Chapter Text
Hora 7 p.m
Las calles de Floridablanca estaban muy bulliciosas esa noche, la lluvia caía como si se desgarrara el cielo y el tráfico solo aumentaba la contaminación sonora de la ciudad. Las personas corrían con sus paraguas para evitar que las lluvias los empapara, otros solo disfrutaban de sus comidas y de las compras en las tiendas más cercanas de la zona del comercio. Era una noche muy peculiar para las personas de Floridablanca, ya que hace mucho tiempo no llovía de esa manera. Y para los camiones era muy difícil ver el camino, sobre todo por las extrañas veces en que algo paraba los camiones cerca de la pescadería de Floridablanca Norte.
– Maldita radio de porquería, funciona… Bueno, parece que hoy me quedo sin escuchar música mientras conduzco, solo espero llegar a casa y poder relajarme – dijo un camionero, muy cansado por cómo se veía – Bueno, ahora ¿Dónde dejé mi teléfono?....AHHH –
Rápidamente paro el camión al ver un niño que pasaba por el paso de peatones, tenia una capucha de color roja con azul y llevaba un paraguas en la mano para protegerse de la lluvia. En su otra mano llevaba las compras de la tienda cerca del parque. Solo se le quedó mirando al camión y sin decir nada volvió a caminar, mientras ignoraba los insultos del señor que iba conduciendo, mientras se alejaba. El chico no estaba de humor, o más bien nunca lo estaba. Su nombre era Nathan Adams, un chico común para muchas personas, pero excepcional para sus padres, su vida había cambiado hace muy poco tiempo, ahora su cabello era más largo, tenía ojeras por su falta de sueño, estudiaba en casa y nunca salía a jugar afuera por miedo de que sus amigos lo vieran, pero qué más da, si fue por ellos que tuvo que abandonar parte de su vida escolar. Pero ya no importa. Mientras seguía caminando noto que la lluvia comenzó a escampar un poco, y los rayos de la luna se reflejaron en sus ojos. Era una bonita noche, y sin darse cuenta había llegado a su casa. Se secó los pies en el tapete y entró a su hogar. En la entrada dejó el paraguas mojado y su capa en el perchero, se quitó las botas y se dirigió a la cocina para ver a su madre cocinando. Él había traído algunos condimentos de la tienda y unas bolitas de arroz para poder comer más tarde.
– Traje todo lo que pediste mamá – dijo Nathan – La lluvia me agarró un poco desprevenido, pero al menos te hice caso y lleve el paraguas –
– Gracias mi niño – su madre se dirigió y le dio un beso en la nuca – La comida ya casi está lista, solo espera un poco más. Si quieres puedes ir a jugar un rato en tu consola de videojuegos, te lo ganaste luego de ayudarme todo el día hoy –
– Está bien mamá, pero no tengo hambre, solo iré a dormir, dile a papá que estaré durmiendo – contestó Nathan antes de ser detenido por su madre – ¿Qué pasó?
– Nate, se que estos meses han sido duros, ya no cortas tu cabello, tus ojos se notan muy cansado y estás más deprimido de lo usual – Suspiro pesadamente – Por favor, solo come esta noche ¿sí? Me preocupo por tu salud, tu estabilidad mental y tus sentimientos. Solo, te pido que comas esta noche, por lo menos un poco… –
Nathan suspiro y negó con la cabeza, abrazó a su mamá y se dirigió a las escaleras para ir a su cuarto y poder descansar, ni siquiera tenía las fuerzas para ir a lavarse los dientes ese día, solo se puso algo cómodo para dormir y se acostó en la cama, esperando un nuevo día… Al poco tiempo de quedarse dormido, escucho a alguien subiendo por la escalera, no se levantó para ver, solo esperó. La luz de afuera entró a su cuarto y vio a su madre y padre entrar a su habitación dejándole algo en la mesa, olía tan bien, que no pudo resistir en levantarse un poco de la cama, aunque se mareó un momento, sus padres lo sostuvieron hasta que se le pasase. Al abrir los ojos, vio la cara de sus padres, se notaban muy preocupados por él, que decidieron traerle su comida favorita, un rico plato de ramen de cerdo y un bollo de crema como postre de la panadería chacharral. Nathan no los quería preocupar más, ahora están más pendientes a él, incluso su padre había comenzado a trabajar algunos días desde casa para poder cuidarle. Pero no podía evitar sentirse cansado y desmotivado cada día, agarró el bollo de crema y comenzó a comerlo, por primera vez en semanas tenía apetito, jamás había probado algo tan rico, como si fuese la primera vez que lo comía. Al observar a sus padres, se les notaba contentos que estuviese comiendo. Esa noche durmió mucho más tranquilo y con el estómago lleno, cobijado por sus padres y un poco más animado…
– Nate, despierta… ¿No quieres ir a ver las estrellas pequeño? – dijo una figura misteriosa – Vamos, antes de que tus padres se den cuenta que no estas –
Nathan tomó la mano del extraño, que lo empezó a llevar afuera de su hogar, rápidamente notó que su cuerpo era más pequeño de lo usual, así que asumió que esto era un recuerdo muy profundo que tenía guardado y por alguna razón empezó a recordar en sus sueños. Siguió caminando con el hombre extraño, sus pies estaban tocando el pasto frío de la noche, el viento soplaba tranquilamente y las estrellas en el cielo se veían hermosas. La figura extraña lo levantó y lo alzó al cielo para hacerle tocar las estrellas.
– Eres tan especial como cualquier niño Nate, no lo olvides. Tienes una habilidad muy especial, que muchos le tendrán miedo, pero tú verás lo hermoso de este don, y sabes que te amaré – la persona extraña comenzó a lanzar a Nathan por los aires y este solo se comenzó de reír.
Nathan cerró los ojos por unos segundos, cuando notó que el extraño desapareció y en cambio ahora estaba flotando en el cielo, las estrellas comenzaron a caer y una se estrelló con el pequeño Nathan. Abrió los ojos y notó las luces rojo y azul afuera de su casa, se levantó de la cama y notó una ambulancia. Caminó un poco y vio a su padre, rápidamente este lo alzó y se lo llevó a su habitación de nuevo. Antes de que todo se volviese negro otra vez, notó la pierna de ese señor extraño que lo llevo a ver las estrellas, tirado en el suelo, siendo tapado por una manta blanca y siendo cargado en una camilla.
Nathan despertó a las 6 a.m, respirando pesadamente. Nunca había tenido un sueño tan real, se levantó de la cama y se tambaleó un poco, algo mareado aún, pero se estabilizó unos segundos después. Miro su habitación unos momentos y buscó un poco de ropa para ir a bañarse. Sus padres seguían dormidos en su habitación. Sus días se habían vuelto algo monótonos, pero por lo menos tenía la compañía de sus padres y de algunos bichos que capturaba, pero luego los liberaba en el monte arboleda, para que siguieran viviendo libres. Encendió la luz del baño y llenó la bañera con agua tibia. Se lavó los dientes, mientras esperaba a que se llenara la bañera. Se miró al espejo notando que su cabello, ahora estaba más largo de los común, debe retocarse un poco las puntas, ya que no pensaba volver a su antiguo estilo de cabello. La bañera ya estaba lista, así que se metió a darse un baño rápido, se lavó el cabello, el cuerpo y se pasó un poco de agua en la cara, para despertarse. No duró tanto tiempo para poder salir del baño, ya vestido con una camisa roja y blanca con una estrella en el centro, pantalones no tan largos, una prensa en la pava para poder ver mejor. Se dirigió a la sala y prendió la caminadora que tenía para hacer un poco de ejercicio.
– Oye Nate, no me ganes en ser madrugador – dijo su padre burlescamente – Tu madre ya baja para prepararte el desayuno, yo me iré a bañar para salir al trabajo, si quieres me puedes acompañar y de allí te vas a donde siempre vas a capturar insectos.
– Está bien papá, como desees –
El desayuno fue lo usual de todos los días, unos ricos hotcakes para Nathan, su madre y padre tomando café, mientras comían algo liviano para empezar el día. Antes de irse Lily, su mamá le avisó a su hijo que estaría ausente durante todo el día en la casa, ya que ese día tenía que ir a trabajar a la oficina por una reunión con el equipo de arquitectura, así que le dejó unas llaves de emergencia a su hijo y un almuerzo que le preparó y se despidió de Nathan y su esposo, quienes comenzaron a caminar por toda Floridablanca Norte. El lugar estaba tranquilo, apenas estaban abriendo los negocios y los adultos comenzaban a caminar para ir a sus trabajos, aún era muy temprano, así que los niños aún no se levantaban para ir a la escuela. Lo cual era bueno, no quería ser visto por nadie. Cruzaron el último paso de peatones, cuando Nathan notó que algo lo estaba siguiendo, pero no podía notarlo bien. Su padre le chasqueó los dedos en la cara y le tocó la nariz, abrazó a Nate y se despidió de él, no sin antes dejarle un poco de dinero para que se compre algo por si queda con hambre. Solo observó como se alejaba y se dirigió al monte arboleda. Volvió a ponerse la capucha roja para salir, empezó a gustarle llevar algo distinto que nunca pensó que usaría, llevar una capucha aunque no lloviese, algo distintivo para él. Paró un momento para notar que alguien estaba bajando varias cosas de su auto, era el profesor Galván, quién estaba bajando una pila de papeles del auto y algunos libros, parece que los estudiantes tienen examen hoy. Trató de irse pero no pudo evitar ser reconocido rápidamente.
– ¿Nathan Adams? – preguntó el profesor Galván – No puede ser, casi no te reconozco con tu nuevo estilo de cabello y esa capucha que llevas, ¿Cómo has estado? –
– Bien, mejor que antes – se acercó para poder hablar un poco mejor con él – Deje que le ayude con esos papeles –
– Gracias, hoy los chicos tienen examen, apuesto que tu ya los tuviste que haber tenido, como ahora estudias en casa ¿Cómo te va? – mientras hablaba, abrió la puerta a la sala de los profes que quedaba por el estacionamiento – Para mi te va muy bien, hace poco me llegó tu reporte de notas y vi que mejoraste mucho esa nota de matemáticas, un 77, nada mal, digo yo –
Siguieron caminando hasta la sala en donde el profe daba sus clases, volver allí le daba un poco de nostalgia, notó algunas fotos pegadas en un pizarrón de sus compañeros y se vio en una de esas fotos junto a Oso y Dudu. Realmente se notaba muy diferente, con su pelo en forma de puntitas y una mirada un poco más optimista de la vida. El profesor se acercó a él y también comenzó a observar las fotos con su ex-alumno.
– Cuando estés preparado, puedes volver Nate – dijo el señor Galván – No queremos presionarte para que vuelvas, sabemos tu situación y todo lo que has pasado. Lamentamos mucho no haberte ayudado en el tiempo correcto cuando todo ocurrió, pero quiero que sepas que eres un chico extraordinario, con capacidades que ninguna otra persona puede hacerte negar. Y es por eso que estaré de brazos abiertos aquí, esperando a que un día vuelvas –
Nathan solo le sonrió al señor Galván en forma de agradecimiento, hasta que notó como otros niños, empezaban a llegar, así que se despidió del profesor y corrió fuera del lugar para dirigirse al Monte Arboleda, su lugar favorito para atrapar bichos comunes y tal vez con un poco de suerte, uno inusual. Siguió subiendo las antiguas escaleras de piedra para dirigirse al templo, no era tan tardado llegar allí, y el ambiente era muy calmado, solo se escuchaban los sonidos de las cigarras y algunos saltamontes que se escondían de los depredadores. Llegó a la puerta de madera del templo, hace poco había sido restaurada, ya no estaban llegando muchas personas debido a las nuevas construcciones que se habían llevado a cabo, como la nueva Torre Excelencia o la remodelada Electrópolis. Era un poco más tranquilo el lugar ahora, pero sin tantas personas era difícil para el dueño del templo mantenerlo, aunque las personas donaban muy seguido para seguir manteniendo este lugar. Al llegar a la cima notó muy pocas personas, había niños jugando con los peces en el pequeño estanque, algunos gatos durmiendo y personas yendo hacía el sendero, donde se encontraba el estanque siluro, perfecto lugar para cazar peces, eso sino enojas al señor del estanque, una popular leyenda del lugar. Era el lugar perfecto para empezar la mañana para Nathan, un poco de paz y tranquilidad. Sacó su red de insectos y se dirigió a cazar bichos.
– ¿Oye escuchaste eso? – dijo una adolescente preocupada – He estado escuchando que cosas raras han estado sucediendo no solo en el monte, sino en toda Floridablanca –
– Yo escuche que en el hospital abandonado se escuchan gritos de pacientes que ya se han ido de este mundo – contestó otra adolescente.
– Pues yo oí que en las obras de Floridablanca sur, algo las está destruyendo. Al punto en que el jefe de la obra se está rindiendo en terminar de construirla – susurró otro adolescente – Y eso no es lo peor, hay cada día más carteles de desaparecidos en la estación de policía al punto de que los padres ya no dejan salir a sus hijos en la noche.
Nathan había escuchado un poco de aquellos rumores, siempre que paseaba por la ciudad se dirigía a aquellos lugares a ver si podía notar algo extraño, por que, por alguna razón siempre se ha sentido atraído a los sucesos extraños de aquella ciudad. Mayoritariamente por los secretos que ocultaban varias locaciones. Su abuela le había contado varias anécdotas de la antigua Floridablanca cuando ella apenas era una niña. Como la vez en que se cayó a un río, pero alguien le salvó y cuando iba a agradecerle se esfumó o cuando su abuelo en las noches salía de su casa sin permiso y hablaba como si estuviera con alguien, aunque no había nadie a la par de él. De hecho sus padres y abuelos bromeaban cuando él también hablaba con alguien en su habitación o a veces jugaba, sin que hubiese nadie, sus padres solo creían que tenía una gran imaginación. Salió de sus pensamientos por un momento y comenzó a prepararse para capturar nuevos bichos para su colección, aunque solía liberarlos al poco tiempo cuando terminaba de dibujarlos. Otra cualidad que heredó de su abuelo.
– Todo listo, tal vez hoy capture uno inusual, como a ti – Nathan sacó un frasco con varios agujeritos en la tapa, en ella había un pequeño ecosistema que creó para una extraña polilla que ha mantenido desde hace varios meses, cerró un momento los ojos para tratar de recordar cómo la obtuvo – Recuerdo, aquel día. Un ciclón llegó de pronto a Floridablanca, no hubieron alertas en la mañana o alguna alarma que lo avisara; recuerdo como el ciclón arrasaba con varios árboles ese día en el monte arboleda; recuerdo estar asustado, tratando de refugiarme en el pequeño templo, tratando de contestarle a mis padres que intentaban llegar a la cima para salvarme. Pero todo se detuvo, como si hubiese sido una pesadilla y tu estaba allí, en mis manos, jamás te sentí cuando decidiste refugiarte en ellas. Y desde aquel día jamás te separaste de mí –
Nathan dejó con cuidado el frasco con su amiga, quién estaba suplicando algo de comer con el revoloteo de sus alas. Sacó la red para empezar a cazar a los bichos cercanos, también unto un poco de sirope negro en los árboles, incluso dándole a su querida polilla. La tarde realmente fue muy tranquila, había logrado capturar un escarabajo ciervo y un escarabajo rino, estaban peleando por territorio, así que aprovecho para capturarlos y empezar a hacer varios garabatos en su libreta, no era tan bueno dibujando, pero se esforzaba lo máximo, tenía un talento parecido al de su abuela en notar los pequeños detalles y imperfecciones que se encontraban en su alrededor. Por ejemplo ese escarabajo rino, ya tenía varios golpes y su cuerno estaba algo dañado, tal vez debido a las peleas por territorio. Nathan comenzó a tener un poco de hambre, revisó la hora y se dio cuenta que ya era medio día, el tiempo se había pasado muy rápido y a la lejanía se escuchaban los gritos y risas de los estudiantes que apenas salían al receso. Algunos de ellos a veces se escabullían al monte arboleda para ir a atrapar bichos o para tener un poco de paz. Nathan se apresuró luego de oír pasos cercanos a él, agarró sus cosas y se escondió más adentro del bosque para evitar ser visto por quienes estuviesen merodeando por allí.
– ¡Oso, rápido, antes de que los profesores se den cuenta que estamos aquí! – dijo una voz conocida.
Nathan se detuvo un momento, acaba de escuchar a quién creyó conocer, se detuvo un momento y se acercó un poco al lugar en donde se encontraban, trató de camuflarse en los arbustos para evitar ser visto.
– Repíteme, ¿por qué estamos aquí? – preguntó el pobre de Oso, quien le faltaba el aire –
– Para resolver uno de los misterios del monte arboleda, mi querido Oso y amigos que me siguieron desde la escuela – dijo muy emocionado, mientras otros chicos de su clase se acercaban – Hoy estamos acá, para una caza del tesoro, tenemos 10 minutos antes de que los profesores se den cuenta que nos escabullimos, escondí un tesoro por esta zona y por el estanque siluro, el primero en encontrarlo se llevara esto –
Eduardo levantó su teléfono y mostró la imagen, era una figura de edición limitada del emperador Krill, todos se sorprendieron y comenzaron a correr para buscar aquel tesoro. Nathan se dió cuenta que algunos de sus ex-compañeros estaban yendo hacía donde él los estaba observando, trató de correr pero se resbaló, quebrando algunas ramas de paso. Se recompuso rápidamente e iba a salir corriendo, hasta que una voz familiar dijo su nombre.
– ¿Nate? –
– Hola, Katie – respondió Nathan, con el tono más monótono posible – Pensé que no me reconocerías –
– Por poco no lo hago, estas muy….. diferente – confesó la chica – Tienes el cabello muy largo ahora y tienes unas ojeras demasiado grandes para alguien de nuestra edad –
Nathan trató de acabar con la conversación lo más rápido posible hasta que las amigas de Katie aparecieron y junto a ellas estaban sus otros dos “amigos”. Oso y Dudu, quienes parecían sorprendidos de encontrarse con Nathan. Se observaron por un momento. Sus amigos estaban atónitos por el cambio de apariencia que tuvo su amigo en estos meses. Mientras que Nathan los observaba sin alguna emoción, solo queriendo irse lo más antes de allí.
– Nate…. ¿Enserio, eres tú? – Pregunto Dudu
– Amigo, has cambiado demasiado. Por un momento creí que estaba viendo una versión alterna a tí –
– Lo que sea, me debo de ir. Adiós – Nathan trató de irse, pero Katie lo agarró para evitar que se fuera – ¿Ahora que quieres Katie?
– Nate, dinos algo. Estamos preocupados por ti. He tratado de ir a tu casa a visitarte. Pero tu mamá siempre se excusaba con que no estabas, aunque yo sabía que estabas allí – Katie no pudo terminar de hablar cuando Nathan logró zafarse bruscamente del agarre de Katie, haciéndola caer.
– Ustedes 3 saben exactamente por qué no quiero verles nunca más, solo lárguense, de por sí – Nathan sacó un pequeño juguete de su bolsillo y se lo tiró a Eduardo. Era el pequeño emperador Krill de edición limitada – Cuando estaba buscando insectos lo encontré casi siendo picoteado por un pájaro –
Sus “amigos” se fueron enfadados de que Nathan hubiese arruinado la búsqueda del tesoro, Dudu gritó para avisar que el terminó encontrando la figura del Emperador Krill y que más tarde volverían a re hacer la actividad, la única que se quedó fue Katie, quién aún le observaba, algo incrédula por la actitud de Nathan tan antipática hacia Oso y Dudu. Pero también podía notar en sus ojos algo de arrepentimiento por su parte.
– Nate, si quieres hablar, estoy disponible cualquier día… Por favor solo quiero hablar contigo. Adiós Nate, disfruta tu tarde – Katie se alejó, alcanzando a su grupo de amigas.
– Si… Hablar – Se quedó un momento procesando lo que acaba de pasar – Hablar… –
Se giró para recoger sus cosas que dejó tiradas en el suelo, pero noto que el frasco que tenía a su querida polilla estaba vacía, busco dentro del bolso, alrededor del lugar donde se escondió, tiró sus cosas por todo lado. Pero no la encontraba, comenzó a entrar en pánico, corrió por todo el lugar buscando en los árboles, arbustos, pero no había nada. Descanso un momento cerca del templo, recuperando el aire. Su búsqueda no dio frutos y ya se estaba haciendo tarde, tenía hambre y estaba muy cansado.
– ¿Dónde estás? – suspiro con algo de dificultad – ¡Piensa Nathan, piensa!
Agacho la cabeza por un momento y de pronto todo el lugar quedó en silencio. Levantó la mirada y observó que ya no había nadie y que ya era de noche. Comenzó a observar por todo lado, no habían personas, ni los gatos se encontraban reposando cerca del altar, camino un poco hacía el pequeño estanque y tampoco estaban los peces. Estaba demasiado confundido, no solo no había nadie, sino que una espesa niebla comenzó a inundar el lugar. Nathan subió las escaleras del templo para evitar que esa cosa lo tocase, se sentía helado.
– Esto no es normal. ¿Por qué no hay nadie aquí? No se supone que esto estaba lleno hace poco – Nathan trató de calmarse, pero entre más lo pensaba más dudas le quedaban.
Observó en todas las direcciones, pero solo había niebla y más niebla. Se sentía sofocado y pensaba que en poco tiempo se quedaría sin aire o más bien que moriría de alguna manera allí. Se hincó al frente en donde se encontraban las ofrendas y comenzó a rezar, no sabía lo que ocurría, si algún ser maligno lo atrajo hacia ese lugar o lo atrapo de algún modo, quería salir, quería ver a su mamá y a su papá, ahora más que nada, deseaba su cama y estar comiendo los ricos bollos de crema de la panadería chacharral.
– Pero… ¿qué? – Un revoloteo familiar comenzó a aturdir a Nathan, era su polilla, se le quedó mirando fijamente por unos segundos hasta que esta comenzó a revolotear, hacia el sendero de la derecha del monte arboleda, ha estado clausurado durante mucho tiempo, incluso el recuerda que de niño le tenía prohibido ir aún cuando no estaba cerrado por completo y todos esos talismanes no habían sido colocados. – ¡Espera, vuelve! ¡No me dejes acá!
Nathan empezó a ir tras de la polilla, la niebla seguía siendo espesa, aún le costaba ver, incluso respirar. Pero estaba decidido a no dejarla escapar. Era difícil ver por toda la niebla, en varios momentos pensó que se perdería, o que estaba caminando en un túnel infinito de niebla, solo pudo notar por un momento los talismanes que había en el marco de la puerta del segundo sendero del templo. Y de un momento a otro, la niebla desapareció. Al fin podía respirar, tomó un pequeño descanso y notó a su cigarra posada en una extraña máquina gacha en el centro del árbol más grande de todo el monte arboleda. Se acercó un poco para atrapar de nuevo a su polilla, pero algo lo detuvo antes de poder atraparla otra vez.
– Aliméntame….. – Un eco se escuchó por todo el lugar.
– ¿Qué…? – Nathan observó todo el lugar, por si era alguien gastándole una broma, pero aún así, la niebla no le dejaba ver.
– Aliméntame….. – El eco se volvió a escuchar y todo encajó. Era la máquina
– Ok, extraña máquina, no quiero tu premio, ¡déjame ir, no quiero nada de tí! – Pero el eco comenzó a ser más fuerte, y más perturbador cada vez, al punto de asustar cada vez más a Nate. – ¡Está bien, pondré la moneda, pondré la moneda –
– ¡Aliméntame, tengo mucha hambre y debo comer! – Cuando Nate insertó la moneda, los ecos alrededor del bosque se callaron y la máquina comenzó a mover la manivela por sí sola, soltando una pequeña esfera de piedra, parecida a las esferas gachas que él solía coleccionar de sus personajes favoritos de mangas.
– Qué curioso, aunque sea de piedra, no es muy pesada. Bueno, que sea lo que Dios quiera – Nathan comenzó a tratar de abrir la esfera, era demasiado dura y estaba trabada de lo tan vieja que debía ser la máquina.
La cigarra de Nate volvió a volar solo para posarse encima de la cabeza del chico. Nate hizo toda la fuerza posible para poder abrirla, salió disparado al aire, cuando esta estalló en una luz cegadora, y un montón de humo y una extraña aura circular comenzase a rodear la extraña criatura, oscura, con una larga sonrisa y ojos grandes apareciese bailando. Y luego hubo silencio, Nate abrió los ojos y lo vio. Estaba frente a él, observando y riendo de felicidad.
– Jeje, ¿Cómo estás mi amigo corpóreo, soy Whisper, el mayordomo yokai, a tu servicio! –
Whisper (ウィスパーWisupā), el mayordomo Yokai
– Mayordomo, ¿yokai? – dijo Nathan aún confundido por la situación, observó de nuevo el lugar y notó que la niebla ya no estaba. – Tú fuiste quién, ¿invocó esa niebla?
Whisper lo miró algo confundido, al humano que lo acababa de liberar de su prisión de más de 445 años.
– Mi querido amigo… Eh, ¿Cómo te llamas? –
– Oh, soy Nathan Adams, un placer – le extendió la mano
– Un placer Nathan – Whisper le dio un pequeño apretón y se apartó por un momento para observar el lugar – Y dime Nathan, ¿En qué año estamos?
– Estamos en el año 2012, y por si lo preguntas luego, tengo 12 años apenas –
Whisper quedó impactado de escuchar en la fecha que se encontraban, tanto tiempo encerrado en esa esfera, le había hecho perder la noción del tiempo. Desde la lejanía notaba nuevos sonidos para él, en el cielo notó un extraño vehículo volador y vio como el chico sacaba un extraño aparato de sus bolsillos. Aún seguía un poco desorientado. Lo último que recuerda durante ese tiempo encerrado fue la voz de un extraño ser, que le entregó un curioso aparato, que se podía colocar en la muñeca como le enseño ese ser. “Todo a su tiempo Whisper. Cuando seas liberado, deberás entregarle eso que te he dado y así él podrá ayudar a los Yokais quiénes lo necesiten.”
– Pensé que había pasado más tiempo, apenas son las dos de la tarde – dijo Nate mientras observaba su celular. Y su polilla se posó en la parte de arriba de su celular – Bueno, al menos no saliste huyendo cuando ese Yokai apareció. Debemos volver a casa, estoy agotado –
– ¡Espera Nathan! – gritó Whisper pensando que el chico lo abandonaría – Antes de que te vayas a donde sea, debo entregarte esto – Whisper se acercó a la muñeca de Nate y le colocó un reloj de muñeca
– ¿Y esto es? –
– Un reloj Yokai, o bueno eso me dijo aquel ser – respondió Whisper – Bueno, ese reloj te ayudará a ver a los Yokais y poder invocarlos para que te ayuden en batalla.
Nathan comenzó a observar el reloj, era muy extraño. Es de color blanco, con dos bisagras a cada lado. Trató de abrirlo, y Whisper por detrás le otorgó una pequeña llave que abría el reloj. Los detalles por dentro eran espléndidos, tenía un acabado dorado y una manecilla atascada siempre a las doce en punto, y tenía una ranura donde se podía insertar algo parecido a una chapa. Comenzó a jugar un poco con el reloj, se dio cuenta que si dejaba presionado por mucho tiempo un botón que encontró en uno de los lados una luz se emitía, y un extraño sonido salía de él.
– ¿Y cuál es el nombre específico de este reloj, Whisper? – preguntó Nate aún fascinado por los detalles y todo lo que veía de ese extraño aparato.
– Bueno… No estoy seguro de su nombre, podríamos investigarlo cuando volvamos a casa. No puedo esperar a ver como será –
– Espera, espera. No te invite a mi casa, tú te estás invitando a ti mismo. Y ni siquiera te conozco tanto como para poder confiar que puedas vivir conmigo – respondió Nathan algo ofendido – Además, no se si los yokais son confiables, por lo que mis abuelos me contaban en las historias, son traviesos, malvados y te vuelven la vida imposible cuando uno llega a tu vida.
– En eso no te equivocas, mi amigo. Los yokais somos traviesos, malvados y cambiamos sus vidas, pero para que lo sepas, también hay youkais bondadosos y dispuestos a ayudar a quién lo necesite – contestó Whisper – ¡Y no encasilles a todos los yokais en una misma casilla, es muy grosero de tu parte pensar que todos somos malvados!
– Perdón, es solo qué. Hoy fue un día raro, primero mis ex compañeros aparecieron cuando no lo pensé, luego mi cigarra desapareció y esa extraña niebla que casi me ahoga sino fuese porque entré a este lugar mientras perseguía a mi polilla. Solo quiero ir a casa –
– Bueno, si quieres podemos irnos ya, mientras caminamos, puedo explicarte todo acerca de los yokai, o bueno lo que se de los yokais de mi época –
Nathan asintió y comenzó a caminar para irse de ese sendero. Vio una última vez el gigantesco árbol y la máquina había desaparecido. Llegando a la entrada los talismanes que alguna vez estuvieron pegados en el marco del sendero estaban quemados. Tal vez después de todo entrar allí si lo salvó de algo. Volvió al sendero de la izquierda para recoger sus cosas que había dejado tiradas y encerró de nuevo a su polilla en el frasco, esta vez no le costó tanto que entrase, parecía estar agotada de todo lo que había ocurrido. Se colocó su bolso y se retiró del lugar, no sin antes dejar una moneda en la caja de ofrendas. Whisper en cambio se quedó observando el lugar, parece que estar atrapado te hacía ver incluso lo que para muchos era viejo, como algo nuevo. Terminó de bajar las escaleras y rodeó la escuela para evitar que lo volviesen a ver. Aunque notó que Whisper se quedó mirando un rato el edificio y entró sin pensarlo.
– ¡Whisper, vuelve! –
– Eh, pero quiero ver el lugar. Nunca he visto una semejante pieza de arquitectura y mira esa carreta metálica. ¿Cuántos caballos crees que los puedan mover o cuantas personas se necesitan para moverlo? –
– Solo una. Y no es un carruaje, es un carro. Aunque creó que por el nombre es una variación más moderna de un carruaje. Y eso de allí es una escuela, los niños y niñas van allí a realizar sus estudios, van primaria y secundaria. Yo estoy en primaria, pero ya no estudió allí o bueno no me dejan volver allí mis padres – respiró un poco pesadamente al decir eso último.
– ¿Sucedió algo? – preguntó Whisper algo preocupado
– Mientras más nos conozcamos, podremos hablar más de eso Whisper, por ahora hablemos de cosas que no sean muy profundas – Nate observó a Whisper que asintió ante el comentario de Nate.
Ahora se sentía raro caminar cuando tenías que estar persiguiendo a un extraño fantasma, que se fascinaba hasta con lo más mínimo. Se metía en tiendas, se tiraba a la calle para observar a los autos pasar. Se quedó mirando el semáforo por un tiempo, incluso robaba comida para probarla. Creyó ver a varias personas apartar la vista y parpadear varias veces para saber si lo que vieron era real, comida que flotaba, carros que se detenían de un momento a otro por la presencia de Whisper, que para su no tan grande sorpresa él era el único capaz de verlo. Pasaron horas donde Nathan solo caminaba por toda Floridablanca, mientras perseguía ahora a su nuevo mayordomo yokai, ya estaba cansado y añoraba ir a casa. Lo bueno es que Whisper a veces paraba en tiendas o lugares para que él pudiese descansar y luego tener que volver a correr para alcanzarlo ya que se movía demasiado rápido de un lugar a otro.
– ¡Whisper, para! – grito Nate – ¡Quiero volver a casa ya es muy tarde y estoy cansado, podemos volver mañana, no tengo que ir a la escuela! –
Whisper ni se inmutó y siguió volando por todo lugar. Era inútil pararle. Cansado se dio media vuelta y se fue directo a su casa dejando a Whisper detrás. Revisó la hora en su celular y ya eran las 4 de la tarde. Dos horas paso dando vueltas por los mismo lugares, por que ese yokai no paraba de volver a la misma tienda a observar si algo había cambiado o ver los semáforos; ver cada detalle minucioso del lugar, no encontraba el sentido de eso. Agotado cruzó la siguiente esquina, solo para volver a escuchar esa vocecita un poco molesta que le hizo dar vueltas como imbécil por todo Floridablanca Norte. Solo camino hasta acercarse a su casa, mientras los chillidos de Whisper se acercaban más.
– ¡Nathan, debemos ir a la pescadería de inmediato! – exclamó Whisper – ¡Hay algo allí, debes verlo! –
– ¡No molestes Whisper, estoy cansado! Mañana podemos ver a la octava persona que compra un atún selecto – se quitó los zapatos y procedió a entrar en su casa – ¡Mamá, papá, ya llegue! –
A lo lejos notó una discusión y se acercó rápidamente a la cocina para saber qué ocurría y allí los vio. Sus padres discutiendo
– ¡Te he dicho mil veces que no te comas mis cosas Aaron, cuantas más debo repetirlo! – grito Lily, su mamá
– ¡Vengo cansado, no me voy a poner a leer cada maldita etiqueta que dejas, y de paso me merecía un postre por el día de mierda que tuve! – exclamó su padre – ¡Sabes a cuantos accionistas idiotas debo verles la cara y como me gritan por cosas que no están en mi control! –
– ¡Igual yo, trabajo desde casa y hoy tuve que ir a la oficina, hago todo el oficio al llegar a la casa y también me merezco un descanso, pero solo me pasan pidiendo correcciones tan idiotas a los planos que no me puedo tomar un descanso! –
Nathan se alejó de la puerta, jamás los había visto discutir así. No desde hace tiempo, se sentó en la escalera y trató de calmarse. Talvez luego se les pasaría el enojo y lo hablarían normal, pero los gritos aumentaban y aumentaban, no sabía si eran sus padres o era su propia mente que los aumentaba en su cabeza. Whisper comenzó a gritarle algo a Nathan. Pero este aún estaba en pánico.
– ¡Nate, mírame! – dijo Whisper levantando la cabeza de Nate, sacándolo de sus pensamientos – Esto es culpa de un Yokai, usa tu reloj y apuntalo hacía donde están tus padres. –
Nate se levantó de las escaleras, aún con unas lágrimas cayendo de sus mejillas y acercándose un poco a la puerta usó su reloj. La luz que antes no mostraba nada allá en el monte, ahora le mostró algo que no había visto cuando llegó. Una extraña figura mocosa y morada estaba a la par de sus padres, espiritándolos.
– ¿Qué es eso? – preguntó Nate
– Eso de allí, es Negatalia. Una yokai capaz de crear peleas y conflictos, es muy negativa y siempre le verá el lado malo a todo. Incluso a las relaciones más estables – respondió Whisper.
– Pues debo hacer algo, debo sacarla de aquí ahora – Nathan se armó de valor y abrió la puerta, dirigiéndose a donde estaba Negatalia, sus padres estaban tan ceñidos en su pelea que ni se dieron cuenta que él ya había llegado – ¡Disculpa, señorita Negatalia! –
– ¿Qué?…. ¿Me hablas a mi humano? – respondió la Yokai
– Si, deja de espiritar a mis padres, por favor. Odio que peleen y ellos nunca han hecho nada malo, para que vengas tu a molestarlos –
– No lo creo niño – replicó Negatalia de forma pesimista – Los dos estaban muy estresados y las peleas siempre bajan los sumos –
Whisper se acercó a la cocina y notó que la espiritación de Negatalia era cada vez más fuerte, tanto así que sentía un aura más fuerte rodear la casa.
– Nathan, es mejor que nos vayamos de acá, se de alguien que te puede ayudar con esto –
– ¡NO! – gritó Nathan – ¡LÁRGATE YA, TU …..TU! ¡MOCO MORADA BABOSA NECIA –
Los padres de Nathan se quedaron petrificados por un momento, con las miradas vacías. Nate y Whisper rápidamente notaron que Negatalia ahora respiraba furiosa y comenzó una pelea más fuerte entre los padres de Nathan, pero ahora era ella quién los estaba controlando para que pelearan.
– ¡NATHAN SALGAMOS DE AQUÍ ANTES DE QUE-! – No pudo terminar de hablar cuando uno de los brazos de Negatalia mando a volar a Whisper – ¡AHHHHHHHHH!
– Whisper… ¡AHHHH! – Nathan salió huyendo del lugar antes de que él también saliera volando. Cerró la puerta de su casa y buscó a Whisper, quien ahora está incrustado en la pared, rápidamente agarró su pequeño remolino de la cabeza y logró sacarlo de allí – ¿¡QUÉ HACEMOS?! –
– En primer lugar, gracias por sacarme de la pared y en segundo lugar… ¡NO INSULTAMOS A LOS YOUKAIS CUANDO ESTÁN ESPIRITANDO A ALGUIEN! – alegó Whisper furioso – Error de novato, lo entiendo, y como no me escuchaste antes de entrar a la casa, se de alguien que puede ayudarnos –
– ¡Entonces llámalo! – gritó el chico ya desesperado
– Em, no es que lo conozca de toda la vida, pero si lo vi cerca de allí – Whisper se fijó en la cara de Nathan, que se encontraba ahora disgustado por la situación – Solo sígueme, y podremos ayudar a tus padres joven Nate –
Comenzaron a correr para dirigirse a la pescadería, aún pensaba que tipo de Yokai se iban a encontrar, pensó en uno poderoso capaz de derrotar a Negatalia de un golpe y así poder liberar a sus padres.
– ¿Entonces cómo es ese amigo tuyo Youkai, Whisper? – preguntó Nathan ya transpirando por estar corriendo – ¿Es fuerte? ¿Es super veloz? ¿Tiene buen habla? –
Whisper paró en frente de la pescadería y guio a Nate hacia donde debía de apuntar la luz del reloj yokai. Con rapidez presiono el botón y apuntó la luz hacia la dirección que Whisper le apuntó. Quería ver algo grande, algo poderoso, algo capaz de derrotar a esa baba morada que está molestando a sus padres. Algo empezó a aparecer en la esquina de la otra calle, y era ... .era ... .un gato rojo muy pequeño, se decepcionó un poco luego de ver cómo se rascaba el trasero o empezaba a acicalarse sin mucha importancia y luego cayó dormido en mitad de la calle. De hecho casi hizo que una persona se tropezase con él.
– ¿Es enserio? – suspiró Nathan con derrota – Ese yokai ni me ayudara a derrotar a Negatalia –
– No juzgues tan rápido Nathan, lo vi capaz de hacer retroceder a un camión – trató de entusiasmar a Nathan pero se veía escéptico – Sólo observemos a ver que hace, de seguro te sorprenderá –
Esperaron un tiempo, hasta que un camión muy grande apareció, iba muy rápido y no iba a parar. El gato rojo se levantó y un aura roja comenzó a formarse alrededor de él, se puso en frente del camión y se preparó para atacar.
– Muy bien, aquí vamos. ¡Patitas furiosas! – El gato saltó y comenzó a golpear el camión con mucha fuerza – ¡Nya, nya, nya, nya, nya, nya! – detuvo al camión por un gran periodo de tiempo, y hasta el conductor parecía confundido, aunque no fue por mucho, ya que el camión avanzó y el gato salió volando por los aires.
– Eso fue… Algo impresionante y al mismo tiempo decepcionante – dijo Nate, y el gato rojo se estrelló a la par de él, creando un gran hueco en el piso – ¿Oye, estás bien?
Whisper y Nathan llevaron al gato a una banca cercana para ayudarle a recomponerse, estaba mareado el pobre y algo sucio por el impacto. Al poco tiempo de recomponerse, comenzó a acicalarse y a comer una barrita de chocolate. Se quedaron un tiempo sentado con él, hasta que deseara hablar.
– Deberías empezar a hablar con él, así lo conoces algo mejor – susurró Whisper al oído de Nate
– Hola, soy Nathan Addams, un placer, ehhh, gato rojo – le extendió la mano y el gato la aceptó.
– Un plac….. ¿PUEDES VERME?! – gritó el gato rojo, impactado de al fin ver que un humano lo veía – ¡ÑYO LO CREO, UN HUMAÑYO, ME PUEDE VER! –
– Si, creo que deberé acostumbrarme a esas reacciones de hoy en adelante – sonrió Nathan, mientras se reía un poco de como reacciono el gato rojo
– Me presento, ¡yo soy Jibanyan, el terror de los camiones!. He estado aquí durante mucho tiempo, ¡luchando contra la maldad de los camioñes! – gritó con euforia – Suelo entrenar mucho para poder algún día vencer uno, y así mostrarle a Alba que soy digno de seguir con ella a su lado –
– ¿Quién es Alba, Jibanyan? –
– Talvez era su dueña cuando aún era un gato Nate – respondió Whisper – No solo los humanos se convierten en Yokais, sino que también los animales o seres no vivos. Aunque por ejemplo conmigo, yo nací como un Youkai, no morí ni nada, simplemente nací y viviré siempre como un Yokai –
– La bola blanca tieñe razón – murmuró Jibanyan – Solía ser un gato callejero antes, hasta que Alba me encontró y adoptó. Solíamos hacer cosas juntos, comer, dormir, incluso veía tele con ella, casi siempre eran las entrevistas de Next HarMEOWny y sus canciones. A veces íbamos en bicicleta a pasear, siempre iba en la canasta. Pero un día fatal, Alba cruzó la calle sin mirar y un camión iba a acabar con su vida…. Salté para salvarla y morí. Lo último que recuerdo, fue ella diciéndome… –
No puedo creer que un camión te arrollara, torpe gato
Jibanyan comenzó a llorar y se aferró a Nathan para buscar consolación. El chico abrazó al pobre gato que se veía dolido aún por las palabras de su antigua dueña.
– Por eso…. ¡Me he enfrentado a cada camión de este lugar para evitar que algún otro gato o alguna Alba salga lastimado por esos conductores malvados de camión y que así nadie deba sufrir ninguna pérdida como yo sufrí al morir! – Jibanyan sacó algo de su bolsillo de su extraña falda de color amarilla – Esto es lo último que tengo de ella, una foto que guardo con mucho cariño –
Nathan tomó la foto que Jibanyan le ofreció y observó cómo se veía la chica. Era más mayor que él, tal vez unos 14 o 15, pero se notaba el amor que le tenía a su pequeño gato, y ahora el no tenerle a su lado era doloroso para ella. Un sentimiento que él compartía, no con una mascota, sino con un ser querido que perdió hace mucho tiempo. Algunas lágrimas salieron de los ojos de Nate, quién rápidamente se las secó al ver a los dos yokais observando con preocupación al niño humano. Se levantó rápidamente y se paró en frente de Jibanyan.
– Jibanyan, ¡yo te prometo ayudarte en tu causa, no me gustaría ver que alguien perdiese a un ser querido o a una mascota! – gritó Nathan – Alba jamás te diría eso, tal vez, al morir no escuchaste bien, porque sé que te amaba tanto, que por el dolor no se expresó bien. Pero prometió buscarle y decirle que estás bien, que ahora eres un yokai muy fuerte que lucha para evitar más accidentes así –
– Ñathan….. ¡ERES EL MEJOR! – Jibanyan se lanzó para darle un abrazó al joven humano. Una luz comenzó a rodear todo su cuerpo y una extraña medalla salió de esa luz – Toma, mi medalla youkai, seremos amigos y te ayudaré cuando lo necesites.
– ¡GANASTE TU PRIMER AMIGO YOUKAI NATHAN, BIEN HECHO! – dijo Whisper muy alegre – ¡Con esto derrotaremos a Negatalia, y salvaremos tu casa!
– Solo invócame cuando llegues, ñunca he sido invocado, así que sería algo nuevo para mi y para tí –
Nathan le sonrió a Jibanyan y comenzó a correr hacia su casa. Había comenzado a llover y el tráfico a esa hora era fatal, pero eso no detendría a Nathan, ahora podía detener a Negatalia y salvar a sus padres de su espiritación. Whisper iba detrás de él, lo más rápido que podía. Llegó unos segundos después, cuando notó que el aura de Negatalia se había vuelto más fuerte y parecía más enojada de lo usual. Nathan entró a la casa decidido a que esa youkai se largase de allí, de una vez por todas. Sus padres, ahora en vez de pelear, estaban gritando cosas sin sentido, parece que a Negatalia se le acabaron las ideas de cómo podrían pelear ahora.
– ¡Así que volviste niño malcriado, prepárate, por que no te dejaré escapar tan fácilmente! – gritó furiosa la yokai preparando un ataque, que Whisper logró esquivar por poco.
– ¡Muy bien Nathan, invoca a Jibanyan! – gritó Whisper mientras esquivaba nuevos ataques de Negatalia.
– ¡Aquí voy! – Nathan tocó el botón del reloj yokai y empezó a brillar con luces doradas, eso cegó por un momento a Negatalia. El reloj se abrió de par en par, listo para invocar – ¡Por la amistad que nos une, ven a mi Jibanyan, medalla yokai haz lo tuyo – un pequeño símbolo de corazón apareció luego de insertar la medalla y un extraño remolino rosa se formó alrededor del reloj.
INVOCACIÓN GUAPO
♪♥¡ENCANTO, BUM BUM, BAILA BAILA, GUAPO~!♥♪
– ¡JIBANYAN, ÑYA! – Del remolino salió Jibanyan disparado, quién se golpeó con el techo y quedó algo atontado – Ñathan…. Por favor, la siguiente vez practiquemos la invocación…Auch… –
– Lo siento Jibanyan, no sabía que saldrías disparado – comenzó a inclinarse para pedir perdón – Bueno ahora que estás aquí, derrota a Negatalia –
– ¡Sí, por favor, no se cuanto tiempo más dure esquivando sus ataques, ya es molesto! – gritó Whisper quién llevaba un tiempo distrayendo a Negatalia.
– Muy bien Ñegatalia, dejá en paz a mi amigo – Jibanyan se impulso por el aire y comenzó a atacar a Negatalia con todas sus fuerzas – ¡Patitas furiosas, ñya ñya ñya ñya! –
Negatalia era muy resbaladiza, pero no pudo soportar los múltiples golpes que Jibanyan lanzaba, poco a poco dejó de resistirse a los golpes y cayó derrotada. El aura que alguna vez emanaba se desvaneció y los padres de Nathan dejaron de gritar cosas sin sentido. Aún no volvían a sus cinco sentidos, tal vez la espiritación necesitaba su tiempo para desvanecerse y luego recobrarían la conciencia.
– ¡Lo lograste Jibanyan! – dijo Nathan alegre y se lanzó a abrazarlo. Whisper celebró volando por los aires y lanzando unos pequeños cañones de confeti. Quien sabe de dónde los sacó, tal vez los materializó. – Muy bien Negatalia, ahora que estás más calmada…. Lamento mucho haberte insultado, no era mi intención es que la situación me estresó y no supe como reaccionar, te pido mil disculpas –
– No, yo soy quién tiene que disculparse jovencito. A veces me da un poco de envidia ver parejas que se llevan muy bien, y solo causó peleas debido a que siento que no soy bueno ni para mi propia pareja, yo soy muy negativa y el es tan feliz – Negatalia se acercó a Nathan y le entregó su medalla – Esto es por las molestias –
– Gracias Negatalia. Pero no deberías tratarte así, si tu pareja sigue contigo, es por que te ama y te quiere como eres – Nathan sonrió a Negatalia y esta se fue, pero con una pequeña sonrisa en la cara. Salió por la puerta y luego se desvaneció frente a Nathan, Whisper y Jibanyan.
Los padres de Nathan volvieron en sí, algo mareados por tanto que gritaron. Aún estaban confundidos de que había sucedido. Se sentían apenados de haberse gritado por tonterías o por querer desahogarse con alguien. Siempre hablaban de forma pacífica o a veces algo estresados y levantaban un poco la voz, pero nunca se habían gritado uno al otro. Sintieron más pena al ver como su hijo los observaba a los dos, corrieron a abrazar a Nate y pedirle perdón por lo que había sucedido.
– ¡Lo sentimos Nate, no teníamos que hacer eso frente a ti! – dijo su madre llorando de la pena que sentía – Lo lamento mucho… –
– Lo sentimos campeón, prometemos jamás volver a hacer eso, no sabemos por qué ocurrió eso y estamos muy apenados – su padre volvió a abrazar a su hijo, con lágrimas en las mejillas. Acercó a su esposa para calmarla.
– Lo entiendo… No se preocupen. No es su culpa solo estaban estresados… es solo que, tenía miedo – unas lágrimas se formaron en los ojos de Nate – ¡Tenía miedo que fuese mi culpa su estrés, de que por tener que cuidarme, llevarme al psicólogo y estar pendiente a mi los haya estresado! ¡Lo siento si también es por eso, los amo y entiendo que se estresen por mi! –
Sus padres lo abrazaron más fuerte. Ahora había más preocupación de parte de los dos, pasaron un rato en silencio y lo único que se escuchaba eran sus sollozos y de vez en cuando algunos mocos. Lily se despegó un momento del abrazó y sacó algo del refri, era un postre que había preparado para que pudiesen comer luego de la cena, pero luego de ese momento ameritaba algo dulce. Los 3 se sentaron en la mesa. Ahora estaban felices. Aaron comenzó a contar los peores chistes que pudo haber pensado, pero eso los hacía reír, de lo tan malos que eran. Jibanyan y Whisper de vez en cuando robaban parte del postre de Nathan y lo disfrutaban como él, de hecho ellos fueron los únicos en notar que Negatalia había vuelto y con un youkai de color amarillo que emanaba felicidad, talvez el había sido el responsable por el cual Aaron quiso animar a su familia con unos chistes y con caras tontas para hacer reír a su hijo e esposa. La cena se pasó muy rápido y ahora Nathan se encontraba en su habitación, se cepillo el cabello tratando de quitarse algún nudo, ya tenía su pijama y se había lavado los dientes. Desempacó sus cosas que llevó al Monte Arboleda, su polilla ya estaba dormida, así que le dejó un poco de comida para cuando tuviese hambre y la dejó en su escritorio.
– Hoy sí que fue un día para recordar – suspiro Nate, mientras se tiraba a la cama – ¿Dime Whisper, ahora que puedo ver yokais… Mi vida será igual? –
– Eso es muy erróneo de tu parte Nate, apunta tu reloj afuera de tu ventana –
Volvió a levantarse y apuntó la luz afuera. Lo que vio fue impactante. El lugar estaba repleto de Yokais, estaban paseando por las oscuras calles que solo eran iluminadas por los faroles. Había todo tipo de Yokais, altos, bajos, algunos no se parecían tanto a los dibujos de sus libros de religión. Incluso vio a algunos volar, dragones o yokais humanoides. Algunos hacían trucos en el aire, otros realizaban actos callejeros, incluso vio a unos cuantos vender su comida u ofrecer ayuda a otros yokais para ir a otro lado de la ciudad, uno paso tan cerca de él que levantó su cabello por lo tan rápido que voló. Su mayordomo yokai tenía razón. Su vida ya no sería como antes. Cerró la ventana y procedió a acostarse en la cama, se quitó su reloj y lo colocó en su mesa de noche. Observó el techo por un rato, mientras acariciaba a Jibanyan quién se acostó en su pecho y comenzó a ronronear.
– Es increíble… No se que pensar Whisper – dijo Nathan, mientras el sueño se apoderaba de él – Es solo que toda mi vida, pensé que los relatos que mi abuela me contaba eran tan fantasiosos, pero no. Ahora entiendo que no era tan fantasía, no puedo esperar a mañana y saber que…ahh…amigos haré… – bostezó una vez más y cayó dormido, mientras abrazaba a Jibanyan.
– Si Nate… Mañana será un nuevo día, no solo para ti, sino que también para mí – dijo Whisper mientras lo observaba, cayó dormido poco tiempo después. Dormía flotando, así era más cómodo para él, aunque a veces podía despertar atravesando el piso o alguna pared.
La ciudad era tan brillante en esos momentos, y en esa ciudad ahora los youkais salían a divertirse, algunos a causar caos a los transeúntes que aún se encontraban dirigiéndose a sus casas, se divertían en las discotecas aún abiertas a esas horas o disfrutaban de la paz que había cerca de los templos, parques o cementerios que a esas horas, nadie visitaba y eran todos suyos. Los youkais realmente eran muy curiosos por naturaleza y causantes del caos, nadie estaba a salvo, ni siquiera de los peligros de la noche….
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– ¿¡A quién se le ocurre mandarme tan tarde a la tienda?! – dijo Puri, una de las amigas de Katie – Dios, hace mucho frío. Aún estoy cerca de mi casa, creo que es mejor volver a por un suéter – dio media vuelta para dirigirse a su casa otra vez.
Pero detrás de ella, una niebla comenzó a cubrir el lugar. Puri se detuvo y observó como esa extraña niebla rodeaba las casas e inundaba las calles de su barrio. Las luces parpadearon y extraños sonidos se escucharon. Trató de correr más rápido, pero al volver a su casa y entrar, no había nadie, todos desaparecieron, busco en la cocina, en el baño, en el segundo piso, incluso revisó el temible sótano. Lo único que vio fueron dos ojos observándola y cerró la puerta lo más rápido que pudo. Subió las escaleras y se encerró en su habitación, poniendo seguro a la puerta, se escondió bajo la cama y espero que todo eso solo fuese una pesadilla.
– Despierta Puri…despierta, despierta… – se dijo a sí misma
Su puerta comenzó a moverse erráticamente, como si alguien tratase de botarla. Puri salió lo más rápido que pudo debajo de su cama, sin pensarlo mucho abrió su ventana y trató de escapar por allí. Se resbaló con una de las lozas de su techo y cayó, doblándose el tobillo, la adrenalina aún estaba activa y a pesar del dolor comenzó a correr para escapar de lo que fuese que estuviese dentro de su casa. No sabía a dónde ir, lo único que pensaba en esos momentos era escapar. Ahora la noche no era normal y gritos de varios niños e incluso de adolescentes se escucharon por toda Floridablanca Norte, gritos de auxilio, gritos de pánico, gritos de dolor. Ya no sabían dónde estaban o donde se encontraban en ese momento, pero quienes habían quedado atrapados allí tenían un propósito ahora, sobrevivir a lo que fuese que era eso.
Unas pisadas retumbaron las calles, eran pesadas y algunas eran más como si se arrastraran. Los ojos brillaron y el gritó amenazador hizo que varias criaturas, que se podrían considerar pesadillas vivas, salieran a cazar en ese preciso momento. Esto se había convertido en una pesadilla eterna.
