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Alfons jamás había agradecido por gozar de tanta paz hasta ese momento. Todavía seguía recuperándose de los acontecimientos que habían azotado su vida, por lo que era extraño no toser sangre como lo hacía a menudo, lo cual, naturalmente, era un alivio increíble. En cambio, ahora pasaba su tiempo libre dando caminatas en compañía de Edward y su contraparte de otro mundo; Alphonse. Al principio, ambos estaban fascinados con lo similares que eran: con el pasar del tiempo se acostumbraron y formaron una relación de confianza.
Cierta noche en la que los dos rubios estaban charlando y bebiendo un poco, Alfons llegó a confesar sus sentimientos por Ed. Esto le produjo vergüenza por la homofobia interiorizada, pero, sobre todo, porque estaba declarando esto frente a su yo de otro mundo. Creyó que Alphonse lo miraría como un bicho raro, pues se trataba de Ed de quien estaba enamorado; sin embargo, Alphonse le dio una palmadita en la espalda.
"¿Qué se supone que haga contigo? ¿Condenarte por amar a mi hermano? Si es por el parentesco conmigo... Tú y yo no somos la misma persona. No te agobies por eso." Tranquilizó Elric, ofreciéndole calma a la maraña de pensamientos que paseaban por la mente de Alfons.
"No es solo por eso." Admitió "Somos hombres, eso es-" La oración fue zanjada de inmediato.
"No tiene nada de malo que sean hombres". Se encogió de hombros. "Tal vez solo debas tener precaución en público por si acaso".
Alphonse no gustaba de reprimir a la gente, mucho menos en cuestión amorosa.
Pero él pronto comprendió que en el mundo en el que estaban no había tolerancia para este tipo de demostraciones entre parejas del mismo sexo. Odiaba esa parte de la sociedad retrógrada, pero, aun así, apoyaría las decisiones de Alfons y Edward.
Alfons suspiró sonoramente. No había más remedio que aceptar que estaba prendado caóticamente de Ed.
Pocas veces se sentía así con mujeres y hombres, y Edward fue el torbellino que destrozó el decoro mental que todavía aguardaba tener; era inevitable no sucumbir al sonido de su voz, a sus ojos color sol que quemaban en su pecho, y a esos labios tentadores que le hacían poseedor del impulso de besarlo hasta que sangraran.
Alfons estaba bajo los encantos de Ed y este no se daba cuenta del dominio que tenía sobre el joven científico.
"No sabrás el resultado hasta que le preguntes directamente, ¿lo entiendes?." Resolvió Elric.
"Puede ser, pero es algo que me temo resulte en rechazo" Admitió Heiderich.
Alphonse no quiso insistir más de momento, por lo que continuaron charlando de otros temas para diluir el sabor amargo.
✣ ✣ ✣
"¡¿Qué le gusto a Alfons?!" La incredulidad asomaba en el rostro del chico, a la vez que su voz estremecía las paredes de la habitación en la que se encontraban los hermanos.
"Shh, hermano, ¡baja la voz! Te escucharán hasta Francia" Bromeó el menor de los Elric.
Por una parte, él estaba entusiasmado con la idea de gustarle a Alfons, mientras que, por el otro lado, estaba nervioso e inseguro de si realizar algún movimiento para acercarse al alemán.
“No puedo creer que él te haya dicho eso.” No es que llamara mentiroso a su hermano, solo que estaba perplejo.
Más allá de la opinión tonta de la gente que no gustaba ver a dos hombres juntos, Edward estaba indeciso de hacer cualquier acción que evidenciara sus sentimientos por Alfons; ahora sabía que era mutua la atracción, pero no sabía cómo declarar sus sentimientos hacia él sin parecer tan entusiasmado como un adolescente -aunque lo era todavía-.
Se mordió el labio inferior.
"¿Es esto una oportunidad que no debo dejar pasar, verdad, Al?" Ed ya sabía la respuesta, pero quería escuchar una afirmación.
El menor de los Elric colocó una mano en el hombro de su hermano.
"Estaría decepcionado de ti si no haces caso a lo que dice tu corazón". Y aún con esa advertencia, había una sonrisa comprensiva en el rostro de Alphonse.
La expresión de Edward se suavizó.
"Eso no es lo complicado. Pero no tengo idea de cómo confesarlo sin sonar patético o muy cursi."
Al negó con la cabeza.
"Quién no es patético por amor no ama de verdad." Puntualizó, una mezcla de broma y realidad "Si no piensas arriesgarte por él, entonces no lo mereces".
Al se encogió de hombros. No pretendía sonar duro, y sabía que sus palabras tenían un efecto en su hermano mayor.
Edward se cruzó de brazos y arqueó una ceja.
"¿Y cómo le diré mis sentimientos? ¿Escribiré un pergamino con todas las cualidades que me gustan de él? Tal cosa será más largo que yo" Por primera vez, Edward hizo un chiste sobre su altura; sin duda, el amor era increíble.
"Quizás cabes dentro de un pergamino, Ed" Al se rio, pero algo surgió en su mente.
"Aunque..." Adoptó una pose pensativa "un pergamino no será suficiente para envolverte por completo. Quizás una envoltura de regalo sea una mejor opción."
Edward se burló ante la escena imaginaria. De tan solo pensarlo le dio vergüenza ajena.
Sin embargo, su sonrisa se esfumó cuando vio que Al lo veía con solemne complicidad.
"¿Qué estás..." Edward frunció el ceño "Oh, vamos, debe ser una broma también. No hay manera de qué estés hablando en serio." Entrecerró los ojos.
"Vamos, hermano. No lo verá venir." Apremió Alphonse, convencido de su propia y brillante idea "Será un regalo de navidad que recuerde muy bien. Una anécdota divertida que contarán a sus hijos". La picardía en el rostro de Al era superada por la expresión de Edward, la cual era todo un poema a la vergüenza.
"¡¿Hijos?! Ni siquiera me ha dicho que sí, Al" Exclamó, rojo como un tomate.
"Dudo que te rechace, sobre todo si lo haces sonreír".
Los hermanos Elric pasaron varios minutos discutiendo sobre esto. Edward accedió finalmente, pidiéndole a Dios que no pasara el peor momento de su vida o se escondería debajo de las piedras por el resto de sus días.
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Heiderich llegó agotado por la jornada del día; la presión de terminar algunas cosas había incrementado debido a las fechas decembrinas.
El día siguiente sería navidad, y estaba pensando en todo lo que habló con Alphonse sobre Edward y los sentimientos que sentía hacia él. Tal vez más tarde iría a visitarlo con una tarta para pasar nochebuena con los hermanos.
Si bien la idea le entusiasmaba, pensó que le estaría robando la oportunidad a los Elric de pasar tiempo juntos en una fecha importante.
Engullido por aquel dilema moral, no se dio cuenta de que debajo de su árbol navideño se encontraba cierta persona envuelta en papel decorativo.
Fue hasta que escuchó toser a alguien que sus alarmas se encendieron y buscó el origen del ruido desconcertante.
"¿Pero qué?!" Casi se le fugaba el alma del cuerpo en cuanto vio a Ed ser el causante de su susto. "¿Edward? ¿Qué estás haciendo aquí?" Se arrodilló para notar la imagen extraña que se desarrollaba frente a él "¿Por qué estás envuelto en papel como si fueras un regalo?" Permitió reírse por el incrédulo momento. Creyó que debía ser una especie de broma.
Edward torció los labios mientras sus mejillas y cuello se teñían de un rojo intenso.
"Al pensó que era buena idea. Pero ahora no puedo desatarme solo..." Puso los ojos en blanco. Ed vaciló unos instantes, hasta que habló otra vez.
"¿Te importaría...?" Evitó la mirada de Heiderich por un segundo, para luego encontrarse con la mirada azulada y sentir cómo su corazón se aceleraba dentro de su caja torácica.
El otro rubio asintió y se acercó a él. No lo desató en el momento, sino que aguardó unos segundos para articular palabras.
"Creo que te ves mejor así, ¿Sabes?" Alfons le guiñó un ojo, creando una revolución en el sistema de Ed.
Aquel gesto derritió más su corazón.
Alfons comenzó a deshacer los nudos de la cuerda alrededor de Edward, quien irradiaba calor de cada poro de su piel ante el tacto de Heiderich; a este punto, Elric rezó porque su cara no delatara el goce que experimentaba ante el contacto físico con Alfons.
"Quería visitarte- visitarte a ti y a tu hermano esta noche. Al final me retracté porque no quería incomodarlos." Comentó el joven científico, trabajando con las manos ajenas para liberarlas.
Por Dios, sus huellas sobre la piel de Edward hacían estremecer a este.
"Jamás nos incomodarías. Mucho menos a mí." Confesó, sintiendo el calor trepar por su cuerpo mientras Alfons deshacía el nudo en sus pies. "Esto no fue la opción más orgullosa, pero Al..." Ed estaba inseguro de si decir lo siguiente o no. Tomó el riesgo.
"Me convenció de que hacer esto por alguien que quiero era buena idea". Murmuró esto con un hilo de voz. No había vuelta atrás.
La cuerda que sostenía los pies de Elric cayó al mismo tiempo que Alfons escuchó la revelación. De manera involuntaria, él se inclinó hacia el alquimista.
"¿Alguien a quien quieres, has dicho?" Sí había escuchado bien lo que dijo Edward, pero necesitaba oírlo de nuevo. Necesitaba saber -confirmar- a quién se refería Elric.
El alquimista se armó de valor para admitir lo que su mente y corazón le insistían que dijera en voz alta.
Era ahora o nunca.
"No te enfades con Al, él solo quería ayudar a que yo diera el primer paso." Él mismo terminó por quitarse el papel vibrante que sobraba alrededor suyo; comenzó a jugar con el residuo cuando su nerviosismo se instalaba nuevamente en sus entrañas.
"Lamento no habértelo dicho antes, no sabía que sentías lo mismo por mí."
Esa fue la oración que derrumbó la inquietud en Alfons y dio paso a la sorpresa.
En parte, escuchar esto le dejó una sensación de traición por parte de Alphonse, pues el secreto que le compartió a su yo de otro mundo fue revelado.
Por otra parte, una emoción vibrante le atravesó el pecho cuando analizó la declaración de Edward.
Era mutuo.
Heiderich sintió que la garganta se le secó y su corazón se saltó un latido ante la realización.
El alemán se lamió el labio superior con la punta de la lengua.
"Esto sin duda tampoco lo esperaba." Dijo él en un hilo de voz.
Edward rio, ansioso y emocionado, y definitivamente maravillado.
"Al cumplió su objetivo; te he dado una sorpresa increíble, ¿no?" Elric se puso de pie y Alfons imitó su movimiento.
Una vez erguidos, los rostros de ambos se encontraron peligrosamente cerca, sus corazones desbocados en sintonía y la calidez irradiando de sus cuerpos fueron detonantes para eliminar la escasa distancia que los separaba.
Alfons unió su frente con la de Edward, queriendo fundirse en su piel cómo había imaginado tantas veces en la soledad de su habitación; hoy se volvía real e iba a gozarlo cada segundo.
Sin torturarse más, buscó los labios de Edward para apresarlos con los suyos. El alquimista correspondió de inmediato, sujetando el rostro del científico entre sus manos y saboreando con su lengua la cavidad bucal del joven hombre.
Fue irresistible gemir contra la boca desesperada de Heiderich, quien deslizaba sus manos por la espalda de Elric.
El alemán ya no tenía duda de estar con él. Al carajo las normas sociales. Si alguien los intentaba separar Alfons defendería su relación con uñas y dientes.
Ambos eran bendecidos por encontrar el amor y ninguno iba a tirar esta oportunidad a la basura.
Se separaron por falta de aire, respirando agitadamente y con el pulso acelerado a una velocidad sobrehumana.
"Creo que para ser invierno está haciendo demasiado calor, ¿estás de acuerdo? "Alfons no ocultó la sonrisa pícara que expresó deseo.
Ed asintió enseguida, buscando los botones de la camiseta de Alfons, desabrochando uno sin decoro ni paciencia.
"Te advierto que hará más calor." El alquimista vio con hambre la boca entreabierta del alemán, quien cargó a su amado en un movimiento astuto y posesivo.
En otra ocasión, Edward se habría quejado de esta acción hacia su persona; aquí no hubo pelea ni opuso resistencia.
Se dejó llevar por Heiderich.
Se dejó tomar por él como quisiera. No existió más ruido que ellos dos, jadeando, gimiendo el nombre del otro y sudando mientras se volvían uno mismo.
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Alphonse pasó la noche con algunos camaradas y Noah, no preocupándose por la ausencia de Edward o Alfons.
Se acostó temprano y solo despertó por el sonido de la puerta abriéndose. Escuchó el sonido de la regadera ser utilizada y sabía perfectamente quién se bañaba tan temprano en una mañana helada de navidad, aunque de seguro Ed no había pasado nada de frío durante la noche.
