Chapter Text
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En el instante en el que Liam escuchó el timbre de su hogar sonar, corrió hacia afuera de su habitación y bajó las escaleras de tres en tres, tropezando en el último escalón.
Su padre, que estaba en la sala de estar, rodó los ojos y ayudó a Liam a ponerse de pie, obviamente regañándolo por correr por las escaleras antes de ir a abrir la puerta.
—¡Liam!
Hermione, dando saltitos de emoción, saludó a su amigo, que estaba detrás de su padre. Liam sonrió y la saludó con la mano.
—Buenas tardes, señores Granger —dijo Marc, haciéndose a un lado y sonriendo amablemente—. ¡Pasen! ¿Gustan un vaso de agua?
Los padres de Hermione saludaron y entraron, asintiendo a lo que ofrecía Marc. Hermione entró inmediatamente después de sus padres, y se acercó a Liam corriendo para abrazarlo.
—¿Cómo has estado? —preguntó la chica.
—Muy bien, ¿y tú?
—¡Perfectamente!
Los chicos se sentaron en un sillón y comenzaron a conversar de lo que habían hecho en el poco tiempo que llevaban de vacaciones, y como esperaban que fuera su segundo año en Hogwarts. Quince minutos después, los padres de Hermione se acercaron a ella y se despidieron.
—Escríbenos —dijo el señor Granger—, cuídate mucho y pásala bien.
—Sí, papá —dijo Hermione, poniéndose de pie y abrazando a su padre. Luego hizo lo mismo con su madre, quien besó su cabeza.
—Nos vemos, hija —dijo.
—Gracias por dejarme quedarme por unos días, señor Agreste —agradeció Hermione cuando sus padres se fueron.
—No es nada, en serio —dijo Marc, restándole importancia—. Liam, ¿por qué no le muestras tu habitación a Hermione? El almuerzo estará listo en unos minutos.
—Está bien —asintió Liam—. Ven, Hermione, por aquí.
Subieron las escaleras. Hermione miraba a su alrededor, curiosa de cómo eran las casas de las familias mágicas.
Liam, en cambio, se sentía algo nervioso, pues sabía que su casa estaba lejos de ser extraordinaria o parecer un hogar mágico; estaban en un barrio muggle, no tenían ningún tipo de criatura o mascota mágica —las lechuzas no eran exactamente muggles, pero no eran criaturas mágicas—, y, en realidad, podían pasar desapercibidos o hacerse pasar por meros muggles muy fácilmente.
El chico carraspeó cuando llegaron al segundo piso, mirando a Hermione.
—Eh... Sé que no parece una casa muy mágica —dijo, algo avergonzado—. Bueno- No tenemos nada que nos delate como magos, excepto quizás los libros de mi padre, o el ático —añadió, desviando la mirada.
La mirada de Hermione inmediatamente paró en el estante lleno de libros en el pasillo, libros que eran, en su mayoría, de pociones. Entreabrió los labios, impresionada.
—¿Todos estos libros son de tu padre? —preguntó, mirando a Liam con los ojos muy abiertos.
—Sí —asintió él—, o sea, papá dice que también son míos y de Dan, pero en realidad son suyos.
Hermione asintió, con los ojos brillantes.
—Su casa es muy linda —dijo, sonriendo.
—¿En serio?
—¡Sí!
Liam sonrió ante la emoción de Hermione, emocionándose él también. Era su primera vez invitando a alguien a su casa en la vida, y parecía que estaba yendo bien.
—Mencionaste algo del ático, ¿no? —preguntó Hermione luego de unos segundos, mirando a Liam mientras este abría la puerta de su habitación.
—Sí —asintió Liam—. Papá tiene una especie de laboratorio allí... Ya sabes, para hacer pociones, pero ya casi no lo utiliza —dijo, encogiéndose de hombros y entrando a su habitación detrás de Hermione.
Se sentaron en la cama y Hermione dejó su mochila a un lado, estirando los brazos.
—¿Has tenido noticias de Harry? —preguntó Liam, mirando a la chica. Ella negó.
—Con mis padres hemos ido al callejón Diagon casi todos los días para enviarle cartas en alguna oficina de correo con lechuzas, pero no he recibido respuesta.
Liam apretó los labios. En lo que llevaban de las vacaciones Harry no se había comunicado con él y, por lo que había hablado con sus amigos en cartas, tampoco con Ron y Hermione.
—Yo le he enviado varias cartas y tampoco he recibido respuesta, y Ron dice que él tampoco —suspiró Liam.
—¿Por qué no responderá? —murmuró Hermione. Liam se encogió de hombros.
Hermione se veía triste. Según había dicho, Liam, Harry y Ron habían sido sus primeros amigos cercanos, por lo que evidentemente estaba triste de no saber de uno de sus mejores amigos durante el verano, especialmente sabiendo que habían prometido hablar y verse.
—Cambiando de tema —dijo Liam, agitando la cabeza. No quería que ambos estuvieran tristes por las cartas sin responder de Harry—, ¿cómo vas con los deberes que enviaron para las vacaciones? —preguntó. Hermione sonrió. Era, probablemente, la única persona que se emocionaba al hablar de deberes.
—¡Muy bien! Solo me falta terminar los de pociones e historia de la magia. ¿Tú cómo vas?
—Me faltan los de defensa contra las artes oscuras —suspiró Liam—. No soy muy bueno en la materia... Espero que este año tengamos un buen profesor, no como Quirrell.
—Ojalá que así sea —dijo Hermione, asintiendo con la cabeza de acuerdo.
Ahora que Liam podía pasar un tiempo con Hermione fuera de Hogwarts y todos los problemas, podía darse cuenta de lo divertido que era estar con ella. Tenían muchas cosas en común y podían hablar por horas de libros, magia o cualquier tema relacionado con el mundo muggle o mágico, o podían simplemente quedarse en silencio leyendo, de vez en cuando comentando cosas respecto al libro.
Las cosas también parecían ir extremadamente bien con Dan, quien no había estado el día que Hermione llegó a la casa —ni supo que iba a ir y quedarse algunos días—, pero aún así decidió pasar casi tanto tiempo con ella como Liam.
Como Dan era el mayor, su padre siempre lo dejaba a cargo cuando tenía que salir a trabajar, y Dan se encargaba de "cuidar" a Liam y Hermione —aunque en realidad él era la razón por la que acababan haciendo uno que otro desastre—. Un día trataron de cocinar algo para la cena, y resultó en los tres llenos de harina, un plato destrozado y Milo, el gato de Dan, casi escapando de la casa con ayuda de Estela y Atenea, las lechuzas de Liam y su padre respectivamente.
También salían bastante seguido a distintos lugares del mundo muggle; en una ocasión fueron a un parque de atracciones y aquel fue, probablemente, el día más divertido de todas las vacaciones.
Liam estaba feliz. Sus vacaciones por lo general eran aburridas, pues gran parte del tiempo se quedaba en casa solo con Dan, pues su padre no tenía vacaciones y tenía que seguir trabajando, apenas teniendo tiempo para sus hijos. Los pocos momentos donde lograban divertirse era cuando su padre debía viajar a reservas en otros países, pues sus hijos siempre lo acompañaban y podían darse el tiempo de conocer distintos lugares.
Pero ahora que Dan estaba a tan sólo unos meses de cumplir 15 años, su padre le permitía salir solo y llevar a Liam con él —y ahora a Hermione, ya que estaba con ellos—, lo que hacía las cosas mucho más divertidas a que si simplemente se quedaran en casa.
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Liam y Hermione se encontraban en la habitación del castaño, jugando un juego de cartas muggle que habían comprado unos días atrás, cuando se vieron interrumpidos por un súbito golpe en la ventana.
Liam se puso de pie y abrió la ventana, tomando un animal gris que volaba. Frunció el ceño.
—¿Desde cuándo los hámsters vuelan? —preguntó. Hermione lo miró, confundida.
—¿Hámster? —preguntó, acercándose a Liam—. Es Errol.
Tal como dijo Hermione, el animal gris y peludo era Errol, la lechuza de los Weasley, y llevaba una carta en una pata.
—Ah. Pensé que era un hámster grande, gris y viejo, al que mágicamente le habían salido alas.
Hubo cinco segundos de un silencio incómodo, que acabaron cuando Hermione decidió preguntar:
—¿Por qué pensarías eso?
—Porque eso parece —respondió Liam, encogiéndose de hombros.
Liam desató la carta de la pata de Errol, y luego dejó a la lechuza en la jaula de Estela, para que pudiera descansar. Leyó el sobre para comprobar que era para ellos y no para Dan, pues más de una vez Errol se había confundido de ventana y había llevado una carta para Dan a Liam.
—Es para nosotros, de Ron —confirmó Liam, abriendo el sobre. Hermione se puso a su lado para leer.
Liam y Hermione:
¿Cómo van las vacaciones? ¿Todo bien? Sí, Hermione, ya empecé los deberes, no es necesario que me lo preguntes en literalmente todas las cartas.
Con Fred y George tenemos un plan para ir a rescatar a Harry y que al menos nos dé una explicación de porque no ha respondido ninguna de nuestras cartas. No confío mucho en sus tíos, puede que ellos le hayan dicho que no nos envíe cartas.
¿Creen que puedan pedir permiso a sus padres para venir y quedarse aquí por algunos días? Preferiría contarles del plan aquí y que nos acompañen, no lo quiero decir por aquí porque escribir es agotador, más si mis hermanos se pasan la mitad del día molestándome.
Envíenme la respuesta lo antes posible (pero no tan pronto, si mamá o Percy ven a Errol llegar a la casa el mismo día que salió a enviar una carta me van a matar)
Saludos, Ron.
—¿Que tienen un plan? —preguntó Hermione, quitándole la carta de las manos a Liam y leyéndola nuevamente, esta vez a toda velocidad—. Pero ¿qué tienen en mente?
—¿Red flú? —sugirió Liam, aunque no estaba muy seguro de que fuera a ser así. Hermione ladeó la cabeza.
—¿Red qué?
—Red flú, es... —Liam se quedó en silencio unos segundos, tratando de pensar en cómo explicarlo—. Una... ¿red? de chimeneas por las que se puede viajar, solo hay que tirar unos polvos al fuego y decir a dónde quieres ir —explicó Liam.
—Pero eso es solo para los magos, ¿no? Y Harry vive con muggles.
—Cierto.
Liam hizo una mueca. ¿Cómo harían los chicos para llegar a casa de Harry? Tenía un mal presentimiento, pero no podrían saber qué harían si no iban con Ron.
—Iré a hablar con papá... Podemos pedirle hablar con tus padres para preguntarles si puedes ir a la casa de Ron por unos días.
Hermione asintió, sonriendo.
—¿Te acompaño? —preguntó. Liam negó con la cabeza, dirigiéndose a la puerta.
—Vuelvo en un minuto.
Liam salió de su habitación y caminó hasta el fondo del pasillo, donde estaba la habitación de su padre.
—¿Pa'? —llamó Liam, abriendo la puerta de la habitación. Tenía la costumbre de entrar a la habitación de su padre sin tocar la puerta antes, por lo que constantemente se llevaba regaños.
—Dame un minuto —susurró su padre. Estaba recostado en su cama, con los lentes puestos (una verdadera sorpresa, considerando que nunca los utilizaba) y leyendo lo que parecía ser una carta del trabajo. Estaba visiblemente molesto.
—¿Qué pasó? —preguntó Liam, sentándose en la cama y mirando a su padre— ¿Tu jefe otra vez?
Marc suspiró y asintió, doblando la carta y dejándola a un lado, para luego quitarse los lentes.
Liam era más que consciente de que el jefe de su padre no era la persona más comprensiva ni amable, especialmente durante la época de vacaciones; su padre apenas tenía unos pocos días en el año para descansar, teniendo que pasar gran parte de su tiempo en la reserva de dragones más cercana. Liam sabía que, si su padre se tomaba varios días de descanso, el resto del año tendría mucho más trabajo de lo normal.
Liam odiaba al jefe de su padre con todo su corazón, pero no podía hacer nada. Su padre amaba su trabajo, y su jefe era quien estaba a cargo de todas las reservas de dragones cerca de donde vivían, así que no podía ni pensaba cambiar de trabajo.
—No es nada importante —murmuró Marc, frotándose los ojos—. ¿Necesitabas algo?
—Sí... Ron nos invitó a Hermione y a mí a pasar unos días en su casa y queríamos saber si podrías hablar con los padres de Hermione, para que vayamos. ¡Será sólo un par de días!
—Por mi parte no hay problema —dijo Marc con una sonrisa, poniéndose de pie. Liam sonrió y se puso de pie también, para abrazar a su padre—. Puedo llamar a los padres de Hermione ahora con el teléfono que tenemos abajo, ¿te parece bien?
—¡Sí! Muchas gracias, pa' —dijo Liam—. Iré a avisarle a Hermione.
Marc desordenó el cabello de Liam antes de bajar al primer piso, y Liam corrió de vuelta a su habitación para contarle a Hermione lo que había dicho su padre.
Al día siguiente, Liam y Hermione le enviaron la respuesta de su carta a Ron. Decidieron enviarla con Estela en vez de Errol, para evitar que la pobre lechuza acabe muy agotada por viajar tanto.
Los padres de Hermione aceptaron que Hermione pasara un par de días en casa de los Weasley, así que Liam y Hermione estaban muy emocionados. Estuvieron comunicándose con Ron diariamente por 3 días, decidiendo cuántos días se quedarían en su casa y qué cosas podrían hacer, además del —aún secreto— plan para ir a rescatar a Harry.
Al cuarto día, Liam y Hermione se encontraban ordenando sus cosas para ir a la casa de Ron. Iban a ir por aproximadamente una semana, hasta que fueran al Callejón Diagon, y después de eso Hermione y Liam volverían con sus respectivos padres, para terminar las vacaciones.
Cuando Liam terminó de ordenar su ropa y las cosas que iba a llevar en una mochila con un hechizo de expansión, se sentó en su cama, esperando a que Hermione termine de guardar sus cosas. La chica estaba teniendo problemas, pues su mochila era relativamente pequeña, así que Liam se acercó a ella e hizo un hechizo de expansión a su mochila, para que pudiera guardar sus cosas.
—... ¿Recuerdas que se supone que no tenemos que hacer magia? —dijo Hermione, alzando una ceja. Liam desvió la mirada.
—... Ups.
Hermione suspiró, agitando la cabeza, pero aún así le agradeció a Liam. Hermione salió del dormitorio y Liam fue tras ella, no sin antes tomar la jaula de Estela, que era donde aún estaba descansando Errol.
Ambos bajaron las escaleras y se encontraron con Marc, quien estaba en la cocina, terminando de lavar los platos.
—¡Pa'! —llamó Liam, acercándose a la cocina—. Ya nos vamos.
Marc asintió y se secó las manos, para luego caminar hacia la sala de estar.
—Hermione, tú nunca has viajado por red flú, ¿cierto? —preguntó. Hermione negó—. Hm... En ese caso lo mejor sería que viajes con Liam, para evitar que tengas algún accidente o acabes en un lugar equivocado.
—¿Puede pasar eso? —preguntó Hermione, algo asustada.
—Sólo si pronuncias mal el lugar al que vas... Lo que suele pasar si es tu primera vez viajando y tragas cenizas.
Marc le dio un codazo a Liam, quien rió.
—¡No escuches a Liam! Vas a estar bien —dijo Marc en un intento de tranquilizar a Hermione—. De todos modos, lo mejor es que viajes con Liam, para evitar accidentes, como dije antes.
Hermione tragó saliva. Liam se acercó y le dio una palmadita en la espalda.
—Tranquila, vas a estar bien —dijo Liam, sonriendo—. Vamos a viajar juntos, no es mi primera vez —añadió. Hermione asintió, tragando saliva nerviosamente.
—¿Lista? —preguntó Marc. Hermione asintió—. Bien.
Liam tomó la mano de Hermione, y luego tomó un puñado de polvos flú.
—¡Nos vemos en unos días, pa'! —se despidió Liam, sonriendo y acercándose a la chimenea junto a Hermione.
—Nos vemos, señor Agreste.
—Cuídense, nos vemos pronto —se despidió Marc.
Liam miró a Hermione, quien estaba visiblemente nerviosa, pero intentaba disimularlo.
—Mantén tus brazos pegados a tu cuerpo, y no te muevas hasta que yo te diga, ¿ok? —Hermione asintió—. Bien.
Liam lanzó los polvos a la chimenea, y entró junto a Hermione.
—¡La madriguera! —dijo Liam, sosteniendo la mano de Hermione firmemente.
El viaje duró menos de cinco segundos, pero el mareo y confusión duraron más. Viajar mediante polvos flú era, según Liam, como ser tragado por la tierra y luego escupido de vuelta en una locación distinta.
—... Llegamos —dijo Liam, saliendo de la chimenea y tropezando con su propio pie, así cayendo de cara al piso.
Hermione salió detrás de él —sin caerse—, y rápidamente lo ayudó a levantarse.
Una vez Liam estuvo de pie, pudo ver que, frente a ellos, se encontraba la señora Weasley. Liam sonrió y se acercó a ella, quien recibió a ambos con un abrazo.
—Buenas tardes, señora Weasley —saludó Hermione, sonriendo.
—Buenas tardes...
—Buenas tardes, queridos, ¿qué tal? —dijo la señora Weasley en su usual tono amable.
—Bien, ¿y usted? —respondió Liam con una sonrisa, mirando alrededor.
La Madriguera, que era el nombre del hogar de los Weasley, era una casa visiblemente acogedora. Se encontraban en la sala de estar, que era algo pequeña. Había pequeños sillones algo gastados, una mesa de centro, fotos de la familia por todas las paredes, y un estante con algunos libros. A tan sólo unos pasos se encontraba la cocina, de la que Liam tan sólo pudo ver la mesa con varias sillas alrededor, y un reloj que parecía tener pequeñas fotos de cada uno de los integrantes de la familia.
La señora Weasley ayudó a Liam y Hermione a limpiar el hollín que había quedado en sus ropas luego de viajar por la chimenea, mientras sonreía amablemente y les decía que Ron estaba afuera, para que fueran con él.
Una vez estuvieron listos, ambos le agradecieron a la señora Weasley y salieron, para encontrarse con Ron.
Desde fuera La Madriguera se veía bastante grande: el primer piso parecía simplemente una casa normal, pequeña, pero cómoda para una familia, y encima habían varios pisos que parecían haber sido construidos con el tiempo cada vez que uno de los hermanos Weasley nacía, y que parecían sostenerse por magia. Liam sonrió; nunca había visto una casa similar. Era única, en un buen sentido.
—¡Ron!
Al escuchar el llamado de Hermione, Ron, que estaba volando en una escoba y parecía estar jugando Quidditch con Fred y George, bajó del aire y corrió hacia sus amigos.
—¡Liam! ¡Hermione! —exclamó, mientras Hermione se lanzaba a abrazarlo—. ¿Qué tal han estado?
—Perfectamente —respondió Liam, sonriendo cálidamente mientras miraba a su amigo—. ¿Qué hay de ti?
—Bien —contestó él, sonriendo de vuelta.
Fred y George bajaron de sus escobas y se acercaron a ellos, saludando a Liam y Hermione animadamente.
—¿Dónde está tu hermano, Liam? —preguntó uno de los gemelos, a quien Liam no pudo identificar.
—Dijo que prefería quedarse en casa —respondió Liam, encogiéndose de hombros. El otro gemelo rió.
—Te dije que eso pasaría, Fred —dijo quien Liam ahora sabía era George—. Ya nos vimos cuando fuimos a casa de Lee, no iba a querer vernos de nuevo.
Fred rió también, asintiendo con la cabeza.
—Bueno, supongo que eso deja las cosas más fáciles para el plan. No creo que quepamos los seis en el auto, siete una vez rescatemos a Harry.
—¿Auto? —preguntó Hermione, mirando a los gemelos. Ellos miraron a Ron.
—¿No les contaste el plan? —preguntó Fred, cruzándose de brazos.
—Escribir es agotador, ¡y cada vez que escribía una carta ustedes me molestaban! Era mejor explicarlo en persona —respondió Ron, cruzándose de brazos también. Fred y George lo miraron, entrecerrando los ojos.
Liam tragó saliva y miró a Hermione. No tenía un muy buen presentimiento sobre lo que habían planeado los gemelos y Ron...
—¿Qué tal si nos explicas después? —sugirió Liam, mirando a Ron con una sonrisa. La expresión de Ron cambió al escuchar a Liam, y asintió con la cabeza.
—Sí, sí. Vengan, les mostraré mi habitación —dijo, entrando a la casa. Liam y Hermione, aún con sus mochilas, asintieron y siguieron a Ron.
Ron los guió por un estrecho pasillo dentro de la casa, y subieron por una escalera en zigzag hasta que llegaron a lo que era aproximadamente el quinto piso, donde había una puerta con un letrero que decía «Habitación de Ronald».
Liam entrecerró los ojos al entrar. La habitación tenía las paredes y el techo pintados de un color naranja brillante, aunque las paredes se encontraban casi completamente cubiertas por pósters de lo que Liam reconoció como los Chudley Cannons, un popular equipo de Quidditch, que Ron había mencionado anteriormente que era su equipo favorito.
—Sé que no es la gran cosa —dijo Ron, algo avergonzado, mientras Liam y Hermione miraban su habitación—. No es muy espaciosa, pero...
—Es... Linda —dijo Hermione. Liam asintió, sonriendo.
—Es muy tú —dijo Liam, con un risita—. Incluso si no tuviera tu nombre en la puerta podría adivinar que es tu habitación, es como si gritara «Ron Weasley» —añadió. Hermione asintió rápidamente. Ron sonrió, mientras sus orejas se teñían de rojo.
—Ah... Gracias —dijo, riendo—. Hermione, mamá dijo que podías dormir en la habitación de Ginny si preferías. Creo que aún no la conoces, va a entrar a Hogwarts este año… Espera un momento.
Ron se acercó a la escalera y gritó el nombre de su hermana.
—Mamá dice que le haría bien hacer alguna amiga antes de entrar a Hogwarts, es algo tímida y lleva toda su vida criándose con nosotros —añadió en un susurro antes de que Ginny llegara a la habitación de Ron.
—¿Qué pasa? —preguntó la niña. Tenía cabello pelirrojo y pecas, al igual que todos los demás Weasley, y sus ojos eran color marrón.
—Ella es Ginny —dijo Ron, apuntando a su hermana—. Ginny, estos son Liam y Hermione. Se van a quedar por algunos días —Hermione y Liam saludaron a Ginny. La niña sonrió tímidamente, saludándolos de vuelta—, y mamá dijo que Hermione podía dormir en tu habitación.
—Ah, no me gustaría molestar a Ginny... —dijo Hermione, agitando la cabeza. Ginny, por su parte, sonrió aún más, sus ojos brillando.
—¡No sería una molestia! Ven —dijo, saliendo de la habitación de Ron—, vamos a mi habitación. ¡Siempre he querido tener una amiga!
Hermione suspiró y sonrió también.
—Bueno... Iré con ella. Nos vemos después —se despidió Hermione, dándole un rápido abrazo a los chicos y bajando las escaleras junto a Ginny.
Cuando Hermione se fue, Liam y Ron quedaron en un silencio algo incómodo.
—Eh... ¿Qué tal han ido tus vacaciones? —preguntó Liam tras unos segundos, mirando hacia el suelo.
—Bien. No hemos tenido mucho que hacer, pero bien —respondió Ron, sentándose en su cama y haciéndole una seña a Liam para que se sentara a su lado.
Liam se sentó junto a Ron y dejó su mochila en el suelo, jugando con sus dedos.
—Bueno... ¿Cuál es el plan para ir a rescatar a Harry?
Liam miró a Ron, quien lo miró de vuelta con las mejillas algo rojas.
—Vamos a ir volando a su casa —dijo Ron. Liam frunció el ceño, no entendiendo completamente.
—¿Cómo?
Entonces Ron le explicó a Liam. Los Weasley tenían un auto Ford Anglia que podía volar. Fred y George sabían conducirlo, así que irían volando en el auto a rescatar a Harry.
Liam miró a Ron, incrédulo.
—Creemos que sus tíos lo tienen atrapado y le prohíben enviarnos cartas o algo así... Vamos a rescatarlo o exigirle una explicación —dijo, mirando a Liam. Liam suspiró, asintiendo.
—Lo entiendo... Aunque eso es ilegal, ¿no? El auto está hechizado, y somos menores de edad, todos nosotros. No podemos usar magia fuera de Hogwarts a menos que sea una emergencia —le recordó Liam.
—¿Esto se podría considerar una emergencia? —preguntó Ron. Liam se encogió de hombros.
—Uh... No lo sé... Y Hermione no se lo va a tomar tan a la ligera, ¿no crees? —añadió, algo cohibido.
Ron bufó, pero asintió.
—Además, ¿cómo vamos a llegar? Dijiste volando, pero ¿tienen la dirección de Harry?
Ron abrió mucho los ojos, percatándose de que se habían olvidado de ese detalle. Liam suspiró y agitó la cabeza.
—Bueno... Creo que tengo una idea —dijo Liam, poniéndose de pie—, pero deberíamos decirle el plan a Hermione, así...
El sonido de pasos acelerados interrumpió a Liam. Ron se puso de pie y abrió la puerta de su dormitorio, saliendo hacia las escaleras.
—¡Llegó papá! —exclamó Ron, haciéndole una seña a Liam para que saliera con él. Ron tomó la mano de Liam y lo arrastró escaleras abajo.
El señor Weasley, un hombre alto y delgado, igual de pelirrojo que todos sus hijos, se encontraba saludando a sus hijos y esposa, quienes le preguntaban sobre su día en el trabajo.
—Papá trabaja en el ministerio de magia —le dijo Ron a Liam, mientras escuchaban al señor Weasley. Liam escuchaba atentamente, interesado por lo que decía.
Hermione se alejó del lado de Ginny, yendo con los chicos, y los tres se quedaron en total silencio hasta que el señor Weasley dirigió su atención a ellos.
—¡Ah, hola! —dijo, mirándolos—. Ustedes deben ser Liam y Hermione, los amigos de Ron, ¿no?
—Sí —asintió Hermione, sonriendo—. Un gusto, señor Weasley.
—Un gusto —dijo también Liam.
El señor Weasley les sonrió, y luego miró a Ron.
—¿Qué hay de Harry? —preguntó—. ¿Has sabido algo de él?
Ron parpadeó, algo confundido por la repentina pregunta, e intercambió una mirada de extrañeza con Liam y Hermione.
—No —negó Ron—, ¿por qué?
—Oí algo en el ministerio —dijo el señor Weasley, repentinamente serio—. Harry recibió un reporte por realizar magia frente a muggles...
Liam frunció el ceño. Él, Ron y Hermione se miraron, los tres incrédulos, pero sin decir nada. No sabían qué decir.
—... Ya —dijo Ron, asintiendo—. Bueno, iremos... Iremos a escribirle ahora mismo, a ver si nos dice algo.
Y los tres subieron las escaleras corriendo, en absoluto silencio. Llegaron a la habitación de Ron, y el pelirrojo estuvo a punto de cerrar la puerta, pero se vio detenido por Fred y George, que los habían seguido. Ron los dejó pasar, y ahí sí cerró la puerta.
—Bueno, ¿cuándo iremos por él? —preguntó Fred sin rodeos—. No les ha estado contestando, así que tampoco les contestará si le preguntan sobre esto, ¿no creen?
Liam apretó los labios, sentándose en la cama de Ron. Él lo miró.
—Esta noche podemos buscar su dirección, y vamos por él mañana en la noche —dijo Liam en voz baja. Ron y los gemelos asintieron, mientras Hermione se veía confundida al aún no saber el plan.
Cuando los gemelos se fueron, diciendo que dejarían la parte de hallar la dirección de Harry en las manos de Liam y Ron, él finalmente le explicó el plan a Hermione.
Tal como Liam esperaba, Hermione no se tomó el plan a la ligera y se negó completamente en un principio, pero Ron logró persuadirla de que participara. Después de todo, era por Harry que lo hacían. No lo habían dejado solo el año anterior cuando fueron a rescatar la Piedra Filosofal, así que tampoco lo dejarían solo con lo que fuera que pasara esa vez en casa de sus tíos.
