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Jiang Wanyin podrá haber llorado en su noche de bodas, pero Lan Xichen había realizado sus lloros con la debida anticipación.
Había considerado la propuesta de matrimonio de Jiang Wanyin muy cuidadosamente, de todos los ángulos posibles, antes de aceptar. A primera vista parecía absurda. Los sobrevivientes Jiang no habían sido más que peso muerto que podría hundir a su propia secta deteriorada, sin importar cuanto pudiera compadecerlos individualmente. Pero luego había observado más de cerca. Jiang Wanyin era un hombre que honraría sus deudas cuando tuviera la oportunidad – y había algo en él y sus dos hermanos y su frenética determinación que le hizo creer a Lan Xichen, en contra de su juicio, que lo harían. Una inversión ahora podría pagar dividendos más adelante.
Tampoco había olvidado considerar lo personal. Algunas suaves propuestas de su parte habían dejado en claro que Jiang Wanyin no le estaba ofreciendo pasión; a duras penas era consciente de que la pasión existía. Pero había admiración. A Jiang Wanyin no le dio miedo mostrar, a su manera de mano dura, que encontraba admirable a Lan Xichen. Y había la oportunidad de algo nuevo. Lan Xichen estaba familiarizado con toda la lista de jóvenes elegibles que lo habían rodeado toda su vida, y ahora de repente estaba Jiang Wanyin, herido sin esperanza de recuperación, incapaz de heredar y buscando casarse en su lugar, apareciendo de la nada como una ráfaga de aire frío.
Y había esperanza. Jiang Wanyin, desesperado y obstinado, le dio esperanza a Lan Xichen de una manera en la que todo el oro ornamentado de JinLinTai no podía.
Entonces, después de una larga deliberación, Lan Xichen tomó su decisión. Y fue entonces cuando su corazón exigió, como un niño mimado:
"¿Eso es todo?"
Admiración fría, esperanza fría, una casa fría. ¿Eso sería todo?
Lan Xichen se cerró cuidadosamente lejos de Lan Qiren y los ancianos, quienes estaban preocupados por su posible pareja por todas las razones equivocadas. Luego lloró, largo y tendido, lamentándose por la pérdida de sueños tontos que ni siquiera sabía que había tenido. Dejó que la pena fluyera fuera de él, para poder estar tranquilo y equilibrado de nuevo, como era debido.
Ni siquiera había llorado porque le desagradaba su elección. Era el simple acto de escoger un solo destino, y hacer desaparecer todo el resto de ilusiones a medio formar. Su futura vida habían sido tierras altas iluminadas por el sol, separadas del presente, un lugar de ensueño. Ahora estaba trazada en un plano y podría ver el camino de aquí a allá. Si lo planeaba bien habría felicidad – pero una felicidad práctica, del mundo real, intercalada con momentos de trabajo duro y momentos de dolor. Los sueños se habían ido.
Lloró, sólo una vez, por el tiempo que necesitó. Luego anunció la decisión que había tomado basándose en la razón, y tomó de ejemplo al coraje firme de Jiang Wanyin a medida que se acercaba el día de la boda.
* * * * * * * * * * * * *
Los Recesos de las Nubes casi estaban reconstruidos totalmente, pero Gusu todavía estaba afectado por la guerra, perseguido por fantasmas y por personas vivas más perdidas que los mismos fantasmas. Lan Xichen regresaba a casa después de la liberación de un soldado muerto, no, más bien el hijo muerto del dueño de una tienda, de diecisiete años, que había sido reclutado por el ejército y cortado cual espiga de trigo. Había viajado sin discípulos. La gente a menudo no estaba dispuesta a mostrar su dolor frente a extraños, pero su señor brindador-de-vida no era un extraño. Nadie podía sepultar a los muertos como él, decían; sin importar que todos los discípulos se supieran el mismo ritual. Y nadie podía consolar a la gente como él lo hacía después. Así fue como Lan Xichen había pasado la mayor parte del día: sin pelear contra el fantasma, más bien tomando la mano de la madre, tratando de fingir que la muerte del niño podría ser menos horrible por el hecho de que Zewu-Jun había venido a liberar su espíritu.
Había viajado solo tanto por su propia privacidad como por la de la familia.
Estaba caminando. Algo sombrío y cansado dentro de él rechazó la idea de montar su espada. Debería obligarse a sí mismo; forzar al poder espiritual latente a arder de nuevo; vamos, Xichen, monta al caballo que te tiró, pero no lo hizo. No había nadie que lo obligara, o evitara que sus pensamientos se volvieran insanos. ¿Cómo sería, se preguntó, que me aplastaran el núcleo? ¿Me sentiría así todo el tiempo?
En días como este, el rol de Zewu-Jun se sentía como el caparazón de un caracol, sosteniéndolo desde el exterior. No tenía que ser fuerte. Sólo tenía que seguir su libreto.
Arrástrate a casa, pequeño caracol, se dijo a sí mismo mientras subía hacia el portón. Sólo unos pocos minutos más.
Dentro del recinto, los miembros de su hogar más cercanos se estaban reuniendo para la cena. Podía ver sus sombras a través de la pared mientras le dejaba su parasol y su túnica de fuera a un discípulo externo. Había usado un talismán de mensaje para informarles que llegaría a tiempo para acompañarlos. Gracias a nuestros predecesores por la regla de hacer silencio durante las comidas, pensó. Se trataba menos de prohibir la charla casual y más de asegurarse que el líder de secta pudiera comer en paz, lo que Lan Xichen tenía muchas ganas de hacer.
Abrió la puerta corrediza. La mesa estaba puesta, su lugar en la cabecera vacío, el lugar a su derecha ya estaba ocupado por su esposo, mientras que Lan Qiren y Lan Wangji se arrodillaban a su izquierda. El resto de la mesa estaba ocupado con otros discípulos mayores.
Cuando entró Lan Xichen, todos en la habitación se dieron vuelta para hacerle reverencia, pero ya que lo platos ya se encontraban en la mesa, no se usaron palabras. Lan Xichen había calculado el tiempo perfectamente. Caminó hacia la cabecera y se sentó, invitando a los otros a comenzar con la comida con un gesto.
Mientras se servía el arroz, lanzó miradas disimuladas a su alrededor para ver cómo estaba su familia. Jiang Cheng lucía incómodo. Probablemente Lan Qiren lo había estado plagando con preguntas antes de que llegara la comida. Nunca había aprendido a dejar de lado el rol de maestro gruñón, y Jiang Cheng parecía no saber como dejar el de estudiante. Con suerte estarían más cómodos ahora que Lan Xichen estaba aquí para calmar las aguas. Sintió los ojos de su tío sobre él a su vez. Lan Qiren lo miró, y luego apretó la boca con un ligero asentimiento de cabeza. Bueno, eso parecía decir, te ves estropeadito, pero al menos estás de vuelta en una sola pieza. Lan Wangji no lo estaba mirando para nada, pero había una leve suavidad alrededor de sus ojos que significaba compasión para Lan Xichen. Veo que estás cansado. Lo lamento.
Lan Xichen sintió a su hogar envolviéndolo, un caparazón más resistente, más espacioso que el que usaba cuando caminaba solo. Jiang Cheng era una figura nueva e inusual en ese caparazón. Tal vez una incomodidad, al principio, pero que se suavizaba gradualmente hasta convertirse en una perla.
Los caracoles no hacen perlas, se dijo Lan Xichen. Estás confundido. Mejor come algo.
Bajó la mirada y se concentró en su arroz.
Dos porciones más tarde, con el hambre apaciguada, Lan Xichen se sentó hacia atrás y sacudió sus mangas. Lan Qiren lo siguió. Lan Xichen sintió llegar a ese sutil cambio refrescante de ambiente mientras todos se preparaban para pasar del silencio de la comida al periodo de tranquila conversación después de la cena.
Jiang Cheng aclaró su garganta.
"La regla dice no comas más de tres tazones", dijo, "no come siempre menos de tres tazones".
Tomó el tazón de Lan Xichen frente a él y comenzó a llenarlo con más arroz.
Lan Xichen miró alrededor. Dos de los discípulos intercambiaron miradas, pero las comisuras de la boca de Lan Qiren se alzaron ligeramente mientras miraba sus manos. Parecía que nadie lo iba a contradecir.
Jiang Cheng empujó el tazón de vuelta a sus manos. Lan Xichen miró a la porción de arroz esponjado y fresco, y de repente sintió su garganta cerrarse. Su cuello se sentía caliente. Igual que sus ojos.
Reaccionó a la emoción casi antes de reconocerla, manteniendo su cara en una máscara serena, endureciendo su boca para que sus labios no temblaran. Pero no pudo controlar sus ojos. Parpadeó despacio, una vez, dos veces, tratando de mantenerlos secos.
Su familia cuidaba de él. Veían que estaba afligido, y le hacían saber que lo veían. Pero nunca lo mencionaban a menos que él lo hiciera primero, y ciertamente nunca lo regañaban para que comiera.
Imaginó apartando el plato a un lado, exclamando ¡No soy un niño! Pero si hablaba, iba a llorar.
Jiang Cheng estaba seleccionando vegetales con sus palillos y añadiéndolos al tazón de Lan Xichen. Los pedazos más gordos de pepino en conserva, aún con algo de frescura en el centro. Los trozos más crujientes de berenjena frita. Evitó el melón amargo de un solo.
Lan Xichen había dejado de escudriñar sus vegetales hace varios años – o así había pensado. Pero aparentemente seguía escudriñando lo suficiente como para que Jiang Cheng lo notase.
Su tazón estaba lleno. Nadie podría hablar hasta que estuviera vacío. Obedientemente cogió sus palillos.
Puso el primer bocado de pepinillo en su lengua, con tantos nudos en el estómago que pensó que seguramente no sería capaz de tragar. Apenas podía saborear la comida. Solo podía saborear cómo se lo habían servido. Tenía un sabor intenso, amargo, maravilloso.
Jiang Cheng chasqueó la lengua, como diciendo, así está mejor. Lan Qiren miraba educadamente a la nada de tal manera que dejaba claro que lo había visto todo. Lan Wangji bien podría haber estado meditando. La visión de Lan Xichen se volvió borrosa. Se inclinó sobre su tazón para ocultar su rostro. Si comía rápido entonces podría irse.
Jiang Cheng había tenido razón. Todavía tenía hambre. Se sentía como si cada miembro estupefacto de su cuerpo se despertara y agarrara la comida, incluso mientras trataba de no romper en llanto.
Por fin su tazón estaba vacío una vez más. Lan Xichen dejó sus palillos con un clic que esperaba sonara definitivo.
Esta vez fue Lan Wangji quien habló. "Xiong-zhang debe estar cansado."
Lan Xichen de negarlo, pero descubrió que las palabras aún se atascaban en su garganta. Él asintió con la cabeza, en su lugar.
"El clima es tan malo en esta época del año," dijo Lan Qiren. "Adormece el espíritu."
"Es verdad," logró decir Lan Xichen, en voz baja y áspera. "Puede que me retire de inmediato."
Lan Qiren asintió levemente. Tal vez Lan Xichen aún era un niño, si todavía necesitaba el permiso de su tío para abandonar la mesa. Agradecido por la ayuda, se levantó, y sus discípulos se dieron vuelta y se inclinaron nuevamente. Vio a Jiang Cheng darle una mirada desconcertada por sobre sus brazos, y pretendió no verla. Dio media vuelta y fingió no huir.
Afuera, la noche estaba viva con agua fluyendo: riachuelos y una neblina de lluvia. La luna y las estrellas estaban escondidas por las nubes, pero soplaba una brisa fresca. Parecía raspar al rojo vivo el alma de Lan Xichen, forzándolo a seguir sintiendo aquella afilada no-del-todo-pena.
Subió los escalones entrecruzados, en dirección al Hanshi. Podía sentir la totalidad de los Recesos de las Nubes siguiendo su curso. Los edificios, la historia, los discípulos a su cuidado. Su tío, quien había asumido las cargas que su padre había dejado de lado, a quien Lan Xichen le estaba eternamente agradecido. Su hermano pequeño, a quien tenía el honor de proteger. El Jingshi, y la herida abierta y vacía donde alguna vez estuvo su madre. Y Jiang Cheng. Jiang Cheng. Quejándose y regañando en el comedor. En silencio sobre el escritorio o con su lengua afilada en el vestíbulo de recepción. En su cama, que los cielos lo amparen, indefenso y exigente y esparciendo calor como un talismán de fuego. Llevando las cargas de Lan Xichen; calentando, ayudando, cuidando –
El Hanshi estaba en silencio. Las cortinas de gasa se mecían como fantasmas. Lan Xichen cayó de rodillas frente a su escritorio y apoyó una mano contra la madera para evitar que las lágrimas lo derrumbaran.
La noche estaba viva con el agua que caía: arroyos y lluvia y su propio llanto. Solo y sin ser escuchado, dejó que los sollozos se liberaran y lo sacudieran hasta que su respiración se hizo entrecortada. Las lágrimas se derramaron por sus mejillas, dejándolo lleno del vacío donde habían estado. Su cara se sentía caliente. El agua salada le llegó a la barbilla y goteó sobre sus manos.
Había endurecido su corazón. Se había dedicado a la labor de reconstruir y liderar, sabiendo exactamente el tipo de ayuda que podía esperar. No necesitaba más. No la pidió. Pero he aquí Jiang Cheng de todos modos, frunciendo el ceño mientras ponía los bocados más jugosos en el tazón de Lan Xichen, y Lan Xichen descubrió que tenía hambre.
Jiang Cheng se estaba uniendo al caparazón, convirtiéndose en parte del hogar. Y si él se alejara y se volviera distante de nuevo, Lan Xichen podía sentir las partes vitales de su ser que se arrancarían junto con él.
Un tablón crujió en la entrada detrás de él. Lan Xichen reprimió sus lágrimas para escuchar mejor. No eran ni las pisadas de su tío, ni la de su hermano. Jiang Cheng lo había seguido.
¿No podrías haberme dado un momento de ventaja? Pensó irritado. Sólo necesito un momento y volveré a ser yo mismo.
Descartó la ira con firmeza. Jiang Cheng no había hecho nada malo. Lan Xichen había elegido a su esposo con cuidado – no a un hombre que fuera a entrometerse o burlarse. Ahora que había visto lo que estaba interrumpiendo, con tacto, daría media vuelta y se iría –
"¿Lan Xichen?" dijo Jiang Cheng tentativamente.
Lan Xichen cerró sus ojos, rezando por calma. Jiang Cheng, está bien, intentó decir, y descubrió que, justo como en el comedor, su cuerpo se rehusaba a emitir otro sonido que no fuera un sollozo. Apretó los dientes con frustración, aplastando su mordaza de lágrimas.
"A-Huan," dijo Jiang Cheng.
Lan Xichen no pudo evitarlo entonces. Lágrimas frescas calentaron sus mejillas cuando soltó un sollozo entrecortado.
Escuchó los pasos de Jiang Cheng cruzando el cuarto detrás de él. Se negó a darse vuelta y dejar que se le viera la cara. Y entonces Jiang Cheng se encontraba arrodillado a su lado. Estaba alcanzando a Lan Xichen y agarrándolo cerca y envolviéndolo con fuerza en sus brazos. Lan Xichen volvió su rostro hacia el pecho de Jiang Cheng y se aferró como un niño.
Podía oler su piel cálida y sentir la seda bajo su mejilla. Por un instante los brazos de Jiang Cheng ejercieron la presión perfecta, como si estuvieran moldeando a Lan Xichen de vuelta a su forma original. Entonces Jiang Cheng chasqueó la lengua y lo empujó. A Lan Xichen se le heló el estómago, pero,
"Déjame quitarte esto." Jiang Cheng se apresuró a pararse para alcanzar el guan de Lan Xichen. "Esta cosa ridícula..."
Lan Xichen sintió librarse del peso del ornamento de plata. Jiang Cheng colocó el guan en el escritorio con un clic y se puso de rodillas, abrazando a Lan Xichen nuevamente. Movió la cabeza de Lan Xichen abajo hasta su hombro, y Lan Xichen sintió algo romperse dentro de él. Enterró su rostro con fuerza en el cuello de Jiang Cheng. Encajaba ahí, perfectamente. Los brazos de Jiang Cheng estaban rodeándolo, doblándolo sobre sí mismo. La mejilla de Lan Xichen estaba presionada contra el pedazo de piel desnuda arriba del cuello de la túnica de Jiang Cheng. Estaba mojando su piel y cuello con sus lágrimas. Jiang Cheng los meció muy suavemente sobre sus rodillas, murmurando,
"Ya, ya, te tengo, todo está bien..."
No podía soportar la idea de moverse. No podía soportar la idea de levantar la cabeza del hombro de Jiang Cheng. Y la mano de Jiang Cheng se levantó y descansó en la parte posterior de su cabeza, donde había estado antes su guan, presionando suavemente. Presionando a Lan Xichen en su lugar. Diciéndole que no se mueva.
"A-Huan," dijo Jiang Cheng, "¿qué pasa?"
Sonaba alarmado. Claro que lo hacía. Probablemente nunca había imaginado ver llorar a Lan Xichen antes. Hizo puños de las ropas de Jiang Cheng en su espalda y se armó de fuerza para hablar.
"No pasa nada," dijo. "Estoy bien."
"No tienes que decirme, entonces," dijo Jiang Cheng. Pausó. "Sólo dime qué puedo hacer para ayudar."
Lágrimas frescas amenazaron con derrumbarlo. Los brazos de Jiang Cheng lo mantuvieron erguido.
"Estás ayudando," dijo contra el cuello de Jiang Cheng. "Lo – lo estás."
Jiang Cheng lo apretó con más fuerza. No dijo nada, pero Lan Xichen podía escucharlo preocupándose.
"No pasa nada," repitió, complacido de escuchar que su voz sonaba más estable. "Yo... estaba preocupado antes, pero ya no. Estas son lágrimas de alivio."
"Hmm," dijo Jiang Cheng. Sonaba escéptico, pero un poco más tranquilo.
Alivio, pensó Lan Xichen, porque no me había dado cuenta de que estaba solo y con frío hasta que me estrechaste la mano y me ofreciste calor. Alivio, excepto por esto: si me dejaras ir, sé que podría pararme solo de nuevo, pero no sé cómo. Dime que siempre me sostendrás cuando llore, y estaré contento para siempre...
Pero eso no era lo que se había prometido. Jiang Cheng estaba haciendo esto libremente, como un regalo adicional. Y tal regalo perdería toda su dulzura si Lan Xichen comenzara a exigirlo. Se tragó las palabras, aunque eran casi demasiado amargas para ser tragadas.
"Debiste haberme dicho que estabas preocupado," murmuró Jiang Cheng.
"Fue una tontería; no era nada," dijo Lan Xichen. "Perdóname."
"Calla," dijo Jiang Cheng. Apretó sus brazos aún más, apretando a Lan Xichen hasta el silencio. De alguna manera había posicionado sus brazos de modo que la presión fuera calmante en lugar de desagradable. Todo del abrazo era increíblemente cómodo. Lan Xichen dejó que su peso cayera aún más contra Jiang Cheng. Le parecía que nunca había sentido nada más seguro o mejor que el espacio entre el cuello y el hombro de Jiang Cheng.
"Liberé el fantasma de un soldado hoy," dijo Lan Xichen. "Su madre estaba desconsolada..."
"Si era un soldado," dijo Jiang Cheng, "entonces murió siendo un héroe. No pudimos haber ganado sin él."
Lan Xichen se apartó después de todo, fuera del cuello de Jiang Cheng – aunque no fuera de sus brazos.
"¡Y tal vez no valió la pena!" exclamó, petulante y fútil, como un niño arrojando al piso su tazón. "¡No trates de razonar conmigo, Jiang Cheng! ¡Lloraré si quiero!"
Jiang Cheng lo miró fríamente. Estaba claro como el día que él no estaba de acuerdo. Para él, ninguna vida valía más que su secta.
Pero aún así jaló a Lan Xichen contra él, volvió a colocar su cabeza en su hombro, y reanudó la caricia sobre su cabello.
"Está bien," dijo. "Llora si quieres".
"Sólo necesito un momento," dijo Lan Xichen. Jiang Cheng presionó un beso al costado de su cabeza.
"Tómate el tiempo que necesites."
