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Celebración

Summary:

Scarlet recibió una petición para un trabajo que no rechazó, con la esperanza de que eso le alejara del ajetreo de uno de los días que más odiaba. [Feliz cumpleaños, Scarlet Koito]

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

Scarlet caminó con cierta incertidumbre por los pasillos de la Academia Arándano. Había recibido un trabajo especial sobre capturar a un pokémon raro del Biodomo, y el comprador le había citado en la sala de la liga estudiantil, de madrugada. Sus alarmas se prendieron por unos minutos, al menos hasta ver la cantidad de dinero por adelantado que le habían entregado, lo que le hizo aceptar el trabajo. Además, si era honesta, aquello le permitiría alejarse de todos por todo el día, así que era un ganar ganar.

Sus sentidos se agudizaron una vez que entró en la habitación oscura, solo alcanzaban a verse algunas cajas dispersas y algo de basura de una fiesta anterior. Era raro, no parecía haber una sola alma ahí, solo el ronroneo de las bombas de agua y las conexiones eléctricas.

—Ya estoy aquí —dijo Scarlet, mirando a todos lados—. ¿Dónde se supone que…?

Un ruido seco la alertó. La puerta detrás de ella se cerró con fuerza. Su piel se erizó y su corazón se aceleró ligeramente, esperaba algo así. Acercó su mano a su cinturón y sacó a su Meowscarada, mientras que con la otra tomó su navaja y la blandió, a la espera de un ataque sorpresa. Se quedó en silenció, buscando la más mínima anomalía. Hubo un sonido sutil, apenas audible detrás de unas cajas que hicieron que ella lanzara su navaja y se incrustara en la pared de la habitación, dejando helado a la figura que había salido entre las sombras.

—¿Kieran? —Scarlet arqueó la ceja, confundida— ¿Qué demonios haces aquí?

Aunque Kieran tembló un poco al ver como la navaja había cortado finalmente un mecho de su pelo, el chico solo alzó las manos con la mayor seguridad que pudo, sonriendo ligeramente.

—Lo la-lamento, no quise asustarte —admitió, nervioso, tragando saliva.

Scarlet suspiró, yendo a recuperar su navaja.

—Es bastante estúpido que intentes tomarme por sorpresa —dijo Scarlet, molesta—. ¿Cuál es el trabajo que quieres que haga? Ya te dije que no le robare a Violet su Ogerpon.

Kieran negó ligeramente con la mirada, eso no era por lo que le había citado aquella madrugada. Scarlet se quedó confundida, al menos hasta que el chico encendió la luz y pudo ver una caja blanca en el medio de la sala. Su corazón se aceleró con fuerza al verlo, mientras que sus piernas parecían volverse gelatina conforme la idea del contenido de la caja se asentaba en su mente.

—No me digas qué…

—Sé qué todos me dijeron que era una mala idea, pero quería intentarlo —admitió Kieran, abriendo la caja y revelando un pequeño pastel de chocolate.

Scarlet negó profundamente. Ver el postre en el medio de la mesa le hizo sentir como si el aire le faltara y la cabeza le doliera. Dio un paso hacia atrás, tragando saliva y quedándose paralizada, sin saber que decir. Miró a Kieran, parecía preocupado por lo sus reacciones, lo que sabía que inevitablemente llevaría a una conversación incomoda.

—Tengo que irme —dijo sin más, trató de abrir la puerta, pero esta estaba fuertemente sellada.

—Scarlet, son puertas de acero, no se abrirán con fuerza bruta —dijo Kieran, preocupado.

—¡No me importa! —gritó, casi asustada.

Tomó la pokéball de su Amorugue, no le importaba fundir la maldita puerta si con eso lograba salir de ahí. Sin embargo, antes de lanzar a pokémon, Kieran logró sujetarla con firmeza de la muñeca. La reacción fue inmediata, Scarlet derribó a Kieran contra el frio y duro suelo de la habitación, sobre de él, mirando con genuina desesperación.

—¡¿Por qué haces esto?! —gritó, casi perdiendo el control.

Kieran tembló, mirar a Scarlet tan alterada le hizo reconsiderar si debía hacerlo, si debía forzarla a algo que claramente no quería.

—S-solo quiero celebrarte —admitió, con un nudo en la garganta—. ¿Por qué no te gusta celebrar tu cumpleaños?

Scarlet no contestó de inmediato, solo forcejeó más con Kieran de manera insistente, un agarre que se volvía más débil por parte de Kieran, pero también de las fuerzas de Scarlet. Pronto las memorias de su infancia, de su pasado, la comenzaron a golpear y la dejaron desarmada, sus músculos se sentía frágiles y su rostro pesado. Kieran lo notó, en especial cuando las lágrimas corrieron por sus mejillas, había algo que le dolía. Sin embargo, cuando Kieran quiso preguntar, Scarlet se deshizo del agarre y cayó al lado contrario.

Se arrinconó en una pared, ver el pastel solo hizo que los recuerdos la golpearan con mayor ferocidad. Reposó su rostro en sus rodillas y comenzó a suprimir sus recuerdos, las memorias de los cumpleaños no celebrados, de los pasteles ajenos mientras ella permanecía en el lodo, con el dolor constante en sus articulaciones y los gritos en su padre que le recordaban que nadie le daría nada, que aquellas cosas banales no servían para sobrevivir. Podía sentirlo vívidamente, la voz de su padre insultándola y llevándola al límite.

Apretó los puños contra su pantalón, tratando de sobrellevar el dolor de sus recuerdos asfixiantes. Kieran solo pudo tragar saliva y mirar con arrepentimiento lo que había hecho. Los demás le habían advertido que jamás habían logrado festejarle su cumpleaños, ni la comida de Arven había sido suficiente para que Scarlet decidiera presentarse a sus celebraciones, siempre buscaba evadirlos y escapaba a otros lados, y ahora que estaba forzada a verlo, a un simple pastel, colapsó, y Kieran se sintió el mayor idiota del mundo.

—L-lo siento, yo no pensé qué…

—¡¿Acaso no entiendes cuando digo que no?! —reclamó de forma violenta, a lo que Kieran solo se hundió de hombros.

Había dolor, demasiado dolor. Kieran lo notó en los ojos rojos y la mirada de desesperación de Scarlet, la forma en que se aferraba con fuerza a su pantalón, podría jurar que sus uñas atravesarían la tela y se clavarían en su piel. Nunca la había visto así, en un estado de shock que le hizo temblar y sudar.

Aunque el dolor estaba a flor de piel, la mirada asustada de Kieran le hizo pensar. Tembló, sin saber qué hacer, girándose a ver sus manos rojas y temblorosas. No entendía por qué le seguía doliendo, por qué no podía dejarlo atrás, y Kieran solo le hizo sentirse peor, por qué ella lo había causado por su trauma. No le gustó verlo así, estaba molesta de que la engañara para algo que no quería, pero le molestaba más que aún reaccionara de aquella forma tan intuir a ese dolor, y no estaba segura si deseaba comenzar a comprender lo que estaba pasando, solo se acurrucó en la pared y evitó la mirada del chico, tratando de respirar y calmarse, aunque la vista del pastel aún le aceleraba el corazón.

—Lo lamento, fue una pésima idea —admitió Kieran con la mirada baja, sacando un control para abrir la puerta.

La puerta se abrió de golpe. Scarlet se giró a verla, quiso levantarse, correr y no saber nada más de ese pastel, pero algo se lo impidió, la mirada decaída y penosa de Kieran. Se maldijo, maldijo no tener el control de la situación, de  no poder tragarse ese dolor y simular una sonrisa seca mientras comía pastel, pero no podía, dolía demasiado.

—No me gusta celebrar mi cumpleaños… —dijo, tratando de calmarse.

Kieran abrió los ojos un poco y se acercó, ese gesto le hizo saber que venían preguntas incómodas.

—L-lo sabía, solo que no pensé que tanto…

—No es tu obligación saberlo, Kieran, por eso no quería que me lo celebraras —dijo Scarlet, limpiándose las lágrimas—. Solo… no quiero…

Kieran se acercó a ella con cautela, ella permitió la cercanía, abrazándose las piernas y tratando de calmarse, de acallar los recuerdos.

—Es-está bien, de nuevo, lo siento…

Scarlet no respondió. Sin embargo, cuando Kieran se sentó a su lado, pudo sentir como su pulso parecía calmarse un poco, su cercanía era cómoda, cálida.

—No lo celebremos entonces… ¿quieres que me vaya? —preguntó Kieran, con calma.

Scarlet se giró a verlo, cerca de ella, a lo que solo negó con la mirada. Kieran le dio su espacio, siempre lo hacía, ella lo notó desde que comenzaron su extraña relación, siempre le dejaba su espacio, un silencio cómodo para que repensará sus ideas, y eso le hacía sentirse peor por la forma en que se comportó con él. De cierta forma, solo le recordaba otro pensamiento por lo cual le traumaba ver ese pastel.

—No te mereces algo así, Kieran, alguien como yo —dijo Scarlet en voz baja, provocando que Kieran alzara la mirada—. Esto es algo lindo, pero no para la persona correcta…

—Scarlet, tú eres la persona correcta…

—No —interrumpió Scarlet, mirando el pastel—. Nunca he merecido esto, esta clase de detalles… lamento haberte gritado.

Kieran solo tragó saliva y asintió con calma. Scarlet pensó en sus palabras, en si debía abrirse más con él, sentía el impulso de hacerlo, de confesarle todo, pero no estaba segura si podría hacerlo sin derrumbarse. Lo meditó un poco más, en silencio, hasta que pudo sacar algo.

—No tuve una infancia muy memorable —dijo, provocando que Kieran se girara a mirarla—. Siempre estuve entrenándome, preparándome para esto, esta vida —la holder se miró las palmas de las manos—. Los cumpleaños… solo eran un recordatorio de que se me escapa la vida.

Recordó la voz de su padre, el cómo le dijo que gente como ellos, mercenarios, no podían permitirse ese tipo de afecto o celebraciones. Solo eran eso, maquinas, armas dispuestas a venderse al mejor postor en pro de sobrevivir.

—Cada que miraba niños comiendo pastel, siendo festejados, mi padre… —le dolía, sintió un fuerte ardor en la espalda, una herida tan vieja como ella misma y que le servía de recuerdo del legado de su progenitor. Scarlet cerró los ojos, los apretó, impidiendo que las lágrimas salieran.

Pronto sintió algo cálido. La mano temblorosa de Kieran sobre la suya.

—S-si no quieres contarlo, está bien…

Scarlet le miró y no pudo evitar sentirse indigna de todo, de su amor, de su comprensión, de todo lo que él y los demás le habían dado en todos estos años. Ella solo negó con la cabeza, necesitaba decirlo, con la esperanza de que, al sacarlo, podría sentirlo menos pesado. Se giró, alzó su camisa y le mostró a Kieran su espalda desnuda con todas sus heridas.

—Eso es lo que me hizo mi padre en cada cumpleaños.

Siete, siete eran las enormes heridas que adornaban la piel de Scarlet. Kieran se quedó boquiabierto al ver aquellas marcas tan largas, profundas, envejecidas. El solo pensar el objeto que las hizo le hizo sentir un escalofrió.

—Scarlet…

—Desde mi primer año… mi padre me recordaba año con año lo que debía esperar —admitió, sintiendo un nudo en la garganta.

Kieran sintió su corazón hacerse pequeño al verla, imaginarse a una Scarlet niña siendo golpeada por su padre le hizo cerrar los ojos y negar con la cabeza.

—L-lo siento, Scarlet, yo…

Scarlet solo suspiró, poniéndose la camisa de nuevo. Pensó que decirlo le haría sentirse mejor, y aunque se sintió un poco más ligera, ver el rostro asustado de Kieran le hizo darse cuenta que no había servido. Negó con la cabeza, mirando de nuevo el pastel con repudió.

—Lamento que vieras eso —Scarlet se levantó—. Vende el pastel, o algo, solo quiero dormir y…

Sin embargo, Kieran la volvió a interrumpir al tomarla de la mano. Ella se giró, confundida, buscando el rostro nervioso, pero determinado, de Kieran.

—La-lamento haberte hecho esto, que recordarás todos esos malos recuerdos —dijo, su voz temblorosa poco a poco tomó un tono más firme—. Sé que piensas que no mereces esto, y por eso huyes, pero… —el chico hizo una pausa, tragando saliva— quiero que estés cómoda.

Scarlet se mantuvo de pie, mirando la mano temblorosa de Kieran tomando la suya. Pronto, él dio un pasó para estar más cerca de ella. Vio su rostro asustado, nervioso, pero sus ojos no dejaron de mirarla de una forma en que Scarlet se sintió desarmada una vez más, verlo así hacia que su corazón latiera con extraña intensidad, se sentía vulnerable con él.

—Quiero que tengas momentos lindos, me importa un comino que creas que no mereces eso, no me interesa, yo lo que quiero es que estés bien, que seas feliz —Kieran tomó la mano de Scarlet con ambas manos—. Eres importante, eres importante para mí, y quiero que seas feliz.

Scarlet tragó saliva, a medida que el rostro lleno de determinación de Kieran se acentuaba, ella no pudo evitar sentirse una extraña, alguien que no debía estar en ese momento, con él, recibiendo ese tipo de atención. ¿Realmente se lo merecía? Todos le habían dicho que no, su padre le dijo que los sentimientos era una carga, pero ahí estaba ella, sintiendo sus mejillas arder ante el suave tacto de sus manos. Tembló y dudó, cuestionándose si podía hacerlo, por qué realmente es lo que quería, deseaba disfrutar, no volver a sentir el dolor, deseaba con fervor sentir eso que miraba en todos a su alrededor, la felicidad de tener a alguien que te quiere, que te ama.

—Kieran… —dijo en voz baja, impávida. Tragó saliva y miró de reojo al pastel, aquello solo le hizo volver a cerrarlos con fuerza, esas malditas voces se negaron a irse— No sé si yo pueda celebrar… —admitió, negando con la mirada.

Kieran volteó a ver el pastel con molestia, suspirando, solo para después chasquear los dedos y jalar a Scarlet hacía otro lado. Ella le preguntó a dónde le llevaba, pero él no contestó, al menos hasta que llegaron a la cafetería de la academia. Intrigada, Scarlet se quedó de pie mientras Kieran lograba abrir la puerta cerrada y entrar a hurtadillas hasta el mostrador.

—¿Sabes que esto es invasión de propiedad y te podrían expulsar, verdad? —preguntó Scarlet, entrando al comedor vacío.

—Aprendí de la mejor —admitió con una sonrisa.

Scarlet solo sonrió con cinismo, después de todo ella era conocida por hacer otras cosas. Pronto, Kieran salió de la cocina con dos donas de chocolate en sus platos. Scarlet arqueó la ceja, confundida, al menos hasta que Kieran se lo explicó.

—Creo que festejar con pastel no es lo nuestro —admitió con una sonrisa—. Feliz cumpleaños, Scarlet.

Scarlet tembló ligeramente al ver la dona de chocolate, ligeramente maltrata, pero tratando de mantener una suerte de presentación por parte de Kieran. Lo volteó a ver, sonriente, y eso le hizo sentir que todo se volvía, de pronto, mucho más fácil. No pudo evitar sonreír un poco mientras probaba un poco la dona, el sabor dulce le hizo esbozar una sonrisa tímida, apenas perceptible por parte de Kieran, pero que le hizo sonreír al ver que lo estaba logrado.

Decidieron seguir en el biodomo, sobre una enorme roca desde la cual podía verse todo el enorme entorno. Se habían llevado una caja completa de donuts y chocolate caliente antes de volver a cerrar la tienda. Habían pasado todo el tiempo en silencio, pero juntos, el inmenso domo reflejando la oscuridad y calma del fondo oceánico.

Scarlet comía con mucha calma, el cuerpo tibio de Kieran le ofrecía el calor reconfortante que necesitaba para no tener frio, su respiración estaba en calma, su cabello se movía apenas por la ligera brisa artificial y sus manos cálidas descansaban cerca de las de Kieran. Cerró los ojos y respiró con fuerza, disfrutando del aire mientras terminaba de comer una dona casi de golpe y miraba el rostro alegre y ligeramente burlón de Kieran. Lo vió más de cerca, su sonrisa cálida y su respiración calmada le hacía sentirse bien, en calma.

—Te meterás en problemas —dijo Scarlet, terminando su chocolate.

—Mi hermana trabaja ahí, así que el problema se lo llevara ella —bromeó, comiendo un poco.

—Sí que te estoy influenciando mucho —admitió de forma burlona, acercándose un poco a él—. Tú hermana seguirá odiándome.

—Sí, puede ser…

Ambos se quedaron en silenció al ver la cercanía de sus manos. Scarlet, temerosa, fue la que se acercó primero, poco a poco rozando su palma con la yema de sus dedos. El tacto cálido le hizo sentir un extraño escalofrío en el cuerpo. No tardó mucho en tomar su mano, aferrándose a ella como si no deseara perderlo, lo que Kieran correspondió de igual manera. Ambos acercaron sus cuerpos, demasiado juntos, sintiendo el latido del corazón del otro. Scarlet no hizo una mueca, no se quejó, lo disfrutaba, se sentía tan en calma que solo inclinó la cabeza sobre el hombro de Kieran, se sentía un poco adormilada, pero mantenía su agarre firme.

Kieran tembló ante la cercanía, al menos al inicio, conforme se acostumbraba al tacto dejó caer su cabeza con suavidad al lado de la de Scarlet. Ella tragó saliva, mirando el agarre con incredulidad.

—Gra-gracias… —dijo, su voz tropezó al decirlo— por estar aquí… haces la vida más soportable.

Kieran se sorprendió y se sonrojó de golpe ante la inexpresiva Scarlet, quiso girarse y mirar su rostro, pero la posición en la que estaba, el calor que emanaba de su mano era demasiado bueno para romper esa conexión, solo sonrió y dijo.

—Y tú haces la mía mucho mejor, Scarlet —admitió Kieran—. Feliz cumpleaños, Scarlet.

En un movimiento impulsivo, Kieran movió ligeramente su cabeza solo para besar el cabello de Scarlet, un beso tímido y fugaz que hizo que Scarlet abriera los ojos por completo. La sensación se quedó pegada en su cabeza, en su psique. Su corazón latió con intensidad al darse cuenta de lo que estaba pasando, del amor que Kieran expresaba por ella y que le hizo volver a sentirse tan rara. Parecía tan mal que ella estuviera ahí, disfrutando de ese maldito momento que deseó que fuera eterno, que sentía que no merecía, pero que, por esta vez, deseaba disfrutarlo, dejarse llevar solo esta maldita vez y disfrutar del cariño de los demás, de aquel contra la que toda defensa suya palidecía, por una devoción que le hizo sentirse especial, valiosa, que su vida valía la pena ser vivida.

Se giró un poco, para mirarlo, asustado y sonrojado, ese rostro tan lindo que le había encantado desde que lo conoció. No sabía cómo hacerlo, como se suponía que debía hacerlo, solo hizo caso a lo que realmente quería y se precipitó a sus labios. Los labios temblorosos de Kieran se quedaron quietos los primeros segundos, al menos hasta que entendieron lo que estaba pasando, una danza lenta mientras sentían sus corazones exaltarse. Scarlet lo sujetó con fuerza de la camisa, por acto reflejo lo rodeó con sus brazos para disfrutar un poco más de su calor, del enorme estado de bienestar que le hacía sentirse como en una nube, como si todos sus problemas comenzaran desvanecerse mientras Kieran la sujetaba se los hombros y jugueteaba con su cabello.

Poco a poco, Scarlet se separó de él y se acurrucó en su pecho, en silencio, descansando y disfrutando de la respiración agitada de su chico, sintiéndolo su lugar seguro, en calma. Kieran solo sonrió y comenzó a acariciar el pelo de Scarlet con cuidado, procurando no molestarla mientras ella podía pensar que, tal vez, podría disfrutar más de sus cumpleaños.

Notes:

Quise hacer algo rápido para el cumpleaños de Scarlet, espero les haya gustado :3