Work Text:
Cuando el sol brilla de color naranja en el horizonte y el mar parece abrazarlo cada vez más en cada segundo que pasa, Zoro despierta de su siesta para observar el maravilloso espectáculo.
Se hizo una costumbre dormirse cerca de la cocina después de las 6 de la tarde, no lo hizo a propósito, fue un día en el que estaba buscando tranquilidad, que decidió sentarse a un costado de la cocina ya que ese lugar tenía buena brisa y buena sombra a partir de esa hora, todo estaba bien hasta que escuchó el sonido de unos pasos que conocía bastante acercarse y abrir la puerta de la cocina, solo entreabrió los ojos y fue ahí cuando sucedió.
Parado en el barandal con vista al atardecer estaba Sanji, su suave cabello se movía acompañado de la brisa mientras que su mano acercaba un cigarrilo a sus labios para inhalar el tabaco.
La luz del sol en el cabello de Sanji brillaba como finas hebras de oro y el sol acariciaba su piel de una manera tan elegante que a Zoro le dio envidia.
El humo del tabaco llegó a sus fosas nasales con la brisa suave y no es que a él le guste el tabaco, le da igual, pero cuando llegan las 6:20 de la tarde siempre le hace sentirse en casa.
Los atardeceres son lo mejor piensa Zoro.
