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Apenas habían salido de las tierras de Munchkinland, y aun les falta mucho por caminar, Boq (aunque ya no usa eso nombre) no entendía por qué Glinda había mando a la joven por el camino más largo cuando perfectamente podría mandarla en tren, pero y aunque no lo dijera estaba agradecido a su propia manera, al menos por conocer a Dorothy.
Y hablando de la pobre niña, está terriblemente cansada, al menos se puede decir por el ahora lento caminar y su cara de tristeza, algo que hizo que su inexistente corazón diera un vuelco y antes de que pudiera pronunciar alguna palabra, la chica de no más 9 años se tropezó cayendo de manera terrible sobre el camino.
Tinman soltó un grito de horror al ver como las rodillas de la pobre niña se ponían rápidamente de un color rojo, el grito hizo que Scarecrow se detuviera y también se le apretara el corazón
— ¡Señorita Dorothy! — sollozó
Tinman se arrodillo de inmediato solo para ser recibido por los ojos llorosos de la joven, pero quien con mucha valentía se levantó tambaleándose
— Estoy…bien señor tinman— Pero en la voz de Dorothy había un sutil tono de dolor
— Oh cariño no, no tienes que ser valiente, ven déjame ver — intentando usar el tono más suave que su nueva forma le permitiera transferir.
Scarecrow se acercó a donde estaban y murmurando a Dorothy le indico que le diera a Toto para que Tinman la pudiera ayudar.
Y los ojos azules de la niña comenzaron a llorar, sin mencionar el leve hipo provocado por como ahora le costaba tomar aire, Dorothy giró su cabeza hacia tinman y desde la perspectiva de este parecía que sus ojos tenían ojeras — Estoy bien Hombre de Hojalata, nunca tuve que usar algo así en mi casa, lo siento mucho.
Era obvio que no, Boq o al menos su antiguo yo, sabía lo duro que era la vida en el campo, las mujeres Munchkin o al menos las del campo tampoco solía usar zapatillas, no al menos que fueran ocasiones especiales y aun así prefieren los zapatos bajos, otra cosa que ahora podía ver de Nessa era la privilegiada vida que tenía, tal vez por eso… No tenía que pensar en eso ahora.
—Por qué te disculpas señorita, no es tu culpa que tengas usar esas incómodas zapatillas— Proclamó Scarecrow quien con sus manos secó las mejillas de la pobre niña, la cual volvió a reír al sentir como la paja le hacía cosquillas.
— ¿Quieres que te cargue para que puedas descansar un rato?— Ofreció Tinman
—¡Oh! No sería muy incómodo para usted, mi papa dice que ahora soy más pesada que cuando era niña, no quisiera que se cansé.
Tinman rio — No te preocupes Dorothy, no me cansó, además así podemos seguir caminando hasta el anochecer.
Tinman se quedó quieto para que a Dorothy se le fuera más fácil subirse a su espalda, una vez que la niña estuvo con sus brazos cruzados en su cuello, siguieron su caminar.
Pasaron solo unos minutos para que Dorothy volviera a soltar un sollozo silencio, no dejo de agradecerles a tinman y al espantapájaros, por ser tan amables con ella. Sus palabras afectaron de manera distinta a cada uno, Boq no podía dejar de sentir que esta pobre niña no merecía estar en un situación tan terrible y Fiyero no deja de pensar en cómo podía hacer que la Dorothy volviera a recuperar su alegre actitud y entonces tuvo una idea.
—Dorothy ¿cómo son tus padres? No lo has mencionado mucho desde que llegaste aquí— Fiyero ahora sin cerebro no podía distinguir si la pregunta que hizo era prudente o no, pero le regresó esa alegría a la niña, asique considero que cumplio su objetivo.
—Oh Scarecrow mis padres son muy amables y amorosos — Toto soltó un ladrido en señal de aprobación.
—Me alegra mucho saber que eres tan querida joven Dorothy, no me extraña que desees volver a tu hogar— agregó Tinman “Al menos alguien aqui es amada” Pensó para si mismo
— De hecho y si no les incomoda saberlo, me recuerda mucho a ellos.
—¡¿En serio?!— Exclamó el espantapájaros, quien también noto como los ojos de Tinman se abrieron con sorpresa.
— ¿Tus padres también son tan peculiares como nosotros señorita Dorothy?
La niña rió y no para todo lo que quedó de camino de hablar de sus padres y a palabras de la niña era los mejores padres que alguien puede tener, su papá era un leñador de familia humilde y su padre un granjero de una familia más reconocida. La niña le contaba historias de cómo hacían Picnics, como en su 8° cumpleaños le regalaron a Toto, así hasta que se quedó sin historias que contar y cayó la noche.
—Y como ¿Se llaman tus padres? creo que nunca nos los has dicho, es difícil recordar sin cerebro sabes — Preguntó Scarecrow mientras arropaba con su chaleco a la ahora cansada Dorothy.
— Mi Padre se llama Fiyero y Mi papá Boq — Dijo Dorothy con una sonrisa enorme en su rostro mientras bostezaba y abrazaba a Toto en sus brazos.
Scarecrow y Tinman se quedaron congelados. Boq podía sentir como su inexiste corazón se encogía y calentaba al mismo tiempo, sabía que Dorothy era peculiar, si su conocimiento y desconocimiento de ciertas cosas era pruebas de ellos pero saber que esta dulce pequeña era “su” hija en el lugar donde provenía, le hizo sentir muchas cosas.
Primero e importe al parecer también Fiyero estaba involucrado, su ex-compañero en shiz al cual no veía desde esa fatídica noche, pero el saber que una versión de él decidió quedarse a su lado, no mentiría que le provocó una pequeña envidia y eso hacía que preguntara si hubiera sido así ¿Él tendría a su propia Dorothy?
Fiyero por otro lado desea más que nada que ese maldito fraude si fuera capaz de darle un cerebro porque así podría pensar en una forma de decirle a Boq que era él, que lo lamentaba profundamente por todo lo ocurrido, que ahora sabía cuál fue su error, pero también agradece no tenerlo porque comprender que pudo tener una familia, el saber que donde venía su pequeña si uso su cerebro más, le dolía.
Le dolía pero ahora sabía también que sin importar que pasara tenía que encontrar un forma de que Dorothy fuera capaz de volver a su casa, a su hogar y fue entonces que escuchó el sollozo a su lado.
Tinman, Boq, estaba llorando y posiblemente oxidándose.
—Boq te vas a oxidar— murmuró fiyero
—Lo sé…¿Cómo me llamaste?— Titubeó. Era hora de enfrentarse a la verdad
— Soy yo Fiyero— se señalo así mismo, y luego rebuscó algo en la canasta de Dorothy
—Fi…Fiyero ¿Que te paso? fue Elph…Ella— Boq no podía creerlo.
las manos de tela de Fiyero limpiaron los lugares donde las lágrimas pasaron, al parecer su deber este día. comenzó a explicarle a Boq todo lo que había pasado, como Elphaba tuvo que convertirlo en lo que era para salvarlo, de la verdad del Mago y sobre todo y lo más importante.
— Intente ir a verte, pero nunca encontré el valor para enfrentarme a…— Fiyero no podía encontrar las palabras, sin cerebro o incluso con el no era bueno pidiendo disculpas.
— No podía enfrentar el hecho de que te abandonara.
Las manos y brazos de metal de Boq lo envolvieron tan fuertemente que sentía como la paja en algunos lugares crujía, pero eso no lo detuvo de devolver el abrazo. Ambos se quedaron así por un tiempo en un abrazo que se tuvieron que haber dado desde hace mucho tiempo, con dolor por libre de expresarse.
Una vez que todo lo que se tuvo que decir y expresar fue dicho, ambos estaban en mejores condiciones para enfrentar la verdad frente a ellos, su pequeña, su niña o más bien la niña de al parecer otras versiones de ellos mismos. Cuando Fiyero le explicó que en realidad el mago no tenía ninguna forma de regresar a Dorothy a Casa Boq sintió que su inexistente corazón estallar de ira, agarró su hacha de una forma que hizo que Fiyero se estremeciera.
— Boq — Intentó hablar Fiyero — No tiene caso ahorita molestarnos por eso, lo que tenemos que hacer es encontrar una forma que Elphaba nos ayude con Dorothy.
— Lo se, lo se. Pero — El vapor en su cabeza iba aumentando más.
— Vas a despertar a Dorothy — Fiyero se levantó de su lugar y abrazó con toda su fuerza al hombre agitado.
— Si, tienes razón, eso será para después — Boq miró hacia donde estaba la niña durmiendo sobre la chaqueta verde de Fiyero y que se veía tan pacífica como podía verse una niña traumatizada y lejos de su hogar.
Boq se acercó lo mejor que pudo y se terminó acostado cerca de Dorothy no necesita dormir pero mientras pudiera, se encargaria que los sueños de su niña estarían protegidos, Fiyero también se terminó acostado al otro lado y mirando también a la chica.
— Por ahora protejamos sus sueños— dijo Boq.
Fiyero no pudo estar más de acuerdo.
