Work Text:
Parte única
───¡Kame-chan! ───lo nombró por aquel apodo especial que le tenía, con su voz cantarina de siempre───. ¿Qué se siente besar a alguien?
Fue una pregunta inocente... probablemente.
Togame casi dejó caer la botella de vidrio de su bebida favorita, ya medio vacía, que sostenía en su mano ante la impresión que provocó el inesperado cuestionamiento que recibió; sujetándola justo a tiempo antes de que se estrellara contra el piso.
───¿A qué te refieres? ───respondió meramente por reflejo, dejando el ramune a salvo, mientras su cerebro trataba de procesar la situación.
Togame y Tomiyama se conocían desde hace años; más allá del cumplimiento de sus labores que algún día tuvieron como dirigentes de Shishitōren, solían pasar la mayor parte de su tiempo juntos. Habían tenido innumerables conversaciones de todo tipo, noches de paseos, persecuciones de gatos, competencias de comida, baños juntos. No solamente compartían los buenos momentos, sino que, también se encontraban unidos por los viejos fantasmas del pasado, las culpas y heridas suturadas que se aseguraron de no olvidar para no volver a cometer los mismos errores. A este punto de sus vidas, ya como universitarios, ambos eran inseparables en más de un sentido.
Sin embargo, pese a todo ello, los temas en relación al romance, las parejas, la atracción sexual y temas similares, no era algo que fuese relevante en sus vidas, por más natural que resultara. Se la habían pasado más tiempo entrenando y repartiendo golpes por aquí y por allá, que preocupándose de mantener un noviazgo.
───Ah, bueno, es que yo, en realidad, vi algo por accidente ───, balbuceó Chōji al mismo tiempo que acomodó mejor su espalda contra el muro de concreto donde se hallaba sentado. Fue un bonito día de invierno para que en el sitio que utilizaban como punto de reunión de Shishitōren realizaran una reunión previa a las fiestas decembrinas, con el fin de revivir viejos tiempos, supervisar a las nuevas generaciones del grupo y de paso, comer mucho en compañía de todos ellos. Arima contando por vigésima vez la misma historia de cómo tuvo una épica pelea contra los miembros de KRAKEN, nunca dejaría de ser gracioso.
La vista del atardecer en la terraza del Ori seguía siendo la favorita del chico de cabellos con tono beige. La nostalgia siempre lo golpeaba cuando se encontraba en ese sitio. Los colores naranjas, rojizos y rosados se reflejaban en su rostro, al mismo tiempo que una brisa helada le despeinaba los cabellos. La mayoría ya se había retirado a sus hogares, sería una noche fría al parecer.
Para Jō, el ver cómo su líder abrazaba ligeramente sus piernas mientras intentaba esconder su vergüenza en ellas, era algo que le agitaba el corazón. Su primer instinto por supuesto, era el acercarse y querer cubrirlo de la ventisca, aunque no tuviese ninguna prenda útil para ello, más que su desgastada bufanda.
Chōji había madurado tanto en los últimos años, pese a mantener aquel rostro que lo hacía parecer mucho más joven de lo que era. Su expresión suave, alegre y brillante seguía intacta. Se había vuelto más seguro de sí mismo, más fuerte, más deslumbrante y Togame no era capaz de apartar la mirada de él. Sin embargo, eran pocas las ocasiones, en la cuales, en la soledad que ambos compartían ante la puesta del sol, dejaba de ver al temible león que alguna vez fue el líder más joven de Shishitōren, al capitán que se enfrentaba a cualquier enemigo sin miedo alguno y quien era capaz de mandarte al hospital a patadas si llegabas a lastimar a alguien importante para él, para convertirse en un pequeño conejo nervioso. Aquel cuerpo que era capaz de destrozar a cientos de enemigos, le parecía más pequeño y vulnerable que de costumbre.
───¿Qué fue lo que viste? ───preguntó, recobrando un poco la compostura. Acercándose hasta sentarse justo a su lado. Habían elegido un buen sitio, desde ese ángulo, la sombra los cubría perfectamente bien mientras apreciaban el descenso del sol. Con un movimiento lento, se quitó la prenda que colgaba sobre su cuello y la colocó alrededor del más bajito, quien estaba tan concentrado en sus pensamientos que simplemente agradeció, dejándose envolver por la suavidad de la prenda y disfrutando del tenue aroma a perfume que desprendía, el aroma natural de Togame siempre lo ayudaba a tranquilizarse.
───Vi a Sako-chan y a Wan-chan... haciendo cosas raras… Fue un accidente ¡lo juro! ───exclamó con un chillido y elevando los brazos al aire, para demostrar su inocencia───. Escuché sonidos extraños en el baño. Pensé que Sako estaba en peligro, porque mencionaba cosas como que «no aguantaba más» y ¡ah! ───. Lo siguiente que Togame sintió, fue como el cuerpo más pequeño se dejó caer sobre su hombro, era una mala costumbre que tenía, el terminar recostado en su costado───. Creo que me excedí al patear la puerta.
Pasaron un par de segundos en silencio. El chico de cabellos oscuros trató de entender la confesión que le hizo. Inevitablemente, una suave risa salió de los labios, no porque se burlara de él, sino porque podía imaginarse perfectamente la escena, con un Sako completamente avergonzado al ser descubierto y el regaño tan grande que se llevaría Inugami por no saberse contener.
───No es como sí nunca hubiera visto un beso tan intenso, son comunes en las películas y eso ───continuó hablando───. Pero entre hombres, no sabía que fuera igual... y Sako-chan hacía sonidos poco comunes. ¿Lo estaba disfrutando? ¿O por qué parecía llorar? Wan-chan lucía muy feliz, todo lo contrario a él.
Togame ahora entendía mejor la duda del otro. No es que fuera ignorante del tema, tal vez fue más el shock mental por ver a dos personas cercanas a él actuar de ese modo, se alegraba que simplemente se trató de un beso y no algo más subido de tono o tendría que darles «la charla» a esos dos. Estaba seguro que, si fuera Wanijima el que escuchara su anécdota, ya estaría dándole una explicación paciente y detallada al más bajito, como una madre que le enseña a su polluelo. Él era bueno en ese tipo de casos.
───Chōji ───lo llamó para que lo mirara, con ese tono extremadamente suave en su voz que le era imposible de evitar cuando se trataba de Tomiyama. Sin embargo, fue un error de su parte, pues al apreciar esos grandes ojos cafés, con aquel destello de curiosidad, con sus pómulos rojizos por el frío o por su mal intento de tratar de de esconder la vergüenza infantil de alguien que parecía preguntar algo indebido, también removieron algo en su psique. Incluso si era una pregunta válida y debería ser un tema trivial y normal.
Chōji nunca tuvo una vida normal.
───¡Wah! ¡Olvídalo! ¡Mejor olvida lo que dije! ¡Esto es demasiado vergonzoso! ───Exclamó de repente, poniéndose de pie de un buen salto───. Le preguntaré a Wani-chan después. Ya es tarde, debes trabajar por la noche ayudando a tu abuelo ¿no? No te quitaré más tiempo ───. La huida del conejo era inminente, pero fue detenido por un sostén firme en su muñeca.
Togame actuó por reflejo, en el momento en que Tomiyama mencionó el nombre de Wanijima, su mano actuó más rápido de lo que cerebro pensó. Su propia expresión de confusión lo delató. Su corazón palpitó con mayor rapidez. No solía actuar así de impulsivo, Chōji estaba en lo correcto, Wanijima sería la mejor persona para explicarle sin que muriera de pena en el intento... y aun así, no quería que él lo hiciera, no deseaba que alguien más le diera respuesta a su duda.
───¿Kame-chan?
───¿Quieres que te lo muestre?
───¿Mostrarme?
No supo ni siquiera qué pasó por su cabeza cuando habló. Actuó por imprudencia y ahora sólo tenía dos opciones: fingir que estaba bromeando, tragarse sus palabras, hacer como que nada pasó e invitar a su acompañante a algún sitio a comer o dar ese paso al precipicio mental al que siempre le daba la espalda, por el miedo a dar un vistazo a ese enorme sitio de lo desconocido.
No le estaba ayudando a decidir el hecho de que Chōji lo mirara con un leve brillo en los ojos y que sus pómulos se sonrosaran con mayor magnitud (a saber) por lo que sea que hubiese imaginado con aquella oración. Demasiado adorable para su inestable corazón.
Según Togame, nadie en el Shishitōren lo sabía, nunca había dicho en voz alta los sentimientos que tenía por su antiguo líder.
En algún punto de su vida, notó que la forma en que veía a su amigo no era «normal». El cariño que le profesaba creció más de lo que pudiese controlar; el verlo como su sol, como ese cuerpo celeste que calentaba cada parte de él, al punto de no importarle quemarse con tal de proteger su sonrisa a costa de su propio bienestar. Era demasiado permisivo con Tomiyama, incapaz de detenerlo, de herirlo de cualquier forma, prefería arder en el infierno a su lado, siempre fue así. Y más allá de eso, lo que comenzó como admiración, como una inocente amistad, fue retorciéndose en su mente.
Sus idas constantes a los baños públicos juntos, se transformaron en la necesidad de vigilar cada parte de la piel desnuda del más bajito, de grabarse en su cabeza cada terso músculo tonificado que poseía; tenía lindos muslos, buenas piernas en general, alguno que otro lunar en sitios que quizá solamente él conocía. Fue capaz de apreciar en tantas ocasiones mientras le lavaba el pelo, como las gotas de agua tibia resbalaban por sus omóplatos; y, mientras aspiraba el conocido champú favorito de Chōji, con un aroma floral, se dio cuenta por accidente lo muy sensible que era su cuello, le daba cosquillas cada que tocaba cierto punto. Conocía tan bien su cuerpo, que con facilidad sabía cuáles eran sus «zonas sensibles», y aquello lo sacaba de quicio con facilidad. No, definitivamente llegó a la conclusión de que a un amigo no lo miras con esos ojos de «hambruna extrema», como si estuviese muriendo por inanición y el chico de cabellos beige fuese su platillo favorito de toda la vida, el que nunca se cansaría de probar.
El chico de ojos cafés siempre fue muy abierto con las muestras de afecto físicas y era muy sencillo que terminara dormido en su espalda o acurrucado en los brazos de quien estuviese más cerca de él, aferrándose como koala de vez en cuando. Cuando era el turno de Jō de convertirse en su almohada en turno, el calor agradable que desprendía su cuerpo se acoplaba con el frío del más alto. No mentían cuando decían que las tortugas poseían sangre fría.
A veces Togame desvariaba recordando el momento en que su querido «amigo» había perdido la cabeza; aquel que sólo poseía vacío en los ojos y desesperación en su alma, si esa versión de Chōji hubiese descubierto lo que sentía por él, estaba seguro que afrontaría una situación completamente distinta. Su imaginación le jugaba en contra. Ya había olvidado cuántas veces se imaginó al más bajito, a su querido Chōji de esa época, obligando a que se arrodillara frente a él, usando su aterradora fuerza para someterlo en el suelo, tirando sin cuidado alguno de sus cabellos, obligándolo a mirarlo, mientras le sonreía con aquella expresión muerta y cínica en su rostro. Y después...
Lo obligara a besarlo.
Lo obligara a satisfacer el lado curioso y primitivo de un adolescente. Con brusquedad, sin cuidado alguno, sin sentimientos de por medio, simplemente una unión cruda, cruel, con sabor a sangre, con hambre voraz y descarada, hasta dejarlo sin aliento, y, él no se opondría a ello... porque quizá le hubiese gustado ser usado de tal forma. Disfrutaba de sus fantasías más de lo que admitiría jamás. Moriría de pena si lo expresara en voz alta.
No se había vuelto masoquista o tal vez sí. Tan sólo, se quería convencer que un trato hostil y humillante sería parte de su castigo por no detenerlo en ese momento. Aunque al final de todo, sólo eran ilusiones, lo más parecido a «sueños húmedos» que lo traicionaban y dejaban salir a flote su latente deseo que sentía hacia Tomiyama, porque al final, su querido sol no estaba interesado en tales placeres mundanos de la vida. Una competencia de comida sonaba más de su interés.
Entonces, en su situación actual, con una recién renovada valentía, su mano se movió, deslizándose con delicadeza desde la muñeca que sostenía, entrelazando sus dedos con la mano más pequeña y tirar de ella hasta que el cuerpo contrario quedara atrapado en su pecho.
Y no hubo objeción alguna al respecto. Salvo un movimiento torpe para sostenerse de sus hombros y no caerse.
Con el cuerpo del más bajito tan cerca suyo, el palpitar incesante en el pecho de Jō se volvió todavía peor. Un tambor tan sonoro que delataría a cualquiera.
───Cierra los ojos ───indicó con voz baja, casi saboreando las palabras que emitió para asegurarse que no estaba soñando. El más alto elevó sus manos hasta sostener con cuidado las mejillas cálidas del más bajo. Quién no se negó, no preguntó, no se apartó y simplemente asintió sutilmente, juntando sus párpados como le pidió.
Togame no era precisamente un experto en besos. Desde que aceptó su enamoramiento, decidió mantenerlo en secreto, no pensaba arruinar la felicidad de Chōji haciéndolo cargar con sentimientos que pudiesen provocarle asco o rechazo. Prefería mantenerse a su lado y le aterraba la idea de pensar que pudiese alejarlo sólo por los pensamientos indecentes que había en su mente.
No era tan valiente como para confesarse. Si perdía a la luz que iluminaba su oscuridad (otra vez), no sabría qué hacer. En esos momentos, admiraba la sinceridad de Inugami para no sobrepensar las cosas y simplemente actuar, sin ignorar a su corazón, sin miedo al rechazo.
Hubo algún tiempo en que Togame intentó tener encuentros «casuales» con chicas en sus tiempos libres, los cuales siempre terminaba en fracaso, pues un nudo en el estómago se formaba cada que recibía un beso de su parte, lo sentía incorrecto y como si sólo las usara por su propia cobardía, teniendo que disculparse con ellas y no volviéndolas a ver. Para su sorpresa, no lo culparon, solían llenarlo de halagos y él ni siquiera se consideraba atractivo de ninguna manera, aunque Arima se rio de él cuando le dijo esto, asegurándole que su popularidad como miembro del Shishitōren, con mujeres y hombres estaba por los cielos, que era todo o que alguna chica desearía tener como pareja, debajo de él claro está. Kanuma le dio un buen golpe esa vez.
Al menos, así comprobó que no le atraían las mujeres.
De todos modos, Jō aprendió muchas cosas en sus días de autodescubrimiento, que se guardó más para sí mismo. Estaba seguro que alguien como Tomiyama sería más feliz con alguien como Umemiya, pues su adoración por él era palpable. ¿Y cómo podía compararse con un sujeto como el fundador de Bōfurin? Ese hombre tendría su total agradecimiento de por vida. Era impresionante en todo sentido. Cuando le contó esto a Sakura, el joven de ojos heterocromáticos primero casi murió de una sobredosis de vergüenza por la ternura que desprendía el mayor hablándole de su «crush», para después, regresarle a su modo las palabras que le dijo una vez: «tú eres tú, tú no eres Umemiya y eso está bien, tienes tu propia forma de hacer las cosas». La amistad que tenía con Haruka era una de las más grandes bendiciones que ocurrieron en su vida, la honestidad de sus palabras siempre le llegaba al interior. Dándole los ánimos suficientes para atreverse a hacer lo que estaba intentando justo en ese momento.
Quería volverse el hombre genial que le había prometido ser y eso incluía no traicionarse a sí mismo y atreverse a expresar su deseo de pasar el resto de su vida al lado de Chōji.
Aspiró profundamente el aire frio a su alrededor y luego, acarició ligeramente la piel tersa que sostenía en entre sus dedos rasposos, la textura de sus pómulos se sentía como amasar un mochi de fresa. Provocando con sus movimientos que una ligera risa se escapara por los labios del más bajito. Aquel sonido era encantador y contagioso para sus oídos, no se cansaría de escucharlo nunca.
Sus rostros se encontraban tan próximos uno del otro, lo suficiente como para que ver con claridad la textura de los pequeños labios de Chōji, para aspirar ese agradable aroma a suavizante de vainilla en sus ropas, para ver sus bonitas pestañas claras y para escuchar su suave respiración.
Estaban tan cerca, tan cerca, que sólo un par de centímetros los alejaban. Su garganta se sintió seca de repente. Quería besarlo. De verdad quería besar cada parte de su rostro, explorar por completo su boca, bajar por su mentón, dejar un rastro largo y tendido de marcas por su cuello. La fantasía en su mente del chico de cabellos beige aferrándose a sus brazos como si su vida dependiera de ello, pidiendo por más, era una imagen poderosa, que hacía estremecer cada fibra de su ser. Únicamente tenía que moverse otro poco, ya casi…
«Lo vas a arruinar… otra vez».
La confianza que había reunido, se destrozó en un instante. Había sido más frágil de lo que creyó.
Sus brazos descendieron, como si hubiesen perdido toda la fuerza, hasta sostener los hombros contrarios, empujándolo ligeramente hacia atrás para apartarlo.
───Yo, lo siento, no era en serio, estaba bromeando ───murmuró, desviando su mirada───. Los besos son importantes, pero debes hacerlo con alguien que te guste, no con cualquier persona ───añadió.
Las dudas y los pensamientos intrusivos se apoderaron de su mente. ¿No se estaba aprovechando de Chōji? ¿Qué pensarían los demás de saber que se estaba besando con su mejor amigo? ¿No era poner una condena en la espalda del más bajito? ¿Y si todo salía mal de nuevo? ¿Y si lo dañaba? Más y más preguntas corroyeron sus pensamientos.
Cuando se atrevió a mirar nuevamente a aquel rostro que tanto adoraba, se puso pálido de inmediato. Intuía que Tomiyama se molestaría con él, que mostraría una mueca de berrinche, de ira, de confusión o simplemente de reiría, lo último sería el mejor de los casos.
Pero la expresión de Chōji sólo mostró tristeza, sus iris de un tono brillante café parecieron apagarse, como si hubiese sufrido una herida muy profunda, una que sangró a borbotones de forma invisible, una que no sería capaz de reparar.
Nunca podía hacer nada bien ¿cierto?
───Chōji, lo siento, yo...
───No ───. Lo detuvo, negando con su cabeza. El joven de cabellos beige se mordió ligeramente los labios, debatiéndose mentalmente si debía hablar o no. Ya era mucho mejor en el manejo de sus emociones, pero eso no significaba que fuera sencillo expresar lo que pasaba por su cabeza, más cuando ni él mismo entendía a la perfección lo que estaba sucediendo. Sería más fácil olvidar el incidente y seguir como si nada. Tratarlo como una pregunta estúpida.
Sin embargo, él no quería eso, aunque tampoco estaba seguro de qué era lo que quería en realidad.
───Creo que... sigo siendo igual de egoísta que en el pasado ───continuó, y por supuesto, Togame no entendió a lo que se refería───. Kame-chan es increíble, lo sabes ¿no? Eres fuerte, amable, paciente, compasivo, protector, tan dulce... atractivo, como si fueras ese chocolate de la caja que todo el mundo quisiera elegir───completó, siendo su turno de pasar su mano por los cabellos negros del contrario, disfrutando con lentitud todas las caricias que dejó sobre él───. Por eso, sé que te mereces a alguien con un corazón tan bondadoso como el tuyo.
───¿A qué te refieres?
Togame no pudo hilar bien sus palabras cuando sintió a la cabeza contraria moverse hacia adelante, cerrando nuevamente la distancia que los separaba, hasta acurrucarse en su pecho, ocultando su rostro en el cuello contrario. Las manos del más bajito vagaron en las orillas de la ropa que portaba quien alguna vez fue su más leal segundo al mando, sintiéndose a gusto ahí. Siendo arrullado con el sonido del palpitar errático de su corazón.
───Sé que te mereces a alguien mejor que yo, porque yo soy un desastre andante con patas, y aun así... aún, aún me cuesta imaginar un futuro sin ti.
───¿Eh?
Cuando los suaves y bonitos labios de Chōji se encontraron con los de Togame, sucedió tan rápido, tan fugaz, que difícilmente el de cabellos negros lo llegó a entender correctamente.
───Yo soy quien debe decir que lo siente ───. Fue lo único que pudo decir, antes de colocarse de pie de un solo salto y empezar una carrera hacia la salida. Ese beso sería suficiente. Ya no más, no desearía nada más. Cuando vio a Sako e Inugami besándose, lo único que su cerebro le mostró fue la imagen del chico de ojos color jade. A un Togame mucho más frenético, uno que lo deseaba con la misma fiereza y necesidad.
¿Pero quién demonios se creía Chōji? Se reprendió a sí mismo mentalmente. El pasado era el pasado y ambos se esforzaron para redimir sus acciones, no obstante, incluso así, si todo había quedado atrás, todavía persistía una diminuta espina clavada en su pecho, una que le recordaba su propio caos interior, al que odiaría involucrar nuevamente a una persona importante para él. E incluso así, era lo suficientemente egoísta como para llevarse un «último recuerdo». Su primer beso, no le apetecía haberlo tenido con alguien más.
───¡Vuelve aquí!
Tomiyama casi se tropieza con sus propios pies, tratando de huir del tejado a toda velocidad bajando las escaleras, su rapidez y capacidad de reacción eran como un rayo, que apenas y se escuchó el rechinar de sus tenis al resbalar; nadie era capaz de ganarle cuando de velocidad se trataba, así que nunca pensó que Jō fuese capaz siquiera de alcanzarlo con la mirada.
Justo cuando dio un gran brinco para evadir un par de escalones, sintió un empujón inesperado; cerró los ojos por instinto, esperando a aterrizar de forma vergonzosa en el suelo. No obstante, en su lugar, terminó siendo arrinconado contra el muro, elevado por la chaqueta, apenas y las puntas de sus pies fueron capaces de alcanzar el piso. Pero lo que menos esperaba de haber perdido «la carrera», fue el ser besado sin pudor alguno.
El asombro en sus ojos al abrirlos fue notable; por un momento, perdió de vista al «amable y tranquilo Kame-chan» con el que solía compartir la mitad de su pan y en vez de ello, observó a una bestia, los ojos color jade del más alto únicamente mostraban una mirada de un carnívoro que había atrapado a su presa... Y Chōji sólo pudo jadear.
Fácilmente el de cabellos beige pudo haberse resistido. Fácilmente sería capaz de lanzarlo muy lejos de una patada. Y en vez de eso, al sentir el gran cuerpo del otro apresándolo contra el muro detrás de él, sus labios húmedos lamiendo cada parte de los propios, hasta que la lengua de Togame se coló en su interior, no lo detuvo, prefirió aferrar sus brazos a dónde le fue posible.
El beso no era sutil ni lento, fue completamente distinto al que Tomiyama le había dado; era una mezcla de rudeza con urgencia───... Ka... Ka... ───. Cuando Chōji tenía oportunidad de separarse para respirar, esto no duraba mucho, porque su boca era nuevamente atrapada por el más alto, quien parecía disfrutar de jugar con su labio inferior para después volver a introducirse en su cavidad.
El espacio donde se encontraban, rodeados de grafitis y vieja mueblería rota, ahora estaba lleno de sonidos desvergonzados. El chico de ojos cafés ya había comprendido porque a Sako le temblaban tanto las piernas en el baño.
Veintinueve centímetros de diferencia de altura separaban a los dos. Por lo que, Togame se tenía que inclinar bastante para besarlo, aunque no parecía importarle. Las manos del de cabellos negros sujetaron las muñecas del más bajito, colocándolas a los costados contra la pared, enrollando sus propios dedos en los contrarios, no iba a permitir que escapara de nuevo.
La cabeza de Chōji daba vueltas, intentando seguirle el paso. ¿Así es como se sentía un beso? ¿Su duda había sido saciada? No estaba seguro en realidad.
Finalmente Jō se detuvo, únicamente para seguir con sus besos en su mentón. Todo el cuerpo del más pequeño tembló al sentir los labios de Togame a lo largo de su cuello. ¡Justo ahí donde era sumamente sensible! Un sonido extraño salió de su boca. ¿Qué era eso? Un calor sofocante lo atacó. Una corriente eléctrica que atravesaba todo su cuerpo y descendía hacía sus partes bajas.
Los suspiros y suaves gemidos de su parte, no se hicieron esperar. No tenía idea de qué hacer, más que dejarse llevar por el cúmulo de sensaciones placenteras que estaba experimentando.
───Kame... Jō... espera.
Togame no quería esperar, la culpa por haber herido a Chōji, el beso que le dio con sabor a despedida, el verlo apartarse de él, todo provocó una euforia extraña en su persona. No era tan bueno con las palabras como le gustaría ser, al menos no cuando se trataba de aquel al que adoraba tanto, era bueno para dar consejos, siempre y cuando no se tratara de sí mismo, pues era malo para seguirlos. Así que, sólo le quedaba demostrar sus sentimientos con acciones. Quería hacerle saber al chico de cabellos beige lo mucho que lo quería, lo mucho que lo amaba, casi con desesperación. Con cada roce, cada caricia, cada unión de sus labios, cada saboreada de su piel. Necesitaba gritarle lo mucho que había deseado esto.
Y entonces fue cuando lo sintió.
La humedad descendiendo por sus propias mejillas, lo que causó que se detuviera por completo.
Al elevar su vista. Miró como unas cuantas lágrimas bajaban por el rostro de la persona que tenía apresada entre sus brazos. En medio de un hipido por tratar de contenerse, de su respiración agitada, su bufanda aplastada, su cabello despeinado, sus labios hinchados y sus mejillas enrojecidas.
Y así, su bestia interna se apagó.
───¡¿Chōji?! ───exclamó, con la preocupación palpable en su voz───. ¿Estás bien? ¿Te lastimé? ¿Estás herido? Soltó de inmediato las manos que sostenía, con la notoria marca rojiza de sus dedos marcados en las muñecas que sostuvo; enseguida, aquel cuerpo más pequeño se desplomó en el piso.
───No, no, no es eso ───negó con vehemencia una y otra vez. Tratando de eliminar las lágrimas de su rostro ───. Yo soy quién lo siente. No quiero que estés conmigo por obligación, ni que me tengas lástima, no quiero que hagas cosas sólo por complacerme... no de nuevo. Perdón, perdón, no quise…
Para la mente de Tomiyama, fue sencillo llegar a la conclusión de que: estaba orillando a Togame a hacer algo que no quería, sólo para verlo feliz y esa sola idea lo atemorizaba demasiado. No se perdonaría volver a dañar a la persona más importante en su vida, a quien nunca lo abandonó, al ser con el corazón más compasivo que había conocido.
Aquel líder vigoroso, brillante, fuerte, tan aterrador como un león, se hizo «bolita» en ese sitio polvoriento, sintiéndose confundido y vulnerable. Los fantasmas del pasado eran difíciles de olvidar.
───Chōji ───lo llamó, después de una larga pausa, agachándose de rodillas en el piso. Después de que procesara sus palabras con cuidado y tratara de entender a qué se refería.
Togame colocó sus amplias manos sobre las más pequeñas, apartándolas de su rostro con suavidad, mostrándole la sonrisa más tierna que tenía.
───Me gustas. Siempre me has gustado. Eres tan brillante y cálido, que no me es posible apartar la vista de ti. Siempre me he sentido atraído a tu órbita, por voluntad propia ───confesó, moviéndose lo suficiente como para envolverlo nuevamente entre sus brazos; esta vez, sin ser sofocante, sin nerviosismo o pena alguna; era un abrazo sincero, inocente, con la única intensión de volver a unir todos los pedacitos de piezas rotas que a ambos los unían───. No esperaba ser correspondido, por eso nunca me atreví a decírtelo. No me estás obligando a nada, te lo prometo.
Esas palabras sonaron como un encantamiento mágico a los oídos de Chōji. La determinación y sinceridad en los ojos color jade del más alto, no eran una mentira. Su cuerpo se volvió a llenar de calidez. Ambos compartían mucho más de lo que pudiesen imaginar, sus miedos, vacilaciones, inseguridades, era similares.
───Yo, no entiendo mucho, pero ───respondió, correspondiendo el abrazo, calmando su respiración───. Yo también te quiero, no quiero hacer esto con nadie más.
Un suspiro de alivio se escapó de los labios del más alto; se había quitado un peso tan grande de encima, que ahora el cuerpo que sostenía parecía tan liviano───. Creo que... me emocioné un poquito-mucho con esos besos que te di... Como te dije, existen varios tipos de besos en realidad. Y eso fue… algo desesperado.
Una sonora risa brotó desde lo más profundo de la garganta de Chōji. Desearía que sus «primeras veces» no fuesen tan caóticas, pero definitivamente, a ellos no les aplicaba la regla de la normalidad.
Habían pasado tanto tiempo juntos, que parecía natural el seguir haciéndolo. Sin embargo, había muchas cosas que no conocían o para las que eran inexpertos. Las confesiones amorosas definitivamente no eran su fuerte.
───Entonces ───refirió, rompiendo ligeramente su abrazo, sólo para retomar su semblante cálido y su más brillante sonrisa. Elevó su rostro, jalando un poquito las ropas contrarias para hacer que Togame se agachara de nuevo, para juntar su frente con la contraria───. ¿Me puedes enseñar todos esos tipos de diferentes tipos de besos que dices que existen?
───Todos los que desees ───murmuró, incapaz de desvanecer la felicidad en su rostro, frotando juntas sus narices───. Siempre es mejor practicar juntos ¿no?
───¡Sí!
.
.
.
Fin.
