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Sterek: La constante de la atracción

Summary:

Stiles, Scott y René son tres genios de dieciséis años que han llegado a la Universidad de Beacon Hills con una misión clara: usar su intelecto para salvar el futuro de sus familias. Pero en un campus donde el apellido pesa más que el talento, se encuentran de frente con "la manada", un grupo liderado por Derek Hale y Wolfgang Bogdanow. Para estos chicos que parecen tenerlo todo, los nuevos becados no son más que un obstáculo divertido que aplastar.
Sin embargo, en los pasillos de Beacon Hills, la línea entre el desprecio y el deseo es peligrosamente delgada. En un entorno donde el clasismo, la xenofobia y la homofobia son las piedras angulares de la sociedad, dar el paso del odio al amor parece una misión suicida.
¿Tendrán el valor de desafiar las reglas de un pueblo que se alimenta de prejuicios? Mientras la tensión crece, todos deberán descubrir si son capaces de vencer al verdadero mal que, de forma sutil pero implacable, se oculta en el corazón de cada uno.

Chapter 1: El primer día

Chapter Text

Stiles

El primer día, sin importar qué edad tenga uno o qué tantas veces haya pasado por lo mismo, tiene un efecto de intimidación que sientes como un escalofrío fuerte o ligero que nace de tu columna y llega a tus dedos.

Y para alguien como yo, que sufre de TDAH, ese impulso solo incrementa de manera inversamente proporcional a la disminución de la distancia y el tiempo entre la primera clase y yo.

-No estés nervioso. Lo harás muy bien.

Mi papá pone su mano en mi hombro para dar ánimos y lo logra; también logra que los nervios aumenten cuando las miradas de todos caen sobre el chico que está sentado en la patrulla del sheriff del pueblo.

-Cualquier cosa puedes llamarme y arreglaremos que vuelvas.

-Estaré bien. Pero será mejor que me baje antes de que empiecen a creer que soy un chico malo.

Me despido de beso en la mejilla de papá; puede que quiera encajar y verme más maduro, pero jamás despreciaré recibir el amor de papá. Uno no sabe cuánto tiempo tiene con sus padres. Es mejor aprovechar.

Salgo lo más rápido que puedo para perderme entre la gente y buscar mi primera clase. Mis esfuerzos son vanos: las miradas siguen aumentando sobre mí y no los culpo.

-Miren qué tenemos aquí -una voz burlona suena a mis espaldas-. Un niño perdido en la universidad. Llamen a la guardería.

-Sí, para que venga por los tres.

René y Scott están con sus enormes sonrisas que buscan ocultar sus propios miedos de estar en la universidad cuando apenas acabamos de cumplir los dieciséis años. Sin embargo, la vida no hace distinción entre genios y no genios al repartir problemas.

-¿Te trajo el tío? -Asiento a la pregunta de Scott-. Pasamos por el laboratorio de genética y tienen todo lo necesario, incluso tienen un CRISPR-Cas9.

Detrás de esa carita de chico tonto se esconde un genio; es la mente más brillante que ha existido en biología y genética. Y no lo digo porque sea mi mejor amigo junto con René, lo digo porque incluso pudo curar su asma modificando su propio ADN.

Honestamente, no comprendo mucho de lo que hizo. Incluso René, que es un genio en matemáticas y química, tuvo problemas para seguir el ritmo de las instrucciones de Scott. Yo fui relegado a asistente. ¡YO!, el genio más grande de física, tuve que ser un burdo asistente. Jamás hablaré de eso en público.

-Debemos darnos prisa, la clase ya debió iniciar.

René, siempre con su paranoia de la puntualidad. Pero esta vez tiene razón. Somos recibidos por el maestro, que parece más modelo que maestro. Scott tuvo que darnos un codazo discreto para que dejáramos de babear y diéramos los buenos días.

-Buenos días.

-Buenos días. ¿En qué puedo ayudarlos?

-Venimos a clase.

Los mismos imbéciles que hicieron de nuestra secundaria un infierno.

-Oh, los niños quieren jugar a la escuelita.

Jackson, como siempre, es el primero en burlarse, aunque sea el número tres en la manada de idiotas. Los borregos no tardan en balar con sus risas horrendas.

-Silencio -el maestro tiene una voz de mando enérgica; todos se callaron-. ¿Me permiten sus tiras de materias?

Las presentamos y el maestro de inmediato se sorprende, no solo porque son verdaderas, sino por la carrera elegida: Física teórica para mí, Matemáticas para René y Genética para Scott. Sin embargo, como estamos iniciando, todas nuestras materias son iguales; en el siguiente semestre deberemos separarnos para ir especializándonos en nuestras áreas.

-Bien. Tomen asiento.

-McCall, tienes una basura -Scott se mira-. Oh, lo siento, es tu ropa.

Theo Raeken, el cuarto de la manada. Siempre ha sido un imbécil con Scott y podríamos arruinarlo, pero nosotros tenemos más decencia que ellos; además, sería dañar a un tercero.

-Y no olviden taparse la nariz por el hedor a basura -una voz sobresale entre las risas. Es el segundo de la manada.

Wolfgang. Rico, atractivo, inútil fuera del deporte. El archienemigo de René.

-¡El club de los basureros llegó! -una voz estruendosa acompaña a Wolfgang.

El líder de la manada: Derek Hale. Ese maldito ha sido mi némesis desde el primer año de escuela: insultando, empujando, tirando mi comida, acosando sin descanso. Es el típico imbécil lleno de músculo y testosterona pero nada de cerebro; eso lo capacita para ser el líder del equipo de basquetbol. Aunque eso parece ser lo que encanta a todas las chicas que se arrojan a sus pies para ser usadas como servilletas.

-¡Jaja! -el maestro se sorprende al escuchar la risa de René-. No se preocupen. Les daremos un recibo para su familia -René regala una mirada desafiante a toda la manada: Derek, Wolfgang, Jackson, Theo, Liam, Lydia y los gemelos Ethan y Aiden.

-Por las bolsas de estiércol que enviaron -yo termino la frase con una sonrisa. La manada se queda callada y con las caras enrojecidas por la vergüenza.

Una carcajada estalla y todos quedamos sorprendidos porque es el maestro, que parece que se partirá de la risa. Nosotros tres nos quedamos sin saber cómo reaccionar. Digo, esto no es el comportamiento típico de un maestro.

-Eso estuvo bueno. Este semestre será interesante. Tomen asiento -nos ofrece los lugares de adelante para evitar estar cerca de los otros tarados-. Me presento. Soy el maestro de filosofía, Peter Hale.

Nos miramos sabiendo que la hemos cagado y probablemente reprobado la primera materia. Ya puedo ir despidiéndome de mi beca. Nosotros tres fuimos becados por la Universidad de Beacon Hills bajo el programa subsidiado por las familias Argent, Bogdanow y Hale. Esto demuestra que hasta los grandes males pueden ser útiles.

-Tranquilos.

El maestro nos guiña el ojo y hacemos nuestro mejor esfuerzo para poner atención e ignorar las miradas asesinas de ese grupo que seguramente buscará cómo fastidiarnos. Pero no importa; yo no puedo perder esta oportunidad, tampoco René y Scott.

-Esperen -el maestro pide que esperemos al final de la clase.

-Lamento lo ocurrido -trato de disculparme.

-No sean ingenuos. Conozco bien lo imbécil que puede ser mi sobrino y sus amigos. Pero no es de eso de lo que quiero hablarles. Aparte de dar esta materia tan insufrible -me alegra saber que no soy el único que piensa eso-, dirijo el departamento de Química y Biología -mira a René y Scott-. Me gustaría que se acercaran para hablar de proyectos.

-¡En serio!

-Por favor. Son chicos de dieciséis años en la universidad, es obvio que son genios. Debería ser un idiota si no los recluto ahora que puedo -le sonrío a los chicos, parece que ellos ya encontraron su lugar-. No creo que te interese mucho nuestro laboratorio, Stiles, pero resulta que la doctora Noshiko es buena amiga mía.

-¿La doctora Noshiko? ¿La autora del abordaje termodinámico de los agujeros negros en el análisis de la temperatura con el horizonte de sucesos?

El maestro Peter nos dio un pequeño recorrido por las instalaciones y de paso nos custodió hasta la segunda clase para evitar que Derek se acercara. De hecho, pudimos ver cómo habló con él, aunque eso parece haberlo enojado más contra nosotros.

Pasamos de clase en clase evitando cruzarnos con cualquiera de esos idiotas. Lamentablemente, tenemos prácticamente las mismas asignaturas, así que eventualmente fuimos acorralados a la hora de la salida y arrastrados a la parte delantera de la escuela.

-Suéltennos -Derek, junto con Jackson, tiran de mí. Theo arrastra a Scott y los gemelos llevan a René. Lydia está grabando todo.

-Siguen siendo las mismas basuras y ese es su lugar.

Tratan de arrojarnos dentro del basurero, pero nosotros luchamos con tanta fuerza que no les es tarea fácil. Entonces deciden arrojarnos la basura encima y tirarnos al suelo.

-Para que no olviden su lugar.

-Pronto serán celebridades.

La basura cae por mi cara; el apeste es insoportable, pero no tanto como la impotencia de pasar mi primer día de universidad en la basura. Sabía que sería difícil, pero no imaginé esto.

-Y ustedes quedarán expulsados -no pienso dejar que mi papá vea ese video-. Si alguien ve ese video, iré con la decana y, por mucho dinero que dé su familia, no se arriesgarán a un escándalo de este tipo.

Derek frunce sus cejas, igual que cuando le preguntó el maestro cómo obtener el vector resultante en la preparatoria. No sabe qué responder, pero su mirada no es de miedo, sino de un profundo desprecio, como si yo fuera un insecto que acaba de zumbarle al oído.

-Lydia, borra el video -Wolfgang aparece-. Peter fue claro y no quiero problemas -le habla a Derek-. Además, no debemos ensuciarnos más con esta basura. Ya tuvimos suficiente diversión por hoy; huelen tan mal que me están quitando el apetito.

Derek relaja la postura, soltando una risa seca y prepotente. Me mira desde arriba, sacudiéndose las manos como si el simple contacto con mi chaqueta le hubiera infectado.

-Tienes razón, hermano. Ya me aburrieron -Derek se encoge de hombros con una indiferencia que duele más que un golpe-. Guarden sus amenazas de expulsión para alguien a quien le importe. Disfruten el aroma, genios.

Se alejan riendo, como si acaban de gastar una broma inofensiva. No tienen idea del daño que provocan; y no hablo solo de las heridas en el orgullo, sino de la cruda realidad física y financiera. A diferencia de ellos, nosotros no podemos simplemente tirar nuestra ropa a la basura.

Esta chaqueta, por ejemplo, es de sexta mano. René y yo solemos usar la ropa que Scott hereda; él es más alto, así que nos acostumbramos a que las mangas nos queden largas, y estamos bien con eso. Entendemos que en nuestras casas el dinero no fluye, se lucha. Mi papá es el sheriff, pero entre mi seguro médico y las deudas eternas del tratamiento que no pudo salvar a mi madre, vivimos al día.

La situación de mis "hermanos" no es mejor. Scott vive con la tía Melissa -quien fue el ángel de mi madre en el hospital-, pero ella se desvive en turnos dobles de enfermería para cubrir el desastre que dejó Rafael, su exesposo, después de hipotecar su hogar para alimentar su alcoholismo.

Y luego está René. Su familia emigró desde México buscando una oportunidad, pero en Beacon Hills, donde la mentalidad se quedó estancada en la prehistoria, ser inmigrante o diferente es una condena. Su padre recoge la basura que tipos como Derek tiran, y su madre arriesga su salud diabética limpiando casas ajenas.

Por eso luchamos por estas becas. No es solo por el título; es por el alivio. La universidad cubre útiles y comida, permitiéndonos ahorrar ese dinero extra que planeamos darles al final del semestre. Es nuestra forma de agradecerles por cada cumpleaños que no celebraron y cada vacación que sacrificaron para darnos un dulce extra. Por ellos, aguantar el olor a desperdicios hoy es un precio que estoy dispuesto a pagar.

-¡Las libretas!

Scott nos alerta para que saquemos las cosas que se puedan romper de las mochilas; por fortuna, nada se mojó. Lo primero que hacemos es correr a mi casa para limpiar nuestras ropas. Tomamos la decisión de no molestar a nuestros padres con estas cosas; la última vez arrestaron al papá de René por golpear a unos sujetos que nos molestaban. Gracias a papá, la multa fue más baja de lo que debería ser, pero nos mostró que incluso cuando nuestros padres buscan ayudarnos pueden salir dañados.

-¡Malditos idiotas! Esto no se va a quedar así.

-No, René -detengo a mi hermano de otra madre, como nos gusta llamarnos de cariño, incluido Scott. Él es un poco impulsivo y no duda en atacar, pero eso suele terminar mal para nosotros. Aunque René opina lo mismo de mis planes cuando salimos a nuestras aventuras.

-Recuerden que hacemos esto para ayudar a nuestros padres -Scott actúa como nuestra conciencia-. Nuestros papás y mamás están muy agotados.

Me quedo sin argumentos porque en la mañana mi papá tenía una enorme sonrisa de orgullo, pero también unas enormes ojeras por los turnos dobles. Lo mismo con mis tíos; ellos están al límite.

-Está bien. Pero a la primera oportunidad...

-Morderán el polvo -digo con seguridad.

Les presto ropa e iniciamos a trabajar con la tarea del maestro de filosofía. Resulta que es la materia más difícil que llevamos porque no es de nuestro interés. Con respecto a las otras (Cálculo, Física y Química), prácticamente están aprobadas. El temario que dieron son cosas básicas para nosotros; por lo tanto, tenemos otros objetivos en mente.

-¡Stiles, ya llegué!

-Estamos en la sala.

-¿Y cómo les fue el primer día? -Nos vemos los unos a los otros y reímos-. No tenías otra ropa en la mañana...