

 

A Manuel la pregunta le cayó como balde de agua fría. Cuando Lautaro lo miró, él solo le devolvió la mirada como un niño culpable de algo que no puede defenderse. El delito estaba a la vista.

 

Lautaro esperaba que dijera algo y cada vez que Manuel abría la boca la volvía a cerrar.

 

Terminó suspirando y la mirada de Lautaro era triste. 

 

—Manuel.. —suspiró por su parte.

 

Era todo demasiado. Él entendía. Esa es la clase de cosas que nunca se resuelven.

 

Lautaro solo apoyó la cabeza en el pecho de Manuel y lo sostuvo más fuerte.

 

Como quien consuela a alguien que acaba de ser rechazado.

 

Cuando Lautaro volvió a levantar la cabeza para mirarlo, estaban mucho más cerca y a Manuel le temblaba todo.

 

No podía evitar mirarlo con intensidad. Ya estaba regalado se decía. Ya era evidente lo que le pasaba. Nada volvería a ser igual.

 

Lautaro apoyó el mentón en el pecho de Manuel y lo miró fijo, la mano que estaba en el pecho pasó a tocar su nuca, acariciaba con sus dedos su cara, su oreja, su cabeza. 

 

—Todo va a estar bien. Daría todo para quitarte toda preocupación. Quiero verte bien. Todo va a estar bien, Manu. 

 

—Estoy bien. Mientras los tenga estoy bien.

 

El cruce de sus miradas era demasiado intenso.

 

Y en un movimiento sorpresa, Lautaro acercó su cabeza y quedó ahí, narices chocándose. Ambos temblando. 

 

Manuel quería, claro que quería. 

 

Pero lo aterrorizaba pensar que Lautaro no.

 

Pero Lautaro le agarraba fuerte la cabeza y cerró los ojos, y Manuel cerró los ojos también.

 

Y quedaron así. Caras demasiado cerca, ojos cerrados, respirando sobre el otro. 

 

Y en ese momento Manuel sintió solo paz. Calma. La calma que necesitaba.

 

Manuel acariciaba el pelo de Lautaro, y Lautaro justo debajo de la oreja de Manuel.

 

Manuel sonreía, no sabía si Lautaro también. 

 

Y por primera vez en un rato quiso romper la distancia. De repente no fue suficiente. Abrió los ojos para ver a Lautaro y él seguía respirando tranquilamente con los ojos cerrados.

 

Y la situación tenía algo de irreal, se sentía flotando.

 

Pero ahí fue cuando se dio cuenta de que ya no estaba pensando.

 

No estaba anticipando, ni midiendo, ni dudando.

 

Solo estaba ahí, respirando el mismo aire que Lautaro, sintiendo el pulgar todavía tibio bajo su oreja, la mano firme en su nuca, como si lo estuviera sosteniendo incluso dormido.

 

Se movió apenas.

Tan poco que podría haber sido un reflejo.

 

Lautaro abrió los ojos.

 

Pero no se movió ni un poco.

 

Vio en su mirada algo de expectativa, como si estuviese esperando que diga algo. Pero Manuel no sabía qué decir.

 

El calor en su pecho no se podía explicar.

 

Apoyó su frente contra la de Lautaro, y lo vió cerrar los ojos nuevamente.

 

—Gracias por quedarte conmigo. —le susurró finalmente.

 

Ahí fue donde vio lo inusual de la situación, por primera vez. Donde se preguntó a dónde estaban yendo.

 

—Nunca te hubiese dejado. —le contestó Lautaro, voz apenas audible. Abriendo los ojos.

 

Y Manuel sonrió. Se concentró en el brillo de sus ojos.

 

Y la situación le ganó.

 

Se inclinó, y lo besó apenas. Un simple roce de labios. Nunca había besado con tanta suavidad, como si la otra persona fuera demasiado preciada. Lautaro lo era.

 

Cuando lo volvió a mirar, Lautaro le sonrió tímidamente. Manuel lo analizó por un momento.

 

Pero esa vez Lautaro fue quien decidió cortar la distancia. Lo besó. Un beso real. Demasiado suave aún, lento, sintiéndolo de verdad.

 

Y sus cuerpos se relajaron totalmente. 

 

Ahí, sintiéndose el uno al otro no hubo preocupaciones.

 

Cuando se soltaron, se miraron y rieron. 

 

Ese paso había sido dado. 

 

Y aunque Manuel lo deseaba con todo su corazón y de eso estaba seguro, lo sorprendía cada mínima acción de Lautaro. Nada lo hacía más feliz.

 

Porque fue Lautaro el que volvió a besarlo, más seguro esa vez.

 

Su mano recorrió el costado de la cara de Manuel, el cuello, se quedó ahí, firme, presente.

 

Manuel pasó el brazo alrededor de su espalda y lo abrazó entero, como si ese fuera siempre el lugar al que pertenecían.

 

Cuando se separaron, quedaron así, abrazados, sin hablar.

 

Lautaro apoyó la cara en el cuello de Manuel y respiró hondo.

 

—Te quiero tranquilo —dijo—. Así. Como ahora.

 

Manuel cerró los ojos.

 

—Yo también.

 

Y por primera vez en semanas, el cuerpo dejó de dolerle.

 

Y por un rato siguieron así. Besándose, dejando ir toda la tensión acumulada. 

 

Lautaro le besaba el cuello suavemente sabiendo cuánto eso lo calmaba. 

 

Y cuando Lautaro se quitó la remera para dormir con más comodidad, Manuel no pudo evitar pegarse a él y besar su cuerpo tanto como quería. 

 

Lautaro lo dejó, sonriendo, sabiendo cuánto eso lo calmaba.

 

Y esa fue su noche.

 

Lautaro lo besaba, lo abrazaba o le hablaba, haciéndolo reír como hacía siempre. 

 

Comió las golosinas que Manuel le prometió que comería.

 

Y Manuel no dejaba de sonreír por poder vivir esos momentos con él.

 

Subió algunos videos a Twitter como recuerdo de su noche con Lautaro.

 

Su Twitter ya estaba lleno de él.

 

Y grabó otros para guardarse para siempre.

 

Más tarde, el sueño les fue ganando a ambos.

 

Una película en mute corría y ninguno la miraba. 

 

Lautaro respiraba lento y parejo sobre su pecho, abrazándolo, casi dormido.

 

Se sostenía fuerte de él como si tuviera miedo de que se vaya.

 

Pero Manuel no podría irse a ningún lado. Nada lo hacía más feliz que esa cercanía.

 

Por primera vez cerró los ojos para dormir y no pensó en nada más. No pensaba en el futuro.

 

Estaba ahí, en el presente. 

Con Lautaro. 

Y nadie podría quitarle jamás esa noche. 

Pase lo que pase. 

 

Nadie podría quitarle ese beso que lo había cambiado todo. Ya no importaba qué pasaría al otro día, incluso con ellos.

 

Cerró los ojos.

 

Y se durmió con Lautaro respirándole en el cuello, como si ese fuera el lugar más seguro y tranquilo del mundo.

Notes:

si les gustó díganmelo en comentarios así no me muero de ansiedad jsjjs gracias por leer <3

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