Actions

Work Header

From the star | Rodzilla

Summary:

Godzilla and Rodan try their best to be a good parents.

_____

Or Mechagodzilla vs Godzilla ll but no one dies and Goji jr is Godzilla and rodan son.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Parecía ser un día como cualquier otro en la isla. Aun así, Rodan se sentía un poco nervioso mientras se preparaba para salir a buscar comida, convenciéndose de que dejar a su huevo solo durante un rato seguía sin suponer un riesgo real para su cría por mucho que el extraño presentimiento en su interior le dijera lo contrario. En el peor de los casos, se dijo como una especie de consuelo, el fulgor que había empezado a irradiar de su cascarón sería solamente la advertencia de una posible eclosión: un momento más que ansiado por él.

Además, añadió para terminar de convencerse de ir a llenarse la tripa de una buena vez, él podría simplemente regresar cuando quisiera para cerciorarse de que todo seguía estando bien en el nido tal y como lo venía estando desde que lo incubó, pero no sólo eso: en el hipotético caso de que se rompiera el cascarón mientras él estaba lejos, ni el más peligroso de los animales que habitara en la isla podía considerarse un riesgo para la cría, así que realmente no tenía de qué preocuparse.

Es decir, ¿qué es lo peor que podrían hacerle? ¿Un rasguño? Bueno, les convenía que ni eso intentaran hacerle a su cría porque los despedazaría vivos, pero el punto no era ese.

Así pues, cuando el dinosaurio finalmente se persuadió a sí mismo de que esa sería otra salida más como las habituales y rutinarias en su haber desde que habían llegado a la isla, el mal presagio que lo fastidiaba fue contemplado como mera sugestión. El malestar en su estómago, por otra parte, debía ser simple hambre: razón más que suficiente para darse prisa y saciar su apetito.
Después de todo, cuando estaba hambriento Rodan se ponía más nervioso y gruñón que nunca: el huevo no necesitaba esa aura cerca de él. Por eso Godzilla tampoco estaba cerca tan seguido —incluso cuando a veces genuinamente quería estar cerca para descubrir qué aspecto tenía esa criatura aún resguardada en su cascarón luminoso.
Fue así como Rodan finalmente emprendió el vuelo, no sin antes prometerle a su bebé que no tardaría mucho en volver, aún ansioso por tener que separarse de él, pero también demasiado hambriento como para que sus tripas ya empezaran a rugir exigiendo, necesitando alimento.
Tal vez, sólo tal vez, si Godzilla se hubiese encargado de alimentar a su omega para que éste siguiera cuidando de su huevo, las cosas hubieran sido diferentes, pero ¿cómo imaginar el rumbo que iban a tomar las cosas en el mismo instante en que el batir de las alas de Rodan se perdió en la distancia, dejando a la cría en medio de un murmullo-como-canción de cuna que los típicos ruidos de la selva le ofrecían?
Nadie imaginaba lo qué iba a suceder.
Por eso Rodan se culpó, desesperado y angustiado, temiéndose lo peor.
Por eso, mientras buscaba a su huevo, culpó también a Godzilla —sobre todo a éste.

¿Pero qué demonios? ¿En dónde diablos se había metido su huevo? Renegaba Rodan más y más ansioso, escudriñando nerviosamente el paraje bajo su alado cuerpo, con los frondosos árboles de la selva convirtiéndose en laberintos verdes donde todo era monótonamente igual.
Repentinamente asustado, se atrevió a alzar la vista hacia el extenso cuerpo de agua allá por el horizonte, tragando duro ante la posibilidad de que, de alguna forma, el mar lo hubiese arrastrado con él. Por supuesto, esto sonaba descabellado, pero como empezaba a sentirlo lejos de él, la idea no dejó de acosarlo mientras volaba en su búsqueda.
O tal vez… Rodan se detuvo un momento, contemplando otra posibilidad que lo dejaba en una situación aún peor: ¿y si más bien era él quien se estaba alejando de él en su intento de buscarlo? Bueno, tendría sentido que así fuera, trató de calmarse, o mínimo de no culparse del todo por lo que estaba pasando —porque él no era el único responsable del huevo. En retrospectiva, como no tenían mucho de haber encontrado la isla y aún estaba conociendo su territorio en los ratos que salía a comer, tomar un camino equivocado era una posibilidad bastante alta y justificable.
El problema es que, sin importar qué tan comprensible pudiese ser su error, nada borraba el pánico de tan sólo pensar en su pobre criatura sola, a la deriva: tal vez no en peligro como tal, pero sí lejos de él… lo cual no era buena señal, en lo absoluto.

El extraño y pequeño campamento escondido en la isla tampoco fue una buena señal para Rodan, quien perdió los estribos nada más asumió lo único que tenía sentido: su huevo había sido descubierto por esas pequeñas criaturas yendo y viniendo de un lado a otro, alborotadas por su presencia, como pareciendo alistarse para huir.
Lo más probable es que ellos tuvieran a su bebé. ¡Se lo habían robado! ¡Habían tenido el descaro de robárselo mientras él estaba fuera, alimentándose, en lugar de cuidarlo de un peligro que no se había imaginado que podría esconderse en la isla!
Pero antes muerto que dejar que se robaran a su huevo, gruñó Rodan, descendiendo hacia el campamento. Su bramido advirtió lo que ya era obvio: su enojo. Su ira por meterse con su indefenso bebé.

Mientras arrasaba con el campamento entre gritos y estruendosas caídas de árboles y de sus extraños artefactos metálicos, buscando en los escombros que dejaba a su querido huevo, la repentina llegada de Godzilla empeoró el ánimo de Rodan.

 

El sentimiento de culpa dejó de punzar en su pecho, y en su lugar se dirigió al kaiju alfa, a quien comenzó a gritarle sin dejar de destruir el campamento humano que pronto le demostró que su huevo no estaba allí. Aunque podía sentirlo todavía, no estaba en ese lugar.
Y todo era culpa de Godzilla, por no hacerse responsable del huevo, ¡por no velar por el bienestar de su familia y aparecerse cuando se le daba la gana!
Esta queja molestó al alfa, quien le recordó quien era el que no lo dejaba estar cerca del huevo a pesar de querer hacerlo. Rodan contrarrestó culpando su «mala vibra», su «cara gruñona» y su «indiferencia», pues él no se hacía cargo de cuidarlo, sólo de verlo para ver si se parecía a él o no.

La disputa entre los kaijus continuó sin que ambos se dieran cuenta de cómo los japoneses se llevaban al huevo, convencidos de que de algo les podría servir después de haberlo estado observando el último rato.

 

De hecho, cuando Rodan se dio cuenta de que su cría se estaba alejando, ya era demasiado tarde: no quedaba rastro de los humanos.
En lugar de emprender el vuelo y buscarlos en el mar como bien podía ser la opción más lógica, su solución fue volver a gritarle a Godzilla, culparlo por todo, después atacarlo en medio de una crisis por ya no sentir a su cría y no saber qué sería de ella, asegurando que si él hubiera sido un buen padre nada de eso estaría sucediendo.
Godzilla, en respuesta, sólo se defendió de Rodan, pero su fuerza fue suficiente para noquearlo con un simple golpe.

Motas de polvo arrasaron con lo que quedaba del destruido campamento mientras el kaiju permanecía allí tumbado, inconsciente, dejando en el alfa una sensación incómoda de preocupación no sólo por su omega, sino por su huevo. Así que, no teniendo más opciones, Godzilla decidió tomar las riendas de la situación y ser él quien se encargara de recuperar el huevo mientras su omega volvía en sí, esperando que al despertar lo último que éste hiciera fuese culparlo de nuevo y seguir lloriqueando histérico sobre cómo su pobre bebé estaba a la deriva y él era un mal padre y bla, bla, bla.

En serio, ojalá que la cría no se pareciera a su madre…

Para cuando los científicos llegaron a su sede en Kioto, el luminiscente huevo en su poder parecía fulgurar con más fuerza, como si indicara su pronta eclosión, o quizá simple y sencillamente reaccionaba a los estímulos exteriores mucho más presentes que en la isla. Ciertamente su naturaleza era desconocida y difícil de identificar incluso para aquellos que lo habían estado observando de cerca desde antes de sacarlo de su hábitat.

La curiosidad entorno a esta nueva cría de dinosaurio tenía a todo el equipo expectante, aunque fue Azusa Gojo quien decidió hacerse cargo del huevo, dedicándose enteramente a él, abiertamente intrigada por la sorpresa que yacía dentro de aquel huevo.

Nadie imaginaba que éste les daría más de una sorpresa, y que ninguna sería lo que ellos habían asumido al inicio, pues cuando su momento de eclosionar llegó, Azusa llamó al resto del equipo al laboratorio, ansiosa de ver a la cría de dinosaurio.
Por supuesto, sí hubo una cría… pero no era el pteranodon que ellos esperaban: era una criatura diferente, de cierta forma bastante familiar a cierto kaiju, pero mucho más… ¿tierno? Y pequeño. E indefenso.

—¿Qué es…?
—Es un godzillasaurus —respondió Miki, la psíquica, con seriedad—. La especie es dócil, a diferencia de Godzilla. No supone ningún peligro. —Agregó para calmar la pronta inquietud en varios de los científicos.

La forma en que la cría recién nacida se dejó acariciar por su madre adoptiva, la propia Azusa, confirmó las palabras de la psíquica: el pequeño godzillasaurus era un adorable kaiju relativamente pequeño, bastante dócil y gentil a simple vista. Incluso cuando Goro le dio una flor para comer, éste no mordió su mano: no hizo nada que pusiera en riesgo a la madre que había tomado como tal después de escucharla desde el cascarón.
Su nacimiento pasó de sorprender a maravillar a todo el equipo que conformaba la G-Force, pero Miki tuvo que interrumpir el momento puntualizando lo obvio:

—Deben de ser conscientes de que, al ser la cría de Godzilla él va a…
—Lo sé —la interrumpió Omae, inmutado.
Aunque ninguno de los presentes contempló a Rodan, la calma con la que manejaron —y desestimaron— un posible riesgo para Japón desconcertó a la psíquica.

El pequeño Godzilla, en cambio, sólo observaba todo con confusión: tanta gente, personas desconocidas con las que no tenía ningún tipo de vínculo ni semejanza, hablando cosas que él no entendía, comenzaba a estresarlo. Notando esto, Azusa decidió distraerlo, continuar con su nuevo deber como madre adoptiva, mientras el resto del equipo parecía poner manos a la obra en lo-que-sea que habían decidido hacer.
Así, mientras Godzilla continuaba con su búsqueda y la G-Force parecía rastrearlo, el bebé kaiju era mimado por su madre adoptiva. Comió todo lo que se le puso en frente mientras la mujer parecía averiguar su dieta, y ocasionalmente dejaba salir rugidos bastante adorables completamente distintos a los de su padre.

Fueron ratos agradables. Tal vez demasiado fugaces para el kaiju, pero sin duda valiosos. Aun así, había algo en su interior que no parecía del todo complacido. ¿Tal vez la sensación de cercanía con su madre adoptiva? ¿El entorno? La cría no podía saberlo: era todavía muy joven para tener una noción consciente de la vida fuera del cascarón.
Lo único de lo que sí podía estar seguro era de que su madre: esa mujer humana, se sentía distinto a la madre que el día anterior había prometido volver pronto con él…

—¡MechaGodzilla no responde! —Gritó uno de los sujetos desde la radio, sobresaltando al bebé.
Sus rugidos-como-sollozos, un tierno gesto de miedo por la interrupción de su momento con mamá, fueron calmados por Azusa, quien no pudo esconder su nerviosismo por mucho que trató de convencerse de que no había forma de que el kaiju descubriera el paradero de su hijo.

Después de todo, si algo sabían los japoneses acerca de Godzilla era esa fuerza capaz de superar cualquier tipo de adversidad. No era la primera vez que hacía gala de ella y dudaban que fuera la última… incluso cuando la creación de aquel robot había sido precisamente la de acabar con él.

—¡Godzilla se dirige hacia el laboratorio!
—¡Mierda! —Exclamó Omae, mirando hacia Azusa y el bebé. Una mueca de confusión cambió su semblante pálido cuando se dio cuenta de cierto detalle—. ¿Qué está…?

Todo el grupo que seguía en las instalaciones miraron al bebé instintivamente. Aunque parecía no estar haciendo nada en particular —había pasado a verlos ladeando la cabeza en gesto de confusión— Miki fue la primera en entender qué sucedía.

—Está llamándolo. —Confirmó finalmente las sospechas.
—Pero ¿cómo es que…? —Azusa miró confundida al bebé, no logrando entender la forma de comunicarse del kaiju. Éste, en respuesta, soltó un ruidito, con sus ojos fijos en la palidez de su madre.

La confusión general pasó a ser preocupación en cuanto todos ataron cabos casi al mismo tiempo, corroborando así el por qué Godzilla se dirigía hacia las instalaciones del laboratorio. Miki no se había equivocado: iba tras su bebé y nada ni nadie era capaz de detenerlo ahora.
Su única esperanza era un montón de chatarra sufriendo un corto circuito por su efímero encuentro con el kaiju.

—¡Aíslenlo para que no lo pueda encontrar! —Ordenó Omae, casi desesperado.
Azusa acató la orden y junto con el resto del equipo aún con vida arrastraron al bebé hasta el sótano. Este gesto repentino no fue del agrado de Junior, pues comenzó a chillar más fuerte, apenas escuchando a Goro mientras sus ojos brillaban y parecían parpadear.
—¡Haz que se calle! —Gritó uno de los miembros de G-Force.
—¡Eso intento!
Meterlo a la nueva sala les estaba costando demasiado trabajo incluso cuando la fuerza de todos juntos superaba a la del bebé, quien simplemente no quería ni le gustaba el trato recibido por los extraños que obligaban a su madre a actuar raro.

Un potente rugido seguido de constantes temblores; vaivenes que apenas y sacudían un poco las paredes del edificio, lo hicieron cambiar de parecer. Así, caminando lo más rápido que pudo entre trompicones y rugidos bebés —mientras las manos detrás de él seguían empujándolo y Azusa, por su parte, trataba de jalarlo hacia ella—, la cría de kaiju entró al sótano. Sus ojos detuvieron su fulgor, y como el bebé que era, tan pronto entró a la sala de almacenamiento se le lanzó a Azusa, casi aplastándola mientras buscaba cobijo en ella, gimoteando asustado.

Cuando trozos de techo empezaron a caer, el ruido ya estaba literalmente a un lado. Potentes sacudidas atacaron el edificio: gritos aterrados se ahogaban con el sonido del concreto haciéndose añicos, con azulejos resquebrajándose, con golpes secos de lo que hasta ese momento habían sido los niveles superiores del edificio de G-Force.
Todo este caos provocó que Junior dejara de chillar, temblando entre los brazos extendidos de Azusa, quien apenas y podía cubrir una parte de su cuerpo con el de ella.

Con su pronto silencio, los estragos de Godzilla, quien desquitaba su frustración por no encontrar al huevo, por no sentirlo ni escucharlo a pesar de que hace nada creyó estar cerca, se detuvieron de golpe. Hubo un nuevo rugido; uno de enojo, ¿o quizá de decepción?, que estremeció todo Kioto. Después, entre crujidos y temblores, los pesados pasos del kaiju se fueron volviendo más y más lejano hasta que ya no se sentían ni escuchaban.
El rugido lejano de Godzilla, una especie de llamado que hizo que Junior se apartara un momento de Azusa, confirmó su retirada: el bebé y los demás estaban a salvo ahora.

—… eso fue aterrador. —Susurró Azusa, tomando el rostro de Junior entre sus manos—. ¿Te asustaste, bebé? ¿Estás bien?

La cría de kaiju rugió por lo bajo, sin deseos de ser escuchado por su padre, todavía temiendo que, si volvía a cometer el error de llamarlo, esta vez Godzilla sí lo aplastaría o le haría daño. Kioto era la evidencia de lo que era capaz de hacer, a pesar de que, en esa ocasión, los estragos habían sido considerablemente menos alarmantes.
G-Force entonces aprovechó toda la situación para voltearla a su favor, tomando las pérdidas y su derrota como su principal razón para no rendirse en su cometido.

______________________________________

Godzilla no podía creerlo. Estaba furioso y desconcertado. ¡Juraba haber escuchado a su cría llamándolo, pero después…! ¿A dónde se había ido? ¿Por qué lo había llamado si al final terminó escondiéndose de él?
O quizá… ¿y si habían replicado su llamado? ¿Eso era posible? Tal vez sí, se recordó mientras volvía al océano, frustrado y preocupado, porque incluso a él lo habían intentado replicar, pero mucho más feo, por supuesto.
Fuese como fuese, la frustración de no encontrarlo sólo se acrecentó mientras seguía con su búsqueda, una ahora a ciegas, porque por mucho que se concentraba no lograba sentir de nuevo al huevo.

Por supuesto, Godzilla tampoco sabía que ya no buscaba un huevo, sino a su copia en miniatura…
Aunque a Godzilla no le importaba demasiado cómo se encontraba Rodan en esos momentos, mientras volvía al mar para seguir buscando por las islas aledañas no pudo evitar pensar en el dinosaurio: una duda fugaz y casi indiferente aún teñida con cierto fastidio por la reacción que había tenido en su momento picaba su curiosidad.
Su respuesta fue que lo más probable es que el kaiju siguiese noqueado o, en el peor de los escenarios, estuviese lloriqueando en su nido vacío, culpándolo porque sí y porque no.

Realmente, así Rodan fuese su pareja, el kaiju alfa prefería concentrarse en dar con su cría, pues sabía que ésta calmaría a su omega una vez se la regresara sana y salva. De otra forma, lo único que obtendría si volvía para ver cómo estaba serían más reproches.
Godzilla no quería ese fastidio extra en su vida. Ya era suficiente tener que lidiar ocasionalmente con enemigos que aparecían de la nada y, de paso, con los humanos que se tomaban de mal modo que él simplemente defendiera su terreno y su posición como el kaiju líder en la Tierra.

 

__________________________________

—Todo está listo. —Anunció Omae a sus compañeros—. Partiremos al amanecer.
Como todo lo sucedido en las últimas veinticuatro horas giraba en torno al kaiju bebé y su poder sobre Godzilla, la primera decisión que tomó G-Force, después de recoger los escombros de su colapsado edificio, fue trasladar al bebé a una nueva instalación: una mucho más segura y, sobre todo, completa.

El viaje a primera hora del día no pareció molestar a Junior porque Azusa estaba allí, seguía a su lado e incluso actuaba mucho más protectora con él, como si el reciente desastre los hubiera hecho mucho más unidos a pesar de que él era indirectamente el responsable de lo sucedido. De hecho, el susodicho parecía más contento que nunca, superando rápidamente lo que habían vivido en las instalaciones de Kioto.

Además de eso, su docilidad a lo largo de la mudanza y durante sus días posteriores en las nuevas instalaciones volvieron a darle la razón a Miki, pero también le dieron una idea a la G-Force que rápidamente se tachó como polémica por algunos pocos: usarlo como conejillo de indias. Más precisamente examinarlo, investigarlo, averiguar cómo funcionaba el pequeño kaiju que se adoptó fácilmente a su nuevo entorno.
La razón de esta actitud, entre otras, era que el cambio de instalaciones no implicaba un cambio radical que lo pudiera estresar.
Los exámenes que le tomaban duraban poco menos de una hora al día, también, y obviamente Azusa estaba inmiscuida, por lo que no eran tan intrusivos ni molestos para el bebé.
No faltaban los mimos antes y después de cada examen, tampoco, y por supuesto, qué decir de las recompensas: éstas abundaban para mantenerlo contento, yendo desde comidas hasta botanas que los científicos se encargaron de prepararle recreando un poco la dieta que asumían que consumía Godzilla —el único kaiju que seguía vivo y dando de qué hablar.

Aunque los paseos seguían en negociación, Azusa ya lo daba por hecho y se había encargado de comentárselo mientras lo alimentaba, lo bañaba o lo arrullaba, siempre procurando que el kaiju no cayera en la monotonía de las metálicas paredes de su habitación, su falso hogar hecho pasar como el único y verdadero.
Todo funcionaba a la perfección desde el mero inicio. Después de todo, aunque el bebé ya intuía que su madre humana no era la misma que aquel kaiju que lo engendró en una isla desconocida a cientos de kilómetros de distancia de su actual ubicación, con el reciente incidente con Godzilla temía que aquel progenitor que casi lo aplastaba sin aparente motivo, aún había un poco de miedo que le impedía querer descubrir —en caso de poder hacerlo— quiénes eran sus padres y cuál de ellos había causado los destrozos.

Aunque era casi obvio que debía ser su padre, pues su madre, al menos mientras estuvo dentro de su huevo, siempre fue amorosa y protectora con él. Pero ah… era tan difícil reconocer a cada uno de sus papás porque en su huevo realmente no había podido ver a ninguno de los dos…
Fuese como fuese, pasando por alto la duda sobre sus padres, para Junior era mejor quedarse con la idea positiva de que todos en G-Force se preocupaban por él y velaban por su seguridad nada más, haciendo de la convivencia una rutina tan amena como para no tener motivos para cuestionarse nada más. Azusa fue la principal causa de ello, aunque Miki no se quedaba atrás, tampoco.

 

__________________

Un lastimero resoplido escapó de Rodan cuando abrió los ojos y se encontró donde mismo, sin Godzilla, si su amado huevo… sin embargo, algo en él se sentía… diferente, de alguna forma. Mucho más enérgico, aún tan furioso y culpable como al inicio, pero sin la bruma de una tristeza fatalista cerniéndose sobre sí mismo.
De repente, una especie de llamarada se arremolinó en su pecho, y un disparo de adrenalina corrió por todo su cuerpo, despertando abruptamente todos sus sentidos.
Conforme la canción llegaba a su fin, Rodan se alzó con sus alas extendidas: fuego emanó de su cuerpo, haciéndolo brillar como una especie de estrella de fuego. De su garganta surgió un rugido vigoroso; el despertar del kaiju de fuego en todo su esplendor, quien juraba que aún no habían terminado con él.

Fue así como se suscitó regreso de una madre que no iba a dejar que desconocidos se quedaran con su bebé sin pagar caro por ello.
A fin de cuentas, si quieres que algo se haga bien, tienes que hacerlo tú mismo. Godzilla no cuidaría a la cría como Rodan, su madre, lo haría. Y, por supuesto, Godzilla no daría con él si ni siquiera tenía ese vínculo bien formado. De haberlo hecho ya estaría en la isla, pero para variar el kaiju alfa se había desaparecido de la misma forma que se aparecía cuando se le daba la gana.

Así que todo estaba claro ahora: en lugar de seguir lamentándose y hundirse en una crisis emocional que sólo acabaría con su absoluto descenso a la locura, Rodan ocuparía ese arrebato de energía para lo que era verdaderamente importante: salvar a su bebé. Costara lo que le costara.
Ya había perdido demasiado tiempo lamentándose y lloriqueando en su soledad.
Además, una especie de presentimiento le advertía que debía de actuar pronto. Ya fuese bien o su instinto maternal o simplemente una corazonada, Rodan estaba en lo cierto.
__________________

Junior no entendía por qué su madre actuaba tan desconsolada y había empezado a frotar su mejilla con la suya. Tampoco supo por qué la expresión de Miki parecía triste, contrastando con la indiferencia de los demás miembros de la G-Force. Todo era confuso y aunque había pasado relativamente poco, ver esos semblantes en quienes veía como compañeros le hizo sentó muy mal.

¿Acaso estaban enojados por haber paseado por las instalaciones? Es que no podía entender lo que decían, tampoco estaba enterado de cómo todos aquellos sujetos habían decidido usarlo como carnada para acabar con su padre, pero sabía, sentía que algo iba mal.
Aunque Junior no sabía exactamente qué sucedía, ni por qué se sentía ansioso, de lo que sí estaba seguro era que no le gustaba la tensión que se apoderaba de su habitación. No le hacía sentir cómodo… ni a salvo.
Y estaba en lo correcto, pues a pesar de los reniegos de Azusa, él se vio prontamente arrastrado por varios de los miembros de la G-Force, quienes lo guiaban hacia un nuevo contenedor. ¿Iban a mudarse otra vez? ¿Por qué?
El miedo que se apoderaba de él hizo que sus ojos comenzaran a brillar. Ante este gesto, Azusa se hizo espacio entre todos sus compañeros, abrazándolo. Junior se sintió un poco mejor con su presencia, pero aún había inquietud en su pecho.

—Dejen que lo acompañe en el contenedor. —Ordenó uno de los sujetos, sin necesidad de que la propia Goro lo insinuara.
Aun con esto, Junior seguía sin estar del todo tranquilo. Por supuesto, estar en los brazos de su mamá era reconfortante, pero no saber a dónde iban, ni por qué Miki y Azusa parecían agobiadas mientras que el resto actuaba indiferente con él, estaba generándole no sólo dudas, sino una evidente ansiedad que inundaba su pecho con un extraño presentimiento que se hacía cada vez más y más fuerte y latente, como si fueran sus propios latidos, pero al mismo tiempo no.
Los vaivenes del contenedor y el sonido ahogado de la hélice del helicóptero tenían sus nervios más que crispados. Sus ojos seguían brillando rojo, soltando gruñidos de vez en cuando, pues la presencia de Azusa ya no era suficiente para calmarlo.

Y cuando nada parecía que pudiera empeorar, lo hizo.

Una repentina sacudida no sólo hizo que contenedor soltara un chirrido inesperado, sino que también tomó desprevenido a Junior, haciéndolo rodar sobre el metálico suelo mientras Azusa gritaba sorprendida. Acto seguido, una potente sensación de vértigo invadió al bebé: la adrenalina corrió por su cuerpo mientras asimilaba que parecían estar cayendo. Luego otro tirón lo hizo rodar al lado contrario mientras rugía asustado, arañando el suelo.

La sensación de caer se disipó segundos después, y tras un último tirón hubo cierta estabilidad a su alrededor, como si el helicóptero hubiera retomado finalmente el control del vuelo. Pero lo que a Junior le llamó la atención no fue ese momento de paz después de tan inesperado ataque, sino una extraña sensación que palpitó en su pecho con una especie de latido doble, consolándolo como si de repente alguien lo estuviera arrullando.

Vagos recuerdos de su cascarón siendo acariciado y arrullado le hicieron reconocer ese sentimiento de inmediato: esa reconfortante sensación de estar acompañado, de no estar solo, de estar a salvo —pues Azusa estaba inconsciente, probablemente debido a algún golpe en medio de la sacudida.
Cuando Junior identificó de qué se trataba, su gritito de emoción apenas y atravesó la jaula de metal. ¡Era…! ¡Era su mamá! ¡Su verdadera mamá había ido a salvarlo!

Y así era: Rodan había llegado para rescatarlo.
No le había costado tanto trabajo encontrar a su bebé —o al menos sentirlo. Su despertar, ese poder encendiéndose en él, le había permitido sentir con más facilidad el vínculo con su hijo.

Ver el contenedor amarrado al helicóptero, sentir que allí estaba su bebito e incluso escuchar sus grititos confirmando lo que ya sabía, fue suficiente para lanzarse al vehículo aéreo sin dudar; interceptándolo y destruyéndolo con sus garras.
Sujetar el contenedor mientras caía sobre una zona sin tantos humanos —pues la mayoría ya estaban perdiéndose de vista mientras huían— fue pan comido, ya que su peso no le afectó en nada.
Ahora Rodan era mucho más fuerte que antes, y estaba dispuesto a hacer todo lo que estuviera —y no— en su poder para volver a casa con su bebé: desde empezar a abollar el metal con su pico, hasta enfrentarse a…

Pero ¿qué demonios era eso?

El kaiju rojo dejó de picotear el contenedor cuando MechaGodzilla cayó desde el cielo, cuidando de no destruir ningún edificio mientras la poca gente restante huía despavorida lejos de los dos titanes. Confundido, observó cierta semejanza con Godzilla, pero no pudo pensar demasiado en ello puesto que el robot se preparó para atacar y recuperar la jaula incluso si eso significaba acabar primero con el pteranodon: un rival que no G-Force no tenía contemplado.
Pero como tenía la entera confianza de que ahora su MechaGodzilla no sería derribado por ningún kaiju, no se la pensaron dos veces en dar la orden de atacarlo y recuperar el contenedor inmediatamente. Aun así, sólo por prevención, desplegaron a Garuda, el arma con el que planeaban deshacerse finalmente de Godzilla, aunque, dada las circunstancias actuales, primero tendrían que estrenarla con el kaiju alado.
Así pues, después de una fugaz confrontación visual, Rodan se alejó un poco del contenedor, desplegando sus alas para lucir más intimidante: después abrió su hocico para dirigirle un potente rayo de calor a MechaGodzilla. La temperatura se elevó nada más se hizo el disparo, el cual erró en su objetivo, dejando un cráter que desprendía vapor a apenas unos metros de distancia del robot que a duras penas había logrado evadir el ataque.

Garuda entonces voló por encima del robot y comenzó a disparar sus láseres en dirección a Rodan, planeando distraerlo mientras MechaGodzilla alistaba uno de sus ataques más poderosos: una granada de plasma. Aunque la intención de G-Force no era gastar sus municiones explícitamente en algo que no fuera Godzilla, tampoco podían correr con el riesgo de que Rodan le arruinara sus planes, pues desde hace días que no sabían nada de Godzilla: sus radares no lo notaban cerca. En esos momentos, incluso, seguía sin aparecer.

Emprendiendo el vuelo sin tiempo que perder, Rodan persiguió a la Garuda, rugiendo y aleteando con fuerza mientras algunos de los láseres laceraban su piel. Con un movimiento certero, golpeó con su pecho a la nave, haciéndola girar sin control hasta desplomarse sobre un edificio, después fijó su vista en MechaGodzilla, de nuevo.
El estridente ruido y el temblor cuando los escombros del destruido edificio cayeron hicieron que Junior, dentro del contenedor, comenzara a llorar asustado, temiendo lo peor al no saber qué estaba sucediendo. Azusa seguía sin despertar y no escuchaba nada más que los pesados pasos de MechaGodzilla y los rugidos y bramidos enojados de su mamá.

Otro temblor sacudió la zona a causa del propio Rodan, quien salió disparado hacia otro edificio después de que sus rayos fueran insuficientes para derrotar a su enemigo, y éste, manteniéndose erguido, le lanzara la granada. Pero la batalla estaba lejos de terminar, pues el kaiju rojo salió de los escombros y, aprovechando la poca distancia que había entre ambos, se lanzó hacia la cabeza del robot.

El ojo robótico conectado a gruesos cables que lo unían a la cabeza de MechaGodzilla cayó al suelo desde el pico de Rodan. El kaiju entonces, con aires triunfantes, se separó apenas lo suficiente como para volver a arremeter contra el robot, pero una segunda granada de plasma lo tomó desprevenido.
Esta vez el daño de su herida fue mayor, sacudiendo su cuerpo con consecutivos y preocupantes espasmos en cuanto el golpe impactó en su pecho. Breves instantes después el kaiju cayó noqueado, espumando del hocico, con una grave quemadura en su pecho y rastros de sangre sobre su carne chamuscada.

MechaGodzilla entonces pisó una de las alas de Rodan, que apenas se retorció débilmente bajo él, y se preparó para el tiro de gracia, pero sus intenciones se vieron truncadas cuando el potente rugido de Godzilla advirtió de su llegada.
Gigantescas salpicaduras de agua llegaron hasta el robot, haciendo débiles cortocircuitos —especialmente en el hueco de su ojo— que no le afectaron realmente, y mientras giraba para confrontar a su verdadero rival, Godzilla le disparó su aliento atómico. MechaGodzilla correspondió con su propio rayo. Ambos ataques chocaron entre sí, bloqueándose en el aire para finalmente estallar en un incandescente rayo de luz que finalizó con el alfa de los kaijus tumbado de espaldas en el suelo, mientras que su doble mecánico sufrió un nuevo cortocircuito que sobrecalentó sus capacidades, entorpeciendo su funcionamiento.

Esto fue aprovechado por Godzilla, quien se levantó tan pronto como pudo para arremeter contra la copia, golpeándola, pisoteándola, atacándola sin piedad con el único deseo de destruirla con sus propias garras. Rugidos clamaban su victoria, la furia menguaba después de vengar a su omega derribado, la euforia se disipaba conforme empezaba a escuchar los rugidos de su cría, que no sólo le daba ánimos, sino que delataba dónde estaba y pedía que lo dejaran salir.

La sorpresa de saber que su huevo había eclosionado sin que él o Rodan pudieran ver a la criaturita dentro de éste hizo que Godzilla se distrajera por un momento.
Hacerlo fue su más grande error, pues, aunque MechaGodzilla yacía indefenso y debilitado en el suelo, aún parecía reaccionar. Aún no estaba enteramente destruido ni abatido en batalla. Aún era una amenaza.

El hecho de que Garuda, disparando sus rayos láser hacia Godzilla, volviera al combate, fue suficiente para que la réplica mecánica demostrara que aún no había terminado: no lo haría hasta que Godzilla cayera. Había sido creada para acabar con su némesis y eso haría, costara lo que le costara. Así que, mientras el repentino ataque de la nave logró que el kaiju retrocediera con el escozor de los rayos sobre su cuerpo haciéndose más evidente y forzándolo a tomar distancia impuesta de MechaGodzilla entre gruñidos y coletazos, la copia tuvo tiempo suficiente para levantarse y regresar a la batalla también.

Garuda entonces se acopló a su espalda antes de que Godzilla la derrumbara, harto de sus ataques-como-pinchazos.

La fusión de MechaGodzilla y Garuda dio lugar a Super MechaGodzilla: un contrincante mucho más formidable que las piezas por separado, pues ahora la réplica mejorada de Godzilla, además de haberse recuperado de la devastadora furia del kaiju alfa, podía flotar, moverse con mayor rapidez y atacar con más armamento del que disponían por individual. De esta manera, haciendo alarde de sus nuevas capacidades de pelea, inmediatamente después de su ensamblaje los cañones de láser de Garuda y todo el armamento preparado específicamente para derribar al kaju empezaron un nuevo y potente ataque combinado, mientras que los misiles tranquilizantes de MechaGodzilla se hicieron cargo de entorpecer a Godzilla lo suficiente como para que no pudiera repeler ningún ataque.

Rugidos de molestar vibraron en la garganta del kaiju mientras tropezaba y volvía a caer. Su cuerpo, a pesar de haber sido derribado, siguió recibiendo cada proyectil, láser y golpe sin oportunidad de defenderse, de cubrirse, sintiendo en carne propia cómo empezaban a escozar y lacerar a un grado doloroso e insoportable.

Aun así, Godzilla se forzó a levantarse, a contraatacar para detener el fuego enemigo, preparando otro de sus devastadores alientos atómicos, pero antes de que esto pudiera suceder, Super MechaGodzilla aprovechó la dificultad que presentaba Godzilla para dispararle otra vez, esta vez con arpones de choques que lo electrocutaron el tiempo suficiente como para que Miki pudiera ubicar su segundo cerebro.

Cuando el siguiente ataque del enemigo, uno particularmente potente y agresivo, se impactó contra su segundo cerebro, Godzilla dejó escapar un lastimero rugido para finalmente desplomarse sobre el suelo, lisiado y tan malherido que parecía estar al borde de considerarse moribundo. No obstante, su deplorable estado no bastó para que G-Force tuviera piedad de él, y dando la orden a Super MechaGodzilla de seguir atacando, el resto del armamento enemigo se descargó en su totalidad sobre su oponente, ahogando sus quejas entre las estridentes detonaciones.

Mientras esto se suscitaba, Junior no paraba de gimotear angustiado por el inesperado giro de los acontecimientos, escuchando —con el corazón estrujándose por la angustia— cómo su padre se quejaba de los ataques hasta que sus rugidos se volvieron gemidos ahogados por el fuego enemigo. Rodan seguía sin despertar, así que sólo el pequeño kaiju era consciente de la masacre que G-Force estaba causando en su intento de acabar con el alfa de los kaijus.

Obviamente su desesperación por ello fue tan intensa que apenas se coló la luz del exterior al contenedor —al finalmente abrirse la puerta— él salió presuroso, aventando a los miembros que intentaban sacarlos de allí, dejando atrás a Azusa.
Los agudos chillidos y rugidos de Junior se elevaban por encima de las detonaciones mientras corría buscando a sus padres, seguido de cerca por los demás miembros de GForce.

El horror lo hizo frenarse en seco al ver a Super MechaGodzilla disparando los últimos proyectiles para después voltear a verlo a él: no como objetivo de ataque, pero sí para detenerlo antes de que se entrometiera en la zona de peligro.

Las manos de los hombres tirando de él lo sacaron de su estupor, sacudiéndose frenético mientras dejaba escapar más chillidos con los que no sólo pedía ayuda, sino que llamaba a su madre o bien, le gritaba a su padre que se levantara.

Cuando los tirones y forcejeos de los miembros de G-Force lo hicieron irse de bruces para después ser arrastrado de su cola en contra de su voluntad —haciéndolo chillar y rugir más que antes—, un repentino batir de alas detuvo las acciones de sus captores.

 

De repente, una intensa oleada de calor se propagó como una ráfaga anaranjada que aventó a los japoneses —que gritaron de dolor por la llamarada— e hizo rodar a Junior cuan tronco hasta que éste finalmente se pudo poner de pie, rugiendo con un brillo de emoción en sus ojos. Un gritito de felicidad confirmó esa sensación palpitando gustosamente en su corazón, como una especie de consuelo intangible

¡Porque se trataba de Rodan!
¡El llamado de Junior había funcionado para hacer reaccionar al dinosaurio aun después de haber quedado aparentemente moribundo, y todo con tal de rescatar a su bebé!

Pero no sólo eso… pues después de que el kaiju se alzara al cielo con sus alas flameando cuan fénix, mientras su pecho evaporaba los rastros de sangre de su herida ahora cicatrizada, una especie de brillo comenzó a emanar de su cuerpo, aumentando el calor sobre la zona. Dicho calor hizo que Super MechaGodzilla volteara a verlo con movimientos erráticos y torpes: sus circuitos restantes empezando a sobrecalentarse por el retorno del kaiju rojo.

Entonces, aprovechando esta oportunidad, Rodan se lanzó para embestir al enemigo: su idea era acabar con él de una buena vez, aunque era consciente de que la expectativa era demasiado alta como para ser real.

 

No obstante, al ver a Godzilla en el suelo, moribundo, apenas retorciéndose débilmente con sus piernas paralizadas, Rodan se detuvo de golpe, evadiendo el zarpazo de la copia de su alfa por mero reflejo. A lo lejos vio que Junior se acercaba torpemente a ellos entre jadeos y gruñidos emocionados, lo que lo hizo dudar entre enfrentar a Super MechaGodzilla antes de que éste tratara de usar a su bebé en su contra —aprovechando que estaba en medio de un nuevo corto circuito— o ayudar a su alfa antes de que fuera demasiado tarde para él.

Ambas opciones implicaban que uno de los suyos corriera peligro…

¡Maldita sea!

Bufando, sabiendo que no podía permitirse el seguir perdiendo valioso tiempo, el dinosaurio decidió acercarse a Godzilla para ayudarlo, no sin antes rugir en dirección a Junior para que la cría se detuviera allí mismo. Obviamente Junior acató la petición de su madre, temblando un momento con sus ojos bien abiertos, temiendo haberlo hecho enojar, pero calmándose rápidamente al ver que la razón de la orden era para poder concentrarse en sanar a Godzilla.

Super MechaGodzilla, en ese momento, desvió la mirada hacia el bebé, descubriendo que su paradero ya no era dentro de aquel contenedor.
Tal como había previsto Rodan, quien entreabrió el hocico tratando de gritarle a
Junior que corriera lejos —mientras sentía como sus fuerzas eran rápidamente drenadas entre más energía le ofrecía a Godzilla—, la decisión de acercarse a la cría fue tomada en seguida por la réplica de metal ardiente que empezaba a colapsar. Para su desdicha, su vil intento se vio interrumpido por Godzilla, quien empujó a su omega para sacárselo de encima antes de que desfalleciera, y posteriormente se irguió imponente.
Ahora que su segundo cerebro había sido regenerado al cien gracias a Rodan, y que por ende sus energías se reabastecieron lo suficiente como para contraatacar, Godzilla no dudó en abrir su hocico en medio de un rugido dominante.

Acto seguido, le lanzó su aliento atómico a su enemigo, destrozando la chatarra andante en medio de una explosión que sacudió a toda la isla.
Junior apretó los ojos temiendo volver a rodar como tronco, pero la repentina sensación de calidez interrumpió la potente ráfaga del exterior. Cuando abrió los ojos, vio que su madre lo acobijaba con sus alas, usando su cuerpo para bloquear los estragos que Godzilla creó antes de finalmente coronarse como el ganador —de nuevo.
Los miembros de G-Force huyeron despavoridos en medio del caos, arrastrando en el proceso a Azusa y a Miki, quienes sólo se despidieron del bebé con una mirada fugaz que él no notó, más embelesado por tener finalmente a su mamá, a su verdadera y querida mamá, cuidando de él como cuando era un huevo.

Su atención luego se centró en Godzilla, asomándose por una de las alas de Rodan para ver como su padre bufaba y pateaba los escombros derretidos de metal antes de volver la vista a su omega y su cría.

La intimidante expresión del kaiju alfa hizo que Junior se escondiera con un chillido ahogado.
El gesto le sacó una especie de ronroneo a Rodan, que lo animó a acercarse a Godzilla, asegurándole que no le haría daño.

Todo lo que había pasado había sido, de hecho, para rescatarlo.

Junior recordó como casi era aplastado por Godzilla, pero decidió no mencionarlo, acercándose tímidamente al kaiju tan parecido, pero a la vez tan distinto a él, no sólo por su colosal altura, sino por su fuerza y fiereza.

El contacto visual entre padre e hijo duró eternos segundos antes de que Junior ronroneara alegre, frotándose con la escamosa pierna de Godzilla, dejando atrás el miedo para reemplazarlo por afecto y admiración: una muestra de gratitud también, pues incluso para un bebé como él, que alguien enfrentara a una monstruosidad como Super MechaGodzilla para salvarlo, no era cualquier cosa.

Y bueno, era su papá, a fin de cuentas. ¿Cómo no iba a querer a su papá si aún recordaba cuando simplemente bufaba sobre su cascarón, como si estuviera ansioso por verlo eclosionar y saber qué se escondía en el huevo?

Rodan miró cautivado la escena; después miró a Godzilla, que no sabía cómo reaccionar ante el gesto de Junior, perdonándolo por haber dejado que se robaran al bebé. El alfa sólo torció la vista, bufando, apartándose de la cría mientras se encaminaba al mar.

Su hogar, los esperaba.

Además, después de la pelea que habían tenido, lo mejor era regresar antes de que otro japonés loco tuviera la descabellada idea de acabar con Godzilla por simplemente defenderse a sí mismo y a los suyos.

Junior se emocionó por la idea, corriendo graciosamente, con sus manitas alzadas, para que Rodan lo tomara en brazos y emprendiera el vuelo. Como el bebé no sabía lo que se sentía volar de verdad, sintiendo el aire en su piel mientras observaba el panorama, ansiaba descubrirlo, y qué mejor si lo hacía entre los brazos de su mamá.

 

… o en el lomo de su papá, también.
Y es que al notar de reojo que a Rodan —con sus alas ya desplegadas؅b le costaba trabajo impulsarse con sus temblorosas piernas y su ala aun herida para emprender el vuelo, y con justas razones después de haberlo ayudado a recuperarse tras la paliza recibida, Godzilla se detuvo, bufó y gruñó en dirección al dinosaurio.

«Recuéstate en mi lomo», fue su orden, ignorando la mirada sorprendida y abochornada que le dedicó su omega.

Junior, en cambio, se emocionó inmediatamente, removiéndose inquieto entre los brazos de su madre para correr a treparse en el lomo de su papá, apurando a Rodan: aún quería estar con él.
Así que Rodan no tuvo alternativa: aun incrédulo por el amable gesto de Godzilla después de haber visto cómo literalmente volvía chatarra a Super MechaGodzilla con una furia aterradora, se encaminó titubeante hasta su lomo, mirándole cada tanto como si pidiera su permiso para recostarse en él.
Junior ya estaba casi en la cabeza de Godzilla, sentado otra vez como cachorrito, soltando rugidos adorables que parecían querer imitar el rugido de victoria de su increíble padre.

Entonces, cuando Rodan finalmente se recostó para descansar un rato, pidiéndole a Junior que no distrajera a su padre, la familia kaiju regresó a su isla: el omega y la cría disfrutando de la brisa marina y el paisaje de diversos azules mientras el punto verde se hacía más visible; Godzilla, por su parte, dejando que el calor de su pareja sobre su lomo hiciera un agradable contraste entre el frío del mar que cubría sus extremidades y pecho.

Sólo hasta que Rodan aseguró que estaba mejor fue que Godzilla se detuvo, a pocos kilómetros de llegar a su hogar, permitiéndole emprender el vuelo. No rechazó su petición, no negó que lo hiciera aun cuando notaba que seguía un poco cansado, porque durante todo el camino había escuchado los balbuceos emocionados de Junior y la simple idea de escucharlo así de feliz, pero ahora cuando descubriera cómo se sentía volar, fue más tentador que cualquier otra cosa.
Después de todo, aunque se había perdido su eclosión y sus primeros días de nacido, no se perdería todo lo que les deparaba el futuro ahora que volvían a estar juntos.

Y bueno, no es que tuviera otra alternativa porque Rodan, de cualquier modo, no dejaría que se ausentara de nuevo…

El sol se filtraba por las copas de los enormes árboles, apuntando al nido. El calor despertaba a los animales; los ruidos se volvían más que un murmullo, un agradable ruido de fondo que adormecía al par de kaijus acurrucados sobre el lecho de plantas, ramas y diferentes objetos que incluían piedras, corales, metales y semejantes.
Como todos los días dese que habían vuelto a la isla un par de semanas atrás, Junior se despabiló cuando el pico de su madre le dio suaves empujoncitos. Aun así, gruñó y continuó acurrucado, sólo moviéndose de lugar, dejando que la calidez de Rodan siguiera arrullándolo amenamente.

No fue sino hasta que el gruñido de su panza sonó como uno de sus gruñidos con los que según imitaba a Godzilla, que el kaiju bebé abrió sus ojitos, rodando sobre sí mismo para luego asomar su cabecita por encima del nido, luego volviendo la vista para encontrarse a su mare observándolo cariñosamente, a la espera de que se levantase. Entonces, una vez despierto, dejando escapar uno que otro bostezo que hacía vibrar su garganta y se escapaba en ruiditos agudos y graves, Rodan lo llenó de mimos como venía siendo su rutina desde que todo había vuelto a la normalidad, aún tan embelesado y encantado con tener a su cría en su nido como si fuese el primer día.

Junior correspondió tomando su pico con sus garritas, disfrutando los buenos días que siempre hacían que su mañana empezara perfectamente.
Ese día en particular se sintió diferente, sin la sensación de extrañeza que solía acompañarlo cada que abría sus ojos y no veía las paredes metálicas del edificio de G-Force —acompañadas por el ruido de máquinas y monitores, de murmullos humanos y suaves pasos y taconeos aquí y allá—, o del contenedor en el que había tenido que viajar a la fuerza el mismo día que sus padres lo rescataron.

De alguna forma, era como si esos recuerdos finalmente estuvieran quedando atrás, reemplazados por el paisaje verde y ajeno a los humanos en el que ahora vivía, crecía, comía, jugaba y dormía. Por el paisaje de su verdadero hogar.

Y es que, desde aquel día, cuando habían llegado a la isla y todo lo que venía conociendo se quedó como una parte que no debió de haber vivido, pero lo hizo, Junior había tenido que enfrentar el reto de adaptarse a la vida que se le arrebató momentáneamente antes de su eclosión, por lo que ahora la cría sólo veía largos senderos de árboles hasta donde le alcanzaba la vista, vegetación salvaje por doquier, un horizonte que mezclaba el cielo con el agua y prácticamente la naturaleza en su máximo esplendor, salvaje y hermosa, sin presencia humana corrompiéndola.
Aunque era una visión increíble —que se volvía mejor cuando veía a Godzilla aparecer de entre los árboles—, al inicio le había resultado totalmente extraña, desconocida y fuera de lugar. Poder apreciarla de a poco, por sí mismo, fue una sensación interesante que lo hizo encariñarse más genuinamente que en el edificio de G-Force, aun con el mayor altibajo en su contra: la comida.

Y es que esto fue lo que más lo tomó desprevenido, ya que masticar por sí mismo la carne cruda que le ofrecían sus padres, rompiendo los huesos para poder tragárselos sin molestias, o triturando las espinas y escamas que a veces se atoraban en sus encías si no quería quedarse con la sensación en su hocico, no era algo a lo que estaba del todo acostumbrado. Tanto así que a veces se atragantaba con la pasta que se formaba después de masticar plantas con las que se complementaba su dieta, y tomar agua —o darse una ducha que no necesitaba en realidad— fue una constante lucha por no caerse al río y forzar a Rodan a entrar incluso cuando su cuerpo no estaba hecho para soportar el agua que amenazaba en extinguir el fuego de sus alas —esto cuando Godzilla no estaba cerca— para que no se ahogara en las profundidades de aquel agua donde hasta los peces lo veían como si no fuera una amenaza.

Para su fortuna, como compensando unas cosas por otras, Junior siempre contó con ambos padres presentes en lugar de sólo uno de ellos, de tal modo que por ese lado no tenía queja alguna: en realidad, fue justamente esto lo que le facilitó el irse acoplando a su verdadero estilo de vida, tan contrastante con la vida en Japón, pues Godzilla, en contadas, pero no por ello inexistentes ocasiones, intentaba jugar con su bebé a las escondidas o carreritas —aunque generalmente terminaba fingiendo que era una montaña y dejaba que Junior se trepara en él para luego escuchar su imitación de gruñido, consciente de que tenía que lidiar primero con su torpe capacidad motora que lo hacía parecer una gallina espinada cada que corría.

Además, aunque Godzilla seguía siendo Godzilla y era notablemente muy distinto a Rodan —bufando fastidiado cuando lo sacaba del agua, por ejemplo, o considerando a su cría demasiado torpe para su propio bienestar hasta en el juego más inocente que pudieran tener—, el alfa había decidido que sacrificar unas horas al día para saber qué era de su cría y de su omega valía el esfuerzo de más y los ratos de estrés innecesario que se volvieron el pan de cada día, del mismo modo que llegar con regalos y comida al nido y mantener el humor de Rodan generalmente alegre se volvieron su prioridad.

De esta manera, ya era habitual en el alfa llegar con diferentes tipos de animales marinos para comer juntos, asegurando al menos una comida nueva al día y su respectiva convivencia familiar con la que Rodan no podría insinuarle nada sobre su rol como padre, o, en ocasiones en las que el alfa estaba de mejor humor, traer consigo algún detalle de otras islas o del mismo océano, tales como corales o restos de barcos y submarinos que encontraba en el fondo del mar —estos últimos pensados más que nada en la cría, como muestra de que lo tenía en su mente más de lo que podía expresar, y no sólo lo abandonada a su suerte cuando se iba.

Rodan, por otro lado, era un caso distinto a su alfa y su cría, sin aparentemente tener que acostumbrarse a nada fuera de lo común en su rutina desde que había engendrado a Junior, aunque la verdad es que él todavía lidiaba —en silencio y en secreto— con el hecho de que su nido ya no era ocupado por su huevo, sino por su preciosa cría. Su bebé que, nada más se aprendió de memoria su entorno más cercano y fue adaptándose al suelo irregular de la isla, no dejó de darle tremendos sustos cuando, después de buscar comida, llegaba y no lo veía por ningún lado, pues resultaba que Junior estaba jugando a esconderse para «algún día ganarle a su papá».

Si bien ese juego no le gustó a Rodan desde el mero inicio, de alguna forma hacía feliz a su cría y lo motivaba a mejorar y ser un kaiju, no un cachorro doméstico, por lo que al kaiju rojo no le quedó de otra más que aceptarlo. A fin de cuentas, no es que el inocente juego de esconderse en una isla casi deshabitada fuese a representar un verdadero problema para Junior, ¿no? O al menos con se convencía Rodan de no odiar el juego cada que le tocaba buscar a su bebé para darle de comer.
Es decir, en el peor de los casos sólo se perdería y tendría que buscarlo, añadía el omega, quien ya hacía precisamente eso porque su instinto maternal seguía histérico de que se repitiera el rapto que casi lo volvía loco y que también casi lo mató, literalmente.

Un rapto que se repetiría, sí, pero no como tanto lo había temido los últimos meses, sino… peor. Mucho peor.

 

Y es que después de despedirse de su bebé, prometiéndole que no tardaría mucho —como lo venía haciendo desde que era un bebé—, Rodan no esperó que aquello que vio caer del cielo; una especie de meteorito que le dejó una sensación extraña al verlo pasar a kilómetros de distancia de donde él volaba mientras buscaba dónde cazar su desayuno, fuera a ser la amenaza de la que tanto creyó estarse preparando.

Tristemente sí lo fue, y tal y como sucedió la primera vez, él no estuvo en el nido… ni detrás de su cría —persiguiéndole de cerca mientras a Junior le daba por caminar a donde su curiosidad lo guiara— para protegerlo.

De hecho, para cuando Rodan supo que Junior estaba en peligro, la distancia entre ambos no era tan extensa, lo cual, de cierta forma, fue una especie de consuelo que le impidió que la historia se repitiera de la misma manera. Además de eso, lo que le hizo saber que su cría estaba en riesgo fue el lamento de Junior que sonó a la distancia, en una notoria mezcla de angustia, miedo y dolor, que llegó a él cuan susurro arrastrado por el aire.
Lo supo básicamente al momento, y pudo reaccionar a tiempo también, ya que ante este gimoteo Rodan dejó caer el animal que acababa de cazar y desplegó sus alas para correr a socorrer a su bebé.

La ira maternal se encendió como una potente llamarada: sus alas ardieron mientras volaba a toda velocidad al lugar en el que Junior se encontraba, soltando un bramido para que su pequeño supiera que mamá iba en camino.
Mientras llegaba a su destino, todo tipo de escenarios corrieron por su mente, aunque Rodan trató de consolarse pensando que tal vez Junior se había caído de algún lado, o se había lastimado pisando algo duro —la idea menos fatalista que rogaba que fuera cierto. No fue sino hasta que comenzó a distinguir una figura familiar que su mueca de confusión y su falso semblante de serenidad se apoderaron de él, porque…
¿Qué demonios estaba pasando? ¿Por qué Godzilla se veía extraño…?

No… no era Godzilla… la figura que tenía encerrado a Junior en una extraña jaula, aquel que parecía esperar por el kaiju rojo, no era Godzilla, aunque se pareciera.

Rodan entonces bramó como advertencia, exigiéndole al intruso que soltara a su hijo y se fuera, pero la realidad es que ya estaba preparándose para pelear, pues sabía, podía presentir que las cosas no podrían hacerse de otra forma.

Ver al Godzilla del Espacio preparándose para atacar en lugar de marcharse fue más que suficiente para que Rodan confirmara sus sospechas, extendiendo sus alas para parecer más intimidante al mismo tiempo que se lanzaba con sus garras traseras por delante.
De cualquier modo, incluso si pelear no fuese la única opción, él ya lo veía como tal por el simple hecho de que el enemigo había decidido atacar a su pequeño: algo que no podría perdonar jamás.
Así que más le valía al kaiju del espacio atenerse a las consecuencias, porque Rodan no tendría contención al momento de atacar. No desde el momento en que decidió que era una buena idea atacar al bebé.

Notes:

Viva el amor.

Una disculpa si se lee algo raro. Queria q fuera como una reescritura de la pelicula, lol. Dibuje la escena de Rodan y Jr encima de Goji :3

- https://www.tumblr.com/pinkudann/749554949187321856/la-familia-cmo-mothra-la-dise%C3%B1o-w?source=share