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Language:
Español
Collections:
Obras Del Templo de los Fickers
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Published:
2026-01-22
Words:
1,439
Chapters:
1/1
Kudos:
1
Hits:
12

El camino que no tenía prisa

Summary:

En el viaje de regreso a Konoha, entre silencios y confesiones, ambos descubren que volver a casa no siempre es el destino, sino el camino que se elige compartir

Work Text:

La bruma matinal se alzaba desde los acantilados de Kumogakure como un suspiro antiguo, envolviendo la aldea entre nubes en una quietud casi irreal. Desde la ventana de la torre diplomática, Hinata Hyuga observaba el paisaje con una serenidad aprendida a fuerza de años. Sus dedos recorrían el cristal empañado sin darse cuenta, como si buscara un camino invisible de regreso a algún lugar que ya no sabía si existía.

 

Siete años.

 

Kumogakure había sido correcta con ella. Respetuosa. Incluso amable. Y aun así, ella nunca había dejado de sentirse ajena, suspendida en un tiempo que no avanzaba.

 

El sonido de pasos rápidos rompió el silencio. Un ninja de Kumo apareció en la puerta, inclinándose con formalidad.

 

—Hyuga-sama. El Raikage solicita su presencia. Ha llegado un emisario de Konoha.

 

El nombre cayó como una piedra en aguas quietas. Hinata inhaló despacio antes de asentir. Su corazón latió con fuerza, pero su rostro permaneció sereno. Ella había aprendido a no mostrar demasiado.

 

En la oficina del Raikage, la tensión era palpable. Naruto Uzumaki permanecía frente al líder de Kumogakure con una firmeza que no necesitaba alzar la voz para imponerse. Ya no era el niño ruidoso de antaño. Sus hombros estaban más anchos, su mirada más profunda, marcada por experiencias que habían dejado cicatrices visibles e invisibles.

 

—El Sexto Hokage ha sido claro.—Naruto sentenció y el hermano mayor adoptivo de Killer B tuvo la certeza de que el hombre frente a él era aún más peligroso que su familiar. —Hinata Hyuga debe regresar a Konoha. La situación actual no nos permite seguir postergándolo como ha sido permitido hasta ahora— El rubio continuó hablando con la calma y el temple que desarrolló a partir de la pérdida de su equipo en el puente del país de las olas.

 

El Raikage lo observó con dureza. 

—Ella ha estado bajo nuestra protección durante años.

 

— Ella fue secuestrada — Uzumaki respondió de inmediato con firmeza— Y Konoha no olvida— Él declaró con solemnidad sin querer involucrarse en temas que le revolvían el estómago.

 

La puerta se abrió antes de que el Raikage pudiera replicar.

 

Naruto giró instintivamente.

 

Y el mundo pareció detenerse.

 

Hinata entró con pasos tranquilos, envuelta en tonos suaves que contrastaban con la fuerza silenciosa de su presencia. Ya no era la niña tímida que Naruto contempló en fotografías; siempre un paso detrás de los demás. Había algo en su porte, en la manera en que sostenía la mirada, que hablaba de resistencia y crecimiento.

 

Naruto tragó saliva.

 

—¿Hinata Hyuga? —preguntó, aunque los ojos de la fémina delataban su identidad 

 

Ella lo miró con detenimiento. El ninja rubio frente a ella irradiaba una calidez extraña, como una llama constante. No era estridente, ni invasiva. Simplemente estaba ahí, firme.

 

—Sí — La fémina respondió con tranquilidad — ¿ Y usted es ? — Ella ladeó el bonito rostro en búsqueda de reconocer a aquel intruso, pero ella era muy pequeña cuando la aldea oculta de las hojas dejó de ser su hogar.

 

—Naruto Uzumaki. He venido a escoltarla de vuelta a casa,a su hogar— El varón respondió e imitó la suave reverencia de la chica.

 

Hogar.

 

La palabra se quedó suspendida entre ambos. Hinata bajó la mirada un segundo, como si necesitara tiempo para sostenerla.

 

El viaje comenzó poco después.

 

Descendieron por los senderos que abandonaban Kumogakure, internándose en el verde espeso del país del rayo. Hinata había cambiado su kimono por ropa de viaje, y Naruto notó —sin saber por qué— lo natural que se movía y cómo su presencia parecía integrarse al entorno sin esfuerzo.

 

Caminaron lado a lado durante horas. El silencio no era incómodo. Era cuidadoso. Como si ambos temieran romper algo frágil que todavía no comprendían.

 

—Debe ser raro— Naruto se estiró con dejadez—Volver a Konoha después de tanto tiempo.

 

Hinata asintió despacio y miró fijamente a su acompañante antes de responder: 

— Lo es, porque sólo tardaron siete años en concluir que tengo valía para ellos 

 

Naruto se detuvo. Ella también.

 

—¿Qué quieres decir?

 

Hinata miró el horizonte antes de responder: 

—Si yo realmente hubiera sido necesaria, habrían venido antes. Siete años es mucho tiempo para recordar a alguien sólo cuando hace falta.

 

Naruto no discutió. Se sentó frente a ella en un claro, apoyando los antebrazos sobre las rodillas.

 

—Yo pasé años siendo alguien que nadie quería ver —El jounin admitió —y aún asi cuando finalmente me miraron, entendí que no era tarde para encontrar mi lugar.

 

Hinata lo observó con atención. No había lástima en sus palabras. Únicamente honestidad.

 

—Habla como si supiera exactamente lo que se siente.

 

Naruto sonrió apenas; sin humor, sin tristeza y enunció: — Porque como jinchūriki lo sé 

 

El viento movió suavemente el cabello de Hinata y Naruto tuvo que apartar la mirada un segundo, sorprendido por lo fácil que era fijarse en esos pequeños detalles.

 

—Tal vez — Él enunció vacilante — este viaje que decidiste hacer no sea sólo para regresar sino para empezar algo distinto.

 

Hinata no respondió de inmediato. Pero algo en su expresión cambió. No fue una sonrisa. Fue más bien un permiso silencioso.

 

Cuando retomaron el camino, la distancia entre ellos era un poco menor.

 

No se tocaron. No lo necesitaron.

 

Mientras el sol descendía y el cielo se teñía de tonos cálidos, Hinata sintió que algo se acomodaba lentamente dentro de ella. No era amor. Era la certeza tranquila de que, por primera vez en mucho tiempo, ella no caminaba sola.

 

El primer campamento que ellos instalaron juntos fue sencillo : una fogata pequeña, el sonido lejano de los insectos nocturnos y el cielo abierto sobre ellos; despejado y profundo. Hinata se sentó cerca del fuego, abrazándose las rodillas, mientras Naruto terminaba de acomodar el equipo.

 

Durante un rato, ninguno habló.

 

No era un silencio incómodo. Era uno que se quedaba porque ninguno tenía prisa por romperlo.

 

Hinata fue la primera en alzar la vista.

 

— Uzumaki-san— Ella llamó la atención de su acompañante— ¿Cuánto falta para llegar a Konoha?

 

Naruto pensó la respuesta, pero no la dijo de inmediato. Él se dedicó a observar el fuego, cómo las llamas subían y bajaban sin dirección fija y finalmente él respondió: 

 

— Si vamos directo sólo dos o tres días.

 

Hinata asintió, pero su mirada se perdió en el bosque. No parecía aliviada. Tampoco inquieta; únicamente pensativa.

 

— Y después de eso— Hinata comenzó a hablar con incertidumbre— ¿ qué pasará después?—.

 

Naruto notó el nerviosismo ajeno y la miró meditativo porque no había reproche en la voz de la hija olvidada , sino una curiosidad honesta, casi tímida.

 

—Supongo que cumpliré mi misión— Naruto respondió de forma escueta— Te entregaré sana y salva al Hokage.

 

Hinata bajó la mirada. Sus dedos se cerraron lentamente sobre la tela de su túnica.

 

—Entiendo.

 

La palabra era correcta, pero no completa.

 

Naruto lo notó por lo que él cambió de posición y se colocó frente a ella a una distancia prudente , como si cualquier movimiento brusco pudiera romper algo que apenas estaba tomando forma.

 

— Sabes Kakashi no es como los otros Hokages y además él fue el maestro de mi equipo— Naruto comentó con una algarabía que pensó enterrada años atrás junto a Sakura y Sasuke— Él entiende que hay misiones que no terminan donde dicen los informes y que a veces la gente necesita tiempo antes de volver de ellas.

 

Hinata observó al rubio con atención, tratando de leer entre líneas 

 

— ¿ Tiempo para qué?— La fémina preguntó sintiéndose casi estúpida, pero Naruto conectó su mirada con la de ella y respondió: 

 

— Tiempo para que tú decidas dónde quieres estar.

 

El viento nocturno pasó entre los árboles levantando suavemente el cabello de Hinata. Naruto resistió el impulso de apartarlo de aquel bonito rostro 

 

— A mí no me molestaría— Él añadió con los brazos por detrás de su cabeza— seguir viajando un poco más contigo. Asegurarme de que el camino sea tranquilo.

 

Hinata no sonrió de inmediato. Pero algo cálido se reflejó en sus ojos.

 

—A mí tampoco me gustaría que este viaje terminara tan pronto — Ella admitió tras una breve pelea interna.

 

No hablaron de sentimientos. No dijeron por qué. No fue necesario.

 

El fuego crepitó entre ellos, marcando el paso del tiempo.

 

—Si Kakashi pregunta — Naruto retomó el tema mirando el cielo—, le diré que tomamos un camino más largo. Uno más seguro.

 

Hinata asintió lentamente.

 

Naruto enfocó su atención en ella y por un instante el mundo pareció reducirse a ese pequeño espacio compartido.

 

No era una promesa. No aún.

 

Pero cuando se recostaron a dormir, con la fogata apagándose poco a poco y la noche envolviéndolos, ambos supieron lo mismo:

no tenían prisa por llegar.

 

El camino, por primera vez, se sentía exactamente donde querían estar.