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Manjiro se recostó a ver el techo, siempre lo hacía cuando necesitaba pensar o recordar quien era, así sus ideas se volvían más claras. Y sin querer recordó la vez que conoció a Kazutora, Baji lo había llevado a jugar con ellos una tarde de verano y desde ese día Mickey no había podido dejar de mirar aquellos ojos sol, aquella mirada que atraía la luz y la esperanza. También recordó como es que de alguna manera le dio un motivo para ser feliz a Kazutora, como desde ese día Kazutora se había convertido en suyo. Pensó en como todas las noches soñaba con ayudar a Kazutora, como quería amarlo hasta la eternidad.
Y rápidamente un dolor abrumador le golpeó el pecho al recordar como había acabado todo. Cómo accidentalmente Kazutora había asesinado a su hermano mayor, como le había dolido en el alma la muerte de Shinichiro y aunque a veces se sentía culpable por ello, también había sufrido por Kazutora, por su inevitable destino en la prisión juvenil.
Contó los años, meses y días para que Kazutora saliera de prisión y justo cuando sucedió, se enteró de algo que lo dejo aún mas dolido : Kazutora lo odiaba y lo culpaba de su desgracia.
Manjiro no pudo evitar sentirse herido pero también estupefacto y confundido, casi diría que se sintió furioso.
¿Cómo era posible que Kazutora lo culpará de algo así?, ¿acaso no tenía cerebro?.
Manjiro no podía comprender cuál era la culpa que supuestamente tenía, ¿que error era el que había cometido?. Se sintió tan confundido que rápidamente recapituló todo lo vivido al lado de Hanemiya y efectivamente, como el lo suponía, no había hecho nada malo. Al contrario, lo había cuidado, lo había mantenido seguro y a su lado como cuando encuentras a un cachorro perdido.
No pudo evitar sentirse molesto y traicionado.
Después Kazutora se había unido a Valhalla y Manjiro se sintió peor, se sintió pisoteado, como si simplemente hubiera sido utilizado.
Recordó como frente a los demás mantuvo una expresión estoica, casi indiferente pero al llegar a su casa, en la oscuridad de su habitación simplemente se desplomó en su cama y lloro hasta sentir los ojos secos y el corazón lleno de un dolor sordo que lo hacía querer arrancarse la piel. Tal vez así Kazutora estaría satisfecho.
El día de la pelea contra Valhalla aún está borroso en su mente, no recuerda nada con exactitud, solo el rostro sangrante de Kazutora y sus manos adoloridas sujetándolo con resentimiento, con un amor que se volvió pura rabia y confusión. Después de eso y de la muerte de Baji, se enteró de que Kazutora recibió una condena más larga. Está vez ni siquiera quiso saberla exactamente, ya no quería volver a contar los años, los meses y los días para que cuando Hanemiya saliera libre simplemente le diera un puñetazo en la cara y le aplastará el corazón otra vez.
Decidió que simplemente iba a conservar los recuerdos buenos, los que realmente valía la pena guardar. Cómo el día en el que lo conoció.
El día que se besaron, sintiéndose confundidos pero sin poder ignorar como la sangre les calentaba las mejillas cada que estabas juntos y como sus corazones ardían y latian por el otro. Cómo cuando estaban solos se tomaban de la mano, en silencio, con el atardecer cayendo y tiñendo las calles de la ciudad, con los últimos vestigios del sol iluminando los hermosos ojos de Hanemiya. Cómo cuando Kazutora le confesó sus sentimientos, como se había alegrado y sentido orgulloso de que el pelinegro fuera más valiente para confesar lo que sentía, para hablar sobre sus sentimientos.
Las palabras de Hanemiya siempre estarían en su corazón, haciéndolo sentir cálido y dándole consuelo.
"Creo que te amo Mickey, creo que me gustas. Contigo me siento seguro y tú conmigo te sientes bien, no puedo ignorar como mi corazón duele cuando te veo, es un dolor agradable, casi piadoso. Me gustaría poder tomar tu mano siempre, besar tus labios y dejar que tu nariz se frote con la mía. No puedo evitar imaginar lo divertido y lindo que sería vivir contigo. Cómo entrenariamos en las mañanas, como te prepararía dorayakis para desayunar, como me gustaría dormir abrazado a ti. Simplemente juntos, sintiendo el latido de tu corazón y dejando que tu respiración me arrulle. Simplemente quiero que me ames, quiero que me elijas y no me dejes ir nunca"
Las lágrimas de Manjiro se derramaron de sus ojos y rodaron hasta sus orejas, mientras se tapaba los ojos, avergonzado por llorar aún cuando nadie lo veía.
Lo único que podía rogar era que Kazutora lo perdonará por todo, no sabía lo que había hecho mal, no sabía si realmente había hecho algo mal pero definitivamente se arrepentía de haberle hecho daño a Hanemiya, se arrepentía de haberlo golpeado, de haber dejado que la furia lo consumiera. Se arrepentía de no haber cumplido con el pedido de Kazutora, se arrepentía de haberlo dejado ir.
No podía pedir que el otro lo perdonará, no esperaba eso ni lo esperaría jamás pero quería al menos mantener la esperanza de que cuando Kazutora cumpliera su condena, lo buscaría a él y entonces cumplirían su sueño.
Está vez sin rencores, porque Manjiro no lo odiaba, Manjiro ni siquiera podía sentir coraje ahora. Lo único que sentía era como todo le dolía, como a veces el recuerdo de Kazutora le quemaba la garganta.
Mickey miro una vez más al techo, totalmente lloroso y destrozado, pidiendo simplemente perdón.
Rogaba al cielo por el perdón del otro, rogaba por otra oportunidad con el.
Años después Kazutora había salido de prisión, gracias al cielo fue ayudado y recibido por Chifuyu. Su vida había mejorado pero por las noches, cuando estaba en su habitación a solas no podía evitar ver el rostro de Manjiro en la oscuridad.
No podía evitar pensar en el, en como lo había lastimado, en cómo lo había traicionado.
Por más ganas que tuvo de verlo, de buscarlo, no pudo reunir el valor de hacerlo. No después de todo el daño que había causado al pobre rubio. No al imaginar como lo recibiría el menor, como muy seguramente querría golpearlo otra vez y con justa razón.
El mismo sabía que su castigo era aguantar una vida sin el a su lado, sin el hombre al que más amaba y eso lo destrozaba tanto como la primera vez. Sentía que las entrañas le ardían de dolor y odio hacia si mismo. Sentía una presión en el pecho cada que escuchaba su nombre.
Sabía que sería inútil pedir perdón, que aunque rogara no obtendría el perdón del menor.
Pero solo podía desear que al menos no lo odiara como el se odiaba a si mismo, solo podía rogar a todo lo divino por al menos mirar su rostro de nuevo.
Incluso vendería su alma al diablo solo por un instante con Mickey, por sentir de nuevo sus labios y sus manos, por ver sus ojos de nuevo, por tocar su cabello.
Con cada recuerdo que afloraba en su mente sentía que el aire le faltaba, que necesitaba estar a su lado, tan solo podía fantasear con Manjiro, con la vida que el tanto soño al lado del rubio. Con la vida que ambos merecían.
Pero otras noches simplemente al recordar la calidez de la mano de Manjiro le hacía querer vomitar, se odiaba a si mismo, se odiaba a el porque nunca debió haberlo tocado, nunca debió de haberlo mirado, nunca debió de haberle hablado. Nunca debió porque no lo merecía, no merecía ni siquiera decir su nombre o recordarlo, porque Kazutora era asqueroso, un asqueroso que solo mancho la pobre alma de un niño como Mickey.
Se dejó caer en su cama y simplemente hundió la cara en la almohada, llorando al imaginar la vida que había mandado a la mierda con sus acciones y sintiendo el cuerpo entumecido, demasiado culpable para sentir más.
Solo podía rogar por el perdón de Manjiro y por otra oportunidad al lado de su amado.
