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Cuando al fin entendió lo que pasaba, Sirius ya estaba tirado en la arena caliente entre todas esas plantas que lo habían protegido de la caída. A su costado se encontraban los restos del avión caído, algunos soltaban humo, otros simplemente estaban partidos brutalmente.
El chico se levantó rápidamente, sin fijarse demasiado en el dolor que le recorría el cuerpo, e intentó detectar algún otro niño mientras recordaba quiénes estaban en el vuelo.
Podía visualizar fácilmente a Regulus, su hermanito, llorando antes de la caída del avión, pero no podía recordar detalles, en su mente vagaba el dato de haberse sentado con su amigo, James, y de ver más niños pequeños que de su edad.
Al caminar algunos metros pudo ver a Peter, un chico de su curso, que estaba sentado viendo el mar, se acercó lentamente y observó la isla a la vez que al chico.
La isla, frutal, próspera y bella, pero también calurosa y aislada. El otro chico, completamente desconocido a lo que estaba pasando, observaba las olas, jugando cuidadosamente con la arena.
—Peter, cierto? —preguntó suavemente, aunque el otro se asustó igualmente, girándose a verlo.
—¿Me conoces? —el chico tenía la cara llena de rasguños y una mirada insegura.
—Estaba en el avión contigo, creo que vamos al mismo curso.
—No lo sé, aún no vi a nadie que conozca —respondió el rubio, observando alrededor— sólo algunos niños pequeños, pero no parecían querer escucharme.
Sirius asintió, pensando al instante en su hermano y amigos. Tenía que encontrarlos. Así que comenzó a caminar por la orilla, con Peter siguiéndolo. Unos metros después, se detuvieron al ver una gran caracola.
—¿Crees que pueda hacer algo de ruido? —le pregunta Sirius al otro chico, que se agachaba a buscarla.
—Mi mamá tiene una así y dice que es para eso.
El pelinegro asintió sin darle mucha importancia, los chicos decían que Peter era un niño de mamá. Igualmente, le arrebató la caracola y sopló en ella, sin lograr mucho.
Suspiró decepcionado y se subió a una roca cercana, en un intento de grandeza. Volvió a soplar, con más fuerza, logrando un fuerte sonido que rebotó entre los árboles y espantó varios pájaros.
—¡Funcionó! —gritó en un salto de emoción.
Antes de siquiera dejar hablar a Peter, sopló la caracola nuevamente, hasta quedarse sin aire. Unos minutos después comenzaron a llegar niños corriendo, unos de su edad, otros mucho más pequeños, entre ellos, Regulus.
Al ver a su hermano mayor, corrió a abrazarlo entre gritos de alegría.
—¡Reggie! ¿Estás bien? —preguntó Sirius, agachándose para observarlo y acariciar su rostro.
—¡Si!, sólo me ensucié. —dijo sacudiéndose la camisa llena de tierra. Su hermano se rió.
Los próximos en llegar fueron los más grandes, primero Marlene, seguida del resto. Por último James, arrastrando a otro niño, un poco más moreno y flacucho.
—¿Y ese quién es?
—Remus, de nuestro curso, se desmaya todo el tiempo. —le respondió una pelirroja que tampoco estaba seguro de conocer.
Al llegar a la roca, los más grandes organizaron a los pequeños, se presentaron y luego se formó un silencio.
—¿Hay heridos? —Sirius observaba la multitud de caras sucias.
—Sólo algunos raspones y la rodilla de Remus, pero está durmiendo. —respondió Frank, mientras le limpiaba las caras a los mellizos Rosier.
Todos se giraron a ver al lesionado, que dormía en el regazo de Lily, con el rostro pálido y el cuerpo encogido.
—Entonces supongo que tendremos que elegir un jefe —dijo James subiéndose de un salto a la roca— yo podría serlo, soy el más grande.
—¡Por meses!, tienes catorce como el resto —le gritó Marlene, haciendo al otro suspirar.
—¡Basta, no es necesario un jefe!, mi papá trabaja en la marina, nos buscarán pronto —interrumpió Sirius, muy convencido de lo que decía.
—Nadie sabe que estamos aquí, lo importante ahora es elegir un jefe.
—¡No serás tú, James!, yo fui quien reunió a todos.
—¿Y?, tenemos que votar.
Sirius se resignó e iniciaron una votación. Los pequeños, de apenas seis años, votaron fascinados al chico de la caracola, pero los grandes, votaron al menos iluso, que terminó ganando.
James se quedó la caracola y acordaron usarla para llamar a reunirse en esa roca, o el lugar del que viniera el sonido.
A su vez, se organizaron por grupos, Peter, Sirius, Remus y James, se encargarían de dirigir y construir refugios; Marlene, con los demás mayores estaban a cargo de la comida, principalmente de la cacería; los pequeños, Regulus, Barty, Evan, Pandora y los demás, debían buscar madera para encender una fogata.
Así, comenzaron su sociedad, entre niños y juegos.
