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¿Qué importa?

Summary:

Cuando dos de los matrimonios más poderosos del planeta se quedan incomunicados en un cuartel viejo y no cuentan con sus equipos tecnológicos, las cosas no pintan bien, sobre todo si están viviendo el acabose de la humanidad a manos de un virus que transforma a la gente en monstruos.

Work Text:

La humanidad fue expuesta a una clase de virus parecido a la rabia, se alojaba en el cerebro, ahí modificaba la conducta y apariencia de su huésped hasta volverlo irreconocible. El cuerpo se tornaba pálido y poco a poco se llenaba de pigmento verde, a veces por zonas y en otras por completo, la carne parecía pudrirse y en los organismos más avanzados se caía a pedazos. Pero lo más extraño era el comportamiento, carecían de raciocinio, memoria o conexiones. Lo único que buscaban los infectados era morder a más personas. Corrían, saltaban y derribaban lo que estaba a su paso con tal de lograr su cometido.

Cuando la infección comenzó S.H.I.E.L.D. apuntó a quienes tenían las capacidades para provocar algo de tal magnitud, Tony Stark, Hank Pym, Bruce Banner, Reed Richards, y los obvios maestros de la maldad. Tony y Hank fueron encarcelados de inmediato como medida preventiva, ambos sabían que estaban limpios de cualquier crimen y no pusieron resistencia, especialmente porque era Steve Rogers quien llevaba a cabo la investigación. Reed fue contagiado antes de que pudieran detenerlo, mientras que Bruce desapareció del radar casi al instante, pero Fury no quería quitar el ojo de encima de Tony y Hank, así que los encarcelaron en un lugar del que no podrían salir con sus intelectos, incluso si trabajaban juntos para conseguirlo.

Los contagios aumentaron con una velocidad ridícula, los puntos de control que se colocaron ante los primeros brotes cayeron en un par de días y el pueblo enfurecido y aterrorizado llamaba por los héroes que aseguraban protegerlos. Las calles ya no eran bulliciosas, sino silenciosas, hasta que te acercabas a los infectados, por supuesto, ellos gritaban, gruñían y corrían hacia sus objetivos, listos para atacar y diseminar la infección sin ningún tipo de escrúpulo.

Se suponía que los Vengadores se reunirían en el cuartel especial donde Hank y Tony estaban detenidos, pero solo llegaron el Capitán América, la Viuda Negra y la Avispa. Intentaban comunicarse con el resto de los miembros y con cualquier agente S.H.I.E.L.D., pero no obtenían respuesta de nadie, fue así que Natasha tomó un vehículo y se dispuso a buscar al resto de los Vengadores.

Mientras tanto, en los noticieros solo reportaban el caos e instaban a las personas a no salir de sus casas y esconderse tanto como pudieran, actualizaban lo poco que sabían, hasta que esas cosas lograron entrar al set y la transmisión se interrumpió para no volver jamás.

Solo un par de horas después, la electricidad en el complejo se cortó y se activó el motor de emergencia, unas luces rojizas, parpadeantes se encendieron. Steve y Janeth se apresuraron a los presos.

—Nosotros cuatro somos los únicos que seguimos en pie. —Steve declaró, abriendo las celdas, Tony salió de inmediato, el pánico recorriendo su rostro

—Que sepamos... Natasha salió a buscar al resto de los Vengadores —Janet mantenía la esperanza, tenía que hacerlo. Hank la sostuvo entre sus brazos, mientras que Steve suspiraba, sin atreverse a confesar lo que temía.

—Yo no tuve nada que ver en esto. —El científico hizo un énfasis en el pronombre utilizado, miró a su compañero de celda con rapidez, incriminatorio.

—¿Por qué me miras así, Pym? Yo tampoco tuve una mierda que ver con esto. —Tony se defendió, estaba enfurecido, ¿cómo se atrevía a implicar algo tan atroz?

—Eso espero, porque depende de nosotros restaurar la paz. —Steve los llamó con la cabeza, pero no miró a Tony, era como si él tampoco estuviera seguro de su inocencia y sintió la sangre hirviendo en sus venas, podía tolerar ser juzgado por Pym, pero ¿por Steve? Compartían sus vidas desde hacía años, si había alguien que lo conocía era él. Le siguió cruzando los brazos sobre su pecho, deliberadamente ignorando a Hank, aunque le aliviaba saber que Janeth estaba bien.

—¿Qué sabemos?

—Poco o nada. Lo único que buscan los contagiados es infectar, son más agresivos durante el día, por la noche parecen más letárgicos, aunque igual de peligrosos. —Janet habló. Al llegar a la sala de juntas abrió el expediente donde recopilaron toda la información que encontraron, Tony se acercó a la pantalla, seguido de Hank.

—Y tampoco tenemos tiempo. Los generadores de emergencia se iniciaron, la electricidad no durará mucho más.

—Esto no pasaría si estuviéramos en cualquier cuartel con tecnología Stark. —Masculló Tony, leyendo la información.

—Sabes que tenía que alejarte de los lugares donde tuvieras control, Edward... —Steve buscó su mirada, su perdón, pero Tony no lo necesitaba, concordaba.

—Necesito mis hormigas. —Hank leía junto a Tony.

—Y mi armadura, especialmente mi armadura. —Masculló, un ojo le ardió, no hizo falta que nadie hablara para saber que se le reventó un vaso del ojo, clásico en él.

—No están aquí. Solo tenemos mi escudo, era más seguro si la tecnología no estaba a su alcance. —Steve se sentía estúpido diciéndolo, renegaba para sus adentros.

Los hombres, voltearon a ver al Capitán con incredulidad y hartazgo, Tony tomó el puente de su nariz entre sus dedos, suspirando, mientras que Hank frotaba su cara lleno de frustración.

—Esto no era un campamento de verano, señores. Y pelear entre nosotros no es una opción. Tenemos que encontrar a Natasha y a todos los héroes que estén escondidos o esperando una agrupación, rescatar a los no contagiados... —Janet que nunca perdía su dulzura, tampoco su entereza ni firmeza

Tony suspiró antes de asentir, después miró a Steve como lo había hecho tantas veces durante los últimos 10 años y esbozó el intento de una sonrisa, no pelearían en este momento, ni entre ellos ni con Hank.

—Tenemos que llegar a un cuartel con tecnología Stark o a cualquiera de mis propiedades, necesitamos armaduras y así podremos ir por tus hormigas y cualquier cosa que necesites de tu laboratorio, Hank. —Al hombre hormiga no le gustaba el plan que proponía Stark, pero tampoco tenía uno mejor, tener trajes protectores ante las mordidas y rasguños para todos era lo mejor hasta tener su propio traje de vuelta. — ¿Objeciones?

Tony se permitió saborear el silencio hasta recibir la mirada de desaprobatoria por parte de su esposo, e incluso esa también la disfrutó, no pelear no significaba que no iba a molestar un poco

—¿Qué tenemos a nuestra disposición para irnos, Capitán? —Preguntó Hank.

—Dos motocicletas y equipo de protección de S.H.I.E.L.D... de hace cuatro décadas.

Antes de que pudieran quejarse, el sistema botó una alerta de intrusos en el perímetro. No había francotiradores ni equipo de defensa, eran solo ellos en el complejo.

Corrieron a la armería, Tony calculaba las posibilidades conforme avanzaban, suponiendo que el tiempo no había hecho polvo el equipo o arruinado las armas, tenían la oportunidad de salir todos con vida al menos hasta los alrededores y eso asumiendo que no estaban totalmente rodeados con infectados.

Ya en la armería cerraron la puerta tras de ellos, se colocaron coderas, rodilleras y todo aquello que pudiera impedir mordidas. Fue ahí cuando escucharon los primeros pasos erráticos y casi aleatorios, junto con el sonido húmedo de alguien, algo. Tony se quedó sin aire, Hank, de forma instintiva se colocó frente a Janet y Steve apretó el escudo entre sus manos. Entonces escucharon más pasos, golpes en otras puertas, gruñidos, gritos de algo parecido a un animal.

Estaban atrapados en la armería y Janet observó el pequeño mapa colgado en una de las paredes, tomó a Hank de la mano y le señaló el tubo de la ventilación, era lo suficientemente grande como para que pudieran entrar, solo tenía que encontrar la ruta correcta. Ambos descifraban el camino mientras que Tony colocaba una silla frente a la puerta a modo de traba, siendo lo más silencioso posible.

Steve colocaba cartuchos en una bolsa, no tenían más que hacer que seguir adelante, su mano tembló, su pecho se oprimía y miró a su esposo, intentando grabarse en la memoria su ser.

Fue entonces cuando algo chocó contra la puerta y se quedaron estáticos, nadie se movió, ni siquiera respiraban, pero eso no fue suficiente. Lo que estaba ahí afuera comenzó a golpearse contra la puerta una y otra vez, pronto más lo imitaron.

Escuchaban los rasguños en las paredes, gruñidos desesperados, sonidos guturales inteligibles e incluso azotones contra la pared, la silla estaba a punto de vencerse, la puerta misma había cedido de una visagra.

Janet abrió el tubo de ventilación y escaló en él, Hank la imitó. Steve besó a Tony con delicadeza, como cuando se besaron por primera vez luego de aquella terrible misión en la que casi morían.

—No te atrevas Rogers. —Le ordenó Tony, adivinando sus intenciones mientras su esposo lo empujaba hacia la pared.

—No hay otra salida, les compraré tiempo y me aseguraré de que no los sigan. —Steve lo besó una última vez, admirándolo con ternura durante tal vez un segundo.

—¡No! ¡Ven, ven tú también! ¡No me iré sin ti, Steve! ¡No me voy a ir sin ti!

Steve cargó a Tony, agarrándolo de las piernas y lo empujó por el tubo de ventilación sin darle oportunidad a negarse. Hank lo jalaba mientras avanzaba, escuchaba a Janet intentar calmarlo, pero Tony estaba destrozado

Cuando estuvieron unos metros más adelante, Steve incrustó el escudo en el hueco del tubo, impidiendo el paso y la propia visibilidad, así no podrían seguirlos y lo último que Tony vio fue a su amado esposo luchar contra los infectados, gritando, ganando tiempo, como él mismo lo dijo.

Lloró en silencio, en shock mientras avanzaba por inercia, el cuerpo entero le temblaba y no podía sino continuar con su camino.

Janet encontró la salida y se aseguró de que el panorama estaba limpio antes de salir. Fue una caída de 3 metros, pero todos la efectuaron sin problema.

El complejo estaba al borde de un bosque, los infectados venían del otro lado, la ciudad. Ellos se internaron en el bosque hasta que no vieron nada más.

Avanzaron hasta encontrar un río, escuchaban unos rápidos cerca y se quedaron a las orillas, refugiándose en el sonido del agua.

—Lo abandoné... —Su voz salió ronca, rota y temblorosa, pese a que su mirada estaba perdida en el horizonte

—Él lo decidió. —Susurró Janet, acercándose a él, siempre fueron cercanos, buenos amigos, confidentes. Tony recargó su mejilla en su pecho, llorando sin emitir sonido alguno, simplemente las lágrimas se resbalaban por su rostro sin descanso.

—Nosotros no le dejamos alternativa.

—Antes de ir por ti y por Hank, él me aseguró que si las cosas se ponían difíciles iba a darnos una salida. Me hizo prometer que iba a sacarte de ahí sin mirar atrás, él quería que tú sobrevivieras a costa de todo, a costa de él.

Tony se derrumbó, sus manos apretadas en tensos puños, quería contradecirla pero lo conocía demasiado bien, el autosacrificio estaba bordado en su personalidad y más aun cuando se trataba de su matrimonio, Steve siempre buscó su bienestar, su protección.

—Piensa que de todas formas, no habría entrado en el ducto. —Tony rio, lloró y rompió a carcajadas de nuevo ante la obscena, espantosa y nada usual broma de Hank.

Janet lo abrazó por largos minutos, indicándole a su esposo la ubicación del cuartel y la potencial de ellos.

Hank ideaba la ruta por la que podrían llegar a la casa segura más cercana, deteniéndose solo cuando escuchaba algún sonido inusual, agarrando la mano de su esposa de forma automática, como si con eso pudiera protegerla de todo el mal que los rodeaba.

—Avanzaremos cuando anochezca, la oscuridad nos ayudará a camuflarnos. Por ahora es mejor descansar. —Janet hablaba mientras su mirada se fijaba en los alrededores, su mano entrelazada con la de Tony.

—Bien, entonces tomaremos turnos para hacer guardia. —Hank revisaba las armas que lograron sacar.

—Tomaré el primer turno. —El matrimonio se sorprendió, creyeron que tendrían que cuidar a Tony por el resto del camino, pero fue un alivio que hubiera recobrado la entereza. —Y antes de irnos, quiero revisar el complejo, en caso de que Steve haya escapado.

Hank quería romperle la estúpida ilusión, pero Janet lo detuvo con la mirada, la esperanza era lo que necesitaban ahora más que nunca y temía que su amigo se desmoronara si aceptaba la realidad, así que le apretó la mano con suavidad.

—Iremos por las motocicletas y esperaremos por él durante 5 minutos, ¿de acuerdo?

Tony asintió y así Janet se sentó detrás de Hank, apoyando espalda con espalda y trataron de dormir para que en la noche el sueño no los hiciera más torpes. Se tardaron mucho en poder conciliar el sueño, el piar de las aves e incluso los más mínimos movimientos de Tony cerca de ellos les despertaba, pero por fin lo hicieron.

Se supone que harían guardias de dos horas, pero cuando despertaron, la luna ya se encontraba en lo alto y Stark no se veía por ningún sitio.

Tony se fue en cuanto estuvo seguro de que ambos cayeron dormidos. Lo último que vio al entrar al tunel fue a su amado luchar feroz, no podía haber muerto, no él. Era EL Capitán América, no cualquier persona. Si alguien podía sobrevivir a un ataque como ese era él y no lo dejaría ahí. Lo rescataría y después los cuatro juntos seguirían con el plan... y en caso de no conseguirlo y contagiarse, dejó a sus amigos los códigos para acceder a sus propiedades, con eso estarían a salvo.

Caminó cauteloso entre el bosque, al llegar al límite no logró ver a nadie en las cercanías. Avanzó agachado, no quería que lo vieran por accidente estando en un sitio tan vulnerable.

Ante el menor ruido, se detenía y con el pecho pegado al suelo escaneaba sus alrededores, con el corazón latiendo tan fuerte que lo escuchaba en los oídos.

Cuando llegó al tubo se dio cuenta de que estaba demasiado alto, así que buscó cosas en las que pudiera pararse para alcanzar el borde. Encontró una tarima delgada, no más de 20 cm de alto, pero la colocó en diagonal, recargada en la pared y usó un par de rocas para mantenerla en la posición, después, tomó impulso y subió por la rampa improvisada, saltando para así alcanzar el borde. Estuvo colgado de sus dedos por largos segundos antes de poder impulsarse. Si había un contagiado cerca ese sería su final, pero por fortuna, logró escalar.

No recordaba el camino que siguieron para salir, así que usó el polvo o la ausencia del mismo para guiarse. Se equivocó un par de veces, pero consiguió encontrar la armería y apenas levantó la mirada lo supo, el escudo ya no estaba incrustado en el ducto, ¡Steve vivía! ¡Steve tomó su escudo después de salvarse! Estaba tan feliz que podría gritar, pero se detuvo, el corazón latiendo desbocado en su pecho

Bajó del ducto, encontrando cadáveres, todo apuntaba que lo consiguió, no veía rastro de él, solo los muertos.

Agarró un arma que no pudieron recoger antes y la cargó con munición, hizo lo mismo con una linterna recargable. Caminó en total sigilo hacia la sala de juntas, cuidándose las espaldas, mirando hacia todos lados en busca de su esposo o de cualquier otra cosa. Las luces estaban totalmente apagadas y la linterna era su única fuente de luz

Abrió la puerta de la sala sosteniendo el arma entre sus manos, hasta que vio la inconfundible figura de su esposo. Estaba erguido, pero no distinguía si estaba de frente o de espaldas.

—¡Tony! Estoy tan feliz de que hayas venido por mí. —Hablaba sin miedo ni reservas, como si el cuartel no estuviera comprometido. Tony le iluminó el rostro, pero Steve se cubrió con la mano.

—¿Steve? ¿Estás bien? —Susurró, apenas audible.

—Por supuesto, solo estaba esperándote, sabía que volverías por mí. —Tony soltó el arma y la linterna cayó en una posición que permitía iluminar un poco más el sitio.

Tony se acercaba a Steve cuando lo notó, mordidas en sus brazos, su rostro estaba verde y la esclerótica de sus ojos en vez de blanca era negra. Sus pupilas azules nunca resaltaron tanto como en ese momento.

— ¿Qué pasa,? Ah, por supuesto, mi piel, me mordieron, pero sigo siendo yo, el mismo Steven Rogers-Stark que te adora. —Steve extendió los brazos y los ojos del ser que más amaba en el mundo se llenaron de lágrimas antes de caminar hacia él, cerrando los ojos, sus brazos pesados, exhaustos abrazándolo con ternura. Lo sintió recargar su frente en su cuello y Steve sonrió, estrechándolo entre sus brazos manteniéndolo cerca de su pecho, suspirando como si por fin todo estuviera bien.

Tony sentía bajo su nariz el olor de carne pudriéndose, sangre fresca y sudor, pero nada de eso importaba, porque también sentía a Steve respirando, apretándolo contra su pecho, susurrándole que ya estaban juntos y que todo estaría bien.

¿Qué importaba si su adorado esposo se encontraba un 《poco》muerto? Seguía siendo él y lo mejor es que nunca lo perdería.

—Siempre he creído que tu olor es delicioso, Edward, pero ahora realmente me enloquece.