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Las risas murmuraban en el predio cuando la noche esperada tomaba color naranja. Una mesa grande reunía, de nuevo, a gente que compartía los mismos recuerdos. Hotspur Way era una caja de fotos tomadas por una cámara. Esa noche parecía que todo era correcto, que estaba en su lugar.
—¡Dile algo, Sonny! —La risotada de Lucas venía acompañada de un dedo acusador.
—No puedo hacer mi vida si ustedes siguen siendo niños. —También se reía, apoyando la sien en la palma de su mano y negando. —Sólo me fui hace cinco meses.
Para él, las cosas tenían que ser así. James contando preguntando por los mismos momentos de siempre, Brennan riendo al contar cómo se enredó con el elástico mientras Archie y Brandon se reían aguantando las palabras. Al lado suyo, Pedro y Rodrigo le hacían señas para que les pase la bandeja. Las cosas debían ser así, todo debía ser como cuando Heungmin está.
Cristian sabía que la partida de Heungmin iba a doler en Tottenham. Lo supo desde que se lo contó. Él no sabía por qué había tomado la decisión de abandonar el club porqur antes de la final de Europa League habían hablado de la próxima temporada y esas cosas que, hoy, no existían. Desde entonces, algo no se sentía bien. Heungmin era de Los Ángeles FC, tenía nuevos amigos, un compañero y nuevo calendario.
Aprovechó las vacaciones para venir a verlos una vez más. Heungmin volvió, no para quedarse, sino para no perderse. En el Hotspur Way, el olor a comida abundaba por la mesa. Distintas bandejas con humo del sabor. Cristian comió poco. Se reía con sus compañeros, los escuchaba, pero no decía nada. Él sólo pensaba que las cosas debían ser así y una sonrisa mueca se le deslizaba con aceite por la mejilla.
—Estuviste raro toda la noche, capitano.
Cristian juntaba su abrigo de la silla. Oyó algunas patas de los asientos ser arrastradas por el suelo para terminar contra la mesa, también algunos pasos retirándose. Pero su voz, esa, estuvo todo.
—¿Decís? —le contestó en castellano. Una risita se le salió, irónica, sin abrir los labios. —Sólo estaba pensando, Sonny.
La silla de Cristian se apretó contra la mesa. Fue el único sonido que llenó el comedor, ahora vacío, que rodeaba a los dos. Con el abrigo en mano, miró al coreano iluminado por la tenue luz que entraba por la ventana y la cálida y triste luz que venía de arriba. Heungmin tenía los labios casi abultados, hechos línea recta. Miraba el suelo, dejando que su flequillo de cabello ondulado caiga.
—Quería felicitarte. —Heungmin rompió el silencio. Su tono no temblaba, sólo murmuraba. Levantó la mirada. Cabeza ladeada. —Te dije que serías el próximo.
—Hago lo que puedo —dijo Cristian, riéndose. Una sonrisa. —Gracias.
—Los chicos te quieren y —continuaba Heungmin mientras su pie subía y bajaba, lento, casi bailando —, y lo haces bien. Creo que tienes madera de capitán.
—Aprendí del mejor. —Guiño.
La risa de Heungmin tapaba el silencio de un predio apagado. Tapó su boca con el dorso de su mano.
—Sé que no es fácil —dijo cuando la risa se le empezó a borrar. —Así que, ya sabes. Ahí está mi número.
—Claro que sí, capi.
—Pero en serio, Cuti. —Heungmin asintió. Sus cejas van arriba. —Si crees que necesitas cualquier cosa, ahí está mi número. Llámame o lo que sea.
—¿Videollamada?
—FaceTime, mensaje, audio, irrumpir en mi casa —bromeó, como siempre. Su risa volvió. —Sólo cuenta conmigo.
Cristian le sonrió. Sus ojos hacían estrellas.
—Siempre y cuando quieras atenderme. —La broma se le pintó en la cara. La mandíbula se le tensó un poco, afirmando la sonrisa. —Y no tengas demasiado tiempo ocupado con tu nuevo favorito.
—Ay, Cuti.
—Sólo digo. —Revoleó los ojos, borrando esa expresión de broma en la cara. Se cruzó de brazos. —No quiero ser inoportuno.
Heungmin se rió, arrugando el entrecejo. Su mano se apoyó en el brazo de Cristian, apretando con firmeza.
—Cuti.
Cristian lo miró con el mentón arriba.
—No serías inoportuno.
La mirada de Heungmin tan suave y tierna como siempre le hizo dar vuelta el pecho, el corazón. Un latido más fuerte que el anterior. Cristian sonrió.
—Te tomo la palabra.
Cristian le sonrió, contagiado por la mueca tierna de Heungmin. Quizá las cosas deberían ser así, con luz naranja, un comedor vacío y el corazón al revés. Pero nunca dura.
—Eres especial. —Heungmin le miraba con la cabeza de costado, dejando que su mejilla derecha se llenara de brillo de luz. —Y un poco torpe.
—Más torpe sin mi chico. —La mano de Cristian agarró la de Heungmin, la que estaba en su brazo, y le dejó una caricia. —El que me saca el malhumor.
—¿Tu chico? —Heungmin se rió, bajando la mirada. La levantó de golpe. —No seas idiota.
—Pero es cierto —continuaba sin sacar la mano de la otra. —Sin ti el vestuario se siente raro.
—Por Dios. —Risita.
—Sin mi amigo es más difícil.
La mano de Heungmin se deslizó por el brazo de Cristian, como si cayera pegado a un vidrio. Su brazo perdió el calor del toque, su mano también. Cristian levantó las cejas, sorprendido, quizá, por el movimiento. Los ojos de Heungmin lo miraban como si se hubiesen apagado, pero su sonrisa seguía ahí, intacta.
—Podrás con esto, Cuti —decía, sonriendo —. Tú sí puedes sin mí, estoy seguro.
Cristian vió la sonrisa de Heungmin iluminarse tenue como las luces de afuera. Sus pupilas lo siguieron mientras se marchaba, dejándolo en el comedor. Arrugó el entrecejo.
—¡Vamos, Cuti! —exclamó Heungmin desde la puerta. Estaba de brazos cruzados. —¿Te vas a quedar ahí?
Sus cejas de relajaron, inclinándose para arriba cuando sonrió. Sus pasos se apuraron detrás de Heungmin. Fueron los últimos sonidos de un Hotspur Way tranquilo, con las cosas como deberían ser, sólo porque sí.
