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La parte favorita del día para John era despertar por la mañana, el momento de abrir los ojos y encontrar a Sherlock dormido junto a él. Amaba observarlo en ese estado pacífico, su cuerpo relajado, su expresión abierta, sin barreras. Pero aún mejor era verlo agitarse al despertar, cuando le devolvía la mirada, sus pálidos, etéreos rasgos, de una sonrisa adormilada que claramente decía “Aún estás aquí. Aún te tengo junto a mi”. La mayor parte de los días se tomaban su tiempo para salir de la cama, se daban el uno al otro suaves caricias y besos hasta que la Sra. Hudson gritaba desde la escalera llamándolos para el desayuno.
La primera mañana que aparecieron en la cocina tras su noche en la azotea, Dannie y la Sra. Hudson estaban sentadas a la mesa mirando el pequeño televisor sobre la barra, junto al tostador. En la pantalla, una joven periodista, de pie frente al campus de la Universidad anunciaba a sus espectadores: “Los estudiantes de la facultad de Westminster recibieron esta mañana noticias sorprendentes. De acuerdo a los más recientes reportes, uno de los profesores de esta Universidad ha sido identificado como la piedra angular de un conocido círculo de traficantes de drogas. El profesor Moriarty fue arrestado la noche anterior y ahora enfrenta numerosos cargos que podrían significar una sentencia de por vida.”
La Sra. Hudson cerró los ojos y puso una mano sobre su inquieto corazón.
-Oh, gracias a Dios.- extendió la mano sobre la mesa para tomar a Dannie y le dio un ligero apretón. Después llamó a Sherlock y John- ¡Chicos!-gritó-vengan a ver las noticias. No van a creer lo que…
Ella se giró y vio que Sherlock y John estaban ya en la cocina. La Sra. Hudson y Dannie los miraron con la boca abierta. Los dos chicos se recargaban ligeramente el uno en el otro, lucían un poco abatidos y con cara de haber dormido poco, pero muy contentos de haber llegado a casa en una pieza.
Finalmente Dannie habló y preguntó -¿Qué diablos pasó anoche?
John sonrió cansado y envolvió a Sherlock con un brazo. –Bueno es una larga historia, versión corta, no estamos muertos.
Eso era a penas explicación suficiente, pero Dannie y la Sra. Hudson no esperaron por más información para saltar de sus asientos y correr hacia ellos, envolviendo a Sherlock y John en un intenso abrazo.
Cinco minutos de abrazo de después, Sherlock estaba en el proceso de averiguar la manera más gentil de librarse de aquel círculo de amor. En cualquier caso, Dannie rompió primero.
-Diablos- murmuró- Debemos empezar a movernos o llegaremos tarde a la escuela.
Sherlock sacudió la cabeza enérgicamente. –Nop, nop, nop, nop, nop. No iré a la escuela, voy de vuelta a la cama.
-Los profesores nos ayudarán con un repaso para nuestros exámenes de grado- insistió Dannie
Sherlock bufó –En serio, cómo si yo realmente lo necesitara.
Dannie giró los ojos. –Está bien, no necesitas poner atención, pero al menos debes aparecerte. Ya te has saltado clases demasiadas veces.
-Bien- murmuró Sherlock con un suspiro de impaciencia, luego giró hacia John –Tú tienes un récord impecable de asistencia, John. Puedes quedarte en casa si lo deseas.
John sonrió. –No, iré también. Siete horas de escuela es justo lo que necesito para recuperarme de una experiencia cercana a la muerte.
Tras un veloz desayuno, un baño, un cambio de ropa y algunos cuidados maternales de la Sra. Hudson, Sherlock y John, seguidos por Dannie, cruzaron la puerta y se embarcaron en su viaje a la Academia Paddington. Unirse al ajetreo y bullicio de sus compañeros que iban a un día normal de clases se sentía algo surreal, como un par de soldados de vuelta a casa del campo de batalla, de vuelta a la vida de civil. Ambos tomaron asiento en un escritorio cercano a la ventana en el salón de la Sra. Turner e hicieron un valiente esfuerzo por mantenerse despiertos. Sin embargo, eventualmente John acabó recargado sobre el hombro de Sherlock y éste acunó su oído sobre la cabeza de John. A mitad de la clase, la Sra. Turner lanzó una mirada a la parte posterior del salón y notó que los chicos estaban dormidos.
A pesar de estar tan poco atento como siempre durante las últimas semanas de clases, Sherlock recibió las mejores notas en sus exámenes de grado. Las calificaciones de John fueron igual de impresionantes, aunque, claro, él tuvo que poner mucho más esfuerzo en estudiar. Esperaron hasta después de la graduación para mover el resto de las cosas de John al 221B (Sherlock no necesitó mudar muchas cosas, salvo una caja de ropa y zapatos, algunos libros de ciencia y a Billy, calavera). Una vez terminado el proceso, John quiso invitar algunos amigos para tener una agradable fiesta de graduación/bienvenida a casa. Sherlock realmente no comprendía el punto de eso, pero decidió complacerlo.
Irene, Molly, Mike y Henry llegaron al 221B de Baker St. esa tibia tarde de verano y encontraron a John y Dannie sentados afuera, en los escalones de la entrada.
Mike los miró interrogante y preguntó: -¿Qué ocurre?
-Sólo debemos esperar unos minutos- respondió Dannie –Sherlock está ocupado asegurando el apartamento.
Los cuatro levantaron una ceja y entonces John explicó un poco más –Sólo está limpiando sus experimentos y se asegura de que no haya nada infeccioso, corrosivo o flamable tirado por ahí.
Mientras trataban de procesar esa información Sherlock abrió la puerta y anunció: –Pueden pasar, el apartamento es seguro.
El pequeño lugar estaba algo lleno con siete personas moviéndose por todas partes. Había un six-pack de cervezas, pero Dannie prefirió beber refresco, pues con su medicamento no era aconsejable beber. Sherlock sólo tomó algunos sorbos de su bebida para resistir el impulso de trepar por los muebles. Las conversaciones que giraban en torno a sus planes para el verano y quién iba a cuál universidad eran bastante aburridas. Aún así, él había prometido a John que haría lo mejor para ser sociable esa noche, así que se dirigió hacia Molly e interrumpió su conversación de la forma más educada que pudo.
-Lamento que las cosas con Tom no funcionaran- dijo Sherlcok, sin molestarse en bajar la voz.
Molly parpadeó, un poco sorprendida por su deducción, pero se recuperó rápidamente.
-Uhm.. gracias- Tomó un largo sorbo de su cerveza –Honestamente no estoy tan afectada por eso. Al menos ahora puedo concentrarme en mis estudios. Estoy pensando en convertirme en patóloga.
Sherlock asintió. El intenso enamoramiento de ella por Sherlock era aún bastante obvio, pero lo más probable era que se desvanecería con el tiempo. Era posible que algún día llegaran a ser buenos amigos.
-Entonces quizá pueda ir contigo para conseguir especímenes de laboratorio en lugar de sobornar al intendente de la morgue de San Bart para que me deje colarme por las noches.
John frunció el ceño. -¿Así es como conseguiste esa bolsa de orejas en nuestro refrigerador? ¡Me dijiste que eran prestados!
Sherlcok se encogió de hombros. –Es una forma de decirlo.
A pesar de sus tendencias antisociales, Sherlock manejó bastante bien esa tarde. Hizo su mejor esfuerzo para escuchar y contribuir con algunos comentarios relevantes a la plática, y sólo ocasionalmente se retiró a una esquina para tocar el violín o para mantener alguna conversación telepática con Billy, la calavera.
Igualmente, para las nueve de la noche estaba tirado en el sofá completamente ausente. John lo observó preocupado a través de la habitación, la plática de los otros se desvanecía en ruido blanco. Se le ocurrió que tal vez, estar en un apartamento lleno le recordaba cuando vivía con Jim.
John estaba a punto de cerrar la noche y enviar a todos a casa, entonces vio a Dannie merodear el sofá y susurrarle algo a Sherlock. En respuesta, él se puso de pie y murmuró: -Está bien, sube- Dannie se paró sobre los cojines y trepó sobre la espalda de Sherlock, él pasó sus brazos bajo las rodillas de Dannie y se dirigió a la puerta.
Al caminar, Irene lo llamó.
-¿A dónde van?
Dannie contestó –Vamos a través del unvierso, volveremos enseguida.
John se paró junto a la ventana y observó a Sherlock salir a través del vidrio, bajo la luz del alumbrado vio a Dannie colgar de sus hombros como un bebé koala. Bebió el resto de su cerveza y se giró para ver a Irene espiando también por la ventana.
-¿A qué se refería Dannie con “a través del universo”?- preguntó Irene
John suspiró y pusó su botella vacía en el escritorio. –Van a caminar al canal de Regent. A Sherlock le gusta ir ahí a pensar.
Los ojos de Irene escanearon el rostro de John.
-¿Te molesta que sean tan cercanos?
-No, no en realidad- respondió John –Y no debería molestarte tampoco. Ellos simplemente… se entienden.- No estaba seguro si Dannie ya había mencionado a Irene acerca de lo que le había ocurrido cuando era pequeña, pero no estaba en él hablarle de eso o del pasado de Sherlock. –Sólo desearía saber qué pasa por su cabeza.
-¿Y crees que ella lo sabe?
John sacudió la cabeza. –Honestamente, no creo que nadie sepa.
Mike, Molly y Henry estuvieron una hora más. Cuando se fueron, John e Irene esperaron en los escalones de afuera que Sherlock y Dannie volvieran, justo cuando el Big Ben marcó las diez y cuarto, Sherlock reapareció por Baker St. con Dannie semidormida en su hombro. John abrió la puerta para dejarlo pasar y Sherlock colocó a la pequeña chica en el pasillo, estabilizándola mientras ella se balanceaba un poco.
-Creo que es hora de ir a la cama- dijo Irene suavemente, tomó a Dannie de la mano y la guió hacia su apartamento de las escaleras.
Antes de desearles buenas noches, John dijo –Hay una habitación vacía escaleras arriba, por si alguna vez sienten que les gustaría dormir en algún lugar, ya saben, sobre el suelo.
Dannie parpadeó adormilada y les sonrió. –Gracias, pero prefiero no ser despertada a media noche por el sonido de ustedes en eso.
John se rió del comentario para esconder la incómoda sensación que le causó. A decir verdad, él y Sherlock no habían hecho el amor desde la noche en el hotel. Debido a lo que habían pasado recientemente, John pensó que le correspondía a Sherlock iniciar la intimidad física, pero no habían pasado de acariciarse y abrazarse.
Mientras se acomodaban bajo las mantas de su habitación, John observó a Sherlock en su camiseta de manga larga.
–No tendrías que utilizar manga larga para dormir si no ajustaras el termostato tan bajo, sabes.
Sherlock se encogió de hombros. –Es a lo que estoy acostumbrado.
John deslizó su pulgar bajo la manga de Sherlock y acarició el pequeño corazón rojo. Lo había vuelto a dibujar una vez que la quemadura de cigarro en su muñeca había sanado completamente. El brazo del chico estaba cubierto por una colección de otras cicatrices que aún se levantaban sobre la piel de porcelana, pero no había cortes nuevos. Mientras John masajeaba suavemente su muñeca, Sherlock tomó su rostro por las mejillas y estudió detenidamente su cara, catalogando cada detalle, algo que hacía a menudo antes de dormir.
John lo miró y preguntó -¿Por qué haces eso?
-Quiero que tú seas lo último que vea antes de cerrar los ojos- susurró Sherlock –para que estés conmigo en mis sueños. Mi subconsciente es un lugar atemorizante para estar solo.
Con un poco de angustia en su pecho, John levantó los rizos oscuros de Sherlock y besó su frente.
-Si no puedes encontrarme sólo debes despertar, estaré aquí.
Envolvió a Sherlock con sus brazos y escuchó su respiración hacerse más lenta mientras caía dormido. Esto, sencillamente estar cerca, era suficiente por ahora. Todo estaba bien.
¿No es cierto?
