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Fandoms:
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Characters:
Language:
Español
Stats:
Published:
2025-12-22
Completed:
2026-01-08
Words:
106,784
Chapters:
35/35
Comments:
4
Kudos:
7
Hits:
475

Ecos de Fuego: No solo los ganadores cuentan la historia

Summary:

La verdad que el fuego se negó a quemar.

¿Qué pasaría si la historia oficial de Poniente fuese una mentira?

Viserys vive. Otto cae. Los dragones rugen otra vez.
Pero entre las sombras de la corte late un secreto más poderoso que el fuego:
el amor que la historia quiso borrar.

Luke, Aemond. Jace. Aegon. Daeron. Joffrey.
Nacidos para una guerra que nunca eligieron, destinados a reescribirla.

Ecos de Fuego revela la verdad oculta bajo las crónicas:
una saga de redención, memoria y vínculos que desafían al destino.

Donde la historia habló de odio, esta historia encenderá el amor.
Donde el canon calló, aquí arderá la verdad.

Chapter 1: Una Mentira Poderosa

Chapter Text

"A veces, la verdad no ruge: se esconde bajo las cenizas, esperando a que alguien la nombre."

Quemaron los pergaminos al amanecer.

El septón rezó en voz baja mientras Lord Bracken dictaba las nuevas palabras. Aegon IV observaba con calma, como si borrar la verdad fuese un acto de gobierno.

El aire olía a cera y a miedo. A esa hora, las llamas eran tan altas que parecía que el sol había decidido no salir.

Así nació la fábula que hoy llaman "La Danza de los Dragones": un relato hermoso, útil y falso.

"La Danza de los Dragones", el título se mantendría, pues rendía honor a los dragones hacía tiempo desaparecidos, pero sería poco más lo que se conservaría de la verdad.

La Fe de los Siete, religión a la que Aegon IV rendiría culto, se uniría a Lord Bracken, Mano del Rey, para crear la historia más fantasiosa y separada de la realidad posible.

Yo estuve allí.

Los vi mentir.

-Que ardan los nombres -dijo uno.

Y entonces el fuego obedeció.

Fui testigo de cómo el pergamino se manchó de fe y vergüenza.

Vi la fe y el poder torcer la historia; la verdad hundirse en el fuego y el amor sobrevivir entre las cenizas.

 

Los maestres dirían que fue una guerra; los bardos, que fue una tragedia.

Pero no fue ni lo uno ni lo otro.

Fue una conspiración, una que comenzó con la tinta de los vencedores... y terminó con el silencio de los que amaron.

Este ardid tendría un doble propósito: justificar de alguna manera la casi extinción de los dragones y tapar la vergüenza de lo que había sucedido con los antepasados del rey, en los eventos ocurridos entre el 129 y el 157 después de la Conquista.

Aquellos capaces de leer en Poniente eran cada vez más. El conocimiento de las letras ya no sólo se limitaba a los maestres formados en la Ciudadela de Antigua o a los nobles de las diferentes casas del reino. También había bastardos de la nobleza educados en la lectura y la escritura, y juglares que recorrían el continente propagando historias y leyendas destinadas a perdurar durante cientos de años.

Asimismo, las compañías de actores, que representaban obras de teatro para entretener a los ciudadanos a lo largo de los Siete Reinos e incluso más allá, replicaban historias protagonizadas por nobles y personas consideradas importantes o ilustres.

Lectores, escritores, juglares, actores... todos ellos debían ser manipulados para contar una misma versión oficial. Si eso no fuera posible, se crearían diferentes leyendas que formaran parte de una gran falsedad destinada a ocultar la realidad de lo que verdaderamente había sucedido.

Así se creó, por ejemplo, la leyenda de los hermanos Cargyll, Ser Erryk y Ser Arryk, quienes supuestamente se habían enfrentado para defender el honor de los reyes a los que decidieron reconocer: el primero a Rhaenyra, el segundo a Aegon II.

 

Pero la historia, cuando se repite en tantas bocas, deja de ser verdad y se convierte en costumbre.

La vida y la muerte de los "dos reyes enfrentados" también debían ser inventadas y distorsionadas. Se ideó el relato de un épico enfrentamiento entre los dos hermanos que habría separado al reino, comenzando con la ruptura de la propia familia real.

Tal enfrentamiento terminaría con la muerte de Rhaenyra por el fuego del dragón de su hermano y con la muerte del propio Aegon, causada por el veneno de alguno de sus enemigos.

Nada debía quedar librado al azar ni a la imaginación. Cada miembro ilustre de cada casa de Poniente debía ser involucrado en esta fantástica historia, y sus propias vidas y motivaciones habrían de ser distorsionadas para beneficio del reino.

Aegon IV ya era llamado "El Indigno". Su vida libertina y llena de excesos había creado una imagen caótica que debía justificarse de alguna manera para que su gobierno perdurara y no se arruinara por la ineptitud del monarca.

Aegon el Indigno necesitaba un enemigo para justificar su reino.

 

Lord Bracken le ofreció un mito. Juntos inventaron la danza, y el mundo los creyó.

La "locura" de los Targaryen debía ser argumentada, y qué mejor excusa que una historia terrible y caótica que dejara huellas y traumas no sólo en sus protagonistas y descendientes, sino a lo largo de todo el reino.

No me detendré en este relato en los detalles que llevaron a que la manipulación de todos aquellos que podían transmitir historias los hiciera creer y replicar las mentiras que han llegado a nuestros días.

Quizá algún día cuente las hazañas de los maestres, el septón e incluso del propio Lord Bracken, con el fin de perpetuar la fábula; pero en este relato me dedicaré a sacar a la luz la verdad de los hechos acaecidos en la verdadera Danza de los Dragones, muy distinta a la que el pueblo llano conoce.

 

Y entre los pliegues de esa versión impuesta nacieron seis almas que se negaron a vivir en la sombra.

De todos los nombres que se escribieron, seis fueron los primeros en sufrir la distorsión:

Luke y Aemond.

Jace y Aegon.

Daeron y Joffrey.

 

Seis corazones que eligieron el amor por encima del fuego.

 

Luke, noble y temeroso, soñaba con la paz;

Aemond, marcado por la pérdida, buscaba redención;

Jace, heredero del deber, aprendió a amar con riesgo;

Aegon, rebelde y trágico, quiso escapar de su destino;

Daeron, el más sabio, creyó en la bondad hasta el final;

Joffrey, impulsivo y luminoso, fue su llama.

Ellos detuvieron una guerra que nunca debía ocurrir.

Y por eso, los quisieron cambiar.

 

Los maestres los llamaron traidores;

los septones los condenaron;

los reyes ordenaron el olvido de su verdadera esencia tras nubarrones de mentiras.

Pero el fuego no destruye la memoria,

solo la esconde bajo capas de ceniza.

 

Contaré sobre el amor entre Luke y Aemond, entre Jace y Aegon, entre Daeron y Joffrey: tres tíos y sobrinos que se enamoraron y terminaron uniendo a sus familias, las cuales habían tendido a enfrentarse, pero que nunca llegaron a concretar ningún acto de guerra entre ellos.

Nada cercano ni parecido a lo que se llegó a contar para ocultar la verdad que estoy a punto de narrarles.

Es verdad que la unión de estos seis amenazó con arruinar el linaje Targaryen, pues la descendencia caducaría al no procrear herederos.

Sin embargo, existen amores que, aunque al principio parezcan destructivos y destinados al fracaso y la condena, terminan salvando miles - incluso millones - de vidas.

Esta es la historia tal y como sucedió, hace ya muchos años, en un reino totalmente distinto, donde los dragones aún surcaban los cielos y donde el amor aún era puro y hermoso.

Es la historia que sobrevivió.

La que nadie quiso leer.

La que ahora, al fin, puede contarse.

 

A veces aún sueño con esas llamas. Con las voces que callaron cuando el pergamino se volvió ceniza.

Porque incluso los dragones mienten.

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