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Fei siempre le dijo que debía de ser cuidadoso al interactuar con las piedras paralelas porque uno nunca sabía que podía pasar cuando las tocaba.
Tenma trató de seguir aquel consejo, pero a veces la curiosidad era mil veces más fuerte y bueno… ¿qué era lo peor que podía pasar por tocar una piedrita de esas?
Por eso, tentado por los miles y miles de mundos desconocidos que podría ver, tocó la piedra paralela que se había encontrado en el parque de Inazuma.
Con solo ponerle un dedo encima, una repentina descarga eléctrica recorrió todo su cuerpo. Cada átomo de su ser se sacudiómientras una brillante luz blanca lo cegaba.
Antes de darse cuenta, una fuerza desconocida lo había absorbido por una fisura en el espacio temporal.
Parpadeó. Ahora estaba en un lugar completamente distinto.
El bullicio del parque había sido reemplazado por una abrumadora tranquilidad. Ya no se encontraba en un espacio abierto, lleno de árboles y de personas; ahora, Tenma estaba frente a una puerta de una casa en medio de un barrio.
—Este sitio lo conozco...—Se dijo para sí mismo, mirando la fachada.
Era una vivienda de dos pisos de color rojizo y algunos detalles en ladrillo. Se veía tan elegante como el resto de casas que alcanzaba a ver, pero por los techos en forma de triángulo y los amplios ventanales, se dio cuenta de que estaba en la puerta de la casa del entrenador Endou.
Se acordaba del lugar por esa vez que lo había invitado a cenar.
De solo recordar la comida de su esposa, tuvo un escalofrío.
—Ah, sos vos, Tenma.—Dijo alguien de repente. El joven de cabellos castaños se sobresaltó y levantó la mirada para ver quien abría la puerta.
Delante de él, estaba Shuuya Gouenji, el legendario Goleador de Fuego y también, el hombre que le salvó la vida de niño.
A diferencia de otras veces, el hombre rubio no estaba usando su conjunto deportivo, sino que estaba con ropas más cómodas como unos joggins oscuros, una remera holgada y… ¿Eso era un delantal de cocina?
Miró con sorpresa la prenda, nunca se había imaginado que vería a uno de sus ídolos con algo tan mundano.
—Pasa, pasa.—Dijo el adulto con una sonrisa.—No seas tímido, ¿Qué te trae por acá?
—Bueno… yo...—Tenma no sabía que decir, pero cómo sería descortés rechazar la invitación de su ídolo, el chico de cabellos castaños entró.
Se sacó los zapatos y los reemplazó con las pantuflas que le ofrecían. Luego, entró en la vivienda con un pequeño gracias y perdón las molestias.
Decidió seguirle la corriente al mayor. Estaba seguro que este Gouenji lo tomaría como un loco si le explicaba cómo había terminado en la puerta de la casa del entrenador Endou.
—U...un momento...—Pensó el medio campo.—¡¿Qué hace él acá?! Se supone que esta es la casa del entrenador… bueno, es así en mi mundo.
Esta no sería la primera vez que las cosas cambiaban drásticamente en un universo paralelo. Quizás él estaba ahí porque era su casa.
¿Eso quería decir que el señor Gouenji era su entrenador en este universo? Y si era así, ¿dónde estaba el entrenador Endou?
—¿Viniste a hablar con Endou? Justo estábamos por cenar, pero estás más que invitado.—Dijo el rubio.—¿Te gusta el curry?
—¡S...sí, sí me gusta!—Respondió él, disimulando su sorpresa. La sola pregunta desmoronó su hipótesis.—P...pero… d… disculpe que pregunte, Señor Gouenji. ¿Qué hace acá?
—¿A qué viene esa pregunta?—Cuestionó el rubio arqueando una ceja.—Esta es mi casa.
—¿De verdad?—Preguntó Tenma.—¿No es la casa del entrenador...?
—¿Qué pasa, Gouenji?—Dijo otra voz, muy familiar para los oídos del de ojos azules.
Se trataba del entrenador Endou, quien estaba en el pasillo, asomando la cabeza desde la puerta para ver lo que sucedía.
—Es Tenma.—Dijo el rubio.—Parece sorprendido de saber que vivo acá con vos.—Agregó sonriendo. Afortunadamente, parecía divertido por la situación.
—¿Y eso?—Preguntó el entrenador acercándose a ellos.—Tenma, sabés que Gouenji y yo vivimos juntos hace muchísimo tiempo.—Le dijo.
—¿En serio?—Preguntó.
—En serio.—Afirmó Endou cruzándose de brazos.—Esta no es la primera vez que venís. ¿Ya te olvidaste?
—Es cierto...—Respondió el chico de primer año, rascándose la nuca nervioso.
Si las cosas eran más o menos como en su mundo, entonces ya había estado en la casa del entrenador y ya sabía de antemano que vivían juntos.
Bueno, eso lo sabía el Tenma de este mundo, no él.
—Está bien que te apasione el fútbol, Tenma.—Dijo el entrenador, pese a que le sonreía como siempre se notaba algo preocupado.—Pero tenés que estar más atento a las cosas. No podés estar con la cabeza en las nubes todo el tiempo.—Él asintió, aún sin creer que el entrenador lo estaba regañando.
Una risita pinchó sus nervios, venía de los labios del hombre más moreno.
—Vos no sos la persona más adecuada para hablar, Endou.—Dijo el señor Gouenji.—Sos igual que él.
—¡Gouenji!—Exclamó el entrenador con una gotita en la sien.—Estaba intentando aconsejarlo...
—Pero si vos sos el tonto del fútbol.—Dijo el otro con una media sonrisa.
—¿El tonto del fútbol?—Repitió Tenma ladeando la cabeza. Era la primera vez en su vida que escuchaba ese apodo.
—¡Ignoralo!—Exclamó el entrenador, causando que Gouenji volviese a reírse.
Al ver que el rubio seguía burlándose de él, Endou se acercó a Gouenji con una expresión increíblemente seria y lo tomó por detrás.
Al ser agarrado, el delantero lo miró perplejo, tan sorprendido como Tenma.
En el instante en que el entrenador lo rodeó con sus manos, el semblante siempre serio y genial del delantero estrella se desmoronó y sus mejillas adquirieron un tono rojizo.
—E...Endou...—Murmuró el rubio con voz amedrentada. ¿Por qué se estaba poniendo tan tímido de repente?—Tenma está…
—¡Cosquillas!—Exclamó el castaño de golpe, comenzando a hacerle cosquillas al delantero.
El joven capitán solo podía ver con los ojos bien abiertos como su entrenador le hacía cosquillas sin piedad al señor Gouenji y como este se reía como un maníaco.
No se parecían en nada a las versiones de su mundo.
—E...Endou, no… ¡pará!—Dijo el rubio mientras empujaba al castaño a manotazos, en un intento de liberarse.
—¡Ni hablar! ¡Es tu castigo!—Exclamó el otro sin ceder.
Era lindo ver que se llevaban tan bien, pero nada de eso contestaba su pregunta.
¿Por qué el entrenador y el señor Gouenji vivían juntos?
—Bueno...—Pensó el chico.—Como son tan buenos amigos seguro que viven juntos para jugar fútbol todos los días ¡Sí! ¡Seguro que es eso! Además, si viven juntos pueden pagar la mitad de todo y no están solos...—Concluyó.
Todo parecía apuntar a que, en este mundo, el entrenador seguía soltero, por lo que era bueno ver que pese a eso, no tenía que estar solo en una casa tan grande.
—¡¿Qué hacen ahí ustedes dos?!—Dijo una voz de repente. Tenma saltó en su lugar porque esa voz sonaba muy molesta.
Una de las puertas del pasillo se abrió de manera violenta, casi como si la hubieran pateado.
Casi se le cayó la mandíbula al suelo al ver que se trataba del señor Kazemaru. Él emergió de las entrañas de la casa con el ceño muy fruncido y los ojos… bueno, el ojo centelleando con mirada asesina.
El entrenador Endou y el señor Gouenji se separaron al instante, casi como si los hubiesen pillado holgazaneando en el entrenamiento.
Antes de que el hombre de cabellos azules pudiese decir algo más, lo vio y como si fuera por arte de magia, su semblante demoníaco se esfumó.
—Hola, Tenma. ¿Venís de visita?—Saludó el defensa con una sonrisa amable en sus labios.
Él asintió, aún incrédulo. No solo le sorprendía que este señor Kazemaru fuera… algo raro sino que, a su lado, estaba el señor Kira, el tutor de Kariya.
—¿Qué hacen... ustedes dos acá?—Preguntó con un hilito de voz.
—¿Cómo?—Preguntó el hombre de cabellos azules.
—Esta es nuestra casa, ¿no lo sabías?—Dijo el pelirrojo de lentes, igual de extrañado que el otro hombre.
—No… yo pensaba que el señor Gouenji y el entrenador…
—Claro que viven aquí.—Dijo Endou, interrumpiéndolo.—Vivimos los cuatro juntos.
—¡¿Eh?!—Cuestionó Tenma.—¿Tan cara es la casa que tienen que vivir los cuatro juntos?—Ante su pregunta, los cuatro adultos intercambiaron una mirada entre ellos antes de reírse.
—¡¿Qué es tan gracioso?!—Exclamó entre ofendido y confundido.
—L...lo siento, Tenma.—Dijo el entrenador.—Lo que pasa es que...—Pero no pudo seguir con la oración porque estalló nuevamente en risas.
Al ver que se estaban burlando, Tenma infló sus mejillas en un puchero. No era justo, ¿por qué tenía que pasar como un papelón como ese solo?
Ah si, porque no le había hecho caso a Fei y se había metido ahí, solo.
—Deja que te expliquemos nosotros.—Dijo Gouenji quien se estaba secando las lágrimas de la risa.
—Endou se esforzó mucho para llevar al Inazuma Japan a la victoria.—Le explicó Kazemaru.—Incluso ahora, el fútbol sigue siendo lo más importante en su vida.
—Por eso nos instalamos aquí, para cuidarlo y apoyarlo.—Siguió Gouenji.
—Al principio me negué, pero estos tres pueden ser muy convincentes y ya ves… jaja—Dijo el entrenador, tranquilo como si estuviera hablando del clima.
—No le veo lo gracioso, entrenador.—Dijo Tenma con el ceño fruncido. Hubiera entendido todo si tan solo el mayor se lo hubiera dicho desde el principio.
Aunque, bueno, en teoría lo sabía.
—Ahora que todo está aclarado... ¿Por qué no vamos al comedor?—Ofreció el anterior líder del Sector Quinto.—La cena está casi lista.
—Está bien.—Dijo Endou.—Me muero de hambre, ¿qué vamos a comer?
—Curry.—Dijo el rubio.
Al escucharlo, el rostro del otro hombre de cabellos castaños se iluminó con una sonrisa casi infantil.
—¡Qué bien! Tu curry es el mejor.—Dijo el entrenador.
Al escucharlo, tanto Kazemaru como el señor Kira hicieron una mueca de disgusto.
—Otra vez muchísimas gracias por recibirme.—Dijo Tenma, muy ajeno a la expresión de los otros dos adultos.
Cuando Kazemaru lo escuchó, volvió a regalarle una pequeña sonrisa.
—No hay problema, Tenma.—Le dijo, poniéndole la mano en el hombro con un gesto cariñoso.—Siempre sos bienvenido, así que sentite como en casa.
Los cuatro fueron a la cocina-comedor, donde la mesa ya estaba puesta.
El señor Gouenji le sirvió primero y al ver el plato de curry humeante se le hizo agua la boca. Tenía muy buena pinta.
Era curry de pollo y pollo en serio, porque los cubitos eran bien grandes. También tenía rodajas de zanahoria con forma de flor y trocitos de papa.
Aunque le entraba por los ojos, Tenma no pudo evitar tragar en seco. La última vez que se había sentado en esa mesa no había tenido una buena experiencia, pero con las cosas tan distintas, esperaba que la comida fuera mucho mejor de la que preparaba la esposa del entrenador de su mundo.
Con la mano temblorosa, se llevó una cucharada a los labios y comió. El chico de ojos azules masticó una, dos… muchas veces, y con cada bocado, los ojos se le iluminaban más y más.
Luego se llevó otra cucharada a la boca y luego otra más, hasta que dejó el plato prácticamente limpio.
—¡Este es el mejor curry que he comido!—Exclamó con una sonrisa enorme en los labios manchados.
—¿Viste?—Le dijo el entrenador, comiendo como un muerto de hambre.—El curry de Gouenji es el mejor.
—¿De verdad te gustó?—Preguntó el Goleador de fuego con una sonrisa mientras le pasaba una servilleta. Él asintió, limpiándose la boca.—Me alegro mucho. Es mi receta secreta.—Le contó.
—Él solo está siendo amable.—Dijo Kazemaru, lo suficientemente bajo como para que solo el rubio a su derecha lo escuchase. Gouenji hizo una mueca al notar el veneno en su voz.—La otra vez que vino, yo estuve a cargo de la cena y dijo lo mismo de mi estofado de ternera. No te creas la gran cosa.—Agregó dándole una cucharada a su plato.—Le faltó cocción a las papas. Están duras.
En ese momento, Hiroto se levantó.
—¿A dónde vas, Hiroto?—Preguntó Endou arqueando una ceja.
—Voy por la sal.—Dijo el pelirrojo con una sonrisita en los labios. Parecía tímida, pero Gouenji sabía que era una sonrisita de zorra desvergonzada—Le falta un poco para mi gusto.
El rubio rodó los ojos, esta no era la primera vez que recibía ese tipo de críticas por parte de esos dos.
—¿En serio?—Preguntó Endou con la boca llena.
—Para mí está perfecto.—Dijo Tenma en su defensa.—¿Podría servirme más, por favor?
—Por supuesto que sí, Tenma.—Dijo él con una sonrisa. Gouenji no perdió la oportunidad y le lanzó una mirada de superioridad a las dos víboras mientras se pavoneaba hasta la estufa para servirle.
Luego de tres platos más, la cena terminó.
—Estaba muy bueno.—Suspiró Endou mientras estiraba los brazos.
—Si…—Coincidió Tenma mientras se daba unas palmaditas en la panza. Quizás cuatro platos había sido mucho, pero estaba tan rico...
—¿Quieren café?—Ofreció el rubio.
—Por favor.—Dijo el entrenador.
—Una taza no está de más.—Dijo el señor Kira.
En ese preciso momento su teléfono vibró en la mesa.—Disculpen, es una llamada de la empresa.—Dijo agarrando el aparato y yéndose fuera de la cocina.
Al ver que el rubio comenzaba a levantar la mesa, el joven de rulos castaños se puso de pie.
—Deje que lo ayude, señor.—Dijo, ignorando su pachorra para ayudarlo a levantar la mesa.
Tenma lo ayudó a llevar los platos al fregadero y mientras esos dos estaban en el otro extremo del cuarto, Kazemaru se puso manos a la obra.
Aprovechando que solo quedaban Endou y él en la mesa, el hombre de cabellos azules se puso detrás del arquero de fama mundial y con una sonrisa, lo abrazó.
Rodeó sus hombros y se pegó a él lo más posible.
—¿Qué tal si te preparo un baño bien calentito?—Le ofreció a su antiguo capitán, susurrándole en el oído.
—¿Vos venís incluido?—Preguntó el otro hombre.
Kazemaru se rio bajito
—Sabes que sí.—Le respondió batiendo las pestañas coquetamente.
—¿No prefieres un masaje?—Ofreció el pelirrojo abrazando el brazo del hombre de la bandana naranja.—Seguro que estás agotado luego de un largo día.
—¿No se suponía que estabas en una llamada?—Preguntó el hombre de cabellos azules con un tono frio.
En respuesta, Hiroto solo le sonrió, dándole a entender que el sinvergüenza se había dado cuenta de lo que estaba haciendo y no había dudado en contraatacar, sentándose en el asiento libre al lado del castaño.
—Tampoco suena mal.—Dijo el castaño, regalándose una media sonrisa al hombre más pálido.—Pero… ¿Por qué elegir? Me gustarían los dos.
—Endou...—Dijeron ambos hombres sorprendidos, con las mejillas sonrojadas.
Su burbuja explotó de golpe cuando los tres escucharon a Gouenji aclarándose la garganta. Él y Tenma ya habían vuelto, cada uno con dos tazas de café en mano.
—Recuerden que tenemos visitas.—Dijo Gouenji.—Compórtense.
—Este universo es muy raro...—Pensó Tenma mientras ayudaba al hombre a poner las tazas de café sobre la mesa.
Ahora, el señor Kazemaru y Hiroto estaban de vuelta en sus lugares, rojos de la vergüenza. El entrenador estaba igual.
El joven de ojos azules los acompañó mientras tomaban el café y todo volvió a fluir con normalidad.
—Endou.—Dijo el hombre de cabellos rojizos dejando la taza marrón sobre su platito luego de darle un sorbo.—Creo que ya es hora de que tomés una decisión.—Al decir esa frase, Endou saltó en su asiento y se puso pálido como un pedazo de papel.
—¿Ahora?—Preguntó el hombre con voz nerviosa.
—Sí.—Le confirmó el otro cruzándose de brazos.—Ya llevamos mucho tiempo esperando.
—¡Hiroto!—Exclamó Kazemaru.
—¿No podemos hablarlo después de que se vaya Tenma?
—Perdón.—Dijo el empresario.—Pero creo que es mejor hablarlo ahora porque de lo contrario va a intentar escapar, otra vez.
—¿Decisión? ¿Decisión de qué?—Preguntó Tenma sin entender por qué su entrenador se había puesto tan nervioso de repente.
—Endou tiene que elegir cuál de los tres es más adecuado para ser su esposo.—Dijo el hombre de lentes.
—Pensábamos que Endou ya habría tomado una decisión a estar alturas, pero...—Siguió Kazemaru, clavando los ojos en el aludido, quien inmediatamente se llevó una mano a la nuca.
—Es que no es tan fácil....—Dijo Endou, rascándose la nuca
—Entrenador...—Murmuró Tenma sorprendido de escuchar algo así.
No podía creer que en ese mundo el entrenador fuera un mujeriego o como fuera el equivalente cuando se trataba de hombres.
El mencionado, al escucharlo, lo miró y Tenma pudo jurar que vio como se le prendía una bombilla en la cabeza.
—¡Ya sé!—Exclamó.—¿Por qué no elegís vos por mí, Tenma?
—¡¿Yo?!—Respondió él, escandalizado.—¡¿Por qué?!
—Porque estoy seguro de que lo vas a hacer bien, confió en vos.
—E...esto es muy repentino...—Balbuceó.—¿Por qué tengo que hacerlo yo? ¿Por qué no se casa con los tres?—Pregunto Tenma. Si los tres lo amaban, ¿no sería mejor que se casarán todos con el entrenador y ya?
—La ley no permite ese tipo de cosas.—Le explicó Hiroto.
—Es cierto...—Murmuró el joven de ojos azules, dándose cuenta de lo ilógico que era.—Aún así… ¿Tengo que decidirlo ya?
—SÍ.—Dijeron los tres, demasiado desesperados.
Se sintió mal de escuchar una respuesta tan angustiada, pero no pensaba que fuera correcto elegir por alguien más algo así de importante.
—Tenma...—Dijo el señor Hiroto de repente.—No te preocupes. Estoy seguro que vas a tomar la decisión correcta.—Agregó tomándole la mano.—Endou confía muchísimo en vos y sabemos que sos un chico muy bueno, así que tranquilo.
Al sentir la mano del señor Kira contra la suya, también sintió algo terso y delgado aparte de la piel… casi parecía un…
Ante su expresión de sorpresa y la calma siempre presente en el rostro del hombre de lentes, Kazemaru alzó una ceja.
—¿Qué estás pensando hacer, Hiroto?—Cuestionó el hombre de cabellos azules agarrándole la mano como si fuera una garra de un ave de presa.
El hombre de cabellos más largos apartó la mano del estudiante de primer año, sacándole lo que fuera que escondiera ahí.
Se trataba de un papel doblado. Él lo abrió y lo desplegó con las dos manos, dejando que todos pudieran ver el billete que tenía escondido.
—¡¿Diez mil?!—Exclamó Kazemaru sorprendido.
Al escuchar la cifra, Tenma casi se cayó de su asiento.
¿El señor Kira iba a darle todo ese dinero? ¿Para qué?
—¿Lo ibas a sobornar?—Preguntó Gouenji, encarando al empresario.
—No perdía nada con intentarlo.—Dijo el pelirrojo con una risita.
—Claro, como sabés que vas a perder...—Dijo el delantero.
—¿Qué quieres decir?—Preguntó el hombre de lentes mientras lo fulminaba con la mirada.
—Por favor.—Dijo Gouenji.—Todos sabemos que Tenma me adora, es obvio que me va a elegir a mi.
—¡¿A vos?!—Exclamó Kazemaru.—¿Por qué estás tan seguro?
—¿Porque le salve la vida?
—¡Lo estás chantajeando!—Exclamó Hiroto.
—¡Vos quisiste sobornarlo!
—Los dos son muy inmaduros, no pueden caer tan bajo.—Dijo el peliazul con voz indignada. Tenma asintió, muy de acuerdo con sus palabras.—Es por eso que me tenés que elegir a mí, Tenma. Endou no va a estar seguro con estos dos locos.
—¡¿Qué?!—Exclamaron los dos locos en cuestión.
—E...entrenador...—Murmuró Tenma.—¿No cree que tendría que decirles…? ¡¿Ah?!—La pregunta le quedó atrapada en la garganta al ver que su entrenador no estaba y que, en su lugar, la ventana estaba abierta de par en par.
¡Lo dejó solo a su suerte!
—Supongo que no me queda de otra...—Pensó el joven de cabellos castaños dando unos pasitos para atrás mientras los adultos presentes seguían peleándose.
—¿Y bien, Tenma?—Preguntó Gouenji.—¿Quién pensás que es mejor para...?—El rubio no pudo seguir con la pregunta.
Cuando los tres hombres en cuestión se giraron para encarar al mediocampo de ojos azules, se dieron cuenta de que este estaba escapándose por la ventana.
—¡Tenma!—Gritaron los tres.
—¡Perdón!—Exclamó el chico, apurándose en cruzar por el marco de la ventana.
Cuando finalmente salió al patio, Tenma se echó a correr con toda la fuerza de sus piernas.
La próxima vez, le haría caso a Fei.
