Work Text:
Riddle no sabía en qué momento había terminado ahí.
Sentado en una de las bancas del jardín nocturno, con la espalda recta como siempre, las manos apretadas sobre sus rodillas y la garganta ardiendo por contener palabras que no debía decir.
Malleus estaba de pie frente a él, inmóvil, como si fuera parte del paisaje.
Sus ojos brillaban suavemente bajo la luz de la luna.
—No tienes que explicarlo todo de manera tan perfecta, Riddle —dijo con voz baja—. Puedes hablar como te salga.
—No es tan simple —respondió—.
Yo… no debería estar quejándome. Mi madre solo quiere que sea correcto. Que no cometa errores.
—Pero… —Su voz se quebró—. A veces siento que nunca es suficiente.
Malleus inclinó la cabeza apenas.
—Eso suena agotador.
—Lo es —admitió en un susurro tragando saliva—.
Siempre tengo que ser el mejor, el más correcto, el más educado. Si me equivoco… si muestro debilidad…
—Se detuvo, respirando hondo— Todo se desmorona.
Malleus no interrumpió.
Nunca lo hacía.
Riddle apretó los labios y, sin mirarlo, dejó escapar:
—De seguro tu madre es más comprensiva.
Las palabras salieron solas. Se arrepintió de inmediato.
El aire se volvió extraño.
Malleus no respondió.
Riddle levantó la vista, confundido.
—Malleus…?
Lo vio.
Sus ojos no brillaban igual.
No estaban fríos, pero había algo más profundo.
Antiguo.
Triste.
—Yo no conocí a mi madre —dijo.
Riddle sintió que el mundo se le caía encima.
—Yo… —Se levantó de golpe—
No quise decir eso, lo siento, yo no sabía, yo—
—Está bien, no importa eso ahora, importas tú —lo interrumpió Malleus con suavidad.
Pero no lo estaba.
Riddle lo veía en sus hombros tensos, en la forma en que sus manos se cerraban lentamente.
—Solo escuché historias —continuó Malleus—. Ecos. Personas como Lilia diciéndome cómo era… sin que yo pudiera comprobarlo jamás.
Riddle sintió el pecho arder.
—Yo me quejo de la mía —susurró— Y tú ni siquiera…
Malleus dio un paso hacia él.
—No compares tu dolor con el mío —dijo—. El sufrimiento no es una competencia.
Riddle temblaba.
—Pero yo fui insensible—
Malleus levantó una mano y la apoyó suavemente en su mejilla.
—No, fuiste honesto sin darte cuenta.
Riddle apretó los ojos.
—Yo daría cualquier cosa por que mi madre me escuchara —murmuró—
¿Por qué me mirara y me dijera que está bien fallar?
Malleus bajó la mirada.
—Y yo daría cualquier cosa por escuchar su voz una sola vez.
El silencio que siguió no fue incómodo.
Fue pesado.
Riddle sintió algo romperse dentro de él.
—Lo siento —dijo otra vez, esta vez con lágrimas en los ojos—. No quise herirte.—
Malleus dudó un segundo… y luego lo abrazó.
No fuerte.
No dramático.
Solo lo suficiente.
Riddle se quedó rígido al inicio.
Luego se derrumbó.
—No eres débil por querer comprensión —susurró Malleus cerca de su oído—. Y no eres incorrecto por sentirte cansado.
Riddle sollozó.
—Yo solo quiero… ser suficiente.
Malleus cerró los ojos.
—Lo eres. Incluso cuando fallas. Incluso cuando dudas. Incluso cuando te rompes.
Riddle se aferró a su uniforme como si fuera a desaparecer.
—Ojalá alguien te hubiera dicho eso a ti —murmuró.
Malleus no respondió.
Pero lo abrazó un poco más.
Riddle no se separó del abrazo.
No porque quisiera, sino porque no podía.
Sus dedos temblaban aferrados a la tela oscura del uniforme de Malleus, como si soltarlo significara caerse en pedazos ahí mismo.
—No es justo —murmuró entre sollozos—. Yo puedo verla… y aun así siento que no me escucha. Y tú… tú ni siquiera tuviste esa opción.
Malleus no respondió de inmediato.
Cuando lo hizo, su voz fue apenas un susurro:
—A veces… pienso que si la hubiera conocido… no importaría cómo fuera. Solo… habría querido existir para ella.
Riddle sintió que el corazón se le partía.
—Eso es… eso es horrible —dijo—. Nadie debería crecer sin saber si fue amado.
Malleus cerró los ojos.
—He sido amado —dijo—. Pero no por ella.
Riddle se quedó en silencio.
Porque entendió.
Entendió que no era lo mismo.
—Yo me paso la vida tratando de que mi madre me quiera más —dijo Riddle, con voz rota—.
Malleus apretó un poco más el abrazo.
—Y aun así —susurró—, tú sufres.
Riddle negó con la cabeza.
—No de la misma forma.
—No tiene que ser igual para ser válido —respondió Malleus.
Riddle se rió entre lágrimas.
—Siempre dices cosas así… como si supieras exactamente qué decir.
Malleus bajó la mirada.
—Aprendí a decirlas… porque nadie me las dijo a mí.
Eso fue lo que lo rompió.
Riddle se tapó la cara con una mano, temblando.
—Eso es tan injusto —dijo—. Tan cruel.
Malleus no respondió.
Pero por primera vez, su expresión… no era serena.
Era cansada.
—A veces —admitió— me pregunto si piensa que soy un hijo digno...
Riddle levantó la cabeza.
—Claro que lo eres.
—No lo sabes.
—Lo sabría —dijo Riddle con firmeza—. Porque alguien como tú no pasa desapercibido. Porque eres… bueno. Y amable. Y cuidadoso. Y… —Su voz se quebró— …porque mereces haber sido amado desde el inicio.
Malleus lo miró.
Y por primera vez… sus ojos parecían realmente jóvenes.
—Gracias —dijo.
Y no era una palabra ligera.
Riddle apoyó la frente contra su pecho.
—Ojalá pudiera prestarte a mi madre —dijo, con una risa triste—. Solo para que te prepare té… y te diga que comas bien… y te pregunte si dormiste suficiente.
Malleus sonrió apenas.
—Y yo te prestaría a alguien que te dijera que no tienes que ser perfecto.
Riddle cerró los ojos.
—Eso suena… bonito.
—Lo sería.
Se quedaron así.
Dos personas cargando dolores distintos… pero igual de pesados.
Pero el abrazo se volvía más cálido e incluso... somnoliento.
Y Malleus supo esto ya que... Riddle se quedó dormido sin darse cuenta.
No era algo que le pasara seguido. Siempre estaba alerta, siempre rígido, siempre pensando. Pero esta vez… el cansancio le ganó.
Malleus se dio cuenta cuando su respiración se volvió lenta y regular.
Lo sostuvo con cuidado, ajustando apenas su postura para que no se le entumiera el cuello. No lo despertó.
—Duermes como un niño —murmuró, casi con una sonrisa.
Riddle hizo un pequeño sonido, como si hubiera escuchado algo bonito en sueños, y se aferró un poco más a su capa.
Malleus se quedó quieto.
No porque tuviera que.
Sino porque quería.
Con una mano, apartó suavemente un mechón rojo de su frente. Riddle frunció el ceño un segundo… y luego se relajó otra vez.
—Nadie debería cargar tanto siendo tan pequeño —susurró Malleus.
El viento movía las hojas suavemente. Todo estaba en calma.
Malleus invocó un poco de magia para mantener el calor alrededor de ellos. No quería que Riddle se despertara con frío.
Después de un rato, Riddle murmuró algo dormido:
—No soy… insuficiente…
Malleus se quedó helado.
—No —respondió en voz baja—. No lo eres, eres más que suficiente para mí, Rosehearts.
Riddle sonrió dormido.
Malleus sintió algo raro en el pecho.
No era dolor.
Era… paz.
Por primera vez en mucho tiempo, no se sentía solo.
Y Riddle, por primera vez en mucho tiempo…
No estaba tratando de ser perfecto.
Solo estaba descansando.
Malleus decidió cargarlo y llevarlo al dormitorio suyo; eran más de las 12 y de seguro ya Trey y los otros estaban dormidos sin saber que su líder estaba afuera en este frío, con un príncipe que ellos encuentran "peligroso" y otro que lo sigue como simp por una foto.
Cuando Malleus logró colarse con un Riddle dormido, lo dejó en la cama y con magia cambió su ropa de líder a su pijama; se veía lindo.
Maldecía no saber usar un celular para tomar foto de esto y también porque no tendría manera de avisar que no llegaría a Diasomnia hoy; Sebek debe estar como loco.
Malleus también usó magia y cambió a sus pijamas; luego se subió a la cama con el pelirojo, le dio un beso en la frente y decidió acomodarlo y dormir juntos.
—Buenas noches, mi Rosa...
⋆.˚ ⛩️️ ⋅˚₊‧
Riddle despertó lentamente.
Primero fue el calor. Luego el sonido suave de respiración. Después… la sensación de que algo no estaba bien.
Abrió los ojos.
Y se dio cuenta de que estaba encima de Malleus.
Se quedó completamente rígido.
No se movió.
No respiró.
No pensó.
Entró en pánico silencioso.
¿CUÁNTO TIEMPO DORMÍ?
¿ME MOVÍ?
¿LE APOYÉ LA CABEZA?
¿¡LO ABRACÉ?!
Intentó incorporarse con cuidado extremo… pero Malleus habló:
—Buenos días, Riddle.
Murió.
Literalmente, murió.
—Y-Y-YO— ¡L-lo siento muchísimo! —se levantó de golpe—. ¡No debí—! ¡No quise—! ¡No fue mi intención dormir—! ¡¿T-TÚ QUÉ HACES AQUÍ Y NO EN DIASOMNIA?! ¡ESO ESTÁ CONTRA EL REGLAMENTO!
Malleus lo miró con calma.
Y sonrió.
Una sonrisa pequeña. Suave.
—Dormías —dijo—. No hiciste nada malo.
—Y vine a cuidarte.
Riddle estaba rojo hasta las orejas.
—¡Eso no es apropiado! ¡No es correcto! ¡Yo—!
—Riddle.
Se detuvo.
Malleus se sentó un poco más erguido.
—Te veías tranquilo.
Riddle parpadeó.
—¿…Qué?
—No fruncías el ceño. No estabas tenso. No estabas intentando demostrar nada. —Lo miró con ternura—. Solo estabas… tú.
Riddle no supo qué decir.
—Fue… agradable —añadió Malleus—. No recuerdo la última vez que alguien se sintió tan real a mi lado.
Riddle tragó saliva.
—Yo… no recuerdo la última vez que dormí sin tener pesadillas.
Malleus lo miró con sorpresa.
—¿Y dormiste bien?
Riddle asintió lentamente.
—Sí.
Se miraron.
Y algo se acomodó.
Malleus se puso de pie y extendió su brazo con su tela negra.
—Hace frío. Ven.
Riddle dudó.
Pero fue.
Se sentaron juntos, cubiertos por la tela oscura.
No se tocaban directamente.
Pero estaban cerca.
—Gracias —dijo Riddle en voz baja.
—¿Por qué?
—Por no hacerme sentir… raro.
Malleus lo miró.
—No eres raro.
Riddle sonrió apenas.
Una sonrisa pequeña.
Real.
—Malleus…?
—¿Sí?
—Me alegra haberte encontrado.
Malleus sintió el pecho apretarse.
—A mí también.
Y por primera vez…
Ambos se sintieron menos solos.
