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Español
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2025-12-23
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Scarlet Blue

Summary:

Ciel.

Sus pies se movieron con memoria, avanzaron sin realmente hacerlo, siguiendo lo que era la cuenta regresiva del tiempo, avisando, avecinando.

Sebastián.

Work Text:

Cuándo cerró los ojos hubo nada y después de la nada había todo, pero antes de todo, cuando todo era nada y él era parte de esa nada, había algo que no estaba en la nada, acompañándolo... Cómo naciendo en su mente.

 

Cómo un secreto que le susurraba la nada al oído. 

Un nombre:

 

Sebastián.

 

Había algo pecaminoso por cada espacio en las cuatro sílabas de su nombre, había tres espacios perfectos en los que cabía el sonido gutural de sus deseos, entraba un grito alto y roto después de "se", se extendía una hilera irregular de sonidos casi agónicos entre la "a" de "bas", y escupía maldiciones después del "ti", su voz se apagaba después de que su sonido se rompiera en un largo suplicio después de "an", se retorcía, salpicaba y sangraba profundamente desde los bordes húmedos de sus labios y sus otros agujeros. 

Así como sus ojos, así como sus fosas nasales, así como la hendidura tierna de su pene.

 

Pero puede que sea un recuerdo, uno que recuerda porque quedó tatuado en su piel, asi como lo era también el recuerdo efímero de su nombre; unos labios fríos se habían encargado de grabarlo a fuego en el dorso de su mano, así como una plegaria, fría y cruel como el anillo que solía adornar su dedo anular.

 

Ciel... Frío e inerte Ciel, adorado y amado solo en muerte, nunca más que solo entonces.

 

Era cruel, el recuerdo de ese y aquel, de esos y aquellos que no ve ni recuerda pero siente y saborea, como un recuerdo frío de lo que fue o no.

 

Y es que no existía... ¿O lo hacía? Pero no porque entonces no estaba rodando en el páramo muerto de su mente y para entonces estaba pensando que existía, entonces primero pensaba y después-

 

Tik-Tak

 

Los pies se movieron con memoria, avanzaron sin realmente hacerlo, siguiendo lo que era la cuenta regresiva del tiempo, avisando, avecinando.

 

El tiempo lo llevó hasta el lugar donde un prado de flores descansaba y una flor más bella que las demás adornaba con belleza el centro iluminado por el sol.

 

Sus pétalos bailaban entre y sobre sus piernas, manchando el prado con su rocío y sus tobillos se manchaban con la tierra debajo de la malesa, sus pequeñas y adorables hojas arrancaban flores más pequeñas que ella, tejiendolas una a una en una corona, probablemente una para adornar su hermosa cabellera, como reina de las flores.

 

El viento no fue amable como él, sopló robando el sombrero de paja que sustituía a su corona mientras tanto, volando lejos de la flor y de su tallo abandonado y algo en esa escena le hizo sonreír, como una memoria vieja y olvidada.

 

¿Realmente olvidada?

 

Cuándo la corona estuvo terminaba entre sus dedos la rosa se levantó, viendo como es que está enorme y preciosa flor no estaba adherida al suelo aunque eso lo sabía pues desde su lugar podía ver su tallo roto, destrozado y abandonado al otro lado del prado; sus piernas saltaron empanadas hasta donde su tallo se encontraba, precioso y roto, como una segunda reina de las flores pero más cruel, como una reina putrefacta que alguna vez fue la más hermosa flor. La pequeña reina flor acomodó la recién hecha corona sobre la reina putrefacta, pálida, sucia y en descomposición después de haber sido cortada.

 

— Así estás más bonita - el sonido viajo como un eco, ni siquiera era ruido, era más bien una vibración que viajaba hasta que llegaba a él y el podía escucharlo también, aunque no se sentía como escuchar si no como el sentir - no tengas miedo, pronto vendrán por ti y entonces ya no estaremos las dos solas - ¿Pero como podría eso pasar?

 

La duda se alojo como un gusano, retorciéndose y comiendo algo en su interior como las larvas en la reina putrefacta, probablemente si le preguntaba tendría una respuesta o a la reina a su lado o a las luces acercándose hacia donde el tallo podrido de la reina descansaba.

 

- ¿Tu también estas solo? - ¿estaba solo? ¿Desde cuando? 

 

Asintió y la flor sonrió, aunque probablemente ni ella sabía porque lo había echó.

 

- ¿Quieres ser mi nuevo amigo?

 

El asintio, aceptó incluso cuando las luces se la llevaron, tomaron su tallo como un tesoro y el eco lejano de un llanto desapareció junto la reina de las flores, de ese prado... y entonces volvió a estar solo.

 

Pero en la nada del todo nunca estaba solo, ese eco constante de recuerdos siempre le seguía, lo guiaba y lo acompañaba hasta que volvía a encontrar más como el, más de los cuales desaparecían también, después de un tiempo incluso se olvida de sus propios recuerdos, incluso si vuelven a atormentar su paz.

 

Amargos, crueles y otros dulces, tiernos hasta dolerle la lengua.

 

Cómo ese nombre que se podía saborear, incluso él mismo se sentía como un alimento cuando el eco de esa voz diciéndo su nombre agregaba un ronroneó grave para murmurar muy suavemente "My lord".

 

Su voz era como un paño húmedo sobre su frente después de una fuerte fiebre, un respiro antes de ahogarse, un alivio antes de que deje de pensar.

 

Hay una parte monótona de su vida, un tiempo largo de muchos años después de cumplir 14 años que se sentían como si la vida no tuviera emoción alguna.

 

Era hora del té, sus delgadas piernas de niño se mesian con gracia esperando que su mayordomo regresara de la cocina, esperaba aletargado perdido en algún lugar de su mente, pensaba en el sonido del viento que movía las hojas y las ramas de los árboles y los arbustos, de las flores mal plantadas y del pasto mal cortado, pensaba en la sensación suave de su piel infantil debajo de sus manos, pensaba en el frío al rededor de su cuerpo cansado y el cansancio en sus omóplatos, pensó largo y lento como el andar suave de la adulta figura que se acercaba hacia su menudo y más pequeña existencia, levantó su rostro aún infantil y miró, borroso, como una mancha de café en el mantel, al hombre que contenia esa voz melódica.

 

Pero podía alucinar al imaginar: "El sol choca contra su retina, cegandolo brevemente antes de que la claridad le regresará pero aún así el sol recubre un pedazo de la maravilla que es el rostro siempre sublime de su sirviente, delgado y masculino, aún algo delicado pero sin perder los rastros duros de alguien de al rededor de los casi treinta, nunca arriba de treinta y nunca debajo de veinte, siempre entre el limbo de maduro y joven, con la dulce sensación de que su voz y sus labios podrían profesar promesas que te endulzan el alma hasta que olvidaras la poligamia; el olor que el viento le empujaba hacia su rostro se envolvía con el dulce olor del té y el pastel recién horneado, se envolvía en su paladar y sabía a fresas, rosas y champán, sabía a rojo escarlata.

 

Sabía a promesas, sabía a recuerdos.

 

Su joven yo de catorce años siempre pensó que su parte más humana siempre estaría atada a la sensación retorcida de sus recién descubiertas hormonas que bailaban felices cada que esas manos enfundadas tocaban su piel suave, cada que él olor a él lo envolvía en sus brazos, cada que él sonido melódico de su voz varonil inundaba sus miedos, cada vez que pensaba y esperaba con ansias el día en poder ser suyo, dentro, profundo y perdido, muriendo... siendo suyo; deseaba siendo joven poder adornar de gemidos y fluidos su nombre, poder recitarlo en la cúspide de sus orgasmos y degustarlo dentro suyo, muy dentro suyo, donde sea pero suyo. Joven e ilusionado creyó fielmente las palabras de su mayordomo, creyó las mentiras sucias del demonio que había robado su ilusa imaginación, después de que despertara de la burbuja en la que tenía a la que alguna vez creyó su único amor, así como su prima con lindas palabras y abrazos afectuosos lo envolvió en mentiras, así como se dejó arrastrar por el deseo de sentirse querido, así calló en la trampa de quien seria su futuro consumidor, al menos, en ese tiempo, no le importaba que fueran mentiras.

 

Pero además de iluso y pasional, también era el orgullo encarnado en un envase delicado, era Ciel. Ciel Phantomhive.

 

Solía imaginar como sería entregar su cuerpo por primera vez, imaginaba la sangre, las lágrimas y el dolor sobre las piernas de su mayordomo, deseaba ensuciar con un charco de dolor a ese hombre.

 

Lo deseaba más de lo que lo imaginó.

 

Pero cuando sucedió no fue como pensó, no hubo sangré fluyendo de su cuerpo ni un dolor que le rompía las costillas, no hubo gritos, súplicas o agonía; no era de él la sangre que mancho las sabanas a la mañana siguiente, no siquiera fue suyo el dolor al despertar pero si fueron suyas las lágrimas, el llanto en el baño mientras el recuerdo le golpeaba con asco la piel, el recuerdo del placer que deseaba no haber sentido, de los ruidos que deseó que no hubieran sido de ella.

 

Las sabanas sucias le dieron el regalo que cualquier otro hubiera querido, era el recuerdo crudo de la sensación viscosa y húmeda manchando su entrepierna, gritos que prometían placer, sangre virginal que fluía libre desde el pubis escondido entre la mata de vello rubio, piel suave de piernas delgadas y firmes, un pecho apenas más grande que el suyo y unas caderas perfectas para empujar... Lágrimas secas en la almohada que uso para cubrir su propia vergüenza después del final.

 

Pero no fue su culpa, sabía que ella deseaba ser amada, deseada, preñada, tan solo una dulce y preciosa recién hecha mujer que quería tener al hombre recién hecho que se le prometió, ¿Cómo podía ella tener la culpa? ¿Si es que solo quería amarlo?

 

Solo culpa de él.

 

Nunca quiso adelantar su boda tantos años, incluso si ya habían pactado el acto cohital, no deseaba casarse... aún, pero ella estaba feliz contándole las maravillosas sensaciones a su sirvienta y de voz en voz termino evitando ser arrestado por adulterio con su prima, aún cuando eran prometidos, aún cuando no estaban con nadie más, aún así, evitando el ojo público la desposo y en su luna de miel le volvió a permitir los placeres de los que tanto había disfrutado ella, porque así debía ser y así se haría.

 

Los hijos de la familia Phantomhive parecían réplicas diminutas del patriarca de la casa, aunque sus personalidades exudaban la sangre de su madre.

 

Vivió una vida complaciente, siendo correcto, siendo correcto por el bien de él mismo; estaba bien o eso es lo que recuerda que penso en vida, ahora no podría haber vida tan más miserable que la de Ciel Phantomhive. 

 

- Sebastián, prepara la carroza - era un hombre adulto, casado, con hijos, exitoso, millonario y desdichado.

 

Sin amor en su vida.

 

Su hijo era un buen negociante y le traía orgullo a la casa, su hija consiguió un buen marido y su prima seguia igual de rubia y mimosa, mientras el mismo aún mantenía el rostro de un hombre recto, incluso Sebastián tuvo que cambiar.

 

Aún recuerda lo gracioso que fue tener que pedir a su mayordomo que agregará arrugas y canas a sus facciones para que su familia no siguiera preguntando porque su belleza parecía inhumana, cuando todos en la casa se casaron y el incluso siendo la personificación del deseó, no se alejo nunca de él, incluso cuando su prima quiso conseguirle esposa y él no se lo permitió.

 

Pero aún cuando el tiempo pasó, cuando la vida lo obligó a seguir, incluso entonces si corazón seguía joven y débil, igual a cuando tenía 14 años, igual a cuando se sintió febril por su mayordomo por primera vez.

 

¿Aún podía? Pedir, desear... querer que sus manos lo desgarraran de adentro hacia afuera, fuerte y duro hasta que llorara pidiendo piedad, deseaba tanto ser suyo.

 

- ¿Es el momento? - susurro con delicadeza sintiendo como su cuerpo caía a la cama con cansancio y suspiro agotado, era el día, finalmente, desgraciadamente.

 

Y lo era, era el momento que más deseo y odio en su lamentablemente larga vida.

 

Cuándo los labios fríos del demonio lo tocaron... no fue como su primer beso, este fue más especial, tampoco fue tocado como su primera vez, esta fue más dulce, fue mágico, como si le robara el alma en ello.

 

No importo que su calor corporal comenzará a ser de Sebastián (si siempre fue suyo), ni que el aire se cortara cada que intentaba volver a respirar, escapaba de sus pulmones como si estuviera respirando en dirección contraria y se sentía como si estuviera respirando de verdad por primera vez en su vida.

 

Su sangre ardía, podía sentirla coagular entre sus venas y filtrarse atraves de sus labios como si fuera un jugo preparado, su cabeza dolía mientras lo sentía y en cambio se sentía como si estuviera siendo amado por primera vez.

 

Si cuerpo se vaciaba como un cascarón, dejando solo el envase precioso que tanto había provocado los más oscuros deseos de la gente, pero incluso entonces sentía que estaba lleno, finalmente siendo suyo.

 

Cuánto hubiera dado porque sus labios no solo se hubiera quedado en su boca y sus manos en su rostro, habría dado el alma por segunda vez, una vida por segunda vez.

 

- Sebastián... - hablo con el hilo de vida que le quedaba, rogando, pidiendo con su última fuerza su última orden - cógeme.

 

Su mente estaba nublada mientras era consumido pero incluso así lo sintió, lo supo, fue como si hubiera pagado doble para cuando las manos bajaron más. La sensación de dominar a alguien no era tan placentera como la que tenía en ese momento, era un muñeco, un trapo usado tratado como porcelana fina, sentía que estaba echo de ule mientras su cuerpo era manejado a su antojo, tomándolo como siempre quiso, manos poderosas que destruían su ropa más rápido de lo que consumía su alma, dedos sin compasión que se enterraban en su piel y marcaban, apretaban y comprobaban esa elasticidad que no sabía que poseía, lo quemaba desde dentro, con sus dedos, tocando su cuerpo como si lo hubiera querido desde hace mucho, tanto como él, mataba su poca cordura con lo único duro que le interesaba sentir de él, odiaba no poder sentirlo por completo y adoraba no hacerlo al mismo tiempo.

 

Sebastián no dejo de llevarlo y traerlo, como el demonio que era, jugando con su vida que pendía en un hilo. Que se aferraba a él tan profundo como podía y lentamente para saborearlo completó, no hubo sangré porque ya no la tenía pero igual lo mancho por todos lados, con ese líquido espeso que le regaló, desde su interior palpitante hasta su pecho agitado, le sorprendió incluso cuánto es que podía sacar de un cuerpo sin vida, cuánto podía durar solamente llevándolo más cerca de la muerte solo para verlo perder los estribos por un pedazo de carne entre sus piernas; lo consumió tan lentamente hasta que sintió que moriría, grito tanto que agradeció que ya nadie además de ellos vivía en esa casa, dijo su nombre en su mente la misma cantidad de veces que lo dijo a lo largo de su vida y lloro como no lloro cuando su padre moria, se sentía bien, tan bien que se sentía mal y tan mal que no podía parar de desear que nunca terminara, que saboreara su alma el tiempo que quisiera y desgastará sus entrañas hasta que estuvieran dañadas, pidió lo que no lo hizo en una vida e incluso mientras moría, por primera vez se sintió adorado, amado, aún cuando solo era usado."

 

El solo recuerdo le hacía menear las caderas.

 

El tiempo era así, tan sublime, la memoria te llevaba a un pasado lejano y el futuro te observaba como si fueras un recuerdo.

 

Ciel.

 

Sus pies se movieron con memoria, avanzaron sin realmente hacerlo, siguiendo lo que era la cuenta regresiva del tiempo, avisando, avecinando.

 

Sebastián.

 

- Es el momento.

 

Camino hacia un tallo podrido en el suelo y sonrió a la flor a su lado, el joven le devolvió la sonrisa y miro su espalda, grandes y contentos — ¿Tu estás solo? ¿Eres como mi ángel guardián? 

 

Ciel negó, inclinado al lado de la flor, frente al tallo pálido que flotaba en el lago — Vine a hacerte compañía - el joven asintió, su cabello oscuro cubría apenas sus ojos, rojos escarlata como la sangre - y no soy un ángel.

 

Los ojos azules como el cielo despejado le devolvieron la mirada y la flor sonrió débilmente antes de murmurar - ¿Entonces que eres? 

 

Ciel se encogió de hombros, mirando al cielo, eran dos cielos encontrándose, mirándose - Soy un recuerdo.

 

— ¿Cómo es exactamente eso?

 

— Algo que no existe... solo existe si deja de ser un recuerdo.

 

— ¿Y de quién en ese recuerdo entonces?

 

Sin embargo no hubo respuesta para ello o la había pero las luces ya se habían llevado el tallo de la flor, el eco de llanto le acompañó así como tantos tallos más que eran llevados.

 

Ciel.

 

Había sangre y pudor, había miel con veneno, era sangre que llovía del cielo. 

 

El recuerdo giro, espero ver las luces que lo llevarán pero no hubo nada, en cambio los pies se movieron con memoria, avanzaron sin realmente hacerlo, siguiendo lo que era la cuenta regresiva del tiempo, avisando, avecinando.

 

Y estaba seguro que algún día podría llegar antes que las flores perdieran sus tallos, cuando la muerte los arrancará de ellos y probablemente también se lo llevará a él, para que finalmente pudiera escapar del recuerdo constante de esa voz que en plegarias le buscaba.

...   ...   ...    ....    ...    ...    ...

 

Unos pasos se acercaron, unos ojos profundos inspeccionaron el lago con el cadáver inerte siendo sacado del agua por los policías y padres del chico, sus ojos rojos como la sangre recorrieron el lugar pero en cambio tan solo encontro de nuevo esa broma espesa que flotaba en el aire como un recuerdo, un azul escarlata que desaparecía en el aire como el olor a su comida flotando lejos.

 

Tan solo cadáveres sin alma y solo un recuerdo que atormentaba.

 

— Jefe, la madre puede dar testimonio - el policía se acercó hasta Sebastián, sacándolo de su mente.

 

El hombre asintió, caminando hasta la mujer que lloraba frente a la ambulancia.

 

Después de la nada había solo el recuerdo... y probablemente el tormento del todo.