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Lágrimas hechas de estrellas

Summary:

Todo comenzó cuando se separaron en Loguetown, al principio con la lluvía que caía sobre ellos no lo notó, ¿quién esperaría otra cosa que no fueran lágrimas?

Pero sus lágrimas se volvieron cristales que se asemejaban a las estrellas que solían ver por las noches, cuando ambos estaban en el puesto de vigía, ¿por qué rayos estaba llorando estrellas?

Notes:

Hola a todos ~

No es mi primer fic en general, pero es el primer fic que realizó de esta pareja, la cual me gusta demasiado en realidad.

Espero que les guste como va la idea, los leo en los siguientes capítulos ~

Chapter 1: Cristales

Chapter Text

Jadeó con fuerza mientras sentía su corazón latir con fuerza en su pecho. Se apoyó contra una de las paredes de uno de los edificios más alejados de la plaza –de verdad intentaba ignorar aquel lugar en su mente–, sintiendo las gotas de la lluvia caer sobre su rostro, intentando que de aquella manera se borraran sus lágrimas que caían.

Todo se había simplemente podrido, le dijo su mente, todo lo que creyó en su vida.

Su capitán fue ejecutado hace apenas unas horas atrás y el destino que creyó para él… y para bueno, ese pelirrojo, simplemente se evaporó frente sus narices.

¿Cómo que no pretendía ir a Laught Tale? ¿Qué era eso de ser su subordinado? ¿Dónde había quedado la fe que el capitán tenía hacía el pelirrojo?

No entendía nada, todo estaba siendo demasiado molesto, sólo quería que todo volviera a ser como antes, estar en el Oro Jackson, que Rayleigh les gritara por alguna travesura… ver a Oden con su esposa… ir navegando por diferentes islas… ir por tesoros que el capitán le dejaría conservar de buena gana, mientras Gaban lo molestaba.

¿Por qué todo había cambiado tan de golpe? ¿Por qué Shanks no quería cumplir su maldita promesa?... ¿por qué lo había dejado, como todos los demás?

Sentía su rostro húmedo mientras lloraba, su pecho estaba demasiado pesado, mientras que un nudo recorría su garganta, impidiendo que nada más que sollozos salieran de entre sus labios.

Su atención estaba dispersa en cualquier lugar, quizás por eso mismo no notó cuando la primera piedra cayó al suelo con un suave ruido, como el de una canica al golpear el piso, ni tampoco notó las siguientes, la lluvia ahogaba aquellos sonidos, pero en un momento, donde sus piernas simplemente no pudieron con su peso y dejo caer su cuerpo al suelo, con su rostro escondido entre sus rodillas, fue cuando finalmente lo notó.

— ¿Qué mierda es esto? — Murmuró algo confundido, frotando con cuidado uno de sus ojos, pudiendo sentir ahora lo adolorido que lo tenía, pero notando aquella especie de cristal, era pequeño, quizás como del tamaño de una uva, pero más pesado, además de tener diferentes picos en todas direcciones.

Notó entonces a su alrededor, de donde había estado apoyado llorando, en el suelo habían más cristales así, todos del mismo tamaño, pero con distinta forma, algunos con más picos, otros con menos, pero si las miraba con atención, parecían estrellas, aquellas que estaba acostumbrado a ver cuándo le tocaba ser vigía junto con Shan… cuando era su hora de ser vigía en el Oro Jackson.

Con cuidado los tomó y los examinó con atención… no sabía que eran, pero estaba seguro de algo, habían salido de su cuerpo.


— Sí, te puedo dar algo por estos cristales… aunque es cristal, es bastante resistente y se puede hacer joyería con ellos, ¿de dónde los sacaste, niño? — Observó como el trabajador de la casa de empeños, que tenía la lupa en su ojo, lo miraba de reojo. En sí aquellos cristales no tenían nada malo, es decir, estaban tallados de manera perfecta y de verdad eran duros, como si estuvieran hechos de un material que no era fácil de romper.

— Son una herencia, necesito el dinero — Comentó sin más. Estaba acostumbrado a negociar por las cosas, crecer entre piratas le había dado aquel don –por decirle de alguna manera–, pero ahora estaba más atento que nunca. Necesitaba dinero para salir de esa maldita isla y no creía volver a la Grand Line, aún no. Conocía sus propias limitaciones.

— Vender lágrimas de amor no correspondido no es algo usual — Se escuchó otra voz en aquella tienda de empeños, siendo que el adolescente de cabellos celestes observó entonces a un anciano salir de la parte de atrás de la tienda, siendo que sin más le quitó el cristal de la mano al trabajador que lo estaba observando.

— ¿Lágrimas de qué? Escucha viejo, son solo cristales que tengo de here…

— Tan joven y con un amor no correspondido — El anciano soltó un suspiro que parecía ser demasiado dramático o al menos eso le pareció al adolescente que soltó un bufido molesto. — Te daré una buena cantidad de berries por estas, pero en un futuro, cuando las vayas a vender, di lo que son… son bastante bien pagadas, por lo inusuales que son de ver, porque son un buen material para joyería… Si al menos tienes el corazón roto, que no te estafen, muchacho.

¿Qué rayos estaba ocurriendo?


Cuando logró salir de Loguetown y establecerse en el East Blue fue cuando comenzó a investigar lo que realmente tenía, porque cada vez que lloraba, cada vez que su corazón dolía recordando los momentos que vivió junto con el capitán, junto con aquel pelirrojo, pequeños cristales brotaban de sus ojos, cuales lágrimas.

Le costó lo suyo investigar que eran aquellas cosas, pero pudo dar con pequeños textos que le brindaban información. Al parecer no le bastaba al universo con hacer que no pudiera nadar, sino que también tenía una enfermedad, la cual le producía llorar estrellas, que eran literalmente pequeños cristales, que en ocasiones especiales tenían tonos rojizos o azulados –casi como burlándose más de él–.

No parecería tan malo llorar cristales que podía vender, ¿verdad? Pues nada era perfecto, porque si bien conseguía dinero vendiendo sus malditas lágrimas, la enfermedad tenía sus contras.

Sus ojos estaban constantemente irritados y adoloridos luego de llorar, como si se los hubiera estado tallando demasiado tiempo, además de aquello estaba el hecho de los riesgos que comenzó a notar.

Se le estaba haciendo difícil distinguir colores, algo que era sencillo, para él se volvió algo difícil. Los colores iban perdiendo su brillo poco a poco… maldito Shanks, primero le arrebató la posibilidad de nadar y ahora le estaba arrebatando sus ojos.