Chapter Text
A veces, el corazón no busca un milagro, sino una simple ocasión para acercarse.
Y la Navidad, con su luz y su silencio, parece inventada para conceder esas oportunidades
que uno no se atreve a pedir el resto del año.
La nieve caía débilmente esa tarde, como si el invierno apenas despertara de su letargo.
Desde las ventanas del segundo piso, los copos se deslizaban con pereza y chocaban contra el vidrio tibio del aula, derritiéndose en segundos. El sonido de los lápices y las risas era lo único que llenaba el aire del Instituto Lugunica, donde la clase 2-A se preparaba para cerrar el semestre.
A esa hora, nadie prestaba demasiada atención al reloj. Las clases estaban casi por terminar y la mente de todos flotaba entre los pensamientos de regalos, luces y descanso. Todos, excepto una persona.
— ¡Escúchenme todos, por favor! —la voz de Natsuki Subaru resonó con fuerza, lo bastante alta para hacer que varias cabezas se giraran al instante—. ¡Tengo una idea genial para el inicio de nuestras vacaciones!
La reacción fue inmediata.
Otto, que intentaba concentrarse en los últimos apuntes, se llevó una mano a la frente. Al oír a su amigo hablar abiertamente sin aviso alguno, solo podía significar una cosa; problemas.
—No... no otra vez —murmuró, con ese tono resignado que usaba cada vez que Subaru tenía una "gran idea"—. Natsuki-san, te recuerdo que el último "plan genial" terminó con la mitad de la clase limpiando pintura del pasillo.
— ¡Eso fue arte contemporáneo! —replicó Subaru, señalándolo indignado—. Y además, nadie murió.
Ram, desde su asiento junto a la ventana, soltó un suspiro largo.
—Aunque nadie murió, algunos perdieron dignidad. Incluyéndote a ti, Barusu.
—Eh, eso fue un golpe bajo, Ram.
Rem, que estaba justo al lado de su hermana, escondió una risita mientras acomodaba su cuaderno.
—Subaru-kun, quizás sería mejor si dijeras tu idea antes de que Otto-san decida huir.
— ¡Rem-san, por favor. No digas esas cosas! —Otto volteó a verla desde su pupitre—. ¡Si lo dice así, no podré irme si que se entere!
—Oh, conque te querías escapar... —Subaru lo observó con una mirada penetrante y lleno de resentimiento fingido.
Ferris, recostado sobre su pupitre, giró la cabeza con una sonrisa traviesa.
—Nya~ Subaru-kyun, cuando hablas así, parece que estás a punto de proponer una revolución.
—Bueno, podría si quisiera, pero va contra mis principios de buen estudiante que soy.
— ¿Me dirás cuando fue que lo eras?
El último comentario salió de Ram de forma tan natural que algunos les fue imposible no reirse.
Subaru decidió ignorar aquello que dijo Ram. Y aunque, en cierta forma si le dolió la dudasa opinión sobre él, prosiguió con lo suyo.
Se puso de pie sobre la silla con los brazos extendidos.
—Escuchen todos —su sonrisa volvió en cuanto notó la atención de todos dirigidas a él—. ¡Propongo que hagamos una gran fiesta navideña para dar comienzo a nuestras vacaciones!
Un silencio sepulcral cayó sobre la clase.
Las hojas dejaron de moverse.
Y hasta la nieve afuera pareció detenerse un instante.
Todo el mundo se quedaba observándolo sin decir nada, analizando y juzgando cuidadosamente la expresión caóticamente positiva de Subaru.
Rem fue de las únicas que expresó su asombro ante el anuncio del chico mientras hacia unos pequeños aplausos. Emilia se mantuvo sorprendida, pero también un poco confundida ante la idea inesperada de su leal amigo.
Priscilla Barielle, sentada cerca de la ventana, giró el rostro con un gesto altivo. Su uniforme estaba impecable, y el brillo de su cinta roja contrastaba con su mirada arrogante.
— ¿Fiesta navideña, dices? —su voz sonó tan afilada como elegante—. Qué idea tan... ordinaria.
— ¡Eh, espera, no lo digas así! —Subaru agitó las manos, ofendido—. ¡Va a ser algo con clase! Música, luces, ponche—
—Lo que falta —replicó Priscilla, abanicándose con elegancia— es sentido del gusto. No pienso participar en una reunión vulgar donde la gente se emborrache con ponche barato y cante villancicos desafinados.
— ¿Quién habló de ponche? ¡Y nadie se va a emborrachar! —replicó Subaru, ofendido—. ¡Va a ser una fiesta limpia!
Felt, desde la última fila, se echó a reír.
— ¿Qué pasa, princesa? ¿Tienes miedo de mancharte las manos con chocolate caliente?
—Por favor —replicó Priscilla con una media sonrisa—, yo no temo mancharme. Solo elijo con qué hacerlo.
La tensión creció, pero Subaru se apresuró a mediar, alzando la voz:
— ¡Oigan, oigan! No peleen. La idea es unirnos, no hacer una guerra civil antes de Navidad.
Emilia, quien había estado callada y sentada más adelante, levantó una mano tímida, su voz suave como el viento de fuera.
—Yo... creo que suena divertido. Si todos cooperamos, podría ser algo lindo.
— ¿Ves? ¡Emilia-tan me apoya! —Subaru se giró hacia la clase con una sonrisa que le ocupaba media cara—. Si Emilia-tan dice que está bien, debe estar bien.
—Tsk, Barusu y sus delirios de romanticismo. —murmuró Ram, aunque había una leve sonrisa en su rostro.
—Entonces, Rem ayudará con la decoración —la joven doncella de cabello azul esbozó una sonrisa ante el optimismo del chico—. Subaru-kun puede contar con ello.
— ¡Rem! ¡Sabía que podía confiar en ti!
Julius Euculius, que hasta entonces había estado observando con calma, habló con su tono elegante y algo distante.
—No es una idea tan descabellada, en realidad. Haría bien en fortalecer los lazos entre compañeros. Aunque, Subaru, espero que la organización esté a la altura de tu entusiasmo.
— ¡Por supuesto! ¡Yo me encargo de todo! —dijo Subaru, sin darse cuenta de que Otto casi se desplomaba en su asiento.
—Natsuki-san, ¿puedo hablar contigo de logística después? —dijo Otto, masajeándose las sienes de la preocupación—. Porque tu definición de "organizar" suele implicar incendios menores.
Reinhard, sentado frente a la ventana, sonrió con calma mientras daba una pequeña risita por los comentarios de Subaru y Otto.
—Puedo ayudar en buscar algún lugar para hacer la fiesta. Tendrá que ser un lugar espacioso, y si hace falta, también puedo llevar algunas decoraciones.
— ¡Eres un santo, Reinhard! —Subaru le dio una palmada en el hombro—. ¡Con tu ayuda, nada puede salir mal!
—Haha. Muchas gracias por el comentario. —le sonrió con su sonrisa amistosa de siempre, dejando algo deslumbrado a Subaru por lo mucho que brillaba su sonrisa, imaginatoriamente.
A veces lo decía de bromas, pero sus pensamientos reales sobre Reinhard eran casi iguales a los que bromeaba.
Decirle Santo es quedarse corto a lo buena persona que era él, además de que siempre que se metía en algo, todo salía bien.
—Eso mismo dijiste antes del "proyecto artístico" —recordó Otto en voz baja.
Bueno, claro está algunas excepciones como la que mencionó Otto y Subaru lo sabía bien.
Las risas volvieron a llenar el aula.
Incluso Felt, que fingía no interesarse, sonreía al verlo tan decidido. Si Reinhard estaba muy comprometido con ayudar a su amigo Subaru, entonces ella también lo haría, aunque puede terminar en desastre, o tal vez no. Le daba igual, ya que, de todas formas, le gustaba mucho cuando los días se volvían algo caóticamente divertidos.
Ferris, mientras tanto, jugaba con su lápiz, mirando alternativamente a Subaru para despues girar para ver su querida y mejor amiga, Crusch.
La chica Karsten permanecía en silencio. Desde su asiento junto a la pared, observaba la escena con su serenidad habitual. Su postura era impecable, y su expresión apenas se movía entre la concentración y una leve sonrisa que se le escapaba de vez en cuando.
No tenía la intención de intervenir en la discusión que se estaba haciendo. Ferris, como siempre, hablaba lo suficiente por los dos. Ella no veía la necesidad de hablar.
Tan pronto avanzó un par de minutos, ella estaba terminando los ultimos apuntes de sus trabajos de clase.
Aún con esa concentración, Crusch escuchaba cada palabra. Cada exclamación de Subaru, cada broma, cada intento torpe de mantener la atención de todos.
Había en él una energía que, aunque caótica, tenía una calidez imposible de ignorar.
Si había algo de lo que le gustaba mucho de él, es que siempre encontraba la forma de hacer que todos se sintieran unidos, aun cuando tenían diferencias cada uno. Un ejemplo sería Prsicilla y Felt.
Aquel pensamiento cruzó su mente antes de que pudiera evitarlo, y su pluma se detuvo sobre la libreta.
Ferris notó la distracción de inmediato.
—Nya~ Crusch-sama, está muy callada. ¿No le emociona la idea de Subaru-kyun?
Crusch alzó la vista con elegancia.
—Es una propuesta... interesante. Aunque no estoy del todo segura si puede salir todo bien sin ningún problema.
—Ooooh~ pero suena a que Crusch-sama quiere participar~ —bromeó Ferris, inclinándose hacia ella.
—No es eso —respondió Crusch, intentando mantener la compostura ante la actitud bromista de su amigo de la infancia—. Solo me parece agradable ver a todos tan animados.
Ferris rió suavemente.
—Claro, claro~ "Agradable". Pero… ¿No está segura en agregar la palabra "encantador" o "adorable"? Ya sabe, hacía donde realmente quiere decir.
Crusch entrecerró los ojos, pero no dijo nada. Sabía cuándo Ferris estaba provocándola. Y lo peor era que tenía razón en una cosa: había algo encantador en esa torpeza tan humana de Subaru.
En algún punto de su vida escolar, había desarrollado sentimientos "curiosos" hacía la especie conocida como; Subaru Natsuki.
Fue a tal punto que le costaba a veces tener la compostura que siempre tenía. Su actitud serena, recta y sincera que se había criado, luego eran penetrados por la abrumadora y caótica actitud de Subaru hasta convertirla en una persona diferente que ni ella se conocía.
Por supuesto, nadie sabia de lo que ella sentía por él, al menos, de los que conocía, que eran Ferris, siendo el primero que lo supo. Otto también lo sabía, pero él mismo decidió no querer meterse porque no quería involucrarse en la vida amorosa de su amigo.
Mientras ella seguía tan metida en sus deberes y pensamientos, la discusión en el aula seguía llevándose a la misma dirección.
—Yo puedo encargarme de los dulces —dijo Anastasia, anotando algo en su libreta—. Tengo contactos que pueden conseguir galletas artesanales de la empresa aliada de mi familia.
— ¿Contactos? —repitió Felt, levantando una ceja—. O sea, lo vas a comprar caro, ¿no?
—Se llama calidad —respondió Anastasia con una sonrisa encantadora—. No todo el mundo disfruta del pan del supermercado, querida.
—Heh. Qué snob. —expresó Priscilla con una sonrisa burlona detrás de su abanico.
—Y tú qué vulgar, cielo. —Anastasia la miró por encima del hombro con cierto veneno en sus palabras desafiantes.
Antes de que la discusión se volviera serio, Reinhard intervino suavemente.
—Creo que todos podemos aportar algo. Si cada uno se encarga de una parte, saldrá bien.
— S-Si, eso mismo pienso —exclamó Subaru, agradeciendo mucho por la intervención de su amigo—. ¡Así se habla, Reinhard!
Mientras la clase se llenaba de ideas, Crusch apoyó la barbilla en una mano, observando sin intervenir.
El brillo de las luces, el sitio, la comida... todo era importante y muchas de las ideas se veían bien y en su lugar. Apreciaba mucho lo bien que estaba marchando todo.
Crusch no pudo evitar sonreír de forma elegante y satisfactoria.
—Entonces —dijo Subaru finalmente, tomando un marcador y escribiendo en la pizarra—: "Fiesta Navideña."
Subrayó las palabras con un trazo torcido y, al girarse, sonrió con orgullo.
— ¿Qué dicen? ¿Quién se apunta?
Hubo un silencio corto, pero esta vez no fue tan tenso como antes. Y luego, una a una, las manos empezaron a levantarse.
Emilia fue la primera, sonriendo con dulzura. Rem la siguió, casi al instante. Reinhard, Julius, Otto —aun sin poder calmar sus preocupación—, Ferris, incluso Ram. Felt levantó la suya con desinterés fingido, y Priscilla —después de un dramático suspiro— también.
Por último, Ferris empujó suavemente el codo de Crusch. Ella levantó la mirada, sorprendida.
No esperó que todo el mundo la fuera mirando, y menos en esperar por su respuesta… incluido Subaru también.
Crusch dudó apenas un instante antes de levantar su mano con calma. Por supuesto que le interesaría ayudar y aceptar la propuesta de Subaru, pero también quería que dejarán de mirarla tan directamente mientras no decían nada.
—De acuerdo. Participaré.
— ¡Sí! —gritó Subaru, alzando un puño victorioso—. ¡Sabía que se lograría! ¡La clase 2-A tendrá una gran fiesta de Navidad!
Y Crusch, por un momento, sonrió sin darse cuenta.
Fue una sonrisa pequeña, sincera, que pasó desapercibida para la mayoría. Excepto para Ferris, que la observó con una chispa de picardía en los ojos.
Subaru seguía hablando, entusiasmado. Su voz se mezclaba con las risas y el murmullo de los demás, y por un instante, la fría tarde de diciembre pareció brillar un poco más.
Crusch lo observó, apoyando la mejilla en su mano.
Al menos, estaba contenta de que pudiera haber servido de algo para que él estuviera feliz. No le importó si fue algo mínimo, solo quería verle contento. Y eso es porque su misma aura optimista y llena de confianza era lo suficiente para calentarla, incluso haciéndola olvidar del frío que hacía en el tiempo.
El sonido de los pasos resonaba suavemente sobre los pasillos del Instituto Lugunica.
Las clases habían terminado hacía pocos minutos, y la mayoría de los estudiantes ya se apresuraban hacia las salidas, envueltos en bufandas y risas.
El aire tenía ese olor inconfundible a invierno: una mezcla entre viento frío, madera húmeda y el tenue aroma del chocolate de la cafetería que aún se mantenía abierto.
Crusch caminaba con paso sereno por el corredor del segundo piso, sosteniendo su bolso escolar con una mano y un pequeño libro con la otra. Ferris, como era costumbre, la acompañaba, con un andar ligero y despreocupado, las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta.
El sol se filtraba entre las ventanas, tiñendo los pisos con tonos dorados. Afuera, la nieve seguía cayendo, aunque más suave que al mediodía. Las luces del patio comenzaban a encenderse poco a poco, reflejándose sobre el pavimento mojado.
—Nya~ Crusch-sama, ¿ya decidió qué hará esta Navidad? —preguntó Ferris, con su tono juguetón de siempre.
—Probablemente lo mismo de todos los años —respondió Crusch, sin detener su paso—. Una cena formal con mi familia. Nada fuera de lo habitual.
—Ah, sí... esas cenas donde todos son refinados mientras usted finge que disfruta estar allí —Ferris soltó una risita—. ¡Qué ambiente tan navideño~!
Crusch ladeó la cabeza apenas, esbozando una sonrisa serena.
—Es parte de la tradición familiar. Aunque admito que, en ocasiones, puede sentirse... monótona.
Ferris giró sobre sus talones, caminando de espaldas mientras la observaba con curiosidad.
— ¿Monótona, dice? Eso suena a que a Crusch-sama le gustaría probar algo distinto este año.
—No necesariamente —replicó ella con su habitual compostura—. Pero tal vez no me desagradaría... un cambio de rutina.
— ¿Como una fiesta escolar, por ejemplo? —Ferris arqueó una ceja, con la sonrisa más traviesa del mundo.
Crusch soltó un leve suspiro.
—Sabía que lo mencionarías.
—Nya~ ¡no puedo evitarlo! Verla allí, levantando la mano junto a todos los demás... fue adorable.
—No digas cosas absurdas. Ni que fuera algo de lo cual se debería de asombrarse. No es como si habría aceptado estar en un certamen de belleza.
—No lo niego, fue una sorpresa muy linda —prosiguió Ferris, ignorando los comentarios contradictorios de la Karsten—. Nunca pensé que Crusch-sama aceptaría participar en algo tan caótico como una fiesta organizada por Subaru-kyun.
Crusch se detuvo frente a la gran ventana del pasillo. El reflejo del atardecer iluminaba su rostro, y por un instante, sus ojos verdes parecieron brillar como la piedra preciosa que llevaba por nombre.
—No fue una decisión muy pensada —dijo con un tono más suave—. Solo... no quería apagar el entusiasmo de los demás.
Ferris ladeó la cabeza.
— ¿De los demás, o del chico que no para de pensar?
Crusch lo miró con una expresión tranquila, pero el leve rubor en sus mejillas la delató.
—Ferris.
—Sí, sí, ya me callo, nya~ —canturreó él, levantando las manos—. Pero no puede culparme por notar las cosas bonitas.
Crusch no respondió, y siguieron caminando en silencio unos segundos. El viento se filtraba por las rendijas del pasillo, arrastrando el sonido lejano de los estudiantes riendo afuera.
Justo cuando doblaban hacia la escalera principal, una voz familiar los alcanzó desde el extremo opuesto del pasillo.
— ¡Crusch-san! ¡Ferris! ¡Esperen!
Subaru corría hacia ellos, agitando una mano mientras el aire helado entraba con él desde la puerta principal. Llevaba la chaqueta del uniforme mal abrochada y el cabello revuelto, como si hubiera peleado con el viento en el camino.
— ¿Subaru? —dijo Crusch, girándose con elegancia—. ¿A qué se debe tanta prisa?
—Ah, nada grave —respondió él, deteniéndose frente a ellas, jadeando un poco—. Solo... quería agradecerte por apoyar la idea de la fiesta. De verdad.
— ¿Agradecerme? —Crusch parpadeó, algo desconcertada—. No fue nada extraordinario. Incluso se lo dije a Ferris—
— ¡Sí lo fue! —Subaru insistió, sonriendo ampliamente—. Cuando te vi levantar la mano, sentí como si hubiera pasado una especie de examen final. Ya sabes, donde milagrosamente se logra aprobar, y así fue con mi propuesta.
Ferris soltó una risita divertida.
—Nya~ entonces, según Subaru-kyun, si Crusch-sama aprueba algo, significa que tiene el sello de calidad.
—Por supuesto, no cabe duda —dijo Subaru, riendo—. Si hasta Crusch-san cree que vale la pena, eso motiva a todos. Ella es de las personas más sensatas y de buen juicio que conozco. Siempre creo que tiene un buen ojo para las cosas.
Crusch apartó la mirada un instante, incómoda por la intensidad de sus palabras.
— «¿Así me ve...?»
—Aprecio tus palabras, Subaru —dijo finalmente, con su voz calmada y firme—. Aunque no creo merecer tanto reconocimiento.
— ¡Claro que sí! —replicó él, sin dudarlo—. Siempre te ves tan segura, tan elegante... como si nada te intimidara. Tenerte de nuestro lado hace que todo parezca más posible. A fin de cuentas, todos debemos permanecer juntos. Y, es agradable tenerte presente.
El corazón de Crusch dio un pequeño salto, tan discreto que ni ella misma lo esperaba. Por un momento, el aire se le quedó atrapado en el pecho.
—Tú... exageras —murmuró, intentando mantener la serenidad—. No soy tan excepcional.
—Oh, créeme —Subaru sonrió con ese brillo torpe pero genuino—, para nosotros sí lo eres.
Ferris, de pie entre ambos, observaba la escena con una sonrisa felina.
El ambiente se había llenado de esa tensión silenciosa que él conocía muy bien: la mezcla de nervios, timidez y curiosidad que se da entre dos personas que aún no saben cómo mirarse directamente. Al menos, de parte de Crusch, la cual parecía tratar de evitar la mirada de Subaru para no caer en pánico.
—Nya~ qué atmósfera tan buena hace aquí afuera, ¿no creen? —intervino con fingida inocencia—. Y eso que estamos bajo cero.
Crusch carraspeó, desviando la vista hacia el patio.
—Deberíamos irnos antes de que oscurezca.
—Ah, cierto, cierto —dijo Subaru, rascándose la nuca—. Solo quería decir eso. Y... bueno, también quería preguntar si hay algo que te gustaría que incluyamos en la fiesta.
— ¿Algo...?
—Sí, como una sugerencia. Tú tienes mejor gusto que yo para esas cosas.
Ferris ladeó la cabeza con una sonrisa traviesa.
—Oh, Subaru-kyun pidiendo consejos de estilo a Crusch-sama. Qué encantador.
—Oye, oye. No digas cosas absurdas. Ni que fuera algo de lo cual se debería de asombrarse. No es como si yo fuera a practicar esgrima como ella.
—Oh, vaya, vaya… parece que tuve un dejavu~.
Crusch se giró para mirar a Ferris con una mirada tan intensa y amenazadora.
¿Podrías dejar de decir cosas extrañas ahora?
Eso era lo que podía leerse en la mirada de ella. Ferris simplemente fingió estar afectado por la mirada amenazadora de ella.
Crusch intentó pensar en algo coherente, pero el calor en sus mejillas le impidió razonar con claridad.
— «¿Por qué me cuesta tanto mantener la compostura cuando está tan cerca?» —se replicó a si misma en silencio.
—Tal vez... —dijo finalmente— sería apropiado incluir una pequeña ceremonia de intercambio de regalos. Es una tradición bonita.
— ¡Eso es perfecto! —Subaru sonrió ampliamente—. Justo lo que necesitábamos.
—F-Fue solo una sugerencia.
—Pues acaba de convertirse en parte oficial del plan —declaró él, levantando un pulgar—. Ya sentía que algo faltaba para serlo más emocionante.
Ferris asintió con entusiasmo falso.
—Nya~ y así nació la brillante idea del intercambio. Crusch-sama, acaba de sellar el destino de la clase.
Crusch le lanzó una mirada afilada.
—No dramatices.
Canturreó Ferris, siendo amenazado una vez más por la mirada de su mejor amiga. No le tomó mucha importancia, si no fuera porque todo esto parecía tan convenientemente divertido.
Subaru rio, ajeno al juego de miradas entre ambos.
—En serio, gracias a las dos. Sin su apoyo, la fiesta no tendría más variedad y sería algo aburrida, y probablemente me habrían linchado a mitad de clase.
—No sería la primera vez. —bromeó Ferris.
— ¡Oye!
La risa de los tres resonó suavemente en el pasillo. El viento sopló con un suspiro frío, colándose por las rendijas de las ventanas y llevando consigo el sonido distante de campanas desde la calle.
Durante unos segundos, Crusch los observó, y esa calidez que había empezado a familiarizarse desde un tiempo se instaló en su pecho. Era algo simple, pero genuino.
Una tarde cualquiera que de pronto se sentía especial.
Ferris se adelantó unos pasos, mirándolos de reojo con esa sonrisa de gato que tanto lo caracterizaba.
—Nya~ entonces los dejo solos un momento —retrocedía en pequeños pasos—. Tengo que pasar por la sala de profesores antes de irme. No se congelen sin mí.
—Ferris, espera—
Crusch intentó detenerlo, pero ya era tarde.
— ¡Hasta luego, Crusch-sama~! ¡Adiós, Subaru-kyun! —canturreó mientras se alejaba, agitando una mano.
El silencio que quedó fue repentino. Solo se escuchaba el crujido lejano de la nieve bajo los pasos de los estudiantes afuera.
Subaru se rascó la cabeza, incómodo.
—Ese tipo siempre parece querer saber más de lo que dice. —dijo él con los ojos entrecerrados.
Crusch suspiró con una leve sonrisa.
—Sí. Y lo disfruta demasiado.
Ambos rieron con suavidad.
Durante un momento, simplemente se quedaron allí, mirando por la ventana. Afuera, la nieve cubría los árboles del patio como una manta ligera, y las luces del atardecer pintaban el cielo de un tono naranja pálido.
Subaru habló primero, su voz más baja, casi reflexiva.
—Sabes... realmente me alegra mucho en que todos hayan aceptado la propuesta sobre la fiesta —dijo Subaru con una sonrisa serena—. No lo digo mucho, pero siempre quiero tener a todos cerca. Disfrutar de los buenos momentos mientras estemos todos juntos. Emilia, Rem, tú, Ferris, Julius, todos. A veces me olvido de lo afortunado que soy.
Crusch lo miró de reojo. Su expresión no era la del chico alborotado y torpe de antes, sino la de alguien que realmente valoraba lo que tenía.
—«Por eso te respeto tanto...» —pensó—. «Y por eso me es tan difícil mantener la distancia cerca contigo.»
—Yo… Yo realmente aprecio mucho tu sinceridad, Subaru —dijo finalmente con un tono suave—. Y me alegra oír eso. Significa mucho.
Él sonrió, volviendo a mirarla.
—Entonces... ¿nos vemos mañana? Voy a empezar con la lista de regalos y decoraciones.
—Por supuesto. Intentaré asistir temprano.
—Genial. —Subaru dio un pequeño paso atrás, levantando una mano en despedida—. Descansa, Crusch-san.
Ella asintió con suavidad.
—Tú también, Subaru.
Cuando él se alejó por el pasillo, su figura se fue difuminando entre los tonos anaranjados del atardecer.
Crusch se quedó en silencio, observando cómo el viento arrastraba algunos copos por el marco de la ventana.
Llevó una mano a su pecho, sintiendo el leve eco de su propio latido.
—Yo creo que… si logré manejarlo muy bien, ¿verdad?—murmuró, apenas audible.
Fuera, el cielo se tiñó de violeta, y el instituto se sumergió lentamente en la calma del invierno.
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Continuará…
