Work Text:
~o~
“¿Fiesta de Navidad?”
Miorine te lanza esa mirada que expresa mucho más que sus palabras: sorpresa en mezcla con una aparente falta de entusiasmo, un gesto adorable de fingido desinterés. Sí, toda ella te parece adorable, pero ese no es el punto, tu misión como la piloto estrella de Gund-Arm es convencer a la CEO de hacer una fiesta de Navidad.
CEO que, casualmente, es tu Prometida.
Prometida que, casualmente, necesita escuchar tus razonamientos y motivos. Rápidamente haces memoria de todo lo que tus amigos Earthians te explicaron sobre la celebración.
“Me contaron que en la Tierra se suele celebrar Navidad el día 25 de Diciembre, que es una fecha donde las familias y seres queridos se reúnen, comen pavo, ponen un Árbol de Navidad e intercambian regalos”, explicas todo de corrido, tus manos no se mantienen quietas por culpa de la emoción, de hecho sacas tu agenda de estudiante y le muestras imágenes de un árbol navideño adornado. Tus amigos dijeron que era un pino.
Miorine adopta su pose pensativa, así que esperas con paciencia.
“En realidad es una celebración judeo-cristiana que celebra el nacimiento de una de las figuras más reconocidas de esa religión”, te explica Miorine con su voz neutra. “Pero con el tiempo se amplió incluso a países donde no profesan la religión, y actualmente esa celebración se dedica justo a lo que te dijeron, sobre estar con familia y seres queridos”, continúa y no puedes dejar de escucharla.
Primero, porque es muy interesante lo que te está contando, y segundo, porque te gusta su voz. La voz de tu Prometida es muy bonita.
Sonríes. Su sonrisa siempre te hace sonreír.
“Sabes muchas cosas, señorita Miorine, eres brillante”,
“Los Spacians no suelen celebrar la Navidad, pero obviamente los Earthians mantienen la tradición”, ella continúa con su explicación, ignorando el cumplido como es su costumbre.
“¿Entonces podemos hacerlo?” Preguntas con emoción.
Notas que Miorine revisa su Agenda Escolar y de pronto frunce el ceño, luego la ves abrir la boca, volver a cerrarla y mirarte una vez más.
“Dijeron que también necesitamos un muérdago”, agregas.
Miorine arquea una ceja. “¿Sabes qué es un muérdago?”
“No”, admites con algo de pena.
“Yo tampoco pero lo conseguiremos si es importante”, es la respuesta de Miorine, una que te hace sonreír con alegría. Pero luego la escuchas murmurar algo mientras revisa su Agenda Escolar. “Faltan sólo unos días”.
O eso es lo que alcanzas a entender, lo dice más para sí misma que para ti.
“¿Los demás saben que quieres hacer una fiesta de Navidad?” Te pregunta enseguida.
“Oh”, tus dedos juegan entre sí, un gesto que te sale en automático. “No, sólo me contaron sobre la tradición cuando les comenté que tendría una práctica el día 24 y que necesitaba ayuda de un mecánico. Me gustaría que fuera una sorpresa”, explicas.
Tomas aire y continúas.
“La fiesta es para demostrarles lo importantes que son para nosotras”, dices con firmeza. “Deben extrañar la Tierra, y tú quieres ir a la Tierra, así que… Creo que sería bueno que disfrutes de esa celebración también”.
Ella te mira largamente. “Tienes razón, sin ellos, ni tú ni yo seríamos capaces de mantener ésta compañía. Además…”
La notas dudar un poco pero no la presionas. Sabes que a ella le cuesta un poco expresar ciertas cosas. No la culpas. Conoces a su padre, conoces sus circunstancias.
“Además servirá para levantar los ánimos y que Chuchu y Ojelo dejen de quejarse de que no los trato bien”, finaliza y luego suspira de manera cansada.
Su suspiro te hace suspirar. Miorine vuelve a hablar y tú simplemente escuchas, porque te encanta escucharla.
“De acuerdo, haremos la fiesta de Navidad que quieres. Lo principal será conseguir el árbol y la cena para todos. En cuanto a la cena navideña, veré que se necesita”, Miorine, eficiente como siempre, revisa una vez más su Agenda Escolar.
“¡Gracias, señorita Miorine!” La alegría te desborda e intentas abrazarla.
No lo logras. Ella se limita a estirar el brazo y sujetarte por la cara para mantener la distancia. Te detienes, sabes que Miorine no acepta fácilmente un gesto físico tan repentino pero…
“Pervertida, buscas cualquier excusa para ponerme las manos encima”, tu Prometida murmura mientras acaricia tu mejilla. Su gesto es suave y cálido, su voz juguetona pese a la dureza. Sus ojos no dejan de mirarte.
Otro suspiro escapa de tu pecho, un suspiro enamorado, mientras esos delgados dedos acarician tu mejilla unos segundos más antes de soltarte. Sí, ese es el afecto que da Miorine y tú eres la única que lo recibe.
Te sientes la persona más afortunada del Sistema Solar.
“¡Hagámoslo!” Exclamas con emoción mientras tu mejilla aún resiente la dulce caricia. “Buscaré en la tienda escolar a ver si tienen lo que necesitamos para la cena”.
“No sé si consigamos un pavo pero… Intentémoslo”, ella suena seria de nuevo. “Y hay que conseguir un árbol, a ver cómo, y necesitaremos adornos…” La vez fruncir el ceño.
Sabes que no será una tarea simple, están a una distancia considerable de la Tierra y los víveres llegan cada cierto tiempo. Traen productos de moda pero, como bien comenta tu Prometida, los Spacians no celebran lo Navidad.
¡Pero si Miorine y tú se esfuerzan, lo lograrán!
~o~
No lo están logrando.
Tal como sospecharon, en la Tienda de la escuela no hay nada más que accesorios de moda, juegos de video, dispositivos electrónicos nuevos, comida chatarra, golosinas y ropa civil. Nada de dulces en forma de bastón, galletas, adornos navideños o un Santa Claus colado entre las provisiones que llegan cada quince días terrestres.
Los otros insumos prioritarios son la comida para alumnos y personal, materiales para las actividades escolares de los alumnos, y lo necesario para el mantenimiento y funcionamiento de toda la estructura que es Asticassia.
No hay espacio ni necesidad para pinos ni adornos navideños.
Y conforme pasan los días, te das cuenta que quizá no fue la mejor de las ideas, no cuando Miorine no ha dormido bien en las últimas noches.
Luce tensa.
No te gusta verla tensa.
Esa noche, a dos días de Navidad, ambas están en la cama de Miorine y ella simplemente no deja de revisar su Tablet. Sabes que está estresada por la manera en que tiene el ceño fruncido.
“Duerme, por favor”, le pides luego de cansarte de fingir que estás dormida.
“No quería despertarte, iré al escritorio”, te dice Miorine, pensando que realmente te despertó.
“No es necesario, está bien”, le dices de inmediato, impidiendo que se levante de la cama. “Yo… Um… ¿Qué estás haciendo?”
“Estoy moviendo mis contactos para ver si puedo conseguir un cargamento exprés”, dice mientras regresa su atención a la Tablet, tú sólo alcanzas a ver algunos destellos verdes de la pantalla reflejados en su cansado rostro. “Tienen agendas apretadas pero prometieron tratar de hacer algo para ayudarme”.
No sabes quiénes son esos contactos, nunca le has preguntado pero tampoco quieres molestarla con tantas preguntas, no cuando ella también tiene una agenda repleta:
Durante el día se encarga de sus propias clases y durante la tarde de la compañía. A ti te manda a tus clases y prácticas sin que puedas negarte, porque necesitas mantener buenas notas para hacer sentir orgullosos a todos en tu natal Mercurio. Y también necesitas atender tus duelos como tu posición de Holder lo exije.
No puedes ayudarla tanto como quieres pero…
¡Tú también tienes contactos! ¡Contactos confiables!
Al día siguiente le llamas a tu mamá entre clases. Sí, si alguien puede ayudarte, es mamá.
“Lo siento, Suletta, estoy en Shin-Sei haciéndome cargo de unos trabajos”, te dice apenas le cuentas tu dilema. “Aunque te mandara algo justo ahora, no llegaría a tiempo para Navidad. Si me hubieras dicho con más tiempo, habría podido hacer algo”.
Mamá no pudo ayudarte.
En Mercurio tampoco celebran Navidad. A duras penas tienen dónde acomodarse y la prioridad es no morir por culpa de las tormentas solares, o bien aplastados bajo las inestables minas de Permet.
Le agradeces a tu mamá y sigues con tu día. No tienes más contactos que puedan ayudarte y, aunque los tuvieras, no hay suficiente tiempo.
“Soy una tonta”, murmuras mientras terminas de regar los tomates.
Miorine justo en ese momento está ocupada dando un reporte a los inversionistas y a su padre por videoconferencia después de clases.
Por supuesto, los Spacians no celebran la Navidad, ellos siguen trabajando, siguen buscando la manera de que sus inversiones den ganancias. Fue así como se fundó la compañía después de todo, con Miorine agachando la cabeza ante su padre y pidiendo inversionistas, todo con tal de salvar a Aerial.
Y hablando de Aerial, decides ir al hangar de Earth House a visitarla.
[Puedes conseguir regalos navideños para tus amigos. Tienes suficientes fondos, en Mercurio no hay nada para comprar pero siempre recibiste tu sueldo como rescatista. Tienes muchos ahorros, debería alcanzarte.]
Es el bienvenido consejo de Aerial apenas le cuentas tu dilema. Se lo agradeces y vas corriendo a la tienda de la escuela.
Las elecciones son sencillas porque conoces a tus amigos Earthians: Una bolsa de paletas de caramelo macizo para Chuchu, una herramienta nueva (y costosa) para Nika, un collar de piedras para Aliya, accesorios de cabello para Lilique, un juego de mesa llamado Monopoly para Ojelo, un gorro nuevo para Nuno, una libreta de dibujo y colores para Till, y una agenda (una real, de papel y cubierta imitación cuero) para Martin.
Y un regalo para Miorine, desde luego, uno más pequeño pero más especial.
Ahora toca convertirlos en regalos navideños, cajas blancas y lazos rojos son suficientes, así que te dedicas a eso después de la práctica donde Nika te prestó su ayuda. Lo haces a escondidas, lo haces rápido para que no vayan a buscarte y te descubran. Pero hay un pequeño detalle técnico a considerar:
Nunca has envuelto un regalo.
Aerial te muestra las instrucciones en pantalla pero no te queda igual. Los bordes están arrugados, los moños con listón no quedan y para el cuarto regalo comienzas a sentir la frustración que sólo fallar te provoca. No te gusta fallar, porque en Mercurio no se puede fallar. Fallar significa que alguien puede morir.
Nunca fallaste en salvar a los mineros, pero has estado fallando en más de una ocasión en Asticassia y siguen siendo golpes que no puedes soportar. Pero no tienes tiempo de sentirte mal, no cuando escuchas un golpecito en la parte externa de la cabina. Aerial abre. Es Miorine.
“Así que aquí estás”, dice Miorine mientras entra a la cabina y la cierra. Pone un gesto curioso y extrañado al ver el desastre de lazos y papel brillante. “¿Son regalos?”
“Sí, para nuestros amigos de Earth House, pero nunca he envuelto un regalo”, admites con una voz tensa que no alcanzas a notar.
Pero Miorine sí.
Brusca como siempre ha sido, Miorine te quita lo que tienes en manos, los accesorios para cabello. Luego de mirar las instrucciones en el monitor de Aerial, ves con asombro cómo comienza a envolver el regalo con más soltura.
“Oh”, recuperas tu sonrisa. “Eres muy hábil, señorita Miorine”.
“Tú también”, dice ella sin detenerse ni dejar de mirar el regalo.
“No lo soy, mira, esos no quedaron bien”, respondes con la frustración asomándose en tu tono. Vuelves a fruncir el ceño y… “¡Auch!”
Ella te golpea en la frente con su índice, siempre hace eso cuando quiere decirte algo importante y necesita que le pongas toda tu atención.
“Nunca has hecho algo como esto, es normal que no sepas hacerlo”, te dice mientras te muestra cómo arma el moño con el listón rojo. “Si necesitabas ayuda debiste llamarme”, eso es un regaño.
Te retuerces un poco en el asiento del piloto y no quieres decir el motivo por el que no la llamaste, pero su mirada dura te doblega a la primera.
“No quería molestarte, has estado muy ocupada”, confiesas de inmediato. “Tienes que estudiar, dirigir la empresa, hablar con los inversionistas y ahora estás con esto de la fiesta de navidad. Lo siento, es mi culpa que estés…”
Otro golpe con su dedo.
Te vuelves a quejar de manera ahogada y la miras para reclamar, pero la dureza en su semblante te silencia.
“Tú también estudias mucho, debes mantener tu posición como Holder y tus prácticas son físicamente exigentes. Además, has estado cuidando del invernadero mientras yo estoy ocupada”, numera mientras pasa sus dedos entre los mechones de tu cabello.
“Yo…”
“Si voy a ir a la Tierra, y si vas a ir conmigo, entonces debemos familiarizarnos con éstas tradiciones”, puedes notar cómo su voz se endurece un poco más. “Y si voy a celebrar Navidad con alguien, será con la gente que aprecio”.
Y es todo lo que dice antes de soltarte y seguir envolviendo los regalos contigo. Ella te enseña con dureza pero con paciencia. Y para cuando terminan y los regalos están listos, sólo puedes decir una cosa.
“Gracias, señorita Miorine”.
Ella se limita a asentir. “Debo atender unos asuntos, tú duerme ésta noche en Earth House”.
“¿Eh? ¡Pero…!”
“Descansa bien, hoy tuviste prácticas”.
No te deja decir más, simplemente se va.
Decides obedecer porque aún tienes un regalo por envolver y lo mejor es que Miorine no lo vea. Es una sorpresa después de todo, ¿o no?
~o~
25 de diciembre.
En Asticassia la rutina es normal. Pero notas un ligero cambio en tus amigos de Earth House.
“Apuesto a que mis viejos ya tienen a toda la familia reuniéndose”, comenta Chuchu mientras está tumbada en su puff.
“Mi familia también debe estar reunida”, Aliya suena nostálgica mientras bebe una taza de leche caliente.
“La mía igual”, incluso el humor siempre animado de Lilique parece opacado.
Nika no comenta nada, sólo sonríe. Los chicos hacen comentarios similares y cuentan lo que sus familias acostumbran hacer en esa fecha. Pero no puedes escuchar mucho, te llega un mensaje de tu Prometida.
[Sala de juntas de Gund-Arm]
[Ahora]
Te disculpas con tus amigos y sales corriendo.
Tampoco que vayas a ir muy lejos, la dichosa sala de juntas está en un extremo de Earth House, aún tiene el letrero que Miorine y tu pintaron.
“¿Qué pasa, Miorine?” Entras con apuro.
Miorine mira el interior de un contenedor junto la mesa, tiene un gesto serio y los brazos cruzados. También vas a ver qué hay dentro.
“¿Qué es eso?” Señalas un paquete redondo.
“Es pechuga de pavo”, responde Miorine mientras pone la pieza en la mesa.
Hay más cosas en la caja: un muérdago de aluminio pintado, gorros rojos navideños, un par de trajes de Santa Claus, una docena de dulces navideños y un pastel temático.
“Mis contactos hicieron lo que pudieron. No consiguieron el árbol a tiempo, así que hice esto”.
Miorine tiene un proyector holográfico en la mesa y lo activa, lo que aparece es un árbol navideño completamente adornado.
“¡Es hermoso!”
“Sólo lo tomé prestado de una base de datos”, Miorine se encoge de hombros y enseguida aprieta un botón en su agenda.
Y como si de magia se tratase, el árbol comienza a girar. Las luces y la estrella en la punta se encienden, todo brilla y da un resplandor verdoso. Y entonces te das cuenta de algo: ya habías visto ese destello verdoso antes.
No es una proyección estándar.
Miras a Miorine con los ojos bien abiertos. Ella nota tu mirada y gira el rostro como suele hacer cuando le resta importancia a un asunto.
“Lo hice entre clases, no fue complicado”.
Sabes que miente pero no vas a insistir, quizá después, por ahora tienen algo más qué preparar: la pechuga de pavo.
“Conseguí un horno eléctrico para cocinar la pechuga, ya descargué la receta y conseguí los ingredientes extra en el comedor”.
“¡Hagámoslo!” Dices con emoción, pero antes...
Miorine arquea una ceja mientras le muestras el par de trajes de Santa Claus. La miras con emoción, con clara expectativa mientras le ofreces un traje. Ella refunfuña pero accede.
En dos minutos Miorine y tú están usando los trajes de Santa Claus y finalmente se disponen a preparar la cena navideña para todos. No puede ser tan difícil, sólo hay que seguir la receta, ¿verdad?
~o~
Aparentemente, seguir la receta no es suficiente.
El árbol navideño es un holograma muy aceptable. El pastel navideño y los dulces esperan en un costado de la mesa y están hechos apropiadamente. Los regalos también cumplen su función. El muérdago de aluminio cuelga a medio techo para quedar a la vista.
Pero falta lo más importante: la cena.
Seguir las instrucciones de una receta no es lo mismo a seguir el manual de una máquina o de un MS. Lo confirmas cuando comienza a oler a quemado después de una hora, Miorine y tú entran en pánico y rápidamente abren la puerta del horno, lo que libera más humo y hace sonar las alarmas de incendio del sitio.
Miorine y tú se miran entre sí, derrotadas, mientras se escuchan los apresurados pasos de sus amigos ir a la oficina de la compañía, algunos con extintores en mano.
“¡¿Quién está tratando de quemar nuestra base?!” Suena la furiosa voz de Chuchu mientras agita una enorme llave de tuercas. “¡Deben ser esos malditos Spacians!”
Cuando todos los miembros de Earth House entran, notas sus gestos de sorpresa cuando ven el holograma del árbol navideño, los regalos y los trajes navideños que Miorine y tú llevan puestos. Ninguno de ellos sabe qué decir, Miorine gruñe un poco y mira a un lado, visiblemente frustrada.
Pero tú sí sabes qué decir, y lo dices con una sonrisa.
“¡Feliz Navidad!”
~o~
Hasta ese momento te enteras, y Miorine también, que los preparativos se inician el día 24, ese mismo día por la noche es cuando todos cenan juntos y celebran la llegada de la Navidad a medianoche. El día 25 es cuando abren los regalos.
Anotado.
“No puedo creer que hicieran todo esto”, dice Nika mientras mira con asombro lo que consiguieron. “Pensé que los Spacians no celebraban Navidad”. Por supuesto, ya todos tienen sus gorros rojos puestos y han recibido sus regalos.
“Y yo no puedo creer lo delicioso que está esto”, dice Ojelo mientras devora su ración de pechuga de pavo.
“Me alegra que no se quemara todo, al menos quedó algo para rescatar”, dice Miorine con enfado, también está comiendo. Fue Aliya quien salvó la pieza restante de la cena.
“Tampoco pudimos conseguir un árbol de Navidad real”, dices mientras comes esa deliciosa pechuga de pavo. “En realidad esto es mi culpa, se me ocurrió hacer todo a última hora, la señorita Miorine me ayudó con lo que pudo”.
“También fue mi culpa, casi quemo la cena por no seguir bien la receta”, dice Miorine enseguida, sabes que no pretende dejarte toda la culpa del desastre.
Martin es quien se pone enfrente de ustedes con un gesto alegre. “No tienen nada de qué disculparse. Les agradecemos mucho todo esto y… Bueno, si tenemos la oportunidad, organicemos la siguiente Navidad todos juntos, ¿qué dicen?”
Miorine y tú se miran un momento. Miorine termina encogiéndose de hombros. “De acuerdo”.
Tú sonríes. “¡Sí!”
“Oh, por cierto”, Lilique señala el muérdago de metal. “Al menos consiguieron eso, es importante para ustedes dos en especial”.
“¿En serio?” Te sientes aliviada. “¿Y qué se hace con el muérdago?”
Pero Lilique decide darle la respuesta a Miorine directo al oído.
La ves sonrojarse, molestarse y tratar de decir algo, sin lograrlo. Ves a Lilique sonreír de manera traviesa, todos tienen una mirada cómplice que no sabes descifrar.
Después de cenar, Miorine descuelga el muérdago y te saca de la mano a los jardines más cercanos. Los demás se quedan jugando Monopoly.
“¿Adónde vamos?” Preguntas, confundida.
“A darle uso a ésta cosa”, responde tu Prometida con prisa y brusquedad.
Miorine tiene que subirse a una banca para colgar el muérdago de un árbol, y enseguida hace que ella y tú se queden debajo de éste.
Estás confundida.
“Um… ¿Y ahora?” Preguntas.
“Y ahora me besas”, responde tu Prometida con los brazos cruzados.
Uno.
Dos.
Tres segundos.
“¡¿EEHH?!”
Miorine se enfada mientras tú te sientes arder.
No sabes qué pensar, pero tampoco puedes pensar demasiado cuando tus ojos se fijan en los lindos labios de tu Prometida. Sus labios rosados… Tentadores.
“La tradición dice que una pareja debe besarse debajo del muérdago”, explica Miorine con los brazos cruzados.
Tú logras emitir un sonido torpe. “Yo… Um…”
Ella se encoge de hombros. “Si no quieres, está bien, tampoco quiero obligarte”, ahora parece incómoda.
“¡Sí quiero!” Aclaras de inmediato. “S-Somos P-Prometidas y… Y…” Rápidamente buscas algo en tus bolsillos. El regalo de Miorine, una caja pequeña. Se la ofreces. “La cena de Navidad no salió como queríamos pero… Pero fue divertido, y me gustó hacer esto contigo… Quiero hacer más cosas contigo”.
Notas el gesto sorprendido de Miorine cuando abre la cajita.
“Esto…”
El regalo de Navidad para tu Prometida es un collar de acero delgado con un pequeño portaretratos en forma de flor, igualmente de metal. Dentro se pueden poner dos fotografías.
“Yo… No preparé un regalo para ti”, Miorine dice eso con voz baja.
Tú suspiras. A veces no sabes como es que ella no ve lo obvio, así que se lo dices sin pensarlo, como si fueras a explotar si no las sacas de tu corazón.
“Que hicieras todo esto conmigo”, le dices con una voz que casi no parece ser tuya. Ella te mira con gesto expectante. “Que estés conmigo… Ese es el mejor regalo de todos”.
Y la besas.
Simplemente la sujetas por las mejillas y la besas.
Y cuando ella corresponde tu beso, sabes que no necesitas nada mas.
El beso es breve, pero no se separan mucho.
“Feliz Navidad, señorita Miorine”.
“Feliz Navidad, Suletta”.
Pese a las prisas, pese a la falta de árbol, pese a que casi se quedan sin cena, la primera fiesta de Navidad de Gund-Arm es un éxito.
Antes de regresar con los demás, tu demandante Prometida te jala por el cuello de tu traje de Santa Claus y te pide un beso más, uno más largo.
“Feliz Navidad”, repite ella contra tus labios.
Feliz Navidad… Y gracias por todo, piensas, besándola una vez más.
FIN
