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El bosque detrás del jardín

Summary:

Una pequeña historia de Arthur Kirkland un hombre adulto funcional, con una familia normal, un trabajo normal, pero que guarda un lindo recuerdo de su niñez como lo más mágico que le pasó en la vida.

Ningún personaje me pertenece, todos los derechos de personajes a Hidekaz Himaruya

Notes:

Escrito que hice hace mil años, es uno de los que mas amé hacer, siento que puse todo mi corazón en esta obra

Work Text:

"Bien hecho señorito Kirkland, puede sentarse" "Excelente respuesta alumno" "Correcta afirmación" Esas solían ser las palabras que acostumbraba a escuchar desde niño en la escuela después de que contestara alguna pregunta hecha en clase. Normalmente para un niño de 10 años lo que más le importaba era jugar con sus juguetes en la casa no las interminables tareas de matemáticas y de literatura inglesa del siglo pasado, pero viniendo del seno de una familia aristocrática de plata y con el gran emporio que manejaba desde que mi abuelo fundó la "Dean's Iron Company" basada en la extracción de hierro y carbón de las cuevas todo el peso recaía en mi enseñanza para ser el próximo jefe de esa empresa que crecía a pasos agigantados con el comienzo de las vías férreas. Claro que todo eso para la mente de un niño no era más que boberías de adultos, charlatanería de gente de traje y problemas del futuro que para mí la vida era salir del colegio e ir a mi casa en ese elegante carro negro último modelo en la que el señor Brown, mi tutor, me anunciaba que haríamos llegados una vez a nuestro hogar que era básicamente ir a mis clases de piano, una hora de juego y luego ir a tomar la merienda de la mano de la señora Amandis para terminar estudiando y hacer mis deberes hasta que la cena estuviera lista y cenar con mi hermano mayor Scott.
Ese día no era diferente, tampoco quiero narrarles mi vida pero es necesario contarles que hasta mis clases de piano todo andaba bien, de hecho luego de que terminasen me dieron permiso para salir a jugar al patio donde me las pasaba jugando en mi hamaca sostenida de un árbol, con mis soldados de plomo o con aviones de madera heredados de mis hermanos, en solitario pues no solía ser un chico realmente sociable. Creo factible en este punto contar algo más de mi familia porque es también menester que se sepa. Mi abuelo se había jubilado ya hace algunos años (de hecho, yo nací ya con mi abuelo jubilado) y le había dejado el mando de la empresa a su único hijo varón mi padre, mi padre se había casado con una mujer de cabellos rojos por lo cual fue una característica notable en mis cuatro hermanos mayores, pero cuando el último hijo de esa mujer nació ella murió en el parto dejando devastado a mi padre. Pasó bastantes años hasta que mi padre se casó de vuelta con otra mujer, quien fuera mi madre, a la que según Scott, no era de esas madrastras horribles que se empeñaban en sacarle los órganos a sus hijastros y desheredarlos (Lo sé, muy siniestro de su parte contarme eso pero asi de bruto era Scott) y que a los pocos meses yo nací fruto de ese matrimonio. No quiero alargar esto con una historia aburrida asi que iré al punto, las desgracias no acaban allí puesto que mis padres sufrieron un accidente fatal en la que ambos fallecieron instantáneamente, asi quedé yo huérfano a los 3 años dejado a cargo de mi hermano mayor Scott que en ese momento gozaba de la edad de 20 años; no solo se hizo cargo de mi si no de la empresa dejando de ir a estudiar en la universidad, a la que yo luego me enteré, le costó entrar. Por eso en esa casa vivíamos ambos, además del resto del personal de la casa como el señor Brown y Amandis o también mencionar al especial señor Mysforest un viejo fanfarrón que se ocupaba del jardín y que detestaba que yo anduviese por entre medio de sus plantas, de los árboles, su patio y todo lo que no fuera mi casa, en fin, que no le gustase que me pasease libremente como quería por el lugar. Claro que para un niño como yo eso no me detendría, estaba aburrido y decidí ir a explorar en aquella ocasión un poco más allá de lo permitido, mi misión era simple debía entrar y salir del galpón donde guardaban las cosas viejas sin ser visto.

Luego de dar vueltas por el sitio esperando no ser observado por nadie, fingiendo estar jugando con mis pequeños soldaditos despintados comencé en marcha el plan, vigilando que el señor fanfarrón no me viera en tal acto que dejé mis juguetes de lado, caminé con cautela pegado a la pared del galpón donde al llegar a la puerta verifiqué que no estuviera el pestillo puesto y una vez abierta la puerta entré al galpón sin mas aquel que estaba lleno de humedad y olor a viejo, tragué saliva y como aún había sol y los rayos de luz entraban a través de las ventanas no necesité prender la luz lo cual me permitió adentrarme aún más viendo las cosas gastadas y en desuso. Metido en mis pensamientos, concentrado en mi búsqueda de alguna cosa que llamase mi atención en este viejo lugar no escuché cuando el viejo Mysforest apareció detrás de mí, me había pegado un susto de muerte que estremeció todo mi cuerpo ya que ahora me estaba regañando por estar en su lugar de trabajo mientras que yo solo pensaba en que era niño muerto; mi corazón estaba como un caballo desbocado cuando él me tomó de los hombros con brusquedad y me preguntó qué hacía aquí con el tono mas tétrico y enojado que había escuchado en mi corta vida. Claro que negué con la cabeza para balbucear cosas sin sentido en parte porque no quería ser descubierto y otra por el miedo que me causaba aquel hombre.
- Aquí no hay nada que ver, ve al bosque si quieres ver algo extraño. - fanfarroneó para mirarme con esos ojos oscuros, esos labios finos y esa horripilante nariz puntiaguda.
- ¿El bosque? - pregunté incrédulo para retroceder un poco. - ¿Qué hay en el bosque? -volví a cuestionarle aun nervioso y temeroso de mi.
- Cosas que ni tú te imaginas, cosas terroríficas. - me contestó tajante y con un tono frío, con la mirada mas horripilante que podía darme, me asusté, quería salir corriendo, pero no podía mis piernas no me respondían.

En ese momento apareció como un ángel caído del cielo Amandis, la cocinera de la familia, quién con su mejor voz de madre preocupada vino hasta mi corriendo con sus piernas regordetas para darme una caricia en la mejilla preguntando donde estuve todo este tiempo para abrazarme fuertemente contra su pecho. Ella me salvó, como siempre, una vez mas.

Luego de aquel lamentable suceso merendé en la mesa de la cocina bajo la vigilancia de esa mujer, escuchando sus cotilleos de barrios que ni siquiera me interesaban pero que debía escuchar lo que durase mi leche y mis dos trozos de panes caliente. Tomé valor después de unos minutos escucharla hablar sobre la vecina de enfrente y le pregunté directamente que había en el bosque. < Los animales, por supuesto como liebres, pajaritos, ratas iugh ratas> respondió ella enumerando las bestias que se podían encontrar en aquel sitio, eso no satisfacía mi curiosidad asi que retruqué la pregunta para cuestionarle si vivían cosas "terrotríficas" en el bosque; ella rio. Esa fue toda la charla que tuvimos hasta que terminé mi merienda.

Pregunté una tercera vez sobre el bosque, esta vez a mi hermano mayor cuando estábamos en la cena, eran esas dos horas por día que podía tenerlo conmigo (sin contar el fin de semana) y preguntarle cosas, con suerte el me diría la verdad porque a pesar que era y es un bruto para hablar siempre solía decirme la verdad sea cual sea. Pero esta vez fue diferente porque también se rio cuando le hice la pregunta de si había algo "terrotrífico" en el bosque, pero ni siquiera se molestó en decirme que había animales como la señora Amandis solo se limitó a decirme que mejor no anduviera cerca del bosque y me quedase a jugar dentro, después de todo ya iba a empezar el invierno y las nevadas comenzarían dentro de poco, pero en mi mente algo se encendió y era la llama de la curiosidad, fue desde ese momento que mi meta era descubrir qué cosas "terrotríficas" vivían en el bosque y convertirme en el primer niño de 10 años en hallarlos.

Todos los días desde ese momento iba y observaba desde una distancia prudente el bosque detrás del galpón, me sentaba en el pasto y escribía anotaciones en mi libreta con mi mascota Mint, un conejo blanco domesticado, que con la excusa de llevar a pasearlo y de anotar todo lo que hacía (asi como una clase de biólogo) nadie me molestaría o preguntaría de más ya que lo veían como una tarea de la escuela, aunque yo nunca dije que fuera una de ellas. Eso funcionó de maravillas que de echo me dio tiempo hasta de anotar los tiempos del personal de la casa asi sabía cuándo salir, cuanto estar y cuando volver, me había vuelto un estratega bastante competente con tan poca edad y una curiosidad innata por el bosque. Finalmente puse mi plan en marcha un día de mucho sol, era un sábado de finales de otoño, algo inusual que hiciera calor, pero aprovechando que luego de almorzar la gran mayoría del personal se iría a descansar o hacer sus quehaceres, especialmente corroborando que el viejo gruñón de Mysforest estuviera podando los abetos del costado de casa, para escabullirme al patio y caminar ligero hasta el galpón, a partir de allí el terreno era inexplorado para mí.

Caminé entre los arbustos y matorrales, teniendo mucho cuidado de las ramas sueltas y algún que otro animal peligroso (o eso recordaba de lo que me había contado Amandis), miraba hacia atrás cada tanto observando aun el galpón de mi hogar para no perderlo de vista y saber hasta dónde avanzar, no era tan tonto para tener 10 años; lo tenía todo bajo control y si bien como había dicho Scott sobre que se acercaba el invierno y que no debía estar fuera mucho tiempo por el frío yo había llevado mi saco marrón (que te calentaba enseguida) por si la situación lo ameritaba y dentro de sus bolsillos puse un lápiz negro, mi libreta, una lupa y los guantes también por si acaso llegase a tener frío en mis dedos; pero solo lo tenía de adorno porque la luz aún estaba filtrándose por entre las copas de los árboles dando calor al ambiente, de hecho había caminado tanto o para lo que para mi era mucho tiempo que del cansancio de caminar sentí una sed inmediata. En ese momento me percaté de mi error pues me había olvidado de traer una cantimplora con agua. Ahora tampoco servía de mucho lamentarse de eso solo quedaba sentarme en un tronco caído sobre el pasto pensando en que no había nada raro, ningún animal extraño, ninguna cosa terrotrífica, en fin que ya no me daban ganas de seguir explorando el bosque, asi que decidido sabía que debía volver, aunque... Me había perdido.

Comenzaba a desesperarme porque además de estar solo y con sed tenía miedo, si bien nada había cambiado alrededor mío tenía temor a lo que estuviera allí cerca acechándome sin que yo lo supiera más aun recordando las palabras del viejo Mysforest rondando en mi cabecita de niño. Estaba ya a punto de lloriquear cuando algo se movió entre las ramas, al principio me tomó por sorpresa por eso miré con atención y algo nervioso para ver a una joven niña con cabellos verde musgo enredado con hojitas verdes, ramitas y alguna que otra pluma marrón; me quedé mirándola sorprendido para ponerme incómodo cuando se me acercó y ella al notar mi miedo paró en seco para tenderme su mano blanquecina mostrándome una hoja con forma de perro. Me reí por ello y ella sonrió para acercarse un poquito más hacia donde estaba.

La joven resultó ser una dríade del bosque (O eso me dijo) quién me guió por el medio del bosque hasta donde estaban el resto de sus compañeras que pude observar como aquellas jugaban a perseguirse hasta que me vieron llegar junto a su amiguita. Creo que fui muy popular entre ellas porque recibí toda clase de atención por su parte dándome desde el agua para calmar mi sed hasta que me mostraban sus habilidades a modo de diversión. Ellas eran fantásticas, no cabía duda, las había altas, bajas, flacas, gorditas como así niñas y ancianas; estaban felices al parecer de verme por alguna razón por eso me entretenían en gran manera al mostrarme todo tipo de cosas, pero debía volver en casa todavía debía hacer mis tareas escolares y se lo hice comunicar a Ystad (asi se llamaba la primera dríade que me encontré) la cual se entristeció al igual que todas, pero les juré por mi dedo meñique que volvería a jugar con ellas mañana un par de horas. Todas aceptaron.
Ystad me acompañó hasta cierto punto en la que ella me dijo que podía avanzar solo que no habría peligro a la vez que acomodaba mi cabello y sacaba una hojita que se había quedado enredada, yo acepté tal idea aun cuando era de noche ya que sentía que podía confiar en ella; caminé solo por el bosque feliz y sin preocupaciones pensando en que le contaría a Scott sobre mi maravilloso descubrimiento hasta que escuché perros, luego voces de personas y finalmente linternas que se movían solas hasta observar las figuras de varios policías, no entendía porque gritaban de hecho tampoco vi cuando Scott apareció de golpe y me abrazó fuertemente, sentí sus manos rodear mi cuerpo y mi cabeza, su voz sonaba quebrada y hasta puedo afirmar (años más tardes) que lloraba por mí.

En casa, en la sala donde estaba la chimenea, los policías tomaban nota de lo que decía, aunque ellos decían que era un disparate total lo que yo decía sobre que había estado en el bosque por horas puesto que según ellos había desaparecido por tan solo tres días, bien eso era raro. En mi cabeza yo tenía entendido que solo fueron horas, ¿Podrían las dríades y hamadríades haberme secuestrado? Aunque en esa época yo ni siquiera pensaba esa opción, para mí todo fue un juego, pero para los policías mi descripción no coincidía ya que yo me encontraba bien vestido, sin sed y sin hambre; para los guardias alguien me había secuestrado y se sintió acorralado cuando comenzaron las búsquedas, solo necesitaban un nombre, eso buscaban de mi boca sin embargo realmente no había ningún secuestrador. Scott no se despegaba de mí si no que se mantuvo en todo lo que duraba el interrogatorio contra la pared fumando sus característicos cigarros caros, él no decía nada, pero en sus ojos notaba que más allá de estar enojado estaba calmado.
- Arthur, dile lo que te acuerdes, nada más. - me dijo mi hermano seriamente, yo levanté la vista hacia él y asentí tímidamente para contarle algo que no había dicho hasta el momento.
- Cuando estuve con ellas, me dieron de tomar agua del río, no se veía peligroso. - dije a los hombres quienes soltaron una risa, aún no me creían lo de las dríades.
- Smith, esto es inútil, el niño está shockeado. - dijo el guardia de bastante estómago.
- Oye, espera, hay un río cerca de aquí como a cinco kilómetros de donde estamos. El bosque se conecta con aquel. - espetó el hombre de patillas pronunciadas, enseguida comenzaron a hablar entre ellos al parecer tenían prisa por rastrillar por lo que me soltaron enseguida.

Para mí no había peligro alguno sin embargo estaba todavía algo intranquilo sobre el tiempo que había pasado fuera, mas cuando quien siguió preguntándome cosas fue Scott, había algo en él que me decía que estaba creyéndome, ¿O yo quería creer eso? Da igual. Los días pasaron desde aquel incidente y yo seguía yendo al bosque a jugar con mis amigas pero siempre en cuando yo pudiera volver temprano a casa ya que al tomar notas (al ser un chico muy observador) me di cuenta que mientras yo pasara tiempo con ellas 15 minutos a su lado eran 2 horas de mi "tiempo", eso era extraño pero claro a un niño de mi edad eso no hacía tanto ruido solo debía hacerlo por mis mayores para no preocuparlos. Recuerdo vívidamente una vez, aquella vez que ellas me llamaban, era extraño porque era de noche y ellas no solían llamarme de noche para jugar; todos se habían ido a dormir pues mañana era un día común de entre semana y yo me levanté de mi cama e ir de puntitas de pies por el pasillo para bajar las escaleras en silencio y seguir caminando con cautela para no despertar sospecha al resto de las personas del hogar. Al llegar a la puerta del fondo hacia el patio estiré mi mano para colocarla sobre el picaporte y poder abrir la puerta, las hadas me llamaban insistentemente, sus voces melodiosas y cantarinas resonaba en mis oídos invitándome a una especie de reunión especial, mi cuerpo se sentía adormecido y alegre, emocionado y a la vez despreocupado, era una extraña sensación de estar en un sueño lúcido del cual no quería despertar, pero una voz masculina me detuvo de lleno y que conocía; eso me asustó.
- Si quieres ir con ellas ve, pero ten en cuenta que esa no es la realidad. - aseguró Scott, yo me di vuelta nervioso para verlo parado en el extremo del corredor cruzado de brazos, serio e imponente.
- No iba a ir a ningún lado. - mentí para mirarlo desafiante.
- Arthur eres un mentirosillo. - me recriminó para caminar hasta mí lentamente, se agachó hasta mi altura y colocando una mano en mi hombro izquierdo me habló, aun asi me estaba dando miedo.
- Arthie, ya sé que pasa. Ese es un mundo al que no pertenecemos y sin embargo se nos invita porque somos especiales, pero no es la realidad. - dijo curiosamente amable como pocas veces podía serlo, como si eso fuera la cosa más seria del mundo y que como dije es que Scott siempre hablaba de cosas serias. - No puedo obligarte a elegir, tienes dos opciones: ir con ellas y vivir en un mundo ajeno al nuestro o vivir la realidad que te rodea.
Dijo muy solemne, casi como un buen discurso aunque para mi estaba diciendo un montón de boberías, no tenía sentido alguno para alguien como yo. Él se volvió a levantar y revolvió mis cabellos rubios para irse por donde vino; yo me quedé pensando en que quería decir, quieto con la mano sobre la manilla de la puerta hasta que la solté y muy confundido decidí volver a mi habitación para dormir y aunque siempre cuando fui más grande me pregunté que querían esa noche las hermosas mujeres del bosque no fui, prefería quedarme en la "realidad" porque mi realidad en ese momento era estar bajo la guardia de Scott, mi hermano, él lo era todo y para un niño de mi edad eso parecía lo mas correcto y sensato.

Aun asi seguí viendo a mis amigas bastantes años mas, años en los cuales aprendí grandes cosas al estar con ellas era un escape a todo lo que yo vivía, era un sueño hecho realidad estar con aquellas criaturas mágicas, aunque cuando cumplí 13 años comencé de a poco dejar de verlas, algo particularmente triste y angustioso ya que para mi eran mis únicas amigas. Las frecuencias de visitas fueron mermando cada vez mas drásticamente hasta que un día Ystad llegó a mí, recuerdo aun su sonrisa, su brazo con su mano de dedos largos y uñas filosas estirarse hasta donde yo estaba, acarició mi cabello y mi rostro para que con la otra mano abrió su puño dejándome ver un hermoso anillo de oro puro, tenía incrustaciones de plata con una gema de esmeralda en el medio, brillaba como nunca y ella lo colocó en mi dedo anular izquierdo; por último recuerdo que me dijo algo pero hasta el día de hoy no he podido recordar cuales eran sus palabras, fueran las que fueran seguro habrán sido muy bonitas, su manera de decirme adiós. Desde ese día empecé el largo camino hacia la cruda realidad adulta.

Estudié en una escuela secundaria y posteriormente en la universidad en la carrera de administraciones económicas, como recordarán ese era mi destino desde siempre y obviamente Scott fue quién se encargó de que yo tuviera todas las comodidades necesarias para que solo me dedicará a estudiar, cosa que agradecí siempre. Al graduarme y comenzar a trabajar con mi hermano en la empresa conocí a la que sería mi esposa, una hermosa mujer de cabellos rubios oscuros con los mejores ojos violetas extraños que vi en mi vida, casi era como recordar a una persona pero que no podía descifrar de quién; con ella tuvimos dos hijos mellizos, Alfred y Matthew.
Pasó algunos años hasta que Scott decidió dejar un poco de lado la empresa para dedicarse de vuelta a sus estudios, dejándome a mí a cargo enteramente de la empresa y como consecuencia tuve que mudarme con mi familia a la antigua casa donde vivía ya que Scott no las había dejado además que la central de la empresa se encontraba a media hora de la vivienda por lo cual era un aprovechamiento claro. Amandis, la vieja cocinera de la casa, estaba feliz de tenerme de vuelta en el hogar, alegre ahora de poder cuidar a mis hijos como lo hizo alguna vez conmigo y no solo eso sino que empezó a llevarse muy bien con mi esposa. Todo marchaba bien.
Había un momento luego del trabajo en la que iba a casa, saludaba a mi familia y me encerraba en la vieja biblioteca a escuchar música en ese viejo vinilo, bebiendo whisky cerrando mis ojos y solo dejando pasar el tiempo, era esa parte del día que podía disfrutar para mi, pero aquel día fue diferente. Francine, mi esposa, entró de golpe a la habitación, sentí sus pasos al mismo tiempo que yo abría los ojos y ella me contaba sumamente aterrorizada que los niños habían desaparecido, al verla pude ver su rostro de extrema preocupación y nerviosismo. Eso me dejó sorprendido, pero a la vez tan familiarmente lejano que no logré asociarlo del todo, pero me levanté rápido de mi sillón para empezar a buscar con ella y el demás personal doméstico a mis hijos pequeños.

Pasaron 3 días hasta que ellos aparecieron, sanos y salvos, mi esposa estaba llorando de felicidad mientras los revisaba continuamente aliviada de tenerlos consigo dándole mil y un beso a casa uno, aunque yo me fijaba mas en que se notaba que no estaban maltratados ni con ninguna carencia; eso me hizo pensar mucho en cosas que aún no lograba entender o recordar del todo. Los policías hicieron el mismo procedimiento de interrogatorio como me lo hicieron a mi hace ya 12 años atrás. La misma situación, las mismas preguntas, las mismas palabras. Ahora era yo quien había cambiado de posición de como ver las cosas.
- La hamadríades nos llevaron a pasear, fue divertido. - dijo Alfred quien no prestaba realmente atención a su alrededor, se lo veía curioso por otra cosa.
- Ystad nos dio agua cuando tuvimos sed y nos cantó una canción. - agregó Matthew.

Yo me quedé mirándolo fijamente a mi hijo mellizo mayor, en ese momento todo en mi cabeza se hizo un revoltijo, una punzada directa a la frente de golpe me acordé de ella, me acordé del bosque, del río, de los días que pasé junto a ellas.
- Matt, Al, díganle lo que se acuerden, nada más. - les dije mientras recordaba esas palabras de mi hermano Scott.

- Cuando estuvimos con ellas nos contaron cuentos y nos llevó al rio a jugar y tomar del agua - habló Matthew, enseguida los policías se rieron tal y como me pasó a mí.

- Wayne, esto es inútil, los niños no tienen idea de quienes lo secuestraron - dijo uno de ellos.

- Oye, espera hay un río cerca como a cinco kilómetros de aquí. El bosque se conecta con aquel. - casi como si fuera una muletilla de aquel otro policía años atrás volví a escuchar las mismas palabras.

Días después de aquel suceso esperé todas las noches que sucediera algo, algo que yo viví y presentía que sucedería de vuelta una vez más, debía hacerlo sea lo que sea debía estar atento que en cualquier momento pasaría; esa noche sucedió. Escuché pasos en el pasillo, muy bajitos, pero los escuché asi que me levanté de la cama con cuidado sin despertar a mi esposa, salí de la habitación y bajé las escaleras en silencio para ir hasta la puerta de atrás de casa donde allí vestidos con sus pijamas se encontraban mis pequeños hijos a punto de girar el picaporte, una vez más mi corazón comenzó a latir con fuerza. Sabía que debía decir y como una vez más.
- Alfred, Matthew. Vengan aquí. - los llamé, ellos obedecieron enseguida y me miraron muy tristes y algo lastimeros, seguro se sentían descubiertos en sus travesuras. Debía decir eso tal y como me dijo Scott aquella noche. - Sea lo que sea que elijan pueden hacer ambas cosas, si quieren ir con ellas pueden hacerlo y si quieren estar conmigo, con su madre... Pueden hacer la realidad a su manera, ustedes la manejan no necesitan elegir lo uno o lo otro, esto no es un mi color favorito es rojo o azul. Ustedes pueden elegir lo mejor de cada cosa para mejorarlo.

Terminé de decir algo confundido, eso no lo había dicho mi hermano; no. Pero me sentía bien, contento porque ellos no debían seguir mi camino, ellos podrían moldear su camino a su manera, cada uno siendo único sin dejar que los demás le digan que hacer, pero sin perder su esencia. Ese día los niños decidieron volver a dormir a su cama como yo lo hice cuando fui niño al tomar mis manos y seguirme de vuelta a las habitaciones.

Al día siguiente llamé a mi hermano, debía hacerlo ya que presentía que debía llamarlo sobre este curioso momento aunque tardó un tiempo en alzar el teléfono y contestarme, claro que se lo recriminé y el solo se rio, esa tonta risa grave burlona, seguro me había hecho esperar al propósito.
- Felicidades, por cierto. - me felicitó sin más.
- ¿Por qué? - pregunté confundido.
- No seguiste mis pasos, así como tus hijos no seguirán los tuyos. De eso se trata, de cambiar. Ystad seguro debe estar orgullosa de nosotros. - eso me confundió aún mas, yo nunca había dicho su nombre ni siquiera con lo de mis hijos. Volví a escuchar su estúpida risa de fanfarrón del otro lado de la línea. - Su mundo y nuestro mundo están más emparentados de lo que crees, solo tú decides tu destino y que quieres de cada cosa que te rodea. La vida es un aprendizaje Arthur y tu recién empiezas a comprender cuál es el futuro que quieres. Recuerda Arthur, somos especiales.
El colgó sin mas sin previo aviso, yo me quedé con el tubo del teléfono en mano sin lograr procesar lo que había pasado. Scott era serio y también sabio, tal vez más que todos en mi familia, también siempre decía la pura y absoluta verdad, ahora una nueva pregunta me carcomía por dentro, ¿Qué habrá elegido él a los 10 años?