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Es un hermoso día de primavera en el campus universitario de Tokyo, la época de exámenes ya se había terminado entonces los jóvenes descansan o recargan energías para la última semana de clases antes del receso primaveral.
Todo parecía muy en paz, algunos duermen bajo un árbol, otros hacen un picnic teniendo conversaciones triviales, muchos juegan o ejercitan algún deporte ya que no hay espacio para jugarlo como tal.
Todo es muy tranquilo y sereno, alguna música baja, charlas tranquilas, hasta que dejó de serlo cuando los estudiantes de la facultades de arte y diseño irrumpieron entre los edificios de las facultades de ciencias con su escandalosa risas y gritando por alrededor de los caminos de cemento.
En este caso en particular, los gritos, risas y movimientos excéntricos eran de Bachira Meguru, estudiante de tercer año en artes plásticas, era muy conocido en el campus en general, en todas las facultades conocen el nombre del chico que ganó concursos nacionales e internacionales incluso antes de entrar a la universidad con sus pinturas, esculturas y muestras artísticas, desde la preparatoria su nombre circula por la industria artística.
Se considera un genio en su máxima expresión, sus muestras, las galerías que su madre organiza y los concursos ganados, llevaron a la facultad de artes a reabastecerse gracias a sus donaciones y atrajeron a muchos más estudiantes y eso solo se logró en los tres años que él lleva allí.
Pero claro, todo genio tiene sus particularidades, es como un requisito para ser llamado "genio"
— ¡Bachira! ¡Me vas a perder el ritmo! ¡Apúrate! — Chigiri reía mirando para hacia atrás donde está su amigo.
— ¡Espérame Chigirin! — Bachira trata de poner toda la fuerza en sus piernas para alcanzar al pelirrojo.
Ambos chicos corrían una carrera en sus rollers, actividad que Bachira le insistió a Chigiri que le enseñara y llevaban varios meses practicando juntos, Pero, dado a los años de experiencia y velocidad innata del pelirrojo, este siempre se le adelanta a Bachira quien aún lucha por mantener el equilibrio cuando su velocidad intenta igualar la de su amigo.
— ¡Vamos! ¡Las clases de Reo están a punto de terminar! — La velocidad de Chigiri lo hacía ver como una ráfaga roja y rosa al pasar
— ¡No me presiones! — a pensar de que lo dejaba muy atras, Bachira reía a carcajadas ya que le gustaban hacer estás cosas.
Siempre lo vieron como un bicho raro, sumergido entre acuarelas, pinceles y cerámica, sus manos siempre sucias, pegajosas y con callos, su mente vuela todo el tiempo y tiene muchas ideas juntas y entrelazadas, una energía infinita y un cuerpo que, aunque se lastime, siempre está activo.
Nadie nunca lo entendió, hablaba de mundos más allá de la tierra, mezclas de nuevos colores que el ojo humano no es capaz de percibir, veía formas donde no las había y menciona siempre a un "monstruo" que acompaña e inspira sus obras, siempre parecía que estaban hablando con un niño, hacía sonidos extraños, su risa era muy ruidosa y sus emociones eran un sube y baja.
Se la paso la mayoría de su infancia solo con su madre, es por eso que sus habilidades artísticas mejoraron y al llegar a preparatoria ganó un premio nacional, Pero aún así nadie se atrevia a acercarse a un "genio" dónde su cerebro funcionaba diferente.
Hasta que llegó Chigiri, un pelirrojo de su clase que se fijó atentamente en una de sus pinturas en construcción y le sugirió hacer un collage con diferentes telas de ropa para darle volumen a la pintura de una mujer reflejada en el agua en movimiento, esa obra ganó un premio local y fue exhibida en una galería en Tokio (gracias a los contactos de su madre)
Bachira le agradeció por su ayuda y desde ese momento fueron mejores amigos, y lo mejor, fue que Chigiri no venia solo, sino que con su amigo de la infancia, Reo, desde ese momento, los tres fueron inseparables, se postularon a la misma universidad, nada más que Reo se fue a la facultad de economía mientras que él y Chigiri se fueron a la misma facultad.
Y ahora estan corriendo porque los exámenes de Reo finalmente terminaron y pueden juntarse a charlar y ponerse al día en una cafetería fuera del campus, no hay otro lugar en el cual Bachira quisiera pertenecer, rodeado de sus amigos, sus pinceles y sus colores, eso lo hace inmensamente feliz, finalmente todo esta perfectamente equilibrado, realmente podia ser él mismo, y a dos años de tener un título oficial, su vida es perfecta.
Aunque, si seguía viviendo su vida a la velocidad con la que está andando en sus rollers ahora, era algo obvio que llegaría el día en que tuviese un tropezón o dos.
— ¡Oye cuidado! — Bachira grito antes de impactar con el cuerpo de otra persona que estaba de espaldas hablando con alguien más.
El impacto fue tanto que los papeles, la carpeta y cuadernos de la persona se desparramaron por el cemento del suelo, Bachira aterrizó sobre la espalda del chico, abrió los ojos de a poco y apenas vio el color verde lima se apartó de encima completamente avergonzado.
— ¡Lo siento muchísimo! ¡Debí ver por dónde iba! ¡¿Estás bien?! ¡¿No estás herido?! — en cuanto el chico se levantó del suelo y lo miro a los ojos, su cerebro se desconecto de su cuerpo.
Zafiro
Sus ojos eran azul zafiro, el azul más reluciente que jamás había visto, eran profundos y llenos de secretos, lo atraían como la luz a un bicho, todo su cuerpo se petrifico, Pero su mente explotó de diferentes tonos azules y formas desordenadas pero firmes, si sus ojos pudieran brillar, ya lo habrían delatado.
— n-no yo, estoy bien, no te preocupes — su voz, profunda y dulce, como una almohada recientemente comprada.
Bachira estaba sin palabras, solo pudo asentir con la boca semi abierta y los ojos de pez, observo los colores que lo rodeaban, su cabello azabache con unos mechones que simulaban ser un tallo planta, su piel blanca con algunas imperfecciones dignas de la pubertad, los músculos de sus brazos que se flexionaron al rascarse la nuca llevaba puesto una camiseta apretada al cuerpo y encima una oversize color verde lima con detalles blancos, una bermuda cargo color beige y una cangurera del mismo color, fue solo allí cuando se dió cuenta del color rojo en las palmas de sus manos, un raspón grande en cada palma de sus manos.
— ¡No puede ser! ¡Tus manos! — Bachira se apresuró a tomar las manos del chico y mirarlas de cerca.
— a-ah, ni siquiera l-las sentí — el chico a penas pudo pronunciar bien esa frase y Bachira noto que el rojo de sus manos subio hasta su cara.
— eres un verdadero idiota, debes de ir a la enfermería — el chico junto a él intervino y habló.
— ¡Esperen! — Bachira se quito la mochila y saco un pequeño botiquín de ella.
— vaya, si que estás bien preparado — el chico detrás del de ojos zafiro lo miro con sorpresa y algo de curiosidad.
— no soy muy bueno andando en estas cosas, por si no se dieron cuenta — él rió y mojo un poco de algodón con desinfectante.
— ¿Por qué andas entonces? — el zafiro lo miro directo a los ojos y Bachira sintió como toda la sangre de su cuerpo subía a sus mejillas.
— porque es divertido — se encogió de hombros y tomo una de las manos del chico.
Una extraña electricidad recorrió todo su cuerpo en cuanto sus manos hicieron contacto, una sensación que el chico ojos zafiro le contagio, algo que los hizo mirarse e instantáneamente desviar la mirada mientras Bachira desinfecta la herida del chico.
— ¡Bachira! ¿Que te paso? ¿Estás bien? — Chigiri, rápido como una pantera apareció detrás suya con la gracia que solo alguien que practico mucho en sus rollers controla.
— ah Chigirin, tranquilo, tropecé con alguien, pero estoy bien, nada más lo estoy ayudando — Bachira coloco la gasa sobre la herida de una de las manos del chico.
— mierda Bachira, me asustaste, debes tener más cuidado — Chigiri miro a ambos chicos e hizo una leve reverencia — de verdad lo siento mucho —
— Bachira... — el zafiro hablo, como en un susurro, mirando fijamente al chico que esta emparchando sus manos
— Chigiri... — el otro chico miro al pelirrojo, mencionando su nombre de la misma manera.
— sip — Bachira se levantó de un salto del suelo después de guardar las cosas del botiquín — Bachira Meguru — se señaló a si mismo — Chigiri Hyoma — señaló al pelirrojo — fue un placer chocar contigo — soltó una risita, ligera y dulce antes de volver a patinar con su amigo.
Mientras que la mente de Bachira revolotea alrededor del color zafiro, brillante y nuevo en su cerebro, el chico mira sus manos con gasas, temblando levemente y con su corazón con una sensación cálida que lo hacía sentir cada latido golpear sus costillas.
— ¿Estás bien, Isagi? De verdad tienes que ir a la enfermería— su amigo se acercó para ver sus manos.
— Kunigami, necesito saber más de ese chico — Isagi miro como ambas manchas de color amarillo y rosa desaparecían.
Pero esos ojos color pardo no se iban a borrar nunca más de su memoria, como brillan con diversión y picardía, como su tono de voz hacia derretir sus músculos y como sus manos se tocaron por un momento evadiendo todo dolor u ardor que la herida proporcionara.
Su mundo ahora se volvió amarillo, cálido, brillante y lleno de esperanza.
✶ ⸻ ✶
— de verdad me das mucho asco — Chigiri dejo su copa de vino en la mesada de la cocina.
— ¿Por qué? ¿Acaso tu no perdiste tu virginidad? — Reo se burlo dejando un bowl con snacks en la mesada.
— tu sabes que si, y no lo quiero recordar — Chigiri tomo otro trago de vino
— o-to-yaaaaaaaa — Bachira se burlo ganandose un empujón de parte del pelirrojo.
— ¡Cállate! Lo peor es que luego lo intento contigo — Chigiri rió ante el traumático recuerdo.
— no me quisiste hablar por casi un mes, lo peor es que yo no lo había ni besado — Bachira recordó, balanceando los pies ya que estaba sentado en la mesada de la cocina.
— Pero luego se hicieron buenos amigos, Chigiri casi explota — Reo agrego haciendo reír a los tres.
— los despertares sexuales son difíciles — revolvió el vino de su copa — solo a ti te salió bien, algo así — se encogió de hombros señalando a Reo.
— Nagichi está ¡Obsesionado! Contigo — Bachira empujó el hombro del mayor de los tres.
— si, tiene sus ventajas y desventajas, Pero yo adoro todo sobre mi tesoro — Reo se terminó su copa de vino — y yo estaba contando una bella historia de la nueva forma en la que consumamos nuestro amor hasta que Chigiri me interrumpió con su envidia —
— si te pones gráfico, te juro que te voy a matar — Chigiri abrió otra botella de vino y se sirvió un poco.
— te refieres a hacer algo como... ¡Esto! — Reo tomo de las caderas a Chigiri y le dió una estocada rápida antes de salir corriendo.
— ¡Ay, en serio eres un asco! — salió correteando a Reo por todo el departamento mientras Bachira reía a carcajadas — ¡No me interesa saber cómo le entregas el culo a Nagi! ¡No quiero esa imagen mental! —
Mientras Chigiri atrapaba a Reo y empezaban a forcejear en el suelo para ver quien le hacía cosquillas a quien en el suelo, Bachira se acercó a servirse más vino cuando el sonido de una notificación en su celular llamo su atención.
Isagiiii <3
"Oye... me preguntaba si estás libre este fin de semana"
Bachira jadeo de la sorpresa y escupió el sorbo de vino que estaba tomando, llamando la atención de Reo y Chigiri quienes aún seguían en el suelo y, Dada la impresión de ese mensaje, el castaño también cayó al suelo de la cocina con un golpe seco.
— ¿Bachira? — Reo se apresuró a preguntar mientras él y Chigiri se levantaban del suelo e iban hacia donde está su amigo.
Lo encontraron sentado en el suelo mirando fijamente a su celular con las rodillas pegadas a su pecho, los ojos bien abiertos, brillantes, con un leve rubor y tratando de esconder su cabeza entre sus piernas.
— ey... ¿Estás bien? — Chigiri pregunto, vacilantes intercambiando una mirada de confusión con Reo.
— Isagi — fue lo único que salió de los labios de Bachira, y eso fue suficiente para que sus dos amigos se sentarán en el piso de la cocina frente a él.
— ¡¿Que te dijo?! — Chigiri fue el primero en reaccionar.
— escupe la sopa — Reo, antes de sentarse agarro su copa de vino y miro atentamente a Bachira.
— me... Me preguntó si estoy libre este fin de semana — Bachira finalmente escondió su cabeza entre sus piernas.
— ¡Al fin! Todo este ida y vuelta me estaba cansando — Chigiri también alcanzó su copa de vino.
— ¿Y por qué el pánico? ¿No te estabas quejando precisamente de que no sabías si estaba interesado o no? — Reo tomo un sorbo de vino mirando atentamente a su amigo
— si Pero... Es que fue muy repentino — Bachira se sonrojo de repente subiendo un poco la mirada para ver a sus amigos.
— oye Meguru, yo creo que ya era hora, llevan hablando ¿Cuánto? ¿Un mes? ¿Un mes y medio? Y nada más se encuentran en la cafetería a veces y cuando se cruzan en el campus se saludan y ya, Pero por mensaje, ni quién los vea, todo un don Juan — menciono Reo.
— hasta yo tuve citas con Kunigami, y él empezó a hablarme después que Isagi a ti — Chigiri Remarcó.
— ¿Si? ¿Y todavía no llega a segunda base? — se burlo Reo ganándose un empujón del pelirrojo.
— el punto aquí es, que también creo que es tiempo, y era completamente obvio que debía ser él quien debía invitarte — continuo Chigiri.
— tu no fuiste nada sutil ni disimulado con tus intenciones, eres hermoso, divertido, extrovertido, creativo y además soltero, de verdad, no veo el problema — Reo y Chigiri chocaron sus copas y tomaron un sorbo cada uno.
Bachira, en cambio, se removió inseguro en su lugar — y... ¿Si me conoce y piensa que soy raro y termina arrepintiendose? — lo dijo como un susurro, Pero a sus amigos les llegó como una flecha directo en el pecho.
Ambos se acercaron a la bolita amarilla en la que se volvió Bachira, abrazando más fuerte sus piernas, tratando de hacerse más pequeño con la esperanza de hacerse invisible, Pero alguien tan colorido como él le era imposible no llamar la atención, Reo y Chigiri lo sabían, entonces trataban de rebajar la carga de sus hombros, recostandose en ellos para disipar sus inseguridades.
— nosotros te conocemos mejor que nadie Meguru... Y nunca elegiríamos a otro mejor amigo — hablo suave Reo, dejando su copa en el suelo a su lado.
— eres especial para nosotros, sea como sea, de hecho, deberías de exhibir eso con orgullo, como exhibes tus pinturas, porque sabes que son especiales — continuo Chigiri volteando la cabeza para mirar los ojos pardo de su amigo — y si ese idiota no lo ve, o cree que es mucho para él, nosotros en persona vamos a ir a aniquilarlo a ver si así se le arreglan sus ideas — medio bromeó.
— soy rico, se cómo evadir una carga de asesinato — menciono Reo con un tono de orgullo.
— ¿Así amenazaste a Nagi? — se burlo el pelirrojo mirando a su mejor amigo.
— Desde tan alto no puedo escuchar tu envidia — Reo se tapo los oídos
— ¿Yo? ¿Envidia? ¿De ti? ¡Si, como no! — Chigiri se tiró encima de Bachira para poder llegar hacia Reo y hacerle cosquillas.
Al estar en el medio, el castaño terminó deslizándose en el suelo, riéndose a carcajadas mientras escapaba de las consecuencias de molestar a Chigiri, tomo su celular y finalmente abrió el mensaje que le mando Isagi, reaccionó con un corazón amarillo y le contesto.
Me
"¡Por supuesto que estoy libre! ¿Que tienes en mente? Isagi~ ;)"
✶ ⸻ ✶
Un tranquilo sábado de primavera, la estación se acercaba cada vez más a su fin dandole la bienvenida al verano, su estación favorita, Pero aun asi se presentaban días ventosos, el aire más frío de lo habitual pegaba en la sombra y el sol nivelaba a una temperatura perfecta, ni muy frío ni muy caluroso, aún así, decidió usar algo medianamente abrigado.
Después de dos horas decidiendo un vestuario entre los tres, Bachira decidió usar una camisa beige con rayas de muchos colores y una pequeña corbata verde lima con pins de estrellas amarillas, unas bermudas cargo beige, unas sneakers blancas que él mismo decoró con estrellas y detalles amarillos, naranjas y verde lima, un abrigo amarillo corto y obviamente su confiable morral marrón.
"Debes de hacer Match con él pero sin que se de cuenta que trataste de hacer Match" eso dijo Chigiri mientras le arreglaba el cabello, pensó que la opción del verde lima estaría bien, siempre ve a Isagi usando ese color, además de que hasta puede oler la lima cada vez que está cerca suyo "debes ser tu mismo, no te vistas para él, vístete para la ocasión" agrego Reo mientras le levantaba las pestañas con un rimel, y de verdad intentó no perder su dote característico, lleno de pines, estrellas, colores y capas de ropa y accesorios, le gustan mucho las pulseras ya que hacen ruido al caminar y su cuello se ve mas alto con muchos collares encima, los anillos le incomodan al igual que los accesorios para el pelo.
Espera que Isagi no piensa que exagera, se muere de los nervios y revisa su imagen en cualquier superficie reflectante que encuentre, hace años no tiene una cita y de verdad le gusta este chico, Pero ya no recuerda lo que es ser aceptado por lo que es y no por lo que puede hacer u ofrecer. Siempre se junto con Chigiri quien es estudiante de diseño de indumentaria y siempre estuvo, está y probablemente estará a la moda, y también con Reo que viene de una familia pudiente y es alguien sofisticado y con elegancia, mientras que él es desordenado, llamativo y caótico, su color escencial es el amarillo y no hay muchas combinaciones para eso, no le gusta maquillarse tanto y muy pocas veces se arregla el cabello más que para mantener sus mechones amarillos y cortarlo de vez en cuando.
Cada vez que se veía al espejo era un desastre, Pero era su desastre, su propio mundo, su reflejo dentro de la burbuja que ama su pelo despeinado, su piel con callos, poros y pintura, sus ojos grandes y a veces con ojeras, su ropa desarreglada y sucia después de pintar y su ropa llena de volados, colores llamativos, cadenas y capas, Pero al mirar su reflejo en la burbuja de otra persona, su desastre le asustaba, le daba inseguridad y ganas de correr y esconderse.
— ¡Hey, Bachira! — una reconocida voz a lo lejos hizo presencia mientras el nombrado luchaba con sus impulsos de ahogarse en el lago del parque — ¡Lamento el retraso! — Isagi, venía corriendo y aún así se veía impecable a sus ojos.
— ah, no, está bien, acabo de llegar — de hecho, Bachira está mirando su reflejo hace 10 minutos.
— ah, menos mal — al recuperar el aliento, Isagi se le quedó mirando unos segundos.
Bachira se sintió observado y juzgado a la vez, aunque intento hacer Match con su cita, el azabache llevaba puestas unas converse negras altas, una bermuda cargo negra, una camiseta blanca lisa y una camisa manga tres cuartos verde militar, tenía solo un aro colgante puesto y una cadena larga con un dije de luna, su cabello estaba peinado para un lado y el gel brilla en las puntas.
Estaba... Perfecto.
Y él... Seguía siendo un desastre.
— wow... — finalmente, Isagi salió de su trance y dió un suspiro — estás... Hermoso, Bachira — le sonrió de una manera genuina, cálida, perfecta, solo como él podía sonreír para acelerar su corazón — ¡A-Ah... Quiero decir! Yo... M-Me refiero a que... ¡Estás reluciente! ¡N-No! Eso no... Lo que quiero decir es... — Bachira lo interrumpió poniendo su dedo índice en sus labios.
— no te preocupes Isagi — soltó una risita alejándose del zafiro y dándose la vuelta para empezar a caminar — tu también estás muy guapo — le guiño el ojo viendo como el chico se convertía en un tomate en un segundo — ¿Vamos entonces? — empezó a caminar para que un momento después ser acompañado por el chico más apuesto que jamás vió en su vida.
Pero, bajo toda esa confianza, puso su mano en su pecho para sentir como su corazón estaba tratando de salirse de su pecho, en un intento de calmarlo, apretó ese lugar, todo tratando de que Isagi no lo vea.
Porque solo su zafiro lo hace brillar y sentirse tranquilo con una sola frase, un solo reflejo, una sola mirada...
✶ ⸻ ✶
La cita la planeo enteramente Isagi, dijo que era un momento importante y que lo había estado pensando durante mucho tiempo, entonces planeo todo el día de forma meticulosa, por supuesto.
Obviamente era la hora del almuerzo, así que la primera parada fue un pequeño restaurante, muy acogedor y colorido, lo importante de este lugar era su servicio. Ellos ofrecían desayunos y almuerzos, junto con la comida se pagaba un servicio de pintura junto con la consumición, es decir, mientras comían ellos tenían un lienzo, varias pinturas y pinceles.
Bachira estaba fascinado, sus ojos brillaban como las estrellas y su sonrisa se podía asemejar a la de Chesire, hace mucho tiempo quería ir a uno de estos lugares, Pero nunca encontraba el tiempo entre clases, proyectos y salidas, además, sus amigos no eran tan aficionados al arte que digamos.
— ¡No inventes! ¡Este lugar es precioso! — Bachira daba saltitos de emoción mientras entraban al lugar.
— sabía que te gustaría — se sentaron en una mesa, al lado de la ventana — ¿Sabías que todas las paredes las dibujaron y pintaron los familiares de los dueños? Hasta los niños, debió ser una gran actividad familiar —
Mientras Isagi sigue hablando, Bachira lo mira muy atento, Pero su mente no está en la charla, sino en el hecho de que Isagi eligió el lugar al lado de la ventana porque sabe que así es como le gusta pintar, le gusta mirar hacia la ventana y que el mundo le de opciones.
Pero ahora, Bachira no quiere opciones, porque nada más quiere inmortalizar al chico de sonrisa tierna y ojos azul zafiro.
Las meseras llegaron para tomar su pedido, mientras que el castaño se pidió un menu digno de cualquier restaurante de comida rapida, Isagi pidió un almuerzo balanceado de grasa y nutrientes, después de todo, el zafiro era un hombre atlético y sano, estudia ciencias de la nutrición, entrena una hora y media todas las mañanas y toda su infancia y adolescencia práctico fútbol, de hecho, para pagar sus estudios es profesor y entrenador de un equipo infantil.
Bachira, por otro lado, fue bendecido con un metabolismo extremadamente rápido, por más que coma, no engorda demasiado para tener un cambio físico, dejó los deportes cuando salió de la preparatoria, puede pasar días encerrado en su estudio sin comer ni dormir, solo con un vaso termico de agua que recarga cada tanto y sus ideas.
Isagi era exactamente un centímetro más bajo que él, Pero sus hombros eran anchos y fuertes, sus bíceps se marcan sin esfuerzo y podia levantarlo con un solo brazo, el zafiro posee esos atractivos que hacen que Bachira se derrita y quede hecho líquido en el suelo.
No puede igualar ni acompañar a Isagi en sus actividades, pero al menos puede tratar de compensar con las suyas, con su excelente concentración a la hora de pintar, como los colores expresan por el, como su mano baila junto al pincel y como sus ideas fluyen como una cascada a la hora de mirar un lienzo en blanco como él que tenía hace unos minutos
A Isagi le costó un poco saber que iba a hacer en su lienzo, pero Bachira ya estaba seguro. Cómo memoria muscular, agarro la paleta, puso los colores necesarios allí, sostuvo el pincel y pinto el lienzo mediano delante de él con una suavidad y precisión quirúrgica. Mientras pintaba no había sonido que lo desconcentrase, desviaba algunas miradas furtivas a Isagi pero ninguna lo desconcentraba, solo se tomaba breaks de charla, risas y comida mientras las cosas de pintura se secaban.
Al final, después de dos horas de comida, bebida, pinturas, pinceles y manos sucias, terminaron sus pinturas, Bachira suspiro cansado y orgulloso, se limpio el sudor que cae por su mejilla mientras mira su obra de arte, hace mucho no pintaba en un lienzo mediano y lo ayudó a la práctica.
— Ten — Bachira le pasa un bote de pintura a su cita para después pasar la brocha grande por todo el lienzo, alertando al azabache.
— ¡¿Que estás haciendo?! — estuvo a punto de levantarse de la silla para ver la atrocidad que había hecho después de horas de esfuerzo.
Pero el castaño lo detuvo — relájate, es fijador, debes de ponerle al lienzo para que no se corra, se gaste o se maltrate la pintura, así es como se cuida — explico con una sonrisa mientras le ponía fijador en la paleta a Isagi — ponle, así ya podemos revelar nuestras obras maestras —Bachira aplaudió con entusiasmo.
Ve como los ojos zafiro se relajan y sus hombros caen al momento de ponerle el fijador a la pintura, vio como el color en su iris brillaba al confirmar que, efectivamente, el fijador no solo cuida la pintura sino que la hace brillar y resaltar.
— creo... Que ya quedó — lo dijo un poco inseguro y tímido, de repente su actitud cambió.
— ¡Yay! Okey, a la cuenta de tres, los mostramos ¿Va? — saco el lienzo del pequeño caballete — uno — giro sus manos sosteniendo los extremos del lienzo — dos — sonrío mirando como esos zafiros brillaban ante la expectativa — ¡Tres! — y ambos giraron su pintura al mismo tiempo.
Al principio, Bachira no lo entendió, es decir, la pintura no era tan profesional como lo había hecho él, Pero los colores si estaban perfectamente mezclados y difuminados, tenían una forma ovalada con diferentes tonos de amarillo, un óvalo más pequeño y fino en el centro de color negro, círculos blancos y una raya negra encima, en el círculo habían varias formas que reconocía como estrellas de diferentes tamaños y colores, espirales, luces, brillos y se todo un poco, tomo la pintura, examinandola, quería llegar a una conclusión por su cuenta.
— Bachira... — óvalos amarillos y negros, una raya negra encima, varias formas y colores a los al rededores — Bachira — ¿Cuantos óvalos amarillos conocía? — Bachira — no puede ser tan difícil — ¡Bachira! — y finalmente, el nombrado giro su cabeza prestando atención a su acompañante.
Y al verlo sus ojos se abrieron aún mas, Isagi trataba de tapar su sonrojo con su mano, mostrando la pintura que Bachira había hecho, podía llamarse un retrato abstracto, porque realmente no era Isagi, sino su forma, no tenía rostro, Pero era su misma ropa y postura al pintar, era la misma mesa, las pinturas, la comida, incluso el fondo, Pero algo difuminado, como si algo nublase la vista de quien lo estaba viendo, Pero en vez de ser nublosa, era brillante, con diferentes colores claros para resaltar ese brillo, y sobre todo, resaltar el color verde lima al rededor de su silueta, como si fuera lo único que importase.
— ¿Que pasa? ¿No te gusto? — Bachira se puso tímido de repente, escondiéndose atrás del lienzo que tiene en la mano.
— ¡No!... ¡Es decir! ¡Por supuesto que me gustó! ¡Me encantó! Es solo que... — giró su cara lo suficiente para que el castaño se percatase del color rojo en su cuello — no me espere para nada que me retrataras... —
Está vez, Bachira se sonrojo hasta las orejas — b-bueno es que yo... —se tapo la cara completamente con el lienzo — e-es que... Pensaste en este lugar porque sabías que me iba a gustar, entonces quise hacerte algo que puedas mirar y pienses en mi — hizo una pequeña pausa para calmar los latidos de su corazón incontrolable — Porque para mí... Eres especial —
Hubo una pausa, una en la que Bachira no estaba dispuesto a salir de su escondite, no quería mirar a Isagi, no sabía lo que su zafiro pensaba de eso, no dejo todo su corazón al descubierto, Pero abrió un poco sus sentimientos al entregarle esa pintura, y sabe que es abstracto y se puede malinterpretar, sabe que es extraño, sabe que debió hacer un retrato detallado y normal, es decir ¿Quien quiere verse sin rostro y deforme? Pero es así como se siente Bachira al ver a Isagi, desconcertado, fuera de su zona de confort, desenfocado y mareado, eso le encanta, le encanta lo desconocidas que son las sensaciones cuando está con Isagi, lo embriagan y llevan como el viento mueve a las plantas.
— Son tus ojos — la voz de Isagi se escuchó entre todo el ruido blanco de su cabeza — la pintura, se que no soy tan bueno como tú... De hecho no te llegó ni a los talones, tienes... — resopló una risa — un talento excepcional, un don hermoso, realmente entiendo a todos los del campus que alaban tus habilidades — Bachira salió de a poco de detrás del lienzo para mirar la expresión de su cita — Pero... Lo que me diferencia de los demás, es que yo nunca conocí tus habilidades o dones, lo primero que conocí ese día que chocaste conmigo... Fueron tus ojos — lo dijo en un susurro, como si fuera un secreto»
Bachira miro al fin la pintura, mientras Isagi sigue hablando — grandes, curiosos y brillantes, los ojos más brillantes que había visto, y si bien no los se retratar, no me canso de mirarlos — el castaño presto más atención a la pintura y se dió cuenta que los óvalos amarillos son el color pardo de sus iris — los pinte de memoria... Los pinte como los recuerdo — el óvalo del medio negro más fino en su ojo y la raya de arriba son sus pestañas — los pinte... Cómo yo los veo, llenos de colores, formas y brillos cada vez que algo te gusta o emociona — eso explicaban las formas y colores en su iris — los pinte... Cómo ellos me ven —
En ese mismo instante, Bachira se dió cuenta de que Isagi pinto su ojo de memoria, Pero en la memoria de Isagi está la imagen de sus ojos cada vez que lo ven.
La pintura es el ojo de Bachira cada vez que ve a Isagi.
— ¡Ah Isagi! ¡¿Cómo puedes decir esas cosas así de la nada?! — el castaño se volvió a esconder detrás del lienzo para que no se vea su cara roja, ni vuelva a memorizar sus ojos brillantes.
— lo mismo podría decirte a ti — soltó una risita viendo como Bachira se hace bolita en su lugar.
El almuerzo terminó con ellos llevándose una parte de cada uno, un pedacito del corazón del otro envuelto en colores Zafiro y Pardo.
✶ ⸻ ✶
La segunda parte de la cita los llevo hacía un centro de cerámica, Pero cuando llegaron, estaba cerrado, era lógico, es plena tarde y la mayoría de negocios cierran en este horario
— ¡Ah! ¡No puede ser que nos pasáramos la hora de reserva! No creí que nos íbamos a tardar tanto — mientras Isagi se desespera, Bachira lo mira con una sonrisa, ya que le parece tierna su reacción al ligero cambio de planes.
A él realmente no le importan los planes o las actividades, se confirma con pasar tiempo con Isagi, además, todas las actividades planeadas que hizo tienen que ver con sus intereses y algo que él sabe hacer, siente que está obligando a su zafiro a adaptarse a él, y una cita es para que ambos se diviertan, aunque, si tiene que ser sincero, no sabe lo que le podría divertir a un estudiante de nutrición ¿Una cita en el gimnasio?
— ¡Ah, Isagi-sensei! — una voz chillona se escuchó detrás de ellos y al voltear vieron un grupo de seis niños de entre 8 a 10 años.
— ¡Kei-chan! A-Ah ¿Que hacen aquí? — de repente el color de la cara de Isagi cambio a un rojo completo y también giraba su cabeza de Bachira a los niños y de vuelta.
— vinimos a jugar algunas partidos allí en frente — los niños señalaron una cancha de Fútbol pequeña, cercada, en el parque de enfrente — hay que practicar para la liga del siguiente semestre ¿No cree? —
— oigan chicos, no se esfuercen demasiado — Isagi se acercó a los niños con una sonrisa llena de ternura — a no ser que lo disfruten — despeinó a uno de ellos haciéndolo reír
— ¿Ustedes que hacen aquí sensei? — otro de los niños le pregunto una vez se acercó.
— ¿Y quién es ese? — Bachira de repente se sintió observado en cuanto los infantes se percataron de su presencia.
— ¿Es su amigo? — los niños acorralaron de a poco a Isagi.
— ¡Ah, tiene mechas amarillas! — Bachira instintivamente se tocó sus mechones decolorados ¿Que tiene de malo su pelo?
— ¡Oh! ¡Es el chico del que nos hablo — Isagi volvió a entrar en pánico queriendo callar a los niños Pero sin ser violento.
— ¡Ah, el que parece una abeja! ¿No es verdad, sensei? — de repente Isagi quedó acorralado por muchos niños llenos de preguntas y risas.
A Bachira se le derritió el corazón al ver cómo su zafiro se llenaba de brillos a su alrededor, como se veía tan paternal y a la vez tan pequeño entre todas las dudas, sonrisas y gritos que la curiosidad innata infantil lo rodeaba con una familiaridad a la que era ajeno, Pero aún así golpeó en su pecho como una ola refrescante.
Detrás de todo el tumulto de niños, había una pelota de fútbol olvidada en la vereda, entonces, Bachira cayó en cuenta de que esos niños son los alumnos del equipo de fútbol al que Isagi entrena los fines de semana, ellos son parte de su vida fuera del campus, Pero que también tienen que ver con su pasado, su vida estudiantil de la que le encantaba presumir y decir que era el mejor delantero del país.
— ¡Oigan! — la melosa voz del castaño llamo la atención de los niños e Isagi quien recibió otra sorpresa al recibir una pelota de fútbol en sus manos — ¿Ustedes no vinieron a jugar? — Se acercó a su cita, quien tiene los ojos zafiro hechos platos viendo como Bachira le quita la pelota de las manos — ¿Aceptan dos jugadores más? — dejo caer la pelota en su pie, demostrando su control.
La pateó varias veces hacia arriba para tomar impulso hasta que la pelota tocó su rodilla haciendo jueguitos con ella hasta que la golpeó tan alto que quedó en su cabeza haciendo equilibrio, ganándose las ovaciones de sorpresa de los niños y la boca abierta de su zafiro, dedicándole una sonrisa juguetona, se sentía tan bien dejar sin palabras a un hombre tan inteligente y considerado como Isagi.
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Después de la pequeña demostración de habilidades de Bachira en el fútbol, se dividieron en dos grupos, claro, ellos siempre compitiendo, ya que no era justo que los niños jugasen contra ellos quienes eran más grandes y experimentados, la tarde se pasó volando con las risas infantiles, el enredo de pies, la pelota golpeando en la cerca al pasar el arco sin red, y porsupuesto, un coqueteo tras otro, las mentes inocentes de los alumnos de su zafiro no se percataron, Pero Bachira tocaba su hombro más tiempo del necesario, pegaba su espalda al pecho de Isagi cuando lo marcaba, y le guiñaba el ojo cada vez que marcaba un gol.
Por supuesto que el calor y la edad les pagaron factura a ambos, los niños tenían más resistencia y stamina que un pintor antisocial y, a pesar de su diario entrenamiento, un estudiante de nutrición, así que se dieron un tiempo fuera mientras los niños iban a comprar algo para poder picar y recuperar energías. Bachira rueda la pelota en el suelo con su pie mientras recupera el aliento sentado en el pasto, con sus manos sosteniendo su peso y la cabeza tirada hacia atrás.
— Ten — y su cita, siempre tan considerado, le alcanzó una botella de agua.
— gracias — Bachira la abrió y tomo la mitad de un solo trago, sintiendo la frescura envolver su cuerpo — fuuuu~ hace mucho que no hago esto —
— no sabía que jugabas — Isagi se sentó a su lado en el pasto.
— bueno... Deje de hacerlo cuando entre en la preparatoria — confesó, algo que se sintió natural a pesar de que era un capitulo de su vida que se forzó a cerrar.
— ¿Por qué? — y el brillo curioso de su zafiro, era difícil de ignorar.
— es que... Digamos que de niño no fui popular, nunca en realidad... — y era imposible no abrir todas sus cerraduras ante ese color tan profundo y sincero de los ojos que amaba observar — Pero lo que más me gustaba era jugar fútbol, me parecía la cosa más divertida de todo el mundo — rodo la pelota un poco más rápido, sintiendo la ansiedad recorrer su sistema nervioso — Pero eso también era un problema, los niños de mi barrio dejaron de jugar conmigo, porque nunca los dejaba ganar... Me metía tanto en el juego que no podía evitar dar todo de mi, incluso siendo un niño — soltó una risita amarga— y... Tal vez te suene extraño... Pero parecía que... Un monstruo me guiaba hacia esa pasión que desbordaba de mi cada vez que jugaba — desvío la mirada, no lo suficientemente valiente para mirar a Isagi a la cara »
» — en fin, los niños de la escuela y de mi barrio me decían... Que era un bicho raro por ver cosas donde no estaban... Me molestaban por no tener papá y decían que mi mamá era otro bicho raro como yo... — apretó la yerba debajo de sus palmas — me metí en muchas peleas por eso, metí a mi mamá en muchos problemas y hasta llegué a pensar que mis emociones desbordantes eran una carga para ella — aún sin el valor para mirar a su zafiro, miro arriba al cielo, color naranja, amarillo y algo de rosa y violeta, la hora dorada »
» — pensé que el monstruo que veía cuando jugaba al fútbol era la razón de mi ira incontrolable cuando me decían bicho raro... Nunca fui popular, de hecho el único amigo que tenía era Chigiri, quien vino con Reo de fabrica — sonrió al recordar la tranquilidad que esos dos le dieron en su momento más difícil de la juventud — Pero luego ví a un monstruo más grande, más reluciente, más vivo dentro de mi... Uno que solo veía cuando pintaba, cuando los colores me envolvían y mis emociones se fundían con el lienzo, descubrir que, al igual que mi madre, tenía talento para la pintura, que era aún niño genio... Tal vez no en lo que quería, Pero si en lo que me hacía sentir completo, en lo que la gente entendía y esperaba de mi — bajo la mirada mirando la pelota de fútbol »
» — con el tiempo, deje de jugar ya que el monstruo que veía al jugar se fue desvaneciendo, dando lugar a la luz que el arte me ofreció, así que deje de jugar al entrar en la preparatoria para tomarme más enserio este talento que se me heredó — tomo un largo suspiro, ya que todas esos recuerdos que tenía encasillados en lo profundo de su corazón eran demasiado abrumadores, y el hecho de que Isagi aún no emitiera ningún sonido le daba aún mas ansiedad — claro que no me dejaron de decir bicho raro, pero como me encantaba mi trabajo y sabía que estaba hecho para eso, no me afectaba tanto — trato de suavizar el hecho de que abrió un poco más su corazón en una primera cita.
— Meguru — su nombre, dicho de una forma firme Pero delicada a la vez, con un tono de voz bajo, grave y tierno llegó a todo su cuerpo, haciendo que una electricidad recorra su espina hasta su corazón — mírame — ese tono autoritario lo hizo temblar, Pero se atrevió a darle la cara al portador de esa voz y al hombre que vio hizo que un fuego se apoderase de toda la sangre de su cuerpo — no eres un bicho raro, y estás lejos de eso — Isagi se acercó hacia él, precavido, calculado, por supuesto »
» — eres alguien maravilloso y lleno de sorpresas, tu trabajo es magnífico, y tú forma de jugar... Vaya, me dejó sin aliento — su mano se acercó lentamente hacia la de Bachira la cual permanecía tensa en el pasto — eres alguien sin igual, desde el primer momento en que te vi, supe que jamás me aburriría de estar contigo y de pensar en ti — el castaño ya sentía como si garganta se cierra y sus ojos pican — tal vez es pronto para decirlo... Pero... Déjame decirte que yo... — Bachira lo interrumpió posando su dedo índice sobre sus labios.
Antes de que sus emociones lo invadieran y ya no pudiera contenerse, era la primera cita ¡Por dios santo! Déjalo respirar Isagi Yoichi, había muchísimo tiempo para esas palabras que se quedaron atoradas en la garganta de Isagi, porque Bachira ya habia decidido que pasaría el resto de su vida persiguiendo esos ojos zafiro que lo miraban con una admiración y deseo que lo abruman e hipnotizan a la vez.
— lo que quieras decirme — Bachira se levantó del pasto y camino hacia la cancha — me lo demostraste con esa pintura que me hiciste — se volteo a ver a Isagi con una sonrisa traviesa, siempre tramando algo — Pero tienes que verificarlo ganandome en un 1vs1 — con el pie levanto la pelota y se la paso a Isagi quien la sostuvo con las manos — entonces ven por mi — su abrigo ya estaba en el suelo, se quitó su corbata verde lima y se desabrochó un botón de su camisa — Yoichi-kun~ —
Entonces vio ese brillo en el azul zafiro profundo e intenso en los ojos más hermosos que jamás vió en su vida, ese color que lo perseguirá y él retratara como un tatuaje en su piel, como un secreto en sus lienzos, como una promesa en su vida, esa piedra preciosa que solo se encuentra en las profundidades de un volcán inactivo en una isla recóndita y sin nombre.
Su zafiro, su piedra preciosa, su choque, su cita, Su Isagi Yoichi.
