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Mentía

Summary:

Vincent se sentía extraño, había tenido una relación con su amigo Alastor, pero, está no había salido muy bien.
Terminar y continuar con su relación de amigos era lo que ambos habían acordado pero, entonces
¿Por qué le disgustaba tanto ver a su ex con ese otro alfa?

Notes:

Este fic fue traido a ustedes gracias a la canción «Mentía - Miranda», si no la conoces, escuchala, quizás te guste.
Sin más, disfruten su lectura.

(See the end of the work for more notes.)

Work Text:

Vincent se encontraba en un caos mental. Sentado en la barra de un bar, intentaba hundirse en su propia miseria. Llevaba varias noches sin poder dormir bien; solo el alcohol le ayudaba a caer noqueado. Sabía que no debía, que aquello solo lo afectaría a la larga, pero necesitaba adormecer su mente.

Hacía ya tres o cuatro meses había terminado con su novio, Alastor, un omega precioso, líder en el equipo de fútbol donde ambos jugaban. Era increíble como su genero secundario jamás fue impedimento para ganarse su lugar como delantero y capitán, quizás parte de esa admiración fue como le comenzó a gustar.

Había sido su crush durante muchos años, y se imaginó haciéndolo feliz toda la vida. Pero de sus sueños a la realidad había un abismo. Las cosas no habían salido como le hubiera gustado.

Quizás aquella diferencia de edad y mentalidad sí había sido demasiado notable. Vincent era un tanto -demasiado- obsesivo y caótico, a diferencia del bello omega, quien era un par de años mayor que él, con una personalidad más tranquila y serena. Los motivos para terminar le dolieron, pero debía comprender que su carácter de chivo loco y el de Alastor no siempre eran compatibles.

«Mira, es divertido ser tu amigo, pero esto no es lo que busco en una relación.» Fue lo que Alastor le dijo cuando terminaron. Vincent le había propuesto intentar cambiar, ser lo que él necesitaba. Le rogó por una segunda oportunidad, por encajar en lo que un buen alfa debía ser. Pero no surgió efecto. «No tienes que cambiar por mí, ni por nadie. Alguien muy especial sé que te amará tal y como eres; solo me temo que no pude ser yo.»

A sus cortos veinte años, Vincent sentía que el mundo lo odiaba por aquella relación fallida. Aun así, escondió su dolor cuando todo terminó y dijo la frase menos honesta que alguna vez se imaginó pronunciando: ¡Quédate tranquilo, corazón! Sigamos siendo buenos amigos.

Se sentía un completo hipócrita. Falso. La realidad era que no lograba sacar a Alastor de su mente. Tanto así, que se pasaba viendo su perfil de Instagram como un loco. Cada foto era una maldición lanzada al aire, dirigida a una sola persona.

@RadioDemon @KingOfHell

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Alastor_H: Conociendo nuevas comidas 🌮🌯

Miraba con envidia a aquel arquero mediocre que había aparecido justo una semana después de su ruptura. Aquel alfa parecía haber embrujado al omega, pues no había ni un solo día en el que no subieran una foto o una historia juntos, casi inseparables. Situación que le dolio de sobremanera, porque Alastor casi nunca subía nada de ellos en su momento y sentía odio, mucho odio.

Salió de aquel bar. Aún era temprano, pero si se quedaba más tiempo allí, estaba seguro de que amanecería tirado en alguna esquina, y todavía tenían partidos que jugar. Sus problemas no debían ser pagados por sus compañeros.

A lo lejos vio a Alastor junto a Lucifer, montados en una motocicleta. Presumido, pensó. Seguro intenta impresionarlo con su dinero. Y es que, a diferencia de él -que tenía un trabajo de medio tiempo y apenas aportaba en casa por haber ingresado recientemente a la universidad-, Lucifer tenía veintisiete años, ya estaba graduado y contaba con un trabajo estable que incluso le había dado la oportunidad de ir a otro país de vacaciones.

¿Entonces qué haces en un barrio equis? ¿Tomando mi preciado tiempo con mi bello omega?

Había conocido a ese odioso alfa por medio de su amado Alastor, quien lo llevó a los entrenamientos. Vincent había intentado opacarlo desde el primer momento, sobre todo al descubrir que el fútbol también era solo un pasatiempo para él... y que, aun así, era portero, igual que Vincent.

Tenía que reconocerlo: para ser solo un hobby, era bueno. Pero su reconocimiento jamás sería en voz alta.

Vincent se quedó inmóvil unos segundos, apoyado contra la pared de una tienda cerrada. No tenía intención de acercarse, pero tampoco de irse.

Siempre le pasaba lo mismo.

Lucifer bajó primero de la motocicleta y se quitó el casco con una sonrisa despreocupada. Dijo algo que Vincent no alcanzó a escuchar, pero bastó ver la expresión de Alastor para sentir el golpe en el estómago. El omega rió. Una risa auténtica, de esas que a Vincent ya no le dedicaban.

Lucifer se inclinó un poco hacia él mientras hablaba, demasiado cerca. Alastor no retrocedió. Por el contrario, apoyó una mano en el hombro del alfa, con naturalidad, como si aquel gesto ya fuera costumbre. Vincent apretó los dientes.

Así que esto es lo que hacen, pensó. Como si yo nunca hubiera existido.

Alastor levantó la mirada y, por un segundo, sus ojos parecieron cruzarse con los de Vincent. El corazón le dio un salto absurdo, infantil. Pero no. El omega volvió a sonreírle a Lucifer, ajeno, cómodo.

Lucifer le ofreció algo -probablemente una invitación, una broma, una promesa- y Alastor negó con la cabeza, divertido. Luego, sin pensarlo demasiado, tomó el casco que el alfa le extendía y se lo colocó. Ese gesto sencillo fue peor que cualquier beso.

Vincent sintió un nudo apretarle la garganta. No quería estar ahí. No quería verlos. Pero tampoco podía apartar la vista.

Quiso acercarse. Decir algo. Cualquier cosa.

Quiso no sentir ganas de tratarlo peor solo para que volteara a mirarlo.

Pero se quedó donde estaba, observando cómo Alastor subía de nuevo a la motocicleta, cómo rodeaba la cintura de Lucifer con los brazos, cómo el motor arrancaba y el ruido se llevaba con él lo poco que Vincent aún intentaba conservar de dignidad.

Cuando la moto desapareció al final de la calle, Vincent bajó la mirada.

Nada había cambiado.

Seguía ahí. Siguiéndolo. Humillándose en silencio.

[...]

Vincent llegó a su cuarto pasada la medianoche, su plan original de llegar a casa temprano se fue a la basura gracias a que los vio, su madre le había gritado tanto por su estado de ebriedad al igual que por la hora. Subió las escaleras cuando los gritos cesaron, no encendió la luz. Se dejó caer en la cama con el teléfono aún en la mano, como si ese rectángulo brillante fuera lo único que lo mantenía despierto.

Abrió Instagram, luego WhatsApp. Luego cerró ambos. Volvió a abrirlos.

El chat de Alastor estaba ahí. Siempre estaba ahí, anclado y arriba del todo, dolía como una herida que nunca terminaba de cerrar. El último mensaje seguía siendo el mismo desde hacía semanas.

Alastor 

Cuídate.

Qué palabra tan cruel, sin embargo, le daba esperanza de que quizás Alastor aun lo quería, con impulso de estupidez, escribió.

Vincent:

¿Llegaste bien?

Se arrepintió en el mismo instante que lo escribió,  borró el mensaje. Volvió a escribir.

Vincent:

 Perdón si te incomodé hoy.

Otra vez borrar.

Suspiró, pasando una mano por su rostro. El silencio de la habitación era insoportable. Afuera, algún auto pasó a lo lejos; la vida seguía como si nada, como si a él no se le estuviera cayendo todo por dentro.

Escribió de nuevo, más lento esta vez.

Vincent:

A veces pienso que si me hubieras conocido en otro momento, todo habría sido distinto.

Se quedó mirando la pantalla. Sabía que no debía enviar eso. Sabía que sonaba patético. Que sonaba exactamente como lo que era. Borró la frase y escribió otra.

Vincent:

Me alegra verte feliz.

Soltó una risa amarga. Mentía en cada letra de esa oración.

 Vincent apoyó el teléfono contra su pecho y cerró los ojos un momento. La imagen de Alastor riendo con Lucifer volvió sin pedir permiso. La mano en el hombro. El casco. La moto alejándose. Abrió los ojos de golpe. Escribió una última vez, sin pensar demasiado.

Vincent:

Dime que no me has olvidado tan fácil.

Esta vez no borró el mensaje pero, tampoco lo envió. Dejó el teléfono boca abajo sobre la cama, como si así pudiera silenciar lo que sentía. Se giró hacia la pared, apretando los ojos con fuerza.

Nada había cambiado.

Seguía queriéndolo.

Seguía siguiéndolo.

Y por ahora, eso era todo lo que tenía.

[...]

Velvet estaba sentada frente a Vincent en una cafetería pequeña, con el celular apoyado contra una taza de café que ya se había enfriado. Tenía unas gafas enormes, uñas impecables y una chaqueta que, probablemente, costaba más que todo el guardarropa de Vincent junto.

—Te ves horrible —dijo sin rodeos, sin levantar la vista de la pantalla—. En el sentido emocional, aclaro. Físicamente siempre has sido discutible.

Vincent soltó una risa seca, cansada.

—Gracias por tu empatía.

Velvet levantó la mirada por fin y lo observó con atención. Sus ojos se suavizaron apenas un poco, lo justo para que él supiera que estaba a salvo.

—Ahora sí —dijo—. Habla. ¿Qué hiciste esta vez? ¿Te emborrachaste? ¿Lloraste por Alastor? ¿Lo sigues stalkeando por las noches?

Vincent bajó la mirada hacia la mesa. En serio necesitaba apoyo para su situación. —No puedo sacarlo de mi cabeza, Vel. Lo intento, de verdad... pero verlo con Lucifer me está matando.

Velvet apoyó el codo en la mesa—. Ajá —Hizo un gesto con la mano—. ¿Y qué parte exactamente? ¿La sonrisa? ¿La moto? ¿El alfa nuevo modelo, edición premium?

—Todo —respondió él, sincero—. Y tú... tú aun eres amiga de él, he visto tus historias en Instagram. —Levantó la vista—. ¿Sabes algo? ¿Qué te ha contado? ¿Qué tan cercanos son... Alastor y Lucifer?

Velvet no respondió de inmediato. Dejó el teléfono a un lado y lo miró con seriedad por primera vez desde que llegaron—. Antes de que siga —dijo—, necesito preguntarte algo.

Vincent frunció el ceño. —¿Qué?

—¿Estás realmente preparado para la verdad?

El silencio se estiró entre ellos. Vincent abrió la boca para responder... y la volvió a cerrar. Tragó saliva. —No —admitió al final—. Creo que no —Hizo una mueca—. Prefiero no saber.

Velvet lo observó un segundo más... y luego soltó una carcajada. —Ay, Vincent —dijo entre risas—. Estás tan miserable que dan ganas de hacerte un video en cámara lenta con música triste de fondo, apuesto y tendría miles de vistas.

Él rodó los ojos. —Eres cruel.

—Soy honesta —corrigió ella—. Y te quiero, que es peor —Se levantó de la silla y rodeó la mesa para abrazarlo sin pedir permiso. Vincent se quedó rígido un instante, sorprendido, antes de corresponderle con torpeza— Escúchame bien —le dijo Velvet, con la voz más baja, más real—. Sé que duele. Sé que verlo con otro te hace sentir reemplazable, pequeño y estúpido. Pero no lo eres. No por amar demasiado.

Se separó apenas para mirarlo a los ojos.

—Alastor no te define. Y Lucifer tampoco. Tú eres más que este capítulo de mierda, ¿me oyes?

Vincent asintió despacio.

—Y además —añadió ella, volviendo a sonreír con sarcasmo—, tienes un partido pronto y vas a ser el mejor portero, yo lo trasmitiré el vivo, así tienes que demostrarle a todos de que estas hecho. 

—Tienes razón, lo haré —murmuró.

Velvet volvió a abrazarlo, esta vez con fuerza.

—Eso es todo lo que te pido. —Le dio un golpecito en el pecho—. Yo siempre voy a estar de tu lado, incluso cuando te veas patético. Especialmente cuando te veas patético.

Vincent cerró los ojos un segundo.

Por primera vez en días, el nudo en el pecho aflojó un poco.

[...]

El día había llegado, el tan ansiado partido, el silbato inicial rompió el murmullo de las gradas y Vincent tomó su posición con el cuerpo tenso. El césped estaba húmedo, los nervios de todos a mil y el equipo rival se veían igual de decididos a ganar.

Alastor corría de un lado a otro del campo con una energía distinta. No era nerviosa, no era desesperada. Era segura. Demasiado segura. Vincent lo observó desde la distancia, con esa mezcla de orgullo y dolor que no terminaba de irse nunca.

En la portería, Vox se ajustaba los guantes con una sonrisa confiada, provocadora. Siempre había sido bueno, siempre había sido molesto. Vincent apretó la mandíbula.

Desde las gradas, una voz sobresalía por encima del resto.

—¡Vamos, Al! ¡Esa es tuya!

Vincent no necesitó girarse para saber quién era.

Lucifer estaba de pie, inclinándose sobre la baranda, gesticulando sin pudor alguno. Aplaudía, gritaba, sonreía como si el partido también le perteneciera. Como si Alastor le perteneciera.

El juego avanzó rápido, brusco. Choques, pases errados, intentos frustrados. El marcador seguía empatado y el tiempo se escapaba con crueldad. Vincent sentía el cansancio arderle en los músculos, pero lo que más pesaba era otra cosa: la constante conciencia de dónde estaba Alastor... y de a quién miraba cada vez que levantaba la vista.

Minuto final.

El balón llegó a los pies de Alastor casi por accidente. Vincent lo vio todo en cámara lenta: el giro rápido, el amague limpio, la carrera decidida hacia el área. Vox estaba con el corazón a mil, esta ultima jugada sería la decisiva para que ganaran o se irían a penales y todo dependería de él.

Alastor no dudó.

El disparo fue preciso, certero, imposible de detener.

Gol.

El estadio explotó.

Gritos, aplausos, cuerpos chocando unos con otros en celebración. Vincent se quedó quieto, con el pecho subiendo y bajando con dificultad, mientras el nombre de Alastor retumbaba en todos lados.

Desde la grada, Lucifer bajó casi saltando los escalones. Ignoró todo y a todos. Cuando llegó al campo, rodeó a Alastor con los brazos y lo levantó sin esfuerzo, riendo a carcajadas. Alastor respondió al gesto, sorprendido, feliz.

Y entonces pasó.

Un beso rápido, impulsivo, lleno de euforia.

El mundo de Vincent se volvió silencioso.

A su alrededor todos celebraban: compañeros, rivales, público. Nadie parecía notar cómo él se quedaba al margen, con las manos colgándole a los costados, sintiendo que algo se asentaba en su pecho con un peso definitivo.

No había rabia esta vez.

No había ganas de gritar.

Solo una certeza amarga.

Alastor ya no era suyo.

Tal vez nunca lo había sido.

Vincent bajó la mirada, respiró hondo y dio media vuelta para abandonar el campo mientras el eco de la celebración seguía detrás de él, habían ganado el partido...

Sin embargo, había perdido en el amor.

Notes:

Es la primera vez que hago un fanfic desde la perspectiva de Vox, fue interesante, la verdad, intentaré hacer más cosas nuevas este 2026.
Espero lo hayan disfrutado, los kudos y comentarios son alegría para mi corazón, nos leemos pronto.