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¿Cuánto tiempo había pasado así… ¿semanas? ¿meses? ¿días? Rubén no lo sabía, pero el vacío en su corazón hacía que perdiera la percepción del tiempo.
Esa mañana se levantó, un poco atormentado, no solía tomar cerveza antes de dormir, pero esa noche lo hizo y su mal genio se notaba a simple vista incrementado por ese incipiente dolor de cabeza, con el ceño fruncido miro hacia al televisor, recordó que se había quedado dormido en la sala, en medio de la oscuridad. Sus ojos estaban enrojecidos, su cara estaba pálida y sus ojeras eran notorias, ni quiera quería mirar su reflejo en el espejo.
Perezoso estiró uno de sus brazos y tomó un vaso de agua que tenía frente a él, y lo bebió, su garganta se sintió seca. ¿Cuántos años habían pasado desde la última vez que su corazón se rompió?
Su teléfono vibró, rápidamente él lo cogió para revisar quién era, número desconocido, intrigado, miró el celular un poco de ilusión creciendo dentro de él, apresurado, contestó pegándose el aparato al oído.
-¿Bueno? - Preguntó al otro lado de la línea titubeante.
-¡Felicidades, eres el cliente número 250 en nuestra campaña de vodafone, gana descuentos en amplia gama de servicios, incluyendo telefonía móvil y fija, internet de banda ancha y televisión!
-Pero qué mierda tío…. - Mencionó frustrado mientras colgaba la llamada drásticamente sin siquiera esperar que el operador terminase de hablar.
Bruscamente, lanzó el celular a un lado, tal vez su reacción había sido exagerada, pero actualmente no estaba de humor y siendo sincero solo quería desahogar su frustración con alguien. Nuevamente, el sonido del celular interrumpió sus pensamientos, Rubén lo tomó nuevamente y contestó exaltado.
-¡NO QUIERO SUS DESCUENTOS DE MIERDA!- Gritó mientras su respiración se entrecortaba.
-¡PUEH YO NO TE QUIERO VENDER MIS DESCUENTOH DE MIERDA TÍO!- Respondió una voz trás la línea.
Rubén reconocería la voz de ese sujeto donde sea.
-¿¡MANGEL!? - Preguntó mientras giraba en círculos.
-¿¡RUBIUH!? - Respondió tras el móvil. -¿Cómo has estaoh compañero?
La voz de Rubén se quebró al escuchar la pregunta, no sabía cómo o qué responderle, pero fingir tampoco ayudaría, durante unos segundos la línea quedó en silencio.
-¿Rubiuh, estás ahí?
La pregunta lo sacó de sus pensamientos y rápidamente cambió el tema con otra pregunta.
-¿Podemos hablar por Discord? - su voz sonaba débil.
-Ehhhh.. claro tio, dame un momento mientras prendo todo, ¿sí?
Un pequeño murmullo fue la respuesta que recibió antes que la llamada se cortara. Mangel miró el celular extrañado, rápidamente se movió hacia la computadora, este tipo de comportamiento en Rubén le preocupaba.
Casi al tiempo, ambos ingresaron al canal que tenían en privado, sin darse cuenta, la conversación comenzó a fluir como si fuese ayer la última vez que se vieron, Rubén no dio muchos detalles, solo contó con voz quebrada “Irina se fue”, Mangel sintió por él, escuchar a su amigo decaído no era algo común, siempre podía contar con su actitud optimista y sonrisas que lo ayudaron en sus peores momentos, y una necesidad de hacerlo sentir mejor creció dentro de él.
-Vaya, pueh la verdad eso no me lo esperaba… - Mencionó con pesar Mangel. -Pero no te preocupeh Rubiuh, siempre tendremos esto.
Mangel envió un link de steam en el canal, Ruben procedió a abrirlo, curioso, cuando la pantalla se iluminó, se rió inesperadamente, como si toda la tristeza en ese momento se hubiese ido.
-Entonces… ¿Qué dices tío? ¿Trabajo en equipo? - Rio.
Mangel le siguió el juego y sin darse cuenta habían pasado unas 4 horas ahí, solo jugando, riendo y hablando de todo lo que habían vivido en aquellos tiempos donde la vida parecía tan sencilla.
Rubén sonreía mientras le gritaba a Mangel que consiguiera la última gema.
-¡Pero por ahí no retrasao! - dijo entre risa y frustración jalándose el cabello, viendo como el personaje de Mangel saltaba torpemente muriendo repetidas veces en el proceso. El tiempo acabándose en una esquina de la pantalla seguido de la alerta que habían fallado el nivel haciéndolo explotar de risa, pero su humor cambió rápidamente cuando la voz curiosa de Mangel sonó al otro lado de la llamada.
-Oye, ¿y por qué no has prendido stream tío? Ya van varios días, ¿no?
Rubén se tensó, su sonrisa desapareció por un momento.
-No me apetece tío.- Dijo con voz baja.
Mangel no insistió, lo último que quería era incomodar, su idea era darle paz entre tanta tormenta en su cabeza y por un momento sintió que lo había arruinado, así que decidió cambiar el tema por algo que pudiese animarlo.
-Bueno, pero no es para tanto, al menos te tengo para mí solo.- respondió bromeando con dulzura.
Rubén también rió como si hubiese querido escuchar esas palabras desde que comenzó la conversación, y aunque sabía que se trataba de un intento de su amigo de hacerlo feliz, le hacía sentir bien. Esa noche, se salieron de la llamada de Discord en la madrugada, pero su conversación continuó por WhatsApp entre imágenes graciosas, y audios de bromas hasta quedarse dormidos.
A la mañana siguiente, Rubén despertó más animado, su semblante era diferente, tanto así que organizó su habitación, cosa que era inusual, la casa se sentía un poco sola, y aunque tenía la compañía de sus gatos, la voz de Irina se había desvanecido con el viento. Al revisar su móvil, no había señales de ella, era evidente, ese día se fue decidida a no volver.
La nostalgia dentro del momento le hizo querer revisar la conversación otra vez, una mala costumbre que solo le hacía daño, pero al abrir la aplicación se percató de que tenía un mensaje de Mangel.
-Hoy no tengo nada planeado, si tú tampoco, podemos desactivar una bomba.
La sonrisa tras el móvil de Rubén lo dijo todo, pidió comida a domicilio, y se conectó al Discord, y así como ese día pasaron muchos donde solo eran él y Mangel, era como volver a aquellos años donde solo eran unos adolescentes que querían jugar videojuegos y reírse de estupideces.
Podría decirse que con el pasar de los días se había vuelto una rutina, le daba comida a Wilson y a Raspy, intentaba comer aunque pocas veces sentía hambre, tomaba agua (porque Mangel le preguntaba al inicio de cada llamada) y de ahí podría decir que hacía más cosas, pero verdaderamente solo veía el día pasar ansioso de que llegara el momento de entrar a la llamada y escuchar la voz de su amigo.
La alarma de su celular lo sacó de su ensueño, ansioso presiono el botón de llamar, uno, dos, tres segundos y nada. Extrañado confirmo la hora y miro su celular, ningún mensaje, hasta el momento Mangel había sido más que puntual con sus encuentros y si algo pasaba se aseguraba de avisarle con tiempo, sintió un peso en su pecho, era probable que tuviera una buena razón para faltar a su compromiso, aun así el pensamiento no ayudó a que sé sintiera mejor, hablar con Mangel era honestamente el mejor momento en su día, no solo porque lo ayudaba a no pensar en la soledad de su casa y vida, sino también porque lo hacía sentir que todo estaría bien al final, su voz, su acento, sus bromas estúpidas, todo plasmaba una sonrisa en su rostro.
Cabizbajo apago la computadora listo para acostarse, su cuerpo repentinamente se sentía muy cansado, perezoso salió del cuarto dispuesto a ir a la habitación cuando escuchó el timbre de la casa, obstinado suspiro, era el peor momento para interactuar con un completo desconocido, no era usual que alguien se apareciera por allí, y cuando eso pasaba solía ser algún domiciliario perdido o un paquete sorpresa de las marcas con las que trabaja.
Su cansancio hizo tentador ignorar el llamado, pero el sonido insistente del timbre volvió a resonar.
-Ya voy, ya voy - su voz sonó más gruñona de lo que pretendía, pero no podía controlarlo.
Molesto agarro las llaves y abrió la puerta, sus ojos posándose en la persona al otro lado, las palabras atorándose en su garganta, ahí frente a él estaba Mangel, una pequeña sonrisa en su rostro, una maleta colgando despreocupadamente en su hombro, y un saco de lana que le hizo pensar a Rubius que se veía ridículo, pero a la vez su cuerpo picaba con la necesidad de abrazarlo.
-El Monopoly online no eh igual que el físico tío, así que preferih venir - Dijo el andaluz con voz calmada.
Una pequeña risa escapó de Rubén mientras negaba.
-Eres tontísimo tío.
Susurro antes de rodear a su amigo en un abrazo. Mangel ya estaba acostumbrado al contacto físico por parte de Rubén, era su manera de demostrar cariño y si era completamente sincero extrañaba esto, extrañaba lo protegido que se podía sentir en sus brazos y ese olor ligero a vainilla, aunque también había un sudor notorio.
-Sé que estás triste y todo Rubiuh, pero un baño no te matara - Mangel le dijo riéndose, sintiendo como Rubius se apartaba suavemente rascándose el pelo
-Perdón, no he estado en mi mejor estado últimamente, pero tú tampoco hueles a rosas.
-¿Que diceh? Yo huelo a flores.
Riendo los dos entraron a la casa, la mirada de Mangel paso disimuladamente por las superficies, el estado de su amigo le preocupaba y aunque las llamadas diarias parecían haberle ayudado a mejorar su humor había que ser tonto para ignorar que estaba lejos de estar bien, y su mente no podía soportar la idea de que su amigo estuviera sufriendo, y tal vez había sido apresurado, e incluso más costoso de lo que pensaba, pero Mangel sentía que debía estar a su lado, su cuerpo como un imán pidiéndole que estuviera al lado de Rubius.
Se calmó un poco cuando vio que la casa no estaba tan desastrosa, es verdad que todo parecía permanecer apagado y poco usado, de seguro Rubius procuraba estar entre su cuarto y la computadora, pero al menos no había botellas alrededor y los gatos que habían salido curiosos a olerlo parecían estar saludables.
-Eh, tiempo sin verte Raspy - Mangel se agachó estirando su mano hacia la gata negra que felizmente se restregó hacia él ronroneando.
-No entiendo por qué contigo no es el mismísimo demonio tío - dijo Rubén entretenido.
-Tal veh porque no huelo a basura - respondió Mangel con una sonrisa pícara mirando al pelicastaño.
Rubén sintió su rostro calentarse un poco, un poco de vergüenza se alojó en su estómago, había pasado mucho tiempo desde que había visto a Mangel y lo último que quería es que su amigo pensara poco de él.
-Ya, ya entendí, mañana me baño primera hora
-¿Mañana? tú te vas a la ducha ahora mismo - Mangel lo miro decidido.
-¿Qué? - Rubius confundido miró a su amigo que había dado unos pasos hacia el decidido.
-Lo que escuchas, primero te bañas y de ahí a dormir.
Rubén estaba a punto de reprochar, pero pudo notar en los ojos de su amigo esa ligera preocupación, derrotado suspiro, lo último que quería era ser un peso para Mangel, pero también estaba tan cansado, solo quería por un momento que alguien lo cuidara.
-Está bien, está bien.
Su cuerpo estaba más relajado después de la ducha, no se lo admitiría a Mangel, pero le había servido para despejar su mente. Se colocó los pantalones de pijama y una camisa grande vieja que tenía, era su favorita para dormir, había aparecido hace muchos años entre su ropa y no podía recordar de dónde había venido, pero sin saber por qué la había cuidado a lo largo de los años y siempre dormía mejor cuando la tenía.
-¿Mangel? - curioso lo llamo entrando a su cuarto donde vio a su amigo también en pantalón de pijama y una camisa viendo el celular.
-¿Ya no hueles a mierda? - dijo risueño antes de subir la mirada y ver a Rubén sorprendido
-¿Qué? - preguntó el noruego curioso.
-Llevo años preguntándome a donde había ido esa camisa - hablo Mangel, su mirada indescifrable.
-¿De qué hablas? ¿Es tuya? Apareció entre mi ropa hace años y no sé, no me he separado de ella - dijo distraído, sus dedos rozando suavemente el borde de la camisa
-Sí, la compré en un viaje a Los Ángeles, cuando aún vivíamos juntos, pero cuando volví paso lo de la mudanza y entre tanto movimiento la acabé perdiendo o eso creí.
La voz de Mangel era suave, cargada de un peso distante que Rubius no podía reconocer de dónde venía, en general el tema de la mudanza era algo delicado de lo que casi no hablaban, incómodo se rascó la nuca desviando la mirada.
-Ya veo, creo que ya es muy tarde para devolvértela, ¿cierto? - dijo en broma, aunque su voz sonaba apagada.
-Jajajajaja ni lo pienses, ahora me debeh una camisa.
-¡Eh! ¡Eso no es justo!
Los dos rieron, el ambiente en la habitación era menos pesado ahora, Rubén suspiro viendo a su amigo, feliz de tenerlo cerca nuevamente.
-Bueno, es hora de ir a dormir, ¿la habitación de invitados sigue siendo la misma cierto?- preguntó Mangel levantándose y caminando hacia la puerta pasando a un lado de Rubén que asintió distraído volteando a ver a su amigo irse, otra vez ese peso en el pecho se instaló en él y se removió incómodo.
-¿Mangel? - su voz salió dudosa, y sintió su corazón acelerarse cuando su amigo volteo.
-¿Sí?
-Eh… nada tío, gracias por venir.. y… que pases buena noche, - respondió mirando al suelo.
Sorprendentemente, no le fue difícil dormir, las noches eran la peor parte de toda esta pesadilla, normalmente se encontraba dando vueltas, pero al parecer la presencia de Mangel en la casa hacía que se sintiera más cómodo.
El siguiente día lo pasaron entre intentos de cocinar con Mangel, bromas estúpidas y películas de terror que lo hacían gritar, pero que valían la pena al sentir a Mangel reírse a su lado.
De alguna manera Mangel lo había convencido de que sería saludable salir a caminar y perezosamente se puso los zapatos, la sensación rara después de tanto tiempo de estar en casa encerrado, siguiendo a Mangel caminaron por un sendero hacia la montaña, el aire fresco chocando contra su cara se sintió bien, y un pequeño suspiro escapó de sus labios, por un breve momento su existencia no se sintió tan dolorosa e inspiró profundo.
-Vamoh a sentarnos ahí - hablo Mangel después de un rato de estar caminando mientras señalaba un pequeño montículo de rocas con vista a las imponentes montañas.
-Gracias por venir tío - dijo Rubius agradecido una vez sentados, sabía que ya lo había dicho, pero una vez no parecía suficiente, su mirada fija en el horizonte - sé que tienes tus propias preocupaciones y que aún así hayas venido a verme, no sé, hace todo un poco mejor.
Tomo un poco de aire, el silencio de Mangel a su lado lo hizo sentirse un poco nervioso, Mangel era una persona importante para él, tenerlo cerca lo hacía feliz, pero también sabía lo difícil que era ser observado por millones y su amigo siempre procuraba alejarse de esto, un poco triste continuo.
-En fin, solo quería dejar claro que te estoy muy agradecido, y también pedirte disculpas, sé que mucha gente habla sobre nuestra amistad, y estar cerca de mí solo hace que la conversación empeore y lo último que quiero es volver a ponerte en esa situación.
- Me la suda lo que pienses los demás, tú eres mi mejor amigo y siempre voy a estar para ti.
La seguridad en la voz de Mangel hizo que sonriera, siempre tan sencillo, tan directo, feliz, vio hacia la distancia murmurando un pequeño gracias, una parte de él queriendo quedarse así para siempre.
-Oye Rubiuh - su voz casi un murmullo a su lado - ¿Has pensado qué harás para Navidad?
La pregunta lo tomó por sorpresa, la idea de Navidad no había pasado por su mente, sabía que este año no podría ir a Noruega, su familia había decidido tomar un crucero por las fiestas y él lo había negado porque Irina se mareaba mucho, sintió una pequeña presión en el pecho.
-Ni idea tío, podría decirse que ahora estoy improvisando sobre la marcha, ¿y tú? - decidió desviar la atención hacia su amigo, volteando a verlo.
La mirada de Mangel era distante, fija hacia el frente mientras pequeños mechones de pelo se movían contra su rostro por la suave brisa, Rubius detalló curioso como los años habían pasado y sonrió distraído al notar esos rasgos de Mangel que le recordaba a esa inocente versión de hace tantos años.
-Pensé que lo pasaría con mi familia en el pueblo, pero mi abuela está enferma y no es recomendable que esté alrededor de mucha gente, así que no sé, ¿tal vez Madrid?
Rubén asintió en entendimiento volviendo su mirada al frente, recordaba aquellas Navidades en Madrid donde las calles se llenaban de color y sonidos, Andorra no era nada parecido, era verdad que las vistas eran hermosas y el ambiente navideño se notaba en cada esquina, pero todo era muy tranquilo, el murmullo de la gente nada parecido con el bullicio en el que solía moverse con sus amigos cuando todo era más sencillo, cuando Mangel y él corrían para buscar los regalos a último momento, e iban de fiesta con Maximus y Alex, dentro de él una necesidad creció, un deseo de volver a sentirse así.
-Tío… ¿Aún recuerdas cuando vivimos juntos? - Dijo Mangel interrumpiendo sus pensamientos.
-Pues claro tío, ¿Cómo coño me voy a olvidar de eso?
-¿Aún existiría? - pregunto Mangel curioso.
-¿El qué? - Rubén volteo confundido.
-¡Pueh lah casa tío!
Rubén se quedó pensando por un momento, cogió su celular y comenzó a buscar un Airbnb por esa zona, sabía que la mayoría de esos edificios habían sido reformados para esto y si su instinto no le fallaba, podría encontrarla. Había varias opciones, aunque la mayoría ya ocupadas por la temporada de Navidad. Mangel lo miraba de reojo, como buscando entender qué hacía, pero Rubén no hablaba, simplemente scrolleaba hasta que dio con el sitio.
- ¡LO HE PILLADO! - Grito sobresaltado haciendo que Mangel pegara un brinco.
-¿QUÉ PASA? - pregunto exaltado
- ¡LA CASA, LA CASA!
Mangel observó la pantalla de Rubén y abrió los ojos como plato cuando leyó
Este piso antiguo ofrece la mejor mezcla de comodidad y conveniencia…
-¿Es….?
- ¡NUESTRO PRIMER PISO! - Ambos gritaron mientras saltaban como niños, como si al unísono recordarán el primer día que estuvieron viviendo ahí, como si sus pensamientos se sincronizaran. Rubén miró con suspicacia a Mangel riendo como tramaran algo.
-Conozco esa risa- Mangel lo señalaba y se reía- ¿En qué estáh pensando?
-En que ya sé donde vamos a pasar la Navidad tío- Se detuvo un momento a colocar sus datos para hacer la reserva. La sonrisa de Rubén iluminó el lugar.
Él solía tomar las decisiones de esa manera, sin tantos rodeos, Mangel solo lo miraba fijamente, al final de cuentas él tampoco tenía planes y ambos tenían tiempo sin estar juntos, sí, definitivamente esto era lo que necesitaban.
- Que cojones, pues vamoh.
Mangel terminó la frase y Rubén ya había terminado de hacer la reserva a través de su móvil, felices se levantaron listos para emprender el regreso a la casa, bajando apresurados entre bromas y cuentos de esas épocas.
-No me lo puedo creer tío, vamos a ir al piso de Madrid. Empaca tus cosas gilipollas que nos vamos. - Dijo Rubius emocionado al entrar sentándose en el sofá.
-Que si hombre, que ya lo he escuchao joder. - Rio Mangel quién se sentó seguido de él.
Esa tarde parecía un sueño, de alguna forma Rubén se sentía mejor, no sabía si era por el exceso de emociones conjuntas o por la nostalgia de los viejos tiempos. Sea como sea, sabía que su vida había cambiado desde que Irina se fue, y el hecho de que volviera Mangel a la escena de una forma constante, era una señal de algo.
Al fin y al cabo, siempre habían sido ellos.
Ambos conversaron durante horas, haciendo planes, hablando y divagando hasta que se hizo de noche y Mangel se dirigió hacia su habitación, tenía algunos pendientes por hacer y organizar cosas antes de irse al otro día. Por su lado, Rubén perezosamente se dirigió a su habitación para empacar sus cosas con una sonrisa en su rostro.
Sabía el tamaño y capacidad del lugar a donde iban y aun así estaba pensando, ¿y si llevo mi estudio conmigo? Incluso pensó muy seriamente hacer uno provisional mientras estaba fuera de casa, ya que si bien la pasaría con su amigo, también tenía una comunidad, la cual deseaba como cada Navidad compartir y hacer sorteos.
Sacó su móvil, la pantalla brillante mostrando la reservación la cual le había enviado a Mangel, en ese momento Rubén sonrió, sabía que debía priorizar su salud mental sobre todo y negando con la cabeza abandonó la idea, solo esperaba que su comunidad entendiera.
Distraído comenzó a releer las conversaciones con Mangel, se dio cuenta de que últimamente se habían vuelto muy cercanos nuevamente.
-¿Qué me pasa tío? - Dijo para sí mismo, soltando el móvil hacia un lado, enfocándose en empacar. Esa noche no durmió, no sabía si era por la ansiedad, los nervios o algo en particular. ¿Había empacado todo? Por primera vez en mucho tiempo, le preocupaba que todo saliera bien, la idea de no stremear en Navidad le daba un poco de nostalgia , pero las cosas desde hace tiempo no habían salido como quería.
Sin darse cuenta, la noche se había deslizado entre sus dedos y su mente volvió a la realidad al escuchar la puerta de Mangel abriéndose a lo lejos, preocupado, observó el reloj que marcaban las 5:00 a.m, soltó un bufido negando. Escuchó los pasos acercándose a su puerta, seguido de un suave golpeteo que lo hizo sacar de sus pensamientos.
-Buenos días tío, ¿cómo has dormido?- Preguntó el pelinegro abriendo la puerta.
-No he pegado el ojo en toda la noche. - Respondió Rubén, Levantándose de la cama, había dormido en ropa cómoda para el viaje.
-Joder… ¿Al menos ya estás listo?-
-Déjame hacer una llamada y nos vamos.
Rubén tomó el móvil y llamó para avisar que estaría fuera de casa por unos días, explicando que necesitaba qué pasara por la casa para cuidar a Wilson y Raspy. Del otro lado de la línea, ella respondió con la misma amabilidad de siempre, asegurándose que ya iba en camino.
Era la niñera que solía cuidar de ellos cada vez que Rubén viajaba. Él se encargaba de dejar todo listo, la comida, dinero, juguetes y, por supuesto, algunas camisetas suyas con su olor. Sentía que así no lo extrañaría tanto… o al menos quería creer que eso funcionaba.
Al colgar el móvil, tomó sus cosas y partió hacia el aeropuerto junto con Mangel.
Rubén vestía con una gorra, un pantalón ancho y una camisa holgada que hacía juego con sus zapatos blancos, quería sentirse bien, pese al trasnocho, por lo que pasó por la tienda de conveniencia y compró una Monster antes de tomar un taxi. Creía que los 12km se le harían eternos, a pesar de que el tráfico estaba suave esa madrugada, pero en un abrir y cerrar de ojos, ya estaban frente al aeropuerto.
Después de confirmar en la gran pantalla el vuelo, los dos se dirigieron a la sala de espera, Rubius se sentó en una de las sillas del pasillo, había bastante gente, llamadas de vuelos y extranjeros entrando y saliendo. Esos trámites le parecían aburridos, por lo que sacó su Nintendo Switch, y se colocó a jugar mientras Mangel iba por una bebida.
Rubén se concentró durante un rato en su juego, tanto así que había perdido la noción del tiempo, hasta que unas manos juguetonas lo interrumpieron haciendo que dejase de mirar la pantalla durante un momento.
-¿Qué pasa tío?- Volteo a ver a Rubén sorprendido.
-Pasa que nos vamos a Madrid. - Mangel saco una pequeña cámara donde estaba documentaba los momentos , Rubén lo pillo y saludo a la cámara haciendo el tonto, Mangel rio y lo imito. Era como si ambos pensaran exactamente lo mismo.
El reloj marcó las 7:00 a.m y el llamado de una mujer por micrófono los colocó en alerta.
“Pasajeros de Iberia Airlines del vuelo H0078 favor de pasar por la puerta número 3”
“Pasajeros de Iberia Airlines del vuelo H0078 favor de pasar por la puerta número 3”
Ambos se levantaron, y se dirigieron como niños corriendo hacia la puerta de embarque, donde mostraron sus documentos.
...
El vuelo fue tranquilo, Mangel se había quedado dormido como de costumbre, mientras que de reojo Rubén veía como su cabello caían en su rostro, las líneas de expresión del pelinegro lo hicieron darse cuenta de cuántos años habían pasado y cuanto tiempo lo conocía, tiempo irónico que los hacía volver aquí, a un vuelo hacia Madrid con su amigo. La voz de la azafata lo sacó de sus pensamientos e hicieron que Mangel se despertara de repente.
Rubén desvió la mirada nuevamente hacia su consola, Mangel volteo soñoliento preguntando si ya iban a aterrizar. Rubén asintió mientras el pelinegro se ajustaba sus lentes que se habían desviado por la siesta, se lamió sus labios secos y enderezó su espalda. Rubén miró detalladamente cada uno de sus movimientos, de alguna manera el que había quedado en su mente fue el instante en que mojó sus labios con su lengua, ¿en qué estaba pensando? Sacudió su cabeza y se dispuso a guardar sus cosas.
El avión aterrizó con normalidad y poco a poco se fue desocupando hasta que fue su turno, se dirigieron hacia la salida, Mangel sacó la cámara y comenzó a grabar torpemente cada momento, uno que otro fan lo reconoció, pidió fotos y en poco tiempo, una pila de personas comenzaron a perseguirlos. En otra ocasión, Rubius no se hubiese negado, pero por alguna razón, tenía prisa en ese momento, lanzo unas cuantas sonrisas, saludos, fotos y subió a un coche que los estaba esperando a él y a su compañero, habían pedido uno de esos coches de alquiler al cual podían acceder con la reserva del alojamiento, y demostraba haber sido una buena elección.
-¿Qué es lo primero que harás cuando llegues? - Pregunto Mangel quién lo estaba grabando con la cámara.
-No lo sé tío, creo que cagar - Rió.
-No seas gilipollas, que esto va para internet.
-Hola criaturitas del señor- Dijo Rubén mientras hacía caras como de costumbre. Ambos se grabaron frente a la cámara, Mangel lo toqueteaba hasta el punto de hacerle cosquillas y Rubén solo reía, parecía como el clásico vlog del 2013, cuando ni siquiera tenían idea de lo que les esperaba.
El tráfico en Madrid como de costumbre estaba colapsado y cansados del ajetreo del día los dos estaban en silencio mirando por la ventana, el aire lleno de expectativa alrededor y ninguno de los dos se atrevía a decir algo al respecto.
Rubén podía sentir que su corazón se acelera por momentos, cuando el carro avanzaba demasiado o una calle le traía un recuerdo de años atrás. No sabía porque se sentía tan inquieto, al final solo eran un viejo apartamento, pero en el fondo sabía que no era así, que esto era más que solo visitar el primer piso que sintió propiamente suyo, también era rememorar todas las risas, peleas, lágrimas, eran tan jóvenes en ese momento, creían que podrían comerse el mundo sin consecuencias, pero tarde o temprano todo llega a su fin y a veces nada es lo que parece, suspirando se removió incómodo en su puesto intentando alejar los pensamientos.
-Aquí os dejo caballeros.
La voz del conductor llamó su atención, impresionado al darse cuenta de que habían llegado mientras él había estado divagando, agradecidos bajaron del coche maletas en mano caminando nerviosos hacia la entrada, el edificio seguía manteniendo un poco el olor de ese entonces, y los dos se sonrieron nerviosos antes de entrar al elevador y seleccionar su piso.
-Lo han reformado un poco pero esteh ascensor sigue siendo una mierda - dijo Mangel viendo a su alrededor.
Rubius no pudo evitar reír sintiéndose más tranquilo.
-Si tio, uno pensaría que le meterían algo de pasta, espero no morir en esta obra del prehistórico.
El sonido del elevador abriéndose interrumpió sus risas, a pasos torpes salieron del pequeño ascensor y caminaron por el vestíbulo hasta llegar a la puerta, la verdad parecía ser la misma vieja madera, lo único que habían renovado evidentemente era la cerradura, la cual era un modelo mucho más actual que permitía desbloquear con un código que les había dado el arrendador.
Mangel confirmó el código antes de marcarlo y el pitido de confirmación resonó en el pasillo al momento en que este giraba la manija y entraba seguido por el pelicastaño.
Al entrar Mangel estiró la mano para encender la luz y ambos sonrieron al ver que seguía en el mismo lugar, la memoria muscular volviendo a ellos, como si sus cuerpos nunca se hubieran ido, habían pasado tantos años, miraron alrededor curiosos sorprendidos de que aunque las paredes, decoración y alrededores cambiaron un montón, se sentía un poco la esencia del lugar. Sus paredes blancas y marcos de madera, hicieron que un poco de nostalgia se instalará en los dos.
Rubén volteó a ver a Mangel y no pudo evitar sonreír al ver la emoción en los ojos de su amigo, era un poco adorable la verdad, como sus ojos parecían brillar y esa sonrisa no salía de su rostro; cuando el andaluz giró su cabeza para mirarlo sintió su rostro calentarse, esperaba que Mangel no tomara mucho en cuenta la cara de apanado que debía traer mientras lo miraba.
-¡Esto eh increíble tio!, es como si hubiéramos viajado al pasado, pero ahora el apartamentoh tiene muebles bonitos.
-¡Oye! ¡Nuestro sofá era bonito! - respondió el castaño en broma empujando a Mangel.
-Si,si y las paredes llenas de afiches, los propios virgenes.
Curiosos se movieron por todo el lugar recordando lo desastrosa que solían tener la cocina, las eternas horas que pasaron en la sala jugando a la consola, el baño donde le habían lanzado agua helada a Mangel mientras se bañaba y sus habitaciones, ambas ahora reformadas con una capa de pintura nueva, una cama individual en cada una y un pequeño escritorio, la verdad parecía una habitación cualquiera, pero aún podían rememorar aquellos detalles, como si el fantasma de ese recuerdo siguiera ahí, un espejismo de lo que fue.
-Buenoh voy a dejar la maleta en mi cuarto - Dijo Mangel avanzando hacia la habitación y cerrando la puerta.
Rubius asintió despreocupado caminando hacia el que había sólido ser su habitación, curioso dejó su bolso sobre el escritorio y la maleta a un lado mirando las paredes detalladamente, se notaba que habían sido pintadas varias veces y una pequeña risa escapó de sus labios al ver que esa mancha rara de humedad que en su momento miro tantas veces seguía sutilmente ahí escondida bajo la nueva capa de pintura.
Cansado se sentó en la cama estirando el cuello hacia los lados, apenas iba a ser la una de la tarde y su mente empezó a divagar sobre sus responsabilidades, normalmente habría avisado por twitter porque no estaba stremeando o incluso una disculpa para que sus seguidores no se preocuparan, las repercusiones de sus acciones empezaron a comerle la cabeza tanto que pegó un brinco al escuchar la voz de Mangel.
-¿No te parece rara estah situación? - Pregunto Mangel.
-Lo raro va a ser no stremear durante toda una semana tío.- Suspiro Rubén, su mente divagando todavía.
-¿Queh? - Mangel lo miro confundido
-Lo siento tío, es solo que se siente raro, estaba tan acostumbrado a esta “rutina” - dijo moviendo sus dedos - y ahora es como que no sé qué hacer, ¿debería explicar todo en un mensaje? ¿Un video? ¿Aparezco como si nada y sin dar explicaciones? Siento este peso sobre mí y he intentado no ver que está diciendo la gente porque sé que no me ayudara, pero puedo imaginar lo que está pasando.
Su voz se apagó a medida que volvía la mirada hacia el suelo, sintió la cama hundirse un poco a su lado antes de que una suave palma se posara en su espalda, resignado soltó un suspiro sintiendo el calor de la palma de Mangel sobre la tela.
-Rubiuh… todo está bien, le diremos que te habían secuestraoh.
Rodando los ojos Rubius empujo un poco a su amigo volteando a verlo
-ja, ja muy gracioso.
-Vamoh no te me hundas, te mereces un respiro y se queh lo entenderán.
-Tienes razón, igual quería tomarme un tiempo. Aunque si voy a extrañar prender stream, pero sí creo que me vendrá bien el descanso - Respondió resignado.
-Vamoh colega, unos días, nos recuperamos y como nuevo, ¿va?
-Va.
Respondió Rubius sintiéndose un poco mejor, golpeando suavemente el costado de su cabeza con la del andaluz suspirando, recibiendo otro golpecito como respuesta.
-Buenoh, no sé tú, pero yo estoy que me desmayo tío, creo que voy a hacer la morsa un rato, ¿después comemos vale?
Dijo Mangel levantándose de la cama haciendo que Rubius notara lo fría que se sentía la habitación sin su amigo a su lado.
-Claro, si, eh creo que intentaré dormir un poco también.
-Así se habla tesoro. - respondió Mangel distraído, inmediatamente su rostro se tornó a un tono carmesí.
-¿Cómo? - El apodo hizo que el estómago de Rubius se sintiera curioso, era verdad que Mangel y él no eran ajenos al afecto físico, pero, ¿palabras? Eso era nuevo y por más raro que fuera se había sentido bien.
-¡Teodoro! Quise decir Teodoro, eh era un tío mío, creo que lo voy a llamar, tengo tiempo sin saber de él.
Respondió el andaluz torpemente antes de salir del cuarto, encerrándose en el suyo. Rubius se quedó mirando hacia la puerta aún abierta antes de pararse perezosamente a cerrarla, la excusa de Mangel no le había convencido, pero tampoco entendía por qué se había puesto tan nervioso y sin saber por qué se sintió un poco decepcionado.
El cansancio del día hizo que durmieran por horas antes de que el hambre los levantara, alrededor de las 8 de la noche, discutieron en la sala sobre la cena y después de mucho debate decidieron pedir unas pizzas al Dominos y Mangel no perdió la oportunidad para recordarle ese video que había hecho hace tantos años riendo al recordar cómo había actuado su amigo frente a todos esos confundidos clientes.
-Mañana podemos comprar las decoraciones - dijo emocionado Rubén masticando un pedazo de pizza.
-¿Decoracioneh? - Mangel lo miro confundido.
-Claro tío, estamos en Navidad, hay que decorar - respondió entusiasmado, nunca había sido muy fan de las fiestas, pero sonaba como una buena distracción.
-Vale, vale, no es tan mala idea, pero ¿cómo vamoh a salir sin ser desmembrados?
-Fácil, primero nadie sabe que estoy en Madrid, podemos ir por la zona de Moratalaz, ahí no vive tanto joven y bueno, nada que un buen tapabocas y una gorra no pueda hacer.
Mangel lo miro un poco desconfiado del plan, pero sabía que su amigo necesitaba esto así que resignado asintió, y así emocionados siguieron hablando sobre las cosas que comprarían y cómo podrían decorar la casa hasta que cada uno tomó rumbo a su habitación preparados para las aventuras que les deparaban.
...
-Rapidoh ponte un abrigo, tenemoh una misión.
Riendo, Rubén se apresuró a agarrar su abrigo negro antes de salir detrás de Mangel emocionado por hacer las compras del día.
Se habían levantado temprano contra todo pronóstico y comieron apresuradamente unos pedazos de pizza fríos antes de vestirse, procurando verse lo menos llamativo posible antes de salir a la calle.
Las calles de Madrid estaban menos movidas de lo que esperaban, lo cual les dio un poco de alivio, rápidamente tomaron un Taxi indicando la dirección, viendo las calles pasar.
Al llegar pudieron notar pequeños grupos de gente corriendo con las compras de último momento, por suerte como Rubius había esperado la mayoría eran adultos que no reparaban en ellos, enfocados en sus mandados, felices se empezaron a desplazar por el bulevar buscando luces, decoraciones y hasta un gran árbol.
-Hola guapo, soy el mismísimo papa noel ¿te quieres sentar en mis piernas y pedir un regalo?- decía Rubén seductor poniéndose una barba de Santa Claus de una de las tiendas moviendo las cejas hacia Mangel.
Mangel divertido rodó los ojos estirando su brazo hacia un gorro de elfo de la estantería.
-Papa noel no debería intentar ligarse a su fiel ayudanteh - sonrió mirando al peli castaño que se reía rodeando su estómago con sus brazos.
Poco a poco fueron llenando sus manos con bolsas y sin darse cuenta el día se había oscurecido y ellos estaban sentados uno al lado del otro en una banca, bolsas de decoraciones a su lado e incluso una caja con un árbol desarmado.
-Buah, qué cansancio tío, ya quiero llegar y no hacer nada.
-¿Ya no quiereh decorar? - Mangel le dio un empujoncito y Rubén lo miró con un puchero.
-Claro que sí, pero creo que es demasiado por hoy, mañana será otro día, ¿vale? - respondió emocionado, volteando a ver con una pequeña sonrisa a su amigo, feliz de que mañana despertaría y él estaría ahí.
-Vale, vale, no me seas llorón - respondió Mangel negando con la cabeza antes de voltear hacia la calle principal, un taxi acercándose a la distancia - será mejor aprovechar entonces.
Dijo el andaluz rápido antes de levantarse y estirar el brazo agarrando la muñeca de Rubius halando suavemente, el pelicastaño bajo su mirada brevemente a donde sus pieles se estaban tocando, otra vez esa sensación en su estómago que desconocía lo inundó, sentía por partes iguales la necesidad de alejarse y de derretirse en el tacto y eso solo lo confundía más.
Cuando la mano de Mangel abandonó su piel para abrir la puerta del coche y entrar se sintió un poco desorientado y como pudo lo siguió acomodando las bolsas en el reducido espacio que le permitían sus piernas.
Entraron torpemente a la casa cargando las bolsas y arrastrando la caja del árbol.
-¿Dónde ponemos estoh tio? ni de coña se quedah en la sala.
-¿No teníamos un armario? - mencionó Rubén distraído cerrando la puerta.
-Cierto, se me había olvidadoh, espero que aún esté ahí - respondió su amigo caminando hacia la sala buscando la puerta que quedaba a un lado que servía de depósito, por suerte aún seguía ahí, se veía más abandonado que el resto de la casa, se notaba que no había sido usando con regularidad y con dificultad abrió la puerta llamando a Rubius.
-Voy, voy - torpemente Rubius avanzó cargando las bolsas hasta estar a un lado de Mangel que se había quedado de pie delante de la puerta mirando el interior - ¿Qué pasa? - preguntó curioso el noruego acercándose para poder ver.
Silencio, una tensión en el ambiente que había cambiado tan rápidamente; los dos miraban a la pequeña habitación como si allí albergará un monstruo, pero la realidad era peor, o así lo sentían, porque la vida tiene una manera de recordarte tu pasado, y eso es lo que había allí, un pasado casi olvidado representado en sutiles marcas en la pared formando una frase.
Rubius boqueo intentando decir algo, pero antes de que pudiera lograrlo, Mangel había metido apresuradamente las bolsas que cargaba y había susurrado un “voy a dormir” alejándose.
El sonido de la puerta cerrándose con fuerza hizo que Rubén se encogiera en sus hombros, sus ojos ahora fijos en el piso incapaz de ver dentro del closet, no es como si no supiera que estaba escrito en la pared, ellos lo habían hecho, con un cuchillo de cocina muy barato que habían comprado, unas cervezas encima y un disco de Linkin Park de fondo, la sola memoria lo hizo estremecer y al igual que Mangel apresuradamente lanzó todo dentro del armario antes de cerrar la puerta suspirando.
Los ojos de Mangel ardían, no había sido su mejor noche la verdad, se había encerrado como un cobarde, pero tampoco tenía la energía de volver a pasar por la misma situación de tantos años atrás, no cuando sentía que todas las heridas habían sanado, que todas esas memorias habían sido enterradas y flores había crecido sobre ellas ocultándolas de su vista.
Pero la realidad siempre es otra, su realidad ahora era una mezcla de sentimientos que lo hacían sentir mareado, la rabia, el dolor, el miedo, la angustia, la curiosidad, la ilusión, todo era demasiado, y cuando intentaba cerrar los ojos solo podía revivir los recuerdos de ese día, podía ver la risa que tenía Rubius viéndolo con picardía a medida que tallaba la pared riendo como un niño pequeño mientras le susurraba chistes tontos y palabras dulces.
Un nudo se formó en su garganta, sacudió la cabeza intentando alejar las imágenes, eso había pasado hace muchos años, cuando todavía eran jóvenes e inocentes, pero aun así no podía evitar sentir molestia, sí, eran jóvenes, pero él se sentía seguro, seguro de lo que quería, pero en un abrir de ojos lo había perdido todo, se había esfumado con el viento y él había jurado dejarlo todo atrás.
Cansado se levantó de la cama, no tenía sentido seguir encerrado, tarde o temprano tendría que salir y enfrentar a su amigo.
Rubén yacía mirando al techo perdido, no recordaba muy bien cómo había llegado a la cama, lo último que recuerda es cerrar la puerta de ese armario, ese armario que había destrozado en un momento su realidad y traído al presente preguntas que había guardado en lo más profundo de su mente.
La imagen de Mangel con su cabello alborotado mientras corrían por las calles protegidos por la noche antes de entrar entre tropiezos y toques, como su amigo había peleado con la puerta para abrir el armario a pesar de que fingía que era una mala idea porque perderían su depósito, todo era tan vivido a pesar del tiempo.
Suspirando se restregó los ojos con las palmas de sus manos, todas las sensaciones de los últimos días se mezclaron y lo confundieron. Él sabía que si destapaba la montaña de mierda no iba a salir bien de esta, al final gran parte de todo había sido su culpa.
Miró entre sus dedos a la puerta que estática parecía retarlo, nunca le había podido explicar a Mangel lo que sentía y cuando por fin junto la valentía para hacerlo ya era demasiado tarde, su amigo se había ido del piso sin mucho aviso y le había un mandado un mensaje de que olvidaran todo, y así procuro hacerlo, creyendo que podía vivir así.
Tímidamente salió de la habitación, el sonido de movimiento en la cocina lo hizo dudar un poco, pero armándose de valor se dirigió para allá intentando hacer el menor ruido posible, se asomó con cuidado divisando la espalda de Mangel que estaba mirando la sartén un poco confundido. En ese momento Rubius cayó en cuenta que habían pasado muchos años desde la última vez que veía a Mangel así, y de repente una ola de nostalgia lo invadió, porque la verdad es que lo había extrañado, extrañaba lo cómodo que se sentía tenerlo cerca.
Estaba tan distraído mirando a su amigo que la voz de mangel lo hizo sobresaltar.
-¿Vah a seguir mirando o me vas a ayudar? - su voz sonaba un poco hueca.
-Ayer, cuando dijiste que compráramos comida la verdad pensé que íbamos a dejarla pudrir - respondió honestamente, acercándose, pero aun manteniendo cierta distancia entre los dos.
-No me sorprendeh, ¿ereh un vago de nacimiento, no? Anda pásame unos platos, por suerte aquí tienen lo básico.
Rubén respondió con un murmullo estirando el brazo para abrir el cajón que estaba encima de Mangel acercándose más a este inconscientemente sin darse cuenta de cómo se tensaba, con cuidado agarró dos platos blancos bajando lentamente el brazo para ponerlos en el mesón dando un paso hacia atrás permitiendo que el andaluz sirviera la comida en cada uno agregando unas rodajas de pan en cada plato.
-Ahi estah, un desayuno saludable - Dijo Mangel que aún evitaba mirar a Rubén a los ojos.
Los dos se sentaron en el sofá en silencio, el televisor de fondo con alguna serie a la que no le estaban prestando mucha atención, los ojos de Rubén se seguían dirigiendo hacia la puerta del armario que parecía burlarse de él. Su pierna temblaba inconscientemente y la sensación de que Mangel estaba alejándose una vez más aunque estuviera al lado suyo, solo aumentaba su ansiedad.
Su vida se había desmoronado más veces de lo que le gustaría admitir, la mayoría de veces producto de su propia inocencia y miedos, miles de posibilidades que perdió, sinceramente había aprendido a vivir con la mayoría de ellas, aceptarlas por lo que eran, pero había uno, un error que volvía cada cierto tiempo, como una piedra en su zapato.
Honestamente, estaba cansado, cansado de correr, de evitar esta sensación y con determinación dejo el plato a un lado, sintió los ojos de Mangel sobre él, pero intentó ignorarlo, a grandes zancadas se acercó al armario, la puerta imponente ante él, con el ceño fruncido peleó con la puerta logrando abrirla sacando todas las cosas, esparciendo las bolsas por la sala y moviendo la caja del árbol a la entrada para que no estorbara, antes de volver decidido a donde su amigo que seguía confundido mirándolo desviando de vez en cuando sus ojos hacia el armario que seguía abierto y ahora vacío.
-Quiero hacerlo contigo - la voz de Rubén salió un poco entrecortada.
El rostro de Mangel se tornó color carmesí mientras sus ojos se abrían como platos mirando a Rubius confundido.
-¿Hacerlo conmigo? - repitió incrédulo.
Ahora era el turno de Rubén de ruborizarse al escuchar cómo había sonado.
-No, osea sí, eh.. La decoración, sí, quiero hacer la decoración contigo, quiero acomodar la casa, quiero que hagamos comida mala, y no solo por las fiestas, quiero que siga siendo así…
Tal vez se quedaba corto para todo lo que sentía, pero por algo se empezaba y se sentía más ligero después de decirlo; nervioso miró a Mangel que parecía estar recomponiéndose antes de sonreír levemente mientras negaba.
-Eres tontísimo, pero vale, decoramos, haremos todoh lo que quieras - dijo mirándolo a los ojos.
La respiración de Rubén se cortó, incapaz de apartar la vista de esos ojos amables, que lo miraban como si fuera lo más preciado en este mundo, cómo pudo asintio.
-Pero, no hoy, hoy solo quiero hacer pereza - confesó rápido.
Mangel rió asintiendo dándole golpecitos al sofá a lo que Rubius sonrió entusiasmado, sentándose a su lado su cuerpo feliz de tenerlo cerca mientras decidían que hacer, la puerta del armario aún abierta, pero ya no parecía ejercer peso sobre ellos, los roces y miradas que intercambiaron fueron suficientes para sentirse seguros ese día hasta que la noche los abrigo a ambos que se fueron a dormir con una sonrisa.
...
Al día siguiente Rubén salió más animado, preparado para decorar y se alegró de ver a Mangel sentado en el sofá viendo el celular.
-A que no sabeh quién me escribió - dijo Mangel divertido viendo al celular mientras se sentaba en el sillón.
-¿A ti? Pero si a ti no te quiere ni tu madre - bromeó Rubén sentándose a su lado riendo cuando sintió la palmada en la cabeza como respuesta de su amigo.
-Que gilipollah eres tío, a mí me quieren muchos, tanto así que me ha escrito el niño.
-¿Alex? ¿Te ha escrito Alex? - Rubén preguntó intrigado mientras chismoseaba la pantalla del celular de Mangel de forma curiosa, Mangel lo apartó y comenzó a reírse.
-Que si hombre
-¿Y qué te ha dicho?
-A ver tío, que hago un grupo de Whatsapp- Mangel escribió el nombre del grupo y poco a poco fue añadiendo a los integrantes.
Peña lol
Ruben y otras personas se han unido a tu grupo
Ruben: ¿Pero qué es esto?
Mangel: Serás gilipollas, pues un grupo.
Alex: Jajajaja, a ver chavales,es que queremos hacer una collab navideña.
Samuel: Hola hola.
Guillermo: ¿Qué ha pasado aquí? jajaja.
Mangel: Rubius no me ha dejado en paz, así que cree el grupo para que le expliquen.
Alex: ¿Estás con Rubén?
Mangel: Pero eres ciego o qué tío.
Guillermo: ¿Pasó algo?
Rubén: Luego les explico
Alex: A ver gilipollas, hagamos algo esta Navidad en directo.
Rubén: Yo paso tío, he quedado con Mangel y ahora mismo estamos en Madrid arreglando unas cosas.
Guillermo: ¿ESTAÍS EN MADRID? MACHO, PERO POR QUÉ NO HABEÍS DICHO.
Mangel: ¿Realmente quieren hacer algo?
Alex: Pero que dices tonto, por algo te había escrito
Mangel: Bueno, C7FJ+JV Madrid, Spain.
Luzu: Yo les llegó tío.
Mangel bloqueó la pantalla de su celular y miró a Rubén.
-Pues ya está, celebramos todos la Navidad aquí.-
Hace tanto tiempo que no se reunían de esa manera, aquellos tiempos eran tan tranquilos, sin preocupaciones, solo grabar y jugar. Ahora, estaban teniendo problemas de adultos e inevitablemente tienen que actuar como adultos. Rubius veía el celular con una sonrisa sin percatarse de la mirada de su amigo sobre él, Mangel mantuvo la mirada en los brazos de Rubén, la piel con delicados lunares, la percibía tan suave, deseaba de alguna manera tocarla.
Su espalda se estremeció y la voz de Rubén lo sacó de sus pensamientos.
-Mi primera Navidad sin directo, es que no me lo creo tío… - dijo con esa sonrisa que lo caracterizaba.
Guiado por el impulso Mangel aprovechó el momento y se dispuso a tocar al dueño de esa piel, sutilmente acariciando con sus dedos, pero no de forma invasiva, sino haciendo del contacto algo muy de ellos, de repente camino sus dedos bruscamente por su antebrazo como broma, haciendo reír al pelicastaño que reaccionando inmediatamente al tacto y devolviendo el roce de una forma juguetona. Mangel sabía los puntos débiles de Rubén, lo conocía desde hace más de una década, sabía que ese juego le causaba cosquillas el cual lo hacía ahogarse de la risa.
Así empezaron una pequeña batalla que se detuvo cuanto Rubius pidió el alto, sus mejillas estaban rojas al igual que las de Mangel, ambos se volvieron a sus lugares en el sillón y respiraron profundamente para recuperar el aire.
-¿Crees que vengan todos?- Pregunto agitado.
-Pues les he enviado las coordenadas tío.- Contestó Mangel confiando en sus amigos.
Aquella tarde olvidaron por completo el tiempo, y se concentraron únicamente en la decoración de lo que sería su hogar temporal. Mangel arrastró la caja gigante que yacía en la entrada del piso, mientras Rubén acercaba las bolsas de las decoraciones al centro de la sala, esta tarea era algo que ninguno de los dos había hecho alguna vez solos. Tenían vagos recuerdos de cuando ayudaban a sus madres a decorar, pero la mayoría del tiempo solo estorbaban y ahora eran ellos quienes necesitaban ayuda.
Ambos sacaron con dificultad el árbol de la caja, y comenzaron a darle forma. Pasaron los dedos entre las ramas aplastadas, ahuecándolas desde la parte de la base, hasta arriba. Cuando estuvo lo suficientemente esponjoso, tomaron las luces y las conectaron haciendo que se iluminaran sus rostros.
Las colocaron lentamente desde la base, subiendo en espiral con cuidado, metiéndolas hacia adentro para que hicieran sintonía con los demás adornos.
Tomaron las bolsas de los adornos y comenzaron a desempacarlos, algunos eran grandes y pesados, otros no tanto. A decir verdad los habían elegido al azar. Sin pensarlo demasiado, comenzaron a colocarlos cuidadosamente entre las ramas, dejando que los colores rojo, verde y dorado fueran encontrando su lugar en la decoración.
-No puedo creerlo tío, lo hemos hecho.- Suspiro Rubius contento de su trabajo.
-No te emocioneh demasiadoh, aún falta una cosa.
-Me estás jodiendo tío, ¿Qué cosa?- Preguntó Rubén.
Mangel recorrió toda la sala susurrando “¿dónde está tío?”, buscando entre bolsas y cajas. Rubén solo lo veía curioso, a la expectativa de lo que se trataba. Hasta que, unos segundos después, la encontró.
-Aquí está joder- dijo Mangel mientras sacaba una enorme estrella de una de las bolsas que estaban en el piso -Sin esto, no puede haber Navidad tío.- tonteo.
-¡Hostia, es cierto! No me lo creo tío, no la recordaba.
El pelinegro sacó su cámara del bolsillo y como pudo comenzó a grabar con una mano mientras con la otra tonteaba con la estrella, Rubén sonrió y tomó la mano de Mangel como un adolescente, y colocaron la brillante estrella en la punta del árbol. Lucía hermoso, algo que para ellos como principiantes era imposible.
A partir de ese momento, fue mucho más fácil decorar el resto de la casa, colocaron guirnaldas que ya estaban previamente decoradas, figuras de muñecos de nieve en la mesa de centro y una cuentas luces alrededor del lugar para darle vida a la sala, sin darse cuenta, se hizo de noche, estaban tan agotados que se acosaron en el frío piso.
Esa noche, pidieron hamburguesa, e hicieron juegos para elegir la película, Mangel de alguna forma ya sabía cuál elegiría Rubén por lo que estaba luchando internamente por ganar, bueno tampoco es que su película fuese la más aclamada, pero al menos no la ha visto unas 32 veces.
Piedra, papel o tijera. Ambos lanzaron, quedando como ganador Rubén, haciendo que se cumpliera la profecía del 33.
-Ni de coña tioh, otra vez no.- dijo Mangel en tono de terquedad.
-Vamos, solo han sido 32 veces tío, una más y no te jodo.
-Pero siempre dices lo mismo.
En medio de la conversación sonó el timbre con el domicilio de las hamburguesas, Rubén las recibió mientras Mangel colocaba la película en la TV y ampliaba el sofá cama que había en la sala, que por suerte era lo suficientemente grande para los dos. Se sentaron a comer mientras veían la película, una y otra vez las escenas se repetían en su cabeza, a veces Mangel imitaba los diálogos de los personajes, Rubén lo toqueteaba en broma, amenazando que cuando vieran su película favorita, no lo dejaría en paz.
Las horas pasaron y perezosamente ambos se acostaron soñolientos viendo a la tele, se abrigaron con una cobija de tela polar, sus ojos estaban cansados y sus cuerpos se sentían pesados del esfuerzo del día, ninguno se atrevió a decir algo, pero tampoco hicieron ademán de irse a las habitaciones, como un acuerdo tácito se dieron la espalda e intentaron dormir, sus pieles rozándose ligeramente. Ambos tenían la costumbre de que los primeros minutos fingían estar dormidos cerrando sus ojos y haciendo sonidos de ronquidos.
-Cállate Mangel, sé que no estás dormido ni de coña.- Dijo Rubius divertido
-Joder tío, estoy cansado- Refunfuño entre sabanas.
-Gracias, tío.- respondió Rubén.
-¿Pero quéh dices?
-Siempre has estado tú Mangel, gracias.- una respuesta sencilla que quedó en el aire.
La sala quedó en completo silencio tras las palabras del pelicastaño, y sin darse cuenta, ambos se quedaron dormidos en el sofá con una sonrisa mientras la sala se iluminaba tenuemente con las luces.
...
La mañana siguiente comenzó tranquila, Rubén se despertó antes que Mangel , estiró sus brazos y al voltear vio cómo yacía la silueta del pelinegro dormido plácidamente, sería terrible despertarlo, lucía tan tranquilo… tan acogedor. Inmediatamente, Rubén sacudió su cabeza dejando atrás esos pensamientos y se levantó para ir al baño.
-¿Pero qué cojones tío? Susurro frente al espejo, mientras con sus manos se daba suaves palmadas en su rostro. Se lavó su cara, sus dientes , cambió de camiseta y volvió a la sala. Al regresar ya Mangel había despertado, aunque su rostro lucía soñoliento tras el trasnocho.
-¿Qué pasa tío? ¿Has dormido bien?
-He soñaoh con los diálogos de mierda, es como si nunca me dejaran en paz.
Rubén se limitó a reírse y lanzarle la camiseta sucia que cargaba en sus manos, Mangel la esquivó y cogió su móvil para revisar sus mensajes.
Peña lol
Alex: Hey chavales, ¿cómo andan?
Rubén: De puta madre tío.
Mangel: Como un bebé.
Cheeto: ¿Llorando y cagado?
Guillermo: Pues ahora estarán mejor, porque vamos de camino a Madrid.
Guille había enviado una foto donde se podía apreciar a Alex, Luzu, Lana, Samuel y Cheeto en el aeropuerto de Andorra.
Rubén: ¿Están de coña?
Alex: ¿Acaso estaís ciegos? Llegamos en 2 horas.
Ambos se exaltaron al leer ese mensaje, organizaron la sala tan rápido como pudieron y comenzaron a pedir domicilio en la aplicación, caminaban en círculo en la sala y al ver que pasaron unos minutos y ningún repartidor lo aceptaba, decidieron salir al Carrefour. La ciudad era todo un caos, la ola de gente se comenzaba a sentir en las calles, la música era alta y el tráfico era indeseable.
Para su fortuna, el supermercado quedaba relativamente cerca y aunque las filas eran largas, lograron conseguir todo lo que necesitaban. Ambos miraban las pantallas de sus celulares ansiosos, esperando las actualizaciones de sus amigos.
Después de tanto esperar, llegó su turno. Pagaron y salieron corriendo hacia su piso. El viaje de vuelta fue caótico, Rubén miraba hacia los lados con su mascarilla puesta esperando no chocar con nadie, sus manos estaban ocupadas con las bolsas del súper y aunque parecía imposible, por fin pudieron llegar a la casa, jadeando un poco después de haber corrido por las calles abarrotadas de la ciudad; suspirando se apoyaron en la puerta listos para tomar un respiro, pero una voz los hizo voltear.
-¡Ha llegado el alma de la fiesta! - a unos cuantos pasos estaba Alexby sonriente con los brazos estirados - y estos tíos también - completó señalando detrás de él donde se encontraba el resto del grupo.
Luzu y Lana de la mano saludando, entusiasmados, seguidos por Cheeto que estaba bailando haciendo reír a Vegetta y Willy. Felices, Rubius y Mangel se acercaron a sus amigos intercambiando abrazos y bromas.
-Joder macho, no dejáis ni llegar - dijo el noruego en broma mientras empujaba juguetonamente a Cheeto.
-Es tu culpa por dejar todo para último momento Doblas - contesto Vegetta divertido haciendo que Rubius rodara los ojos.
-Yo sé que te gusta mi espontaneidad Vegetitta - dijo agudizando la voz mientras intentaba hacerle cosquillas.
-Buenoh, será mejor que subamos - dijo Mangel interrumpiendo.
Todos asintieron de acuerdo entrando al edificio, comentando sobre el viaje mientras Mangel y Rubius se quejaban sobre tu travesía en la ciudad.
-Es que tío, ir a un Carrefour un 24 de Diciembre, solo a vosotros se os ocurre - dijo Luzu negando mientras Mangel les abría la puerta para pasar al apartamento.
-Si, it’s a mess out there - asintió Lana.
-Chavaleh, ¿dónde puedo dejar mis cosas? - preguntó Cheeto viendo todo a su alrededor.
-Ahí en ese closet está bien - dice Rubius distraído sin notar la mirada de Mangel sobre él.
Poco a poco todos fueron guardando las cosas en el pequeño espacio y volvieron a la sala para reunirse, Luzu, Lana, Alexby y Cheeto se habían apoderado del sofá dejando a Rubius, Mangel, Willy y Vegetta sentados de piernas cruzadas en el piso mientras hablaban.
De repente, la pregunta descuidada de Alexby resonó en la sala, cortando de golpe todas las conversaciones.
-Oye Rubius, ¿dónde está Irina?
Un silencio incómodo se apoderó de la habitación, nadie emitió sonido alguno, y por unos segundos la cabeza de Rubén dio vueltas, como si estuviese rebobinando en su memoria, el día en que ella empacó sus cosas y salió por la puerta.
-Terminamos- dijo fríamente -ella simplemente se fue.
La respuesta para todos los presentes fue inquietante, tenían más de 10 años juntos, ¿cómo era posible que solo tomara sus cosas y se fuese? Rubén, luego de respirar profundo, dirigió su mirada hacia Mangel, al verlo exhaló, dejando ir todas sus preocupaciones.
-Ella dijo, que… simplemente no podía más y que era mejor separarnos.- Continuo -Yo… quería luchar por ello, pero no me dejo siquiera preguntar y se fue.
Todos se acercaron a Rubén y lo abrazaron, haciéndole saber que siempre iban a estar para él.
De repente algo dentro de Mangel se removió, no sabría decir si fueron celos, rabia o simplemente la necesidad de que la mirada de Rubius no se viera tan triste. Determinado saco su celular abriendo la aplicación de Twitch, como pudo acomodo la cámara frontal enfocando su cara de espaldas al grupo antes de prender stream.
-Eh chavaleh, adivinen con quien estoy - dijo a las cientos que rápidamente se estaban volviendo miles de personas entrando a la transmisión dejando comentarios intrigados.
Sonriendo Mangel giro el celular mostrando a todos qué divertidos sonrieron antes de enfocar a Rubius que tímidamente miraba al celular y luego a Mangel sonriendo con ternura.
-Me perdonarán que os lo quite un par de días - siguió el Andaluz sonriente haciendo reír a Rubius antes de cortar la transmisión.
En tan solo minutos, las redes empezaron a explotar, la gente esparcía rumores, teorías, pantallazos, en general el fandom estaba enloqueciendo con lo que parecía ser una reunión secreta, pero sobre todo por ver al Rubius después de tantos días desaparecido, y claramente no había pasado desapercibido para nadie la mirada que le había dedicado al Andaluz.
-Las redes van a explotar tío.-
-Van a estar diciendo Rubelangel esto, Rubelangel aquello- río Mangel mientras sostenía a su amigo de forma juguetona.
Rubén río con él, y antes de que pudiera decir algo, su teléfono vibró, lo revisó y sintió cómo su corazón se quería salir. Era un mensaje de ella, de Irina.
De forma temblorosa, intentaba desbloquear el móvil, como si de pronto se hubiese olvidado hasta de como hacer el más mínimo movimiento. Después de varios intentos, lo logró, Mangel lo veía seriamente, no preguntó nada, pero ya sabía.
Abrió el mensaje. Estaba realmente sorprendido, pero no podía modular ni siquiera una sola palabra, él tenía claro que lo que decía, era cierto, de una forma siempre lo supo y hoy ese mensaje lo confirma.
Hoy te vi en el directo de Mangel, realmente me alegro de verte feliz, siempre sonríes cuando estás con él.
De alguna forma, siempre lo supe, pero no lo quería aceptar, tus ojos se iluminan cuando lo ves y eso es algo que en estos 10 años no pude lograr yo.
Espero verte pronto, tenemos mucho que contar el uno al otro.
Recuerda siempre ser feliz ¡Felices fiestas!
Rubén terminó de leer el mensaje y algo dentro de él, se aligeró, era como si de alguna forma se hubiese quitado un peso de encima, ¿acaso era eso lo que lo estaba atormentando y no su ruptura con Irina?
De pronto el peli castaño volteo y vio a Mangel, siempre que volteaba él estaba ahí, esperándolo. Rubén se acercó y lo abrazó sin previo aviso.
-Gracias.- dijo suavemente.
Mangel correspondió el abrazo y no preguntó, simplemente estuvo ahí, como hace tantos años. La tarde se pasó tranquila, entre risas, anécdotas y uno que otro recuerdo del pasado.
-Oigan chavales - Cheeto irrumpió en la cocina susurrando donde estaban Vegetta y Luzu hablando.
-¿Qué pasa? - preguntaron intrigados.
-¿Vosotros no habéis visto por casualidad algo cuando guardaron sus cosas en el closet, cierto?
Vegetta y Luzu intercambiaron miradas nerviosas intentando fingir a la vez.
-¿Algo como qué? - respondió Vegetta con los ojos entrecerrados.
-Pues, algo, ya saben de índole, romántico - esto último lo dijo muy bajito viendo hacia los lados nervioso.
-Mmm, digamos que hipotéticamente hemos visto algo así - siguió Luzu hablando bajito - si ese fuera el caso, ¿por qué nos preguntas?
Cheeto se restregó la barba mirando hacia el suelo moviendo el pie un poco nervioso
-Pues no se tío, digamos que si hubieran visto algo así hipotéticamente claro y también que hayan notado ciertas actitudes hipotéticas, yo en ese caso sentiría la necesidad de hacer algo al respecto.
-¿Algo como qué? - La voz de Lana los hizo saltar a los tres que voltearon para ver a la chica al lado de Alexby en la puerta de la entrada de la cocina.
-Algo como no sé - empezó Alexby mirando sus uñas fingiendo desinterés -¿encerrarlos a los dos dentro de ese mismo closet donde mágicamente apareció un muérdago? - completo la frase con una sonrisa coqueta mirando a los demás.
-No les creo que hayan hecho eso - dijo Luzu incrédulo.
-Bueno, ya pusimos el muérdago honey, solo necesitamos su ayuda para poder encerrarlos ahora - dijo Lana sonriente a la vez que todos asentían y empezaban a tramar su plan.
Rubius, Mangel y Willy estaban hablando ajenos a las conversaciones de sus amigos en la sala.
-Tío el Modern Warfare es de los mejores, que dices - Decía Willy.
Rubius estaba a punto de contestarle cuando la voz de Lana llamó su atención.
-Rubius, sorry, ¿podrías ayudarme con algo? - dijo suavemente a lo que el peli castaño asintió, separándose del grupo siguiendo a Lana hacia una de las habitaciones.
-¿Qué necesitas Lanita? - preguntó curioso viéndola.
-Es que le compre un regalo sorpresa a Luzu y lo deje en mi mochila dentro del armario, pero si entro ahorita va a sospechar, ¿lo podrías conseguir tú por mí, please? Sorry to bother you.
-Claro, no hay ningún problema, ya voy a por ello.- Contestó de buena gana dispuesto a ayudar a su amiga sin tener la mínima idea que a unos cuantos pasos Luzu le estaba haciendo la misma pregunta a Mangel.
Distraído, Rubius entró al armario asegurándose que no hubiera alguien cerca y empezó a rebuscar cuidadosamente en el bolso de Lana.
-¿Qué hace tioh? - La voz de Mangel lo hizo saltar un poco sintiendo como su amigo entraba también al reducido espacio haciendo que sus costados se chocaran.
-Pues creo que lo mismo que tú, gilipollas - dijo jugueteando.
De pronto la puerta tras ellos se cerró inesperadamente. Ambos rieron e intentaron forcejearla, pero no tuvieron éxito, de un momento a otro, los nervios los invadieron, Rubius empezaba a ser consciente del pequeño espacio y sintió como sus manos comenzaron a enfriarse. La idea de estar con Mangel ahí en ese pequeño closet no era tan mala, después de todo, ya habían vivido y recorrido cada aparte del piso, pero la poca distancia en la que se encontraban hizo que ambos tragaran saliva con dificultad.
-Yo… eh… no sé qué coño está pasando tío.- El castaño lo miro y suspiro de forma pesada. -solo miranos…-
De repente sus miradas se cruzaron haciendo que el tiempo se detuviera, la distancia entre ellos era muy corta. La habitación estaba tan silenciosa que incluso podía jurar que se escuchaba el eco de sus corazones latir, Mangel humedeció sus labios sintiendo como las gotas de sudor corrían por su frente. Mirar hacia los lados no era una opción, irse tampoco y menos teniendo aquellos ojos claros frente a él, por otro lado, los ojos de Rubén se desviaron a los labios del pelinegro, quería modular algo, pero por alguna razón, sus palabras no salían, solo una respiración entrecortada de la mano con su corazón acelerado.
-Mangel…- logró decir, intentando hablar.
-Yo…- Hablo el pelinegro al mismo tiempo.
Ambos esperaban que el otro dijese algo para romper esa tensión que los tenía atrapados, Mangel río y se echó hacia atrás al darse cuenta de que su amigo no decía nada, sin embargo, pese a la oscuridad de aquel armario, pudo sentir repentinamente como las manos temblorosas de Ruben lo sostenían, como si quisiese que no se fuese nunca. Ahí, el corazón de Mangel latió impaciente.
-Hoy me di cuenta de que estaba esperando esto hace mucho tiempo.- Lo interrumpió Rubén en un tono de voz casi inaudible.
La mirada de Mangel cambió por completo, esta vez sus pupilas brillaban, como nunca antes. Se acercó un poco más, quedando frente a frente con el peli castaño escuchándolo atentamente.
-Irina hoy me envió un mensaje, el cual me hizo entender muchas cosas… cosas que ni yo mismo entendía tío, solo eh… mi mente es un rollo ahora, no te voy a mentir, y sé que soy un gilipollas, pero también, sé que me quieres… o no sé, yo te quiero, claro, es eso, eso es lo que entendí, que te quiero, que después de días de mierda, después de tantos cambios lo he logrado todo gracias a ti, porque siempre… siempre has sido tu Mang-.
Mangel no podía apartar la mirada de los labios de Rubén los cuales se movían sin parar. Todo aquello que decía acerca de él, le daba una sensación de calidez e ilusión que pensó que se había desvanecido hace mucho tiempo, sin pensarlo dos veces, el pelinegro apartó los brazos de Rubén que aún sostenían sus antebrazos, y lo interrumpió con un cálido beso en sus labios.
Al principio, Rubén quedó perplejo ante aquella acción, sin embargo, sus labios respondieron casi al instante, dejándose llevar por el momento. El contacto empezó tímido, pero a medida que sus labios se rozaban una y otra vez, comenzaron a desearse cada vez más, haciendo que sus bocas se buscasen con urgencia, como si hubiesen esperado eso durante años. Y sí, lo habían esperado.
Mangel había puesto con torpeza sus manos alrededor del cuello de Rubius, su toque ligero como si temiera asustarlo si presionaba mucho, por su lado Rubén tenía la camisa del pelinegro entre sus puños, agarrándose de ella como un salvavidas.
Sus labios torpes, pero deseosos de conocer al otro y por un momento Mangel sintió que podía fallecer ahí de la felicidad, de repente sintió como la lengua de Rubius pasaba suavemente por su labio y la necesidad de respirar salió de él como un jadeo haciendo que los dos se separaran con respiraciones pesadas.
Se miraron, el reconocimiento y el peso de lo que acababan de hacer cayendo como un balde de agua fría, Rubius nervioso soltó la camisa de Mangel, aún podía sentir la sensación de los labios del otro sobre él haciéndolo estremecer y rápidamente desvió su mirada.
Por su lado, Mangel reclinó la cabeza hacia el techo, intentando también ver a cualquier lado que no fuera su amigo, los nervios mezclados en su estómago, como un peso que empezaba a crecer, pero en contra de todo pronóstico sonrió. Allí, entre la oscuridad, un pequeño objeto colgaba burlándose de él, o más bien como un rayo de esperanza. Rubius volvió su mirada intrigado por la repentina risa de su amigo, si es que podía llamarlo ahora así.
-Mira tioh - Dijo Mangel entretenido señalando el techo.
Curioso Rubén levantó la cabeza y al verlo sonrió, allí un pequeño muérdago, uno que ni él ni Mangel habían comprado, dejando escapar un pequeño bufido, negó con la cabeza mirando a Mangel que también lo estaba viendo con una sonrisa en su rostro.
-Son unos cabrones - dijo antes de volver a poner delicadamente las manos en las mejillas del pelinegro y darle otro beso.
Y así fue como después de tantos años, después de atravesar juntos altos y bajos que solo dos amigos podían soportar, aquella noche de Navidad les reveló una verdad que siempre estuvo ahí, de forma silenciosa, acompañándolos.
En la calidez de sus palabras, en cada consuelo, y en el tacto tan deseado que comenzó como un impulso, sabían que no había manera de escapar, y que pasara así solo era el resultado de tantos años sin mencionar todo lo que había entre ellos. Esa amistad que los sostuvo tantas veces, esas palabras, aquellos besos juguetones que hacían frente a cientos de personas en cámara, habían dejado de serlo para convertirse en amor, en un amor sin prisa, que había crecido con ellos, que había esperado por ellos y hoy, estaban listos para verlo como lo que era.
Al otro lado de la puerta sonó como el picaporte soltó el seguro, ambos salieron riendo, dejando atrás aquella frase tonta que una vez escribieron y que, por alguna razón, continuaba en aquel lugar.
Rubius y Mangel x100preh <3
