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Realmente no le pesó hasta ahora, no importaba cuando faltaba un mes, o una semana, pero ya no queda tiempo, es mañana y ahora… recién ahora, se ha dado cuenta de lo difícil que será decirle adios a Kuro.
A su mejor amigo, a la constante en su vida, a su…
Bueno, no tiene idea de como describirlo exactamente, ¿su primer crush?
¿Su primer amor?
Kuro jamás ha hecho nada para hacerlo llegar hasta este punto, Kuro solo ha sido amable, carismático, divertido y empático, todas las cualidades de un buen amigo.
Él nunca ha hecho nada que haya hecho a Kenma pensar “oye, esto es raro, esto no es algo que hagan los amigos”. Y le jode que sea así, quisiera que haya algo a lo que aferrarse para mantener una pequeña llama viva y contener el resquebrajo de su corazón.
Porque sabe que mañana se terminará de romper, mañana que Kuro se va a la universidad y con suerte va a verlo una vez al mes cuando vuelva a visitar a sus padres.
Cuando su personaje muere en el videojuego que estaba jugando recién espabila.
—¿Qué te tiene tan distraído? — le pregunta Kuro, a su lado, recostado en su cama mientras Kenma estaba sentado a los pies de esta, aun sosteniendo el mando de la PS
—No es nada — es todo lo que puede decir el más bajo, porque es la verdad, no puede decir más sin hundirse
—Ah, Kenma, no es…
Lo que sea que esté diciendo Kuro, no lo registra, porque se ha quedado pensando, hundirse, ¿de qué sirve no hacerlo? Kuro se va mañana, si dijera algo incorrecto, si dijera la mayor estupidez de su vida, algo irreparable, podrían ignorarse sin problemas por el resto de su vida.
Sin siquiera intentarlo.
—¿Me estás escuchando? ¿por qué no me escuchas Kenma? Mañana me voy ¿por qué no me haces caso?
Cuando Kenma da la vuelta, Kuro ya no está recostado, se ha levantado y está sentado en medio de la cama.
De su cama, sin medias ni zapatos, con la camiseta arrugada y el cabello desordenado, los ojos vivaces de siempre, la expresión confiada.
Kenma se permite mantener la mirada en su rostro por más tiempo del habitual, examinándolo, asegurándose de recordarlo ahora que ha decidido lanzar todo por la borda.
Ahora que es la última vez que podrá verlo de esta manera.
—Oye… — comienza a quejarse Kuro de nuevo
Es entrañable, por más que también pueda resultar molesto.
Y sonríe, un poquito, nada más, pero lo hace, y Kuro se da cuenta, se queda callado y lo mira de vuelta.
Se ve sorprendido ¿tan pocas veces ha visto a Kenma sonreír?
—¿Por qué…
—Me gustas, Kuro — su voz le es irreconocible, nunca lo había dicho en voz alta, ni siquiera en soledad, se escucha extraño, aunque esté usando el mismo tono de siempre
No hay una respuesta, y Kenma voltea hacia la pantalla de nuevo, se debate entre reiniciar la partida o hacer algo más.
Los nervios afloran en su piel y está mordiendo su mejilla desde adentro, quiere voltear y encararlo, ver qué cara está haciendo, pero también tiene miedo de hacerlo.
No cree que vaya a enojarse, no demasiado, pero puede que esté decepcionado. Por haberle ocultado algo así, puede que esté lastimado, porque su mejor amigo acaba de confesarle sentimientos incómodos.
Lo que sea que vaya a hacer, Kenma se pregunta ¿Qué tanto más podría empeorar esta situación irreparable?
Se pone de pie antes de pensarlo mucho.
Paso tras paso llega a estar al lado de Kuro, en el lateral de la cama.
Kuro demora unos segundos en voltear a verlo.
Se ve sorprendido más que nada, todavía lo está procesando y Kenma se aprovecha de esa vulnerabilidad para lastimarlo un poco más, para decirle adiós para siempre de la manera más apropiada, convirtiendo a su amigo de la infancia en un agrio recuerdo.
El corazón de Kenma latía con fuerza y una lentitud peligrosa, sentía que se le saldría por el pecho cuando se agachó y juntó sus labios con los de Kuro, aun quieto, aun estupefacto y anonadado.
Seguramente con el resentimiento creciendo dentro de él.
Este beso, de apenas dos segundos, que Kenma contó, no supo a nada, apenas sintió el toque en sus labios, pero su mente y su estómago revolotearon, sintió como si el aire se hiciera más caliente y retrocedió casi asustado.
Kuro seguía igual, sorprendido, mirándolo en silencio.
Así que Kenma escapó.
Salió de su habitación, dejándolo ahí y yendo a la cocina, era la oportunidad perfecta para que Kuro se fuera sin tener que verlo.
Bebió dos vasos de agua y se fijó en el reloj de pared que sus padres pusieron que pasaron diez minutos, pero Kuro no bajaba ni se iba.
No sabía que hacer, no podía volver, claro que no, pero podía confinarse aquí hasta que sus padres llegaran y Kuro tuviera que irse por las buenas o por las malas.
Soy tan egoísta, solo pensaba en mí.
Y ahora que puede pensarlo lejos de Kuro, acaba de acabar con la amistad más significativa de su vida, acaba de perder a una de las personas más importantes de su vida solo por no quedarse con la espinita clavada en el corazón.
Pues ahora tiene un tallo de rosas, que crece y crece.
Escucha los pasos de Kuro.
Que se vaya, que solo se vaya, por favor.
No quiere verlo, no quiere afrontar lo que ha hecho, por Dios, no, no, no…
Kuro parece caminar en círculos antes de entrar a la cocina y Kenma no haya donde esconderse.
¿Puede por favor la tierra tragárselo ahora mismo?
Le quema la cara, siente como sus ojos se llenan de lágrimas y la vergüenza lo cubre, al tiempo que Kuro da zancadas hacia él.
Agresivo, se ve agresivo y Kenma se pregunta si lo va a golpear.
Retrocede hasta chocar con la encimera, y se cubre el rostro con los brazos, se lo merece, un golpe o dos, pero preferiría que no pasara.
Preferiría que no…
—Kenma… — Kuro le habla, no suena molesto, en lo más mínimo, solo triste… muy triste y no quiere verlo, no quiere, sobre todo porque es su culpa
Toma sus brazos y quiere bajarlos, pero Kenma no lo deja, se atrinchera ahí, no quiere verlo, no quiere oírlo.
Pero los dedos de Kuro de repente se arrastran sobre sus costillas y es tan estúpido que eso lo haga encogerse y descubrirse el rostro, es algo que solo Kuro sabría.
Y el más alto aprovecha para sostener sus muñecas y evitar que vuelva a taparse.
Y Kenma está llorando, está seguro de que las lágrimas le han formado un surco alrededor del rostro, y seguro se ve tonto, llorando después de haber hecho lo que hizo.
Kuro jamás lo había visto llorar.
Y se niega a ver a Kuro a los ojos, no lo hará, no lo hará…
—Kenma — lo vuelve a llamar — ¿podrías solo…
Kuro se mueve, se agacha un poco y su rostro queda justo al frente de Kenma, el peli teñido no ha cerrado los ojos, por lo que lo nota, como se acerca, a su mejilla, cubierta de lágrimas, y le da un beso, que dura tanto como el beso que Kenma le dio en los labios hace un rato.
Lo hace quedarse quieto, y no tiene idea de donde Kuro ha sacado un pañuelo y le limpia el rostro.
Ha soltado sus brazos, pero Kenma no se mueve, aun no mira el rostro de Kuro y un nuevo miedo florece, no busca compasión, no quiere un discurso de “sigamos siendo amigos”, preferiría un rechazo contundente.
Lo prefiere mil veces.
De repente pierde la estabilidad, cuando es levantado sobre la encimera, y se siente mareado, cuando los labios de Kuroo están contra los suyos. Kuro lo está besando, no es una fantasía, no es un sueño, lo está besando, lento, lento…
Kenma no sabe que está sucediendo y no sabe cómo reaccionar.
Sobre todo, porque no sabe cómo besar, no sabe cómo… su respiración se agita y se agarra de donde puede para no tambalearse, porque pareciera que la gravedad ha desaparecido y está flotando.
Kenma respira contra la boca de Kuro, y él sonríe.
Kenma no sabe porque, ¿por qué sonríe?
Este es su primer beso real y Kuro lo sabe, lo sabe y debe estar burlándose de él.
No dura demasiado, se vuelven a separar, Kuro tiene los labios brillantes y ahora Kenma si lo está mirando, Kuro sonríe, por la razón que sea y sus pulgares recorren la barbilla de Kenma, se arrastran a la comisura de su boca y juega con sus labios.
—Kuroo… — es más un suspiro, y parece captar la atención total del más alto.
—Tú… dejaste tu consola prendida
Sin más palabras, Kuro da un paso hacia atrás, Kenma salta de la encimera y comienza a caminar de regreso a su habitación.
Kuro camina detrás de él.
Lo besa apenas cruza el lumbral de la puerta, y a los segundos, Kenma siente algo salado en su boca, abre los ojos sin separarse, cuando ve a Kuro llorar, se aparta.
Se le rompe el corazón.
¿por qué estás haciendo esto si no quieres hacerlo?
Quiere preguntar, pero no se atreve y tampoco tiene tiempo, Kuro lo hala y lo envuelve, Kenma puede escuchar el latido del Kuro, porque su rostro queda a la altura de su pecho, porque Kuro es tan alto y puede cubrirlo y quebrarlo en un solo movimiento.
Kenma está tan fuera de su zona de entendimiento cuando Kuro lo besa de nuevo.
—Lo siento — le dice entre besos — Lo siendo Kozume, lo siento mucho, yo debí… hubo tanto tiempo, pero ahora…
Los besos de Kuro parecen querer devorarlo, parecen querer decirle algo que el más alto no sabe cómo pronunciar, Y Kenma deja que lo haga, que le quite el aliento, que hinche sus labios a mordidas, que presione su cintura entre sus manos, que le haga temblar las rodillas y le dé temblores hasta en las pestañas, él lo deja hacer eso porque no puede pensar en un motivo para no hacerlo.
—Voy a venir cada fin de semana — le dice Kuro — y cuando no pueda tu irás a verme ¿verdad?
Kenma no entiende, no entiende, aunque sea el cerebro del Nekoma y poco le falte para que lo llamen estratega, no entiende ¿Qué le está pidiendo Kuro? ¿Por qué le pide esto?
Pero solo asiente, le dice que si antes de besarse de nuevo y de nuevo, hasta que los labios los siente tan sensibles… como si hubiera comido algo muy picante.
Y Kuro sigue diciendo cosas, y a cada petición, Kenma solo sigue diciendo que sí. Aunque no tiene idea de a lo que está accediendo, no importa, es Kuro, y le está dando más de lo que alguna vez soñó.
—Si, todos los fines de semana — dice Kenma, porque Kuro le está pidiendo una confirmación, porque es lo que desea escuchar y Kenma solo quiere darle lo que le pide, solo quiere seguir a su lado, todo el tiempo que se permita, aun si se está aprovechando de su amistad, del corazón tan débil de Kuro, aún si…
—Te amo tanto… todo este tiempo…
Kenma deja de respirar.
Todo este tiempo, también…
