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Cuando me encuentres

Summary:

No importa si no están en el mismo mundo, siempre encontraran el camino hacia la otra.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

La reina le dirigió a Fátima una mirada llena de amor y tristeza que no pudo pasar desapercibido para la mexicana.

—Por favor no me hagas esto, Estebasali, te lo suplico –las lágrimas amenazaban con salir.

—¿Qué clase de Reina sería si no protegiera a quienes me importan? Y tú, eres lo que más me ha importado en siglos, mí Fátima. Si te pasará algo, yo... No me lo perdonaría, prefiero mo-

—Por favor no lo digas, nadie morirá, estaremos juntas...–No pudo hablar más puesto que la Reina de las hadas cerró la distancia que las estaba separando, el beso resultó agridulce, dos almas a punto de romperse.

Los ojos de Fátima estaban cristalizados contrarios a los de su amada Reina que se mantenían en calma a pesar del dolor.

—Nunca olvides que te amo, mí Fátima –La abrazó, cerró sus ojos, la mexicana trato con todas sus fuerzas de retenerla, pero al abrirlos se hallaba en su apartamento, rodeada de un silencio abrumador.

Su mirada gira al espejo, sigue usando el conjunto deportivo, tal y como había entrado al circulo de hadas. Su teléfono vibro en la mesa de noche donde se le había olvidado en la mañana, al tomarlo pudo comprobar para su desconcierto que seguía siendo el día que conoció a Estebasali, solo habían pasado unas horas pero para Fátima el tiempo que estuvo en el reino Fae se sintió como meses, que ahora necesitaba comprobar que habían sido reales, miro su reflejo esperando alguna señal algo distinto, lo necesitaba.

Y sintió el llanto subir por su garganta, en su cuello brillaba discreto el collar que su Reina le había obsequiado una semana antes de que todo estallara, y como si le llamará desde el bolsillo de su pantalón noto algo más fuera de sitio. Con rapidez metió la mano y encontró el pequeño cuaderno de cuero que la joven monarca le entregó la vez que la vio tan dispersa en sus pensamientos, lo abrió para encontrar páginas vacías, imposible. Siguió pasando con un desespero creciente hasta que de golpe se ubica en la última parte, debió sentarse en la cama, puesto que sus piernas amenazaron con desconectarse de sus funciones.

Ahí, en tinta negra y una elegante caligrafía la mujer que sin necesidad de usar magia la había encantado por completo, le había dejado una carta.

"A mí radiante Fátima,

Se que estás confundida, y probablemente pienses que enloqueciste, pero todo lo que ocurrió fue real, desde el instante en que pusiste un pie dentro del círculo de hongos, entraste a mi reino; y lo más importante a mi vida. Me hiciste sentir vista por quien soy, no una mujer que solo manda sobre una tierra, no, me viste como una persona más, viste a través de la fachada de formalidad con la que siempre me resguarde, llegaste para abrir una puerta que no sabía que estaba allí.

En el primer momento que cruce mi mirada con la tuya, supe que te había estado esperando, porque solo con un beso entendí que me conectaba a ti desde lo más profundo de mi ser y traté de extender cada momento lo máximo posible.

Pero por supuesto, nada podía ser tan perfecto. Tenías que regresar, era la única manera efectiva de protegerte, no te hallarán en tu mundo, ahora estás a salvo. Pero prometo que te encontraré, estaremos juntas y podremos ser felices, porque mi alma y mi corazón están atados a ti.

Con todo el amor que puedo entregarte, Estabasali."

En algún punto de la carta las piernas de Fátima habían cedido y la deslizaron al suelo, dónde por fin dejo que las lágrimas corrieran con libertad, aunque profundamente dolorosas, había encontrado a su alma gemela y la había perdido en un pestañeo, abrazo con fuerza el cuadernillo contra su pecho como si de esa manera pudiera absorber las últimas palabras que su amada le había dejado.

Cómo si esa fuera la única manera de sobrellevar de ahora en adelante sus días sin ver el cambiante azul de los ojos de la joven regente, sin el calor de su cuerpo en las mañanas al despertar, ya no habrían más besos robados en los rincones del castillo, ni trenzas en su cabello que eran desechas cuando las poseía el deseo mientras se juraban amor eterno, ya no tendría la sonrisa que se formaba con ver a Estebasali, ya no la tenía a ella, y le dolía enfrentar esa nueva realidad, porque al día siguiente, despertaría sola en la cama.

Habían pasado tres meses, aunque la seguía extrañando ya no dolía tanto, estaba sanando de poco, tampoco había querido salir con nadie más, no sabía si era porque no sé sentía preparada o porque en realidad seguía esperando ver a la chica entrar en cualquier momento.

Ese día se encontraba en una cafetería del centro, trabajando en una nueva colección de moda para un cliente, de repente una voz femenina en tonalidad grave pero amable preguntó si podía tomar asiento frente a ella. La respiración de Fátima se detuvo un momento al escucharla. La chica volvió a hablar, comentando que no era su deseo importunar, pero es que la cafetería estaba a reventar y el asiento frente a la mexicana era el único que quedaba.

Fátima tomo valor y levantó la vista para encontrar unos ojos marrones que tenían un brillo en ellos, un cabello castaño que al atrapar los rayos del sol en aquella tarde dejaba notar unos tonos dorados y una sonrisa que llamaba a la paz, se obligo a responder a pesar de que el llanto quería hacer una aparición sorpresa. Frente a ella estaba su reina, su gran amor, a pesar que era ligeramente distinta, era ella, su Estebasali, había cumplido su promesa, la encontró.

—No te preocupes, no me molesta, por cierto soy Fátima Bosch, un gusto. –Dijo mientras extendía la mano hacia la recién llegada que al sonreír de nuevo provocó un vuelco en el pobre corazón de la tabasqueña.

—El gustó es mío, Stephany Abasali. –Al tocar la mano de Fátima ambas sintieron la electricidad recorrerlas, como si sus cuerpos reconocieran a la contraria, porque lo hacían. La diseñadora cerro la laptop, el cliente podría esperar.

Ambas mujeres se enfrascaron en una conversación, descubriendo que Stephany era venezolana y estaba regresando de un viaje de negocios internacionales "por eso demoraste" fue el pensamiento que cruzó la mente de Fátima.

Ese café accidental se convirtió en salidas a restaurantes y discotecas, en tardes de películas en la casa de alguna de las dos dónde se escapaban caricias disimuladas y sonrisas cómplices.

En el mes dos de conocerla, mientras conversaban en la sala del apartamento de Fátima junto con unas copas de vino, la empresaria le robo un beso, fugaz y tímido, la mexicana superó la impresión del momento y tomando del cuello a la contraria, cerró la distancia de nuevo, está vez en un contacto más prolongando, casi necesitado, las manos de Stephany fueron rápidas y movió el cuerpo de Fátima para que se acomodará encima de ella, y en un segundo movimiento veloz, se levantó del sofá con la Méxicana cargada y se dirigieron a la habitación principal, entre risas y demasiados besos, que en realidad jamás eran demasiados para ellas.

A la mañana siguiente Fátima despertó sintiendo el calor de Stephany cobijándola, atrayéndola como un imán, se giró para analizar mejor las facciones de la mujer, aún sin creer que estaba allí y que lo que ocurrió la noche anterior fue real. Con la punta de su dedo trazo con suavidad una línea que partió desde la ceja, pasando por su nariz y a los labios aún hinchados por el huracán de pasión acontecido hasta hace tan solo unas horas, la fina línea de la mandíbula que encontraba tan atractiva, bajo por su cuello y delineó la clavícula dónde ella había dejado marcas posesivas, aunque la propia Fátima está igual o peor de decorada por la venezolana.

Stephany se removió al tacto, despertando.

—Buenos días hermosa –Le saludo con la voz ronca, enviando escalofríos a la columna de la chica en sus brazos.

—Hola guapísima –Respondió Fátima acercándose y dejando un breve beso en los labios de la menor, haciéndola reír.

—¿Tan temprano quieres empezar Fati? –Se acomodó para abrazar mejor a su chica.

—Es que te ves irresistible, no me culpes.–la voz le salió en un ronroneo que encendió señales en la más alta.

—Eres un peligro, Fátima Bosch –dijo antes de besarla de nuevo, pero para disgusto de Fátima lo detuvo, ganándose un puchero de la mencionada.—Sabes tuve un sueño rarísimo.–Continuó, la mexicana se había posicionado en su pecho para escucharla, mientras dibujaba patrones inexistente en la tersa piel del abdomen de Stephany– Estaba en un bosque, no me sentía perdida, era como si lo conociera, y pase cerca de un lago y mis ojos y mi cabello era distinto –Fátima se incorporó de repente, apoyándose en los codos.

—¿Distinta amor? –Preguntó, Stephany sonrió al escuchar el apodo que dirigió hacia ella, y siguió con su relato.

—Mi cabello era de un castaño clarísimo, casi pasaba a un rubio, mis ojos se mezclaban en azul y verde. Tenía puesto un vestido con capas de tela liviana, parecida a la ropa griega. –El corazón de Fátima estaba empezando a acelerarse– Seguí caminando, llegué a un claro y te ví. Estabas allí, con ropa deportiva y te veías muy confundida, pero cuando me miraste sentí algo, como si jalaras una cuerda dentro de mi interior, hacía ti. Amor, ¿Estás bien? –Stephany se levantó alarmada, apresurándose a limpiar las lágrimas que se habían escapado de los ojos de su amada.

—Sí, solo es que, tuve un sueño similar, pero hace mucho tiempo, no te preocupes –Fátima se abrazo a la mujer de cabello corto.– Quizás debíamos encontrarnos desde un principio.– Murmuró desde su refugio en el cuello de Stephany, quién dejaba caricias a manera de confort. Cuando la diseñadora se separó un poco de ella notó como Abasali tenía esa sonrisa suave que tanto en éste mundo, como en el reino Fae le producía calma y cosquillas al mismo tiempo.

— Te amo. –Soltó sin pensar, los ojos de Stephany se agrandaron por sorpresa, Fátima dándose cuenta de lo que había dicho, quiso escapar de la habitación, pero la venezolana lo impidió afirmando el agarré en su cintura y atrayéndola hacia ella, Fátima quedó debajo de la alta– Steph, yo...

—También te amo Fátima.–Ahora era el turno de entrar en shock de la mayor, ¿En verdad lo había escuchado? Stephany también la amaba.– No me preguntes cuando ni como sucedió, solo se que mi corazón parece estar atado al tuyo, podrías llamarlo destino, casualidad o suerte. Pero el hecho es que debía encontrarte, y ni loca pienso dejarte ir. Creo que no es necesario preguntar, pero Fátima, ¿Quieres ser mí novia? –Pidió y se le escapó una sonrisa al ver la sorpresa en los ojos de Fátima.

—Steph... ¡Por supuesto que sí! –la Mexicana atrapó en un abrazo mientras llenaba el rostro de la venezolana con besos, la escucho reír creando la más dulce melodía a sus oídos.

Stephany dejó un beso suave en los labios de Fátima y desapareció en el baño, al salir llevaba puesta una camiseta oversize, las largas piernas al descubierto y el cabello húmedo, le dedico una sonrisa a quien la miraba pasmada y se fue hacia la cocina, dejando a la chica en un momento de ensueño. Dos semanas después Stephany le propuso a Fátima vivir juntas.

Pasaron seis meses más y Stephany había preparado un picnic sorpresa, la chica jamás perdía un detalle para consentir a su novia, y Fátima, por su parte, no podía pedir más, era como si la vida le estuviera devolviendo todo el tiempo que pasó en el reino mágico, más el periodo que no tuvo a su reina cerca.

La venezolana la había pasado a recoger más temprano esa tarde, con la excusa de ir a una diligencia urgente con ella, la sospechas aumentaron cada vez más cuando dejaron el bullicio de la ciudad para llegar a un hermoso resort campestre de lujo, Stephany apagó el motor del vehículo, para abrirle la puerta a Fátima y entrar juntas al complejo. En definitiva la mujer no escatimaba en gastos cuando quería dejar una buena impresión.

Guiada por una persona del staff llegaron a una pérgola que se encontraba decorada con telas blancas y luces cálidas, en el suelo una hermosa alfombra con múltiples cojines alrededor, y delante de ellas un campo lleno de flores y el cielo estrellado que era su cómplice para la ocasión.

—¿Te gustó? –Preguntó la más alta, con un dejo de nerviosismo en la voz.

—Stephany, está hermoso, gracias. –Fátima soltó en un suspiro y se giró para envolver a su novia en sus brazos, la de cabello corto afirmó el agarré en su cintura y le habló al oído.

—Por ti, lo que sea, mi amor.–Fátima ya había perdido la cuenta de cuántas veces se había sonrojado esa noche y ni siquiera eran las diez, no pudo evitar notar como su novia estaba nerviosa, pero lo dejo pasar por el momento.

La noche avanzo con tranquilidad, enteré roces y besos traviesos, pero aún así Stephany sentía el bolsillo de su chaqueta arder, sabía que ese era el día pero no estaba segura de que momento usar. Fue de repente cuando Fátima tocó con delicadeza su mejilla que regreso a tierra.

—¿En qué piensas hermosa? –Le preguntó mirándola con esos ojos verdes que tanto le gustaban.

—En nosotras, en todo el tiempo que hemos pasado juntas. En qué me gusta demasiado lo que tenemos.

Stephany se separó un poco del lado de Fátima y se sentó por completo sobre sus rodillas. Su mente solo le gritaba "Ahora o nunca" y metió la mano en el bolsillo.

—Steph ¿Todo está bi..? –La pregunta quedó en la garganta de la mexicana porque cubrió debió cubrirse la boca con la manos de la impresión de ver a su novia sosteniendo frente a ella una delicada caja de terciopelo negro.

—Tal vez pienses que voy demasiado rápido Fátima, pero a veces Dios, la vida, el universo o lo que sea, es quien dicta cuando debemos hacer las cosas. Y sentí eso mismo un día regresando a casa de la empresa, y por casualidad me fijé en una joyería, en un anillo que combinaba a la perfección con el verde de tus ojos, ese que me da tanta paz. Y me di cuenta de que conocerte fue lo mejor que me pudo haber sucedido en la vida, Fati –Stephany tuvo que parar un segundo para controlar las lágrimas que querían salir–. Y supe que si veía mi futuro, tú eres la primera persona que sale en él, en tu sonrisa que recarga mis fuerzas, en la manera en la que me mimas cuando siento que el mundo puede venirse encima, te volviste mi ancla Fati –Stephany sujetaba con firmeza el objeto como si fuera un peso para no perderse en las emociones del momento, o por lo menos, no aún.–. Me di cuenta que despertar a tu lado cada mañana, y compartir mi día contigo, es lo que de verdad quiero en mi vida. Claro si tú deseas lo mismo, por eso Fátima Bosch, ¿Podría ser-...? –No pudo terminar la pregunta, puesto que Fátima se catapultó a la chica en un abrazo y múltiples besos.

—¡Sí, sí y un millón de veces sí! –Exclamó, mientras seguía besando los labios de su ahora prometida.– Te amo Stephany Abasali.–Susurró juntando su frente con la de la venezolana.

—Te amo mucho más, Fátima Bosch, ¿Me permites ponerte el anillo? –La mexicana se separó un poco para que Stephany pudiera colocar la joya correctamente. Un anillo en oro blanco y amarillo, con una hermosa esmeralda junto a un rubí en su centro y grabado al interior, las iniciales de ambas.

—Es hermoso pero, me gustaría que tú también pudieras usar uno, quiero que todos sepan que eres mi prometida.–Fátima hizo un pequeño puchero, pero para la sorpresa de la Tabasqueña, la menor soltó una leve carcajada.

—Me imaginé qué dirías eso, así que ten.–La chica sacó una segunda caja aterciopelada y se la dio a Fátima.

—Steph, ¿Esto es? –La chica sentía que iba a llorar de nuevo, cuando al abrir la caja vio un anillo casi idéntico si no fuera porque el rubí iba antes que la esmeralda.

—Solo es para diferenciar uno del otro. Son nuestras piedras de nacimiento. –Comentó Stephany.

La ojiverde logro retener las lágrimas para poder hablar.

—Stephany, el amor de mi vida, Dios me permitió volver a encontrarte, porque siento que te conozco de hace mucho tiempo, mi corazón te reconoce aunque no sepa cómo lo hace –Mentira–, gracias por llegar a mi. Con esa sonrisa que me desarma en un segundo, con tus brazos que se vuelven mi refugio cuando lo necesito, por aguantarme cuando me da por hacer info dump. Por decirme que todo estará bien por más fea que sea la situación. Cuando te sentaste frente a mí en la cafetería, pensé que estaba alucinando ¿Cómo era posible que la chica de literalmente mis sueños, estuviera frente a mi? Me costaba creerlo, pero era real, y admito que en ocasiones tengo miedo de despertar y no verte allí, cada día a tu lado se siente como un sueño que jamás quiero que acabe. Mi futuro no tiene sentido si tú no estás en él, amo la manera en la que mi nombre suena cuando lo dices, en la forma en que me miras, en como tu mano encaja a la perfección con la mía, y prometo que jamás voy a soltarte. Stephany Abasali, ¿Me concederías el extremo honor de ser tu esposa? –Fátima concluyó, sorpresivamente conteniendo las emociones que querían volver a salir.

—Por supuesto que sí Fati, una y otra vez –Stephany se inclino para besar brevemente a la ojiverde. Quién emocionada deslizó con ternura la argolla en el anular de la castaña.

—Oficialmente, eres mi hermosa prometida. –Fátima dijo con una sonrisa sobre los labios de Abasali.

—Y tu la mía –Stephany acomodo un mechón rebelde tras la oreja de la chica.–. Y hay una cosa más que hice –los ojos verdes miraron con curiosidad, la menor se acercó para hablarle al oído–, reservé una suite para nosotras –y una vez más, Fátima se sonrojó.

Los preparativos para la boda pasaron en un parpadeo, y pronto se encontraban ellas dos, jurando amor eterno en frente de sus seres queridos como testigos, con votos cortos y dulces. Un Rolls Royce negro las llevo hacía el aeropuerto para partir a la Luna de Miel.

El aire del mar alborotaba levemente el cabello de Fátima, pensaba en todo lo que vivió para llegar a este momento.

—¿En qué piensas amor? –Stephany llegó a su lado, usaba una camisa blanca suelta con unos shorts del mismo color, rodeó la cintura de la ojiverde mientras apoyaba el mentón en su hombro. Fátima la miro con una sonrisa suave.

—En ti, en mi, en nosotras. –Se giró para mirar a su esposa, abrazándola por el cuello.–Todavía me siento en un sueño, jamás pensé que te encontraría. –apoyó su frente en la de Stephany, cerrando los ojos, y dejándose envolver por el calor del cuerpo de la venezolana.

—No importa cuántas vidas pasen Fátima, siempre voy a encontrarte, aún así estemos separadas por miles de kilómetros, mi alma siempre va a encontrar el camino hacía ti.–Y así Stephany selló la promesa que en otro mundo le dejo a Fátima en una carta, porque no importaba si era en un mundo fantástico o real, ella y su Mexicana, siempre van a encontrarse una y otra vez.

 

Notes:

Esta historia esta publicada de igual manera en otra plataforma, pero igual la traigo para acá porque ajá.