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Pay 4 Kisses

Summary:

Dia 3

Prompt: First Kiss

Mernuel esta desesperado por ayuda.
Las amigas de Moski tenian un plan.

(Parte dos de “Hot for the Cheerios”)

Notes:

Holaa, primero que nada voy a partir diciendo que esta es la segunda parte del fic escrito el día 2 de la MernoskiWeek
“Hot for the Cheerios” así que si no has leído eso aun, regresa después de haberlo terminado.

Segundo que nada, voy a hacer un self report, soy un gordo shippero.

 

Habiendo dicho eso.

Disclaimer: Hago lo que puedo con la jerga Argentina, pido disculpas si utilizo mal alguna palabra 🤕

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

—¿Me estás diciendo que un twink, petizo, porrista, trolo y fiero te ghosteó? ¿¡A vos!? —exclamó Santiago, escandalizado.

—Pará, mogul, ¿cómo que fiero? Andá a operarte los ojos, ciego de mierda. Respetá un toque, Baulo —Manuel le golpeó el brazo con fuerza; el castaño se sobó la zona adolorida.

—Esto es insólito. Lamentablemente perdiste todo mi respeto, emo.

—¿Pero qué hiciste que te ghosteó, boludo? —dijo Facu, cruzándose de brazos, genuinamente curioso.

El resto del grupo se inclinó hacia adelante para escuchar la respuesta de Mernuel, preparados para arrancar a pelotudearlo, sea cual sea la respuesta.

—Y no sé, boludo. Le dije que quería tirar para adelante y que nos diéramos una oportunidad. Yo pensé que él también quería…

Sus amigos estallaron en risas. Coker le palmeaba el brazo como si fuera lo más divertido que había escuchado en la vida.

—Pero, flaco, bajale dos cambios. ¿Cómo le vas a decir eso? ¿Desde cuándo vos estás buscando novio? ¿Ya te lo garchaste siquiera? —dijo el pelado, riendo. De pronto se detuvo en seco y agregó con tono serio—. Uh, wacho, todavía no me acostumbro… ¿cómo vas a ser trolo, Merno? —Coker se tapó la cara con ambas manos.

—Pará —repitió el morocho, pidiendo nuevamente que se recaten con sus comentarios—. Y bueno, amigo, desde hace tiempo que coger ya no me llena. He querido tener novias, pero todas piensan que las quiero para el rato y ya —explicó, cerrándose de brazos. De pronto sintió una comezón recorrerle el cuerpo—. Va, son ellas las que me quieren para el rato —reconoció.

Los chicos no esperaban ver que el 11 del equipo se mostrara tan vulnerable de golpe. Se miraron los unos a los otros y Balza fue el primero en reaccionar.

—Amigo, está re bueno lo que decís. Pero posta te fuiste muy rápido con el rubio, ese…

—Moski —añadió Manuel, incómodo.

—Ajá, Moski. Lo conocés hace como dos semanas. ¿Siquiera estás seguro de que te gusta? —preguntó cuidadosamente.

—¡No sé! O sea, sí, creo que sí —dijo, trabándose con las palabras—. Es muy lindo y me lo recontra cogería, pero también quiero conocerlo. ¿Me entienden?

—Ah, sos un poeta también. Buena, che —comentó el Mito, secamente.

—Igual lo entiendo —concedió Coker en tono pensativo—. Si a mí me gustaran los chabones, también me gustarían como el Moski ese.

—Epa, pelado, ¿qué decís? —lo detuvo Manuel.

—Y bueno, qué sé yo, te estoy defendiendo, Manu. El pibe tiene carita de mina y es chiquitito. Quizás no sos tan trolo después de todo.

Si el pelado no le sacara tres cabezas a Manuel, también le habría encajado una piña, pero como no se atreve, le lanza una mirada asesina.

—Si querés, le puedo pedir a Angelita que te eche una mano —ofreció Marcos, y comenzó a teclear en su teléfono sin esperar respuesta.

—¿Vos creés que me quiera ayudar? —Manuel sabía que la pelirroja era la mejor amiga de Lautaro, y también fue ella quien le dio su número para empezar.

—Claro que te puedo ayudar, Manu.

El morocho se dio la vuelta para encontrarse a las recién llegadas Ángela y Joaquina. Ambas llevaban sus uniformes de porristas. Ángela llevaba el cabello recogido con un cintillo, dejando un par de mechones pequeños sueltos que parecían antenitas. La Joaqui llevaba todo recogido en una cola de cabello alta y gafas de marco negro.

Facu recibió a la Joaqui con un beso y la sentó sobre sus piernas. La morocha enfrentó su mirada a la de Manuel y le dijo, secamente:

—Hola, Manu. ¿Todavía encaprichado con mi amigo?

—No es un capricho —se quejó el ojiverde.

Ángela, de forma mucho más amable, se hizo a un lado junto a Marcos y se sentó frente a Manuel.

—¿Qué más puede ser si no un capricho, nene? ¿Creés en el amor a primera vista?

Ángela lo estaba midiendo; Manuel se dio cuenta.

—Sí, creo —dijo firmemente.

Ángela sonrió, sabiendo que el morocho sería similar a ella en ese aspecto. Lo podía sentir en su mirada, intensa pero frágil.

—Pero tenés que tener cuidado con tus sentimientos, Manu, porque si no te tomás tu tiempo para estar seguro, no tan solo te vas a lastimar a vos, sino también a la otra persona.

—Lau está convencido de que te querés sacar las ganas de acostarte con un hombre y fue —dijo Joaquina, con mucho menos tacto—. En realidad, Emilia lo convenció de que no le convenía seguir hablándote.

—¿Qué? Pero si con Emilia terminamos bien —el morocho no entendía cuál podría ser la motivación de su última conquista.

—Emilia es una conchuda. Yo le saqué la ficha enseguida. A esa no le gusta la idea de que te metas con un hombre cuando ya estuviste con ella. Se lo dije a Lauti, pero está convencido de que está siendo solidaria con él —dijo Joaqui, descargándose.

—Qué hija de puta… —dijo Bauleti, agarrándose la cabeza—, y yo que me sentí zarpado por decirte puto trolo.

—Sí, capaz se hace la muy progresiva, pero tiene una homofobia internalizada, esa pibita. Solo que Lauti nunca se ha dado cuenta —dijo Ángela, negando con la cabeza.

—Y bueno, ¿qué puedo hacer, chicas? Ayúdenme, por favor —suplicó el morocho, dispuesto a ponerse de rodillas si fuese necesario.

—Primero que nada, no lo podés buscar por mensaje, porque no te contestará nunca —dijo Ángela.

—Yo tengo un plan —dijo Joaquina, atrayendo la atención de todos.

———

Era un día viernes cuando la preparatoria Saint Bennet Aspen organizó una colecta a beneficencia para promover el altruismo y la caridad.

El equipo de las porristas instaló un stand de besos, y Moski solo estaba presente como apoyo moral, pues, predeciblemente, todos estarían buscando un beso de las mujeres del equipo.

Lautaro miró hacia el lado, donde estaban sus otros dos compañeros varones, pero no le agradaban. Eran unos putos malos y tenían complejo de Regina George, por lo que el rubio preferiría no involucrarse con ellos.

Sus amigas estaban ocupadas, cada quien en sus stands, recibiendo plata a cambio de besos.

—Qué yankis que son estos chetos —pensó Moski, aburrido.

Zaira tenía una larga fila esperando por ella.

La Joaqui y Ángela tenían a sus respectivos novios (aunque Ángela lo negaría) vigilando de cerca, ahuyentando con la mirada a los que se atrevieran a acercarse.

—¡Lauti! —le llamó Joaquina—. Vení rápido, por favor.

Lautaro se acercó trotando hasta el stand de Joaquina, ligeramente preocupado.

—¿Qué pasó, Joaqui?

—Amigo, me estoy recontra meando. Necesito que me cuides la plata acá un rato. Vuelvo al toque. Gracias. Chau —dijo ella atropelladamente y salió corriendo.

El rubio se quedó pasmado, pero tomó asiento como su amiga se lo pidió.

—Pobre, seguro llevaba un tiempo aguantándose ya —murmuró para sí mismo.

Distraído, no se dio cuenta de que alguien se acercó hasta que golpeó un par de billetes en la mesa. Moski se sobresaltó y, como ciervo frente a un farol, se quedó observando a Manuel, el futbolista.

—Un beso, por favor —dijo, apoyando ambas manos en la mesa.

¿Qué carajos?

—¿Qué carajos? —dijo el rubio en voz alta.

—¿Este es el stand de los besos, no? —dijo mientras se reclinó para ver el cartel que decía “Pay for Kisses!”.

—Estás re loco. Salí de acá, tarado —dijo Lautaro, comenzando a enfadarse.

—Por favor, es un besito nomás —insistió el morocho.

Lautaro cayó en cuenta.

—¿Metiste a Joaquina en esto? —acusó, señalándolo con el dedo—. ¿Tanto despelote vas a hacer? ¡Ni siquiera te gustan los hombres!

Manuel se separó del stand con las manos en alto y luego las llevó a su espalda. Justo en el momento en el que un grupo de muchachos pasaba detrás de él, y como si fuera un acto de magia, Manuel le extendió un ramo de flores.

Lautaro se quedó con la boca abierta, mirando el arreglo de hermosas y coloridas flores.

—Un besito, dale, Lauti —hizo un puchero.

—Pará, Manuel, están mirando —Lautaro se removió incómodo mientras notaba cómo atraían ojos curiosos al stand.

El mismo grupo de chicos pasó de nuevo detrás de Manuel; ahora se da cuenta de que son sus amigos futbolistas.

El morocho ahora le extiende un oso de peluche.

Lautaro sintió cómo la cara se le prendía fuego de la vergüenza. Manuel no dijo nada, pero había súplica en sus ojos.

—Flaco, sos re intenso… —dijo Moski, tapándose la cara.

Un chico se acercó con un parlante y un micrófono, mientras que otro venía tocando una guitarra.

Lautaro entró en pánico cuando le entregaron el micrófono a Manuel y lo detuvo cuando el morocho comenzó a tomar aire para cantar.

—¡Pará! ¡Pará, pará! Está bien, te doy el beso, pero pará —Lautaro agitó las manos desesperadamente.

Manuel sonrió, satisfecho. Se inclinó sobre el stand con los ojos cerrados, esperando.

Lautaro se acercó temeroso, se lamió los labios inconscientemente y finalmente cedió. Juntó sus labios tímidamente en un pequeño pico y, antes de que pudiera huir, Manuel acunó su mejilla con la mano, delicadamente, y profundizó el beso. Lautaro no pudo evitar suspirar agitadamente y se entregó al beso. Por un momento sintió que el mundo a su alrededor desaparecía y abrazó por los hombros al morocho.

Sus amigos miraban con diferentes niveles de entusiasmo la escena. Incluso Zaira parecía haberse emocionado, secándose una lágrima que se le había escapado. Emilia huyó hecha una furia del lugar, abriéndose paso entre el equipo de fútbol y las porristas.

Ángela le susurró a Joaquina:

—Creo que su piernita hizo pop.

Ambas compartieron una risita cómplice.

Finalmente, cuando Manuel y Lautaro se separaron, el morocho miró directamente a los ojos cristalinos del rubio y le dijo:

—¿Me aceptarías una cita?

Lautaro asintió antes de responder:

—¿No me lo podías pedir como una persona normal?

—Tus amigas no mentían cuando dijeron que te gusta hacerte de rogar.

Lautaro se rió avergonzado, escondiéndose en su hombro.

—Tengamos esa cita, pelotudo.

Manuel sonrió, victorioso, y le plantó un beso en la mejilla.

Notes:

No se si pueda continuar esta historia, ya que solo escribí para participar en el evento Mernoski. 😔 pero si les ha estado gustando hasta ahora, no se preocupen porque seguiré posteando hasta el día 7.

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