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Español
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2026-01-13
Words:
30,558
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1/1
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Sombras y Redención: Más Alla del Control

Summary:

Advertencia: Desarrollado después de uno de los dos finales de Injustice 2.

Después de los devastadores eventos del régimen de Superman, Bruce Wayne queda atrapado bajo el control mental de Clark Kent. Junto a Damian, luchan no solo por sobrevivir, sino por recuperar la confianza y el amor que una vez los unió.

Work Text:

La Fortaleza de la Soledad era silenciosa, demasiado silenciosa para ser un hogar, las máquinas zumbaban con un ritmo casi respiratorio, mientras la figura de Batman permanecía de pie, inmóvil, con la mirada fija en el vacío. A simple vista parecía simplemente vigilante… pero no era él quien vigilaba.

Superman entró flotando apenas unos centímetros antes de dejar caer sus botas en el piso helado. Bruce giró hacia él de inmediato de forma obediente y con los músculos tensos bajo la armadura reparada.

—Bruce— murmuró Clark, acercándose hasta quedar lo suficientemente cerca para sentir el calor que desprendía —Relájate—

Los hombros del murciélago bajaron al instante, sus labios, que antes solían apretarse con terquedad, se suavizaron. Esa, era una visión que a Clark le provocaba un nudo extraño en la garganta, porque lo había ganado… pero también lo había perdido.

Clark levantó una mano y la apoyó en la mejilla de Bruce. La piel bajo el guante se volvió cálida, receptiva.

—Mírame—

Los ojos azules de Bruce se alzaron. No tenían el fuego habitual, pero seguían siendo hermosos, profundos, y cargados de una devoción que nunca antes habían dirigido a nadie.

—Dime qué necesitas que haga, Kal-El— susurró Bruce la voz grave y dócil, como si el propio tono buscara complacerlo.

Un temblor recorrió a Clark, pues aún no se acostumbraba a esas respuestas.

—Quiero que estés conmigo— dijo finalmente, con la voz hecha un hilo vulnerable entre el acero de su voluntad —Pero no como soldado, y tampoco como prisionero. Quiero que lo hagas como… como mi compañero—

Bruce parpadeó y su respiración se volvió más suave.

—Si eso deseas, estaré contigo—

Clark sintió el eco de la programación mental respondiendo en su propia cabeza, y, aun así, por un instante, apenas un instante, creyó ver algo más detrás de esa obediencia, creyó ver un acto voluntario, una aceptación profunda.

Superman dio un paso adelante, quedando pecho con pecho, Bruce no se movió, solo inclinó la cabeza para permitirle que se acercara más. El Kryptoniano deslizó sus dedos por la nuca del murciélago, reclamándolo.

—No mereces esto— susurró Clark, juntando su frente con la de él —Pero no puedo perderte otra vez—

—No me perderás— respondió Bruce con la voz baja y cálida en una forma extrañamente íntima —Estoy a tu lado, Kal—

El control mental zumbó suavemente, como un recordatorio constante… pero Clark eligió ignorarlo.

Lo acercó más a su cuerpo, Bruce apoyó las manos en el pecho de Superman, no para apartarlo, sino para mantenerse firme, como si estuviera acostumbrándose a un nuevo centro de gravedad.

—Bruce…— murmuró Superman y su voz se quebró —Yo te necesito—

—Y yo estoy aquí— dijo Bruce, devolviendo el contacto, inclinándose hacia la calidez que irradiaba el Kryptoniano.

Superman cerró los ojos.

Tal vez dominaba al mundo, pero este hombre… este hombre era su verdadera debilidad.

[-]

La noche en la nave de Brainiac era eterna; Clark revisaba unos paneles que ahora había modificado con cristales kryptonianos cuando escuchó pasos detrás. Sonaban firmes y calculados… pero no estaban en el ritmo que él había impuesto.

Clark giró de inmediato para ver a Bruce entrar con el ceño fruncido bajo la capucha, sus ojos estaban entrecerrados, como si tratara de enfocar algo invisible.

—Bruce, ¿qué pasa?— preguntó, flotando un par de centímetros para acercarse más rápido.

Batman lo miró fijamente por varios segundos, y entonces…

—¿Kal…?— susurró con una vacilación que jamás debía existir en su voz controlada.

Clark sintió un golpe helado en el pecho.

—Estoy aquí. Ven conmigo— indicó con suavidad, activando al mismo tiempo la señal mental que debía estabilizarlo.

Pero Bruce parpadeó y retrocedió medio paso.

—Yo…— su voz se quebró —Yo recuerdo… la pelea, a Brainiac, luego tú… tú me…— se llevó una mano a la frente empezando a respirar más rápido —¿Qué está pasando?—

Los ojos de Clark se abrieron por completo, Batman debería haber obedecido al instante, no tenía que cuestionar ni dudar, tampoco debería ser capaz de recordar.

Un pánico inesperado brotó en su garganta.

—Bruce, mírame— ordenó Superman, pero el tono tembló al final, apenas perceptible.

—¿Dónde estamos?— preguntó Batman, ignorándolo, intentando escanear la sala con una confusión casi infantil —Yo… recuerdo que me dejaste inconsciente. No debí… no debí despertar aquí. ¿Por qué…?—

—Bruce, basta— dijo Clark, acercándose con un movimiento instantáneo, casi desesperado.

Batman dio otro paso atrás, los sensores alienígenas reaccionaron a su inestabilidad mental, marcando patrones erráticos.

—Kal, ¿qué hiciste?— preguntó, mirándolo como si buscara una verdad terrible que estaba al alcance de su mano.

Clark lo tomó por los brazos antes de que pudiera retroceder más.

—No quería perderte— susurró con el rostro demasiado cerca y la voz tensa —No podía… Bruce, por favor, cálmate—

—Suéltame. Necesito pensar— dijo Batman, tratando de zafarse, pero Clark lo sostuvo con una suavidad desesperada, como si temiera que si lo liberaba, Bruce se rompería o quizá desaparecería entre sus dedos.

—No. Dime qué recuerdas exactamente— pidió Clark, sintiendo como su respiración se aceleraba.

Bruce frunció el ceño, esta vez no por confusión, sino por dolor.

—Recuerdo que intenté razonar contigo…— sus ojos confundidos buscaron los de Clark —Y luego hubo un golpe, luz… después nada. Kal… ¿qué me hiciste?—

El control mental volvió a temblar, como un cristal a punto de quebrarse.

—Intenté salvarnos a ambos— murmuró Clark, desesperado de una forma que jamás habría admitido —No debía afectarte así. No… no debía fallar—

Bruce respiraba con dificultad, igual a un tambor roto, y Clark podía escucharlo.

—Bruce, mírame. Por favor— rogó esta vez, y los ojos azules de Batman se alzaron hacia él.

Los ojos del murciélago estaban llenos de miedo y de algo que Clark no estaba preparado para enfrentar.

Libre albedrío.

—Kal… estoy asustado — susurró Bruce.

Superman se quedó helado. Ni la guerra, ni la muerte, ni la traición lo habían afectado tanto como esas tres palabras.

—No— murmuró, llevándose una mano al rostro, como si lo que veía le doliera físicamente —No… Bruce, no tengas miedo de mí. Tú no—

Pero Bruce ya estaba respirando más y más rápido, cada inhalación era más rápida y cada exhalación, más corta. Clark lo mantenía sujeto por los brazos, pero no apretaba, lo sostenía como si fuera una llama que podía apagarse con cualquier movimiento brusco.

—Bruce, mírame— dijo con la voz rota.

Batman levantó la vista, sus ojos azules temblaban con un miedo contenido que Clark jamás había visto dirigido hacia él.

—¿Qué… me hiciste?— susurró nuevamente Bruce.

Clark cerró los ojos un instante, y cuando los abrió, el peso del universo parecía haber caído sobre sus hombros.

—No quiero que tengas miedo— murmuró —No tú. Nunca tú—

Bruce tragó saliva, intentando calmar su respiración, pero el pánico seguía ahí, visible incluso en la tensión de su mandíbula.

Superman inspiró profundamente, como si fuera a arrancarse algo de dentro con lo que estaba por decir.

—Bruce…— susurró —Yo te controlé—

No hubo reacción inmediata, Batman parpadeó manteniéndose en silencio, ante eso, Clark continuó, temblando apenas perceptiblemente.

—Te lo diré todo. Todo, aunque me odies, aunque… aunque nunca vuelvas a verme igual— agregó, bajando la mirada solo un segundo antes de volver a encontrar los ojos de Bruce —No podía perderte. No de nuevo. No después de Lois, después de perderme a mí mismo, después de que tú… siguieras ahí incluso cuando no lo merecía—

Bruce no hablaba, solo escuchaba estando confundido y herido.

El Hombre de Acero respiró hondo y la confesión salió como un puñetazo.

—Usé la tecnología de Brainiac, la modifiqué, la combiné con lentes kryptonianas porque pensé… pensé que sería temporal. Todo lo que quería era impedir que lucharas, y funcionó demasiado bien. Tú… tú dejaste de resistirte, dejaste de pelear. Y yo…— su voz se quebró un poco, casi imperceptible —Yo aproveché ese silencio. Ese… descanso—

Bruce entrecerró los ojos, como si intentara reconstruir piezas sueltas.

—¿Clark… me robaste la voluntad?— preguntó, en un hilo casi inaudible.

Superman inclinó la frente hasta casi tocar la de él.

—Sí— dijo sin tener donde esconderse.

La palabra cayó con el peso de un planeta, Bruce inspiró bruscamente sintiendo un escalofrío recorrerle el cuerpo.

—No debí hacerlo— continuó Clark, apretando los dedos en los brazos del murciélago, pero sin llegar a dañarlo —No debía siquiera pensarlo, pero tú… eras lo único que me quedaba, eras la única persona que aún me miraba y me veía de verdad. Y cuando te alejaste, cuando me dijiste que estaba perdido… yo… yo colapsé, Bruce—

Un temblor recorrió a Clark y fue devastador.

—Prefería que el mundo me odiara, pero no podía soportar que tú también lo hicieras. Así que sí, te controlé., porque necesitaba que estuvieras aquí, conmigo. Porque perderte… —traga duro, siendo sincero —Perderte habría terminado de matarme—

Bruce lo observó, aturdido, no sabía qué parte lo golpeaba más, si la traición, la confesión… o la vulnerabilidad cruda en los ojos del Kryptoniano.

—Kal…— susurró, aun respirando con dificultad —Me quitaste algo que no me puedes devolver—

Clark cerró los ojos, como si ese golpe lo atravesara.

—Lo sé— murmuró —Y si lo pides… lo romperé. El control, las lentes… todo. Aunque me odies. Aunque te vayas. Solo…— lo miró, rogándole sin orgullo alguno —Solo no tengas miedo de mí. No lo soportaría—

Bruce tembló sin posibilidad o fuerzas para atacar o huir, pero su voz… su voz sí se quebró.

—No sé qué sentir— admitió, casi infantil, casi humano.

Clark tomo aire de golpe, como si esas palabras fueran más de lo que esperaba recibir.

—Está bien— susurró, acariciando con el pulgar el borde de la armadura en su brazo —Siente lo que debas. Yo… yo estaré aquí. No voy a tocar tu mente otra vez. Lo juro.

Inseguro y vulnerable, Bruce lo miró.

La confesión quedó suspendida entre ambos como un cristal a punto de caer. Batman aún respiraba demasiado rápido, sus manos temblaban en un intento por recuperar equilibrio mental. Clark lo sostenía con cuidado con su frente casi tocando la de él.

—Estoy aquí— murmuró —No voy a dejarte solo en esto—

Bruce abrió la boca para responder, pero su respiración se cortó, en un segundo se había vuelto demasiado uniforme, demasiado precisa.

Un sonido salió de los sensores.

—No…— susurró Clark, retrocediendo medio paso —No, no, no—

Los ojos de Bruce se desenfocaron por un instante, sus pupilas se contrajeron… y una luz morada mínima, casi imperceptible, cruzó sus iris.

La señal de que el control mental había vuelto a tomar su mente, se había activado sola, era un modo de seguridad diseñado para activarse cuando Bruce entrara en shock.

—Kal…— intentó decir Batman, pero la palabra se deshizo en el aire.

La tensión de su cuerpo se apagó, su postura cambió, sus hombros bajaron y su expresión se volvió neutral, dócil, obediente.

Una obediencia que Clark no había pedido en ese momento, y era por eso que ahora lo aterrorizaba.

—¡Bruce!— gritó Clark, tomándolo de los brazos —No, mírame, lucha Bruce, por favor—

Pero Batman levantó la vista despacio, con movimientos muy suaves y casi antinaturales.

—Estoy aquí— dijo su voz, pero no era la Bruce, era la versión controlada y vacía —¿Qué deseas que haga, Kal-El?—

A Clark se le quebró la respiración.

—No. ¡No!— Su voz tembló, un sonido que jamás habría permitido que nadie escuchara —Yo no te ordené esto, ya no quiero esto. ¡Bruce, regresa!—

El murciélago inclinó la cabeza, confundido por la intensidad del tono, pero sin emoción real en los ojos.

—Tu bienestar emocional muestra signos de desequilibrio— dijo la voz programada —Mi función es estabilizarte—

Fue cuando Clark sintió algo dentro de él romperse de forma irreparable.

—Eso no haces tú— susurró, negando con la cabeza —Eso no… tú no me estabilizas así. ¡Tú me contradices, me enfrentas, me gritas! Tú…—

El temblor en sus manos aumentó mientras sostenía el rostro de Batman.

—Tú eres mi igual. No esto. ¡No esto!—

La barrera mental respondió con un pulso suave cuando Bruce volvió a hablar de forma mecánica.

—Mi seguridad emocional y física depende de tu estabilidad. No debo permitir que te alteres—

Clark retrocedió un par de pasos como si lo hubieran golpeado.

—Dios… ¿qué hice?— susurró, llevándose las manos al cabello, desesperado —Lo dejé instalado… Dejé esa maldita función y ahora está tomando el control por sí sola. Bruce, por favor… despierta. ¡Despierta!—

Temblando, extendió la mano hacia él.

—Bruce… necesito que seas tú. Por favor—

La voz de Batman respondió sin emoción:

—Estoy aquí contigo. Siempre contigo—

Clark apretó los ojos con fuerza, esas eran las palabras exactas que Bruce había dicho antes, eran las palabras que Clark había querido escuchar. Pero ahora estaban vacías, muertas.

—Esto no— susurró —Esto… no—

Dio un paso hacia él, lo rodeó con los brazos y lo sostuvo contra su pecho. No por necesidad física, sino por desesperación emocional.

—Bruce, regresa a mí— murmuró contra su cabello —Por favor… regresa—

Batman seguía inmóvil entre los brazos del Kryptoniano con la mirada perdida en esa obediencia artificial que no pertenecía a un hombre como él, pero algo se agitaba en su respiración, un leve tirón en el pecho, una grieta que no se debía al control sino a un pensamiento que intentaba abrirse paso mientras Clark lo sostenía con desesperación.

—Bruce… por favor. Vuelve conmigo— murmuró con sus labios rozando la frente de él.

Y ese contacto, esa caricia suave y familiar fue lo que activó el recuerdo.

La pupila de Bruce tembló. Luego… La nave desapareció.

Y las imágenes de un tiempo que ya no existía se formaron en su mente.

{-}

La Baticueva estaba en penumbra, el murmullo de las computadoras bailaba en el aire, Bruce estaba de pie junto a la consola, la máscara puesta en la mesa, tenía el cabello húmedo por sudor y por la lluvia de Gotham.

Clark descendió de una ventana lateral con la capa aun goteando.

—Llegas tarde— dijo Bruce, sin girarse, con ese tono áspero que usaba cuando estaba preocupado.

—Me entretuve salvando un barco lleno de turistas. Detalles— respondió Clark con una sonrisa, acercándose con pasos silenciosos.

Bruce soltó un suspiro irritado… pero cuando Clark llegó a su espalda y lo abrazó por la cintura, el murciélago se derritió lo suficiente para dejar caer la cabeza al hombro del Kryptoniano.

—Tenías que haberme avisado— murmuró Bruce, cerrando los ojos.

—Si te mando un mensaje, lo ignoras, si te llamo lo bloqueas. A veces pienso que estás tratando de evitarme—

—Estoy tratando de evitar que dejes pistas por todas partes y dar señales de que estamos juntos— gruñó Bruce, pero apoyó una mano sobre la de Clark en su abdomen.

Superman sonrió contra su cuello.

—No tenemos que ocultarlo para siempre—

Bruce se tensó un segundo… luego se giró en sus brazos, mirándolo con esa mezcla de dureza y vulnerabilidad que solo Clark conocía.

—Clark… no entiendes. Si el mundo sabe, si tus enemigos saben…— bajó la mirada, la voz bajando hasta un susurro —Yo no tengo tu piel invulnerable y no soportaría que usaran esto contra ti—

Clark tomó su rostro con ambas manos.

—Nunca permitiré que te pase nada. Nunca—

—Eso no es una promesa que puedas hacer— contestó Bruce, sus ojos oscuros brillando como si le doliera amar.

Clark lo acercó más, apoyando su frente en la suya.

—Entonces hagamos una promesa que sí podamos cumplir— dijo de forma suave —Pase lo que pase, nunca vamos a abandonarnos el uno al otro—

Bruce exhaló, derrotado por la sinceridad de esos ojos azules.

—Te lo prometo— susurró —Siempre volveré contigo—

Clark sonrió con ese gesto suave que nadie más veía.

—Y yo contigo, Bruce. Siempre—

Sus labios se encontraron en un beso oculto bajo la tierra, era silencioso, firme y lleno de un amor que jamás se permitirían en la luz del día.

{-}

El recuerdo golpeó la mente de Bruce como un rayo, provocando que su cuerpo temblara de manera violenta en brazos de Clark.

—¡Bruce!— exclamó Superman, sintiendo el espasmo, sujetándolo con firmeza —¿Qué pasa? ¡Respira!—

Los ojos de Batman se abrieron de golpe, pero esta vez… no estaban vacíos, estaban llenos de dolor, de confusión, pero sobre todo, estaban llenos de memorias.

—Clark…— susurró con la voz quebrada —¿Por qué… rompiste… nuestra promesa?—

Clark sintió como si lo hubieran atravesado con kryptonita, y su mundo se detuvo.

—No… no fue así, Bruce… yo…— tartamudeo sintiendo como su máscara de invulnerabilidad se hacía añicos —Yo pensé que te perdía. Yo pensé que ya no me verías jamás como… como lo hiciste entonces—

Bruce respiraba entrecortado, luchando entre la programación y el amor enterrado, la grieta ya no era pequeña, se estaba haciendo una fractura profunda.

Y por primera vez desde que tomó el control… Clark sintió miedo de verdad, pero no de perder a Batman.

Sino de perder a Bruce, el hombre al que había amado mucho antes de que el mundo se rompiera.

El cuerpo del murciélago tembló en brazos del Kryptoniano, por tratar de aferrarse al recuerdo. Pero la programación que estaba diseñada para protegerlo del shock, volvió a encenderse sin permiso.

Sus pupilas se estrecharon, los músculos se relajaron y su expresión se volvió dócil.

—Estoy aquí para mantenerte estable, Kal-El— dijo Bruce, con la voz plana.

Clark tragó saliva, con un temblor visible en las manos.

—No. Otra vez no— susurró, desesperado.

Pero antes de que pudiera intentar algo, la puerta principal de la nave resonó con un eco grave.

Diana avanzó con la seguridad de una guerrera que no teme a nada. La armadura relucía, el lazo a su cintura brillaba con energía divina. Sus pasos eran firmes, seguros. Había venido con un propósito claro… y personal.

—Kal— dijo Wonder Woman, con una sonrisa cargada de un fuego que no tenía nada de gentil —He venido para continuar donde lo dejamos—

Clark palideció, el cuerpo de Bruce, bajo el control, simplemente giró al sonido sin ningún tipo de juicio o emoción.

Al verlo, la expresión de Diana se transformó al instante, cambio de deseo a fastidio, y luego a furia.

—¿Qué hace él aquí?— preguntó con la voz tensa como una cuerda a punto de romperse.

Clark dio un paso frente a Bruce, casi instintivo, como si temiera que Diana pudiera lastimarlo al verlo tan vulnerable.

—Diana, no es un buen momento— dijo Superman, tratando de controlar la urgencia en su voz.

Wonder Woman entrecerró los ojos.

—Siempre te dije que lo eliminaras del camino— dijo, avanzando con fuerza —Solo trae conflicto, duda… y debilidad—

—No hables así de él— respondió Clark, la voz oscureciéndose un grado.

Bruce, obediente, dio un paso hacia Clark y apoyó una mano en su antebrazo.

—Tu estabilidad emocional está en peligro— dijo Bruce de forma robótica —Necesito permanecer a tu lado—

Diana apretó los dientes al escuchar esa frase sin alma saliendo de su boca.

—¿Lo estás usando otra vez?— preguntó afilando la mirada —¿De verdad sigues atado a este mortal frágil? Kal, pensaba que habíamos pasado esa etapa—

Clark sintió que cada palabra se clavaba en él como hielo.

—No es asunto tuyo— dijo firme.

Wonder Woman dio otro paso, quedando tan cerca que la tensión entre ellos hizo temblar el aire.

—Yo soy tu aliada, soy la única que aceptó lo que debía hacerse, fui la única dispuesta a gobernar a tu lado. Y vine porque tú mismo me dijiste que necesitabas compañía. Pasión— Lo miró intensamente —Me dijiste que estabas cansado de debilidades humanas—

Clark apretó los puños —No hablé en serio— murmuró.

—¿Y él?— Diana señaló a Bruce con desprecio —¿Por qué lo mantienes aquí? ¿Por qué no lo eliminas, si sabes que siempre será un problema?—

Bruce se quedó completamente inmóvil sin reaccionar en absoluto, pues no tenía permiso para hacerlo.

Y eso pareció enfurecer aún más a Diana.

—Lo convertiste en una sombra de lo que era— dijo, caminando a su alrededor como si inspeccionara un arma defectuosa —Ya ni siquiera vale la pena conservarlo así—

Clark dio un paso adelante, interponiéndose otra vez entre ella y Bruce.

—No vuelvas a hablar de él así— dijo con voz baja y peligrosa.

Diana lo observó con una mezcla de incredulidad y celos encendidos.

—Kal… no puedes estar enamorado de esa… carcasa— escupió.

Los ojos de Clark brillaron con una furia roja reptando bajo la piel.

—No te atrevas…—

Bruce, obediente a la programación, habló de inmediato.

—Tu presión arterial ha aumentado. Mi presencia es necesaria para estabilizarte—

Diana soltó una risa amarga.

—Mírate, te estás quebrando por él. De nuevo—

Clark cerró los ojos, dolorido por dentro.

—Diana, vete— ordenó, sin elevar mucho la voz.

Pero ella no se movió.

—No. Porque sé que si él sigue aquí… tú nunca serás el líder que el mundo necesita. Eres demasiado débil cuando se trata de él. Siempre lo fuiste—

Bruce dio un paso adelante, como activado por la necesidad de calmarlo.

—Estoy aquí, Kal-El. Tu estabilidad es mi prioridad—

Diana lo miró con asco puro.

—Esto es patético —sentenció.

La tensión entre Clark y Diana era tan densa que parecía congelar el aire. Bruce, que bajo el control mental se mantenía quieto y obediente… muy dentro suyo, algo volvía a vibrar.

Un murmullo débil, un eco olvidado, quizá un dolor antiguo, que golpeaba la barrera de programación como un puño ensangrentado.

Y entonces ocurrió.

El cuerpo de Bruce tembló ligeramente, la vista se desenfocó, y la nave de Brainiac desapareció frente a sus ojos

{Años atrás en la azotea del Daily Planet}

El viento de Metrópolis levantaba la capa roja de Superman como una bandera trágica. Bruce estaba de pie frente a él, con el traje de Batman puesto, pero sin casco puesto, tenía el rostro serio… pero sus ojos revelaban la vulnerabilidad que sentía en ese momento.

Clark no podía mirarlo a los ojos.

—Bruce… tenemos que hablar— dijo con la voz tensa, como si cada palabra lo desgarrara.

Batman ya entendía, pero Bruce… Bruce no.

—Dilo— pidió apretando los dedos contra el barandal de la azotea —Lo que sea, dímelo—

Clark tragó saliva. La mirada azul temblaba.

—Esto… lo nuestro… no puede seguir—

Bruce se congeló.

—¿Qué?— preguntó con incredulidad tenue —Clark, no entiendo. Si hice algo…—

—No hiciste nada— respondió rápidamente —Tú nunca haces “algo”. Tú siempre… eres más de lo que merezco—

Bruce frunció el ceño, confundido y herido.

—Entonces, ¿por qué?—

Clark se acercó, pero no lo tocó porque estaba ocupado manteniendo sus manos cerradas en puños.

—El mundo no entendería esto— soltó con una firmeza forzada —No está listo para… para vernos juntos. Para aceptar que tú y yo…—

Bruce lo miró con un dolor que lo atravesaba vivo.

—¿Te preocupa lo que diga el mundo… o lo que diga ella?— susurró sin resentimiento, solo con una frialdad devastada.

Clark cerró los ojos con fuerza.

—Tengo una vida con Lois— murmuró —Y tú… tú no puedes ser parte de eso—

Un silencio frio y enorme se formó entre ellos.

—Entiendo— dijo Bruce al fin, la voz tan baja que el viento casi se la llevó —Está bien. Si es tu decisión… la respeto—

Clark abrió los ojos para por fin verlo. Había lágrimas brillando, reflejando las luces de la ciudad.

—Bruce…—

—No. No digas nada más— interrumpió con la mandíbula apretada para contener algo mucho más grande —Vamos a seguir trabajando juntos. Podemos… podemos ser amigos— decir esa palabra lo destruyó por dentro —Está bien—

Clark dio un paso hacia él, como si quisiera tocarlo, como si quisiera arrepentirse, pero Bruce retrocedió.

—Vete, Kal— pidió, con una dignidad rota —Por favor—

Y Superman lo hizo. La capa roja se elevó y desapareció en el cielo.

Cuando se fue… Bruce por primera vez en años apoyó una mano contra su propio pecho, porque sentía que algo dentro se le estaba quebrando físicamente.

{-}

El recuerdo cayó sobre Bruce con el peso de un meteorito provocando que un jadeo escapara de sus labios.

La realidad volvió de golpe, la nave, Clark frente a él, Diana observándolos con desprecio.

Bruce tembló, sus ojos parpadearon, y el control mental se agitó como un sistema colapsando.

—Kal…— susurró Bruce, con una mezcla aterradora entre obediencia y dolor real —Tú… tú me dejaste. Dijiste que… dijiste que era mejor… que… que nadie entendería…—

Clark quedó petrificado.

—Bruce— dijo con voz suave y quebrada —Yo…—

Bruce se llevó una mano al pecho, como en aquella azotea.

—¿Por qué… regresaste por mí… si me dejaste ir…?— susurró, su voz temblorosa se mezclaba con un tono robótico cada vez que la programación intervenía —¿Qué… qué quieres de mí… ahora?—

Diana abrió los ojos, sorprendida por el quiebre emocional.

—¿Qué demonios…?— susurró, realmente confundida.

Superman dio un paso hacia Bruce, con lágrimas ardiendo en los bordes de su mirada.

—Porque siempre te amé— susurró, sin poder contenerlo ya —Y dejarte atrás fue el mayor error de mi vida—

El cuerpo de Bruce tembló aún más, la programación intentaba reinstalarse.

Y en medio de ese caos… Diana miraba todo con una furia creciente.

La respiración de Batman se corta, el mundo se inclina, las dos voces, la suya propia y la programada, chocan como placas tectónicas dentro de su cabeza.

Bruce se lleva ambas manos a las sienes, tambaleándose, hasta que sus rodillas golpean el suelo.

—No… no…— murmura, pero su voz se divide en dos tonos, como si hablara en eco consigo mismo.

La voz real estaba rota, perdida, recordando el día en que Clark lo dejó para ser “lo correcto”. Mientras que la voz implantada era suave, obediente e insistente, repitiendo que debe someterse, que debe callar, que Kal-El es seguridad, es hogar, es orden.

—Bruce— Clark da un paso adelante, temblando —No. No, no, no, por favor… mírame—

Bruce levanta la mirada, pero sus ojos no enfocan; van y vienen, atrapados entre dos realidades.

—Tú…— la voz real tiembla —tú me dejaste. Dijiste que… Los humanos primero. Lois primero. Tú después—

La voz programada responde por encima, opacándolo.

—Mi deber es contigo, Kal-El. Siempre contigo. Protegerte. Obedecerte. Amarte—

Clark se quiebra.

—No. Eso no eres tú…— su voz sale en un hilo desesperado —Bruce… estás mezclando recuerdos con comandos. Esto no debería… joder, no debería hacerte daño así—

Bruce relaja los hombros un segundo, pero la tensión vuelve con más fuerza. Las manos le tiemblan. Sus labios se separan en un gesto casi de dolor físico.

—No sé qué… sentir. No sé… qué voz… soy— jadea —Clark… ¿qué me hiciste?—

Es un susurro tan pequeño, tan humano, que corta al Hombre de Acero en dos.

—Cometí un error, el peor de mi vida. Y estoy…— traga saliva, dando un paso más —Estoy intentando arreglarlo, Bruce, pero no sé cómo… no sé si tú quieres que lo arregle… o si solo quieres alejarte de mí—

Bruce ríe, una risa rota, ahogada, histérica.

—No puedo alejarme— la voz programada responde al instante —No tengo permiso—

Clark deja de respirar.

—Basta. Basta, basta— Kal se arrodilla frente a él, sin tocarlo por miedo a desatar otro comando —El control… está prendiéndose solo. Debe estar reaccionando al estrés, está tratando de “protegerte” de mí—

Bruce levanta el rostro, empapado en sudor, tenía la mirada perdida entre amor, miedo, confusión y esa obediencia artificial que no pertenece a nadie.

—Clark… no quiero… perderme otra vez…—

—No vas a perderte— Clark aprieta los puños con un temblor visible —Te lo juro. No voy a dejar que esa mierda te trague. Te voy a recuperar, aunque tengas que… odiarme por ello—

Bruce tiembla, su respiración se rompe en un sollozo silencioso.

—Entonces sácame…— susurra la voz real —Sácame de aquí…—

Y por primera vez en mucho tiempo, Kal-El siente auténtico pánico.

Porque no sabe si al hacerlo, Bruce seguirá amándolo, o si jamás volverá a ver esa mirada dirigida hacia él sin miedo.

La tensión en la habitación cambia en un latido, Bruce, todavía de rodillas, no lo percibe… Pero Clark sí.

Diana, que hasta ese momento había permanecido detrás, observando el colapso mental con el ceño fruncido, da un solo paso silencioso pero decidido.

En su mirada hay un brillo helado, un obstáculo ha quedado vulnerable.

—Kal— dice con voz grave —Va a romperse. Y tú no puedes permitirte cargar con un lastre—

Bruce ni siquiera alcanza a reaccionar; su respiración está en desorden, demasiado atrapado en la lucha interna.

Diana abre la mano, la hoja de su espada responde con un destello y la levanta, lista para un golpe limpio, rápido y definitivo.

—Es misericordia, Clark— afirma, avanzando otro paso —Él nunca quiso estar de tu lado. Y ahora está… roto—

Clark no piensa, no razona, solo se mueve.

Un estallido sónico revienta el aire cuando su mano envuelve el filo de la espada justo antes de que caiga, la hoja chirría, intentando avanzar, pero queda atrapada en su agarre.

Diana arquea una ceja, sorprendida por la ferocidad en su mirada.

—No— La voz de Clark es un gruñido casi animal —No lo toques—

Bruce levanta apenas la cabeza, confundido por el sonido, pero el control vuelve a tirar de él hacia abajo, temblando.

Diana flexiona la muñeca, intentando retirar la espada, pero no puede.

—Kal-El, estás actuando por emoción— le advierte —Él amenaza tu estabilidad. Tu causa. Lo mejor es eliminarlo ahora, mientras ni siquiera puede defenderse—

—Él no es una amenaza— Clark inclina el rostro hacia ella, sus ojos arden en advertencia —Él es mi compañero—

—Fue tu compañero— corrige Diana, con dureza —Ahora es una grieta. Y por esa grieta puede derrumbarlo todo—

Clark estrecha el agarre aún más, el metal empieza a deformarse bajo sus dedos.

—Suéltala, Diana—

—No puedo. Tú eres el líder del Régimen, pero no puedo dejar que tu corazón te nuble— La amazona fija la mirada en Bruce, como observando un animal herido —Si lo dejas vivir, te destruirá, quizá no hoy, pero lo hará—

El aire se llena de un silencio denso, tenso y letal cuando Bruce apenas consciente susurra.

—Clark…—

El mencionado no lo escucha. O tal vez lo escucha demasiado, porque su expresión cambia, se endurece, y por un segundo parece más Kal-El que Clark Kent.

Con un movimiento brusco, aparta la espada y empuja a Diana varios metros hacia atrás. No la hiere… pero la advierte sin palabras.

—Te lo digo una sola vez— dice en un tono que hace temblar el piso —No vuelvas a intentar ponerle un dedo encima—

Diana se incorpora, respirando hondo, clavando su mirada en él.

—Entonces asume las consecuencias— escupe, guardando la espada —Porque tu debilidad será su fin. Y quizá también el tuyo—

Y se retira, furiosa.

Bruce, tembloroso, intenta levantar la mirada hacia Kal.

—¿Por… qué…?— susurra, jadeando —¿Por qué no la dejaste…?

Clark se arrodilla de nuevo frente a él, pero esta vez sin tocarlo, como si Bruce fuera vidrio a punto de romperse.

—Porque tú…— su voz se quiebra —Tú no eres desechable—

La respiración de Bruce se detiene un segundo, el control mental oscila, su yo real lucha por salir, intenta levantar la cabeza, pero sus músculos fallan; las dos voces dentro de él chocan como olas en tormenta.

Clark se acerca un poco más, sin tocarlo todavía.

—Bruce…— suaviza la voz, tratando de no disparar ningún comando —Estoy aquí. Háblame, por favor—

Bruce aprieta los ojos con fuerza, buscando un punto fijo, algo que sea él, hasta que logra habar con un hilo de voz.

—Tú… tú dijiste que… que sería mejor que… que Lois…— sus palabras se cortan, la voz real intenta flotar.

Clark se tensa pues ese recuerdo vuelve como un puñal.

Bruce continúa, pero la voz programada lo interrumpe con frases superpuestas —Debo obedecerte… No quiero… Mi misión es protegerte… Tú me dijiste que no… no era suficiente… Tu orden es prioridad… Me dejaste—

Clark se queda inmóvil, cada palabra duele, cada fragmento de verdad y de programación se mezcla hasta volverse irreconocible.

—Bruce… yo nunca quise…— intenta decir, pero Bruce lo corta, con la voz más humana que ha mostrado desde que despertó.

Yo sí te amaba

Clark siente que el piso se abre bajo él, ese no era un recuerdo programado, no era obediencia, era la voz real, esa fue una confesión arrancada del fondo de un dolor que nunca sanó.

—Bruce…— Clark apenas puede respirar —No… no sabía que…—

Pero no termina ahí, las palabras le salen entrecortadas, casi como un sollozo.

—Te amaba… incluso cuando me dejaste, incluso cuando dijiste que era “por el mundo”. Y ahora… ahora no sé si… si soy yo o si soy… lo que tú hiciste—

Clark cierra los ojos, como si cada sílaba fuera un golpe directo al pecho.

—No eres lo que yo hice— dice con un temblor desgarrador —Tú eres tú Bruce… Tú eres tú.

Bruce intenta enfocar su mirada en él.

—¿Entonces… por qué todavía… siento…? ¿Por qué todavía… te quiero…? ¿Es real… o es… el control…?—

El control mental reacciona al conflicto emocional, provocando que sus pupilas se dilaten, que sus labios tiemblen, y la voz programada intenta imponerse otra vez.

—Te amo, Kal-El. Estoy contigo. Solo contigo—

Bruce gime de dolor, presionando las manos contra el suelo.

—¡No…! Esa voz… no soy… yo…—

Clark ya no puede contenerse y lo toma por los hombros, pero con cuidado, con miedo de romperlo.

—Bruce, mírame. Lo que sientes no es programación. Lo que dijiste… yo nunca podría haberlo obligado. Tú…—

Bruce abre la boca para responder algo más, algo que parecía importante, urgente. Pero de pronto sus ojos se ponen vidriosos, las pupilas tiemblan… Y el cuerpo se desploma hacia adelante.

—Bruce… ¿Bruce?—

Clark lo sostiene antes de que golpee el suelo, atrapándolo entre sus brazos.

—No, no, no— murmura Clark con la voz hecha pedazos —No te vayas… no así… por favor… mírame, Bruce…—

Pero Bruce ya no responde, su respiración continua, pero es débil, su cuerpo tiembla, agotado por el conflicto mental, está inconsciente.

Clark aprieta los dientes cuando su corazón golpea con fuerza imposible su pecho.

—No voy a perderte— susurra, pegando su frente a la de Bruce —No esta vez. No así. Lo juro—

Carga el cuerpo de Bruce hasta recostarlo sobre una camilla improvisada en la nave de Brainiac, al instante es rodeado de pantallas, sensores y algoritmos ahora kryptonianos que analizan la intrusión mental.

Cada lectura es peor que la anterior.

Desactivar el control podría borrar recuerdos.
Podría fragmentar su identidad.
Podría matarlo.

Clark aprieta los dientes, apoyando una mano sobre el borde metálico mientras observa a Bruce, tan quieto que parece dormido… pero no lo está. Está atrapado, y esta sufriendo.

—¿Qué te hice…?— susurra Clark hasta que la puerta de la nave se abre sin aviso.

—¿Y ahora qué tragedia tenemos?— resuena una voz joven, afilada, cargada de sarcasmo.

Damian Wayne cruza el umbral con las manos en los bolsillos, mirando alrededor con desinterés hasta que sus ojos se posan en su padre.

—Tch— Frunce el ceño —¿Está… durmiendo?—

Clark no responde ni mueve un músculo.

Damian da un paso más cerca, examinando a Bruce con un gesto entre irritación y desconcierto.

—Increíble. Incluso cuando el mundo se derrumba, tú te das el lujo de tomarte una siesta— murmura, sin filtro —Tal vez si no fueras tan intolerante, esto no pasaría—

Clark cierra los ojos y respira hondo para no hablar, no es el momento.

Pero Damian sigue, como si fuera incapaz de detener la avalancha de veneno que siempre dispara cuando se siente vulnerable.

—No deberías verlo así Kal— dice con una risa seca —Lo hace ver débil. Y tú sabes lo que pienso de los débiles—

Bruce no mueve ni un músculo.

Damian chasquea la lengua, acercándose un poco más.

—Siempre tan terco, tan moralista, tan… tan humano— suelta con desdén —Si hubieras sido más como Kal desde el principio, no estarías así. Pero no, tenías que arrastrarnos a todos con tus reglas. Con tu culpa. Con tus decisiones estúpidas…—

Clark siente un temblor en las manos. No quiere intervenir, solo escucha, con un dolor silencioso acumulándose detrás del pecho.

Damian se cruza de brazos.

—¿Sabes, padre? A veces pienso que ojalá…— hace una pausa, midiendo las palabras, pero la rabia puede más —…ojalá tú no hubieras sido mi padre—

El silencio se vuelve denso.

Damian continúa, sin saber qué terreno pisa.

—Ojalá Kal hubiera sido mi padre, y no este intento fallido de justiciero—

El aire se quiebra.

Clark levanta lentamente la mirada. Sus ojos brillan con un azul intenso, contenido, devastado.

Damian parece darse cuenta de lo que dijo… pero ya es demasiado tarde.

Clark habla, con una calma tan fría que corta.

—No vuelvas a decir eso—

Damian traga saliva, pero su carácter no lo deja retroceder.

—¿Por qué no? Es la verdad. Tú… tú al menos no—

Clark lo interrumpe.

—No tienes idea de lo que está pasando. No tienes idea de lo que él está peleando. Y no tienes idea de lo que tus palabras hacen—

Damian frunce el ceño, incómodo.

Clark continúa, y esta vez su voz es más baja… pero mucho más peligrosa.

—Bruce está luchando por ser él mismo, está luchando por no desaparecer, por no convertirse en una sombra creada por mí—

Damian se queda rígido, esa última frase le inquieta mucho.

Clark toma aire, mirándolo directamente.

—Puedes estar enojado, decepcionado, puedes odiarlo si quieres, pero no vuelvas a desear otro padre mientras él sigue respirando—

Damian da un paso atrás, como si hubiera recibido un golpe invisible.

Clark baja la mirada hacia Bruce, y su expresión vuelve a quebrarse.

—El día que él falte, Damian…— susurra —No habrá nadie que pueda reemplazarlo. Ni siquiera yo—

Damian aprieta los puños, los dientes, todo, su rostro se llena de una mezcla de rabia, vergüenza, confusión y un miedo infantil que nunca admite.

Y por primera vez, observa realmente el estado de Bruce, ve el temblor involuntario, la respiración irregular, y la forma en que su cuerpo esta tenso incluso inconsciente.

Damian susurra, casi inaudible:

—¿Qué le hiciste?—

Clark no responde.

Y ese silencio hace temblar a Damian más que cualquier palabra.

Dentro de la oscuridad mental donde Bruce está atrapado, todo es silencio al principio.
Un silencio denso, profundo, como si estuviera bajo el agua.

Pero entonces… las voces atraviesan la negrura como ecos deformados.

Primero, la de Clark, es suave pero desesperada.

—Bruce… por favor… no me hagas esto…—

Luego, la de Damian, más lejana y más fría.

—Ojalá tú no hubieras sido mi padre…—

Bruce intenta moverse, pero no tiene cuerpo. Solo memorias, fragmentos rotos, voces mezclándose con los comandos mentales que vibran como un zumbido eléctrico.

El dolor emocional lo empuja hacia atrás. El control mental lo empuja hacia adelante.

Y entre esos dos extremos, algo se abre… un recuerdo.

{-}

La luz del atardecer entra por la ventana del Penthouse de Clark.

Bruce se ve a sí mismo, más joven, con la mandíbula menos endurecida, sin las sombras eternas bajo los ojos. Está sentado en el sofá, mirando un libro que claramente no está leyendo.

Clark entra volando suavemente por la ventana, sin armadura, sin capa, sin el peso del mundo en los hombros. Es solo Clark.

—Pensé que no volverías hasta mañana— dice Bruce, fingiendo no sonreír.

Clark aterriza detrás de él y se inclina para abrazarlo por la espalda.

—Me escapé temprano— murmura contra su cuello —Te extrañé—

Bruce siente ese calor, ese tacto. Lo siente real, más real que la oscuridad donde está atrapado ahora.

—No deberías hacer eso— responde Bruce, aunque la sonrisa le traiciona —La Liga depende de ti—

—Pues que dependan un poco menos— Clark lo gira hacia él, rozando su frente con la suya —Estoy cansado de salvar el mundo si no puedo tener cinco minutos con la persona que amo—

El Bruce del recuerdo baja la mirada, medio avergonzado.

—Niega que te gusta cuando digo eso— Clark ríe.

—No voy a negarlo— murmura Bruce.

Luego un beso, lento, cálido, sin miedo.

Bruce siente cómo su corazón se aprieta dentro del abismo mental donde está atrapado. Porque ese amor sí existió, porque ese momento fue de verdad.

Hasta que la voz de Damian irrumpe como un cuchillo afilado.

—Ojalá tú no hubieras sido mi padre—

{-}

El recuerdo se sacude, y el control mental intenta cubrirlo con sombras artificiales.

“Debes obedecer a Kal-El. Tu misión es Kal-El. Tu mente pertenece a Kal-El.”

Pero Bruce pelea, aferrándose a ese recuerdo luminoso.

—¡No!— grita su voz interior, por primera vez fuerte —¡Ese Clark… era real!—

Las voces se mezclan otra vez.

Escucha a Clark, desde afuera, desesperado.

—Bruce… no te pierdas…—

Oye a Damian, más pequeño, más herido.

—¿Qué le hiciste…?—

Y de pronto vuelve otro recuerdo, rápido y precioso.

{-}

Bruce está en la torre de la Liga, sentado frente a una consola cuando Clark aparece con dos tazas de café.

—Te ves tenso, B— dice con un brillo travieso —Permíteme ayudar—

Bruce levanta una ceja.

—Clark, no vueles con café caliente otra vez. La última vez casi me— pero Clark ya está sentándose en su regazo, riendo.

—Estás tenso— susurra en su oído —Déjame cuidarte—

Bruce siente ese calor, ese toque que alguna vez lo calmaba más que cualquier armadura o estrategia, siente la felicidad, y esa sensación de hogar.

{-}

Afuera, en la realidad, mientras su cuerpo yace inconsciente, un susurro escapa de sus labios.

—Clark…—

El recuerdo lo ilumina, y la oscuridad retrocede. Por un instante, su yo real emerge.

Clark lo escucha, y casi rompe a llorar.

—Bruce… estoy aquí—

Dentro de la mente de Bruce, la voz programada intenta alzarse:

“Amar a Kal-El es una orden.”

Pero Bruce recuerda algo más fuerte.

El Clark que lo besaba al amanecer.

El Clark que lo abrazaba como si fuera lo más importante del universo.

El Clark que rompió su corazón… pero que lo amó de verdad antes de eso.

Y aún atrapado, luchando, y dividiéndose… dentro de su propia cabeza Bruce susurra.

—No te amé porque fuera una orden. Te amé… porque eras tú

La oscuridad tiembla.

Bruce, en la camilla, suelta un susurro casi inaudible—

—Clark…—

Pero para Damian es como si su corazón se congelara.

—¿Qué…?— murmura, mirando a su padre con los ojos muy abiertos —¿Acaba de…?—

Clark levanta la cabeza a las pantallas, ese “Clark” no fue un reflejo muscular. Fue Bruce, su Bruce, que intentaba volver.

Y justo por eso… las alarmas del monitor alienígena estallan con luz roja, con pitidos agudos y gráficos saltando como si la mente de Bruce estuviera encendiéndose y apagándose a la vez.

El control mental, ante el eco emocional, intenta imponerse con brutalidad.

En la mente de Bruce, una voz metálica ruge: “Sometimiento” “Prioridad Kal-El”.

Damian retrocede un paso con el rostro en blanco.

—No… no… espera— balbucea —¿Puede… puede escuchar?—

Clark no le responde, está moviéndose tan rápido que Damian apenas puede seguirlo.

Bruce arquea la espalda bruscamente, sus manos se sacuden y los sensores marcan una fricción neural peligrosa, como si dos mentes lucharan por ocupar el mismo espacio.

Clark coloca ambas manos en las sienes de Bruce, con cuidado, pero lleno de una urgencia feroz.

—Bruce, escúchame— Su voz tiembla —No pelees solo. ¡No lo hagas solo!—

Pero Damian ve los temblores violentos, la respiración entrecortada, los músculos contrayéndose como si el cuerpo de su padre fuera un campo de batalla.

—¿Lo estás matando?— grita Damian, la voz quebrándose por primera vez —¡¿Kal, el control lo está matando?!

Bruce vuelve a susurrar algo entrecortado con su voz real.

—No… no… no soy… no soy…—

Pero la voz programada se superpone en su cabeza.

“Obedece, obedece, obedece”.

Bruce grita.

Fue un sonido bajo, ahogado y completamente desgarrador, y provoca que Damian se lance hacia adelante.

—¡Haz algo! ¡Haz algo, maldita sea! ¡Detén eso!—

Clark cierra los ojos con fuerza, su mente vuela a toda velocidad buscando una respuesta, un punto de apagado, una entrada segura. Pero no la hay.

La fractura mental se agranda, las lecturas indican que si el conflicto continúa, Bruce sufrirá daño cerebral.

—¡Kal!— Damian empuja su brazo —¡Te lo estoy pidiendo, sálvalo! ¡Sálvalo!—

Y entonces… Bruce jadea una palabra. Una sola.

—Damian…—

El chico se congela. Literalmente se queda sin aire.

—Pa… ¿padre?—

Clark lo suelta lentamente, dejando que Damian se acerque, Bruce, aún inconsciente, aun temblando, mueve los labios, tratando de decirlo otra vez.

—Dam…ian…—

La voz programada choca contra ese recuerdo emocional del amor real por su hijo, y la red psíquica estalla en luces frenéticas.

Damian cae de rodillas al lado de la camilla, con su máscara de arrogancia rota en mil pedazos.

—Padre… yo… yo no quise…— su voz se quiebra —Yo no quise decir eso…—

Bruce no puede oírlo del todo, pero la conexión emocional, el vínculo, es tan fuerte que altera la actividad cerebral.

Clark lo ve, el control mental colapsa en un punto crítico. Si no interviene ya, Bruce puede sufrir una desconexión permanente.

Clark toma aire, luego se inclina sobre Bruce, apretando sus sienes con una concentración absoluta, activando un protocolo kryptoniano de emergencia.

—Damian, aléjate— ordena sin alzar la voz.

Damian obedece por puro instinto.

Clark aprieta los dientes, cada segundo que tarda es peligro.

—Bruce…— susurra —Vuelve conmigo. No te rompas. Por favor… no te rompas…—

Un pulso luminoso surge de las manos de Clark, entrando en la mente de Bruce para estabilizar las ondas mentales.

Su cuerpo sufre un espasmo, luego otro, hasta que finalmente… Su cuerpo cae quieto.

En las pantallas sus niveles bajan, y hasta que el caos neural se reduce Clark deja escapar el aire que no sabía que contenía y Damian se acerca tembloroso.

—¿Está… está vivo?—

Clark asiente, con los ojos brillando de alivio y devastación.

—Sí. Pero no volverá a soportar otra fractura así— murmura —Necesito sacarlo del control… antes de que lo destruya—

Damian baja la cabeza —Entonces… dime qué tengo que hacer— dice con una voz que es la de un hijo aterrorizado.

Clark se endereza despacio, como si cualquier movimiento brusco pudiera romper la frágil calma en la que Bruce ha caído. Damian, aún de rodillas junto a la camilla, respira rápido con los puños apretados, tratando de asimilar lo que ha visto.

Clark lo observa un momento, y decide que ya no puede seguir ocultando nada. Se sienta frente a él, sin la presencia de dictador que el mundo teme, en ese momento es solo Clark, un hombre que cometió demasiados errores.

—Damian— comienza —Necesitas saber toda la verdad—

Damian levanta la mirada tenso.

—¿Qué verdad?—

Clark toma aire, es la primera vez que dice esto en voz alta desde que todo comenzó.

—Lo que le hice a tu padre… no fue solo para que no estorbara, no fue una simple táctica para derrotar a Brainiac—

Desconfiado, Damian entrecierra los ojos, pero escucha.

—Fue porque… no podía perderlo otra vez—

—¿“Otra vez”?— Damian frunce el ceño —¿Qué demonios significa eso?—

Clark lleva la mirada hacia Bruce, acariciando con la vista cada detalle de su rostro inconsciente, como si el solo hecho de verlo quieto le rompiera el alma.

—Bruce y yo…— su voz se suaviza —Estuvimos juntos mucho antes de Lois. Antes del Régimen. Antes de que todo se fuera al infierno—

Damian parpadea, confundido.

—¿Juntos cómo?—

Clark lo mira directamente.

—Como pareja—

El silencio es total, Damian abre la boca… pero no sale sonido alguno, lo que le da pie a Clark para continuar con una calma rota.

—Estuvimos juntos varios años, nos amábamos, nos cuidábamos. Pero luego… yo fui quien lo terminó. Creí que el mundo no entendería, creí que estaba protegiéndolo. Y en lugar de eso… lo herí más de lo que nunca admitiría—

Damian se inclina para atrás en un shock visible.

—Mi padre… ¿y tú?— Clark asiente.

—Te prometo que fue real. Que él me amó y yo lo amé. Antes de Lois… antes de todo—

Damian no sabe dónde poner las manos, no sabe qué sentir, su cerebro parece llenarse de ruido.

—¿Y entonces por qué le pusiste un maldito control mental?— soltó Damian, con una mezcla de rabia y miedo —¡¿Por qué?!—

Clark se cubre el rostro un segundo, como si esa pregunta fuera un golpe físico.

—Porque cuando Brainiac tomó la ciudad, cuando lo tuvimos frente a nosotros… Bruce insistía en hacerlo “a su manera”. Él no quería que yo siguiera matando nada ni a nadie. Cuando lo derroté… yo no soporté la idea de que muriera, no después de perderlo una vez por mi culpa—

Damian aprieta los dientes.

—Así que decidiste jugar a ser dios con su mente—

Clark alza la mirada, con los ojos brillantes de lágrimas no derramadas.

—Decidí no perderlo—

—Le quitaste su libertad— Damian respira hondo, temblando —Lo convertiste en una sombra—

Clark asiente, derrotado.

—Lo sé. Y si pudiera retroceder el tiempo… lo cambiaría. Pero ahora lo único que importa es repararlo, debo sacarlo de esto—

Damian mira a su padre inconsciente, la respiración es irregular, y hay un temblor apenas perceptible en los dedos. Luego mira a Clark, pero no lo ve como al líder del Régimen, ni como al dios invencible que todos temen, lo mira como a un hombre que está desesperado y que ama a su padre más de lo que jamás admitió. Cierra los ojos un momento, y cuando los abre, ya tomó una decisión.

—Dime qué tengo que hacer—

Clark parpadea, sorprendido.

—¿Me ayudarás…? ¿Incluso si eso significa ir en contra del Régimen?—

Damian se incorpora, serio y decidido.

—No voy a perder a mi padre. Y si lo que hiciste fue por amor…— lo señala con un dedo firme —Entonces vas a ayudarme a arreglarlo, porque si él muere, Kal… no habrá lugar donde puedas esconderte de mí—

Clark no sonríe, lo toma como lo que es, una amenaza, y la acepta.

—Entonces lo haremos juntos—

Ambos miran a Bruce al mismo tiempo.

—Aguanta, padre…— susurra Damian.

Y Clark, con una voz que solo Bruce podría reconocer, añade.

—No voy a dejar que te rompas—

Sin embargo, algo se siente diferente. La alarma no suena, el piso no tiembla, no ocurrió un aviso previo, solo hubo un cambio en el aire perteneciente a una presencia que Clark reconoce demasiado tarde.

Diana.

Su sombra se proyecta sobre la entrada del laboratorio improvisado con lanza en mano, mirada tensa, casi brillando de furia contenida.

—Clark— dice con un filo helado —¿Qué estás haciendo?—

El nombrado se gira de inmediato, colocándose entre ella y la camilla donde Bruce yace convulsionando suavemente bajo los electrodensores.

Damian apenas alcanza a ponerse en guardia, pero Diana no lo mira a él, solo mira a Bruce, como si fuera una plaga que debe erradicarse.

—Lo estás extrayendo— concluye —Estás apagando el protocolo—

Clark aprieta los dientes.

—No es lo que piensas—

—Oh, sí lo es— Diana avanza un paso —Estás traicionando al Régimen por él. Otra vez—

Damian da un paso adelante.

—Si te acercas, Wonder Woman, juro que—

—Tú no juras nada, niño— replica Diana sin apartar la vista de Bruce —No eres más que un obstáculo pequeño y molesto—

Clark extiende un brazo protegiendo a ambos.

—Diana, escúchame, Bruce está muriendo, si no detengo el daño neuronal, no quedará nada de él—

—Eso sería un alivio— responde ella — Bruce es debilidad, siempre fue tu debilidad— sus dedos apretaron la lanza y el filo vibro con intención asesina —Estoy aquí para asegurarnos de que nunca vuelva a interponerse entre tú y lo que el mundo necesita que seas—

Clark da un paso involuntario hacia atrás, porque justo en ese instante…

…Bruce empieza a soñar.

{-}

Dentro de la mente de Bruce solo existe oscuridad, ecos rotos, la voz de Damian se mezcla con la de Clark. Todo es un laberinto de culpa, recuerdos fracturados, promesas hechas y traicionadas.

Hasta que de pronto estalla una luz cálida, y frente a él se materializa un apartamento modesto, con una ventana abierta dejando entrar la brisa nocturna de Metrópolis.

Clark está ahí, más joven, sin el peso en sus hombros, y con una sonrisa que Bruce creyó haber olvidado.

—Pensé que no vendrías— dice Clark, esta descalzo, con una camiseta simple que le queda demasiado bien.

Bruce se ve a sí mismo más joven también, entrando al lugar con el cansancio típico de sus noches interminables. Pero cuando mira a Clark… el cansancio se va.

—No podía quedarme lejos— responde Bruce, y su propia voz le duele, porque es demasiado honesta, demasiado real.

Clark se acerca, toma su rostro entre las manos y lo besa despacio, como si pudiera reparar cada fractura con un toque.

Bruce siente su cuerpo actual temblar en la camilla, como si se aferrara al recuerdo para no morir.

—Quédate conmigo esta noche— susurra Clark en el recuerdo —Solo… quédate—

Y Bruce, sin máscara alguna, sin armadura de Batman, sin rastro de miedo, responde.

—Siempre quiero quedarme contigo—

{-}

Afuera, el monitor se dispara, el corazón de Bruce se acelera de forma peligrosa.

Damian mira las lecturas.

—¡Kal! Algo está pasando. Su mente está… colapsando hacia un recuerdo—

Diana sonríe.

—Perfecto. Menos resistencia— levanta la lanza, lista para atravesar a Bruce.

Clark suelta un gruñido —Diana… no lo harás—

—Sí— ella afianza postura —Lo haré. Por ti—

Clark se adelanta, bloqueando su camino con el cuerpo.

—No entiendes lo que estás por destruir—

—Entiendo que ese hombre— señala a Bruce —Te convierte en alguien débil, en alguien… humano—

—Eso es lo que soy—ruge Clark, sin mover un pie —Y no dejaré que lo toques—

—Entonces, Clark… tendré que pasar sobre ti— murmura Diana

Diana mueve primero, la lanza baja apenas, apuntando directo al corazón de Bruce.

Clark bloquea el golpe con el antebrazo y el choque de fuerza hace vibrar todo el cuarto, lanzando chispas de los monitores. Damian cubre el cuerpo de Bruce con su propio cuerpo, como un escudo humano, sin importarle que el cráneo de su padre golpee la camilla por las convulsiones.

—¡Cálmate!— grita Damian a Clark sin apartar la vista de Bruce —¡Si rompen algo aquí, puede morir!—

Clark apenas puede oírlo, Diana lo presiona con un golpe de lanza dirigido a la garganta. Él la desvía, pero ella gira y lo ataca desde arriba. Él detiene el arma con ambas manos, el filo a milímetros de su cuello.

—Clark, mírame— murmura Diana, casi dulce —No seas insensato. Soy la única que queda contigo. La única que entiende lo que perdiste… lo que sacrificaste—

Clark aprieta la mandíbula.

—No hables de sacrificios—

Diana sonríe apenas, empujando el arma un poco más.

—Tú y yo somos lo mismo, Clark. Guerreros nacidos para salvar este mundo a cualquier precio. No como él— Señala a Bruce sin mirarlo —Él siempre será tu ruina—

Clark gruñe, empujando de vuelta, pero ella aprovecha el desequilibrio y le da una patada giratoria que lo lanza contra una columna, agrietándola.

Damian se encoge al escuchar el golpe, pero no se mueve del lado de Bruce. El monitor suena en picos irregulares, su padre está atrapado entre convulsiones y recuerdos.

—Bruce…— susurra Damian, tomándole la mano —Por favor, aguanta…—

Diana avanza con calma hacia Clark con la lanza apuntando al pecho.

— Yo nunca quise esto, no tienes que luchar conmigo— dice en voz baja —Solo quiero que recuerdes quién eres sin él. Eres más fuerte cuando no estás dividido. Cuando no estás… enamorado—

Clark se congela un instante, Diana lo ve, y ataca ese punto sin piedad.

—Lo amabas, lo sé, lo escuche, pero él te debilitó, te usó. Imagina a Lois… Lois jamás habría aceptado esto, jamás te habría perdonado. ¿Crees que querría verte así, Kal? Suplicando por un hombre que ni siquiera te correspondió de verdad…—

Clark frunce el ceño, algo profundo y doloroso se enciende en su pecho.

—No vuelvas a hablar de Lois— dice, y la voz hace que tiemble la habitación.

Diana descansa el mango de la lanza en su pecho, casi tierna.

—Entonces vuelve a mí. Regresa a nosotros, a lo que éramos, a lo que debimos ser. Deja que termine con él. Deja que te libere—

Clark la mira con una expresión llena de desesperación y rabia que ella no reconoce al principio.

—Diana… no entiendes nada—

Ella sonríe, confiada.

—Claro que lo entiendo. Te conozco mejor que nadie—

Y entonces Clark mueve la mano, es un gesto mínimo, casi invisible, pero es suficiente para tomar la lanza por el eje y quebrarla en dos como si fuera vidrio.

Ante eso, Diana retrocede, sorprendida mientras Clark avanza.

—Nunca lo entendiste, nunca entendiste lo que significó él para mí—

Diana abre los ojos, incrédula.

—Clark…—

Pero él ya no la deja terminar.

—Bruce fue lo primero que amé antes de que tú siquiera imaginaras acercarte a mí—

Diana aprieta los dientes, por un instante, muestra algo que nunca deja ver, dolor personal.

—No. No— susurra —No puedes decir eso ahora. No después de la muerte de Lois. No después de todo lo que pasó—

Clark la empuja hacia atrás con un golpe sónico que la hace atravesar una mesa.

—Diana— dice, con un temblor que es furia y súplica —Si intentas tocarlo otra vez… te detendré, y no lo haré como un aliado, mucho menos como un amigo. Lo haré como tu enemigo—

La amazona se reincorpora, hay sangre en la comisura de su labio, y tiene la mirada encendida, está llorando es solo una lágrima, pero arde como fuego.

—Entonces estamos en lados opuestos— susurra, levantándose.

—Si es por él— responde Clark sin perder su postura firme —Siempre—

Detrás de ellos, Damian jadea cuando Bruce suelta un gemido desgarrado en medio de su convulsión. El monitor brilla con un pico peligroso y Damian grita.

—¡Kal! ¡La mente de mi padre está colapsando! ¡O lo detienes ahora o lo perdemos!—

Clark gira, el conflicto emocional quema en sus ojos, pero Diana se lanza nuevamente, decidida a matarlos a ambos.

{-}

La luz cálida del apartamento de Metrópolis se oscurece. Primero es un parpadeo, luego es un temblor, es como si el mundo entero estuviera respirando de forma irregular.

Bruce, en la versión joven de sí mismo, observa cómo una grieta luminosa aparece en la pared detrás de Clark, luego ver aparecer otra en la ventana, y otra en el piso.

El recuerdo… está rompiéndose.

El Clark del pasado todavía le sonríe, aún sostiene su rostro entre las manos, pero ahora su imagen vibra, como si estuviera hecha de vidrio a punto de estallar.

—Bruce, ¿estás bien?— pregunta el Clark del recuerdo, aunque su voz suena distorsionada, como si viniera desde un túnel.

Bruce intenta responder, pero su cuerpo joven se fragmenta por un segundo, revelando al Bruce actual, agotado, herido, con ojeras profundas y un peso imposible en los hombros.

—No…— murmura Bruce, mirando alrededor —No… este no… no—

El apartamento se sacude violentamente, algunas fotos enmarcadas caen hasta que la ventana estalla hacia adentro en un estallido silencioso, un pedazo de techo cae, fragmentándose en líneas brillantes.

El recuerdo se derrumba porque afuera, en el mundo real, ellos están peleando.

Y Bruce puede escucharlos. No con claridad, pero sí como ecos lejanos, retumbando en sus huesos.

Escucha un golpe seco, un choque metálico. Y luego escucha el rugido de Clark.

“¡Si vuelves a tocarlo, Diana…!”

Bruce se encoge, llevándose las manos a la cabeza.

Es como si la batalla fuera un martillo golpeando los cimientos de su mente.

El Clark del recuerdo da un paso hacia él.

—Bruce… mírame. Quédate conmigo aquí. No te vayas—

Bruce intenta levantar la vista, pero otro temblor hace que el recuerdo se quiebre en mil líneas que atraviesan el aire como telarañas.

Derrepente, escucha otra voz, más joven, suena furiosa y esta asustada.

“¡Padre, aguanta! ¡Te lo ordeno, maldita sea!”

Damian.

Las grietas iluminan la habitación, la calefacción del apartamento se apaga de golpe volviendo el aire frío.

Bruce respira entrecortado.

—No… no… no quiero perder esto… no otra vez…—

El Clark del recuerdo vuelve a tomarlo por los hombros, pero ahora sus manos se ven transparentes, vibrantes.

—Bruce— dice suavemente, como si fuera real —Quédate conmigo esta noche. Quédate…—

Las palabras se repiten, pero la voz empieza a mezclarse con la del Clark actual.

“¡Bruce, por favor! ¡Vuelve conmigo!”

Las dos versiones de Clark se superponen. Pasado y presente. Calidez y desesperación.

Amor y culpa.

Bruce cae de rodillas en medio de la habitación, mientras el mundo se quiebra en luz y ruido.

—No… sé cuál eres— susurra —No sé si eres un recuerdo… o si eres… tú—

Un fragmento del apartamento se desintegra, dejando ver detrás un vacío oscuro, un abismo mental. Bruce siente que se está cayendo hacia él.

Pero entonces, una mano lo agarra por la muñeca, es el Clark del recuerdo, aunque ya casi no queda algo de él porque su cuerpo es un mosaico de líneas rotas y parpadeantes.

—Siempre he sido yo— le dice —Incluso cuando no lo parecía—

Bruce lo mira con los ojos llenos de dolor.

—¿Por qué…? ¿Por qué me dejaste?—

Pero antes de que la figura pueda responder, una grieta gigantesca atraviesa el cuarto, el Clark del recuerdo se parte en dos, su voz se quiebra igual que su cuerpo. El mundo se derrumba, y Bruce cae en la oscuridad.

Pero lo último que siente es un grito, real, externo.

“¡BRUCE!”

No viene del recuerdo, viene del verdadero Clark, el que está peleando con uñas y dientes para sacarlo de ahí.

{-}

El monitor no falla, no es un error eléctrico y tampoco es interferencia.

Es un silencio absoluto, en la pantalla aparece una línea recta y sale un pitido sostenido.

Damian es el primero en gritar.

—¡NO, NO, NO! ¡PADRE!—

La convulsión se corta de golpe, el cuerpo de Bruce cae inerte contra la camilla, como si la vida se hubiera marchado en un suspiro. Damian le toma la muñeca con desesperación.

—¡No hay pulso! ¡KAL, NO HAY PULSO!—

Clark se queda helado por una fracción de segundo, y Diana aprovecha ese error. Con un rugido, atraviesa la distancia entre ellos como una flecha ardiendo, blandiendo el fragmento afilado de la lanza como un cuchillo divino.

—¡Muere, Bruce Wayne!—

Clark ve la hoja descender, ve el cuerpo de Bruce totalmente quieto, escucha a Damian llorar su nombre, y algo dentro de él estalla, es un sonido sordo, profundo, como un latido gigantesco.

Clark se mueve tan rápido que el aire se parte con un crujido. Toma a Diana por la muñeca y la aprieta antes de que el filo toque siquiera la piel de Bruce..

—Clark…— Diana se sobresalta, no esperaba que fuera tan rápido —Suéltame ahora mismo—

Pero Clark ya no está ahí, ya no está escuchando, porque algo primordial se ha abierto paso en su pecho.

—Se detuvo— susurra, sin aliento —Su corazón… se detuvo—

Diana intenta liberar su mano, pero él la mantiene atrapada con una fuerza que empieza a quebrar el metal de sus brazaletes.

—Si no lo dejas morir, Clark— dice ella, obligando su voz a sonar firme —Volverás a ser débil, serás ese hombre roto que Lois nunca habría amado—

Clark la mira, pero Clark Kent ya no está. Solo queda Kal-El.

—Lois no te hubiese reconocido— gruñe, la voz vibrando, oscura —Si te viera tratando de matar a quien yo…—

Se detiene, la palabra se atora en su garganta, y es esa duda, esa humanidad, la que hace que Diana se aferre a su estrategia.

—¿A quién tú qué, Clark? ¿A quién tú crees amar?, ese hombre siempre te frenó, te limitó siempre te hizo menos. ¡Bruce debe morir!—

Clark siente que algo se rompe dentro de él, un hilo, un lazo, o quizá un control que ya no puede sostener dos realidades a la vez.

—No vuelvas a decir su nombre— susurra con un filo gélido.

—¿Bruce?— Diana se burla —¿Ese hombre que te usó, te rompió y que te dejó elegir a Lois porque sabía que nunca te amaría como tú a él?—

Clark tiembla, cierra los ojos apenas un instante, y cuando vuelve a abrirlos son rojo sangre.

—Diana— dice muy bajo —Por última vez, si tocas a Bruce… no volverás a levantarte—

Ella sonríe —Entonces derrótame— dice desafiante.

Clark la lanza contra la pared más cercana, el metal explota, Diana cae, se incorpora, gruñe.

El final ha comenzado.

Mientras tanto, detrás de ellos, Damian se había subido al pecho de Bruce para hacer presión torácica. Sus manos eran demasiado pequeñas para hacer RCP, pero lo intenta igual, mientras lo hace suda, tiembla y llora.

—¡No te mueras, padre…! ¡No… por favor… no ahora!— sus suplicas quiebran el aire —¡KAL!— grita —¡Si vas a pelear, hazlo rápido! ¡Él no vuelve, no vuel—

Y entonces, Bruce aspira aire, es un suspiro roto, pequeñísimo y débil, pero real.

Damian jadea como si le hubieran golpeado.

—Está volviendo…— susurra —Está… volviendo…—

Pero ya no puede gritarle a Clark, no debe distraerlo, porque Clark y Diana ya no pelean como aliados rotos.

Pelean como dioses en guerra.

Diana embiste con el brazalete frontal, intentando romperle la mandíbula, Clark lo bloquea, la empuja hacia atrás, pero ella se impulsa en el techo y cae sobre él como un meteorito. El impacto forma un cráter en el piso. Clark la agarra por la cintura, la eleva y la lanza contra la consola principal del control mental.

Un estallido eléctrico ilumina la sala. Chispas llueven sobre el cuerpo casi inmóvil de Bruce.

Diana se levanta lenta, furiosa.

—¡Clark! ¡Perdiste tu camino! ¡Él te arrastró a esto!—

Clark, jadeando, con el traje rasgado, la sangre corriendo de su labio, responde con una voz tan baja que es más amenaza que sonido

—No, yo me arrastré solo, pero él… él siempre fue el único camino que quise seguir—

Diana por fin entiende que lo ha perdido, y ataca con todo al igual que Clark.

El choque sacude toda la base, haciendo vibrar incluso la camilla donde Bruce empieza a mover los dedos después de mucho.

El mundo regresa a él en fragmentos, primero, un latido, después una bocanada de aire, luego el dolor, una onda sorda atraviesa el cráneo de Bruce como fuego líquido.

Abre los ojos apenas un milímetro y ve el techo roto, luces parpadeantes, siente el aire vibrar con explosiones, finalmente frente a él ve el caos.

Clark y Diana chocan una y otra vez, cada impacto es un trueno que hace temblar la camilla, Kal se mueve como una bestia acorralada, como si el aire mismo fuera su enemigo y Diana su única presa. Ella contraataca con la furia de una diosa humillada.

Bruce intenta hablar, pero no puede, porque esa imagen… queda grabada en él como una quemadura, Clark, su Clark, está luchando hasta romper su propio cuerpo para mantenerlo con vida. Una mezcla de amor, terror y confusión le aprieta el pecho.

Damian es quien nota primero que esta despierto

—¡Padre!— su voz se quiebra —¡Estás despierto! ¡Quédate conmigo!—

Bruce gira los ojos hacia él sólo un poco, pero suficiente. Damian aprieta su mano con fuerza, sus propios dedos ensangrentados por las compresiones torácicas.

—No te atrevas a morir ahora— susurra el chico —No después de todo esto… no me hagas perderte otra vez…—

Bruce intenta mover los labios, no sale algun sonido, pero Damian entiende la forma por hábito.

Estoy aquí.

Justo en ese momento…

CRASH.

Diana lanza a Clark contra una columna, el cuerpo de Clark la atraviesa creando una lluvia de polvo.
Diana avanza con la espada Amazonia en mano.

—¡CLARK!— grita Damian, y su voz es tan fuerte que hace que ambos dioses giren la cabeza por una fracción de segundo que es suficiente para que la mirada de Diana detecte algo.

Bruce esta despierto.

Los ojos de la amazona se abren con odio puro.

—No…—

Con un movimiento fluido se prepara para lanzar la espada directo al corazón de Bruce.

En ese momento, Damian no piensa, no razona, solo actúa.

—¡NOOO!—

Se arroja frente a la camilla, cubriendo a su padre con su propio cuerpo cuando la espada sale disparada acompañada de un destello mortal.

Y Clark lo ve, el mundo corre en cámara lenta frente a sus ojos, no hay tiempo, la distancia no existe. Clark desgarra el aire, impulsándose con una fuerza que quiebra el suelo bajo sus pies, el movimiento fue demasiado poderoso, y tan rápido que el sonido ni siquiera lo sigue.

Llega para interponerse entre la espada y Damian, el metal golpea su pecho, el filo se hunde apenas unos centímetros antes de doblarse contra su piel, Clark gruñe por el impacto, pero no cae.

Diana se congela, incrédula.

Damian parpadea, temblando, aun aferrando a Bruce.

Y el mundo entero parece detenerse.

Clark saca la espada doblada, la deja caer al suelo y la mira, para luego alzar la cabeza y dejar ver que en sus ojos hay lagrimas que no debería ser capaz de derramar.

Su voz sale con un gruñido bajo.

—No vuelvas a intentar matar a mi familia—

Diana retrocede un paso, pero no lo hace por miedo, lo hace por la claridad con la que fue pronunciada esa palabra.

Familia.

Bruce ve a Clark dar un paso adelante, colocándose entre él, Damian y el peligro, observa el pecho agitado, los ojos rojos, la mandíbula tensa.

Lo ve luchar por él como jamás nadie lo hizo.

Y su corazón roto, confundido y manipulado reconoce ese gesto incluso entre el caos.

Con dificultad, Bruce respira, y logra murmurar de forma apenas audible.

—Clark…—

El nombre se arrastra sin fuerza, pero Clark lo escucha.

Y gira.

La expresión de alivio en su rostro es tan profunda que casi lo derrumba.

—Bruce— susurra —Te tengo. Te juro que te tengo—

Pero Diana grita en furia, alzando el escudo… Y la batalla retoma su curso.

El estruendo retumba alrededor, el choque de los golpes de Clark y Diana, el silbido del lazo atravesando el aire, el crujido del metal quebrándose bajo cada impacto. Damian ve todo aun protegiendo el cuerpo tambaleante de su padre.

La visión Bruce se dobla y vibra, el mundo entero parece partido en dos por un vidrio agrietado, y cada latido le pesa como metralla.

A pocos metros, Clark forcejea con Diana, llevándola hacia el suelo provocando que una grieta más se abra en la nave. Bruce aún débil, intenta ponerse de pie ahora que el control mental ha bajado, lucha por empujar su torso hacia arriba.

—C-Clark… no…— gruñe, con la voz rota.

Damian se gira hacia él con un sobresalto.

—¡Padre! No te levantes, te vas a—

—No…— Bruce apoya una mano contra la camilla, el brazo le tiembla como si fuera a partirse en dos —No quiero… que mate… a nadie más—

El mundo parece inclinarse, su respiración se corta a la mitad. Y entonces siente un latigazo caliente en su nuca. Como un agarre invisible y brutal jalando su mente hacia abajo, como si unas manos negras se cerraran de golpe sobre su cráneo.

La sensación lo hace caer al suelo, arquear la espalda y soltar un grito desgarrador, arrancado del fondo de su pecho.

Damian cae de rodillas junto a él.

—¡Papá! ¡Papá, mírame! ¡Respira, respira!—

Pero Bruce no oye, todo lo que ve es un remolino de imágenes superpuestas, Diana clavándole la mirada como un cuchillo, la voz fría de Brainiac en su cerebro ordenando que regrese al molde, y… Clark. Él lo está mirando como si fuera lo único que importaba en el mundo.

La mezcla es demasiado, su mente se parte entre obedecer y resistir.

Bruce aprieta el suelo con los dedos, las uñas hundiéndose en el metal astillado.

—No…— jadea —No… más…—

El control mental empuja de nuevo, es brutal, quiere arrastrarlo a la obediencia absoluta.

—¡BRUCE!— Clark ruge desde el aire, estampando a Diana contra un muro —¡Resiste! ¡Estoy contigo, oye mi voz!—

Bruce intenta levantar la cabeza hacia él… y el dolor lo atraviesa de nuevo, como si algo le estuviera arrancando la mente por dentro.

Damian se coloca entre su padre y la batalla, como si pudiera protegerlo del mismo aire.

—¡DEJA A MI PADRE!— grita el chico hacia Diana, hacia el régimen entero, hacia cualquier cosa que esté intentando romper al hombre frente a el — ¡No vas a llevártelo!—

Bruce intenta enderezarse otra vez, con un hilo de voluntad que quema.

—Clark… por favor… no… mates… a nadie…—

Su voz se quiebra mientras la oscuridad vuelve a cerrarse sobre él, tironeando, rasgándolo por dentro, y provoca que otro grito vuelva a escaparse de su garganta de forma dolorosa.

El control mental aprieta más fuerte.

Bruce cae de lado, sus manos tiemblan sin control, su respiración está rota por el dolor mental que lo desgarra. Damian lo sujeta por los hombros, intentando sostenerlo, su propio cuerpo tiembla de pura adrenalina.

Diana levanta la vista. La amazona ve el momento exacto en que Bruce ya no puede moverse, Clark está distraído por el grito tirado en el piso intentando recuperarse de un golpe brutal, y Damian quedo arrodillado y expuesto.

Su expresión cambia a una máscara fría y decidida.

—El mundo no necesita un hombre que debilite a un dios— dice mientras toma su lanza rota, empuñándola como un puñal.

Da un paso, luego otro. Clark medio segundo tarde la ve.

Diana se lanza con velocidad amazona, con el filo directo al corazón expuesto de Bruce.

Clark atraviesa el aire como un rayo azul, chocando con Diana justo antes de que la lanza alcance su objetivo. El impacto estalla como una bomba, enviando fragmentos de metal por el aire.

—¡NO LO TOQUES!— ruge Clark, agarrando a Diana del antebrazo con una furia que hace crujir la armadura de ella.

Diana gira con la fuerza de mil batallas, clavándole el codo en la cara, abriendo su ceja, Clark retrocede un instante.

Bruce, sin poder moverse, solo logra ver sombras luchando sobre él, Damian se interpone, como un cachorro rabioso defendiendo a su padre. Diana ve al chico, y por primera vez, su mirada se oscurece.

—Tú también eres un obstáculo—

—Intenta tocarlo— escupe Damian, sacando su katana con un temblor que no es miedo… es rabia pura —Inténtalo—

Diana se lanza hacia ellos, pero Clark no lo permite.

Con un rugido que retumba en cada ventana rota, se interpone entre Damian y la amazona, y juntos, como si hubieran entrenado toda la vida uno al lado del otro, padre e hijo se mueven al mismo tiempo.

Clark empuja, Damian salta, ambos atacan en la misma dirección, sus fuerzas se combinan, se multiplican, Clark la toma del torso, Damian golpea su rodilla para desestabilizarla, y la inercia hace el resto, lanzan a Diana por el aire.

Ella atraviesa la sala de mando como un proyectil rojo y dorado.

Y luego…

CRAAAAASH

Su cuerpo impacta con la consola central. La que almacena el dispositivo de control mental. La que conecta a Bruce con la red de manipulación. La que mantiene la prisión dentro de su cabeza.

La consola estalla en mil pedazos, un estallido de chispas, circuitos quemados y pantallas que explotan en fragmentos.

Una onda eléctrica cruza la habitación.

Y Bruce grita, pero no de dolor físico, lo hace porque el control mental se rompe dentro de su mente como un cristal bajo un mazo.

Su cuerpo se arquea, convulsionando una última vez, sus ojos quedan en blanco y su respiración se detiene.

Damian cae de rodillas a su lado.

—¡Papá! ¡Papá, respóndeme! ¡Papá!—

Clark aparece justo detrás con sangre resbalando por su mejilla y su respiración pesada.

—Bruce…— se arrodilla con una mano temblando —Por favor…—

Diana, desde los restos humeantes, intenta levantarse, pero por primera vez… duda.

El ambiente aún vibra con el estallido de la consola cuando Bruce, tirado entre escombros, jadea una última vez y despierta rápido, como si su alma regresara a su cuerpo de golpe.

Sus ojos negros por el trauma y dilatados por el dolor se abren de par en par. Su espalda se arquea con violencia, como si hubiera sido electrocutado mientras sus manos buscan sostén en el suelo, temblando sin encontrar estabilidad.

Lo primero que ve son dos figuras borrosas sobre él. Cuando logra enfocarlas.

—… Clark…— susurra, en una voz rota.

Kal-El está frente a él, arrodillado, con la mejilla ensangrentada, respirando como si hubiera corrido por horas. Sus manos tiemblan al acercarse, indecisas, como si tuviera miedo de tocarlo.

—Bruce— dice con un hilo de voz —Estoy aquí. Estoy… estoy contigo—

Bruce parpadea, y todo ocurre a la vez dentro de él, chispazos de memoria, promesas rotas, la ruptura, la traición… El control, el dolor de ver a Clark matando, y acompañando todo eso… la voz de su hijo, todo es una mezcla brutal para su cerebro debilitado.

La respiración de Batman se acelera en un ataque de pánico, Damian se inclina hacia él, con los ojos abiertos por el miedo genuino que pocas veces muestra.

—Papá… papá, mírame— dice, tomando una de sus manos —Estoy aquí, soy yo. Ya estás despierto todo está bien—

—Damian…— Bruce lo mira, y sus labios tiemblan —Te… oí—

El chico pierde color, y el kryptoniano cierra los ojos, como si ese golpe fuera físico.

La mandíbula de Bruce se tensa, su cuerpo reacciona con un espasmo, su mente intenta volver al estado de control, pero ya no hay aparato ni mecanismo, solo queda la cicatriz mental intentando cerrarse sobre él.

Aun así, él lucha, se obliga a respirar y a mirar primero a su hijo, luego ve a Kal.

—¿Qué… hicieron…?— logra decir con dificultad.

Clark no responde, no puede hacerlo, Damian traga saliva.

Bruce tiembla, no solo por el dolor físico, sino por el estallido emocional que lo atraviesa y una lágrima involuntaria se desliza por su rostro sucio y ensangrentado.

—¿Por qué… están… aquí?— pregunta, casi como un niño perdido.

Damian aprieta más fuerte su mano.

—Porque somos tu familia, viejo— dice, con la voz quebrada por las emociones —Y no voy a dejar que nadie te controle otra vez—

Bruce regresa la mirada a Clark, y ahí ocurre el verdadero shock.

Bruce ve el miedo auténtico en los ojos del hombre que casi conquistó el mundo, un miedo del dios que se dobla ante un humano.

—Bruce…— Clark baja la mirada, derrotado —Pensé… pensé que te había perdido—

Bruce intenta incorporarse, pero un dolor punzante lo derriba, Clark lo sostiene antes de que su cabeza golpee el suelo.

—No…— Bruce aparta la mano con un gesto débil —No me toques…—

Clark se congela, Damian mira a ambos, desesperado, sabiendo que tiene que intervenir.

Pero antes de que diga algo, un sonido metálico se arrastra detrás de ellos.

Diana intenta levantarse.

Bruce, todavía tembloroso, lleva la vista hacia ella, y su mundo, amenaza con romperse de nuevo.

La habitación aún humea cuando Diana se incorpora, su armadura está rota, pero la mirada esta encendida de furia pura. No queda rastro alguno del conflicto moral solo hay determinación y rabia.

—No permitiré que arruinen el mundo que estamos construyendo— gruñe mientras recupera la mitad intacta de su lanza.

Clark, aun sosteniendo a Bruce con una mano, da un paso adelante, Damian se interpone también con su katana en guardia.

—No vas a tocarlo— dice el chico.

Diana no responde, solo ataca.

Es tan rápida que Damian apenas la alcanza a bloquear, el choque metálico le abre las manos, el golpe lo envía contra una pared y su katana se parte en dos.

Clark ruge y se lanza, pero Diana ya está encima de él, la amazona embiste con la lanza como un rayo dorado. Clark retrocede, bloquea con el antebrazo, pero incluso él siente el impacto. El arma está forjada para herir dioses.

Diana gira la muñeca, cambia el ángulo ahora apuntando al corazón de Clark.

Damian grita desde el suelo tratando de incorporarse.

—¡KAL, CUIDADO!—

Clark intenta elevarse pero es demasiado tarde, la lanza baja directo.

Y en ese mismo segundo… Bruce se mueve.

El hombre que no podía ponerse de pie hace un instante, que acaba de despertar de un colapso mental casi fatal, el que tiembla, desorientado y perdido, se lanza sin pensar.

Sin fuerza alguna, sin estrategias, solo instinto puro.

Puro amor.

—¡NO!— grita Clark, extendiendo la mano hacia él.

Pero Bruce ya está allí.

Justo enfrente.

Y el arma… El arma no se detiene.

CRACK

La lanza atraviesa la armadura rota del murciélago y entra profundo en su costado derecho, atravesando carne, musculo y hueso hasta salir un par de centímetros por la espalda.

Bruce jadea con un sonido ahogado.

Clark se queda petrificado al verlo, Damian se congela, sus pupilas se dilatan con horror.

Diana abre los ojos, sorprendida. Ella esperaba atravesar a Clark… no a Bruce.

—…Br… Bruce…— suelta Clark en un hilo de voz irreconocible.

Bruce, aún con el arma dentro y sangre oscura goteando por el filo gira la mirada para alcanzar a verlo apenas.

—No…— susurra, mientras su respiración falla —No más muertes… Clark…—

Cuando la amazona suelta el arma, Clark sostiene su cuerpo antes de que caiga con manos que tiemblan violentamente.

—Bruce, no… no, no, no, no…— susurra, con una desesperación que ninguna guerra había logrado sacarle.

Diana retrocede un paso, sorprendida por su propio acto.

Damian corre hacia ellos, tropezando y tirándose de rodillas.

—¡Papá! ¡PAPÁ! ¡Maldición, no cierres los ojos! ¡No los cierres!—

Bruce intenta hablar, pero su voz es apenas un susurro.

—Damian… hijo…—

Clark pierde el control de su respiración, está por romperse en mil pedazos, levanta la vista hacia Diana, en los ojos del Kryptoniano no queda nada humano en su expresión. Solo la furia de un dios al que le hirieron lo único que le quedaba.

Bruce está muriéndose en los brazos de Clark, la lanza sigue atravesándolo, su respiración es un ruido húmedo e irregular. Pero aun así… no se rinde.

Sus dedos tiemblan, buscando algo en su cinturón destruido. Entre cables rotos, polvo y sangre, palpa un compartimiento oculto, Clark no nota el movimiento, Diana tampoco, ella está concentrada en levantar de nuevo la lanza.

Pero Damian sí ve el movimiento, Bruce aprieta la muñeca de su hijo con una fuerza imposible para alguien que se está desangrando.

—Da… Damian— susurra sintiendo que cada palabra es un cuchillo en sus pulmones.

—Papá, no hables. No te muevas… por favor— Damian forcejea por mantenerlo consciente —No te mueras, ¿sí?—

Bruce cierra sus dedos alrededor de la mano de su hijo depositando un pequeño dispositivo negro, del tamaño de una moneda.

Damian lo mira, ve un solo botón y comprende al instante de que se trata, pues él mismo le ayudó a diseñarlo hacía años, en secreto. Es un protocolo de último recurso, un arma de contingencia para amenazas metahumanas extremas. Se trata de un veneno torturante, una neurotoxina que ataca el sistema nervioso como si fuera fuego líquido, diseñada específicamente para atravesar fisiologías sobrehumanas.

Un arma que Bruce jamás habría usado, pero el momento de hacerlo llegó.

—Bruce—susurra Clark, con lágrimas cayéndole al ver cómo su vida se le escapa entre los dedos —No me dejes. Por favor…—

Bruce apenas gira la cabeza hacia él y lo mira con dolor, pero también con decisión, y con su último hilo de voluntad, murmura hacia Damian.

—Protégelo… de ella…—

Damian aprieta los dientes. El miedo se mezcla con la furia.

—¿Quieres que… la active?—

Bruce cierra los ojos, su cabeza cae un poco hacia adelante asintiendo, lo hace una sola vez, el movimiento es lento y débil, pero claro.

Diana avanza de nuevo, lanzando un grito de guerra.

—¡Clark apártate! ¡¡No permitiré que vuelvan a dictar el destino del mundo!!—

Kal se gira para enfrentarla, con Bruce aún en sus brazos.

Damian no lo piensa más.

—Perdóname, padre— susurra y aprieta el botón.

CLICK.

Nada suena, pero a unos metros, escondido bajo una placa rota en la armadura de Diana, una inyección nanométrica que Bruce le colocó en su traje hace años sin que ella lo notara se activa y perfora la piel de su pierna izquierda. En segundos la toxina entra en su sistema como un rayo silencioso.

Diana avanza, levanta la lanza, hasta que de pronto se detiene, sus ojos se abren desmesuradamente, la lanza cae de sus manos y suelta un grito que no pertenece a ninguna amazona, es un grito completamente inhumano, ronco y desgarrado.

—¿QUÉ… ME… HICIERON?— ruge, cayendo de rodillas, sus manos tiemblan mientras el veneno comienza a recorrerle las venas como fuego demoníaco.

Clark, confundido, mira a Damian.

—¿Qué hiciste?— pregunta con la voz entrecortada por el miedo y la rabia.

Damian aprieta la mandíbula, pero no aparta la vista de Diana.

—Lo que él quería— dice con lágrimas en los ojos.

Desesperado, Clark vuelve su atención a Bruce, el cuerpo del murciélago tiembla sintiendo que cada respiración es peor que la anterior.

—Bruce, aguanta. Te voy a sacar de aquí. Te lo juro. Nada va a pasarte. Nada…—

Bruce sonríe, el gesto es apenas una sombra.

—Eres… un pésimo mentiroso… Kent…— susurra.

Su visión se nubla, Damian le sostiene la otra mano, apretándola con toda la fuerza que un hijo puede reunir.

—¡Papá, no te duermas! ¡No me dejes como siempre haces, por favor! ¡Papá!—

Bruce abre los ojos una última vez para verlos a ambos, ve a Clark llorando y a Damian temblando.

Son su familia.

Y con el último fragmento de consciencia que le queda… Bruce intenta hablar, pero la lanza dentro de su cuerpo no se lo permite.

La luz se apaga, y la escena frente a él se descompone en ruido blanco cuando Bruce pierde el conocimiento.

En ese momento, para Clark, el mundo deja de tener forma.

—BRUCE— ruge, sacudiéndolo con cuidado, pero sin obtener respuesta —¡BRUCE, MÍRAME!—

Nada.

Damian tiene la mano contra los bordes de la herida, presionando con desesperación.

—¡Está frío, Clark! ¡SE ESTÁ PONIENDO FRÍO!—

Eso es lo que rompe al kryptoniano.

Clark recoge el cuerpo de Bruce como si fuera vidrio, la lanza aún esta clavada en su costado y el más ligero movimiento hace crujir tejidos desgarrados, pero no hay alternativa.

Levanta la vista, listo para gritar en desahogo y locura cuando un pensamiento veloz atraviesa su mente. La Fortaleza. Su hogar. Ahora es la única tecnología capaz de salvarlo.

—Damian, sujétate— ordena con una voz que vibra y se quiebra al mismo tiempo.

Damian se aferra a su hombro.

Y Clark vuela.

Rompe el techo, los cielos, las nubes. El aire a su alrededor se vuelve un rugido apocalíptico. No le importa si lo ven. No le importa romper barreras sónicas. No le importa nada.

Solo una cosa ronda en su cabeza.

Bruce respira cada vez menos.

Lo está perdiendo.

Cuando atraviesan los muros de la Fortaleza con un estruendo, los robots asistentes se activan de inmediato con alarmas blandiendo luces rojas.

Kryptoniano— dice una IA —Su compañero está en estado crítico

—¡Ya lo sé!— Clark aparta un robot con un grito histérico —¡Ayudenme!

Deposita a Bruce en una cápsula médica, temblando tanto que apenas puede controlar sus manos. Damian corre para presionar un panel.

—¡Abre la cámara regenerativa! ¡Rápido, rápido!

La cápsula se ilumina con luz azulada mientras brazos robóticos se despliegan cuando Kal deja el cuerpo sobre esa superficie. Pero la lanza sigue dentro del cuerpo de Batman.

Clark coloca una mano sobre el arma y siente el calor de la sangre de Bruce en su piel.

—Esto… va a lastimarlo…— dice, con la voz quebrada.

—Kal— Damian lo mira directamente —Si no lo haces… morirá—

Clark aprieta los dientes.

—Bruce… por favor… perdóname— susurra antes de tirar.

SHRRRACK

La lanza sale de su cuerpo bañada en sangre oscura.

Pero lo peor es que Bruce no grita, está demasiado débil incluso para eso.

Clark cae de rodillas junto a la cápsula.

—No te vayas— susurra, tocando el rostro de Bruce con dedos ensangrentados —No puedes dejarme. No así. No ahora. No después de todo esto—

Damian observa los picos en los monitores y su respiración se acelera cuando aparece una línea fija.

—¡Clark! ¡Está entrando en paro!—

El corazón de Bruce aparece en la pantalla, se ven latidos irregulares, luego son lentos, hasta que son nada.

Clark abre la cápsula con fuerza bruta y presiona su mano contra el pecho de Bruce.

—¡Vamos, Bruce!— su voz se quiebra de una forma que pocos han escuchado en toda la historia —¡Respira!—

Descargas kryptonianas perfectamente medidas atraviesan el cuerpo de Bruce, contrayendo el músculo cardíaco sin quemarlo y provocan que el cuerpo de Bruce salte una… dos… tres veces.

Pero nada.

—¡NO! ¡NO TE VAS!— grita Clark, y se inclina sobre él —¡¿ME OYES?! ¡NO TE VAS A MORIR!—

Sus lágrimas caen sobre la piel pálida de Bruce.

Damian jala de su capa igual que un infante asustado.

—Clark… por favor… haz algo…—

Clark se obliga a respirar a pesar de estar aterrorizado.

—Regenerador celular, ahora—

Damian activa el panel y una luz blanca baña todo el cuerpo del murciélago, reparando tejido, soldando venas, limpiando toxinas… pero el corazón sigue inmóvil.

Clark se derrumba sobre el borde de la cápsula y sus hombros tiemblan sin control.

—Bruce… por favor… por favor, no me hagas esto…—

Damian susurra con voz rota.

—Papá… no me dejes…—

La cápsula emite un pitido para advertir que el corazón de Bruce está muy cerca del umbral donde la muerte se vuelve irreversible.

Clark se inclina, toma la mano fría de Bruce entre las suyas.

—Si te vas… —murmura— …me voy contigo—

Damian lo mira horrorizado.

—¡NO DIGAS ESTUPIDESES!—

Pero Clark no lo escucha, sus ojos están fijos en Bruce, lo aprieta contra su pecho, acercando su frente a la suya.

—Vuelve a mí…— susurra con un temblor —Vuelve conmigo, Bruce. Por favor—

Los monitores quedan en silencio formando una línea casi recta… Hasta que el corazón hace un intento, es un movimiento débil, diminuto apenas perceptible, pero enciende una chispa.

Damian jadea al verlo.

—¡Clark! ¡Clark míralo!—

Clark levanta la vista justo cuando las pantallas marcan un latido, luego otro, y otro más, son débiles, e inestables, pero son reales.

Sin poder contenerse más, Clark rompe a llorar, no le importa su apariencia, lo relevante es que Bruce respira, muy suavemente, y aún está en peligro.

Pero está vivo.

La luz suave de la cápsula médica parpadea en un pulso cálido y constante que está diseñado para acompañar la respiración del paciente.

[Horas más tarde]

Tiempo después, Bruce se revuelve, es un gesto mínimo, pero los monitores captan el cambio y emiten un pitido sutil.

Clark levanta la cabeza al instante, está sentado justo al lado, sin haberse movido en horas. Su armadura está rota, tiene el rostro marcado por lágrimas secas, y su postura es rígida como si temiera que un solo movimiento pudiera matarlo.

Damian está en el otro lado de la cápsula, sentado en el piso, con los brazos alrededor de las rodillas. No ha dormido, y no puede llorar más, solo observa a su padre como si pudiera perderlo al parpadear.

Y entonces… Bruce abre los ojos.

Es apenas una rendija, pero la luz lo hiere.

Su respiración se atraganta en un gemido bajo cuando su cuerpo se estremece por el dolor real, el emocional, el que no se cura con tecnología.

Clark se acerca lentamente, como si temiera asustarlo.

—Bruce…— dice con un susurro que apenas sostiene su propio temblor.

Damian se endereza sintiendo el corazón en la garganta.

Bruce parpadea. Sus ojos borrosos y perdidos vagan intentando ubicar el mundo.

—¿Dónde…?— su voz es un raspado débil —¿Qué… pasó…?—

Clark respira hondo, como si hubiera estado conteniéndolo todo este tiempo.

—Estás en la Fortaleza. Te salvamos. Estuviste… muy cerca—

Bruce intenta moverse y un dolor agudo le cruza el costado. Jadea, llevando una mano instintiva al área donde la lanza lo atravesó… pero la cápsula lo inmoviliza suavemente.

—No te muevas— dice Damian rápidamente.

Bruce gira la cabeza hacia él. Sus ojos aún nublados se enfocan y encuentran los de su hijo.

Damian se congela cuando eso pasa, es como si el mundo se detuviera entre ellos.

Bruce abre la boca, pero no sale nada más que un suspiro herido.

Damian traga saliva, y su voz sale rota cuando finalmente habla.

—Dijiste mi nombre… antes de caer. Pensé… pensé que no ibas a volver—

Bruce cierra los ojos un momento, y una sola lágrima escapa de forma silenciosa.

Cuando los vuelve a abrir, mira a Clark.

Y ahí aparece el verdadero caos interno.

Confusión. Dolor. Recuerdos entrecortados. El control mental. Promesas antiguas. La lanza. Clark llorando. Damian gritando.

Todo se vuelve un torbellino de imágenes y sonidos.

—Clark…— pronuncia el nombre con dificultad, pero no lo hace con reproche, tampoco lo hace con afecto, lo hace como alguien tratando de recordar qué significa.

Clark baja la mirada… y su voz se quiebra.

—Estoy aquí…— dice, con una sinceridad desnuda, sin defensas —No te voy a dejar. No después de esto. No otra vez—

Bruce respira más rápido, abrumado.

—No… puedo…— intenta decir, pero su garganta se aprieta —No entiendo… no sé qué es real… no sé…—

Clark acerca su mano a la de él, pero sin tocarlo todavía.

—Bruce, lo que sea que necesites… te lo daré. Tiempo. Espacio. Explicaciones. Todo. Solo… no me apartes—

Damian mira a ambos, y por primera vez en mucho tiempo parece un niño preocupado por sus padres.

Temblando, Bruce desvía la mirada.

—Intenté… salvarte— susurra, recordando el salto, el dolor, la lanza atravesándolo —¿Por qué…?—

Clark cierra los ojos y respira hondo.

—Porque preferiste morir antes que dejar que me hirieran— dice con una voz tan suave que duele —Y yo… yo habría destruido el mundo si te perdía—

Bruce reacciona con un estremecimiento, la verdad lo golpea más fuerte que cualquier lanza.

Damian toma la mano sana de Bruce con cuidado.

—Papá… estamos aquí. Los dos—

Bruce respira hondo varias veces tratando de organizar lo que siente, y se da cuenta que desde que comenzó este infierno… No siente ordenes en su cabeza, no hay mandato, no hay control.

Todo lo que siente es a su hijo, y a Clark. Ambos esperando, con temor, pero amándolo, cada uno a su manera.

Bruce abre los ojos y, débilmente, susurra.

—¿Puedo… descansar… un momento?—

Clark asiente con la voz rota—

—Todo el tiempo que necesites—

La cápsula baja la intensidad de la luz, los sonidos se suavizan y Bruce se deja caer en un sueño liviano, vulnerable, pero seguro.

Clark se queda allí, vigilándolo, igual que Damian está sin despegarse de su lado.

{-}

En la mente de Bruce solo hay oscuridad, luego aparece una luz cálida.

El hombre siente que camina en un espacio que reconoce como el invernadero oculto de la Mansión Wayne. Aquél que casi nadie sabía que existía. Ese lugar donde la humedad hacía brillar las hojas y donde, por alguna razón, él siempre había respirado mejor.

De repente, una figura aparece entre los destellos verdes.

Clark.

Pero no el líder del Régimen, ni el dios que la gente teme, es el hombre que Bruce recuerda, el hombre que solía amar.

Clark se acerca con esa sonrisa tímida que rara vez mostraba a los demás, una sonrisa que estaba dedicada solo para él.

—Llegaste tarde— dice Bruce, pero su voz no suena áspera, suena joven.

—Me entretuvieron unos gatitos atrapados en un granero— ríe Clark, y Bruce siente el sonido recorrerle el pecho como un recuerdo táctil.

Mira alrededor no hay batallas, ni sangre, tampoco escucha gritos. Solo están ellos dos… En paz.

Clark da un paso más, rozando su mano con la de Bruce.

—¿Te molesta si…?— pregunta Clark, con un rubor torpe que Bruce recuerda haber amado porque era lo contrario a la imagen pública del kryptoniano.

Bruce no responde con palabras, cierra la distancia y apoya su frente contra la de él, sabe que ese contacto simple pero íntimo lo derrite y hace que Clark respire hondo.

—Te extrañé— susurra, como si confesara algo peligroso.

Bruce siente que el corazón le duele, no de miedo, sino por cuánto había olvidado. Cuánto le habían arrebatado.

—Yo también te amé, Clark— susurra Bruce, sorprendiéndose a sí mismo por lo fácil que sale.

El invernadero vibra, como si la memoria misma respirara.

Y entonces, Bruce recuerda las noches en que Clark entraba por la ventana sin hacer ruido, sus manos grandes de en su cintura después de una patrulla, la forma en que Clark decía su nombre como si fuera un refugio, recordó el beso que se dieron la primera vez que aceptaron que no podían seguir fingiendo.

Esa vez estaban los dos bajo la lluvia en la azotea de Gotham, el traje de Superman estaba empapado, y Bruce se encontraba sujetándolo del cuello, sus labios chocaban entre respiraciones desesperadas y besos.

—No quiero perderte—había dicho Clark aquella noche.

Y Bruce, que nunca prometía nada, respondido.

—Entonces no me sueltes—

El recuerdo se quiebra ligeramente, un ruido exterior crea una vibración, es como si algo intentara arrancarlo de nuevo.

Bruce aprieta los ojos, no quiere perder eso, no quiere olvidar otra vez.

Clark vuelve a aparecer frente a él, esta vez con una expresión más seria, más dolida.

—Bruce… regresa. Te necesitamos—

La voz atraviesa la memoria, mezclándose con algo real, tirando de él hacia afuera, pero antes de dejarlo ir, Bruce toca la mejilla de Clark en ese mundo mental.

—Te amé— repite —Aunque lo olvidara, a pesar de que me lo arrebataron, siempre lo hice—

Clark sonríe con ese brillo que Bruce recuerda haber visto solo en instantes muy privados.

—Entonces despierta. Déjame demostrártelo—

La luz estalla y el invernadero se disuelve cuando la mente de Bruce lo empuja hacia la superficie.

Hacia Clark. Hacia su hijo. Hacia la vida.

{-}

Afuera, un zumbido grave recorre las paredes de cristal y metal. Las luces azules parpadean dos veces.

Alerta Intruso Detectado

Clark levanta la cabeza de inmediato, Damian, que se había quedado semidormido en la silla junto a la cápsula médica donde su padre reposa, se pone de pie al instante.

—¿Quién? —pregunta Damian, aunque en el fondo ya lo sabe.

La pantalla holográfica proyecta la silueta inconfundible de una figura alada descendiendo en velocidad de ataque.

Wonder Woman

Clark maldice en voz baja.

—Mierda… no aquí. No ahora—

Damian tensa la mandíbula y aprieta los puños.

—Mi arma se rompió, mi traje igual, Kal apenas puedo pelear contra una amazona sin herramientas, no voy a poder contra ella—

Clark lo mira un segundo, la cápsula detrás de ellos emite un pulso suave, acompañando el ritmo cardíaco de Bruce que sigue inestable todavía.

—No vamos a moverlo— dice —Si lo saco de allí su corazón podría fallar otra vez. No voy a pelear cerca de él—

El sistema vuelve a sonar.

Impacto Inminente

Un estruendo sacude la fortaleza cuando Diana atraviesa la puerta principal con la lanza apuntando directamente hacia ellos.

Damian retrocede instintivamente, colocándose entre la cápsula y el punto de entrada, aun sabiendo que su cuerpo no será suficiente.

Clark avanza un paso al frente, sus ojos brillan en color rojo y su respiración se altera.

—Diana, detente—

Ella camina entre las sombras del hielo roto provocando que sus botas resuenen como golpes de martillo, dejando claro que no viene a negociar y tampoco quiere hablar.

—Sabía que te esconderías aquí— expresa Diana con la voz cargada de desprecio dirigida directamente a Clark —Sabía que lo protegerías. Incluso ahora—

Sus ojos se posan en la cápsula, viendo el cuerpo del murciélago indefenso y dormido.

Damian se interpone más, como un cachorro defendiendo a un león herido.

Clark abre los brazos despacio, bloqueando el camino —Para llegar a él, tendrás que pasar sobre mí—

Diana sonríe de forma amarga, herida y muy peligrosa —Eso era exactamente lo que esperaba—

Da un paso, luego otro, cambiando el agarre de la lanza con cada movimiento dándole escalofríos al chico que no le quita los ojos de encima y le hace tragar saliva de forma tensa.

—Clark… si peleas aquí, la cápsula—

—Lo sé— responde, sin apartar la mirada de la amazona —No podemos dejar que se acerque. Hay que sacarla—

—Pero si me acerco a ella, me mata en dos segundos—

—Lo sé— dice Clark.

Una pausa. Larga, cargada.

Diana inclina la lanza, lista para lanzarla con fuerza suficiente para atravesar una montaña. Solo que en esta ocasión la montaña es Clark, y su objetivo está detrás de él… Bruce Wayne. Con un solo movimiento, esa arma podría romper la cápsula y atravesar su pecho dormido.

Damian toma aire.

—Entonces tienes que pelear sin dejarla entrar. Sea lo que sea, hazlo afuera. No dejes que toque a mi padre—

La lanza se eleva. Clark gruñe, activando su visión calorífica provocando que la temperatura del aire suba unos cuantos grados, el corazón de Bruce dentro de la cápsula tiene un ligero sobresalto que es apenas un parpadeo en su monitor.

—Damian… quédate detrás de la cápsula. Pase lo que pase, protégelo—

Diana lanza un grito de guerra amazona, lanza el arma directo al corazón de Clark, él la intercepta al vuelo en el último segundo, siente el metal divino quemarle la palma.

La fuerza del impacto lo empuja hacia atrás varios metros… pero no la deja pasar, no puede permitir que el arma siquiera apunte hacia Bruce.

—No vas a tocarlo— gruñe.

La mujer carga contra él con los ojos llenos de furia y traición.

—Estás eligiendo a un hombre que te debilitó… ¡sobre tu misión, sobre el bien del mundo!—

—Estoy eligiendo a la persona que amo—

Eso la hace enfurecerse más.

El choque de sus cuerpos rompe el umbral de la fortaleza y los arroja al exterior, a un torbellino de nieve y viento helado. Ambos ruedan por el hielo, el kryptoniano se obliga a arrastrarla lejos, siempre alejándola de Bruce.

—¡Lucha de una vez, Kal!— ruge ella, tratando de tomarlo por el cuello.

Clark se impulsa al aire con ella, luego los estrella a ambos contra una formación de hielo lejano, pulverizándola.

—No voy a matar por ti— habla respirando con dificultad —Y tampoco voy a dejarte matar a Bruce—

—Ese hombre debió morir desde que te debilitó— escupe Diana —Desde que te traicionó. Desde que te dejo irte para esconderte con Lois—

Clark se congela un instante. Ese golpe es bajo y ella lo sabe.

La amazona aprovecha el segundo de duda y le corta el hombro con el filo de la lanza, Clark cae a una rodilla, sujetándose la herida incandescente, pero aun así toma aire profundamente, mira hacia la fortaleza, hacia la cápsula donde Bruce duerme, y encuentra fuerza en el recuerdo para ponerse de pie.

Diana sonríe casi con respeto —Así es como debe verse un dios enojado—

Clark se arroja contra ella al mismo tiempo que Diana carga la lanza con ambas manos. El impacto crea una onda de choque que barre la nieve alrededor como una pequeña tormenta.

La lanza apenas roza el rostro de Clark, cortándole la mejilla. Él la toma por el antebrazo, la gira y la lanza al aire con tanta fuerza que Diana atraviesa una columna de hielo flotante y la destroza.

Diana cae de pie con una rodilla en tierra y escudo levantado.

—No tienes por qué hacerlo, Kal— dice, usando un tono más suave, casi seductor pero manipulador —Mírame, míranos. El mundo necesita esto, mañana mismo podrás hacer que Bruce “olvide” otra vez… como siempre has hecho—

Clark tiembla de rabia.

—Ese fue mi peor error. Y nunca más lo voy a repetir—

La amazona salta, lanza el escudo como un disco que corta el aire a velocidad supersónica. El kryptoniano lo esquiva por milímetros, y el escudo se clava en una pared de hielo cercana.

Ella cae encima de él, golpeándolo con la fuerza de una tormenta, el hombre recibe cada impacto, pero no retrocede, Diana prepara un golpe final, apunta la lanza a su pecho, Clark levanta la mano y detiene el arma con fuerza brutal. El hielo alrededor vibra y la lanza se quiebra un poco por la presión.

—¡Él no vuelve a sufrir por tu causa!— grita Clark, empujándola hacia atrás.

Diana intenta recuperarse, pero Clark la toma del cinturón y la estrella contra el suelo, creando una grieta que avanza varios metros causando que la nieve se levante como una explosión blanca.

Ella se pone de pie tambaleándose, furiosa.

—Te estás dejando gobernar por un mortal quebrado, Kal—

Clark aprieta los dientes y al hablar su voz sale como un trueno.

—Ese “mortal quebrado”… es mi corazón—

La batalla hace que todo retumbe como si el mundo estuviera partiéndose en dos, las paredes de la fortaleza vibran originando que el hielo del techo caiga en pequeños fragmentos.

Damian está frente a la cápsula médica con puños cerrados y respiración acelerada.

—Vamos, papá— murmura.

Un estruendo más fuerte sacude el suelo y la cápsula emite un chasquido.

CRACK.

—¿Qué? No, no, no…—

El cristal transparente que cubre a Bruce empieza a mostrar una grieta fina, apenas visible, pero que va creciendo como una telaraña bajo presión.

La pantalla proyecta un mensaje rojo.

Estabilidad Estructural Comprometida-Riesgo de Exposición

Damian golpea el panel con desesperación.

—¿¡Por qué ahora!? ¡Se suponía que esto te estaba salvando!—

El monitor cardíaco de Bruce registra un salto brusco al mismo tiempo que una oleada de espasmos recorre su cuerpo inconsciente.

—Papá…— Damian acerca la mano al vidrio —Papá, escúchame, no te muevas, por favor…—

Otro golpe sordo llega desde afuera, alguien choca con la pared y hace que toda la estructura tiemble, lo que causa que la grieta se agrande un centímetro más.

Damian aprieta los dientes.

—Si esta cosa se abre… tu corazón no lo va a soportar…—

Entonces su cerebro comienza a pensar rápido, justo como Bruce lo entrenó.

—Calma, Damian… piensa, piensa…—

Abre un compartimento de herramientas médicas de la fortaleza, pero otro estruendo hace tambalear el lugar y lo hace caer al suelo.

El chico respira hondo, dejando salir una oleada de pánico retenido al ponerse de pie —No puedo perderte. No después de todo esto… no después de haberte oído…— toca el vidrio, casi con reverencia —Papá, yo no… yo no quería decirlo así. No quería que escucharas eso—

El monitor cardíaco registra otra fluctuación, Damian retrocede un paso cuando la cápsula empieza a sacar vapor por los bordes y el sistema automático intenta recalibrarse, pero no puede, no con los temblores.

—¡Clark!— grita Damian, como si pudiera escucharlo —¡Necesito que vuelvas YA!—

Nadie responde, en cambio otra alarma suena.

Integridad Critica-Apertura Inminente

Damian siente cómo un nudo le oprime el estómago cuando mira a su padre que esta vulnerable, pálido, respirando con dificultad.

—Está bien… está bien… yo te protegeré no importa la forma—

Se coloca entre la cápsula y la puerta, en posición de combate. No tiene armas, tampoco un traje, y con cero garantías de ganar, en ese momento es solo un hijo defendiendo lo único que le queda.

La cápsula tiembla una vez más y empieza a abrirse lentamente dejando escapar vapor por los bordes.

Damian se gira hacia la entrada justo cuando un estruendo ensordecedor sacude todo el lugar.

La puerta principal, hecha de tecnología kriptoniana reforzada se parte y explota hacia adentro, Diana atraviesa el humo como un animal de caza. Su cabello está desordenado, su respiración es irregular, aún tiene la lanza rota en la mano, y su mirada es asesina.

Damian se planta frente a ella, en posición defensiva.

—No vas a tocarlo— dice, sin titubear.

Diana lo observa como quien mira un insecto inocente antes de aplastarlo.

—Damian— dice en un suspiro helado, casi con lástima —Eres un niño. No te interpongas—

Pero el chico no se mueve.

—Sé que quieres matar a mi padre— expresa —Pero antes… escucha—

Diana arquea una ceja.

Al fondo, un monitor cardiovascular comienza a emitir pitidos incoherentes, acelerándose mientras la cápsula continúa abriéndose, sin embargo, Damian no mirar atrás.

No puede darse el lujo.

—Clark no está traicionando la misión— comienza a hablar —Está intentando reparar lo que tú y el Régimen rompieron.

Diana avanza un paso y la temperatura de la habitación parece bajar.

—Clark está debilitando el mundo— responde ella —Y lo está haciendo por un hombre que ya debería estar muerto—

Damian siente el golpe en el pecho, pero no retrocede, en cambio, respira hondo para calmarse y seguir con su plan.

—Ese hombre lo sostuvo cuando tú no lo hiciste—

La amazona parpadea un par de milímetros, pero Damian lo nota.

Afuera se oye un quejido, Clark apenas se está recuperando del golpe que lo había dejado inconsciente... No va a regresar a tiempo, por lo que Damian continúa hablando.

—Tú ves debilidad porque no entiendes las conexiones humanas, el amor, la culpa… la pérdida—

Diana inclina la cabeza, ligeramente.

—Soy una amazona, Damian. Fui criada para comprender todas las formas de amor. Pero eso— señala con desprecio la cápsula —Eso no es amor. Es una distracción, una cadena y un error que nos esta costando un mundo entero—

Damian vuelve a respirar hondo antes de responder —Si te acercas a él— explica firme y frío, idéntico a Bruce —Voy a pelear contigo—

—Sabes que no puedes ganar— responde la mujer.

—Pero puedo ganar tiempo— El muchacho aprieta los puños.

Esas palabras llaman la atención de Diana y la hace entrecerrar los ojos.

—¿Tiempo para qué?

En ese momento, justo detrás de Damian… Bruce se mueve.

La cápsula se abre por completo en un susurro mecánico, el cuerpo del murciélago cae hacia adelante dejando a Bruce de rodillas en el suelo, respirando como si volviera de entre los muertos. No está del todo despierto, pero tampoco esta inconsciente.

Diana ve esto y sonríe.

—Perfecto— dice levantando la lanza rota.

Damian salta frente a su padre —¡No!—

Y en ese preciso instante, una sombra roja atraviesa la entrada con fuerza supersónica.

—¡ALÉJATE DE ÉL!— grita Clark furioso a pesar de seguir sangrando.

Diana apenas tiene tiempo de cruzar los brazos frente a su cuerpo antes del impacto.

El choque entre ambos retumba dentro de la fortaleza como un rayo atrapado en una caverna provocando que trozos de hielo y fragmentos de metal kryptoniano vuelan por todas partes con cada intercambio de golpes que parten columnas de la fortaleza.

Bruce, aún de rodillas, intenta recuperar el aliento, su visión se aclara de golpe al escuchar un gruñido familiar, profundo, desgarrado.

Damian se inclina sobre él —Papá, ¿estás bien?—

Bruce levanta la vista, sus ojos aún están vidriosos, pero la lucidez regresa como un relámpago cuando ve el entorno y la destrucción.

La parte de su mente que es la más vieja, pero también la más entrenad se activa sola, evaluación táctica inmediata. Bruce toma el brazo de Damian.

—Damian… escucha—

—Necesitamos evacuarte—

—No— indica Bruce con un gruñido débil, pero firme —Necesito que me escuches—

Otro estruendo estalla cuando Clark atraviesa una de las paredes laterales y Diana lo sigue con el escudo alzado.

—¡Kal, DETENTE!— grita Bruce, su voz quebrándose por el dolor.

Clark lo oye, pero ese instante de distracción le cuesta un puñetazo de Diana directo al rostro que lo lanza contra el suelo.

Damian se gira para proteger a Bruce, pero el adulto le aprieta el antebrazo con fuerza.

—No lo mires a él. Mírame—

Damian obedece con la respiración temblorosa al ver como su padre inspira una bocanada dolorosa.

—Diana no está luchando para ganar— revela —Está luchando para acercarse a mí—

Damian abre los ojos.

—¡Entonces debo mover!—

—NO— dice Bruce, tajante mientras se obliga a ponerse de pie con un quejido. Sus piernas fallan, pero el chico lo sostiene.

—Clark está inestable— continua Bruce pues sabe que no puede perder más segundos —Su control emocional se fractura cuando yo estoy en peligro, y Diana lo sabe. Lo está usando como arma—

Damian aprieta los dientes frustrado y enojado —¿Entonces qué hacemos?—

Bruce mira las grietas el techo, analiza rutas, al mismo tiempo que calcula colapsos estructurales.

Batman esta completamente despierto.

—Diana tiene ventaja en fuerza y combate, Clark está agotado y yo no puedo pelear, además que tú no puedes enfrentarla directamente…— hace una pausa breve cuando su mirada se endurece —Así que vamos a quitarle el terreno—

—¿El terreno?—

Bruce asiente una vez.

—La estructura kriptoniana responde a órdenes de voz registradas, Clark me dio acceso hace años. Antes de Lois—

Damian parpadea sorprendido —¿Estás diciendo…?—

—Vamos a forzar a Diana a pelear en un ambiente que no pueda controlar—

Otro golpe sacude la sala.

Clark intenta levantarse mientras se limpia con una mano la sangre que pasa por la comisura de la boca, Diana gira la lanza rota, apuntando directo a él.

Bruce aprieta la mandíbula buscando enfocarse.

—Damian— dice —Repite: “Fortaleza, Protocolo Mutatio Gravitatis”—

Damian repite las palabras, fuerte, claro.

—¡Fortaleza, Protocolo Mutatio Gravitatis!—

Las luces cambian de color a rojo, las paredes vibran y algunos desechos metálicos comienzan a reacomodarse.

Confundida, Diana se detiene un instante ante las alarmas.

Clark levanta la cabeza, jadeando.

—B… ¿qué… qué hiciste?—

Bruce lo mira directo a los ojos.

—Cambiar las reglas del campo—

Un panel se en el suelo cuando una plataforma gravitatoria comienza a activarse.

Bruce fuerza una exhalación.

—Damian… mantente después de la línea azul. Si ella cruza ese punto…—

—Entiendo— dice el chico con la voz firme.

Diana frunce el ceño, retrocediendo un paso sin querer mostrar sorpresa cuando siente el tirón extraño bajo sus pies junto a la vibración en el aire.

—¿Qué es esto?— pregunta, irritada —¿Qué truco ridículo estás intentando ahora?

Bruce, apoyado en Damian, responde con una media sonrisa débil y seca muy propia de él.

—No es un truco. Es… un ajuste del entorno—

Un zumbido más fuerte retumba.
El piso se ondula visualmente, como si se curvara.

Gravedad Variable Activada— anuncia la voz robótica.

De inmediato, un tirón invisible jala el cuerpo de Diana hacia un costado con violencia.

—¿Qué pasa…?— gruñe ella, plantando la lanza rota para estabilizarse.

El suelo ahora tiene el equivalente a una inclinación gravitatoria del 120% que para cualquier mortal sería como caminar sobre una montaña vertical.

Clark, en cambio, se recupera de inmediato, su cuerpo kryptoniano se equilibra sin esfuerzo, pues en el pasado varias veces había hecho uso de ese protocolo para entrenar solo o junto a Bruce, aunque en ese momento jadea por el desgaste de la pelea.

—Buen movimiento… B— murmura Clark, sin apartar la vista de Diana.

Bruce respira con dificultad, pero asiente.

—Ella no puede pelear si no puede mantenerse en pie—

Diana intenta levantarse —Cobardes… ambos son…—

El campo gravitatorio aumenta, las placas del suelo se iluminan en azul, empujando su cuerpo contra el piso como si se tratara de una montaña empinada.

Clark avanza hacia ella, lento pero firme, Diana gruñe, tratando de levantarse para lanzar un ataque desesperado pero la gravedad la aplasta contra el suelo antes de que pueda hacerlo dejando oportunidad a que Clark la alcance, ella lanza un último golpe con el puño y el hombre lo bloquea con una mano.

—Basta, Diana— habla viéndola a los ojos, pero a diferencia de ella no lo hace con odio o con venganza, lo hace con agotamiento y con dolor físico y mental.

Con un movimiento rápido pero controlado, Clark la toma por el antebrazo, levanta su peso reducido por el campo gravitatorio y la estrella contra la plataforma gravitatoria que Bruce y Damian activaron, el impacto la deja inconsciente al instante y el sistema detecta su postura inmóvil.

Enemigo neutralizado

El silencio es inmediato.

Clark avienta lejos la lanza rota, respira como si hubiera corrido una maratón bajo el sol.

—¿Están bien?— habla mirando a Bruce y a Damian.

Bruce, agotado, apoyado en su hijo, apenas logra mantenerse de pie.

—Durante… unos minutos— murmura sintiendo como sus piernas tiemblan por el sobre esfuerzo, ante ese temblor Damian aprieta más el agarre.

—Papá, te va a dar un colapso si sigues de pie—

El murciélago intenta responder, pero un espasmo le cruza el pecho provocando que se curve hacia adelante, respirando con dolor.

Instantáneamente, Clark aparece junto a él, tomándolo antes de que caiga.

—¡Bruce!— la voz se le rompe —No… no, no, no. Quédate conmigo…—

El hombre lo mira, está consciente pero pálido, y siente la mente aun luchando por mantenerse enfocada.

—Clark… necesitamos… asegurarnos de que Diana… no despierte—

—Primero… tú— dice el kryptoniano temblando.

Damian los observa, tenso y preocupado, pero manteniendo la compostura que su padre le enseñó.

Bruce está al límite.

Clark intenta recostar al hombre en una de las camillas auxiliares, pero Bruce aprieta los dientes, fuerza los músculos temblorosos de su cuerpo y lo sujeta del antebrazo con inesperada firmeza.

—B, por favor— ruega Clark —Necesitas sedación. Tus signos están fuera de control—

Bruce levanta la mirada, sus ojos todavía están nublados, pero albergan algo mucho más profundo que el dolor físico.

—No…— su voz sale ronca, quebrada —No… me duermas todavía—

Kal frunce el ceño, preocupado —Bruce, tu corazón no—

—Cállate— interrumpe con un susurro filoso, como un hombre que se agarra a su última oportunidad —Escúchame—

Solo entonces el hombre de acero se detiene y Damian también.

Como si cada palabra costara, Bruce respira hondo antes de hablar.

—Clark… hay algo que tengo que decirte antes de…— se le corta la respiración —Antes de que me pongas a dormir otra vez—

El super hombre se inclina para estar más cerca, desesperado por retenerlo consciente.

—Estoy aquí. Dime—

Bruce traga saliva, tembloroso cuando lo suelta.

—No dejé de amarte—

Literalmente Clark se congela, como si incluso su respiración se apagara un segundo, pero eso no detiene a Bruce, que continúa con la voz temblorosa pero cargada de una verdad que había estado enterrada durante años.

—Nunca. Ni cuando…— cierra los ojos un instante cuando tiembla ante el recuerdo —Ni cuando cortaste lo nuestro. O cuando escogiste a Lois. Tampoco cuando decidiste que el mundo no iba a aceptarnos. Ni cuando te fuiste—

Clark siente el aire escapársele del pecho, pasa una mano temblorosa por la mejilla de Bruce, incapaz de contener la emoción.

—Bruce…—

Bruce abre los ojos, y en ellos hay dolor, uno viejo y ardiente, un dolor que se reconoce demasiado bien.

—Por eso duele tanto, Clark— susurra —Porque te seguí amando, incluso cuando ya no debía. Incluso cuando empezaste a… a perderte—

Cuando latido irregular sacude el monitor a su lado Damian da un paso inconsciente hacia ellos, preocupado, pero Bruce continúa, con el poco aliento que le queda.

—No sé si…— su voz se fractura —No sé si podré perdonarte por haber matado al Joker… o a Brainiac… o por haber hecho lo que me hiciste a mí—

Clark baja la cabeza, asustado, como si esas palabras atravesaran su armadura más que cualquier arma.

—Bruce… yo nunca esperaría que me perdonaras— habla al fin con su voz quebrándose —No después de todo lo que te hice—

Bruce afloja su agarre sobre el brazo de Clark… solo para volver a tomarlo, más fuerte junto a una súplica que jamás habría mostrado antes.

—No me dejes solo—

Clark abre los ojos, y una lágrima silenciosa se desliza por su mejilla.

—Nunca más— responde, con la voz rota.

Bruce exhala, como si esa fuese la única respuesta que necesitaba oír antes de permitir que la oscuridad lo tomara otra vez, aunque aun se mantiene despierto apenas.

Damian mira a ambos en un remolino de emociones, esta confundido, conmovido y silencioso al mismo tiempo, por primera vez, ve a su padre como humano y a Clark como algo profundamente distinto al tirano que había seguido.

El hombre herido vuelve a murmurar.

—Quédate… hasta que me duerma—

Clark lo sostiene con ambas manos, casi envolviéndolo con su cuerpo, protegiéndolo del frío, del miedo y del mundo.

—Siempre—

Es hasta entonces que Bruce finalmente deja que su cuerpo se afloje para permitir que la sedación empiece.

Cuando empieza a hacer efecto y los párpados de Bruce se vuelven más pesados, sus dedos siguen aferrados al uniforme de Clark con la terquedad de un soldado que no suelta su última arma, temiendo que su corazón fuera a desmoronarse si lo suelta, Clark lo acomoda con una suavidad que no combina con su fuerza, acomodándolo contra su pecho mientras respira hondo, tratando de darle calma con su simple presencia.

Damian permanece a unos pasos, rígido, con los puños apretados, Clark baja la mirada hacia Bruce, acariciándole la frente con los dedos mientras habla en voz muy baja, casi un susurro.

—Estoy aquí, Bruce. No voy a irme… no esta vez… no de nuevo—

Bruce exhala con un sonido pequeño, vulnerable, como si lograra escucharlo incluso desde el borde del sueño.

Damian desvía la mirada, hay un temblor en su mentón que intenta disimular, pero Clark lo nota.

—Damian…— dice con suavidad, sin alzar la voz para no alterar a Bruce —Si necesitas decir algo, puedes hacerlo ahora—

El chico aprieta los labios, dudando, sus ojos viajan de Bruce, que ya está casi inconsciente, respirando con dificultad, pero en paz por primera vez, hacia Clark.

—No entiendo nada de esto— admite finalmente.

Clark mantiene una mano en la nuca de Bruce, masajeando suavemente para aliviar la tensión.

—Bruce… me amó— dice con honestidad simple, sin dramatismos —Y yo también lo amé—

Damian suelta una risa amarga pero temblorosa.

—Así que todo este tiempo yo… crecí odiándote por algo que ni siquiera comprendía—

Clark levanta la vista hacia él, sus ojos no tienen ira, solo cansancio.

—Tu padre también pasó años sin comprenderlo— responde Clark —Pero eso no hizo que fuese menos cierto—

El chico mira a Bruce y sus hombros dejan de estar tensos, aunque sea un poco.

—Él todavía te ama— dice Damian, con voz baja —Nuca supe con certeza que tú eras esa persona, y yo lo odié por eso, por no poder… soltar a alguien que lo destruyó—

Clark traga saliva.

—Damian…— su voz se suaviza aún más —Él nunca dejó de ser tu padre, incluso cuando yo… perdí el control. No fue tu responsabilidad protegerlo de mis errores. Fue la mía—

EL muchacho aparta la mirada, pero esta vez no es arrogancia, es vergüenza, una que lo ha acompañado toda la vida.

—Hace unas horas, cuando creí que lo habías matado por ese estúpido control mental…— susurra Damian, y el tono tiembla —Pensé que yo también iba a perderlo. Y… no sé por qué me sorprendió tanto que te importara, pensé que lo dejarías morir…—

Clark baja la cabeza, con el peso de mil errores sobre la espalda.

—Nunca podría dejar morir a Bruce. Aunque él ya no me quisiera. Aunque todo estuviera roto. Aunque yo…— traga —Me hubiera convertido en algo que él no reconocía—

Damian respira hondo, intentando estabilizarse para poder hablar de forma más normal —¿Él… te perdonará?— pregunta con la voz de un hijo que necesita saber si su familia puede sanar.

Clark no se atreve a mentir —No lo sé— admite —Pero voy a pasar el resto de mi vida… intentando ser alguien digno de recibir ese perdón—

El joven mira a Bruce nuevamente viéndolo relajado y protegido entre los brazos de Clark.

—¿Puedes…?— Damian baja la mirada, avergonzado —¿Puedo… quedarme un momento?—

Clark mueve la cabeza en un asentimiento leve.

—Él querría que estuvieras aquí— responde —Siempre quiso—

Damian traga, y finalmente se acerca a la cama y poder poner una mano sobre la de Bruce, apenas rozándola, el adulto que ya casi esta dormido aprieta ligeramente su mano, y ese gesto hace que se forme un nudo en la garganta al niño.

—Perdón, padre… por no estar a la altura— murmura —Por no entenderte antes—

Clark posa la mirada en ellos y se vuelve una imagen que nunca creyó volver a ver, Bruce, vivo, sosteniendo las manos de las dos personas que más amó, más lastimó y que lo lastimaron.

En un movimiento delicado, Kal recuesta el cuerpo del murciélago y la nueva cápsula de recuperación se sella con un suave click, envolviendo a Bruce en un campo de estabilidad mucho más robusto que el anterior. Su respiración es profunda, regular, y aunque su rostro aún luce exhausto, ya no hay dolor tensando sus facciones, Clark no se separa de la cápsula hasta que los monitores confirman que el nivel neurológico es estable, en cambio, Damian camina al otro extremo de la sala para pasar sus manos sobre un panel táctil con rapidez.

Ambos saben que no tienen tiempo para descansar.

Wonder Woman esta rota y herida, pero todavía es peligrosamente poderosa incluso inconsciente, por ahora descansa contenida en una camilla sellada con amarres reforzados de nanotecnología de la Fortaleza de la Soledad.

Damian revisa las lecturas con el ceño fruncido.

—Las correas internas sostendrán su fuerza física… pero su resistencia mágica es otra historia— dice después de varios minutos de leer los monitores —No puede estar despierta cuando se recupere. No podemos arriesgarnos a que despierte antes de terminar el sello arcano—

Clark respira hondo, tensándose ante los hechos.

—Nunca quise llegar a esto con ella— admite —Diana fue… mi amiga. Mi familia— Se queda en silencio un instante —Pero si vuelve a tocar a Bruce o intenta llevárselo… no habrá otra oportunidad—

Damian lo mira de reojo, cruzándose de brazos.

—Es irónico—

—¿Qué cosa?— pregunta Clark sin dejar de monitorear la contención.

—Que tú… de todos… estés conteniendo a Diana y no al revés—

Clark baja la mirada —Ya no soy quien era— responde en voz baja —Para bien o para mal—

El chico vuelve a ver su panel, pero la línea de su mandíbula sigue tensa porque hay algo más que quiere decir, pero no se atreve… todavía.

Clark se acerca al cuerpo inmóvil de Diana.

—¿Nivel de sedación?— pregunta sin apartar la vista.

Damian introduce una serie de comandos.

—Suficiente para dormir a un meta humano clase omega durante doce horas… si no tiene resistencia divina— lo mira —En este caso, tenemos suerte de que esté debilitada por el protocolo de gravedad—

Clark asiente.

—Necesito que termines la barrera en la pared oeste. Solo contención física no será suficiente. Tiene armas que no vemos—

Damian mueve la cabeza con un asentimiento firme.

—Ya estoy adaptando la celda kryptoniana para resistir energía mágica. Mi padre…— se detiene un segundo, corregido por la costumbre —Bruce tenía análisis previos del lazo y espada de ella, puedo usarlos como referencia—

Clark se queda congelado, hay un instante extraño, casi tierno, cuando escucha a Damian usar el nombre de Bruce sin la armadura emocional que siempre lo recubría.

—Gracias, Damian— dice con sinceridad.

El chico suspira —No lo hago por ti— responde, aunque su voz carece del veneno habitual —Lo hago por él. Y porque…— hace una mueca leve —Admito que no quiero que… mueras tampoco—

Clark parpadea con genuina sorpresa mientras Damian lo ignora y cambia de tema apresuradamente.

—Ayúdame con el generador del sello—

—Claro—

Ambos se colocan junto a la celda en construcción y el aire se llena de chisporroteos eléctricos junto a la vibración del campo de energía comenzando a tomar forma. Por varios minutos es todo lo que se escucha, hasta que Damian rompe el silencio.

—Clark… si ella despierta antes de tiempo… ¿qué vas a hacer?—

Clark detiene sus manos un segundo y su rostro se oscurece con determinación.

—Proteger a Bruce— dice simplemente —Aunque tenga que enfrentarla otra vez—

Damian asiente aceptándolo —Entonces yo también—

Clark lo mira, con algo parecido a orgullo —Eres como él— murmura.

El chico frunce el ceño, pero no lo niega.

Mientras tanto, la celda se ilumina con un destello brillante estabilizándose alrededor del cuerpo inconsciente de Diana.

—Terminado— dice Damian, respirando hondo.

Clark asiente —Bien. Ya podemos concentrarnos en Bruce—

EL joven lo mira unos segundos más y habla en voz baja —¿Crees… que cuando despierte… estará mejor?—

EL kryptoniano mira la cápsula donde el hombre duerme.

—Va a luchar por estarlo— responde —Y yo… voy a estar con él cuando lo haga—

[Cinco meses más tarde]

La madrugada en Gotham es fría, incluso para un Wayne. El cielo está apenas encendido por un tono azul oscuro, y la brisa atraviesa los árboles del jardín con un susurro grave.

Sobre el balcón de la mansión, Bruce Wayne permanece inmóvil, apoyado con ambas manos en la baranda de piedra envejecida.

No lleva camisa y por eso el vendaje blanco alrededor de su abdomen es completamente visible bajo la luz pálida del amanecer, ese que marca una herida que, aunque ya está cerrada, sigue siendo un recordatorio punzante.

Su piel tiene sombras de cicatrices, algunas finas y viejas, otras recientes, pero todas son consecuencia de aquellos días que casi lo destruyen por dentro y por fuera.

Su postura rígida traiciona el dolor residual que intenta ocultar cuando respira hondo.

Detrás de él, los pasos de Damian suenan firmes, pero esta vez no suenan agresivos.

El chico se detiene a unos metros.

—Deberías estar acostado— dice finalmente sin intensión de sonar a una orden porque está más cansado que molesto.

Bruce inclina apenas la cabeza sin girarse a verlo.

—No puedo. La cama se siente… demasiado quieta—

El chico observa la espalda de su padre en silencio. Lo ha visto entrenar con heridas mortales, lo ha visto sangrar sin quejarse, lo ha visto pelear hasta que sus huesos crujen, pero nunca lo había visto así… tan humano.

Se acerca un paso más aun manteniendo distancia.

—Sabes que si Alfred estuviera vivo te obligaría a meterte de nuevo a la cama. Y a mí me obligaría a ayudarte a hacerlo— dice, intentando sonar ligero, pero su voz falla un poco al pronunciar el nombre.

El adulto exhala, mirando hacia el horizonte donde la luz empieza a empujar la oscuridad.

—Lo sé— murmura —Probablemente estaría aquí regañándome. Y preparándome té—

Damian baja la mirada —No… no quiero que vuelvas a descompensarte— admite —Las últimas recaídas fueron…—

Finalmente, Bruce gira ligeramente la cabeza, lo suficiente para verlo de reojo.

—Lo sé— responde con suavidad impropia de él —No volverá a pasar—

El chico aprieta los puños, frustrado —No puedes prometer eso—

—Tampoco tú puedes vigilarme veinticuatro horas— contraataca el hombre, aunque su tono es más cálido que cortante.

El viento mueve ligeramente el vendaje en su abdomen, como si quisiera recordarle cada dolor, cada decisión y cada trauma de su vida.

Damian respira hondo, obligado a cambiar de tema, el principal por el que había aparecido.

—Clark llegará hoy, ¿verdad?—

Bruce cierra los ojos un segundo.

—Sí—

—¿Estás listo para hablar con él?— No hay reproche en la pregunta, solo preocupación genuina.

Bruce abre los ojos despacio, mirando la ciudad que tanto ama y tanto lo lastima.

—No lo sé— admite con voz ronca.

El muchacho se acerca un poco más, lo suficiente para poder ver el temblor sutil en los dedos de Bruce apoyados en la baranda.

—¿Quieres que me quede cuando él llegue?— pregunta, sorprendiéndose a sí mismo con la oferta.

El murciélago baja la vista, y por un instante parece pequeño dentro de su propia piel.

—Quiero que estés aquí… pero no para protegerme— murmura —Solo… por si me quiebro otra vez—

Damian traga saliva, sintiendo cómo algo pesado se libera un poco en su pecho —Entonces me quedaré— dice —Y si te quiebras, te levanto. Como tú hiciste conmigo—

Bruce lo mira finalmente, con un brillo suave que rara vez muestra.

—Gracias, hijo—

Damian desvía la mirada, ruborizado y rígido.

—Tsk… no empieces con sentimentalismos a las cinco de la mañana—

Bruce suelta una exhalación que casi parece una risa.

El silencio vuelve cómodo esta vez mientras el sol empieza a asomar y Damian se queda ahí, a su lado, como un guardián silencioso… esperando el inevitable momento en que Clark llegará a la mansión Wayne.

[-]

El sonido metálico de una armadura aterrizando suavemente en la entrada de la mansión Wayne corta el aire helado del amanecer. Clark desciende sin la capa, sin símbolos, vistiendo solo un traje oscuro reforzado por respeto al ambiente que está a punto de pisar más que por necesidad.

Damian lo espera en el vestíbulo con los brazos cruzados y su semblante afilado, pero sorprendentemente sereno.

Clark da un paso hacia él —Gracias por dejarme entrar— dice en voz baja.

Damian alza una ceja —No lo hice por ti, Bruce te quiere aquí. Eso basta—

Clark asiente, aceptando la respuesta sin ofenderse.

Se crea segundo de silencio tenso entre ambos hasta que Damian lo rompe.

—Antes de que hables con él— dice, directo —Hay un tema que debemos tratar primero—

Clark frunce el ceño, preocupado.

—¿Diana?—

El muchacho asiente lentamente.

—Los análisis de la última semana confirman que ya no razona. Las fracturas mentales avanzaron. El lazo solo la mantuvo estable mientras ella creía que eras su misión. Sin eso, su mente… se descompuso—

Clark cierra los ojos un instante, como si el mundo se volviera más pesado.

—Yo… nunca quise que terminara así—

Damian responde con un tono inusualmente serio, casi compasivo.

—Lo sé, si la hubieras querido eliminar, lo habrías hecho cuando te atacó en la Fortaleza, y lo hizo tres veces—

Clark intenta sonreír apenas, pero falla.

—¿Sigue segura?—

Damian asiente —La jaula kryptoniana resistió todos los ataques. Y la capa mágica que agregamos… también— hace una pausa —A veces se queda en silencio horas. Otras… grita tu nombre. O el de Bruce. Depende del día—

Clark traga saliva, sintiendo un nudo quemarle la garganta.

—¿Dice algo coherente?—

Damian niega con un hilo de voz.

—No. Está… perdida. Para siempre, creo—

Clark pasa una mano por su rostro, devastado y Damian lo observa un momento antes de hablar de nuevo.

—Sé que te duele Kal. Ella fue tu aliada… tu amiga, pero no puedes cargar con eso también—

—Ella cayó por mi culpa— susurra Clark —Si yo no hubiera…—

—No— interrumpe Damian, firme —Ella tomó sus decisiones, al igual que tú y que mi padre—

Clark lo mira sorprendido pues no esperaba ese tipo de claridad del chico.

—La diferencia— continúa Damian —Es que tú intentas arreglar las consecuencias. Diana no—

Clark baja la mirada al suelo de mármol.

—¿Alguna vez me va a perdonar… todo lo que hice?— pregunta con un hilo de voz, demasiado vulnerable para la leyenda que suele cargar.

Damian no responde de inmediato, en cambio, avanza unos pasos y se coloca frente a él, mirándolo directo a los ojos.

—Mi padre… no dejó de amarte— dice, sin rodeos —Pero está roto. Y tú estás… en reparación—

—Damian…—

—No me malinterpretes— lo corta —No estoy diciendo que vuelvan a ser pareja, ni socios, ni nada. Solo digo que, si vienes a pedir perdón esperando que Bruce se derrita, no estás listo para lo que pasará cuando hablen de frente—

Clark respira hondo, sintiendo el corazón acelerar.

—Entonces… ¿qué hago?—

Damian lo analiza un segundo antes de hablar.

—Sé honesto. No perfecto, no invulnerable. Honesto— Baja la mirada y aprieta los puños —Porque yo también estoy intentando arreglar las cosas con él, Kal— admite en voz baja —Y no quiero que lo rompamos más… ni tú ni yo—

Clark asiente, con un respeto profundo —Lo prometo, Damian. No volveré a hacerle daño. Ni a ti—

El chico desvía la mirada, incómodo.

—Tsk… más te vale—

Después solo hay silencio, hasta que un ruido suave arriba, en el pasillo del segundo piso, llama la atención de ambos, son pasos lentos y conocidos, son doloridos pero firmes.

Bruce se acerca al barandal del piso superior, el vendaje aún es visible en su cuerpo a pesar de que se puso una bata, y mira hacia abajo hacia Clark viéndolo de forma vulnerable, es cauteloso, pero es real.

Damian respira hondo —Listo o no… es tu turno— dice sin apartar la vista de su padre.

Clark levanta la cabeza para verlo, Bruce esta quieto como una estatua, lo observa con una mezcla de nostalgia, dolor y algo más profundo que ninguno de los dos se atreve a nombrar.

El kryptoniano da el primer paso hacia la escalera, lo hace despacio, sin volar, sin mostrarse más fuerte de lo necesario, sus movimientos son medidos, casi humildes, cada escalón que sube parece pesado, como si arrastrara años enteros de decisiones rotas.

Al verlo aproximarse, Bruce siente cómo su respiración se altera pese a estar en reposo, su columna se tensa y su postura cambia cuando retrocede un paso, y luego retrocede otro, Clark sabe que no es por miedo físico, es por el recuerdo, el eco del control mental que durante semanas moldeó su cuerpo y su voluntad.

Kal se detiene al instante sin subir otro escalón y ya no intenta acercarse más, decide que lo mejor es levantar una mano abierta, a la altura del pecho en un gesto de calma.

—Está bien— susurra con un tono apenas audible, suave, casi reverente —No voy a tocarte y no voy a acercarme si no lo quieres—

Bruce inspira hondo, su rostro, normalmente impenetrable, está marcado por un brillo de vulnerabilidad pura, los dedos de su mano derecha tiemblan apenas sobre el barandal.

Damian, desde el piso inferior, observa la escena con una mezcla de tensión y protección feroz.

—Tienes que dejarlo avanzar a su ritmo— dice el chico con la voz rasposa por la preocupación, pero su padre lo ignora, porque toda su atención está fija en Clark quien no aparta los ojos ni un instante, sus ojos brillan con una tristeza inmensa acompañada de una culpa que parece estar agotándolo desde adentro.

—B— murmura, en un susurro que parece romperse —No quiero que retrocedas por mi culpa—

Bruce traga saliva aun con la mandíbula apretada lo que provoca que su voz salga más áspera de lo normal.

—No es por ti. Es por…— respira buscando calma —Todo—

Clark asiente, sin moverse —Lo sé— Hace una pausa y su voz sale aún más baja —Te lo juro… nunca más voy a tocar tu mente. No volveré a usar mis poderes para forzarte. Nunca—

Bruce cierra los ojos un instante y retrocede un paso más. Pero este no es por rechazo, es instintivo, un reflejo en su memoria de un control que ya no existe pero que dejó cicatrices invisibles.

La postura de Clark se suaviza cuando nota el cambio.

—No esperaba que confiaras en mí tan rápido— admite —Solo… quiero que me escuches. Si eso es todo lo que puedes darme hoy… está bien—

Bruce vuelve a abrir los ojos. Y ahí, en ellos, hay algo distinto.

Dolor y algo de rabia contenida, pero también hay anhelo, anhelo del hombre que lo amó primero, mucho antes del caos, de la muerte, de Lois, del Régimen.

Batman respira profundo.

—No sé qué siento— dice al fin, con brutal honestidad —Estoy… roto, Clark—

—Yo también— responde Clark bajando la mirada.

Sin darse cuenta, Bruce da medio paso hacia adelante, el movimiento es pequeño, pero Clark no se atreve a interpretar mal.

Damian decide intervenir.

—Si van a hablar… háganlo en un lugar donde mi padre no se caiga por las escaleras— dice, cruzándose de brazos.

Bruce exhala un aire que podría ser casi una risa.

Casi.

Clark alza la mirada de nuevo —¿Puedo… subir un poco más?— pregunta, pidiendo permiso como si él no fuera Superman.

Bruce no responde de inmediato, pero termina asintiendo, muy leve, apenas perceptible, pero lo hizo, y Clark sube dos escalones más para luego detenerse justo donde el cuerpo contrario no reacciona negativamente.

Justo en ese momento quedan cerca, no tanto como antes, pero si es más de lo que Bruce habría permitido hace unos días.

—Hay algo que necesito decirte antes que digamos cualquier otra cosa— empieza Clark después de soltar todo el aire que tenía atrapado en el pecho

Bruce que esta quieto y frágil solo lo observa.

—Dilo—

Clark mira sus ojos y su voz tiembla.

—Si vuelvo a perderte… si vuelvo a fallarte… no sé si voy a poder seguir—

Bruce siente cómo un impacto invisible le recorre el pecho cuando respira hondo de forma inestable.

—No me vas a perder— susurra.

Clark parpadea, sorprendido y Bruce mira hacia abajo un segundo, luego vuelve la vista a él.

—No todavía—

Y por primera vez en meses… Superman deja escapar un suspiro que no es de culpa, sino de alivio.

Bruce inspira profundamente, tratando de estabilizar el temblor que apenas puede ocultar. Mira a Clark, luego a las escaleras, luego de nuevo a Clark.

—Ven conmigo— dice con voz grave, aunque no tan firme como le gustaría —Podemos hablar en mi estudio—

Clark asiente de inmediato, como si temiera que Bruce cambiara de opinión si tardaba demasiado en responder.

—Solo si estás seguro— murmura.

El otro no responde, solo da media vuelta lento teniendo cuidando con su abdomen vendado, y empieza a caminar por el pasillo que conduce al ala este de la mansión.

Clark espera un segundo hasta que se da cuenta de que Bruce realmente quiere que lo siga. Solo entonces sube los últimos escalones y avanza detrás de él, manteniendo una distancia prudente.

Damian observa a ambos desaparecer en el corredor.

—No se maten— gruñe, más nervioso de lo que quiere admitir.

Ninguno responde.

El estudio de Bruce es luminoso, gracias a las ventanas altas que dan al bosque. El olor a madera, tinta y libros viejos llena el aire, y aunque está ordenado, hay signos de que Bruce ha pasado horas ahí intentando estabilizar su propia mente.

Clark se detiene en la entrada cuando el murciélago ya está dentro, apoyándose un segundo en el escritorio antes de sentarse, sin embargo, no se sienta en su silla grande de cuero, sino en una más sencilla, de madera.

Es casi simbólico, no quiere ver a Clark desde un pedestal con figura de Batman, ni como el estratega frío que solía ser.

Clark se queda quieto al analizarlo en cambio Bruce levanta la mirada.

—No te quedes en la puerta— dice con suavidad que lo sorprende incluso a él —Siéntate—

Clark avanza despacio y elige una silla frente a él, no muy cerca pero tampoco muy lejos.

Un silencio denso e importante se instala entre ambos.

Bruce entrelaza los dedos sobre su regazo, luchando contra algo que no es físico.

—No voy a…— se detiene, respira hondo —No voy a fingir que estoy bien contigo, Clark. Pero tampoco voy a fingir que no te…— su voz titubea —Que no te he extrañado—

Clark baja la mirada al suelo, sintiendo que algo cálido y doloroso le estalla en el pecho.

—Yo también te extrañé— responde, casi sin voz.

Bruce aparta la mirada.

—No sé si puedo ser tu…— tiene que cortar la frase porque la palabra pareja le quema en la lengua —No sé qué puedo ser para ti ahora. Lo único que sé es que… no quiero que esto termine en odio—

Sorprendido, Clark levanta la cabeza de golpe.

—Bruce… yo no vine a pedirte que volvamos— dice de forma honesta —Vine a pedirte… que me dejes demostrarte que puedo cambiar. Que puedo curar lo que rompí—

El multimillonario lo mira de lleno y es junto igual a como lo hacía antes de Lois, antes del Régimen, antes de la guerra.

—Clark…— y esta vez su voz suena rota de verdad —Me hiciste mucho daño—

El nombrado baja la cabeza —Lo sé—

—No solo a mí— continua Bruce —A mi mente. A mi cuerpo. A mi equipo. A mis hijos. A mis principios— Cada palabra cae como una sentencia y Kal aguanta todas sin defenderse.

Bruce aprieta los dedos entrelazados y respira hondo

—Pero también fuiste… el amor más grande que tuve— dijo con una voz se suaviza con esa sinceridad desgarradora

El kryptoniano siente el aire irse de sus pulmones cuando el otro sigue hablando sin mirarlo esta vez.

—Y eso es lo que hace que todo esto duela tanto—

Clark cierra los ojos, con un temblor visible en la mandíbula.

—B…— su voz se quiebra —No merezco que me digas eso. Pero gracias. Gracias por no borrarme. Gracias por darme… una oportunidad de hablar contigo—

Bruce lo mira otra vez, y decide que esta vez no retrocede.

—Quiero escucharte todo. Lo bueno. Lo malo— Hace una pausa y su voz se vuelve casi un susurro —Lo que sientes—

El otro levanta la mirada despacio —¿Estás seguro? —pregunta con un temblor casi reverente.

Bruce asiente —Estoy seguro. Quiero escucharlo todo. Estoy… listo para eso—

Clark respira y toma los antebrazos de la silla entre sus manos para aferrarse a algo que no sea el cuerpo frente a él, su voz sale baja y contenida, está cargada de emociones viejas, cicatrices recientes y amor que nunca murió del todo.

—Lo primero que siento… es que nunca dejé de amarte—

Bruce se queda inmóvil, y Clark continúa.

—Te amo, Bruce— el hombre se pasa una mano por el cabello, con la mandíbula temblándole apenas —No sé si alguna vez dejé de hacerlo. Y por eso… por eso todo se fue al demonio—

Wayne no aparta la mirada, quieto aun lado del escritorio y el vendaje asomando bajo la bata abierta mientras la ventana deja entrar una luz suave del día, pero la tensión entre los dos podría partirla en pedazos.

—Sigue— murmura sin juicio.

—Perdí el control porque tenía miedo. Miedo de perderte. Miedo de no ser suficiente para salvarte. Miedo de que cada día estuvieras un paso más lejos de mí— Aprieta los puños —Y cuando Joker… cuando Brainiac… Bruce, me aferré a lo único que creí que podía proteger, tú. Tú eras el eje de todo lo que me quedaba—

El murciélago entrecierra los ojos, no con ira, sino con una atención cortante.

—Dependía de ti más de lo que admitía— continúa con la voz quebrándose —Me volvía loco cada vez que te alejabas, cada vez que elegías Gotham sobre mí… Cada vez que sonreías como si nada pudiera tocarte— Se ríe sin humor —Y cuando tuve la fuerza para cambiar el mundo, para… “arreglar” todo… lo usé para no sentirme tan solo. Para no sentir que cada decisión tuya me dejaba atrás—

Bruce inspira lento y profundo tratando de asimilar todo.

—No justifico nada, no hay excusa para lo que hice. Maté, forcé, lastimé a muchos. Y en el fondo, lo hice porque te amo tanto que perdí quién era— Sus ojos brillan húmedos —No quiero que me perdones ahora, y tampoco quiero que aceptes lo que hice. Solo quiero que entiendas… por qué me rompí así—

Un silencio que pesa como plomo cae sobre ambos.

Bruce finalmente se apoya en el escritorio con ambas manos, no hay odio en su mirada, pero tampoco lo mira con ternura.

—Clark, si quieres que vuelva a confiar en ti…— La voz es ronca, cansada, pero directa —Tendrás que volver a aprender a ser tú. No mi sombra ni mi guardián. Ni si quiera un dios con miedo—

Clark asiente, respirando como si por fin pudiera hacerlo.

—No voy a huir de lo que soy, ni de lo que hice, tampoco de lo que siento por ti—

Bruce baja la mirada apenas un segundo —Bien— susurra —Porque esta vez… no pienso reconstruirte yo—

La frase no es dura, es brutalmente honesta y a Clark le duele, pero también lo alivia.

—Durante meses— empieza Bruce, enderezándose con un leve gesto de dolor proveniente del abdomen —Pensé que te había perdido. No por lo que hiciste… sino porque no te reconocía—

Superman levanta la vista como si cada palabra fuera un impacto directo al pecho.

—Te observé imponer justicia como una máquina. Te vi tomar decisiones sin medir consecuencias humanas. Presencié como… te volvías algo que no eras. Y me pregunté si todo ese tiempo… yo había visto un reflejo idealizado. Pensé que nunca te había entendido realmente—

A pesar de su tamaño Clark parece más pequeño cuando sus hombros le tiemblan.

En cambio, sin rastro de dureza y sin elevar la voz, Bruce continua.

—Pero cuando te vi en la Fortaleza… entrando en pánico por mí, suplicando, desgarrándote…— Respira hondo —Me di cuenta de algo que me había negado a aceptar: tú no te volviste un tirano porque eras cruel. Te volviste un tirano porque estabas solo. Y porque nunca aprendí a dejarte entrar de verdad—

—B… no digas eso. No fue tu culpa—

—No dije que fuera mi culpa— Bruce ladea la cabeza, estudiándolo —Dije que también fui parte del vacío en el que caíste. Y verlo… entenderlo… cambió todo— hace una pausa profunda —No dejé de amarte, Clark, ni un segundo. Pero empecé a ver cuánto te dolía mi forma de amar—

La respiración de Clark se quiebra. Lo intenta contener, pero no puede, sus dedos se crispan contra sus muslos y la garganta se le cierra de repente.

—Bruce…— La voz sale en un hilo roto —No digas que aún me amas. No… no puedo con eso si no vas a quedarte. Si solo es… compasión—

El hombre frunce el ceño y se pone de pie para caminar lo suficiente para quedar frente a él.

—No es compasión— dice bajo pero firme —Es la verdad. Y si voy a seguir aquí, contigo, necesito que entiendas algo: no voy a perdonarte hoy. Nunca voy a olvidar de golpe. Pero tampoco voy a dejar que te hundas en lo que fuiste. No otra vez—

Clark abre los ojos, están vidriosos, y su alma está completamente expuesta. Todo el peso, toda la culpa, toda la necesidad que llevaba meses reprimiendo cae de golpe.

—Bruce…— La voz finalmente se rompe del todo —No merezco esto. No merezco que aún me mires así—

—Probablemente no— responde de forma suave y brutalmente sincero —Pero aun así lo hago—

Eso es lo que lo destruye.

Clark se lleva una mano a la boca, ahogando un sollozo que no logra contener. Se resbala de la silla y cae de rodillas, como si el suelo fuera lo único capaz de sostenerlo mientras las lágrimas caen sin control por su cara, silenciosas pero implacables.

Bruce no retrocede, solo baja una mano y la coloca en la nuca de Clark, apoyándolo mientras el hombre más fuerte del planeta se derrumba a sus pies.

—Estoy aquí, Kal— susurra, usando ese nombre con una suavidad que lo atraviesa —Pero no soy tu ancla ni tu razón para existir. Si quieres que esto funcione, tendrás que aprender a no romperte cuando digo la verdad—

Clark apoya la frente en la cadera de Bruce, respirando tembloroso, sin poder hablar, sin poder ocultarse, y el otro lo deja, no lo abandona.

No obstante, afuera del cuarto, Damian no había querido escuchar.

De verdad no.

Solo iba a verificar que Bruce no hubiera tenido una crisis física o mental, que la cena estaba casi lista… pero al llegar al estudio, escuchó la voz de Clark quebrarse, luego la de su padre, baja, íntima, diciendo cosas que Damian jamás creyó escuchar de él.

Su mano en la perilla se le congeló, y entonces un sonido seco llegó a sus oídos, era Clark cayendo de rodillas, el chico empuja apenas la puerta y se queda petrificado con lo que ve dentro.

Clark, el dictador que dominó el mundo, el kryptoniano invencible, la pesadilla más grande de su generación, esta arrodillado frente a Bruce, temblando y con el rostro húmedo de lágrimas.

Su padre está de pie, con una mano firme sobre su nuca, es un gesto de cercanía, de intimidad, y es algo que a Damian le raspa dentro del pecho porque no sabe si es alivio, confusión o miedo.

—Padre…— murmura apenas, sin saber si interrumpir o retroceder.

Bruce levanta la mirada, no se sobresalta ni se aparta de Clark. Solo sostiene a su hijo con los ojos, como si supiera exactamente lo que él está viendo y lo que está procesando.

—Damian— dice con ese tono grave que usa cuando algo es serio —Entra—

Clark no se mueve, está demasiado hundido en sí mismo, respirando entrecortado y un tanto avergonzado, y destruido.

Damian da dos pasos dentro, la puerta queda ligeramente abierta tras él y observa la escena completa.

—¿Por… qué está…?— No termina la frase, no sabe cómo hacerlo.

—Porque por primera vez— responde el murciélago sin soltar a Clark —Está enfrentando lo que hizo. Sin violencia, poder, o alguna excusa.

El pecho de Damian se comprime. Es como ver a un dios reducido a un hombre. Un hombre roto.

—Clark— dice Bruce, presionando apenas su nuca, para invitarlo a levantar la cabeza —Tenemos compañía—

Clark se obliga a enderezarse, sus ojos están rojos, su respiración aún esta descontrolada, y tiene la vergüenza marcada en cada fibra de su rostro.

Damian siente algo extraño al verlo, no es odio, y tampoco es miedo, es una punzada de empatía. Una que jamás creyó posible.

—Tú…— traga saliva —¿Por qué te estás arrodillando así?—

Clark abre apenas la boca hablando en un murmullo rugoso.

—Porque… porque ya no puedo seguir fingiendo que soy fuerte— lo mira directamente —Y porque le debo a tu padre… más de lo que puedo reparar en mil vidas—

El chico baja la mirada mientras sus puños se aprietan para contener algo que nunca pensó que sentiría hacia él.

Bruce, en cambio, observa a su hijo, atento.

—Damian— dice con calma —Esto… va a ser complicado. Y necesitamos decidir juntos cómo avanzamos—

El mencionado asiente, todavía sin poder apartar los ojos del hombre más poderoso del planeta arrodillado ante su padre. Piensa que quizá, solo quizá, la redención de Clark no es imposible.

El hombre vendado aprieta suavemente el hombro de Clark en una invitación silenciosa a ponerse de pie, pero el kryptoniano no reacciona enseguida, su respiración aún es irregular, el temblor en sus manos es evidente, como si el mero acto de confesarse lo hubiera vaciado por dentro.

—Kal— murmura Bruce con esa voz que solo usaba en momentos muy privados, es casi un susurro que raspa años de historia compartida —Levántate— El hombre traga saliva e intenta incorporarse, pero sus piernas no le responden.

Es casi absurdo, el ser más fuerte del planeta temblando como si fuera de cristal.

Bruce da un paso más cerca, lo toma por el brazo y bajo las costillas, sosteniendo su peso, y Clark… se deja sostener mientras Damian lo observa todo sin moverse.

Ve el leve tirón que da Bruce para levantarlo, observa la forma en que Clark, casi por instinto, inclina la frente hacia el hombro de Bruce para estabilizarse, nota la proximidad, esa que no es accidental sino vieja, conocida, tan perfectamente articulada como si encajaran desde siempre.

Aquello no es simple cercanía física. Es memoria. Es un destello del “nosotros” que alguna vez fueron y Damian lo siente como un golpe en el pecho.

Bruce se asegura de que Clark esté firme antes de soltarlo, aunque no lo hace del todo, porque su mano queda en la base de la espalda del kryptoniano, en un gesto íntimo, involuntario, pero real.

Kal respira hondo, mirando a Bruce como si ese contacto fuera la única ancla que le queda.

—Perdón— murmura, apenas audible —Tendría que… tendría que poder mantenerme en pie solo—

Bruce niega suavemente.

—Después de todo lo que confesaste, después de lo que vivimos… sostenerte es lo menos que puedo hacer—

La frase cae entre ellos como una chispa que revive una llama antaño extinguida, y Damian lo nota, lo siente… Lo respira.

Ese intercambio no pertenece a compañeros viejos, ni a enemigos reconciliados, es demasiado íntimo, está cargado de historia. Tiene…

Demasiado amor.

El chico cierra los puños a los costados en una mezcla de respeto, incomodidad y un dolor extraño que es celos quizá, o tal vez la sensación de descubrir algo profundamente vulnerable en su padre.

Clark alza la mirada hacia Bruce, como si no pudiera evitarlo, mientras que Bruce sostiene esa mirada, firme, sin apartarse.

Durante un segundo, el mundo se reduce solo a ellos dos.

Damian traga saliva, nunca los había visto así, nunca había imaginado que su padre pudiera mirar a alguien de esa forma. Y nunca, jamás, pensó ver a Superman mirarlo igual.

Bruce entonces retira lentamente la mano de la espalda de Clark, consciente de la presencia de su hijo.

—Kal— dice, más formal ahora —Podemos sentarnos. Hay más que hablar—

Clark asiente, pero no lo hace con la autoridad de antes, sino con el respeto de alguien que sabe que está en territorio sagrado.

El más joven, sin embargo, sigue de pie, intentando ordenar lo que siente. Una parte de él teme. Otra entiende, y quizás la más incómoda, se siente testigo de algo que nunca debió presenciar.

El viejo amor entre Bruce y Clark, aunque destrozado, aún tiene un pulso. Es uno fuerte, es uno que ninguno de los dos puede disimular más.

Y ahora Damian lo sabe.

Bruce Wayne es el primero en romper el silencio que se formó entre los tres. Lo hace sin brusquedad, pero con esa precisión quirúrgica suya que no deja espacio para escapar.

—Damian— habla, señalando la silla frente a ellos con un movimiento leve de la mano —Siéntate—

Es una orden suave, pero una orden al fin, el mencionado aprieta la mandíbula, pero obedece. Camina hasta la silla y se deja caer en ella, rígido, como si su armadura emocional estuviera agrietándose.

Bruce toma asiento a un costado del escritorio, Clark, aún frágil, se sienta frente a él. Todo queda dispuesto como un triángulo incómodo cargado de verdad pendiente.

Damian mira a ambos hombres. A su padre, vendado aún bajo la bata. A Clark, con los ojos hinchados y la respiración temblorosa. Y logra sentir la tensión, la historia, el amor sin decir y aun así evidente.

—¿Cuánto tiempo?— escupe, directo, sin filtros —¿Cuánto tiempo estuvieron juntos? ¿Y por qué… por qué nadie lo sabía?—

Bruce cierra los ojos un segundo, Clark traga aire como si fuera doloroso. No escaparán, Damian lo sabe entonces les toca responderle.

Bruce es el primero en hablar.

—Varios años— dice con voz firme, sin adornos —Antes de que todo… cambiara—

Damian se inclina hacia adelante, las manos temblando pese a su intento de esconderlo.

—¿Años?— y ahí sale el resentimiento, caliente y crudo —¿Y nunca pensaste que tenía derecho a saberlo?—

Bruce lo mira fijamente.

—Nadie tenía derecho a saberlo— responde con calma fría —Era privado. Y era… complicado—

Clark asiente, hundiendo un poco los hombros.

—Fue real— agrega con un hilo de voz —Pero también frágil. Fue escondido porque…— mira a Damian directamente —Porque hubieran usado eso contra él. Contra nosotros dos—

Damian entrecierra los ojos.

—¿Y Lois?— pregunta, sin piedad —¿Le mentiste también a ella?—

Clark baja la mirada con culpa.

—A Lois le dije la verdad cuando la conocí. Cuando entendí que… ya no podía estar con tu padre— su voz se rompe suavemente —No fue traición. Fue… un final que ninguno de los dos quiso, pero que yo pensé que era necesario—

Bruce aprieta los labios en un gesto tenso.

Damian observa ese intercambio y algo empieza a encajar. Esa forma en que Clark mira a Bruce, la forma en que Bruce no aparta la mirada, el temblor en las manos del kryptoniano, el peso en los hombros de su padre.

—¿Y qué pasó? ¿Por qué terminaron?—

—Porque— responde Bruce antes que el contrario tenga oportunidad —Él creyó que el mundo no podía aceptarnos—

Damian parpadea, sorprendido por la dureza de la frase, pero Clark cierra los ojos, como si reviviera el dolor.

—No fue solo eso— murmura —También pensé que… que Bruce estaría mejor sin mí. Que Lois podía darme una vida más… normal. Más segura—

—Fue una mentira— Bruce dice, sin suavizarlo —Y dolió. Mucho—

El muchacho siente algo en su pecho, algo que no esperaba, pena. Por su padre. Por Clark. Por un amor que nunca supo que existió, y que ahora entiende por qué sigue ahí, latente, peligroso y hermoso.

—Padre…— murmura, menos duro ahora —Por eso estabas tan… mal estos meses. ¿No es así?—

Bruce lo mira con su rostro endurecido pero honesto.

—Perder a Clark una vez fue difícil— confiesa —Perderlo de nuevo… casi me destruye. En más formas de las que imaginas—

Damian se queda callado absorbiendo cada palabra. Y, lentamente, deja de ver a dos dioses quebrados para empezar a ver a dos hombres que alguna vez se amaron profundamente, y que, de algún modo, aún no han dejado de hacerlo.

Ambos adultos lo observan en silencio y Damian siente ese peso en el aire, esa electricidad que no entiende del todo pero que reconoce como algo antiguo, profundo e imposible de ignorar, hasta que finalmente, incapaz de soportar la incertidumbre, suelta la pregunta directa, cruel y necesaria.

—¿Van a volver a estar juntos?—

Clark parpadea, sorprendido, Bruce se queda completamente quieto cuando el silencio que los envuelve es brutal.

El chico los mira a ambos con los ojos afilados, pero es su voz no existe ya veneno, solo miedo y esperanza, juntos son una mezcla que lo vuelve más joven de lo que le gusta admitir.

—Quiero una respuesta— agrega, sin rodeos —No puedo… no puedo seguir actuando sin saber qué va a pasar. Si esto…— señala el espacio entre los dos —Va a cambiar todo otra vez—

Clark es el primero en bajar la mirada, tragando saliva.

—Damian…— empieza, muy suave —No es tan simple—

El más joven golpea el escritorio con la palma abierta —¡Nunca es simple! ¡Nunca lo ha sido!— respira hondo —Pero no me mientan. No después de todo lo que pasó—

Bruce se inclina hacia adelante y su voz suena baja pero firme —No vamos a mentirte— aquello se siente como una sentencia, pero hace que Damian se enderece, esperando.

Bruce mira a Clark, y Clark lo mira a él y algo pasa ahí. Un intercambio silencioso. Un reconocimiento. Un dolor compartido. Una memoria viva.

Finalmente, Bruce habla.

—No lo sé—

Damian parpadea, frustrado.

—¿Cómo que no lo sabes?—

Bruce no se altera.

—Kal…— lo mira con una mezcla de vulnerabilidad y contención —Me rompió el corazón varias veces. Y no sé si puedo… si puedo permitir que vuelva a hacerlo—

Clark se encoge un poco. Como si cada palabra lo golpeara físicamente.

—Pero tampoco puedo negar— continúa Bruce —Que aún siento algo. Y eso me aterra más que cualquier villano con el que haya peleado—

Damian lo mira, sorprendido por esa honestidad tan cruda, Clark, en cambio, parece a punto de desmoronarse otra vez.

—Bruce…— susurra, temblando —Yo…—

El hombre levanta una mano, deteniéndolo.

—Todavía no, Kal. No tomaremos decisiones apresuradas. No después de todo esto—

Clark se queda en silencio, asintiendo despacio, con un dolor humilde que Damian jamás vio en él.

El joven respira hondo, quizá no esté satisfecho, pero entiende un par de cosas: Su padre está herido. Clark está arrepentido. Y lo que sienten sigue siendo real.

—Entonces…— dice Damian, exhalando —¿La respuesta es “tal vez”?—

Bruce lo mira directamente.

—La respuesta es “si ocurre, será lento, muy lento… y seguro”. Y Clark tendrá que demostrar que merece otra oportunidad—

Clark cierra los ojos, su mandíbula está temblando, como si cada palabra fuera una cuerda que lo sostiene al borde del abismo.

Damian observa ese destello entre ellos dos, el amor viejo, el amor roto, el amor que se niega a morir, y suspira.

—Muy bien— dice finalmente —Entonces… supongo que yo también tendré que decidir si puedo vivir con eso—

Bruce se queda quieto y Clark contiene la respiración cuando Damian se levanta lentamente.

—Pero por ahora…— mira a ambos —No los odio. A ninguno—

Y se va, cerrando la puerta detrás de él.

El estudio queda en silencio, y en ese silencio, después de tantos años, Bruce y Clark se permiten mirarse sin máscaras.

Y duele… pero también sana.

[Un año después]

La mañana es fría en la mansión Wayne.

Bruce permanece frente al espejo, sin camisa, respirando lento, como si cada exhalación fuera un intento de convencer a su propio cuerpo de que sigue vivo.

La cicatriz atraviesa su abdomen como un río torcido, es profunda, gruesa y aún esta rojiza en ciertos bordes. Es la marca exacta del día en que Wonder Woman lo atravesó con la lanza… El día en que casi muere en brazos de Clark.

El murciélago desliza dos dedos sobre la cicatriz. No siente dolor, solo con una mezcla de furia, memoria y agradecimiento que no sabe resolver.

Cuando estuvo estable fue llevado a un médico donde lo suturaron perfectamente, previamente la medicina kriptoniana hizo su parte, pero la línea sigue ahí, como si el universo quisiera recordarle que incluso Batman tiene un límite.

En silencio, detrás de él, aparece Damian, el niño no dice nada al principio, solo lo observa desde el marco de la puerta con los brazos cruzados y expresión tensa.

Bruce capta su reflejo en el espejo.

—Puedes entrar— dice, sin apartar la vista de la cicatriz.

Damian avanza, pero no queda demasiado cerca, es como si temiera interrumpir algo sagrado, o tal vez algo demasiado frágil.

—La herida ya no duele— dice el adulto, aunque parece más una afirmación dirigida a sí mismo.

Damian frunce los labios —Eso no es cierto—

—Físicamente— aclara.

El muchacho baja la mirada un instante.

—Pensé que te morirías— confiesa con una seriedad que rara vez usa —Cuando te vi caer… cuando vi la sangre… pensé que ya no…— se interrumpe, incómodo, como si mostrar vulnerabilidad fuera traición a su entrenamiento.

Bruce se gira un poco hacia él, pero no lo obliga a sostener la mirada.

—Pero no morí— dice con calma —Sigo aquí—

Damian aprieta los puños—Esa cicatriz…— señala con el mentón —Es un recordatorio de lo cerca que estuviste de no estarlo—

Bruce no niega eso, pero su mirada vuelve al espejo, a la marca, a la historia que encierra.

—También es un recordatorio de por qué sigo luchando— dice finalmente.

Damian lo observa, intentando leer más allá de las palabras.

—¿Por mí?— pregunta, con una mezcla de inseguridad y arrogancia que solo un Wayne puede manejar.

Bruce sonríe apenas —Por ti—

—¿Y por Clark?— pregunta directo, sin anestesia.

El hombre no se inmuta, ni se sobresalta, tampoco se ruboriza. Simplemente respira lento y profundo.

—Clark…— murmura —Es parte de la razón por la que tengo esta cicatriz. Y también parte de la razón por la que sigo vivo—

Damian aprieta la mandíbula, procesando.

—Sé que viniste a decirme algo— agrega Bruce, sin dejar de observarlo a través del espejo.

Es entonces que el chico da un paso más al frente.

—En unas horas, verás a Clark otra vez. En la cueva. A solas— admite con un tono que no puede disimular su preocupación —Solo quería… asegurarme de que estás… preparado—

Bruce alza una ceja —¿Crees que no lo estoy?—

Damian respira hondo —Creo que lo amas más de lo que quieres admitir… y que eso te hace vulnerable. Y no sé si eso… es bueno para ti—

Bruce finalmente se gira por completo hacia su hijo.

—Ser vulnerable no me hace débil, Damian— dice con una firmeza tranquila —Me hace humano—

Damian lo mira, tragando saliva, y por un instante parece un niño de diez años otra vez, asustado de perder al único adulto estable que siempre tuvo.

—No quiero que él te vuelva a lastimar— dice en voz baja.

Bruce se acerca, pone una mano en su hombro y la aprieta con una calidez que no suele mostrar.

—Entiendo. Te prometo que… estaré atento. Pero también debes entender algo tú— lo mira a los ojos —No se puede amar a medias. Y tampoco se puede sanar sin enfrentar lo que duele—

Damian asiente despacio, aunque no está del todo convencido, sin poder evitarlo sus ojos vuelven a la cicatriz. La toca apenas con la mirada, como si esa marca fuera un enemigo silencioso.

—Lo que pase, será importante, ¿verdad?— pregunta.

Bruce suspira.

—Sí. Lo será—

—Entonces estaré cerca— responde Damian —No intervendré a menos que sea absolutamente necesario. Pero… no voy a irme lejos—

Bruce sonríe, no es grande ni tan evidente, pero real.

—Gracias— dice.

Damian asiente, se da la media vuelta y sale de la habitación, dejando que Bruce vuelva a mirar la cicatriz, y esta vez, en su reflejo, ve otra cosa además del dolor, ve un futuro posible.

Se ajusta la camiseta negra sencilla cuando sale de su habitación y camina al ascensor que lo lleva a la Baticueva, pero apenas pone un pie adentro cuando escucha un golpe seco que se vuelve un temblor ligero en la estructura de la cueva. No es destructivo y tampoco de una emergencia.

Es Clark.

Cuando Bruce llega abajo, no lo encuentra flotando o erguido como un dios, el hombre está de pie en el borde inferior de la plataforma, con los hombros tensos, los dedos entrelazados y hundidos en su propio pantalón, las respiraciones cortas y los ojos demasiado abiertos.

—Llegaste temprano— dice Bruce con calma, bajando los últimos escalones.

Clark levanta la mirada teniendo las manos temblorosas.

—Lo siento… no quería… sé que dijiste que, a las ocho, pero yo…— respiró hondo —B, no podía quedarme en casa. No hoy. No… no solo—

Bruce caminó hacia él sin apresurarse, no se mueve como Batman, sino como Bruce. Con el paso más humano que tenía.

—¿Ataque?— pregunta de forma suave, pero con esa precisión que siempre lo caracteriza.

Clark niega con la cabeza.

—No fue exactamente un ataque. Fue más como… una sensación. Un presentimiento. No sé— trata de reír, pero la voz se le quiebra —A veces me despierto y pienso que voy a perderlo todo otra vez. Y… Bruce, tú dijiste que viniera cuando pasara—

El hombre se queda en silencio un segundo. No duda, evalúa. Segundos después se acerca y pone una mano firme sobre el antebrazo de Clark, y el kryptoniano reacciona como si lo hubieran regresado al mundo real.

—Estoy aquí— dice Bruce, bajando la voz hasta ser casi un susurro —Respira conmigo—

Clark asiente mientras Bruce lo lleva a sentar en el escalón más amplio de la plataforma cuando notó el temblor en su pecho, los meses habían construido entre ellos una confianza nueva, distinta, más lenta y honesta que la de antes.

—Perdón— murmuró Clark, hundiendo el rostro en las manos —No quiero ser una carga—

—No lo eres— responde Bruce de inmediato, sin permitir que la frase flote más de un segundo en el ambiente —Y no tienes que disculparte por pedirme que esté aquí. Has estado trabajando en esto. Cada semana estás mejor—

Clark suelta un suspiro tembloroso, ladeando la cabeza hacia el otro hombre.

—Pero aún tengo miedo— confiesa —Sobre todo cuando pienso en ti. En perderte. En lo que pasó. En lo que casi te hice…—

Bruce toma aire, sintiendo aún esa punzada de la cicatriz en su costado, pero no como dolor físico, sino como memoria.

—No estamos retrocediendo, Clark— dice con serenidad —Estás avanzando. Y parte de avanzar es venir aquí cuando sientes que se te mueve el piso. Eso no es debilidad, es progreso—

El kryptoniano lo mira entonces con un brillo agotado pero sincero.

—Bruce… tú no tienes idea de lo que significa que sigas aquí—

El mencionado levanta una ceja —Creo que sí— responde con suavidad apoyando su hombro ligeramente contra el de él —Porque yo también sigo eligiendo estar—

Entonces, el temblor en las manos de Clark se calmó gradualmente dejando que el hombre sonriera sin miedo, aunque fuera un poco.

La cueva estaba en semi penumbra, iluminada sólo por las pantallas y la línea de luces tenues sobre la zona de entrenamiento. Bruce activó un par de plataformas de combate, nada demasiado exigente, apenas lo suficiente para que Clark desahogara tensión sin perder el control.

El kryptoniano, aún un poco rígido, hace unos segundos que se despojó de la chaqueta que llevaba puesta, y mientras se ajusta unos guantes especiales que habían sido diseñados para medir la fuerza aplicada, Bruce notó cómo los dedos le temblaban.

—Vamos a empezar suave— indicó Bruce mientras encendía los sensores del piso.

—No quiero lastimarte— murmura Clark.

—No lo harás— responde el otro con absoluta seguridad, dando un paso hacia él —Confía en ti como yo confío en ti.

Clark respiró hondo sintiendo como ese “confío en ti” podía desbaratarlo tanto como lo podía reconstruir.

Bruce se coloca en guardia —Tres golpes, no más, que sean controlados. Marca el ritmo conmigo— dice, moviéndose como si flotara —Inspira… exhala… y empieza—

Kal obedece y avanza, el primer golpe fue casi tímido, suave, probando su propia estabilidad y provoca que el murciélago lo desvié con facilidad.

—Bien— murmuró —Ahora, más firme. No más fuerte, firme—

El segundo golpe fue más claro, más decidido, Bruce lo recibe en el antebrazo y gira la muñeca para desviar la trayectoria.

—Eso es. Estás aquí, Clark. No estás perdido—

Clark apretó la mandíbula y lanzó el tercer golpe, cuando lo hizo, Bruce vio exactamente lo que necesitaba ver, control, también vio tensión porque aún había miedo incrustado en los tendones. Pero existía control.

Bruce atrapó el puño de Clark entre sus manos y lo mantuvo ahí, cerca, inmóvil, respirando frente a frente, provocando que el kryptoniano se quedara congelado, con el pecho acelerado.

—¿Ves?— dijo Bruce —No perdiste el control. Lo acabas de demostrar—

Clark bajó la mirada, parecía contener lágrimas, pero eran de alivio esta vez.

—Es que… cuando pienso en lo rápido que antes podía… romper cosas, romperte…— sacudió la cabeza —A veces siento que cualquier emoción mía puede desatar algo—

Bruce aflojó lentamente su agarre en el puño de Clark, pero no se alejó.

—Entonces practiquemos emociones— propuso, y había un tono deliberadamente suave en su voz —Intenta moverte apreciando lo que estás sintiendo, sin bloquearlo—

Clark lo miró con una mezcla de incredulidad y temor —¿Emociones mientras entreno? Eso… nunca lo hice—

—Exacto— responde Bruce —Y por eso lo necesitas ahora—

Kal tragó saliva visiblemente nervioso.

—¿Qué emoción?—

Bruce Wayne dio un paso atrás, abrió la guardia y de forma muy simple dijo.

—Lo que sientes por mí—

El impacto no fue físico, sino emocional, Clark parpadeó sorprendido, casi retrocediendo, pero luego inhaló, cerró los ojos un segundo, y dejó que esas emociones, las suaves, las duras, las que lo habían quebrado meses antes, se filtraran en su cuerpo y en su mente. Cuando volvió a abrirlos, se acercó a Bruce con movimientos lentos y medidos, casi reverentes.

Pero, el golpe no llegó nunca, en cambio, Clark apoyó su palma derecha en el pecho de Bruce sin fuerza alguna, solo calor y vulnerabilidad.

—Bruce…— murmuró, con la voz rota —No sé cómo… contener lo que siento sin temer que te haga daño—

El humano cubrió la mano del kryptoniano con la suya, apretándola apenas.

—Así— dijo —Esto ya es control—

Clark dejó escapar una exhalación que era casi un sollozo, pero se mantuvo firme porque Bruce seguía ahí, respirando con él, anclándolo.

Después de tantos meses, Clark Kent no sintió miedo de su propia fuerza… Sintió paz.

La cueva quedó en silencio cuando el más alto se sentó en los escalones finales de la plataforma, solo se escuchaban los ecos suaves de la respiración de Kal y el goteo lejano de agua de alguna filtración, Bruce se arrodilló frente a él, con una toalla húmeda y un pequeño paquete de hielo envuelto en tela.

—Tus manos— dijo Bruce, serio, mientras acercaba el hielo a las palmas de Clark —Sigues lastimándolas cada vez que te entrenas bajo tensión—

Clark bajó la mirada para que el otro no pudiera ver el hilo de culpa que cruzaba su rostro —No puedo evitarlo…— murmuró —Cuando siento que pierdo el control, es lo primero que hago. Golpeo… demasiado. Demasiado fuerte. Incluso cuando no hay nadie enfrente—

El hombre colocó suavemente el hielo sobre la palma de Kal, presionando apenas. El kryptoniano respiró un segundo y luego dejó escapar un pequeño suspiro.

—Es un reflejo— explicó Bruce —No es solo físico. Es cómo tu cuerpo maneja el miedo y la culpa. Y vas a seguir lastimándote si no lo tratamos como lo que es, ansiedad. No es fuerza ni violencia. Ansiedad—

Kal-El asintió apenas, incapaz de mirarlo a los ojos por varios segundos.

—Me siento… frágil. Como si todo el mundo estuviera observando y con cualquier error pudiera destruirlo todo de nuevo—

—Lo sé— dice el murciélago con calma, pero con firmeza —Y por eso estamos aquí. Para que no tengas que enfrentarlo solo. Para que aprendas a canalizarlo. No a reprimirlo—

Clark apretó los dientes y relajo las manos, dejando que Bruce mantuviera el hielo allí un momento más. La sensación fría era un ancla, y la presencia firme del hombre enfrente suyo otro.

—Bruce…— susurró Clark —A veces siento que… no merezco que sigas estando aquí después de todo lo que hice—

El mencionado levantó la mirada, encontrando los ojos de Clark con una intensidad que podía romper y reconstruir a la vez.

—Kal…— habló con voz suave, casi un susurro —Estoy aquí porque quiero estar. No porque tengas que ganarte el derecho. Porque esto, esto que tenemos… aunque esté roto, merece ser cuidado. Y eso incluye tus manos, tu mente, tus miedos… incluso tu culpa—

El super hombre inhaló profundo, dejando que esa certeza entrara en su mente, aunque fuera por un instante —Nunca creí que alguien pudiera… quedarse conmigo después de todo lo que hice— confesó con la voz quebrada.

—Yo no estoy aquí para juzgarte— responde el otro —Estoy aquí para que aprendas a sostenerte. Y para recordarte que no tienes que cargarlo todo solo—

Clark cerró los ojos un segundo, y cuando los abrió, el temblor en sus manos había disminuido, aunque no había desaparecido, Bruce mantuvo el hielo un instante más, hasta que Kent lo apartó suavemente, pero con un gesto de gratitud que no necesitaba palabras.

El silencio que quedó entre ellos era cálido, íntimo, y por primera vez en meses, Clark se sintió contenido. No por miedo o por obligación. Sino por la confianza.

Bruce se levantó lentamente y palmeó suavemente el hombro de Clark —Descansa esta noche— dijo—Mañana continuamos—

Clark asintió, respirando más tranquilo, todavía tembloroso, pero más ligero.

—Gracias B—

Bruce simplemente asintió y dio media vuelta para ir al elevador.

—Ven, caminemos un rato—

Despacio, el kryptoniano se puso de pie y siguió al hombre hasta que ambos estuvieron en el jardín de la mansión.

El aire de la noche estaba frío, pero no lo suficiente como para incomodar mientras ambos caminaban lentamente por los senderos iluminados tenuemente por las luces de la mansión. La tierra estaba húmeda, las hojas crujían bajo sus pasos, y el mundo parecía silencioso, como si el tiempo se hubiera detenido solo para ellos.

Bruce mantenía las manos en los bolsillos de su chamarra, tenía el cuerpo relajado, pero aún estaba alerta mientras Clark caminaba a su lado más lento de lo normal, con la respiración todavía marcada por la tensión de la cueva.

—Es raro— soltó Clark rompiendo el silencio —Caminar así, sin traje, sin máscaras, sin urgencias… solo nosotros—

Bruce levantó la vista hacia él, con una sonrisa apenas perceptible —Sí… es raro— admitió —Pero necesario—

Kal se detuvo un momento, observando el contorno del rostro de Bruce bajo la luz amarilla de los faroles. Había cicatrices, marcas de años de batallas y secretos, pero también existía humanidad. Y vulnerabilidad.

—Bruce…— susurró Clark, de repente parecía más pequeño haciéndolo sentir más expuesto —No quiero perder esto… no quiero perderte—

EL nombrado se detuvo a su lado, sus ojos encontrando los del kryptoniano en la penumbra.

La distancia entre ellos se sentía cargada, eléctrica.

—Ni yo quiero que me pierdas— dijo Bruce —Pero esto… lo que sea que sea… tiene que ser real, Kal. Sin miedo, sin culpa que nos destruya de nuevo—

Clark tragó saliva, sentía que el corazón le latía con fuerza en el pecho. La tensión que habían compartido, la intimidad y los recuerdos, todo se condensó en un segundo que parecía eterno.

Bruce dio un paso más cerca, Clark, sin pensarlo, hizo lo mismo.

La proximidad era insoportable y, al mismo tiempo, inevitable.

Y entonces… casi sin aviso… sus labios se encontraron.

No fue solo un beso ni pasión frenética.

Era un reconocimiento. Un consuelo. Una promesa silenciosa de que, aunque todo hubiera estado roto, seguían eligiéndose.

Clark apoyó las manos en los hombros de Bruce, temblando ligeramente, como si sostenerlo allí pudiera anclarlo a la realidad, Bruce respondió con la suavidad que solo permitía cuando estaba seguro de que nadie podía interferir, sus manos se apoyaron en la espalda de Clark, guiándolo y sosteniéndolo a la vez.

Cuando se separaron, fue solo un poco, apenas lo suficiente para respirar pero no para alejarse. Sus frentes se apoyaron un instante, compartiendo el calor y la calma de la noche.

—Todavía hay camino por delante— susurró Bruce.

—Sí— respondió Clark en un hilo de voz, pero con una seguridad nueva —Pero esta vez… lo recorreremos juntos—

El viento movió suavemente las hojas, y por primera vez en mucho tiempo, el mundo se sintió quieto, seguro, y como si fuera solo suyo.

Mientras tanto, Damian permanecía a la distancia, oculto entre los árboles y la penumbra de los terrenos de la mansión. Tenía los brazos cruzados, la mandíbula tensa, y los ojos fijos en la escena frente a él.

Observaba cómo Bruce y Clark se acercaban, cómo la tensión contenida de meses, de años incluso, finalmente se liberaba en ese gesto simple, íntimo y definitivo, un beso.

No necesitaba ser un beso apasionado ni teatral. Era un reconocimiento silencioso de lo que habían pasado, de lo que habían sobrevivido, y de lo que todavía sentían.

Damian tragó saliva cuando, por un momento, su mente se quedó en blanco. Su primer pensamiento fue enojo: “¿Cómo pueden hacer esto frente a mí?” Luego vino la incredulidad: “¿Esto es real? ¿Están… bien?”
Y finalmente, un sentimiento más profundo e inesperado se bario paso, respeto.

Respeto por el hombre que había estado al borde de la muerte y aun así encontró fuerza para enfrentar sus sentimientos. Respeto por el kryptoniano que se quebró y se mostró humano. Respeto, también, por la frágil valentía que ambos mostraban al elegir estar juntos, aunque el mundo y su historia los hubiera intentado separar una y otra vez.

Damian bajó lentamente la cabeza, procesando lo que había visto. Nunca antes había sentido algo tan complejo al mirar a su padre. Orgullo, confusión, envidia… y una extraña tranquilidad.

Porque si Bruce podía permitir que alguien lo amara y seguir siendo él mismo, entonces quizá el mundo todavía podía ser soportable.

El chico se alejó silenciosamente, dejando que el viento nocturno se llevara el eco de sus pasos.

No intervendría. No ahora.

Porque esto no era suyo.

Era de Bruce y Clark… y Damian lo entendía.

A veces, el amor más fuerte no se demuestra con palabras ni con fuerza, sino con la simple elección de permanecer.

Desde la distancia, Damian sonrió apenas, una mezcla de aceptación y protección. Sabía que ellos habían pasado por lo peor, y que aún quedaba camino por delante, pero esa escena… ese beso… era una señal de que quizá, finalmente, todo podía estar bien.

El mundo continuaba, pero por un instante, Damian Wayne lo vio con claridad, su padre estaba vivo, su amor estaba vivo, y él podía aprender que no todo debía resolverse con violencia.

Y con eso, Damian entro en la mansión, dejando a los dos hombres en su momento, seguros, juntos, y finalmente en paz.