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Una gota rozó su mejilla, haciéndole parpadear y mirar al cielo cubierto de nubes oscuras.
Suspiró y subió el cuello de su traje. Katsuki odiaba la lluvia.
No quería volver, tenía planeado quedarse buscando a Deku hasta el anochecer, pero tal vez lo mejor con este pronostico sería reagruparse con el resto de la clase.
Pero cada día se sentía como un paso más lejos, un paso a oscuras y tanteando lento, mientras Deku corría lejos de su alcance.
La culpa no le permitió volver de inmediato.
Cuando las primeras gotas de lluvia comenzaron a caer, entrecerró los ojos y divisó humo a la distancia, en unos callejones entre edificios. Tal vez no era nada, y lo correcto sería avisar su próximo movimiento, pero su cuerpo reaccionó primero, y antes de darse cuenta ya estaba corriendo en dirección al humo, impulsándose con sus explosiones con mucha dificultad, mientras su traje se empapaba.
Cuando llegó el humo casi se había dispersado por completo, y solo había un montón de basura esparcida en el suelo, con vidrios de botellas rotas y cartón mojado. Dispuesto a irse, pateó una lata con fuerza, frustrado.
Un estruendo sonó en el callejón de al lado. Metal contra concreto, gritos, quejidos y golpes estallaron de pronto. Volvió a correr en su dirección.
—¡Espera, por favor! —un hombre grotesco se arrastraba a gatas por el piso, resbalando en su propia sangre mientras miraba horrorizado a su perseguidor. —¡No me entregues a él!
El corazón de Bakugo se detuvo cuando vio a Deku.
—¿A él? —sonaba inexpresivo, completamente fuera de si.
—¡No quise hacerlo! —su espalda chocó contra un bote de basura y comenzó a llorar. —¡All for-
El resto pasó demasiado rápido. Un sonido, imperceptible para un oído menos entrenado, capturó la atención de Bakugo. Un click, que detonaría una explosión.
¿Sería rápido? ¿Cuál sería su alcance? ¿Sería capaz de alejarse a tiempo?
Pero su cuerpo no fue capaz de dar un paso atrás.
En menos de un segundo corrió hacia Deku, lo jaló de la capa y lo envolvió con sus brazos, dándole la espalda al sujeto, poniendo su cuerpo entre él y la explosión, y suplicando que fuese suficiente.
Y un segundo después el sujeto explotó. La energía liberada los empujó hasta el muro a espaldas de Deku, y Bakugo alcanzó a cubrir su nuca antes del impacto.
Cuando cayeron al suelo se sintió desorientado, un pitido en su oído y el olor a carne quemada le hacían difícil volver a concentrarse. No entendía qué acababa de pasar, pero sus ojos hacían lo posible por enfocarlo y asegurarse de que estaba bien.
—¿Kacchan? —la sorpresa en su voz le agradó. Era la voz del Deku que él conocía, no como lo escuchó antes.
—Oye, idiota. ¿Qué-
—Debes irte. —sonó urgente, se levantó incluso antes que él.
Bakugo se puso de pie, incrédulo. Lo miró de pies a cabeza y se concentró en sus ojos, esperando que hicieran más sentido que sus palabras.
Los ojos de Deku no le mentían.
—¿Qué? —¿Acaso aún no escuchaba bien?
—Debes volver a la UA y ponerte a salvo. All for One ya sabe que estoy aquí. —su mirada se volvió a oscurecer. —No pude salvarlo.
Bakugo volteó a mirar el lugar donde estuvo hace unos segundos el sujeto, donde ahora apenas habían unos restos de sangre.
—¿Qué demonios fue eso? —preguntó. Deku parecía triste.
Aunque, si consideraba el panorama completo, también lucía agotado, sucio, ensangrentado y herido. Le costaba imaginar lo que debía estar pasando solo hace tantos días.
Y esperaba otra reacción de su parte al verlo, pero no hubo ninguna. Su pecho se sintió extraño, pero no supo descifrarlo.
—Él lo mató. —sus ojos le transmitían toda la preocupación que cargaba. —En el momento que dejan de colaborar con él, él sólo los…
—Entiendo. —sabía lo que era eso para Deku, lo mucho que le estaba afectando no poder salvarlos a todos. Pero su prioridad era él. —Volvamos. Planeemos algo juntos, y luego-
—No hay tiempo. —se alejó, y Bakugo sintió el corazón en la garganta.
Lo sujetó del brazo con fuerza.
No iba a perderlo de vista otra vez. No iba a permitirle alejarse. No de nuevo.
—Voy contigo o vienes conmigo. —le dio un ultimátum. Si pensaba irse tendría que arrastrarlo.
—Kacchan. —la mirada de Izuku se suavizó, pero no había esperanza en ella. Ya era de noche, y con las nubes oscuras y la lluvia era difícil ver más allá de unos cuantos pasos.
Debía verse patético. Deku por sobre todas las personas sabía lo mucho que la lluvia incapacitaba su quirk, y lo fácil que pudo haber escapado en ese momento, aun en su estado actual.
—Volvamos. —cedió Izuku. Su mirada bajó al lugar donde Bakugo lo sujetaba.
Le soltó el brazo, pero sujetó su guante, apretando con sus dedos la parte floja que rodeaba su muñeca.
Sabía que se referían a diferentes lugares, pero no sabía a dónde quería volver Izuku.
Ya era pasada su hora de dormir, no había personas ni héroes cerca, y no le había avisado a nadie que se desvió de la ruta acordada de búsqueda. Debía estar asustado, pero al contrario sentía alivio. Por primera vez desde que Deku se fue.
Se dejó escoltar por él, varias calles más alejado de donde lo buscaban. Fueron idiotas al creer que Deku estaría a los alrededores de la UA, ya que se alejó principalmente para protegerlos, pero era lo que les pareció lógico en ese momento.
Se sentía inútil.
Deku se detuvo frente a un edificio destrozado, los pisos de arriba eran en su mayoría escombros, y casi todas las ventanas estaban reventadas. Apuntó una ventana en el tercer piso. La única intacta.
Dudó, pero soltó la manga de su traje. Volvió a sentir ese nudo en la garganta cuando Izuku saltó y llegó a la ventana, la abrió y entró silenciosamente. Ver ese edificio en ruinas y a Izuku entrando, dejándole la ventana abierta, le provocó una sensación horrible. Y volvió a sentir impotencia por no poder tomarlo por la fuerza y llevarlo de vuelta. Y a salvo podrían hablar de lo idiota que fue por dejarlo.
Bakugo lo siguió, con algo más de estruendo a causa de la lluvia.
Escaneó el cuarto. Una puerta cerrada llevaba a quién sabe donde, y desde otra puerta entreabierta se escuchaba el agua corriendo de una ducha abierta. El traje de Deku estaba tirado en el suelo, esparcido desde la ventana hasta el baño.
Estaba pensando en lo tarde que era para estar fuera de la escuela, y él se estaba quedando en un edificio abandonado. La distancia entre ambos ahora era un abismo.
—¿Por qué estamos en este basural, Deku? —gritó lo suficientemente alto para hacerse escuchar por encima de la ducha.
Escuchó como cerraba la llave del agua.
—No ibas a irte, y no iba a dejarte en la calle.
Bakugo resopló.
—Estaba mejor la calle. —mintió.
No lograba pensar con claridad. Escuchar la ducha le hizo pensar en su cuerpo, y a la vez en lo mucho que le incomodaba ese lugar. Estar a oscuras, la ventana abierta, la ropa empapada, el cabello pegado a la frente, toda esa absurda situación donde no sabía cómo convencerlo. Quería hacer estallar todo.
Primero lo primero. Cerró la ventana, y cuando su vista se acostumbró a la oscuridad del cuarto pudo distinguir la cama, el resto de ropa, los muebles y que en realidad no estaba tan sucio como pensaba.
Claro, el ataque fue en la ciudad, pero hace nada ahí vivían personas. Personas reales, que de un momento a otro tuvieron que abandonar su hogar.
Se quitó los guantes para poder pasarse las manos por la cara, peinando su cabello hacia atrás.
Al diablo. Se quitó la camiseta, dispuesto a buscar algo seco mientras su traje estilaba.
Izuku salió del baño, se había puesto ropa seca y Bakugo notó lo delgado que estaba. También todas las cicatrices nuevas y moratones que cubrían sus brazos. Su mirada se notaba cansada. Incluso su cabello estaba más largo.
Sin darse cuenta estaba caminando hacia él.
Deku no se sobresaltó, como siempre hacia cuando se le acercaba. Al contrario, también dio un paso hacia él.
Fue el turno de Bakugo de retroceder.
Izuku sonrió levemente, ni siquiera supo si a propósito.
—Volvamos a la UA. —insistió. Seguía sintiendo que no había nada que pudiera decir que pesara lo suficiente. Apretó los dientes. —Por favor.
Masticó las palabras. No estaba acostumbrado a usarlas y Deku lo tenía claro, por lo mismo asumió que tendrían algún efecto en él.
Pero Izuku dio otro paso adelante. No pensaba responderle, sólo quería ignorarlo y llegar a la cama, descansar y seguir alejándose de ellos por la mañana.
Bakugo no lo permitiría.
Lo sujetó del brazo, esta vez con la respiración agitada. Izuku había pasado de él como si nada, y Bakugo sintió que se quedaba sin opciones.
—No puedo. —respondió, esta vez mirando al suelo. —Te lo dije.
—¿Lo hiciste? ¿En serio? —buscó su cara, su mirada, quería que lo enfrentara de una vez. —¿Con esa jodida carta?
—Si. —le sostuvo la mirada.
—No bromees.
—Suéltame. —tironeó, pero Bakugo no aflojó su agarre. Apretó su antebrazo con más fuerza. —¡Kacchan, suéltame!
—¡¿O qué, volverás a irte?! ¡Sin ser capaz de mirarme a la cara y decirme por qué!
No se dio cuenta por qué estaba gritando, por qué ambos lo hacían, pero si esa era la forma en la que podían conversar, entonces que así sea.
—¡Es mi responsabilidad hacerlo, y ya te dije por qué!
—¡¿En la carta?! —su cara estaba cada vez más cerca de la suya y sus voces cada vez sonaban más alto. —¡Dímelo a la cara al menos! ¡Dime por qué me dejaste atrás!
—Yo no… –su voz se quebró. —¡Quería protegerte!
—¡¿Por qué, Deku?!
—¡Tú habrías hecho lo mismo! —gritó Deku, seguro de sus palabras.
Era cierto. Si Bakugo supiera que All for One lo buscaba a él, y sólo a él, lo primero que haría sería ir a buscarlo primero.
Pero era hipócrita de su parte decir eso. Irónicamente, entenderlo le hizo calmar su tono.
—¿Y acaso tú no harías lo mismo que yo? —fue sólo un murmullo, algo que sólo le confesaría a Izuku.
¿Acaso Izuku no saldría a buscarlo si se iba solo?
Ya lo había hecho. Bakugo contaba con que volvería a hacerlo sin pensarlo.
¿Era tan raro que él hiciera lo mismo?
Para Izuku, lo era. Sus ojos se abrieron, como si hubiera escuchado algo de otro mundo. Izuku parecía estar pensando en la posibilidad de ir, una vez más, detrás de Bakugo.
Claro que lo haría.
Sus ojos se pusieron llorosos, y Bakugo entró en pánico. Sin darse cuenta que sus ojos estaban igual de vidriosos.
Le soltó la muñeca. Su respuesta rápida fue creer que el apretón lo estaba lastimando.
¿Por qué las lágrimas de Deku eran tan diferentes ahora? ¿Cómo podía ayudarle a llevar esa responsabilidad tan grande? ¿De qué le servía su fuerza si Deku tenía que enfrentar a All for One sólo?
Izuku, por favor entiéndeme.
Por favor vuelve.
Por favor.
Perdóname.
Una lágrima cayó por su mejilla.
Deku volvió a mirarlo preocupado.
—Lo haría. —respondió seguro.
—Lo sé.
Era absurdo, a esas alturas era algo que ni siquiera debía ponerse en duda. Y sin embargo ahí estaban.
Deku escribió en la carta sus razones para irse, pidió que esta vez no lo acompañara, que debía ir solo, porque no soportaría verlo arriesgar su vida por él.
Y porque lo quería demasiado como para perderlo.
Izuku desviaba su mirada cada tanto, y Bakugo no podía evitar notarlo. La verdad, llevaba meses notándolo. Desde que comenzaron a tener reuniones con All Might y entrenar juntos, Izuku lo miraba de forma diferente.
—No quería que esto acabara así. —Izuku seguía evitando su mirada.
—¿Esto? —Bakugo no se movería hasta escucharlo de sus labios. —¿Qué es esto, Deku?
Izuku era tímido, pero no era un idiota. Sabía que si a Bakugo le molestara lo que escribió ya lo habría explotado en pedazos. Bakugo también sabía las intenciones de Deku, se había vuelto bastante bueno en interpretar sus miradas. Ambos sabían qué esperar del otro, en el caso de dar el primer paso.
Y sin embargo, ahí estaban.
Izuku suspiró. Claro que Bakugo entendía qué lo detenía, no era el momento ni el lugar.
Y sin embargo…
Bakugo se sorprendió cuando las manos de Izuku se posaron en su cintura, y lo acercó con firmeza. A pesar de ser más bajo sus manos eran grandes, y el tacto hizo que Bakugo ahogara una queja. Sus manos estaban muy frías, y su estómago dio un vuelco. Su mente quedó en blanco.
Sentía que llevaba meses esperando ese momento, pero su personalidad más años de rechazarlo le estaban impidiendo corresponderlo.
Concéntrate, Kacchan.
Los ojos de Izuku reflejaban esa determinación que tanto le gustaba, y tanto le intimidaba. Quiso retroceder, empujarlo, saltar por la ventana. Su corazón latía con fuerza.
Pero una mirada a su alrededor le hizo reconectar con la Tierra.
No estaban en la escuela.
Ni en la calle.
No había ninguna otra mirada sobre ellos. Solo sus manos sobre su cintura, un departamento abandonado y el sonido de la lluvia fuera de la ventana.
Bakugo acunó su rostro con sus manos, su pulgar acarició suavemente su mejilla, memorizando cada peca, antes de besarlo en los labios.
Fue un beso suave, a diferencia de sus manos sus labios estaban tibios, y las manos de Izuku lentamente recorrieron su espalda.
Se tensó sin querer por el contacto, e Izuku sonrió. Verlo sonreír ya le provocaba mariposas en el estómago, pero sentir su sonrisa contra sus labios le provocaba fuegos artificiales.
Sus manos recorrieron su nuca y su cuello, esta vez buscando un contacto un poco más profundo.
Usó su lengua, sin tener ningún tipo de experiencia, sólo dejándose llevar por el calor del momento, cegado por las mejillas coloradas de Deku y su ceño fruncido. Parecía muy concentrado.
Las manos de Deku se colaron bajo la pretina de su pantalón. No bajó, no las movió, sólo lo sujetaba de la cadera. Katsuki sentía cómo enloquecía sin poder evitarlo, ni querer hacerlo.
Se dio cuenta de que cada vez que dejaba escapar un sonido Deku se sonrojaba más, y lo sujetaba con más fuerza. Por eso dejó escapar suspiros libremente entre cada beso, sólo para ganarse aun más caricias de su parte.
Jamás cruzó por su mente la idea de mantener ese tipo de intimidad con nadie, porque no le interesaba. Incluso le asustaba un poco, aunque le costara admitirlo.
Pero con Deku era fácil. Cuando quería desahogarse sus palabras salían solas, cuando quería llorar no podía contenerse, y cuando quería que lo tocara… ni siquiera tuvo que pedirlo.
No sabía qué estaba pensando Deku ahora mismo, pero deseaba que estuviera sintiendo lo mismo que él. Abrió los ojos para confirmarlo. Deku seguía sonrojado a más no poder, y cuando se detuvo lo miró con los ojos entrecerrados, rogando que lo volviera a besar.
Y Bakugo estaba ahí para complacerlo.
El sonido de los besos cada vez más mojados lo estaba excitando más de lo que habría querido para ser la primera vez, y trató de pegar su cuerpo al suyo, aún más, todo lo que se los permitiera la tela.
Estaba embriagado, tanto que no se detuvo, ni siquiera al escuchar los golpes contra la puerta cerrada.
Deku puso las manos sobre su pecho, intentando frenarlo. Bakugo estaba besando su cuello.
Inclinó su cabeza al otro lado, volviendo a dejarse llevar con la ola de nuevas sensaciones.
Golpearon la puerta otra vez.
Esta vez Bakugo si escuchó, y se detuvo de golpe.
Abrió los ojos con pánico, mirando a Deku y luego a la puerta. Para su sorpresa Izuku estaba bastante tranquilo.
—¿Si? —alzó la voz, como si no fuera una escena directo de una película de terror.
Un hombre se aclaró la garganta al otro lado de la puerta.
—¡Lo siento! —gritó Hawks. —Deku, traje las vendas compresoras. También… ya estamos aquí… hace un rato. ¡Lo siento, en serio!
Izuku parecía querer llorar de la vergüenza. Bakugo no, Bakugo directamente parecía querer matar a alguien y luego a si mismo.
—¡Muchas gracias! —respondió con un hilo de voz. Bakugo no supo si por las vendas o por avisar que estaban ahí.
¿Quiénes estaban ahí?
—Oye. —Bakugo trató de no sonar enojado, pero fracasó.
—¡Perdón! —Izuku se hizo pequeño en su pecho. —No los escuché. No creí que volverían tan temprano.
—¿Temprano? —Ambos miraron el cielo negro a través de la ventana. —¿Quiénes volvieron?
Izuku evitó su mirada otra vez.
—Bueno, si llegó Hawks, también Endeavor. Y… tal vez Best Jeanist. —murmuró.
Fue el turno de Bakugo de ponerse rojo.
—Oye. —Acercó su puño a su rostro y Deku apretó los ojos y aceptó su destino.
—Debí decírtelo antes. —se disculpó otra vez.
Antes. ¿Antes de gritarse? ¿Antes de besarse? ¿Antes de hacer ruidos que nunca jamás haría frente a un tercero?
Quería golpearlo.
Pero ya no había mucho que hacer. Dejando la vergüenza de lado, era un alivio que tres héroes de esa calaña acompañaran a Deku.
Se separó de él y buscó ropa seca de una vez por todas.
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El ritual de humillación fue salir a la sala como si nada, bajo la mirada de los tres héroes, que esperaban en silencio. Endeavor estaba sentado en un sofá individual, Hawks estaba apoyado en el reposabrazos, y Best Jeanist, a quien no fue capaz de mirar a los ojos, estaba de pie con la espalda contra el muro y los brazos cruzados.
Los dos se sentaron frente a ellos en el sillón para tres personas. Entre ellos había un mesón con un mapa abierto, rayado en exceso. Se sentía como la primera vez que se sentó con Deku frente a All Might en la escuela, sólo que ahora estaban solos y muy lejos de la escuela.
Deku estaba solo y muy lejos de la escuela.
Se sintió ajeno, Deku se codeaba con héroes profesionales a los que sí permitía ser parte de su misión, mientras que él amenazó con colgarse de él si trataba de irse a solas. Ya no eran solo pasos los que los separaban, sino más bien un muro.
Hawks fue el primero en soltar una risa.
—Bueno, a lo que vinimos. —alivianó el ambiente.
Hablaron un poco de lo que le trajeron y la información que consiguieron. Se dio cuenta de que All Might lo acompañaba también, y que no era mucha la información que no se le filtraba al resto de la clase.
Deku estaba serio otra vez, sus ojos volvieron a tornarse oscuros y su tono lleno de preocupación. No dejaba de bostezar y pasar sus manos por su cara.
Bakugo no sabía qué decir, ni sentía que le correspondía abrir la boca. Sólo se limitó a observar. Necesitaba tiempo para pensar las cosas. Lo que estaba pasando y todo lo que aún no le dijo.
—Como siempre, si sabemos algo más te lo diremos. Por ahora deberías dormir, mañana nos movemos.
Deku asintió, soñoliento.
Mañana nos movemos. ¿Estaba conversado? ¿Todos lo sabían? ¿Podía saberlo también? ¿Podía ir con él?
Cuando se puso de pie estiró su mano, casi imperceptiblemente, invitándolo a acompañarlo.
Como un cachorro recibiendo una señal, Bakugo se levantó de un salto.
—Dormir, dije. —enfatizó Hawks, aún con una sonrisa burlesca.
Bakugo quiso salir de la duda de si esas plumas eran a prueba de explosiones.
—Dynamight, acompáñanos un momento mientras Deku descansa. —Best Jeanist habló por primera vez.
Bakugo lo miró, y le reconfortó sentirse visto de esa forma. Pero su prioridad seguía siendo él.
—Tengo que hablar con Deku. —gruñó.
—Y lo harás. —insistió. —Pero ahora yo quiero hablar contigo.
Apretó los dientes. Miró a Izuku, quien le dedicó una sonrisa suave. Su corazón volvió a latir de forma extraña.
Lo siguió con la mirada hasta que entró en la habitación y cerró.
Volvió a sentarse.
Hawks puso su mano en el hombro de Endeavor.
—Creo que también terminamos aquí.
Endeavor se puso de pie.
—Oye. —Bakugo lo llamó sin una pizca de respeto. —Respóndele el teléfono a tu hijo de una vez.
Hawks le sonrió, y Bakugo pudo notar algo de orgullo en su sonrisa, algo que alentó su comportamiento.
Endeavor frunció el ceño y se fue con Hawks.
Quedó a solas con Best Jeanist.
—Dynamight. —su tono era condescendiente. Se sentó frente a él, donde antes estaba Endeavor.
Bakugo bufó.
—Si me vas a sermonear-
—Mañana Deku va a irse de este sitio. —su voz adoptó un tono urgente, y su volumen bajo obligó a Bakugo a inclinarse hacia adelante para escucharlo. —Y pueden pasar días antes de que vuelva a descansar.
¿Días? ¿Deku deambulaba por días?
—¿Dónde? —si le seguían el rastro hasta ahora no había forma que no supieran su siguiente movimiento.
—No puedo decírtelo. —le habló tranquilo, sabiendo que Bakugo reaccionaria mal. —Pero es muy valiente lo que haces.
—¿Y de qué me sirvió?
—Exacto. Y esto no es ni la mitad de lo que le espera. Necesito saber que estas listo para ser más valiente de lo que siempre has sido. Y más fuerte.
Trató de interpretar su mirada. Esa mirada que le dedicaba siempre con tanto reproche ahora lo miraba con expectación.
—Lo estoy. —Bakugo sintió que era el unico adulto que lo veía, de una forma que incluso él no era capaz de verse a si mismo.
Best Jeanist asintió, puso su mano sobre la mesa, apuntando sutilmente el área siguiente al sur de donde estaban.
—Cuento contigo, Dynamight.
Sus ojos se iluminaron. Best Jeanist sabía que no podía detenerlo, y no quería que se turnaran para deambular solos la ciudad. Sabía donde estaría Deku, y compartió esa información con Bakugo.
—Gracias. —dijo, desde el fondo de su corazón.
Best Jeanist volvió a alejarse del mesón.
—Te llevaré de vuelta a la escuela por la mañana. Y no es conversable.
—De acuerdo. —No le importaba volver. El plan era ese desde un principio, y ya sabía donde debían buscarlo.
Best Jeanist sonrió. Definitivamente esperaba quejas.
—Descansen. —se levantó para salir. —Y dejen la puerta abierta.
—¡Oh! —Ahí estaba. Sabía que no iban a dejárselos pasar.
Podía vivir con eso. Ya no era un niño, y tenía cosas más importantes en las que pensar.
Abrió la puerta de la habitación y cerró por dentro.
Sin el seguro.
Izuku dormía profundamente hecho un ovillo, cubierto hasta la nariz con la sábana.
La ventana estaba cerrada pero se hacía una corriente de aire dentro del cuarto. Bakugo agradecía que no pasara otra noche ahí.
Levantó la sábana y se recostó a su lado. El peso extra sobre el colchón sobresaltó a Izuku, que lo miró como un conejo congelado frente a la luz de un auto en la carretera.
—Kacchan. —volvió a caer sobre el colchón; apenas modulaba. —¿Qué haces?
Era adorable.
—Ven. —palmeteó el colchón junto a él. Izuku obedeció de inmediato, sonriendo cuando sintió los brazos de Bakugo abrazándolo. —Estás congelado.
—Tu estás muy calientito. —volvió a bostezar. —Hace años que no dormíamos así.
Bakugo se puso rojo.
—¿Lo recuerdas?
—Si. Mi mamá también.
Bakugo no hablaba nunca de eso, pero sabía que su madre lo recordaba también. Lo que le sorprendía era que Deku lo recordara. Hasta ahora, no parecía recordar mucho de su infancia. Al menos, no tanto como él lo recordaba.
—Deberíamos hacerlo más seguido, entonces.
Deku se acurrucó más cerca. No tardó más que un suspiro en volver a dormirse, y Bakugo sintió cómo su calor lo envolvía y dejaba de temblar.
Se relajó luego de verlo, luego de conversar con Best Jeanist y luego de descubrir que era correspondido. Tendría que irse cada uno por su lado por la mañana, pero ahora estaba entre sus brazos. Y volvería a estarlo cuando todo terminara, porque Bakugo no permitiría otro final.
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.
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Era el día después de que lo trajeron de vuelta.
Les costó, pero lo llevaron de vuelta. Bakugo los llevó hasta él, y los héroes profesionales se encargaron de que nadie los interrumpiera hasta que lo convencieran.
Bakugo fue el primero en despertar, porque era el primero en acostarse, y Deku seguía dormido en el sofá de la sala.
Se sentó en el sofá de enfrente y lo observó dormir. Su cabello aun largo cubriendo parte de su cara y sus pestañas largas que parecían brillar al sol. Sus pecas. La manta con la que lo cubrieron la noche anterior. Su pecho subiendo y bajando en una respiración calmada.
Mentí, Izuku.
No te dije todo lo que debía decirte.
Siento mucho más de lo que dije.
Deku despertó, y sus ojos se cruzaron con los suyos. Sonrió, y Bakugo ladeó la cabeza para sonreir también.
Escuchó al resto de compañeros acercarse a la sala, y se puso de pie para dejarles espacio de conversar con él.
Se guardaría todo lo que sentía una vez más. Al menos hasta que todo acabara.
Era bueno en eso, después de todo.
