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El pequeño Harry miró a la gente que se movía a su alrededor con molestia, había sido así todo el día. Su casa se había visto invadida de personas que entraban y salían constantemente. En ese momento, poco antes de la cena, solo habían quedado los miembros de su familia, pero eso no hacía que la cosa fuera más sencilla. El tío Sev y la tía Cissy habían traído a Gaia y Elian Snape, de cuatro y dos años respectivamente, su padrino jugueteaba con un divertido Lionel de año y medio, mientras el tío Moony los miraba con una sonrisa en los labios y se acariciaba con una sonrisa en los labios y se acariciaba su abultado vientre donde el segundo Black se gestaba. Sus abuelos se encontraban encantados conversando con el resto , mientras su padre se ocupaba de que todo estuviera perfecto, cuidando constantemente a su papi, quien se encontraba sentado conversando con los adultos, mientras los niños jugaban. Y, a decir verdad, aunque eso lo fastidiara, no era porque lo estuvieran molestando. Pero la cosa no terminaba ahí
La tía Lily y el tío Lucius habían arrastrado con ellos a Thadius de tres años, y a la pequeña Astrid que en menos de un mes celebraría su primer cumpleaños. Y también estaba Draco, por supuesto.
En los seis años que tenían de vida el rubio se había encargado de molestarlo, fastidiarlo, divertirlo y acompañarlo en distintos periodos, aunque tuviera una maestría en las dos primeras. Su amigo, compinche, fastidio y dolor de cabeza a la vez, entre ambos lograban enloquecer a sus familias.
Cuando se encontraban en buenos términos, solían jugarle travesuras a todos por igual, sembrando el caos a cualquiera que se cruzara por su camino. Cuando peleaban la cosa no era mucho mejor; al oyente de turno le tocaba participar de acalorados discursos, peleas a los gritos e insultos admirablemente ocurrentes, que decantaban en profundos malhumores
Por supuesto, ese día Draco se encontraba en modo ‘soy un bastardo, pero con clase’ que estaba seguro enorgullecía al tío Lucius, y a él le colmaba la paciencia
Viendo que no compartía el ánimo festivo de los demás, se alejó hacia los dormitorios, pensando en el motivo de la celebración.
Abrió un puerta
Allí se encontraba ella, durmiendo pacíficamente, sin ser conciente del alboroto causado en su nombre. La observó con deleite, y sus rasgos no hicieron más que endulzarse cuando estiró el brazo para acariciarla con cariño. Esa hermosa personita de dos días de vida era su hermana, y a pesar de todo lo que había despotricado Draco de los suyos, se prometió cuidarla a cualquier costo, agradeciendo por primera vez el silencio y la calma de la que pudo disfrutar por primera vez en el día
Cuando James abrió la puerta de la habitación veinte minutos después, no pudo evitar que su corazón se llenara de dulzura. En la amplia cuna Harry dormía con angelical expresión, abrazando a la pequeña Dido, quien, también dormida, buscaba el calor del cuerpo de su hermano. Con suavidad besó las dos cabezas, antes de cerrar la puerta dejando dormir a sus más preciados tesoros.
