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Medidor de Lujuria

Summary:

Isagi no se consideraba guapo ni alguien especial, siempre había sido así mientras a su alrededor sus amigos se llevaban toda la atención como si hubieran salido de una revista de modelaje incluso sus rivales parecían exageradamente atractivos; que crueldad del destino.
Hasta que una mañana, todo a su alrededor cambio; todos a su alrededor tenian un medidor en la cabeza y para colmo el de sus amigos estaba apunto de reventar.
Desde ese dia su vida no fue tan sencilla; como era posible que su vida tan pacifica se hubiera convertido en una historia cliche de romance.

Cupido le dio un pequeño empujon porque se estaba hartando de la ceguera del muchacho y como no notaba que todos se lo comian con la mirada.

Notes:

Buenas :D, bueno esta historia hechando polvitos en mi notas por lo cual decidi publicarlo; espero que le guste.
Lo estare publicando ente semana o menos.

Chapter 1: Como que no es un medidor de amor sino uno de lujuria

Chapter Text

Había salido disparado esa mañana como si su vida dependiera de ello. ¿Cómo no hacerlo, si llegaba tarde a uno de los exámenes que valían casi toda la materia? Sus vacaciones dependían de esa maldita nota. Entró al aula segundos antes de que el profesor repartiera el examen y soltó un suspiro de alivio… solo para volver a ponerse nervioso al instante.

Cuando terminó, salió con las emociones a flor de piel. Su plan era evitar el comedor e ir directo al ático para dormir hasta el siguiente examen. El cuerpo se movía en automático, por lo que no notó a nadie detrás de él hasta que terminó en el suelo, atrapado como presa de una anaconda.

—¡Yoichiiiii! No sabes cuánto tiempo te estuve esperando. No aparecías y pensé que te había pasado algo.

Tal vez el golpe lo hizo reaccionar, porque cuando giró la cabeza para quejarse se quedó completamente quieto. Sobre la cabeza de su amigo flotaba lo que parecía un termómetro. Lo peor de todo era que estaba peligrosamente cerca de reventar.

¿Eso era normal?

Ignorando las tonterías que Bachira seguía diciendo, fue directo al grano.

—Bachira… ¿qué es eso que tienes en la cabeza?

El silencio se instaló. Mientras Isagi observaba el medidor al límite, Bachira se tocaba la cabeza sin encontrar nada.

—¿Q-qué tengo? ¿Es un animal? ¿Comida?

—No… está flotando sobre tu cabeza. Parece… ¿un termómetro?

Bachira lo miró con preocupación y luego lo sacudió. El termómetro descendió lentamente hasta marcar 75 %. La escena se volvía cada vez más absurda cuando Isagi notó que su amigo estaba a punto de llorar.

—Isagi, ¿no te habrás golpeado fuerte? Podemos ir a la enfermería. No quiero que te mueras, todavía no te he confesado mis sentimientos como se debe, waaa…

Esta vez Bachira rompió en llanto mientras lo abrazaba con fuerza. Como siempre, se ponía a bromear en los momentos menos oportunos. Isagi necesitaba calmarlo, así que le acarició la cabeza como si fuera un cachorro.

—Quizá solo no dormí bien… no creo que sea el golpe, así que relájate.

Bachira se quedó quieto unos segundos y luego volvió a abrazarlo con tanta fuerza que dolía, llenándolo de besos. A veces Isagi olvidaba lo expresivo que era. Sin embargo, aunque ya estaba completamente despierto, el termómetro seguía ahí, vibrando, con una grieta visible.

Después de un rato recostados en el suelo, Isagi recordó dónde estaban. Para su mala suerte, ya se había formado un grupo de personas alrededor, celulares en alto. No faltaron los bromistas gritando:

—¡Vivan los novios!

Había tantas personas que escapar sería difícil. Buscó algún punto de salida, pero al mirar con más atención vio otros termómetros flotando sobre las cabezas de los presentes. A diferencia del de Bachira, estos marcaban porcentajes bajos; 10 %, 20 %.

¿Acaso la falta de sueño le estaba jugando una mala pasada?

No tuvo tiempo de analizar más la supuesta alucinación. Estaba considerando empujar a Bachira y huir cuando, entre la multitud, aparecieron dos figuras inconfundibles. Una de ellas ya lo estaba levantando como si fuera un saco de papas. Sin duda, era su héroe favorito, Kunigami.

Al cruzar miradas con él y con Chigiri, notó el enojo en sus ojos.
¿Ahora en qué lío se había metido?

Alzó la vista y vio los termómetros sobre sus cabezas. Kunigami marcaba 20 %. Chigiri, 40 %.

Qué números tan bajos.

Su mente empezó a trabajar de inmediato. Tal vez eso era. Quizá el termómetro medía algo simple, como el nivel de felicidad, y esos números significaban que había metido la pata.

Chigiri se acercó, quedando frente a él.

—¿Sabes que te estuvimos esperando en la cafetería? Ninguno de ustedes respondió los mensajes… solo para encontrarlos a los dos muy cariñosos. Eres muy malo, Yoichi.

Eso lo confirmaban, estaban enojados.

Bachira, en cambio, no mostró remordimiento alguno. Se acercó por detrás de Isagi y, asegurándose de que él no lo viera, les sacó la lengua. El gesto solo consiguió que parecieran aún más molestos… o quizá celosos.

Al parecer, alguien había comentado que una parejita se estaba dando mimos en el pasillo. Al investigar, descubrieron que se trataba de Isagi y Bachira. La “abejita” se había ganado toda la atención de Isagi, y eso no les había hecho ninguna gracia.

Chigiri no quería competir, pero después de esa provocación no tuvo alternativa. Se acercó y abrazó a Isagi. Ahora parecían una hamburguesa humana. Una muy extraña.

El que estaba a punto de morir por la presión era Isagi.

—¿Sabes, Yoichi? Comparado con esta abejita, yo soy mejor pareja. Así que no quiero separarme de ti ni un segundo.

Su voz fue demandante.

¿En qué momento incluso Chigiri, que siempre cuidaba las apariencias, decidió seguirle el juego a Bachira? Isagi ya estaba cuestionándose su existencia cuando Kunigami tampoco se quedó atrás. Con una fuerza descomunal, lo separó lo suficiente para rodearlo con un brazo.

—Ninguno de ustedes merece ser la pareja de Isagi. La mejor opción soy yo.

Se señaló a sí mismo.

El silencio cayó de golpe. Incluso la multitud quedó muda. Isagi solo pudo soltar un:

—Eh…

¿Acaso se habían puesto de acuerdo para hacerle una broma? Lo dudaba, sobre todo viniendo de Kunigami. Cuando estaba a punto de decir algo, alzó la mirada.

El termómetro sobre la cabeza de Kunigami había pasado de 20 a 99 %.

¿Cómo era posible?

Giró lentamente hacia Chigiri. El suyo había subido de 40 a 90 %.

Por un instante, los engranajes de su mente funcionaron. Recordó todos esos mangas de romance que había leído alguna vez.

¿Y si… eso era lo que llamaban un medidor de amor?

La idea le cayó como un balde de agua fría.

Sus amigos estaban enamorados de él.

Los tres lo miraban, esperando una respuesta.
Pero lo único que obtuvieron fue un desmayo repentino.

Isagi dejó de funcionar.

Esa noche llegó a casa tarde. Esperó a que sus amigos se marcharan para salir casi a rastras. Estaba agotado y solo quería descansar.

Al cruzar el umbral, vio a su padre leyendo el periódico y a su madre sirviendo la comida. La escena era cálida… hasta que alzó la mirada.

Los termómetros marcaban 0.

Se quedó inmóvil.

—Mamá… papá… ¿acaso soy adoptado?

El plato que su madre sostenía cayó al suelo. El silencio fue absoluto.

Isagi intentó pensar con claridad. Quizá el termómetro no medía amor. Quizá medía algo más. Algo que sus amigos sentían por él… pero que sus padres no.

Tal vez tenía que ver con el romance.
No, eso no explicaba los cambios bruscos.
Quizá era el contacto.
Quizá algo más íntimo.

Una idea incómoda se abrió paso.

Quizá tenía que ver con la excitación.

Oh no....
Su culo estaba en peligro