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Era otra tarde desde la ventana de la gran casa de los Hightower-Targaryen, se podía distinguir a un joven cerca a la ventana de una de las habitaciones del segundo piso viendo hacia la casa de los Velaryon.
Sin duda dos familias que aunque no tenían rivalidad alguna ahora, sin duda tampoco eran tan cercanas a decir verdad.
Entonces, ¿Porqué alguien de la familia Hightower miraba a la casa de los Velaryon? Sencillo.
Un deseo de juventud.
Se pudo ver cómo la ventana se empañaba desde adentro, Aegon aprovechaba la falta de iluminación para poder satisfacer aquellos deseos tan oscuros.
Hace no tantos minutos, el primogénito de los Velaryon, Jacaerys Velaryon, había ingresado con una chica esbelta a aquella casa, ya era de conocerse la reputación del Velaryon, quizá no un rompecorazones pero sí un chico que no se quedaba con solo una y no buscaba algo serio. O eso parecía por su constante cambio de acompañantes al llegar a casa.
Soltó un jadeó, se pudo ver cómo aquella imagen tambaleó entre la oscuridad, el silencio de la calle aún era insonoro a aquellos pecaminosos sonidos que sonaban en aquel cuarto.
Aegon estaba apoyado en el marco de su ventana, su respiración agitada apenas perceptible al oído, mientras trataba de regularizar su pulso, su boca exhalaba el aire que le hacía falta, y sus ojos estaban cerrados con la cabeza hacia atrás, su cabello platinado se pegaba a su cara por el sudor, la mano que se apoyaba al marco estaba apretada y su otra mano descansaba en sus partes bajas.
Su camisa apenas abierta, su pantalón levemente abajo junto a su ropa interior, era una vista erótica de percibir.
Cuando se recuperó de su fascinante orgasmo, sujetó un pañuelo y limpió aquel líquido blanquecino que pintaba la pintura verde oscuro, desechó el papel y se metió a la ducha luego de desvestirse.
Está era una rutina casi perpetúa para las tardes-noches de Aegon, esperar con ansias ver aquel chico ingresar a su casa con una chica, sea la que fuera y no prestar atención a los escotes de esas chicas, al contrario, odiar esos escotes, pero sí anhelar ver esos músculos remarcarse en las camisas apretadas que usaba Jacaerys.
Luego de verlo añorar ser la presa de ese día, no esperaba nada sentimental joder... Sólo quería que esos fuertes musculos lo apreten, que esas grandes manos se posen en su cintura y sin duda alguna, que lo llene con aquel trozo de carne entre sus piernas.
Y claro, esto solo era una fantasía de un pobre chico virgen en su habitación, con ansias de tener su primera cogida antes de parecer un perdedor.
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No era algo novedoso que Aegon se cruce de vez en cuando con Jacaerys en el gimnasio, quizá hasta algo cotidiano, pero nunca entablaron una conversación, solo se miraban de lejos y ya.
Aegon disfrutaba la apetitosa vista de ver a Jacaerys cargar aquellas pesadas pesas que quizá él nunca se anime a levantar, y verlo remarcar sus músculos, el deseo carnal avivaba en ese lugar. Estaba consciente de que en aquel gimnasio más de uno babeaba por Jacaerys, pero bueno... Aegon no era celoso.
Estiró sus brazos y piernas , fingiendo hacer hora para solo ver a Jace en su rutina de pesas.
Pero está vez paso algo distinto a lo habitual. Sus miradas se cruzaron y ninguno dió el paso de desviarla.
Los ojos de Aegon se quedaron viendo los de Jacaerys, quién sin dejar de levantar sus pesas lo miraba con detenimiento.
Quizá la tensión se notó en el lugar, una tensión fuera de querer ser algo incómodo, era una tensión sexual que muchos en el aura habían sentido.
Y cuando parecía que seguirían así, un entrenador se acercó a hablarle a Jacaerys y todo vuelco en el estómago de Aegon se detuvo.
Suspiró frustrado, sujetó su toalla y botella de agua y se dirigió a los cambiadores. Estaba caliente ahora mismo.
Y aunque esté caliente y sea joven, no cometería la estupidez de masturbarse en un área tan pública como un cambiador de gimnasio.
Sin notar que cuando se fue del gimnasio un par de ojos lo seguían con detenimiento, quizá había conseguido lo que siempre buscó.
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Nuevamente estaba al costado de su ventana esperando a por la presencia de Jacaerys, ya había empezado con su preparación previa a cuando esté aparezca en su campo de visión.
Sus finas manos iban bajando por su cuello, suspiró lentamente mientras deslizaba con la yema de sus dedos por el fino polo negro que ahora vestía, bajó rozando con la tela al hacer presión con sus pezones, sacándole un leve sonido de sus finos labios, por inercia abrió más las piernas, al llegar al borde de su pantalón relajó su cuerpo y empezó con los toques por encima de la tela a su entrepierna.
Leves jadeos empezaban a salir de sus labios, el leve estímulo en su zona viril empezaba a tomar sentido al hacer que la sangre vaya a esa zona.
Pudo ver la silueta de Jacaerys asomarse, sonrió ladino y sus dedos se adentraron a su pantalón, empezó sintiendo sus pocos bellos de aquella zona, acercándose a apenas rozar su miembro cuando pudo divisar que Jacaerys ésta vez no había llegado con otra muchacha, no tenía acompañante y eso lo hizo sentirse ligeramente de alguna forma mejor, entre abrió sus labios, sus finos labios dejaron salir eróticos sonidos que apenas eran audibles.
Luego, por alguna extraña razón, se desvío de su ruta a su casa y cruzó la calle... ¿¡Porqué diablos cruzaría la calle?!
su respiración se cortó, y no por su orgasmo o por haber llegado a su punto que lo hacía ver estrellas, fue porque Jacaerys... ¿¡Había tocado el timbre de su casa?! Corrió al baño ya no a bañarse luego de unos fuertes e inolvidables orgasmos, fue a mojarse la cara y a lavar sus manos luego de arreglar su vestimenta y bajó casi corriendo.
Al llegar al primer piso, esperó unos segundos y abrió la puerta,encontrándose una figura prominente enfrente de él. Sus ojos bailaron en todo aquel fornido cuerpo que vestía una camisa apretada como de costumbre y unos pantalones de vestir elegantes pero sencillos a la vez, sin duda tiene un gran sentido de la moda.
Hasta que Jacaerys Velaryon al fin, al enfrente suyo habló: — ¿Tienes unos minutos?
En la mente de un chico virgen y caliente pensaría que esa era una invitación al dormitorio ajeno para follar hasta más no poder, pero no, no debía pensar en eso...¿O sí?
— Estoy libre.
Contestó sin pena alguna. Jacaerys le sonrió y asintió, quizá debió pensarlo mejor.
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Casi podía pegar un grito desde que ingresó a casa de los Velaryon, estaba tan emocionado, podía ver todos los lugares follables posibles, desde el gran sofá de la sala, hasta las encimeras que a dudas penas pudo ver en la cocina, aquellas gradas no parecían tan duras, quizá en una posición favorable...
Los pasos en el segundo piso lo hicieron reaccionar, ya bajaba Jacaerys del segundo piso pero escuchaba más que solo los ruidos de los pies de Jacaerys a decir verdad.
Acomodó su vestimenta, cuando dirigió su vista a las escaleras divisó a dos personas bajando, frunció levemente el ceño ante eso, ¿El dichoso favor no era para el sexy Jacaerys en verdad?
— Bueno, disculpa la demora, Aegon — habló Jacaerys. La mirada del nombrado vacilaba entre los ojos del mayor a sus pectorales, ¿Era normal siquiera que sus músculos sean tan visibles?.— cómo te mencioné, necesitaba unas tutorías, averigüé acerca de ti, y bueno... Necesitaba tus clases.
Aegon asintió algo embobado, de cerca era más sexy aún. Aunque quizás estaba confundiendo el promedio de su hermano Aemond con el suyo... Pero bueno, si esto ayudaba a estar cerca de Jacaerys, ¿Por qué desmentiría algo?
— Así que me salvarás si eres el tutor de...
— ¡Hola! Mi nombre es Joffrey , puedes decirme Joff — se presentó el menor, Aegon desvío su mirada al otro sujeto, realmente... ¿Era el hermano de Jacaerys? Era tan distinto a él a decir verdad, desde pies a cabeza. Nunca lo había visto, o eso recuerda.— ¿En verdad serás mi tutor? Pareces un poco menor que mi hermano, Jace mayormente trae a chicas que no saben enseñarme...
— O tú no prestas la atención adecuada.— sentenció el mayor con voz severa. Aegon tragó saliva, su voz severa del mayor era tan... Ardiente.— bueno, pueden empezar, te pagaré al finalizar la clase, ¿Te parece?
Aegon solo asintió, ¿Cómo decirle que "No" al hombre dueño de sus fantasias más eróticas?
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Nunca había tenido una tarea tan difícil, y eso que su madre realmente lo ponía aprueba más de lo que recordaba. Esto era distinta. Enseñar en la casa del chico que deseaba en secreto.
Sentir aquella fragancia del mayor por la casa no ayudaba demasiado, antes este horario se lo dedicaba a estar masturbándose en silencio en su habitación, viendo la ventana anhelando tener a Jacaerys entre sus piernas para darle gozo y deleite, pero no... Ahora no podía darse aquel lujo.
Movió su cabeza ligeramente para seguir con su tutoría, mientras Joffrey anotaba cosas, Aegon pudo ver al mayor de los Velaryon, quién sabe qué cosa haciendo pero se veía tan bien.
Mordió su labio levemente, verlo lo desconcentraba. Y empezaba a sentir su cuerpo arder levemente... En especial ese calor en su zona baja.
Para quizá la suerte de Aegon, el menor de los Velaryon era fácil de entretener, mientras resolvía un ejercicio él podía estar sabroseandose con la mirada al mayor, verlo ahí, de lado a lado, con esa camisa ajustada, sonriendo por algún mensaje que vio, caminando en su casa. Ah~...
Pudo sentir su miembro empezar a doler levemente, tragó saliva, ¿Es que acaso su cuerpo ya estaba acostumbrado a su lastimosa vida de solo ser consolado por su mano?
Debía arreglar este problema antes que alguien en esta casa se dé cuenta y lo acusen de pervertido.
Como pudo, dejó a Joffrey haciendo ejercicios, y se excusó con que necesitaba ir al baño, fue lo más rápido que pudo y se encerró en éste, al bajar la mirada pudo ver cómo se podía apreciar una pequeña tienda de campaña en su pantalón. Menos mal logró salir a tiempo de los ojos de Joff o de Jace.
Suspiró intentando bajarse la calentura del momento, no debía pensar en los pectorales de Jacaerys, tampoco en esas grandes manos... O en esos brazos ... Rodeándolo... Menos en sus piernas bien formadas... ¡Oh diablos! No podía dejar de pensarlo.
Rápidamente se echó agua a la cara varias veces, pero no podía bajar el dolor en su entrepierna, solo le quedaba una solución.
Intentar bajar aquella erección él mismo.
Estiró sus brazos como si fuera a hacer un deporte, preparo sus piernas, se sentó en el retrete con su tapa puesta, cogió una toalla y algo de papel higiénico y suspiró. Era hacerlo rápido y ya.
Sus manos rápidamente bajaron su pantalón, no demoró haciéndolo, también bajó su bóxer y prosiguió a hacer lo que debía.
Sus finos dedos empezar a rodear su miembro erecto, su mano libre sujetó la toalla y la colocó en su boca, no permitiría que lo escuchen gemir, sería aún más vergonzoso que masturbarse en un baño ajeno, su mano subió y bajó en su miembro, inclino la cabeza hacia atrás al sentir satisfacción, aquella corriente eléctrica empezaba a recorrer su cuerpo entero. Sus piernas se abrieron más, su cuerpo empezó a transpirar y su respiración era agitada cada vez más.
Ahora su mente estaba nublado, solo pensaba en Jacaerys Velaryon y lo caliente que sería que entre justamente ahora en el baño y lo vea masturbarse pensando en él.
Definitivamente no sabía si Jacaerys se lo cogería hasta el olvido, o si lo echaría de casa por ser un depravado. Cualquiera que ocurra, ahora no importaba.
Empezaba a sudar por el estímulo, sus dedos hacían un vaivén subiendo y bajando de su miembro, el cabello se pegaba a su cara, su cuerpo tenía ligeras convulsiones ante el sobre estimulo, cerraba los ojos con fuerza, imaginando que era la mano de Jacaerys, pensando en él, que lo veía y deseaba tanto hundirse en su interior.
Su respiración paró por segundos estar por venir, leves jadeos se escucharon y fue entonces que aceleró su velocidad. Había llegado. Al fin.
El líquido espeso salió de su miembro disparado, manchando un poco del suelo y su mano, su pecho estaba agitado, mordió la toalla en busca de no soltar un pecaminosos sonido a viva voz, y luego... Si cuerpo se relajó, se retiró la toalla de la boca, estaba recomponiendo su cuerpo levemente, y fue cuando se dió cuenta de algo que dejó pasar... La bulla afuera, la puerta estaba siendo abierta.
— ¿Aegon, te encuentras bien...? —
Y de pronto, unos ojos penetrantes lo miraban, se dilataron al verlo y Aegon solo estaba rojo por su orgasmo y aún hecho un desastre... Un hermoso y erótico desastre.
