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El encuentro

Summary:

El joven Portgas D. Ace conociendo al pequeño Monkey D. Luffy.

Notes:

(See the end of the work for notes.)

Work Text:

El joven Portgas D. Ace estaba encima de un gran bisonte, su mirada podría hacer helar a algunos de los fría que era.

Observaba a todos con brazos cruzados mientras sostenía un tubo de metal en una de sus manos.

No prestaba atención a lo que decía su abuelo, ni Dadan, ni siquiera las quejas del niño frente a él al que había escupido.

Apenas regresaba de conseguir la comida y ya había tanto alboroto, no era más que una molestia para él.

«¿Este es el nieto del viejo de mierda? Que molesto es.», pensó aburrido mientras caminaba dentro de lo más cercano que tenía a un hogar.

Respiro por un momento el aire y sintió un olor extraño. Cómo no encontraba de donde provenía sólo siguió adelante.

«No importa, tengo hambre»

Por suerte, no tardaron mucho en cocinar la carne del animal.

Mientras comía sus pedazos de carne no pudo evitar escuchar lo que decía el niño sobre ser pirata, eso captó su atención ligeramente. Al terminar de comer se levantó y comenzó a caminar hacia la salida. Al escuchar cómo el niño más pequeño lo seguía cerró la puerta y comenzó a correr antes de que lo persiguiera. Aún así, aquel niño era demasiado persistente y logró seguirlo. Todo lo que decía le resultaba molesto al igual que su voz chillona.

Así que hizo lo primero que se le cruzó por la cabeza y pateó el gran árbol que se encontraba a su lado para que le cayera encima al niño. No solo eso, sino que también lo había golpeado para que cayera del puente a grandes pies de altura.

Luego de unas horas volvió a las montañas con muchos peces.

—Ace, ¿Regresaste solo?—pregunto Dogra.

Ace lo ignoró mientras caminaba hacia la casa.

—¿Dónde está Luffy? Pensé que estaba contigo—preguntó está vez Magra.

—No lo sé—respondió Ace sin ver hacia atrás, siguiendo su camino.

Luffy logró volver a la cabaña después de una semana.

«¿De que está hecho este idiota?», se pregunto Ace mientras escuchaba como el pequeño roncaba.

Al día siguiente.

Ace salió de la casa dispuesto a hacer su camino de siempre cuando escucho a Luffy gritarle desde la puerta.

—¿Vas a algún lado, Ace? Llévame contigo. Seamos amigos.

Ace se volteó ligeramente para verlo y luego comenzó a correr rápidamente esperando que el más pequeño no lo alcanzará.

Comenzó a caminar cuando creyó que lo había perdido.

—¡Oye!

«¿Por qué me persigue otra vez?», se preguntó mientras intentaba a toda costa perderlo de vista.

Ace corría rápido, cruzaba por huecos de árboles, saltaba por encima de los ríos mientras se sostenía de las lianas y evitaba dejar caer su tubo de metal. Luego saltó por las rocas grandes hasta que se posó en una de las más altas para ver qué Luffy seguía persiguiendolo.

«Eso te pasa por seguirme, tonto».

Sabía que por ese lugar habían cocodrilos y esperaba que con esto el niño más joven dejara de seguirlo.

No funcionó.

Día 8.

De nuevo, Ace corría pasando cerca de los bandidos de las montañas mientras Luffy le gritaba que lo espere.

«No deja de perseguirme y decirme que quiere que seamos amigos. ¿Qué le pasa?»

Luffy no se rendía, ni siquiera cuando casi es aplastado por un montón de rocas.

Día 10.

No importaba cuánto lo intentará, Luffy siempre perdía de vista a Ace.

«Maldito, ni siquiera con una serpiente a punto de comerte te rindes?», pensó Ace con molestia mientras estaba encima de un árbol viendo a Luffy gritar y correr.

Y así fue día tras día.

Uno de esos días, Ace lo pateó para que cayera desde un acantilado. Para bien o para mal, Luffy cayó en un nido de buitres y fue atacado por estos al pensar que el pequeño quería hacerle daño a sus polluelos.

Un mes después.

Ace se colgaba de una rama mientras veía como Luffy caía al río que contenía grandes pirañas sobresaliendo del agua. Se balanceo hasta la otra punta para luego tirarse y caer al suelo.

«Dogra y Magra están ahí, lo salvarán».

Antes de seguir su camino pudo ver cómo ambos hombres se tiraban al río para salvar al menor de ahogarse.

El tiempo pasó rápido. Y antes de darse cuenta, ya habían pasado dos meses.

En días lluviosos e incluso en días con fuerte viento. Luffy seguía persiguiendo desesperadamente a Ace.

Aquel día hacía un fuerte día de lluvia.

Para Ace, Luffy solo era un niño extraño que había estado siguiéndolo durante tanto tiempo que ya se había aprendido su nombre.

Luffy ya lo había cansado con su insistencia.

Ace lo observó con molestia, estaba parado encima de una montaña alta mientras Luffy caminaba por los suelos gritando su nombre lo más fuerte que podían sus pequeños pulmones.

—No puedo creer que me persiguiera tan lejos, es muy persistente—dijo el niño.

En su mano derecha llevaba un tubo de metal mientras apoyaba su mano izquierda en su cadera. Su mirada fulminante hacia el menor era tan seria mientras lo observaba desde grandes alturas de una montaña. Varias gotas de lluvia ya lo habían empapado por completo, pero no le dió importancia.

Pensaba darse la vuelta y seguir su camino como siempre, después de todo, su mejor amigo lo esperaba en el escondite de siempre. Pero el sonido de pisadas fuertes lo hicieron girar su vista hacia ese lugar mientras se escondía detrás de un arbusto.

—Maldición—Ace observó al gran tigre acercarse al menor lentamente.

—Maldición, lo perdí de nuevo. Ace es sorprendente—halaga el niño.

Al escuchar un ruido detrás de él, se dió la vuelta y sonrió contento dando un paso hacia adelante.

—¿Ace?—llamo, esperando encontrarse con el mayor, pero al ver al gran tigre su felicidad se derrumbó, se asustó tanto que dio unos pasos hacia atrás hasta caer al suelo.

Su sombrero de paja cayó para atrás de su cabeza y su rostro estaba horrorizado mientras sentía el frío y mojado musgo del suelo en sus manos.

Los rayos hacían brillar el cuerpo del gran animal lo que hacía asustar aún más al menor.

«¡Una bestia de la Montaña Corvo! ¡No podrá con él!»

Ace observaba como Luffy se quedaba en el suelo observando con temor a la gran bestia.

«¿Por qué no corre? ¡Se lo comerá! ¡Idiota!»

Ace se movió dispuesto a ayudar al menor, pero se detuvo al ver al gran oso rugirle al tigre. En esa breve oportunidad, Luffy se levantó y comenzó a correr con rapidez para huir del lugar.

«El idiota está bien, menos mal. Espero que deje de perseguirme está vez»

Ese pensamiento no le duró mucho a Ace al ver cómo días después Luffy seguía persiguiendolo.

Y así fue como Luffy continuó persiguiendo a Ace durante tres meses, sufriendo heridas en todo su cuerpo.

Ese día en específico, Luffy volvió a perseguirlo.

Ace no le prestó atención y siguió su vida como siempre. Siguiendo su camino hacia la Terminal Gray. Allí golpeó a unos cuantos hombres obteniendo sus tesoros y luego fue al lugar de siempre. No sé dió cuenta de que, detrás de él, Luffy lo seguía sin hacer mucho ruido está vez.

Montaña Corvo y Terminal Gray. Bosque intermedio.

Siempre había un ligero olor dulce que Ace olía en el aire que decidía ignorar porque, por más que buscará nunca encontraba de dónde provenía y eso le resultaba molesto porque no había ni flores ni comida cerca. Era algo realmente raro ese olor.

—Oye, ¿Puedes sentir ese aroma?—preguntó el rubio. Se veía en alerta mirando hacia todas partes.

—¿Qué aroma?—dijo Ace, fingiendo que nunca buscaba aquel aroma—. Más importante que eso, te ves algo mal, como si hubieras corrido por todo un país. ¿No estarás enfermo?

Sabo, quien tenía una mano sobre el pecho y algunas gotas de sudor bajando por su frente solo negó.

—Claro que no. Estoy perfectamente bien.

—¿Seguro? Si es así podría robar algunos medicamentos para que te mejores—sugirió con preocupación Ace.

—En serio, no es necesario. Cambiemos de tema. Oye, ¿Qué clase de barco te gustaría tener en el futuro?

Ace observaba al rubio con extrañeza. No se veía igual que siempre, pero no lograba entender porque.

Mientras hablaban de sus sueños de comprar un barco pirata con todos los tesoros que tenían y el precio que debía costar, ambos escucharon la voz de un niño.

—¡¿Chicos, ¿Ustedes quieren ser piratas?! ¡Yo también!

Ese era el grito de Luffy. Tenía una mano sobre su pecho y otra que tenía extendida hacia arriba intentando saludar a los niños más grandes.

«¿Me encontró? Mierda, me descuide», Ace le dió una rápida mirada a su amigo rubio, observando claramente como este tenía una mano en su pecho y exhalaba aire de forma extraña, levantó una ceja extrañado por ese acto.

Sabo se dió cuenta de la mirada de Ace y rápidamente sacudió la cabeza para salir de su trance.

Por supuesto, con una mirada cómplice, ambos bajaron con rapidez y le dieron un golpe a la cabeza del niño para que se callara. Y lo ataron con una soga a un árbol.

Al despertar, Luffy observó por un momento a Sabo con curiosidad, pero rápidamente cambio su mirada a Ace y con una gran sonrisa dijo:

—Ace, así que aquí venías todos los días.

—Guarda silencio—lo callo Ace.

—¿Este es el tal Luffy del que me hablaste?—dice Sabo sin quitar la vista de Luffy.

—¿Eh? ¿Le hablaste de mí?

—Solo le dije lo molesto que eres.

—También me dijo que eres un cabeza hueca—agregó Sabo.

Ante tales palabras el niño solo se rió.

—Ya veo.

—No te das cuenta que te estamos insultando, ¿Verdad?

—Logró llegar aquí a pesar de que tome caminos imposibles de atravesar.

—¿Tu eres amigo de Ace? ¡Seamos amigos también!—dijo en voz alta el niño más pequeño.

Ace veía de reojo a Sabo mientras escuchaba como rechazaba la oferta de ser amigos de Luffy.

El rubio actuaba normal ahora, pero tenían que hacer algo respecto a esto rápido.

En ese momento, Ace no tenía ni idea de lo importante que sería ese encuentro para los tres. Después de todo, solo era un niño pequeño sin absolutamente nada de conocimiento acerca de las castas y vínculos. Probablemente lo sabría años más tarde.

Notes:

♦♦♦♦♦♦

Gracias por leer, si les esta gustando la historia, son libres de votar y comentar si gustan.

Me gustaría saber que les parece.

Hasta pronto 🤍

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