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Category:
Fandom:
Relationship:
Characters:
Additional Tags:
Language:
Español
Series:
Part 13 of Encargos
Stats:
Published:
2026-01-17
Updated:
2026-02-17
Words:
16,144
Chapters:
4/?
Comments:
4
Kudos:
17
Bookmarks:
2
Hits:
300

Bailando con el Diablo

Summary:

El Gran Baile Celestial está cerca, por lo que Adán debe conseguir una nueva pareja que no la cague y haga más ameno el evento.

Cuando se le ocurre la grandiosa idea de invitar a Lucifer, deseando joderle la vida al demonio y librarse de los sermones de Sera... ¿quién habría imaginado que también se jodería la vida a sí mismo en cuanto su inofensiva propuesta de baile termina en un atentado contra su dignidad, el sentido común, su paciencia y la reputación de más de una familia? Todo esto mientras el baile se aproxima lenta y agónicamente, dejando en claro que hay muuucho que puede salir mal, y tooodo va a salir mal, sin dudas.

Notes:

Créditos a Teddy Cicada por la idea del fic.

Es mi primera vez escribiendo para el fandom de Hazbin Hotel y estoy emocionadísima aaa, espero que les guste este trabajo tanto como me está gustando escribirlo ♥

Chapter 1: 1. Trato con el Diablo

Chapter Text

 

Otro extermino había finalizado recientemente y, le gustara o no a Adán, era momento de volver a la vida civil: esa en donde Lute se encargaría del ejército hasta el siguiente año mientras que él se encontraría de nueva cuenta muriéndose de aburrimiento en su castillo, haciendo sus diligencias habituales y manteniendo intacto el estatus de la familia Firstman: cosas que antaño lo hacían feliz, que le hacían sentir realizado y completo, pero que ahora sólo empeoraban ese vacío en su pecho que nada ni nadie lograba llenar de ninguna manera.

La razón era la misma que venía carcomiéndolo desde hace tanto: Eva. Desde que ella se desvaneció, llevándose consigo una parte de él que nunca recuperaría (ya saben, porque nació de su costilla… ¿qué? ¿No fue un buena referencia? Oh, qué más da), su existencia ya no tenía el sentido que Adán tanto atesoró. De hecho, toda esa pomposidad de la que ahora gozaba como una de las familias más prestigiosas del Cielo se había convertido en la peor ironía en su vida porque el Edén ya no era ese lugar tan hermoso al que siempre suplicó volver a pisar mientras aún era humano y todo lo obtenido a lo largo de su vida era un trofeo que presumía porque podía, más no porque sintiera que aún lo ameritase.

Pero bueno, como escarbar en los viejos tiempos era tratar de tragarse ese nudo en la garganta que llevaba años queriendo atragantarlo en tristeza, Adán mejor optó por entretenerse con sus actividades favoritas como comer costillas —sí, otra vez haciendo referencia a las costillas, ¿y qué?— o cantar con su banda antes de pensar más a fondo sobre los preparativos del aquel baile en el cual los altos poderes del cielo y las familias más influyentes se reunirían para festejar juntos por otro año de paz. También aprovechó dichas actividades para prepararse mentalmente para hablar con sus hijos: algo que, como cabeza de familia, tenía que hacer quisiera o no.

Y no: antes de malentenderlo, él de verdad amaba a cada uno de sus hijos, los preciosos tesoros que Eva le dio, los frutos de un amor que hasta la actualidad seguía persiguiéndolo como un pobre viudo que no puede dejar el pasado atrás, pero… era complicado ver a Abel y a su halo desfigurado sin recordar lo que le pasó a él y a Caín, su primogénito. Además, aceptar que Seth, su tercer hijo, difícilmente le devolvía la palabra luego del incidente del Diluvio Universal —cuando decidió aceptar la voluntad del cielo y la defendió a pesar del coste de dicha decisión— era como una estocada a su orgullo como padre. Y ni hablar de sus hijas, que si bien lo amaban —porque eran familia y ¿cómo no amar a la familia?—, solían oscilar entre mantenerse distantes y acercarse, actuando como si estar cerca de él fuese caminar sobre cáscaras de huevo.

Pero hey, que no todo era tan malo porque, si bien el Gran Baile Celestial era un recordatorio de que era una desgracia andante en cuanto a relaciones personales e intentos de ser una mejor versión de sí mismo se trataba, también era uno de los ansiados momentos en los que su familia lucía solemne y unida: una imagen perfecta que lo hacía sentir bien de sólo imaginarla…

Hasta que Serah lo arruinó todo con una simple sugerencia:

—Podrías llevar a alguien al baile.

—¿Qué?

Ella, con una sonrisa ligera en los labios, consciente de lo difícil que era abordar este tema con Adán, se explicó mejor:

—Necesitas un acompañante, Adán.

—Lute no quiere ir —replicó él, aunque no estaba del todo seguro ya que ella no le dio una respuesta exacta… pero, aun así, no quería llevarla a un lugar donde se sintiera abrumada. Él ya había tomado la pésima decisión de llevar a una nacida aleatoria en el cielo la última vez, lo que causó ciertos problemas que lo hicieron quedar como un idiota…

—¿Qué tal alguien de mi gabinete?

—Ni hablar —se negó él en rotundo.

—Adán, no busco obligarte a que vayas acompañado, pero creo que es la mejor opción para evitar que te sientas… eh… sin ánimos durante el baile —insistió la serafín, cuya frase obviamente se había censurado por el bien del ego del Firstman.

—¿Estás insinuando que podría arruinar el baile si voy solo? —Murmuró, intentando no obviar indignación.

—No, sólo te sugiero un acompañante por meros protocolos del Gran Baile Celestial —se explicó ella rápidamente, sin perder su solemnidad.

—Eso no fue lo que quisiste decir, Serah.

—Tal vez malinterpretaste mi tono. Como sea —agregó antes de que Adán le renegase—, te ruego que no te pongas a la defensiva ni discutamos un sinsentido.

—¡No estoy a la defensiva!

Serah pasó por alto su arrebato, suavizando aún más su voz.

—Te comento sobre el acompañante porque es necesario y lo sabes. Ellos entienden cuáles son las reglas, lo que te facilitaría esta parte. No es necesario que estés a su lado todo el tiempo si no lo deseas…

—¡Pero…! —Adán tomó aire, obligándose a calmarse—. Agradezco la preocupación, Serah, pero tengo que asegurarme de ser un buen anfitrión, así que no creo que importe si llevo una pareja o no…

—Sabes cuál es la imagen que le gusta ver a los altos funcionarios —refutó ella antes de dejarlo terminar. Adán ya no encontró más argumentos para evitar lo inevitable, dejando que la serafín tomara la batuta de nuevo—. Lo siento, Adán. Tendré que insistir en que lo pienses mejor y me avises qué has decidido. De preferencia hazlo esta misma noche para no postergar el asunto.

—Está bien… —refunfuñó Firstman, retirándose a sus aposentos para pensar en sus opciones. Y para lamentarse, de paso. Un poco de autocompasión siempre es bien recibida, ¿no?

Por ejemplo: Lute estaba descartada al igual que las recién nacidas en el cielo porque éstas parecían tener el mismo pánico a la gente importante del cielo. Ahí se venía abajo su única opción viable y cómoda para él. Aún no estaba seguro de querer tomar la opción de Serah porque se sentiría observado, más presionado aún en ser el anfitrión impecable y perfecto que todos esperaban ver, e ir solo, a pesar de que había defendido esta decisión, sería otro recordatorio al cielo, a su familia y a él mismo de que todos estaban emparejados como tortolitos menos él, lo que era verdad, claro, porque él apestaba con las relaciones interpersonales —nunca superaban los tres malditos meses, por cierto—, pero ¿alguien quería dejar de restregárselo en la cara, por el amor a Dios?

«¿Por qué me pasa esto a mí…?» Sintiéndose miserable y frustrado por un protocolo que no solía ser un dolor en el culo, con el sabor de un vino celestial que no lo embriagaba y demasiados pensamientos revoloteando en su cabeza como una parvada frenética huyendo de un disparo, Adán pensó en su última y peor opción: Lilith, su primera esposa. Llevarla al baile sería un acontecimiento simplemente épico tanto en el cielo como en el infierno, ¿verdad?

«La primera mujer y el primer hombre regresando al cielo… esto haría que los noticieros explotasen, sin duda», se dijo, observando distraídamente desde la ventana.

Además, la cara que pondría Lucifer si se enterase de esto sería un poema… pero no. Aunque la idea le hizo sonreír de repente, sintiendo cierta fascinación de poner a Lucifer en la misma situación que él —mientras ignoraba cómo esa envidia secreta que le tenía a aquel bastardo que había podido vivir milenios al lado de su esposa mientras que él sufría la ausencia de la suya volvía a roerle los sesos—, simplemente… ¿no terminaba de gustarle? O sea, hacerlo sufrir sonaba bien, pero en cuanto empezó a pensarlo más a profundidad…

Una súbita idea cruzó su mente: una idea tan absurda como la de llevar a su primera esposa, pero mucho mejor.

 


 

—¿Invitar a Lucifer…? —Serah, confundida e incrédula, no sabía si temer por la lucidez de Adán, quien hasta eso había decidido pedirle su aprobación antes de cometer esta locura, o tomarlo como un simple berrinche de su parte por insistirle en que no fuese solo al Gran Baile Celestial.

—Así es —asintió él, emocionadísimo—. Podemos disfrazarlo para que así nadie se entere de que estuvo aquí. Y si no te tranquiliza esta opción, también podemos ponerle unas esposas para que se neutralicen sus poderes.

—Lucifer fue exiliado. Traerlo aunque sea por una noche…

—Sé que suena absurdo…

—Suena peligroso —lo corrigió.

—Bueno, también estaba pensando en Lilith…

—¿Qué estás tramando, Adán? ¿Acaso quieres poner en riesgo el Gran Baile Celestial porque te pedí que llevaras un acompañante?

El susodicho rió con aires de victoria, notando la tensión en la voz de Serah.

—Pero si sólo estoy siguiendo tu recomendación. Me dijiste que te dijera qué había pensado y eso estoy haciendo.

—Quieres traer traidores al cielo.

—Son propuestas de acompañantes —la corrigió él.

—¿Qué tienen de malo mis ángeles?

—Nada de nada.

—Pero aun así estás decidiendo… —Serah se detuvo, tomando aire a la par que cerraba los ojos un momento—. Mira, estoy empezando a hablar en círculos. Lo que propones es una pésima idea. No puedo acceder, y te ruego que no insistas más porque no llegaremos a nada.

—Pero Lucifer fue un ángel, ¿no es así? Un serafín como tú…

—Fue desterrado al infierno —respondió Serah, tajante, casi incómoda.

—Pero fue un ángel, ¿no? —Insistió Adán.

La serafín se sumió en un silencio dubitativo, genuinamente desconcertada por la peculiar idea de Adán, por su insistencia, por ese brillo de emoción en sus ojos que seguía haciéndola cuestionar si era un berrinche o un desquite.

—… ¿estás seguro de querer traer a Lucifer?

—Sí. Personalmente me gusta más que la idea de invitar a Lilith —admitió Adán, reacio a ceder, mandando al carajo el sentido común que impedía que Serah aceptase de buenas a primeras.

—¿Por qué?—La serafín susurró bajito, acercándose a él con expresión seria—: ¿Debo empezar a preocuparme por tu salud mental…? ¿Necesitas que alguien te escuche? No estás solo, Adán. El cielo te ama—

—Serah. —Firstman la miró con cara de pocos amigos, luego negó con la cabeza, forzando una sonrisa—. Oye, no creo que sea para ponerte así.

—Yo opino lo contrario. Si alguno de los altos funcionarios se da cuenta…

—No lo harán.

—Me estás comprometiendo con tu decisión.

—Tú fuiste quien empezó —Adán usó un tono entre victimista y acusador—.  Yo te dije que podía ir solo, pero nooo —alzó las manos, rodando los ojos—, Serah piensa que el protocolo está por encima de todo. Ahora que accedo a ir acompañado ¿ya no te parece? Mujer tenías que ser.

—Es Lucifer —Serah ignoró aquel comentario sólo por esa ocasión.

—Fue un ángel.

—Fue desterrado del cielo.

—Pero puede volver. Obviamente no va a decir que es él, Serah, podemos hacerlo pasar por un ángel más del montón.

—Pero huele diferente.

—Podemos neutralizar su olor.

—Pero es Lucifer.

—¡Eso ya lo dijiste! —Adán explotó, harto de la resistencia de Serah—. ¡Agh, suficiente! ¿Me vas a dejar llevarlo al baile sí o no?

—Adán, agradecería que no alces la voz. Mantengámonos cordiales y racionales, aunque tu idea no lo sea.

—Bien, entonces Lucifer no, pero Lilith sí. ¿Eso es lo que quieres insinuar?

—¡No! —Serah también perdió los estribos, aunque se obligó a reponer la compostura rápidamente—. Quiero decir, ¿por qué te rehúsas a escoger a alguien de mi gabinete, Adán? Saben de los protocolos, son ángeles decentes…

—Ay, por favor… —Adán puso los ojos en blanco, interrumpiendo a la serafín, quien le hizo un gesto con la mano para que hablara ya que parecía tener tantas ganas de seguir con esa discusión—. No nos hagamos, Serah. Él está allá abajo creyéndose la gran cosa, sintiéndose el rey y el papá perfecto y… ¿no crees que eso es injusto? Alguien tiene que ponerlo en su lugar.

—¿O sea que estás buscando aprovecharte del Gran Baile Celestial para vengarte de Lucifer? ¿Eso se te ocurrió antes de pedirte que meditaras tus opciones o fue después?

—Depende. Si digo que sí, ¿te persuadiré más rápido?

Serah respiró hondo, recordándose no perder la compostura.

—Si no quieres ir acompañado, está bien. Déjalo así.

—Ah, pero ahora quiero ir con Lucifer.

—¿Te estás escuchando? Estás haciendo un berrinche.

—Tú me orillaste. Yo estaba bien conformándome con ser un buen anfitrión, solitario y resignado, pero tú me metiste a fuerza la idea de ir acompañado —se defendió él, haciendo una mueca de puro dramatismo innecesario—. Además —agregó, enseriando el rostro—, seamos honestos, Lucifer sabe de estos protocolos. ¡Si viene, obviamente se adaptará a las exigencias del Gran Baile! Y luego, oh, luego, cuando deba volver al infierno, se lamentará haber atentado contra el cielo. ¿No es eso un ganar-ganar para ti, para mí y para el cielo mismo, Serah?

—… ¿eres consciente del riesgo en el que nos estás poniendo?

—Te hice dudar.

—No, no lo hiciste.

—Tardaste en responder.

—Me estoy controlando para no cometer un sinsentido como tú.

—Podemos invitar a Lilith para que sea tu acompañante.

—Adán, eso no es divertido.

—¡Ay, Serah, por favoooor! ¡¿Qué más tengo que hacer para que accedas?! ¿Me hinco? ¿Quieres que me hinque? —Adán hizo el ademán de hacerlo, entrelazando sus manos y haciendo ojos de borrego a medio degollar.

—¡Levántate! Ni se te ocurra… a ver… —suspiró pesadamente, llevándose una mano a la frente—. Te daré una, una oportunidad de convencerme de que esto es una buena idea. Adelante.

Adán sonrió de oreja a oreja,  mientras se enderezaba, jurando que Serah ya estaba a punto de ceder a su petición, pero intentaba seguir en su rol de serafín sensata y devota al cielo. Aun así, le tomó más de media hora de dar vueltas sobre el mismo tema, de irritarse mutuamente y luego recomponerse, para que la serafín por fin aceptara la terrible y absurda idea de que Lucifer saliera del infierno, aunque fuese sólo por un día.

Y aun así no lucía tan convencida, por cierto…

—Asegúrate de realmente neutralizar su olor —le ordenó a Adán, con tono cansado y frustrado, antes de que el Firstman se retirase—. No quiero arrepentirme de esto antes de que empiece el baile. Y… ah, ya ni me digas más del tema, por favor. Sólo cuéntame lo estrictamente necesario.

—Ya te dije que todo saldrá bien.

—Lamento no poder creer en tus palabras.

—Descuida, lo harás muy pronto.

Serah no quiso saber si Adán estaba siendo sarcástico o sincero: simplemente alzó una mano en señal de alto, negando con la cabeza.

—Sólo… vete, Adán. Necesito un descanso.

Adán ensanchó su sonrisa victoriosa, apenas disimulando esa expresión de satisfacción al pensar en cuánto dolor podría generarle al traidor con su espontaneo plan, secundado por Serah, que era lo que lo hacía aún más gratificante. Entonces, sin más que agregar, se despidió de la serafín, y a medida que se dirigió a sus aposentos se permitió el lujo de imaginar cómo se sentiría Lucifer cuando escuchase la noticia de que podría disfrutar del paraíso una vez más, sólo para ser arrojado al infierno otra vez en cuanto ya no le fuese útil a su enemigo… Dios, eso sí que sería karma divina.

Aunque claro, todavía falta que Lucifer aceptase primero, se recordó el Firstman, dejando de sonreír.

«Oh bueno, con suerte no tendré que tomarme tanto tiempo como con Serah», se dijo a sí mismo, encogiéndose de hombros. Después de todo, la propuesta por sí misma era irresistible: no había forma de que ese cabrón pudiera negarse a volver a casa, ¿verdad? Nadie sería tan estúpido para negarse el volver a casa.

 


 

Lucifer mantuvo una expresión seria la mayor parte del tiempo, escondiendo cierto recelo de ver a Adán actuando como si hace poco no hubiese cometido una purga en el infierno, mientras el Firstman explicaba la razón de su visita. Esto, sin embargo, no impidió que internamente arqueara una de su ceja luego de que se le extendiera la invitación al Gran Baile Celestial, porque pensar en él como prospecto de acompañante no sólo era absurdo, sino que delataba que aquel cabrón se había quedado sin opciones.

Pobre imbécil.

—Entonces… ¿qué me dices?

—¿Quieres que sea tu acompañante en el cielo? —Lucifer se cruzó de brazos. Su ceja volvió a arquearse—. ¿Es una broma, grandullón? Porque el Día de los Inocentes fue hace dos semanas.

«Hijo de puta, ¿quiere que le ruegue?», pensó Adán. «Oh no. Ni de joda.»

Su rostro se endureció, espetando un directo:

—Es tu única oportunidad de rozar el cielo una vez más. Así que más que estar cuestionándome a mí mis decisiones, deberías preguntarte si no te gustaría volver a casa otra vez. Ya sabes… puede que nunca tengas otra oportunidad así…

—…

—Pero allá tú… —Adán se dio la vuelta, mirando discretamente atrás en cuanto dio los primeros pasos, buscando presionar a Lucifer, quien seguía debatiéndose internamente, casi mascullando algo por lo bajo. Cuando ya estaba a dos metros de distancia, Lucifer alzó la mirada, entreabriendo la boca. Su mano instintivamente lo intentó detener en lo que su garganta dejaba de atragantarse con un nudo de indignación—. ¿Hmm? ¿Y bien? —Preguntó, fingiendo indiferencia.

—… eres horrible seduciendo a tus amantes.

—¿Qué? —Adán sintió un tic apoderándose de su ojo izquierdo, esperando haber entendido mal aquella frase. No fue así.

—Que mínimo me hubieras invitado un café o algo así, cabrón —escupió Lucifer—. Llegas directo a lo serio sin avisar siquiera, de seguro por eso espantaste a todos tus intentos de citas. Bueno… asumiendo que hubo alguien más a quien pedirle que te acompañara al baile… —agregó con un tono que hizo que la sangre del Firstman hirviera de pura indignación.

—¡Enano hijo de puta, yo no espanto a nadie! —Gruñó, alzando a Lucifer del cuello de su camisa—. ¡¿Y por qué te pones en lugar de amante, en primer lugar?! ¡Jamás metería mi pene en tu repugnante culo!

—Eso dices ahora, pero luego…

—¡Sólo serás mi pareja de baile, pervertido de mierda!

—Bueno, entonces acepto.

Wow, eso fue más rápido de lo que Adán esperó.